domingo, 17 de agosto de 2008

ANACRÓNICA

























RETRATO DE MARÍA MUNK (1917-1918)

Cuando uno ha superado con creces los cincuenta,
se siente con todo derecho a reírse de los críticos
y sus colegas, quienes desperdiciaron años
de trabajo tratando de embarazar a la originalidad.

Es preciso ausentarse de lo áureo, olvidar la marca bizantina.

La redondez del rostro de María, es una luna cuyo
gesto placentero se recuesta entre las flores
de un jardín japonés.
Trazos como ramas.

El despliegue silvestre delineando el cuerpo.


La austeridad soberbia que viene con los años.



SENTADOS EL UNO FRENTE AL OTRO

Sentados el uno frente al otro, y entre ambos el recipiente de loza donde sumerges los pies. El vapor humedece mi rostro cuando me inclino y te acaricio los tobillos.


La nube se expande hasta abarcar la franja luminosa que se escapa del círculo de la claraboya.

En el cuenco de la mano llevo agua.

Lentamente dejo que caiga: primero en una, luego en la otro rodilla.
La acción es repetida varias veces, hasta que la cabeza de uno se apoya en el hombro del otro.

Pienso en la extraña imagen de nosotros: en este lugar donde la luminosidad se confunde con lo espeso del vapor; en este recipiente donde se lavan tus pies.

Me río. Nos reímos cuando descubrimos la idea de sabernos anacrónicos, comportándonos así, en los finales del siglo.


(De: Anacrónica)
Patricio Torne (Argentina, Santa Fe, Helvecia, 1956)



IMAGEN: Portrait of Maria Munk, pintura de Gustav Klimt.



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