viernes, 7 de agosto de 2015

LA PESADORA DE PERLAS































NO Y SÍ

Ella rehúsa y calla.

Pero la oscura y verde 
mujer que vive dentro 
de ella

muerde rabiosamente 
y traga.



ESTA MUJER

A esta mujer la despierta un llanto: 
se levanta medio dormida. 
Prepara una leche en silencio 
cortado por pequeños ruidos de cocina.

Mira cómo envuelve su tiempo
y en él está viva.
Sus horas
fuertemente tramadas
están hechas de fibras resistentes
como cosas reales: pan, avena,
ropa lavada, lana tejida.

Cada hora germina otras horas 
y todas son peldaños 
que ella sube y resuenan. 
Sale y entra y se mueve 
y su hacer la ilumina.



ALBA

Ya comienza otra vez: un nuevo
ensayo.
Vuelve el amanecer a probar tonos
siempre un poco distintos de su
eterno vestido.

Y la acción se repite: ¡Sonido! ¡Luz!
¡Arriba!
Muerde un diente de luz el horizonte
y él sube lentamente.

¿Estará así mejor? Es muy probable 
que algún defecto todavía subsista 
y mañana de nuevo recomience.



AMANECE

Hay una hora blanca... no,
más bien descolorida. Nada tiene
todavía perfiles definidos:
la luz no se decide
a acentuar las aristas y relieves.

Y parece que todo todavía es posible:
que una hoja sea un pájaro,
una piedra redonda, una moneda,
que el que viene allá abajo, por la esquina
sea alguien que no es, que no podría
jamás ser... Pero la luz ambigua
le da un "aire"...



HOJAS

A veces caen girando.
Simulan revoloteos, pequeños pájaros.

Algunas caen
con un suave movimiento de vaivén
apoyándose en el aire.

¿La paz?
Sí, pero también podríamos
tratar de ver el brillo de las pequeñas hoces
golpeando injusta, misteriosamente.



PELIGROS

En un tiempo no supe,
-a veces sospechaba-
que pudieras tener un doble fondo,
mundo claro, vidriada superficie.

Ya nuestro suelo, vuelto transparente
y quebradizo, muestra
que era hueco debajo y esta tensa
lámina no muy firme...
¡Cuidado!
El pie vacila, el peso es inseguro.

Y al revés: la más clara 
más nítida luz, la que vivía 
sobre limpias miradas

se hace opaca de pronto, inerte, dura 
—acida luz de amor oscurecido—.
i Cuidado!



VIAJE

Bloques de sombra contra el cielo claro
los montes de eucaliptos cortan en trozos la remota línea
del horizonte.

Aquí hacia el sur ya no se ven más cerros
y detrás de los árboles va una línea rojiza 
diciendo que se acaba una luz que no es tuya 
que nada tiene que ver con tus palabras.



BREVE SOL

A la última hora del sol los rayos atraviesan
por el aire, eligiendo: "éste sí, éste no."
Quedan en sombra
la mayoría; los elegidos brillan
con cortezas doradas. Ascendiendo
la luz alcanza otros follajes, deja éstos
y alumbra uno lejano. Ya no hay tiempo
de llegar hasta allí.
¿Quién sabe? Vamos.



Circe Maia (Montevideo, Uruguay, 1932)


Circe Maia. Poeta uruguaya. Nació en Montevideo en 1932. Comienza precozmente su tarea literaria, publicando su primer libro "Plumitas" a los 12 años. Luego "En el Tiempo" en 1958, "Presencia diaria" (1964), "El puente" (1970). A través de su obra podemos conocer a la poetisa que supo utilizar un "lenguaje simple", directo, sobrio: los objetos: la leche, el azúcar, el pan; las personas, las muertes cercanas, es decir, lo cotidiano. Maia ha declarado que su trabajo poético "ve en la experiencia diaria, viva, una de las fuentes más auténticas de poesía". Es profesora de Filosofía y traductora, ha leido textos filosóficos que influyen en su manera de ver las cosas. Participó en 1992 del Encuentro de escritores y traductores de Delfos (Grecia). Otras obras: "Destrucciones" (1986), donde habla de la pérdida de su hijo, muerto en un accidente, "Un viaje a Salto"(1987), "Superficies"(1990), "De lo visible" (1998) y "Obra poética" (2007) el conjunto de sus poemas . Algunos de sus poemas han sido musicalizados por Daniel Viglietti y Numa Moraes. La pesadora de perlas, una antología de su obra poética que llega hasta 2001 es su primer libro publicado en la Argentina (Viento de Fondo, 2013).





2 comentarios:

Uriel Martínez dijo...

Que´privilegio tener un lector de mis poemas como el que hizo esta selección, dirá un día Circe Maia. Gracias, Marcelo.

Marcelo dijo...

Y qué privilegio, digo yo, tener un lector de este blog, que advierte -como pocos- el trabajo crítico de lectura que hago habitualmente con cada poeta para elegir los que considero sus mejores poemas. Gracias, querido Uriel.