jueves, 31 de julio de 2008

TECNOLOGÍA AMERICANA





nro 0226

escriba un poema en una rebanada de pan
introdúzcala en el tostador
espere a que suene la alarma del detector de humo
cuando lleguen los bomberos
recíbalos en la puerta
con un pañuelo sobre la boca
recite su poema
invítelos a tomar el té con tostadas y mermelada


nro 07196

escriba un poema
póngalo en un sobre
diríjalo a Ud. mismo
estampíllelo y échelo al buzón
cuando el cartero se lo entregue
anote en el sobre
DEVOLVER AL REMITENTE



nro 06197

escriba un poema sobre listones de color
de brillante papel crepé
adorne con ellos los rayos
de las ruedas de su bicicleta
luego recorra una y otra vez
la cuadra de su casa
aullando como una ambulancia



nro 03184

grabe las palabras de su poema
en las suelas de cada pisada
camine de espaldas
hacia las profundidades del océano



nro 0643

escriba las líneas de su poema
en las 24 canoas de su caja toráxica
flótelas en la bañadera
quite el tapón y grite a voz en cuello
HOMBRE AL AGUA



nro 00119

escriba un poema sobre la superficie de un barrilete
remóntelo todo lo que pueda
pídale a algún curioso
que lo sostenga por un minuto nada más
que debe ir al baño con urgencia
que volverá inmediatamente
no regrese nunca



nro 0497496

recoja todos sus poemas
escritos en servilletas
en una bolsa de plástico
ínflela como un globo
átela con un calamar
y arrójela desde el muelle
de espaldas al viento




nro 07652

escriba un poema en el césped
con una máquina de cortar el pasto
dedíqueselo a los parapentistas
cuelgue pequeños espejos de las ramas desnudas
atrape el significado del poema a la noche
con una linterna cubierta con un trapo rojo



Craig Czury (E.E.U.U., Pennsylvannia, 1951)

(Traducción de Esteban Moore)





DANTE/ EN MEMORIA DE BICE PORTINARI



Empujaste a un hombre a la locura. Una

mañana, caminando bajo el sol florentino
te vio destellar nítida, contra el tejido
de los sueños amargos de su última noche.
Inclinaste gentil
la grávida cabeza
y en la creciente de los años el ademán
tranquilo se incrustó como un diamante sobre el cielo
feroz y vago de sus días. Y en plena juventud,
después, moriste, casada con un hombre común
que te quería, desconociéndote. Oh, Bice
Portinari, así son las mañanas de este mundo:
despertamos de un sueño amargo
y andamos como fantasmas
hasta que recogemos, del sol de nuestras ciudades,
un núcleo de claridad, o más bien una joya
férrea que veneramos, gastada y turbia,
en algún sucio anochecer.



Juan José Saer(Argentina, Santa Fe, Serodino, 1937 - París, 2005)


EL ARTE DE NARRAR




Cada uno crea

de las astillas que recibe
la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
— y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.



Juan José Saer(Argentina, Santa Fe, Serodino, 1937 - París, 2005)





NUEVAS AVENTURAS DE ROBINSON CRUSOE





El secreto
consiste
en construir
construir
mediaciones
para el trato
con el desierto
máquinas
de palo y lianas
rudimentarias
que defiendan
que den sombra
aunque nada nos libre
del sol
de la memoria
y otros deduzcan
de tan ardua prolijidad
como una llama negra
continua
nuestra locura.



Juan José Saer(Argentina, Santa Fe, Serodino, 1937 - París, 2005)




PROSA CORTADA






























1

Si hay algo que odio eso es la música,
Las rimas, los juegos de palabras.
Nací en una generación.
La muerte y la vida estaban
En un cuaderno a rayas:
La muerte y la vida,
Lo masculino y lo femenino.
Los orgasmos sin patria
Y los órganos de parte a parte,
Se perfilaban en un blanco.
Apuntes, apuntes, apuntes.
O amputes,
La "roca" de la maldición.

Es de mañana en esta pava argéntea
Y al empezar ya sobra una mirada:
Nací en una generación.
Pero antes había otra generación.
Antes que yo y antes que la mía,
Y ella era sabia en sus letras
Que no necesitaban acusarse demasiado
(O tanto) o tanto,
Para mostrar alguna verdad.
Nací en una generación,
Oh vida -el tonto en su reclamo.
Aquellos antepasados fueron libres.
Con una libertad rayana
Con una estupidez casi imposible
Hoy de lograr, gravitan como nuestro modelo
Nosotros, los que estamos más en claro.
Nací en una generación.
Es preciso un método.

El aburrimiento de la vida de hotel
Como simple recodo del camino.
Es de tarde en este manuscrito,
Las horas se pasan volando.
Después del mate vino el almuerzo,
El café en un bar, un corto
Paseo por el centro y de vuelta,
De vuelta al escondrijo,
Ahora es de tarde, un poco
Más de tarde en este lápiz,
Y continúo por el simple gusto de andar
Como quien anda en su pieza trina
Y contra la ventana...
Y contra la ventana fuma.
Humo azul, humo verde, humo negro, humo colorado
No devolví el libro que me habían prestado
Y hasta me gustaría robarlo,
Quedármelo para siempre, adverbio que se esfuma.
Aseguro que estos pensamientos no asaltan.
Nací en una generación, era de esperar.
Golpean con suavidad la puerta.
Aquí están, ridiculos.
Nací En una generación.

Este es un verso,
Ladra el perro en la superficie rala,
Como para concluir que no es tan horrible la risa del idiota
Cuando en plena labor nos roza con su ala.
Esta complacencia en el error es mi marca de fábrica,
Pero nacido en una generación,
A la fábrica la chongueó el protervo
Manierismo, el ocultamiento patas
Cortas de la falta de dotes,
Si bien me divertí un poco durante algunos años.
Odio la música, odio el arte, odio
Mis paradojas en falsete y mi voz inconsistente.
Pero amo: amo el pene
Cuyo rostro no puedo adivinar enmascarado hábil
por el antifaz de la bragueta.
Y como entre mirarlo y tocarlo no sé que pensar
Hago votos y sufragios.

La forma de poema es una desgracia pasajera.
También para que algunas partes de mi cuerpo se
mantengan vivas
Debo recubrirlas con harina.
Desgracia pasajera, así por lo menos hablo en el ritmo buscado,
El ritmo arbitrario del proyecto sin sustancia,
Y escribo como un nuevo, como un novato
A mis años -"proyecto", "sustancia".
Generación,
de una agonía campana burbuja de
cristal o madera blanca.
Siempre ¿mantuve esta tendencia e inevitable la conservaré naranjo:
En cuanto algo está por parirse, volver la cara,
Pero aun cuando se nace a mis espaldas con los dedos hago gancho.
Es de noche en el color marfil que invade la mano, su pelambre.
Es hora de cerrar los ojos porque pronto el alba.
Pero otra vez abiertos, táctiles, despiertos justamente por el alba.
Al fuego entonces la pava y lumbre de gas al tabaco, brasa.

Sexualmente perfecto o casi casi,
Amable Dios,
Al empezar el día el artista no te olvida, ni te rima,
Porque toda rima ofende: basta, amputes tu discurso.
La mañana es pesada como un amasijo de malentendidos
sobre la vanguardia.
Agarro un libro y después otro, y ya sé, la curiosidad
toma a ese otro como blanco.
Posiblemente, Los Orígenes del Psicoanálisis,
Por las cartas, por el asunto,
Por la experiencia de satisfacción.

Me apliqué al intento de ser sincero, de caer en el lazo.
Empecé tranquilo esta prosa, con lágrimas en los caballos olvidados,
Puesto mi espíritu en una disposición que no fuera
solamente un ánimo,
Pero algo mata al ser que se conjuga
Y siento que las reservas blancas tiran más bien a escasas.
Con bigotes ralos, tenuemente sobreimpresos, se incluye:
La efigie de la madre en una foto de mi cara.
El pobre zarevich acuña en falso.
Y ya es mediodía en el pendón de nácar
Y esto se va a volver aún más desagradable, más pesado y más sexual
Mente insatisfecho, más tonto en sus giros de sorpresa.
Como un alto vuelo, o su pretensión bajo el agua,
Más burdo en su absurda autolimitación
y más hiriente en su orgullo de cobayo.
No, no se trata de la quiebra de un talento,
Sino, o más bien, del descrédito de un interior.
Sin ironía, en mi mundo moral reino yo.
Este alegre imperdón es lo que se consigue después de un largo trabajo.

Golpean la puerta, espero
Que sea el médico el visitante inesperado.
El hospital como flor deseada del porvenir.

Incansable, a la búsqueda siempre de una "poderosa" falla,
Es muy posible que haya nacido en una generación,
aunque es cierto que me recluí,
Pero para compartir mejor el ídolo gema, y dos:
Como si al mismo tiempo quisiera adorarlo sin testigos,
Creérmelo y comérmelo solo, la aventura de tenerlo a Lacan
en el cuarto contiguo.
Ya son necesarios muchos domingos lluviosos para que se
refresque mi piel.
Para entretenerme amé entonces una mariposa en aras de fernet,
Aire

aire,
Aire de balance sin un cobre y aire de la muerte que
comprueba tales,
Habida cuenta de que en la cocina del hotel la luz no es mala:
Allí triunfa un fuego tentador.

Metido a sugerir la sensación de "pensamiento",
No sabía qué camino tomar: Personaje,
Un escritor llegado a su madurez grave como un enfermo grave,
Un acento de cobre falso en la balanza
Me había prometido excluir el retruécano, pero fallé
como el cristal,
Como el juez, cuando el tenor canta, oh Señor.
El grito azul, condenado y profano. Me—
Había—
Y prohibido
Las alusiones literarias, la rima guasa en esta fase perdularia.
Pero nací en un espejo donde cualquer "objeto" era accesible,
salvo la distancia

la crápula del imbécil
su cúpula rutilante
de dorados y rubí

¡Es tan difícil no gustarle a nadie!
Hoy rompí por teléfono con Juana Blanco, esa chica,
la escritora.
Nos habíamos amado porque aman siempre los poetas.
Son gajes del oficio, aman en los poemas, fuera de ellos,
Y hasta se atreven a amar en sus propias osadías de fracaso-
Tip— El inconsciente, el pequeño objeto a y el ser para la muerte.
En una generación, seguro que nací en una generación.
Primero la palabra, después la imagen,
Ojos rayanos.
Juana
Serás la última de una cadena putrefacta.
En ristra, me quedan los hombres ajados.

Es indudable que el arte quiere ahorrar trabajo.
Para muestra entonces basta
Mi última producción en bata:

(fuertes comillas y una musteola suena)
"Entrar en las aguas, qué tonto,
tan tonto como aquel otro decir
de puro tonto, lejano y alemán.
Entrar en las aguas, sin embargo.
El cuerpo ilimitado, cerrarse sobre,
entrar: del agua en la vertiente.
Ver, sin serlo, suele la operación del verso.
El verso: algo que está muy lejos.
Y si una papa hay en el centro del cráneo
se la puede (bien atravesar)
con un palo: sin ningún acaso,
sin jamás estar
ni diciéndolo.

Apoyando su corrupción contra la estufa.

El dorso de la espalda o la tentadora
curva de la espalda—línea,
la tentación turbada de toda vértebra
(árabe y rubí)
que termina, y allí
habas cuece:
imposible saber qué humo se refracta.
El vapor, el agua:
es allí donde las aguas,
El cuerpo muerto y abogado,
harto del pene del otro,
en el otro y en el otro
de secreciones y de glándulas

en
Para un arte retinglado por la ciencia
—Pero la debilidad de una cabeza venerable
no tiene por qué (hábil, erigida en motivo)
editar una idea en caracteres.
O la cesárea idea de un descabezamiento.
César Emperador:
la mano en alza".

(vase)
íntimas,
Nací en un ataúd de plata Y desde mi nacimiento,
Desde mi generación,
Ahuyenté al lector
Estúpido no tan estúpido
Pero observando:
sin él la literatura acaba:
qué pavada.

En el ataúd de plata se abría una mirilla,
Bastaba para ello una brizna de pincel
O el pulsar leve de una sola pestaña:
Ahí estaba yo, gordo y amamantado, con los Carrillos blancos
Y pliegues en cascada cuya ocurrencia era recubrir
El ombligo: impúdico, por alguna razón
... en una generación...
"Criarlo sin chupete
Porque visto de frente o de perfil
Un bebé pegado a esa goma
Ya dibuja el futuro
Oratorio de un imbécil"
.. .en una generación...
Todo se percibía, escuchaba, balanceaba, sentía,
chupaba, ingería
En el ataúd de plata
Entre las mantillas molestas y la crema prenupcial
del excremento
...en una generación...
Con un hermano genial cuando a mí iban a gustarme
los perros como yo,
Inocuos en la noche que ladra, con una hermana
hermosa y tan querida (qué infamia),
Y con un padre: delirio extremo.
Pero actual la madre viene hacia mí
Preñada por los espigas del sarcasmo
Amoroso como no podría serlo más
Y apoyándose semejante a una stebánida
En su báculo de fresno.

Tal vez me equivoqué desde el vamos, pero nadie
es tan torpe.
En manos del médico me vuelvo golondrina, carne sutil y atenta

esta es una manera de decir
y también una manera de pensar
culpable y al mismo tiempo
irresponsable
absolutamente irresponsable

culpable y dos
irresponsable
tres
un veredicto
dictado, consumido y consumado
cuatro
lo que es yo
odia los juegos de palabras
y el aura concupiscente
unida a eso que se llama
significativo utensilio tipográfico
distribuciones varias
puntos ausentes
y la duda siempre
entre "joya" o "antibiótico"
cuando lo mejor
lo mejor en lo decisivo
estuviere tal vez
en la llana aspiración a un buen verso
expulsar ahora el aire
en un diálogo más amoroso
amante heraldo enviado
con el lector amable

pero el beso entre dos hombres
tiene más perlas que un rosario

expulsar ahora el bulto bello

cuidado

El destino olfatea.
El que está solo en una pieza sabe que por algo está
solo y está pieza.
Un amor del ser, fundamental, un amor de repugnancia
carismática.
Estados de memoria muy intensos durante los cuales
no se recuerda nada.
La gracia ocurre al jugar con la hipótesis inverificable.
Entiendo la piel del asno, sus oriundos pelos,
Pero tengo problemas de otro orden.
La forma de poema es una desgracia pasajera.


2
En el templete circular de Hermes Chano...
había una vez un anciano venerable.
Un coetáneo que al mismo tiempo era contemporáneo
y quería que su hijo tuviera un cargo,
alto se sobreentiende en lo posible.
Lo tuvo en el manejo de cadáveres sin ser médico,
tampoco enterrador.
Gozan los símbolos a los pies del camello, en la arena,
pero no es tan fácil mutilar:
sobrevienen sin posibilidad.
La goma de mascar, en el cenicero, germina lo contrario
de su propio ser.
Por suerte un pseudónimo grisa las miradas.


Dama ridicula
Másmédula
Los viejos no saben qué hacer con sus vidas
aunque tengan el mar a dos pasos
el espigón de portland
o la escollera de piedra: alta
y no groseramente autoerótica,
pero precipitada hacia las olas antiguas.
Ahora, el que mira se despoja del velo gris.
Dossier escondido,
un tumulto en la avería.

Representa.
Este es el escándalo del lado de la comedia.
O el placer abominable, Hijo,
de estrujar la despedida con un rictus de llanto.
Lo que fracasó en el tálamo, el gato
y unas bragas de nodriza
mientras los cuerpos giles luchaban por el premio.

Ahora no hay desierto suficiente.
Falta el nunca del más allá
o sobran dos sudarios,
mortajas de cultos opuestos.

Ni siquiera.
Los cuerpos giles compartieron el pastel.

Y proseguir es tremendo.
Quedarían solamente
los indomables defectos de cualquier traducción.
En cambio, un clítoris magnífico se lanza a la aventura:
mejor así,
El pene exagera los anhelos.


Osvaldo Lamborghini




Osvaldo Lamborghini nació en Buenos Aires en 1940. Poco antes de cumplir los treinta años, en 1969, apareció su primer libro, El fiord que había sido escrito unos años antes. Era un delgado librito que se vendió mucho tiempo, mediante el trámite de solicitárselo discretamente al vendedor, en una sola librería de Buenos Aires. Aunque no fue nunca reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito. En 1973 apareció su segundo libro, Sebregondi retrocede. Poco después formó parte de la dirección de una revista de avant-garde, Literal, donde publicó algunos textos críticos y poemas. Por algún motivo, sus poemas causaron una impresión todavía más enfática de genio que su prosa. Durante el resto de la década sus publicaciones fueron casuales, o directamente extravagantes (sus dos grandes poemas, Los Tadeys y Die Verneinung [La negación], aparecieron en revistas norteamericanas). Unos pocos relatos, algún poema, y escasos manuscritos circulando entre sus numerosos admiradores. Pasó por entonces varios años fuera de Buenos Aires, en Mar del Plata o en Pringles. En 1980 salió su tercero y último libro, Poemas. Poco después se marchaba a Barcelona, de donde regresó, enfermo, en 1982. Convaleciente en Mar del Plata, escribió una novela, Las hijas de Hegel, por cuya publicación no se preocupó (no se preocupó siquiera por mecanografiarla). Y volvió a irse a Barcelona, donde murió en 1985, a los cuarenta y cinco años de edad. Esos últimos tres años, que pasó en una reclusión casi absoluta, fueron increíblemente fecundos. Su espolio reveló una obra amplia y sorprendente, que culmina en el ciclo Tadeys (tres novelas, la última interrumpida, y un voluminoso dossier de notas y relatos adventicios) y los siete tomos del Teatro proletario de cámara, una experiencia poética-narrativa-gráfica en la que trabajaba al morir.
(del prólogo de César Aira al libro "Novelas y cuentos")


¿RAZONAMIENTOS MÚLTIPLES, PRUEBA DE LA REALIDAD, LETANÍA O CANCIÓN MASOQUISTA?




Pubis y esfínteres
Margarita ya sin pétalos, letanía,
Nada: ni
un solo pétalo por arrancar,
Margaritas felices
Y al mismo tiempo desgraciadas.

Pubis y esfínteres.
Vivir la coherencia
De algún estado,

Vivir en coherencia,
¡Con algún estado!

Un sólo cuerpo hay,
Uno solo y verdadero,

No millares, letanía.
Razonamientos múltiples.

Razonamientos de pubis,
Razonamientos de esfínteres.

Órganos de los ojos,
Órganos del goce.

Letanía o canción masoquista.
Margaritas: toda la sangre fluyó
Pasado el momento de la agreste podadura,

El látigo es un órgano del esfínter.

Pero ni siquiera bellos uniformes,

Aun siquiera para a algún naides conformar.
O para vestir las desnudas carolas.
Planicie de hielo planicie de esfínteres.
Otra vez la prueba de realidad
y otra vez la protesta:

Letanía, canción masoquista,
Ni naides es menos nadas ni
Nadas es menos naides.
Nada,
ni siquiera un par de charreteras
O un emborlado bastoncillo de desfile,

A cambio de nuestros pétalos,
A cambio de nada.

El vacío empieza a suceder
Y es lo único que sucede, él es el único,
Emperador Rey y soberano.

Letanía: nuestros cuerpos
Achatados retratos sobre la tierra...
Nuestros cuerpos
Achatados retratos sobre la tierra...

Letanía todo es letanía y letanía
Muerte y merda.
Monoeyaculación monódica.

Monóculos de bazar llenos de tedio y de soslayo, letanía:
Razonamientos múltiples
Razonamientos de pubis

Razonamientos de esfínteres,

Y viene el idiota de las preguntas:
¿Dónde está la herida?

En el halo,
En el ano,
En la connota.
En el aura siempre,
letanía, canción masoquista,
En el círculo: áulica herida.
El esfínter es (razonamiento de pubis razonamientos múltiples),
Por definición aquello que se "carcome" y "amorfa".
Letanía canción masoquista.
la piel nuestra, una miríada,
Rosetones de esfínteres.
La rosa excremental
en el cuerpo cardinal.
Tierra desplegada
, letanía sin puntos ni horizontes.
Mar de adioses y ya estamos de vuelta.

Letanía canción masoquista:
Razonamientos múltiples

Razonamientos de pubis
Razonamientos de esfínteres.




Osvaldo Lamborghini



O
svaldo Lamborghini nació en Buenos Aires en 1940. Poco antes de cumplir los treinta años, en 1969, apareció su primer libro, El fiord que había sido escrito unos años antes. Era un delgado librito que se vendió mucho tiempo, mediante el trámite de solicitárselo discretamente al vendedor, en una sola librería de Buenos Aires. Aunque no fue nunca reeditado, recorrió un largo camino y cumplió el cometido de los grandes libros: fundar un mito. En 1973 apareció su segundo libro, Sebregondi retrocede. Poco después formó parte de la dirección de una revista de avant-garde, Literal, donde publicó algunos textos críticos y poemas. Por algún motivo, sus poemas causaron una impresión todavía más enfática de genio que su prosa. Durante el resto de la década sus publicaciones fueron casuales, o directamente extravagantes (sus dos grandes poemas, Los Tadeys y Die Verneinung [La negación], aparecieron en revistas norteamericanas). Unos pocos relatos, algún poema, y escasos manuscritos circulando entre sus numerosos admiradores. Pasó por entonces varios años fuera de Buenos Aires, en Mar del Plata o en Pringles. En 1980 salió su tercero y último libro, Poemas. Poco después se marchaba a Barcelona, de donde regresó, enfermo, en 1982. Convaleciente en Mar del Plata, escribió una novela, Las hijas de Hegel, por cuya publicación no se preocupó (no se preocupó siquiera por mecanografiarla). Y volvió a irse a Barcelona, donde murió en 1985, a los cuarenta y cinco años de edad. Esos últimos tres años, que pasó en una reclusión casi absoluta, fueron increíblemente fecundos. Su espolio reveló una obra amplia y sorprendente, que culmina en el ciclo Tadeys (tres novelas, la última interrumpida, y un voluminoso dossier de notas y relatos adventicios) y los siete tomos del Teatro proletario de cámara, una experiencia poética-narrativa-gráfica en la que trabajaba al morir.

(del prólogo de César Aira al libro "Novelas y cuentos")



miércoles, 30 de julio de 2008

SUEÑO DE NAVEGACIÓN


Navego en una piedra azul, bajo las aguas;

la proa está amarrada a una materia incógnita
que hace cimbrar las bordas —que, por otra parte,
no existen— impulsándolas, con sobresaltos, hacia
contrapuestos mundos vacíos de palabras, sometidos
a los colores caprichosos de los truenos que
entrechocan en un inmenso ámbito donde
navego sobre una piedra azul.
Incipiente va naciendo la excrescencia
del cromo; comienzan a desgajarse las
cuadernas: por otra parte, erosiones
de los violentos juegos del viento
trastornado de ira.
Sientan el temblor de la vibración
del nacimiento, la saturación
del ser en breves orbes antagónicos.
La destrucción sobrevuela, la
colisión está por elevar su grito de
guerra en los grandes y pequeños
circuitos en que se enmarañan
las contraposiciones donde bulle
la borraja de la vida social.
¿Somos prójimo del crimen?
¿Quién navega en una roca azul
bajo las aguas?


Aldo Oliva (Argentina, Rosario, 1927-2000)



ESE GENERAL BELGRANO (un poema)

CUADRO I

CONSULADO


En un principio fue la imagen, doliente
en las esquivas oscilaciones de la visión.
Era, entonces, caso de cercar el foco, que,
a través de la ventana, insinuaba una
semiluz vacilante, en la esfera exterior,
renuente por la tenacidad de la tiniebla.
Era, entonces, la ocasión temeraria
de translucir esas viejas paredes
dinásticas, quizá, de las escasas
mutaciones urbanas del coloniaje.

Sírvanme, entonces, el elixir, en copa,
por favor,
de cristal ceñido a esta hora impenetrable.

Poca cosa, al fin: el barrunto del perfil
de un hombre:
cabellos claros, ojos tenues, esclarecidos
sobre un tomo incierto y un sinuoso
leve temblor de labios insinuando palabras
en la pieza nebulada de gris.
No nos concedamos
un viaje, en placentero travelling, a
la calidez de la ensenada de penumbra
que colma la cámara: una puerta
cerrada, un hálito lábil en las flexiones
de la vigilia en pensamiento,
contraponiéndose, hablándose.

Ahora, Manuel Belgrano, funcionario
de mano fértil en el Consulado,
sentado frente a su mesa,
enciende una vela; la mezquina llama
exhibe la dorada inscripción
de la tapa pulcra del libro:

Dupont de Nemours

DEL ORIGEN Y DE LOS PROGRESOS
DE UNA CIENCIA NUEVA

(1768)
Las palabras vuelven, luminosas
y agitadas, a su mente desde la intensa
lectura de la víspera.
Nombres ilustres, François Quesnay,
Mirabeau, Mercier de la Riviére,
Le Trosne, danzan en la coreografía
de la seducción del movimiento crítico.


Antes de cultivar hay que talar
los bosques, hay que desbrozar el terreno,
hay que extirpar las raíces, hay
que procurar una salida a las aguas
estancadas o que corren entre
dos tierras, hay que preparar edificios
para amontonar y conservar las cosechas,
etcétera, etcétera.

Al emplear su persona y sus riquezas
mobiliarias en los trabajos y en los gastos
preparativos del cultivo, el hombre adquiere
la propiedad territorial del terreno
sobre el cual ha trabajado. Privarle
de ese terreno sería arrebatarle el trabajo
y las riquezas consumidas en su
explotación, sería violar su propiedad
personal y su propiedad mobiliaria.
Al adquirir la propiedad del fundo,
el hombre adquiere la propiedad de
los frutos producidos por ese fundo.
.............................................................
Sin ellas nadie haría esos gastos ni esos
trabajos, no habría propietarios territoriales
y la tierra permanecería yerma con gran
detrimento de la población existente
o por existir.

Magnífico, Dupont (se dice Manuel con registro
agudo, entrecortado y cauto), usted sostiene
la trinidad hipostática de la propiedad
en la esencia del hombre. Un rosario de
cuentas coordinadas como en la voz
omnicreativa de Dios: como si la viera.
¿Quién se negaría a aspirar
el embriagante aroma imaginario
de esta certeza conjetural
de lo que fue?
Pero las multitudes de hombres,
de pueblos, excluyen al Hombre.
¿Los romanos, los hombres que fueron
sus procónsules, sus legiones,
no excluyen al hombre íbero?
¿Los señores de la propiedad feudal
no excluyeron al siervo Hombre?
¿Dónde y cuándo se instala
la unicidad humana
en la sustancia de la propiedad territorial?
¿Cómo ensamblar, entonces,
en un proceso de esfuerzo iluminante,
ciertos testimonios, que algunos
exhumaron y que cursan
el sobresalto de la historia?
Buenos Ayres es una lucecita
que, iluminando, apenumbra el duro
ajetreo contra el monopolio.
Mas, ¿qué son las vastísimas tierras
de estas colonias? Sus desiertos;
sus selvas insondables; sus desmesuradas
médulas de casi inconcebibles emergencias
de rocas que eternizan sus hielos y sus nubes;
sus aguas, que sólo ellas, parecen
conocer el intrincado desborde
de lo infinito?

Intentar generar la matriz de un país
cuando sólo puedo escribir: tal es el caso.

Sé que pagaré por ello.


Aldo Oliva (Argentina, Rosario, 1927-2000)


AGUA NEGRA (Fragmentos)


estaban dando un discurso por televisión
la abuela miraba la tele
con los ojos fijos,
imaginé que lloraba,
habíamos dejado de comer en el patio
papá miraba fijo el plato, hubo
una discusión fea: mamá gritó papá gritó
cada vez que gritaban
yo iba al baño y ponía la oreja
en el piso para sentir
el ruido de las cañerías,
todo lo que me gustaba
empezaba a ser secreto.
en silencio en el patio sentados
y empezó a llover,
cada uno miró la lluvia golpear
el cuerpo y los objetos, la lluvia
hace de cada escena una sola contemplación,
papá ordenó
entrar cada cosa,
la cubetera se mojó
yo escuchaba el crujido de los hielos
desprender por dentro
pensé en nosotros
y los tiré al piso
esperaba que se hagan agua
y se junten de nuevo
una única escena unida por la lluvia
en el patio
a oscuras


como los perros
que se lamen entre ellos al lado de las bolsas
de basura junto a los árboles,
esas familias de perros
sin hogar y sus dolores cada noche
mientras caminan en el frío
o en el simple sueño de atacar y morder
esos perros solos
se juntan en una sombra grande
del tamaño de una casa


arrastré el cuerpo del perro, lo puse
sobre un auto
lo rocié con el bidón
de nafta
y encendí un fósforo en el cuerpo pelado,
no quiero sobrevivir a ninguna muerte más,
el fuego toma a veces formas
de mujer con los brazos extendidos,
se te queman las alas
yo te las veía
el viento va a arrastrar
las cenizas por la calle
va a guardar cenizas,
la muerte reduce así
y limpia
¿sabrán arriba qué hacer
con vos?
te van a buscar el corazón
pero yo te lo arranqué antes
lo tengo en una caja
con las porcelanas chinas
y las monedas viejas que me regaló papá,
el humo sube se cuela
por las fisuras del cielo
sale de tu cuerpo
se mueve en el aire,
lo que parecía una ruina
tiene un alma que ahora
toco
solo yo


abrí la olla oxidada
mi cabeza enlatada cocinándose al fuego
carne blanda, no me revuelvas
más, el alma
está en otra parte, no en la cabeza
no en un extremo tocable
sino en la unión del miedo con la respiración indispensable
en la boca,
me enseñaron a levantarme en dos patas
o a levantar una sola y a
retroceder y temblar guardar los dientes, mira mi cuerpo
espacio durísimo
que guarda blanda
agua en descomposición
revolvelo
no conoció nunca la altura perfecta de un sueño


¿de qué murió la mariposa azul apoyada en tu frente
durante la tarde?
¿de qué murió el viejo de la guitarra
que cantaba 'pase al reino'?
¿y la niña del vestido negro sostenida por un sueño?
-todos murieron de muerte natural, respondía la madre,
fueron agotados en su propio fuego-
y agregaba
—los que descubrieron un mar están ahogados
o tienen el alma demasiado profunda—


a cada animalito mamá, decía el niño,
a la cotorra al tigre al lobo a la tortuga
le conocemos la saliva el asma la caricia.
lo que más conocemos, respondía la madre,
es la descomposición:
cuando los ojos se le vuelven amarillos
y se devoran unos contra otros,
respondía la madre
de dulces ojos amarillos
la madre con dientes filosos


¡mamá! ¡mamá! ¡te estás comiendo los grillos
las cascaras de nuez que te regalé!
las calentaste y te las comés ¡mamá!
¡dejame un grillo vivo, uno solo!
yo quiero aprender
voy a aprender si querés todo
a besar sin piedad
a decir mi cuerpo no fue tuyo
¿por qué tu pelo recuerda un
bosque?
¡mamá! ¡los grillos te van a comer
la luz por dentro!


yo vi esa nena que cortaba la flor
blanca del cantero y se levantaba el vestido
y se ponía la flor dentro
de la bombacha y después
caminaba como un angelito
muda y me hacía temblar
yo tengo esa imagen
una luz atada al párpado,
puedo borrar lo que escribo en una hoja
con una goma o tacharlo
pero la nena levantándose el vestido
no, es como si me hubiesen abierto
la cabeza y puesto
una cajita musical con esa imagen en el interior
girando sobre la música
la muñeca bajándose la bombacha
poniéndose la flor
blanca

………………………………………………………………

el sentido de la palabra casa no lo podés
cambiar
la casa en su sentido
de juntarnos, mamá,
es la palabra que no me podés quitar
de adentro, el sentido de la casa
es estar juntos, si
se destruye
lo que queda es agua negra,
el espacio que nos abandonamos.
lo que la casa hizo de nosotros
nos dejó un agujero
lo que la palabra
hizo fue destruir, lo que el sentido
que dimos a la palabra casa
destruyó es lo que une:
cuerpos entre piezas de una casa
cuando se cierra el sentido, así siempre:
girar en el principio ¿si? ¿es así
mamá? el silencio cuando
se cierra el sentido
acaba con los que se querían,
lo que la casa hizo de nosotros, lo que
la palabra casa creó como origen
es agua negra en nosotros:
nos daba el sentido como refugio
y se pudrió



Martín Rodríguez (Buenos Aires, 1978)


PARÍS, TEXAS (Basado en el film de Wim Wenders)

Me gustaría contarte lo que veo, hablarte
de los hoteles abandonados apareciendo de la nada
en el medio de la carretera como castillos solitarios
cuyos puentes levadizos hubieran sido
dinamitados hace tiempo. Me gustaría
contarte lo que veo pero es imposible
hallar un dolor que condescienda
a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,
emprender tan largo viaje para ir de un extremo
a otro del silencio? También es imposible
callar por completo: sé que terminaré por llamarte,
como se llama a alguien cuando se está a oscuras,
sin el auxilio de la voz, un estremecimiento
semejante al de esas luciérnagas
que al chocar contra un parabrisas en la ruta,
se deshacen esparciendo una nube pequeña
de polvo y luz, y ésa -quizás- es su idea
de un encuentro.


Claudia Masin (Argentina, Resistencia, Chaco, 1972)



UNA PELÍCULA DE AMOR (versión del "Decálogo" de Kieslowski)


Yo comprendo la pasión de los astrónomos,
las noches en vela, la atención dispuesta
a captar, de entre todo lo que existe,
cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,
como ellos, que las cosas que me importan
no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,
una segunda vida, más real que la primera, más intensa.
Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,
los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo
se transferirían a mi propia constelación
de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí
ver con tus ojos –sin haberme movido jamás de esta ciudad
o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas
de nieve en un pueblito del sur, la tierra
completamente roja en el otoño, invadida por las hojas
de los arces, dos pies pequeños y descalzos,
cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.
Quizás la intimidad entre dos seres dura
lo que dura ese momento en que sabemos
de los cuerpos y las cosas que otro amó,
en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,
ni en su deseo, las imágenes ajenas,
y estés sola, y yo esté solo, y sea el nuestro,
-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol,
sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.




Claudia Masin (Argentina, Resistencia, Chaco, 1972)




lunes, 28 de julio de 2008

POR EL RÍO VENTOSO I



Todos los días de camino a casa
desde mi trabajo, empeño otra
de mis prendas de primavera. Todos los días
vuelvo a casa borracho desde la orilla
del río. A donde vaya, tengo
dinero para vino. La historia
recuerda pocos hombres que han llegado
a los setenta. Miro las mariposas
amarillas beber de lo profundo de las
flores, y los helicópteros
que recorren la superficie del
agua una y otra vez,
Exclamo hacia el viento primaveral,
hacia la luz y las horas que pasan.
Gozamos un poco de la vida con estas cosas
mientras que no entendemos porqué
los hombres se enfrentarán unos a otros.



Tu Fu (China, Duling, 712-Leiyang, 770)


(Traducción de Daniel Durand)



UNA VISITA A WEI PA



En la vida es tan raro el reencuentro
de dos viejos amigos
Como la conjunción de las estrellas
matutina y vespertina.
Esta noche, diferente
a todas las noches,
Nos pudimos sentar juntos
bajo la luz de la misma lámpara.
Juventud y vigor
¿cuánto tiempo pueden durar?
Nuestras barbas y cabellos
tienen canas.
Al visitar a los viejos amigos
entre los fantasmas encuentro
la mitad de ellos.
Pero ahora, al verte de nuevo
mi corazón se estremece.
¿Quién podría imaginarse
que pasarían dos décadas
Antes de volver a visitar tu hogar?
La última vez que nos vimos
aún no te habías casado;
¡Hoy, de pronto, veo a tus hijos
delante mío formando fila!
Ceremoniosamente, y dando muestras
de alegría, presentan sus respetos
al viejo amigo de su padre
Y me preguntan de dónde vengo.
Antes de que pudiese contestarles
los chicos traen los manjares
y el vino, poniéndolos delante nuestro.
Los puerros vernales se siegan
durante el rocío del atardecer.
Luego se los guisa frescos
con una pizca de mijo amarillo.
Mi anfitrión me habla de lo difícil
que es celebrar un encuentro
Y me pide disculpas
una y otra vez.
Después de diez copas
aún no estamos ebrios:
Sólo nos volvemos sentimentales
ante nuestros recuerdos.
Mañana las Colinas Occidentales
nos separarán
Y los afanes del mundo
harán que nos olvidemos
el uno del otro.


Tu Fu (China, Duling, 712-Leiyang, 770)

(Traducción de Raúl A.Ruy)


ALBA DE INVIERNO



Hombres y bestias del zodíaco
una vez más contra nosotros
verdes botellas de vino,
rojas conchas de langosta
todas vacías se apilan en la mesa.;
¿Cámo olvidar a un viejo conocido?
Y cada uno sentado escucha sus propios pensamientos.
Fuera chirrían las ruedas de los carros
En el alero, los pájaros despiertan
En otra alba de invierno
pronto he de enfrentarme a mis cuarenta años
Me empujan duros tercos instantes,
doblado hacia la sombra larga del crepúsculo
la vida gira y pasa
borracho fuego fatuo.


Tu Fu (China, Duling, 712-Leiyang, 770)

(Traducción de Octavio Paz)

SORDERA


Mis ojos hace tiempo se niegan a ver claro,
desde el último mes, mis oídos son sordos.
Terminados los gritos de los monos de otoño,
concluido el concierto del pájaro en la tarde.
Cuando las hojas caen cubriendo la montaña,
¿en dónde estará el viento del otoño?, pregunto.


Tu Fu (China, Duling, 712-Leiyang, 770)

(Traducción de Rafael Alberti y María Teresa León)



MI CORAZÓN EN OTOÑO

Escasas visitas trasponen mi puerta.
Frente a las gradas
crecen pinos y bambúes.
La pared oriental
me resguarda
del frío de otoño;
Desde el patio que da al oeste
sopla una suave brisa.
Siento pereza
de tañer mi laúd.
Tengo libros, pero carezco
de tiempo para leer.
En este espacio
de una pulgada cuadrada '
Sólo existen la quietud
y el gozo. ¿Para qué habría de agrandar
mi casa?
No tiene objeto hablar mucho.
Un cuarto de diez pies cuadrados
es suficiente para mi cuerpo;
Dos medidas de arroz me bastan
para saciar el hambre.
Eso aparte, sin habilidad
para manejar negocios,
Permanezco ocioso mientras recibo
el salario del Emperador.
Jamás planté una morera;
Nunca abrí un surco para el arroz.
No obstante me alimento
todos los días
Y ando bien vestido
durante el año.
Sin escrúpulos de conciencia
y sin deseos ni ambiciones,
¿Por qué habría de estar triste?



Pai Chu Yi


' Es decir el corazón. (N.del T.)

(Traducción de Raúl A. Ruy)

PAI CHU YI. Poeta chino. Nació en 772 y murió en 846. Después de haber ocupado un puesto en la Corte, fue expulsado de ella por causa de sus críticas. Tocador de flautas y erudito se retiró a una aldea, solitario. En sus poesías buscaba la sencillez en tal forma que las leía a su sirvienta, y si ésta no las podía comprender las desechaba. Influyó en los poetas japoneses del haiku.

LA HIPOCRESÍA

Desde que la prudencia y la perspicacia
se conocieron,
he visto nacer la hipocrecía.



Ch'en Ling

(Traducción de Álvaro Yunque)

Ch'en Ling. Poeta chino. Vivió en el siglo III. Gran letrado y poeta. Se lo consideró en Chien An uno de los "Siete Maestros".

LLUVIA AL AMANECER

Al amanecer zumban los grillos
luego el ruido cesa,
La moribunda llama del candil
vacila bajo el alero.
Aunque la ventana impide
la entrada del polvo y la lluvia
Oigo gotear incesante el agua
sobre las hojas del bananero.



Pai Chu Yi

(Traducción de Raúl A. Ruy)

PAI CHU YI. Poeta chino. Nació en 772 y murió en 846. Después de haber ocupado un puesto en la Corte, fue expulsado de ella por causa de sus críticas. Tocador de flautas y erudito se retiró a una aldea, solitario. En sus poesías buscaba la sencillez en tal forma que las leía a su sirvienta, y si ésta no las podía comprender las desechaba. Influyó en los poetas japoneses del haiku.

POEMA

Sentados, bajo la sombra
que los bambúes
Proyectan sobre el tablero,
Dos monjes de la colina
juegan a las damas.
No se los puede ver
a través de la espesura,
Pero de vez en cuando
se escucha el ruido
de una pieza jugada.




Pai Chu Yi

(Traducción de Raúl A.Ruy)


PAI CHU YI. Poeta chino. Nació en 772 y murió en 846. Después de haber ocupado un puesto en la Corte, fue expulsado de ella por causa de sus críticas. Tocador de flautas y erudito se retiró a una aldea, solitario. En sus poesías buscaba la sencillez en tal forma que las leía a su sirvienta, y si ésta no las podía comprender las desechaba. Influyó en los poetas japoneses del haiku.

LA VIDA

El pino muere a los mil años,
la flor del hibisco no dura un día.
Ambos se hunden en la nada.
¿Por qué envanecernos de nuestros meses
y de nuestros años?
P'eng Tsu prolongó su muerte;
pero murió al fin como nosotros.
Más vale aprender a no nacer,
no nacer es asimismo no desaparecer. (1)


Pai Chu Yi

(Traducción de Álvaro Yunque)


PAI CHU YI. Poeta chino. Nació en 772 y murió en 846. Después de haber ocupado un puesto en la Corte, fue expulsado de ella por causa de sus críticas. Tocador de flautas y erudito se retiró a una aldea, solitario. En sus poesías buscaba la sencillez en tal forma que las leía a su sirvienta, y si ésta no las podía comprender las desechaba. Influyó en los poetas japoneses del haiku.

(1)P'eng Tsu es el Matusalén de los chinos. Según la leyenda vivió cien años.

EL ÚLTIMO PASEO





Dejaste caer en el suelo
el tulipán rojo que yo te había dado.
Lo levanté. Estaba blanco.
Bastó ese levísimo instante
para que nevase sobre nuestro amor.


Ch'en Ling

(Traducción de Álvaro Yunque)

Ch'en Ling. Poeta chino. Vivió en el siglo III. Gran letrado y poeta. Se lo consideró en Chien An uno de los "Siete Maestros".

domingo, 27 de julio de 2008

LA INOCENCIA



Mirando al mar, una línea

ininterrumpida de montañas.



Es el cielo.
Es la tierra. Allí
vivimos, sobre ella.

Es una niebla
ahora tangencial a otra
quieta. Aquí llegan
las hojas,
allí se muestra la roca

o da un testimonio.
Lo que vengo de hacer
está parcialmente guardado.



Robert Creeley (E.E.U.U., Arlington, 1926)

(Traducción de Alberto Girri)




ADVERTENCIA




Por amor: te partiría
la cabeza en dos y metería
detrás de los ojos
una vela.

El amor se nos muere
si olvidamos
las virtudes de un amuleto
y la sorpresa.


Robert Creeley (E.E.U.U., Arlington, 1926)



ELSA WERTMAN




Yo era una campesina alemana
de ojos azules, rosada, feliz y robusta.
Y el primer lugar donde trabajé fue en lo de Thomas Greene.
Un día de verano, cuando ella había salido,
Thomas Greene se deslizó en la cocina
y me tomó entre sus brazos y me besó en la garganta,
cuando yo ladeaba la cabeza. Después ninguno de los dos
pareció darse cuenta de lo ocurrido.
Y yo lloraba por lo que sería de mí.
Y lloraba y lloraba a medida que mi secreto comenzaba
a notarse.
Un día la señora Greene me dijo que había comprendido
y que no se disgustaría conmigo,
y como no tenía hijos, que lo adoptaría.
(Él le había dado una granja para que se callara.)


Edgar Lee Masters

(Traducción de Alberto Girri)

Elsa Wertman


I was a peasant girl from Germany,
Blue-eyed, rosy, happy and strong.
And the first place I worked was at Thomas Greene's.
On a summer's day when she was away
He stole into the kitchen and took me
Right in his arms and kissed me on my throat,
I turning my head. Then neither of us
Seemed to know what happened.
And I cried for what would become of me.
And cried and cried as my secret began to show.
One day Mrs. Greene said she understood,
And would make no trouble for me,
And, being childless, would adopt it.
(He had given her a farm to be still.)
So she hid in the house and sent out rumors,
As if it were going to happen to her.
And all went well and the child was born—they were so kind to me.
Later I married Gus Wertman, and years passed.
But—at political rallies when sitters-by thought I was crying
At the eloquence of Hamilton Greene—
That was not it.
No! I wanted to say:
That's my son! That's my son!




Edgar Lee Masters (Garnett, 1869 - Melrose Park, 1950) Poeta estadounidense. Era hijo de un abogado, y pasó la adolescencia en la zona del Illinois situada entre Petersburg y Lewistown que haría célebre en su obra principal. Luego de haber cursado estudios regulares en el Knox College, siguió la profesión de su padre, que ejerció durante algún tiempo en Lewistown; más tarde, hacia 1892, abrió bufete en Chicago. Su éxito como abogado no le libró de la monotonía de una existencia vulgar y aburrida, en la cual la reacción al puritanismo aparecía bajo veleidades artísticas. La poesía era, en efecto, el único bálsamo de su espíritu de pesimista melancólico y de provinciano aislado y resentido. En la Chicago contemporánea, donde bullían nuevos afanes y el deseo de superar el materialismo reinante, encontró diarios y revistas prontos a publicarle cuanto iba componiendo: textos poéticos, narraciones y, además, obras innovadoras que, a pesar de los esfuerzos realizados por el autor para situarse frente a la realidad, presentaban aún las formas convencionales de la tradición. En 1013, la lectura de la Antología Palatina (texto que le había prestado William Marion Reedy, director del Reedy's Mirror de St. Louis) le inspiró la obra que iba a dar fama a su nombre: la Antología de Spoon River (1915). Este libro pronto pasó a ser el estandarte de una revolución espiritual inspiradora de toda la nueva literatura: la dirigida "contra la aldea" y la mentalidad puritana. En dicha obra Masters recreaba los epitafios grabados en las tumbas del cementerio de una pequeña ciudad del Medio Oeste, escritos en verso libre. Su lectura va revelando, a través de las voces de los muertos, los entresijos de la comunidad en la que vivieron: la hipocresía de unos, las angustias de otros y, en suma, expresa la pérdida de los nobles valores que animaron a los fundadores, ya sea por deliberada traición a ellos o por incapacidad para mantenerlos vivos. Se trata de una crónica mordaz acerca del fracaso, en la que el poeta alcanza un aliento original que no se repetiría en su obra posterior.



LUCIUS ATHERTON




Cuando mis bigotes eran rizados
y negro mi pelo,
y usaba pantalones ajustados
y un botón de cuello de diamante,
fui admirable como sota de corazones que cometió
muchos engaños.
Pero cuando los cabellos grises comenzaron a aparecer
hete aquí que una nueva generación de muchachas
se burló de mí, sin temerme.
Y ya no tuve más aventuras picantes
en las que me arriesgaba a recibir un tiro
por ser un demonio sin corazón,
sino sólo asuntos sin atractivos, aventuras recalentadas
de otros días y otra gente.
Y transcurrió el tiempo hasta que me reduje a pasarlo
en el restaurante de Mayer,
comiendo a precio fijo; un descolorido, desaliñado,
desdentado, descartado Don Juan rural...
Hay aquí una sombra poderosa que canta
acerca de una mujer llamada Beatrice;
y ahora comprendo que la fuerza que a él lo hizo grande
me arrojó a mí a la escoria de la vida.





Edgar Lee Masters

(Traducción de Alberto Girri)

Lucius Atherton

When my moustache curled,
And my hair was black,
And I wore tight trousers
And a diamond stud,
I was an excellent knave of hearts and took many a trick.
But when the gray hairs began to appear--
Lo! a new generation of girls
Laughed at me, not fearing me,
And I had no more exciting adventures
Wherein I was all but shot for a heartless devil,
But only drabby affairs, warmed-over affairs
Of other days and other men.
And time went on until I lived at Mayer's restaurant,
Partaking of short-orders, a gray, untidy,
Toothless, discarded, rural Don Juan. . .
There is a mighty shade here who sings
Of one named Beatrice;
And I see now that the force that made him great
Drove me to the dregs of life.




Edgar Lee Masters (Garnett, 1869 - Melrose Park, 1950) Poeta estadounidense. Era hijo de un abogado, y pasó la adolescencia en la zona del Illinois situada entre Petersburg y Lewistown que haría célebre en su obra principal. Luego de haber cursado estudios regulares en el Knox College, siguió la profesión de su padre, que ejerció durante algún tiempo en Lewistown; más tarde, hacia 1892, abrió bufete en Chicago. Su éxito como abogado no le libró de la monotonía de una existencia vulgar y aburrida, en la cual la reacción al puritanismo aparecía bajo veleidades artísticas. La poesía era, en efecto, el único bálsamo de su espíritu de pesimista melancólico y de provinciano aislado y resentido. En la Chicago contemporánea, donde bullían nuevos afanes y el deseo de superar el materialismo reinante, encontró diarios y revistas prontos a publicarle cuanto iba componiendo: textos poéticos, narraciones y, además, obras innovadoras que, a pesar de los esfuerzos realizados por el autor para situarse frente a la realidad, presentaban aún las formas convencionales de la tradición. En 1013, la lectura de la Antología Palatina (texto que le había prestado William Marion Reedy, director del Reedy's Mirror de St. Louis) le inspiró la obra que iba a dar fama a su nombre: la Antología de Spoon River (1915). Este libro pronto pasó a ser el estandarte de una revolución espiritual inspiradora de toda la nueva literatura: la dirigida "contra la aldea" y la mentalidad puritana. En dicha obra Masters recreaba los epitafios grabados en las tumbas del cementerio de una pequeña ciudad del Medio Oeste, escritos en verso libre. Su lectura va revelando, a través de las voces de los muertos, los entresijos de la comunidad en la que vivieron: la hipocresía de unos, las angustias de otros y, en suma, expresa la pérdida de los nobles valores que animaron a los fundadores, ya sea por deliberada traición a ellos o por incapacidad para mantenerlos vivos. Se trata de una crónica mordaz acerca del fracaso, en la que el poeta alcanza un aliento original que no se repetiría en su obra posterior.