viernes, 31 de octubre de 2008

MAÑANA DE RESURRECCIÓN




Tengo una vida que no se ha transformado,
que se ha desviado y detenido,
atónita:
la conservo en mí como a un embarazo o
como a un niño sobre las piernas
no para crecer o envejecer sino para insistir

que vuelvo a su tumba
una y otra vez,
para preguntar qué está mal, qué estuvo
mal, para ver todo bajo
la luz de una necesidad diferente
pero la tumba quedará abierta
y el niño,
conmovido, debe compartir mi tumba,
la de un anciano que ha tenido que
sobrevivir con lo que ha quedado

cuando regreso a mi tierra en esos
frescos y lejanos días, es conveniente visitar
a todos, tías y tíos, aquéllos que solían decir,
mira cómo ha crecido, y las tías coquetas que siempre
tenían algo en sus monederos, canela en rama
o unos centavos, y tíos que eran
los rumores de primos
que hablaban de ellos maravillas,
si peleaban, presencias y profesores,
casi todos mayores (y algunos más jóvenes)
reunidos en un lugar
esperando a alguien en particular
pero no a mí, madre y padre allí, también,
y otros cerca, como escondidos
bajo la piel, todos juntos
en el cementerio, acabados, y
el mundo que ellos solían dominar,
inconciliado y feliz,
se ha ido

el niño en mí que no pudo transformarse
no estaba listo para irse según los otros,
para entrar en el cambio, las bendiciones
y los horrores, sino que está parado allí
junto al camino donde ocurrió el accidente,
pidiendo auxilio, ven y arregla esto o
no podremos salir adelante, pero los grandes
que tenían que volver no pudieron o
no escucharon y entraron en pánico
y ahora, digo en el cementerio, aquí
yace el pánico, ahora no puede
volver con ayudas o digresiones provechosas,
ahora todos compramos
los amargos estados incompletos,
recogemos los nudos del horror,
delirando en silencio, y seguimos
estrellándonos contra finales vacíos
incompletos, inacabados la plenitud
ha entrado y se consume a sí misma desde
que me he metido en la piel de un niño,
yo mismo o mi hermano muerto,
y grito lo más que puedo, no puedo dejar este lugar,
para mí es el más querido y el peor,
es la vida más próxima a la vida que es
vida perdida: es en mi lugar donde
debo permanecer y fracasar,
llamando la atención con lágrimas
a las ramas poco elevadas
troncos hacia el espacio, al aire estéril que sostiene
el mundo que fue mi mundo

aunque los estados incompletos
(y los completos) se extingan
en la intensa quemadura
momentánea estructura de ceniza,
todavía es un libro ilustrado,
perfecta mañana de Resurrección:
he salido a caminar: el viento está apacible:
el arroyo fluye sin destellos con plena calma:
ruidosos los pájaros con sus voces:
vi algo que nunca había visto: dos grandes aves,
águilas quizá, alas negras, cuellos
y cabezas blancos, venían del sur remando
firmemente con sus grandes alas; pasaron
sobre mí, en lo alto, y siguieron
hacia el norte: pero luego una de ellas,
la que iba atrás, se desvió un poco hacia
la izquierda y la otra siguió sin darse cuenta
por un minuto: la primera
comenzó a dar vueltas como buscando
algo, sobre la costa, apoyando sus alas
en el perímetro de los círculos:
la otra volvió y se pusieron a dar vueltas,
tal vez buscando alguna comente de aire;
giraron un par de veces más, posiblemente
elevándose -descansando al menos-,
entonces siguieron volando perdiéndose en la distancia
hasta atravesar los arbustos y
los árboles: era una visión de generosa
majestad e integridad: teniendo
patrones y rutas, separándose de ellos
para explorar otros patrones
o mejores rutas, para luego volver a
empezar: una danza sagrada como la savia
en los árboles, permanente en sus descripciones
como las ondas que se producen en las piedras
del arroyo: fresco como este particular
torrente de calor que nos atraviesa ahora
desde el sol.


Archie Randolph Ammons (E.E.U.U., Carolina del Norte,1926-2001)

(Traducción de Emilio Garbino Guerra
y Mariano Serrichio)

Easter morning


I have a life that did not become, / that turned aside and stopped, / astonished: /I hold it in me like a pregnancy or / as on my lap a child / not to grow or grow old but dwell on // it is to his grave I most / frequently return and return / to ask what is wrong, what was / wrong, to see it all by / the light of a different necessity / but the grave will not heal / and the child, / stirring, must share my grave /with me, and old man having / gotten by on what was left // when I go back to my home country in these / fresh far-away days, it's convenient to visit / everybody, aunts and uncles, those whose used to say, / look how he 's shooting up, and the / trinked aunts who always had a little / something in their pocketbooks, cinnamon bark / or a penny or nickel, and uncles who / were the rumored fathers of cousins / who whispered of them as of great, if / troubled, presences, and school / teachers, just about everybody older / (and some younger) collected in one place / waiting, particulary, but not for / me, mother and father, too, and others / close, as burrowing / under skin, all in the graveyard / assembled, done for, the world they / used to wield, had trouble and joy / in, gone //the child in me that could not become /was not ready for others to go, / to go on into change, blessing and / horrors, but stands there by the road / where the mishap occurred, crying out for / help, come and fix this or we / can 't get by, but the great once who / were to return, they could not or did / not hear and went on in a flurry and / now, I say in the graveyard, here / lies the flurry, now it can 't come / back with help or helpful asides, now / we all buy the bitter / incompletions, pick up the knots of / horror, silently raving, and go on / crushing into empty ends not / completions, not rondures the fullness / has come into and spent itself from /I stand on the stump /of a child, whether myself/ or my little brother who died, and / yell as far as I can, I cannot leave this place, for /for me it is the dearest and the worst, /it is life nearest to life which is / life lost: it is my place where /I must stand and fail, /calling attention with tears / to the branches not lofting/ boughs into space, to the barren / air that holds the world that was my world // though the incompletions / (& completions) burn out / standing in the flash high-burn / momentary structure of ash, still it / is a picture-book, letter-perfect / Easter morning: I have been for a / walk: the wind is tranquil: the brook / works whitout flashing in a abundant / tranquility: the birds are lively with / voice: I saw something I had / never seen before: two great birds, / maybe eagles, blackwinged, whitenecked / and -headed, came from the south oaring / the great wings steadly; they went / directly over me, high up, and kept on / due north: but then one bird, / the one behind, veered a little to the / left and the other bird kept on seeming / not to notice for a minute: the first / began to circle as if looking for /something, coasting, resting its wings / on the down side of some of the circles: /the other bird came back and they both/circled, looking perhaps for a draft; / they turned a few more times, possibly / rising -at least, clearly resting-/then flew on falling into distance till/ they broke across the local bush and/trees: it was a sight of bountiful/majesty and integrity: the having /patterns and routes, breaking /from them to explore other patterns or / better ways to routes, and then the / return: a dance sacred as the sap in / the trees, permanent in its descriptions / as the ripples round the brook's / ripplestone: fresh as this particular /flood of burn breaking across us now /from the sun.


El texto que publicamos fue extraído de la Revista Anual de literatura El Banquete, Nº3-4, setiembre de 2000.




VISITA





No es lejos de mi casa:
puedes venir en un pequeño bote,
demorándote bajo la sombra en los remolinos
o yendo hacia la costa
para descansar, contemplas las hojas

o hablas con los pájaros y

la maleza de la orilla: contratas a un hombre corpulento
no muy viejo para que reme
y eliges una canoa como un barco angosto
(un hombre callado es mejor y no

más costoso; él atraerá

reflejos y silencios bajo las hojas:)
viajas con poco equipaje: un solo libro, alguna cuerda:
el río se encrespa en los rápidos con truchas
y una rama de abedul

hará un rocío agradable: si sales
a la mañana, llegarás

con plena luz
la tarde del tercer día: bajaré
al embarcadero

(dile a tu hombre que lo busque,
los callados tienen buena vista y están libres
de visiones) para darte la bienvenida con
algún vino casero y unos versos especiales:
o puedes venir por la orilla:


tomas a la derecha: allí las rocas se escalonan
con menos frecuencia, el declive es más gradual:
no te apresures: el ascenso enrarece
la mente y la sangre y debes
conservar una densa reserva


de silencio para que equilibremos la
conversación: hay escasas novedades:
encontré el mes pasado una raíz con forma y
he escuchado un nuevo sonido entre
los insectos: ven.


Archie Randolph Ammons (E.E.U.U., Carolina del Norte,1926-2001)

Traducción de Emilio Garbino Guerra
y Mariano Serrichio.

Visit


It is not far to my place: / you can come smallboat, / pausing under shade in the eddies / or going ashore / to rest, regard the leaves // or talk with birds and / shore weeds: hire a full grown man not / late in years to oar you / and choose a canoe-like thin ship: / (a dumb man is better and no // costlier; he will attract / the reflections and silences under leaves:) / travel light: a single book, some twine: / the river is muscled at rapids with trout / and a birch limb // will make a suitable spite: if you / leave in the forenoon, you will arrive/with plenty of light / the afternoon of the third day: I will / come down to the landing // (tell your man to look for it, / the dumb have clear sight and are free of/ visions) to greet you with some made / wine and a special verse: / or you can come by shore: // choose the right: there the rocks / cascade less frequently, the grade more gradual: / treat yourself gently: the ascent thins both / mind and blood and you must / keep still a dense reserve // of silence we can poise against / conversation: there is little news: /I found last month a root with shape and / have heard a new sound among / the insects: come.




El texto que publicamos fue extraído de la Revista Anual de literatura El Banquete, Nº3-4, setiembre de 2000.


Algunos FRAGMENTOS FANTÁSTICOS

1

Hemos cambiado nuestro destino de dioses en un destino de mercaderes.


4

Golpea la puerta. Si nadie responde entra. Entra y hablale aunque no esté ya más.


10

En el último árbol del bosque, comienza el bosque


27

Volveré a escribir estas cosas dentro de un millón de años, en un planeta lejano de otro cielo. Sentado en mi pobre cuerpo.



Miguel Angel Bustos



Miguel Angel Bustos. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, en 1932, murió en 1976, víctima de la dictadura. Bustos publicó cinco libros entre 1957 y 1970: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), con prólogo de Leopoldo Marechal; y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970), los dos últimos editados por Sudamericana.


LOS PATIOS DEL TIGRE





Fueron siempre los pájaros los que anduvieron en los patios de mi infancia.
A la claridad del canario se sumó el gritito entrecortado del calafate, el vuelo diminuto de los bengalíes. Algún mono hubo, pero fue efímero.
Agregaba mi abuelo a la magia reinante sus oros de Gran Maestro. Sus libros que, de a poco, fueron siendo mis pájaros.
Un tío viajó y en una gran jaula trajo un tigre. Lo aseguraron a una cadena y esperaron que lo viera.
Su garganta me llamó; aparecí.
Desde ese día los patios dejaron de ser tales. Fueron selvas de mármol y mosaicos gastados en donde el terror habitaba. Era feliz. Tocaba el misterio a diario y no desaparecía. Me acostumbré ávidamente a lo extraño.
Cuando alguien ordenó su encierro en el Zoológico, lloré.
Entonces comenzaron mis fugaces visitas; temblaba cerca de su jaula. Su rugido era música tristísima para mi. Le imploraba a su memoria de fiera el recuerdo.
El día en que me fui a despedir de él para siempre me olió, detuvo su andar en círculos. Una sombra humana le cruzó la mirada. Intenté tocarlo. El griterío prudente me clavó en el piso.
Pensé un adiós, suavemente me marché. Más tarde supe de su muerte. Su carne fantástica se juntó en el polvo a otras carnes.
He crecido. Guardo de mi infancia sus huesos en mi alma, los libros en mi sangre.
Pero cuando llegue el fin y me miren los ojos que aún no he visto, pienso que será el tigre incierto de la locura el que me lleve tanteando a la nada, aquel tigre de titubeo y delirio del suicidio que en su boca me ahogará clamando.
O tal vez mi viejo tigre, rayado por la piedad, quiera devorarme como a un niño.



Miguel Angel Bustos



Miguel Angel Bustos. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, en 1932, murió en 1976, víctima de la dictadura. Bustos publicó cinco libros entre 1957 y 1970: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), con prólogo de Leopoldo Marechal; y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970), los dos últimos editados por Sudamericana.

domingo, 19 de octubre de 2008

GUILLAUME APOLLINAIRE




Van a perder, sirenas, si yo canto

con la voz de las putas esa nueva

canción que ya cumplió más de mil años.

Esa canción que dice en una lengua

difunta cómo el día se hace noche

y cómo el hijo puede ser el padre.


No me importa que hablen de mi padre,

ni que insulten, sirenas, este canto,

igual van a perder cuando la noche

se quede sin estrellas y la nueva

oración ponga música en mi lengua,

más dura que gastada por los años.



Me pregunto por qué yo en otros años

no pensaba en mi madre ni en mi padre,

por qué hablaba, sirenas, una lengua

extraña y me hechizaba todo canto

que tuviera el encanto de una nueva

mujer acariciada por la noche.


Mi respuesta no viene de la noche,

ni del beso mordido de los años,

mi respuesta no oculta su voz nueva

y no teme, sirenas, decir: padre

padre, quema las velas de mi canto!

Puedo apagar el fuego con mi lengua,


puedo lamer la playa con mi lengua,

puedo lavar las luces de la noche,

todo empieza y termina en este canto,

el día, la semana, el mes, los años.

Escúchenlo, sirenas, es mi padre

quien les enseña la palabra nueva,


quien les imparte con mi voz la nueva

orden: sacad, sacad al mar la lengua!

Sepan que el dios fluvial ya no es su padre,

y abandonen las olas esta noche,

porque ahora estarán años tras años

sumergidas, sirenas, en mi canto.


Vamos, deja la noche, vuelve al padre,

vieja sólo es tu lengua, tu alma es nueva

y si pasan los años, queda el canto.


Carlos Schilling



Carlos Schilling. Poeta, narrador y periodista argentino. Nacido en Sunchales y radicado en Córdoba. Es licenciado en Filosofía. Ha publicado recientemente su primera novela: "Mujeres que nunca me amaron", en El Emporio Ediciones. Una novela en la que un hombre nos cuenta cómo relató a su sobrina los amores (fracasados) de su vida y las conversaciones que después de muchos años ha buscado tener con cada una de aquellas mujeres amadas. Schilling publicó anteriormente, los libros de relatos: "Dos variaciones" (1997), "Diana y Nadia" (1999) y "¿Agua?" (2006). Tradujo a Louis Ferdinand Celine, Philip Jaccottet, René Char y Jean Allouch, entre otros. Integra junto a Silvio Mattoni y otros escritores, el Consejo de redacción de la Revista literaria El Banquete, editada por Alción en Córdoba. Trabaja como editor del Suplemento Cultura y la sección Espectáculos del diario La Voz del Interior, de Córdoba. En poesía editó "Mudo" (2001 y 2004) y "Formas de ver el mar" (2006), un libro de sextinas, que homenajea o reescribe a diversos poetas, como es el caso del poema que publicamos, con su expresa autorización.



CEZANNE



sólo con inclinarme de derecha a izquierda
de izquierda a derecha, me basta,
escribía Cezanne

podría pasarme la vida aquí
inclinándome de derecha a izquierda
y de izquierda a derecha
y no agotaría la realidad, explicaba

espacios en blanco en las últimas telas de Cezanne
indican a los expertos
que había llevado su teoría hasta el último extremo

otros
los atribuyen a dificultades de la vista:
Cezanne dejó en blanco lo que no podía ver

en este caso(o en ambos)
¿por qué Cezanne no esforzó la imaginación?

el interrogante debe hacer pensar
a esos esoteristas vernáculos, a
distintas especies de mistificadores

¿por qué Cezanne no quiso pintar lo que sus ojos
–aun moviéndose con su cuerpo de derecha a izquierda
de izquierda a derecha– no podían ver?

¿por qué escriben sobre lo que el corazón no ve?
¿por qué escriben sobre lo que la inteligencia no celebra o llora?





Jorge Aulicino (Argentina, Buenos Aires, 1949)




LUNES


Los lunes mi padre llegaba tarde

y traía chocolates amargos.
En la cama grande, mamá nos leía
La Cabaña del Tío Tom.
A nosotras nos gustaban los lunes,
nos gustaba llorar por tristezas
de cuento, sufrir por los negros
mientras comíamos chocolates Suchard.

(De: Kodak, Argos, 2001)


María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)




AHORA QUE VIENE EL TIEMPO DE LOS PÁJAROS

Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
el agua,

ahora que se agitan las polleras
al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío
y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan
a la sombra de los fresnos y toman mate
y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
tu casa.
Primavera de 1992.
In memoriam Clara Crimberg.
(De Pavese, Argos, 1997)

María Teresa Andruetto (Argentina, Córdoba, Arroyo Cabral, 1954)


COMO ESE ÁRBOL



que agita su fronda

cuando un pájaro se le acerca
y gira (más que alado, tornasolado)
alrededor suyo, sin atreverse
a posar una sola de sus patas,
como si fuera un río congelado
y no un árbol
que la naturaleza ha puesto
delante de sí, o fuera a derrumbarse:
como si un pájaro
pudiera hacer que un árbol se derrumbe
o el árbol no quisiera, en el fondo
perder por un segundo su estabilidad,
como si no se oyera un silbido
entre las hojas, un largo llamado
de apareamiento, y el pájaro
que se conoce, pensara una vez más
que es su propio deseo de amor
girando entre las hojas,
como si el árbol
viviera en una jaula autosuficiente
y tronco y trino
no provinieran de una misma raíz,
como si un pájaro
pudiera ser un pájaro de verdad,
lejos de su árbol, y a la inversa...



Osvaldo Bossi (Prov.Buenos Aires, 1963)




viernes, 17 de octubre de 2008

CANTO V - INFIERNO - La Divina Comedia



Segundo círculo: los lujuriosos. Minos, juez infernal. Los pecadores carnales. Francesca da Rimini y Paolo Malatesta. La compasión y el desmayo de Dante.
Cronología: noche del 8 de abril. Contrapaso: así como en vida fueron arrebatados por el impulso de las más revueltas pasiones de los sentidos, los lujuriosos giran ahora —eternamente— en la "borrasca infernal que nunca cesa".






Descendí así del círculo primero
al segundo, que abarca menor sitio,
y tanto más dolor que arranca gritos.

Allí Minos horriblemente ulula:
examina las culpas en la entrada;
juzga y manda según como se enrosca.

Digo que cuando el alma mal nacida
se le pone delante, se confiesa;
y ese conocedor de los pecados

ve el sitio del Infierno que le toca;
cíñese con la cola tantas veces
cuanto el grado en que quiere se sitúe.

Siempre delante de él hay muchas almas:
por turno cada una va al juicio;
dicen y oyen y, después, se hunden.

"¡Oh tú que vienes al doliente hospicio",
me dijo Minos cuando me hubo visto,
suspendiendo la acción de tal empeño,

"mira cómo entras y de quién te fías:
no te engañe la anchura de la entrada!"
Y mi guía le dijo: "¿Por qué gritas?

No hay que impedirle su fatal andanza:
tal lo quieren allá donde se puede
lo que se quiere, y más no nos preguntes."

Ya comenzaban las dolientes notas
a ser oídas; me acerqué muy luego
donde repercutía mucho llanto.

Llegué a un lugar de toda lumbre mudo,
que muge como el mar en la tormenta,
si los vientos contrarios lo combaten.

La borrasca infernal, que nunca cesa,
a las almas arrastra en sus embates:
volteando y golpeando las molesta.

Cuando llegan delante a ese derrumbe,
allí el grito, el quejido y el lamento;
allí blasfeman la virtud divina.

Comprendí que tormento semejante
se les da a los carnales pecadores,
que la razón someten al deseo.

Y como los estorninos van de vuelo
en el tiempo invernal, en gran bandada,
así esa racha a todos los malignos

aquí, allí, abajo, arriba empuja;
ya ninguna esperanza los conforta,
no de reposo, mas de menor pena.

Y cual las grullas cantan su lamento,
trazando sobre el aire larga línea,
así vi yo venir, dando sus quejas,

las sombras que traía esa tormenta;
dije por ello: "¿Quiénes, pues, son éstos
que el negro vendaval tanto castiga?"

"La primera de quien ahora deseas
tener noticias", dijo él entonces,
"fue emperatriz por sobre muchos pueblos.

En vicios de lujuria fue tan hábil,
que a la licencia licitó en sus leyes,
para quitar la culpa en que se hallaba.

Ella es Semíramis, de la cual se lee
que sucedió a Niño y fue su esposa:
rigió la tierra que el Sultán gobierna.

La otra suicidóse enamorada:
y rompió fe a los huesos de Siqueo|
después está Cleopatra lujuriosa.

Mira a Helena, por quien tanta desdicha
corrió en el tiempo, y mira al grande Aquiles,
que por Amor al fin volvió a la lucha.

Y a París y a Tristán"; y a más de mil
sombras mostróme, y me indicó su dedo,
a las que Amor quitó de nuestra vida.

Después de oir así a mi maestro
nombrar damas de antaño y caballeros,
me condolí y sentí casi perplejo.

Comencé, pues: "Poeta de buen grado
yo hablaría a esos dos que van tan juntos,
y en el viento parecen tan livianos."

Y él: "Ya los verás cuando se encuentren
junto a nosotros: ruégales entonces
por ese amor que sienten, y vendrán."

Tan pronto como el viento nos los trae,
solté la voz: "¡Oh almas afanosas,
venid a hablarnos si alguien no lo impide!"

Como palomas que el deseo llama,
tendida el ala, y firme, al dulce nido
van por el aire del querer llevadas,

así del grupo donde se halla Dido,
por el aire maligno se acercaron:
tan fuerte fue el afectuoso grito.

"¡Oh ser gracioso y benevolente,
que así visitas entre el aire cárdeno
a los que en sangre hemos manchado el mundo,

si el rey del universo nos amase,
porque te diese paz le rogaríamos,
pues compadeces nuestro mal perverso!

De lo que oir y conversar os place,
lo oiremos y hablaremos con vosotros,
mientras el viento, como hace, calla.

Yace la tierra donde yo nací,
en la marina donde el Po desciende
para hallar paz unido a sus secuaces.

Amor, que en gentil pecho pronto prende,
a éste lo prendó del cuerpo hermoso
que quitáronme en forma que aún me ofende.

Amor, que no consiente que no amemos,
me ciñó a éste con placer tan fuerte que,
como ves, aún no me abandona.

Amor nos trajo hasta una misma muerte;
Caína espera a quien quitó las vidas."
Estas palabras de ellos nos vinieron.

Cuando oí a esas almas ofendidas,
incliné el rostro, y bajo lo mantuve
hasta que el vate dijo al fin: "¿Qué piensas?"

Al responder, yo comencé: "¡Oh pena,
cuánto grato pensar, cuánto deseo
los empuó al doloroso trance!"

Luego me volví a ellos para hablarles,
y comencé: "Francesca, tus martirios
me entristecen y apiadan hasta el llanto.

Dime: ¿en el tiempo del dulce suspiro,
en qué y cómo os concedió el amor
que conocieseis los deseos dudosos?"

Y ella a mí: "Ningún dolor más grande
que el recordar el tiempo venturoso
en la desdicha; tu doctor lo sabe.

Mas si por conocer la raíz primera
de nuestro amor tú muestras tanto anhelo,
haré como quien llora y habla a un tiempo.

Leíamos un día, por recreo,
cómo el amor lo atrajo a Lanzarote;
solos estábamos, sin sospecha alguna.

Varias veces los ojos se encontraron
en la lectura, palideció el rostro,
pero nos dominó sólo un pasaje.

Al leer cómo la sonrisa ansiada
fuera besada por un tal amante,
éste, de quien yo nunca he de apartarme,

la boca me besó todo temblante.
Galeoto el libro fue y quien lo hizo:
desde ese día nunca más leímos."

Mientras un alma esto me decía,
la otra lloraba tanto que, apiadado,
me sentí desmayar como quien muere,

y caí como cuerpo muerto cae.




Dante Alighieri


(Traducción de Angel J. Battistessa)


CANTO V -Inferno



Così discesi del cerchio primaio
giù nel secondo, che men luogo cinghia,
e tanto più dolor, che punge a guaio.

Stavvi Minòs orribilmente, e ringhia:
essamina le colpe ne l'entrata;
giudica e manda secondo ch'avvinghia.

Dico che quando l'anima mal nata
li vien dinanzi, tutta si confessa;
e quel conoscitor de le peccata

vede qual luogo d'inferno è da essa:
cignesi con la coda tante volte
quantunque gradi vuol che giù sia messa.

Sempre dinanzi a lui ne stanno molte:
vanno a vicenda ciascuna al giudizio;
dicono e odono, e poi son giù volte.

"O tu che vieni al doloroso ospizio,"
disse Minòs a me quando mi vide,
lasciando l'atto di cotanto offizio,

"guarda com'entri e di cui tu ti fide:
non t'inganni l'ampiezza de l'entrare!"
E 'l duca mio a lui: "Perché pur gride?

Non impedir lo suo fatale andare:
vuolsi così colà dove si puote
ciò che si vuole, e più non dimandare".

Ora incomincian le dolenti note
a farmisi sentire; or son venuto
là dove molto planto mi percuote.

Io venni in luogo d'ogni luce muto,
che mugghia come fa mar per tempesta,
se da contrari venti è cornbattuto.

La bufera infernal, che mai non resta,
mena li spirti con la sua rapina:
voltando e percotendo li molesta.

Quando giungon davanti a la ruina,
quivi le strida, il compianto, il lamento:
bestemmian quivi la virtù divina.

Intesi ch'a così fatto tormento
enno dannati i peccator carnali,
che la ragion sommettono al talento.

E come li stornei ne portan l'ali
nel freddo tempo a schiera larga e piena,
così quel fiato li spiriti mali:

di qua, di là, di giù, di su li mena;
milla speranza li conforta mai,
non che di posa, ma di minor pena.

E come i gru van cantando lor lai,
faccendo in aere di sé lunga riga,
così vidi venir, traendo guai,

ombre portate da la detta briga:
per ch'i' dissi: "Maestro, chi son quelle
genti che l'aura nera sì gastiga?"

"La prima di color di cui novelle
tu vuo' saper" mi disse quelli allotta,
"fu imperadrice di molte favelle.

A vizio di lussuria fu sì rotta,
che libito fe' licito in sua legge
per torre il biasmo in che era condotta.

Ell'è Semiramìs, di cui si legge
che succedette a Nino e fu sua sposa;
tenne la térra che 'l Soldan corregge.

L'altra è colei che s'ancise amorosa,
e ruppe fede al cener di Sicheo;
poi è Cleopatràs lussuriosa.

Elena vedi, per cui tanto reo
tempo si volse, e vedi il grande Achille
che con Amore al fine combatteo.

Vedi Parìs, Tristano"; e più di mille
ombre mostrommi, e nominommi, a dito
ch'amor di nostra vita dipartille.

Poscia ch'io ebbi il mió dottore udito
nomar le donne antiche e' cavalieri,
pietà mi giunse, e fui quasi smarrito.

I' cominciai: "Poeta, volontieri
parlerei a quei due che 'nsieme vanno,
e paion sì al vento esser leggieri".

Ed elli a me: "Vedrai quando saranno
più presso a noi; e tu allor li prega
per quello amor che i mena, ed ei verranno".

Si tostó come il vento a noi li piega,
mossi la voce: "O anime affannate,
venite a noi parlar, s'altri nol niega!"

Quali colombe dal disio chiamate,
con l'ali alzate e ferme al dolce nido
vegnon per l'aere dal voler portate;

cotali uscir de la schiera ov'e Dido,
a noi venendo per l'aere maligno,
sì forte fu l'affettuoso grido.

"O animal grazioso e benigno
che visitando vai per l'aere perso
noi che tignemmo il mondo di sanguigno,

se fosse amico il re de l'universo,
noi pregheremmo lui de la tua pace,
poi c'hai pietà del nostro mal perverso.

Di quel che udire e che parlar vi piace,
noi udiremo e parleremo a vui,
mentre che 'l vento, come fa, ci tace.

Siede la terra dove nata fui
su la marina dove l' Po discende
per aver pace co' seguaci sui.

Amor, ch'al cor gentil ratto s'apprende,
prese costui de la bella persona
che mi fu tolta; e 'l modo ancor m'offende.

Amor, ch'a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m'abbandona.

Amor condusse noi ad una morte:
Caina attende cbi a vita ci spense".
Queste parole da lor ci fur porte.

Quand'io intesi quell'anime offense,
chinai 'l viso, e tanto il tenni basso,
fin che 'l poeta mi disse: "Che pense?"

Quando rispuosi, cominciai: "Oh lasso,
quanti dolci pensier, quanto disio
menò costoro al doloroso passo!"

Poi mi rivolsi a loro e parla' io,
e corninciai: "Francesca, i tuoi martiri
a lacrimar mi fano tristo e pio,

Ma dimmi: al tempo de' dolci sospiri,
a che e come concedette amore
che conosceste i dubbiosi desiri?"

E quella a me: "Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa 'l tuo dottore.

Ma s'a conoscer la prima radice
del nostro amor tu hai cotanto affetto,
dirò come colui che piange e dice.

Noi leggiavamo un giorno per diletto
di Lancialotto come amor lo strinse:
soli eravamo e sanza alcun sospetto.

Per più fíate li occhi ci sospinse
quella lettura, e scolorocci il viso;
ma solo un punto fu quel che ci vinse.

Quando leggemmo il disiato riso
esser baciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non fia diviso,

la bocca mi baciò tutto tremante.
Galeotto fu il libro e chi lo scrisse:
quel giorno più non vi leggemmo avante"

Mentre che l'uno spirto questo disse,
l'altro piangea sì, che di pietade
io venni men così com'io morisse;

e caddi come corpo morto cade.





Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) Poeta italiano. Si bien sus padres, Alighiero de Bellincione y Gabriella (Bella), pertenecían a la burguesía güelfa florentina, Dante aseguró siempre que procedía de familia noble, y así lo hizo constar en el Paraíso (cantos XV y XVI), en donde trazó un vínculo familiar con su supuesto antepasado Cacciaguida, quien habría sido armado caballero por el emperador Conrado II de Suabia. Durante sus años de estudio Dante Alighieri coincidió con el poeta Guido Cavalcanti, representante del dolce stil nuovo, unos quince años mayor que él, con quien intimó y de quien se convirtió en discípulo. Según explica en su autobiografía más o menos recreada poéticamente Vida nueva, en 1274 vio por primera vez a Beatriz Portinari, cuando ella contaba ocho años y él tan sólo uno más; el apasionado y platónico enamoramiento de Dante tendría lugar al coincidir de nuevo con ella nueve años más tardeEn 1285 Dante tomó parte en el asedio de Poggio di Santa Cecilia, defendido por los aretinos, y dos años más tarde se trasladó a Bolonia, quizás a estudiar, si bien se tienen dudas en lo referente a su paso por la universidad de dicha ciudad. Sí hay pruebas, en cambio, de su participación, en calidad de «feritore» de a caballo, en la batalla de Campaldino, en la cual se enfrentó a los gibelinos de Arezzo. En 1290 murió Beatriz, y un año más tarde Dante contrajo matrimonio con Gemma di Manetto, con quien tuvo cuatro hijos. En 1295 se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, y a partir del mes de noviembre empezó a interesarse por la política municipal florentina; entre mayo y septiembre del año siguiente fue miembro del Consejo de los Ciento, y en 1298 participó en la firma del tratado de paz con Arezzo. En 1300, y en calidad de embajador, se trasladó a San Gimignano para negociar la visita de representantes de la Liga Güelfa a Florencia, y entre el 15 de junio y el 14 de agosto ocupó el cargo de prior, máxima magistratura florentina. En octubre de 1301, y tras oponerse al envío de tropas para ayudar al papa Bonifacio VIII, Dante fue designado embajador ante el pontífice, a quien ofreció un tratado de paz. El Papa, sin embargo, lo retuvo en Roma en contra de su voluntad, con la intención de ayudar en Florencia a la facción güelfa opuesta a la de Dante, sector que a la postre se hizo con el control de la ciudad y desterró a sus oponentes. Acusado de malversación de fondos, Dante fue condenado a multa, expropiación y exilio, y más tarde a muerte en caso de que regresara a Florencia. A partir de esta fecha Dante inició un largo exilio que iba a durar el resto de su vida: residió en Verona, Padua, Rímini, Lucca y, finalmente, Ravena, ciudad en la cual fue huésped de Guido Novello de Polenta y donde permaneció hasta su muerte.

Obras: La influencia de la poesía trovadoresca y estilnovista sobre Dante Alighieri queda reflejada en su Vida nueva, conjunto de poemas y prosas dirigidos a Beatriz, razón de la vida del poeta y también de sus tormentos, y sus Rime Petrose, dirigidas a una amada supuesta, a la que escribe sólo para disimular ante los demás su verdadero amor. El juego poético-amoroso oscila entre la pasión imposible y la espiritualizada idealización de la figura de su amada, aunque las rígidas formas del estilnovismo adquieren una fuerza y sinceridad nuevas en manos de Dante. El experimentalismo de los poemas de Dante Alighieri y la búsqueda consciente de un estilo propio culminarán finalmente en La Divina Comedia, una de las cumbres de la literatura universal. Escrita en tercetos, se resume en ella toda la cosmología medieval mediante la presentación del recorrido del alma de Dante, guiada primero por Virgilio y más adelante por Beatriz, en la expiación de sus pecados en tres cantos: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Con un lenguaje vívido y de gran riqueza expresiva, el poeta mezcla los elementos simbólicos con referencias a personajes históricos y mitológicos, hasta construir una equilibrada y grandiosa síntesis del saber acumulado por el hombre desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media.

jueves, 16 de octubre de 2008

CONVERSAR EN LA CAMA


Debiera ser muy fácil conversar en la cama,

tan lejos se remonta ese yacer ahí juntos:
símbolo de franqueza entre dos seres.

No obstante, pasa y pasa calladamente el tiempo.
Afuera, la incompleta agitación del viento
hace y deshace nubes por el cielo

y el horizonte es cúmulo de ciudades oscuras.
Nada nos hace caso. Nada demuestra cómo
a esta distancia única del aislamiento

se vuelve aún más difícil encontrar
palabras a la vez ciertas y amables,
o no del todo falsas y groseras.

(de: Las bodas de Pentecostés,
Pre-textos, Valencia, 1991)

Philip Larkin (Inglaterra, Coventry, 1922-1985)

(Versión de Álvaro García)


TALKING IN BED

Talking in bed ought lo be easiest,
Lying together there goes back so far,
An emblem of two people being honest.

Yet more and more time passes silently.
Outside, the wind's incomplete unrest
Builds and disperses clouds about the sky,

And dark towns heap up on the horizon.
None of this cares for us. Nothing shows why
At this unique distance from isolation

It becomes still more difficult to find
Words at once truc and kind,
Or not untrue and not unkind.


ESTUDIO SOBRE LOS HÁBITOS DE LECTURA


Antes, cuando enfrascarme en algún libro

me salvaba de todo excepto del colegio,
merecía la pena destrozarse la vista
para saber que aún podía estar tranquilo
e ir dando viejos ganchos de derecha
a tipos asquerosos de dos veces mi talla.

Más tarde, con un dedo de cristal en las gafas,
el mal era mi juego favorito:
yo, mis colmillos y mi capa negra
pasamos una época estupenda en lo oscuro.
Castigué a las mujeres con el sexo:
como a merengues las hacía trozos.

Ahora no leo mucho: ya estoy harto
del que deja a la chica antes que llegue el héroe
y del chino que tiene un almacén.
Los tengo ya muy vistos. Al diablo:
los libros me parecen una mierda.

(de: Las bodas de Pentecostés,
Pre-textos, Valencia, 1991)

Philip Larkin
(Inglaterra, Coventry, 1922-1985)
(Versión de Álvaro García)

A STUDY OF READING HABITS

When getting my nose in a book
Cured most things short of school,
It was worth ruining my eyes
To know I could still keep cool,
And deal out the old right hook
To dirty dogs twice my size.

Later, with inch-thick specs,
Evil was just my lark:
Me and my cloak and fangs
Had ripping times in the dark.
The women I clubbed with sex!
I broke them up like meringues.

Don't read much now: the dude
Who lets the girl down before
The hero arrives, the chap
Who's yellow and keeps the store,
Seem far too familiar. Get stewed:
Books are a load of crap.


FRASES

Cuando el mundo quede reducido a un solo bosque negro para nuestros ojos asombrados, —a una playa para dos niños fieles, —a una casa musical para nuestra clara simpatía—, te encontraré.

Que no haya aquí abajo más que un anciano solo, sereno y hermoso, rodeado de un lujo inaudito, y estaré a tus rodillas.

Que yo haya realizado todos tus recuerdos, —que sea la que sabe sujetarte, —te ahogaré.



Mi camarada, mendiga, niña monstruo! cuan poco te importan, esas desdichadas y esos obreros, y mis turbaciones. Únete a nosotros con tu voz imposible, tu voz!, único halago de esta vil desesperación.



Una mañana nublada, en julio. Un gusto de cenizas vuela en el aire; —un olor de madera sudando en el fogón, —las flores herrumbrosas, —la confusión de los paseos, —el vapor de las acequias por los campos,—¿por qué no también los juguetes y el incienso?



He tendido cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y danzo.



El alto estanque humea continuamente. ¿Qué hechicera va a levantarse sobre el poniente blanco? ¿Qué follajes violetas van a descender?



Mientras los fondos públicos se derrochan en fiestas de fraternidad, suena una campana de fuego rosa en las nubes.



Avivando un agradable gusto a tinta de China, un polvo negro llueve dulcemente sobre mi vigilia. ¡Entorno las luces de la araña, me arrojo en el lecho, y, vuelto hacia el lado de la sombra, os veo, mis hijas! ¡mis reinas!




Arthur Rimbaud (Francia, Charleville, 1854-Marsella, id., 1891)

(Traducción de Cintio Vitier)



CARTA DE RODEZ

Rodez, 22 de setiembre de 1945

Al señor Henri Parisot.


Querido amigo,


No he traducido a Jabberwocky. He tratado de traducir un fragmento pero me aburrió. No me ha gustado nunca ese poema que me pareció siempre de un infantilismo afectado; me gustan los poemas que han brotado y no los lenguajes buscados. Yo quiero, cuando escribo o leo, sentir estirarse mi alma como en la Carroña, la Mártir o el Viaje a Citerea de Baudelaire. No me gustan los poemas o los lenguajes de superficie y que respiran felices ocios y logros del intelecto, apoyándose éste sobre el ano pero sin poner en ello alma o corazón. El ano es siempre terror, y yo no admito que se pierda un excremento sin desgarrarse por perder en ello también el alma, y no hay alma en Jabberwocky. Todo lo que no es un tétano del alma o no viene de un tétano del alma como los poemas de Baudelaire y de Edgar Poe no es verdadero y no puede ser recibido en la poesía. Jabberwocky es la obra de un castrado, de una especie de mestizo híbrido que ha triturado la conciencia para hacer salir de ella algo escrito, allí donde Baudelaire ha hecho salir escaras de afasia o de paraplegia y Edgar Poe mucosas ácidas como ácido prúsico, como ácido de la alcoholía, y eso hasta el envenenamiento y la locura. Porque si Edgar Poe fue encontrado muerto una mañana al borde de una vereda en Baltimore, no es en una crisis de delirium tremens debida al alcohol, sino porque algunos soeces que odiaban su genio y no querían su poesía lo han envenenado para impedirle vivir y manifestar lo insólito, horrífico dictamen que se manifiesta en sus versos. Uno puede inventarse su lengua y hacer hablar la lengua pura con un sentido fuera de lo gramatical pero es necesario que ese sentido sea válido en sí, es decir que venga del pavor — pavor esa vieja sierva de pena, ese sexo de cepo enterrado que saca sus versos de su enfermedad: el ser, y no soporta que se lo olvide. Jabberwocky es la obra de un aprovechador que ha querido intelectualmente alimentarse, él, harto de un convite bien servido, alimentarse del dolor de los otros. Y eso no se ha visto nunca en su poema y nadie lo ha dicho nunca. Pero yo lo digo porque lo he sentido. Cuando se cava la caca del ser y de su lenguaje, es necesario que el poema huela mal, y Jabberwocky es un poema que su autor se ha guardado bien de mantener en el ser uterino del sufrimiento donde todo gran poeta se ha mojado y donde, acostándose, él huele mal. Hay en Jabberwocky pasajes de fecalidad, pero es la fecalidad de un snob inglés, que riza en él lo obsceno como bucles en tenacillas calientes, como de una suerte de explorador de lo obsceno que se guarda bien de ser obsceno, él, como Baudelaire en su afasia terminal o como Edgar Poe sobre su boca de cloaca la mañana en que fue encontrado muerto de una apoplejía de ácido prúsico o de cianuro de potasio. Jabberwocky es la obra de un flojo que no ha querido sufrir su obra antes de escribirla, y eso se ve. Es la obra de un hombre que comía bien, y eso se siente en su escrito. Me gustan los poemas de los hambrientos, de los enfermos, de los parias, de los envenenados: François Villon, Charles Baudelaire, Edgar Poe, Gérard de Nerval, y los poemas de los supliciados del lenguaje que están en pérdida en sus escritos, y no de aquellos que se afectan perdidos para instalar mejor su conciencia y su ciencia y la pérdida y lo escrito. Los perdidos no lo saben, balan o braman de dolor y de horror. Abandonar el lenguaje y sus leyes para retorcerlos y pelar la carne sexual de la glotis de donde surgen las acritudes seminales del alma y los lamentos del inconsciente está muy bien, pero a condición de que el sexo se sienta como un orgasmo de insurgente, perdido, desnudo, uterino, lastimoso también, inocente, asombrado de que se lo repruebe, y que no aparezca, ese trabajo, como el éxito de una carencia donde el estilo hiede en cada ángulo de sus discordancias los olores a rancio de un espíritu harto, porque el hombre se ha hartado bien, aún cuando su carencia como en Jabberwocky es provocada como un alimento fortificante de más. Me gustan los poemas que hieden a carencia y no las comidas bien preparadas. Y tengo contra Jabberwocky alguna cosa más. Es que yo he tenido desde hace bastantes años una idea de la consunción, de la consumación interna de la lengua, por exhumación de yo no sé qué torpes y crapulosas necesidades. Y he, en 1934, escrito todo un libro en ese sentido, en una lengua que no era el francés, pero que todo el mundo podía leer, cualquiera fuese la nacionalidad a que perteneciera. Ese libro desgraciadamente ha sido perdido. Fue impreso en muy pocos ejemplares, pero influencias abominables de personas de la administración, de la iglesia o de la policía se han interpuesto para hacerlo desaparecer, y no quedó más que un ejemplar que yo no tengo pero que quedó entre las manos de una de mis hijas. Catherine Chile. Ella era enfermera en 1934 en el hospital Saint-Jacques, donde preparaba su título de medicina. Yo la veo sin cesar alrededor mío y sé que ella hace en este momento lo imposible para llegar a Rodez, pero no sé ya exactamente dónde está, quiero decir donde está de ese viaje hacia mí. Yo no creo que todo eso pueda parecerle novela ahora que usted ha visto las hordas de espíritus asesinos que remolinean alrededor mío para impedirme trabajar, y de usted, para impedirle ser.
Le pido que publique esta carta que André Bretón hubiera publicado, seguramente, hace veinticinco años, con alegría, en la Revolución Surrealista. Hoy, ella no hará ya tanto escándalo, pero hay muchos maleficios flotando en el aire a través de todas las conciencias para insinuar que sus ideas son débiles y que se necesita un crítico de otro temperamento que yo para tocar a Jabberwocky. Pero estoy seguro de que un lector de mis obras postumas (piense, hombre!) dentro de algunos años la comprenderá — porque es necesario el retroceso del tiempo o las bombas para juzgar la situación como conviene.
Habiendo escrito un libro como Letura d'Eprahi Talli Tetr Fendi Photia O Fotre Indi, no puedo soportar que la sociedad actual que no cesa usted de sufrir como yo, no me deje ya más que la latitud de traducir otro hecho a su imitación. Porque Jabberwocky no es más que un plagio edulcorado y sin acento de una obra escrita por mí y que han hecho desaparecer de tal suerte que yo mismo sé apenas lo que hay adentro.
He aquí algunos ensayos de lenguaje a los cuales el lenguaje de ese libro antiguo debía parecerse. Pero no se los puede leer sino escandidos, sobre un ritmo que el lector mismo debe encontrar para comprender y para pensar:

rutara ratara ratara
atara tatara rana

otara otara katara
otara ratara kana

ortura ortura konara
kokona kokona koma

kurbura kurbura kurbura
kurbata kurbata keyna

pesti anti pestantum putara
pest anti pestantum putra

pero esto no es válido si no surge de un golpe; buscando sílaba a sílaba no vale más nada, escrito aquí eso no dice nada y no es más que ceniza; para que eso pueda vivir escrito es necesario otro elemento que está en ese libro que se ha perdido.
Los próximos acontecimientos volverán a poner todo eso a punto.



Antonin Artaud (Francia, Marsella, 1896 - Ivry-sur-Seine, 1948)

(Traducción de Rodolfo Alonso)

Nota: "Jabberwocky" es un poema sin sentido escrito por el británico Lewis Carroll, quien lo incluyó en su obra "Alicia a través del espejo", en 1872. Jabberwocky es generalmente considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en idioma inglés.


LOS CANTOS DE MALDOROR -Fragmento

Canto Sexto -Fragmento final






10. Para construir mecánicamente el meollo de un cuento soporífero, no basta con disecar estupideces y embrutecer a fondo con dosis repetidas la inteligencia del lector, de modo tal que se llegue a paralizar sus facultades por el resto de sus días, como consecuencia de la ley infalible de la fatiga; es necesario, además, mediante un excelente fluido magnético, colocarlo hábilmente en una condición de sonambulismo en la que es imposible moverse, forzándolo a ofuscar sus ojos, contra su naturaleza, por la fijeza de los vuestros. Quiero decir, no para hacerme comprender mejor, sino tan sólo para desarrollar mi pensamiento que interesa e irrita a la vez por una armonía de las más penetrantes, que no creo en la necesidad, para alcanzar el objetivo propuesto, de inventar una poesía completamente al margen del proceso ordinario de la naturaleza, y cuyo hálito pernicioso parece subvertir hasta las verdades absolutas; pero lograr tal resultado (conforme, por lo demás, con las reglas de la estética, si uno lo piensa bien), no es tan fácil como se cree: esto es lo que quería dar a entender. ¡Por eso haré todos los esfuerzos para lograrlo! Si la muerte pone término a la fantástica emaciación de los dos largos brazos que pertenecen a mis hombros, utilizados en el lúgubre aplastamiento de mi yeso literario, quiero al menos que el enlutado lector pueda decir: "Hay que hacerle justicia. Me ha cretínizado en forma. ¡Qué no habría hecho de haber vivido más tiempo! Es el mejor profesor de hipnotismo que conozco." Grabarán estas pocas palabras conmovedoras en el mármol de mi tumba, y mis manes quedarán satisfechos. Continúo. Había una cola de pescado que se meneaba en el fondo de un orificio al lado de una bota destalonada. No era lógico preguntarse: "¿Dónde está el pescado? Sólo veo una cola que se mueve." Ya que, precisamente, al admitir de modo implícito que no se veía el pescado, significaba que en realidad no estaba allí. La lluvia había dejado al gunas gotas de agua en el fondo de ese embudo, excavado en la arena. En cuanto a la bota destalonada, hay quien pensó más tarde que provenía de un abandono voluntario. El cangrejo paguro, por el poder divino, debía renacer de sus átomos disociados. Sacó del pozo la cola de pescado y le prometió unirla a su cuerpo perdido, si anunciaba al Creador, la impotencia de su mandatario para dominar las furibundas olas del mar maldororiano. Le prestó dos alas de albatros, con lo que la cola de pescado levantó vuelo. Pero se dirigió hacia la morada del renegado, para referirle lo que pasaba, y traicionar al cangrejo paguro. Este adivinó las intenciones del espía, y, antes de que el tercer día tocara a su fin, atravesó la cola de pescado con una flecha envenenada. La garganta del espía emitió una débil exclamación, que dio el último suspiro antes de tocar tierra. Entonces, una viga secular situada en la techumbre de un castillo, se enderezó en toda su altura de un salto y exigió venganza con grandes voces. Pero el Todopoderoso, convertido en rinoceronte, le informó que aquella muerte era merecida. La viga, tranquilizada, fue a colocarse en el fondo del castillo, recobró su posición horizontal, y llamó nuevamente a las arañas asustadas, para que continuasen tejiendo, como antes, sus telas en los rincones. El hombre de labios de azufre reconoció la debilidad de su aliada; por eso ordenó al loco coronado quemar la viga y reducirla a cenizas. Aghone ejecutó esa orden severa. "Ya que ha llegado el momento, según usted", exclamó, "he ido a recuperar el anillo que había enterrado debajo de la piedra, y lo he atado a uno de los extremos de la cuerda. Aquí está el paquete." Y mostró una gruesa cuerda arrollada sobre sí misma, de sesenta metros de largo. Su amo le preguntó qué hacían los catorce puñales. Contestó que permanecían fieles y listos para cualquier evento, si fuera necesario. El forzado inclinó la cabeza en señal de satisfacción. Demostró sorpresa y hasta inquietud cuando Aghone agregó que había visto un gallo partir con el pico un candelabro en dos, hundir la mirada por turno en cada una de las partes, y exclamar batiendo las alas con frenéticos movimientos: "No es tan grande como se cree la distancia entre la rue de la Paix y la place du Panthéon. Pronto tendrán la demostración lamentable." El cangrejo paguro montado en un fogoso corcel, corría a rienda suelta en dirección del escollo, testigo del lanzamiento del garrote por un brazo tatuado, y asilo del primer día de su descenso a la tierra. Una caravana de peregrinos se había puesto en marcha para visitar ese sitio, consagrado en adelante por una muerte augusta. Esperaba alcanzarlos para solicitarles socorro urgente contra la confabulación que se preparaba y de la que tenía conocimiento. Veréis, algunas líneas más adelante, con ayuda de mi silencio glacial, que no llegó a tiempo para contarles lo que le había relatado un trapero escondido tras el andamiaje cercano de una casa en construcción, el día en que el puente del Carrusel, todavía empapado por el húmedo rocío nocturno, vio con horror cómo el horizonte de su pensamiento se expandía confusamente en círculos concéntricos ante la aparición matinal de la rítmica soba de una bolsa icosaédrica contra su parapeto calcáreo. Antes de que los incite a la compasión por el recuerdo de ese episodio, será conveniente que destruyan en sí mismos la semilla de la esperanza... Para quebrar vuestra pereza, poned en acción los recursos de la buena voluntad, marchad a mi lado sin perder de vista a ese loco con la cabeza coronada por un orinal, que empuja hacia adelante, con la mano armada de un garrote, a aquel que tendría dificultad en reconocer si yo no hubiese tomado la precaución de advertiros y de recordar a vuestro oído la palabra que se pronuncia Mervyn. ¡Cómo ha cambiado! Avanza con las manos atadas a la espalda, como si fuera al cadalso, y, sin embargo, no es culpable de ninguna fechoría. Acaban de llegar al recinto circular de la plaza Vendóme. Sobre la cornisa de la sólida columna, apoyado contra la balaustrada cuadrangular, a más de cincuenta metros de altura sobre el suelo, un hombre lanza y desenrolla una cuerda, que cae al suelo a algunos pasos de Aghone. Con el hábito se hace rápidamente cualquier cosa, pero puedo decir que el último no tardó mucho en atar los pies de Mervyn al extremo de la cuerda. El rinoceronte se había enterado de lo que estaba por ocurrir. Cubierto de sudor apareció jadeando en la esquina de la Calle Castiglione. Ni siquiera tuvo la satisfacción de entablar combate. El individuo que examinaba los contornos desde lo alto de la columna amartilló su revólver, apuntó con cuidado y apretó el gatillo. El comodoro que mendigaba por las calles desde el día en que había comenzado lo que imaginó fuera la locura de su hijo, y la madre a quien apodaban la muchacha de nieve a causa de su extremada palidez, pusieron sus pechos para proteger al rinoceronte. Inútil precaución. La bala perforó su piel como un taladro; se hubiese podido creer, con cierto sentido lógico, que la muerte se produciría fatalmente. Pero nosotros sabemos que en ese paquidermo se había introducido la sustancia del Señor. Se retiró afligido. De no haberse probado con toda certeza que no fue demasiado bondadoso con una de sus criaturas, compadecería al hombre de la columna. Este, con un movimiento brusco de su muñeca, tiró hacia arriba de la cuerda así cargada. Colocada fuera de lo normal, sus oscilaciones balancean a Mervyn, con la cabeza hacia abajo. Se prende vivamente con las manos de una larga guirnalda de siemprevivas que une dos ángulos consecutivos de la base, contra la que golpea su frente. Arrastra consigo, por el aire, lo que no era un punto fijo. Después de haber amontonado a sus pies en forma de elipses superpuestas, una gran parte de la cuerda, de modo que Mervyn quedara suspendido a mitad de camino del obelisco de bronce, el forzado evadido, con su mano derecha hace que el adolescente adquiera un movimiento acelerado de rotación uniforme, en un plano paralelo al eje de la columna, mientras recoge con la izquierda los arrollamientos serpentinos de la cuerda, que están a sus pies. La honda silba en el espacio; el cuerpo de Mervyn la sigue por todas partes, siempre alejado del centro por la fuerza centrífuga, siempre conservando su posición móvil y equidistante, en una circunferencia aérea, independiente de la materia. El salvaje civilizado va soltando poco a poco, hasta alcanzar el otro extremo que retiene con metacarpo firme, lo que erróneamente se tomaría por una barra de acero. Se echa a correr alrededor de la balaustrada, tomándose de la barandilla con una mano. Esta maniobra da por resultado un cambio en el plano primitivo de revolución de la cuerda y un aumento de su fuerza de tensión que ya era considerable. En adelante, gira majestuosamente en un plano horizontal, después de haber pasado sucesivamente, y de modo insensible, por toda la serie de los diversos planos oblicuos. El ángulo recto que forman la columna y el cordón vegetal, tiene los lados iguales. El brazo del renegado y el instrumento homicida se confunden en la unidad lineal como los elementos corpusculares de un rayo de luz que penetra en la cámara oscura. Los teoremas de la mecánica me autorizan a hablar de este modo; ¡ay! se sabe que una fuerza agregada a otra fuerza engendra una resultante compuesta de las dos fuerzas primitivas. ¿Quién osaría sostener que la cuerda lineal ya se hubiera roto a no ser por el vigor del atleta y por la buena calidad del cáñamo? El corsario de cabellos de oro, brusca y simultáneamente, detiene la velocidad adquirida, abre la mano y suelta la cuerda. El contragolpe de esta operación, tan opuesta a las precedentes, hace crujir las junturas de la balaustrada. Mervyn, seguido de la cuerda, semeja un cometa que arrastra tras sí su reluciente cola. El anillo de hierro del nudo corredizo que centellea a los rayos del sol, sirve para completar la ilusión. En el recorrido de su parábola, el condenado a muerte hiende la atmósfera hasta la orilla izquierda, la sobrepasa en virtud de la fuerza de impulsión que imagino infinita, y su cuerpo va a chocar con la cúpula del Panteón, mientras la cuerda rodea parcialmente con sus vueltas la pared superior de la inmensa cúpula. Sobre su esférica y convexa superficie, que no se parece a una naranja sino por la forma, se ve, a todas horas del día, un esqueleto desecado que ha quedado suspendido. Cuando el viento lo balancea, cuentan que los estudiantes del Barrio Latino, temerosos de un destino similar, pronuncian una breve plegaria; son rumores insignificantes a los que no se puede dar crédito, aptos sólo para asustar a los niños. Entre sus manos crispadas tiene como una gran cinta de viejas flores amarillas. La distancia debe tenerse en cuenta, por lo que nadie puede afirmar, aunque garantice una vista excelente, que ésas sean, realmente, las siemprevivas de que os hablé, y que una lucha desigual, que tuvo lugar cerca de la nueva Opera, vio arrancar de un grandioso pedestal. No es menos cierto que las colgaduras en forma de medialuna no retienen más la expresión de su simetría definitiva en el número cuaternario: id a comprobarlo vosotros mismos si no me queréis creer.




Conde de Lautréamont



(Traducción de Aldo Pellegrini)


Isidore-Lucien Ducasse (Conde de Lautréamont; Montevideo, 1846-París, 1870) Poeta francés. Pasó su infancia en Uruguay, donde su padre era canciller en el consulado francés. Enviado a estudiar a Francia, fue alumno interno del Liceo de Tarbes, y en 1867 se trasladó a París con la intención de ingresar en la École Polytechnique, pero desde ese momento su vida ha quedado casi en la oscuridad, lo cual ha generado toda una leyenda que lo presenta como un personaje enigmático y extravagante. En 1869 publicó, ya bajo el seudónimo de Conde de Lautréamont, Los cantos de Maldoror, que no se llegaron a distribuir a causa del miedo del editor a posibles represalias. El contenido de la obra, un canto a la violencia y la destrucción como encarnación del mal, presentado a través de imágenes apocalípticas, la relegó al olvido hasta 1920, cuando los surrealistas la reivindicaron como un antecedente suyo. También publicó, con su verdadero apellido, un volumen de Poesías (1870). Murió a los 24 años, en París, en circunstancias misteriosas.



miércoles, 15 de octubre de 2008

CANTO XXIII - PARAÍSO - La Divina Comedia
























Octavo Cielo o Cielo estrellado (continuación). Los espíritus triunfantes. El Poeta y Beatriz. La glorificación de Cristo. La sonrisa de Beatriz. La milicia celeste. La apoteosis de María. La vuelta al Empíreo. El himno mariano.



Tal como el ave, entre la fronda amada,
puesta en el nido con su dulce prole,
en la noche que todo nos esconde,

por ver las imágenes deseadas
y por hallar comer con que nutrirla,
grave labor que para ella es grata,

al tiempo se anticipa en la alta rama,
y con ardiente afecto al sol espera
mirando fijo antes que nazca el alba;

así mi dama se mostraba erguida
y atenta, vuelta al ámbito del cielo
en el que el sol nos muestra menos prisa;

tal que, viéndola ansiosa y en suspenso,
me torné como aquel que acaso quiere
otra cosa, y se calma con la espera.

Mas poco transcurrió entre esos trances,
mi espera, digo, y la visión del cielo
que más y más venía ya aclarando.

Y Beatriz dijo: "¡Éste es el ejército
para el triunfo de Cristo y todo el fruto
recogido al girar de estas esferas!"

Yo creí que su rostro ardía entero,
y mostraban sus ojos tal leticia,
que me importa pasar sin expresarlo.

Y cual en los serenos plenilunios
Trivia sonríe en medio de las ninfas
eternas que decoran todo el cielo,

vi yo sobre millares de lucernas
un Sol que las prendía de consuno,
como hace el nuestro en las regiones altas;

y por la viva luz trasparentábase
La luciente substancia tan brillante
que no la sostenía mi mirada.

¡Oh Beatriz, mi querida y dulce guía!
Ella me dijo: "Lo que te supera
es fuerza a la que nada se resiste.

Allí están la Sapiencia y la Prudencia
que entre el cielo y la tierra abrieron sendas
ya desde largo tiempo deseadas."

Como fuego de nube se desprende
por dilatarse sin que se contenga,
y fuera de lo propio cae a tierra


así mi mente con tamañas viandas
engrandecida, escapó a sí misma
y recordar no sabe qué fue de ella.

"Abre los ojos y cuál soy contempla:
has visto cosas que capaz te hacen
de sostener sereno mi sonrisa."

Estaba yo como el que se resiste
de olvidada visión y que procura
en vano restituirla a la memoria,

cuando oí esta ofrenda, en verdad digna
de gracias, y que nunca ha de extinguirse
del libro que el pretérito reseña.

Si ahora sonasen todas esas lenguas
que nutrieron Polimnia y las hermanas
con su leche dulcísima más pingüe,

para ayudarme, de lo verdadero
ni siquiera el milésimo dirían
al cantar la sonrisa y el semblante;

y así, al figurar el Paraíso,
conviene que el poema sacro salte
como el que encuentra roto su sendero.

Pero quien piense el ponderoso tema
y los hombros mortales que lo cargan,
si ellos tiemblan no habrán de censurarlos.

No es rumbo para barca difunta
el que va hendiendo mi atrevida proa,
ni para nauta parco el esfuerzo.

¿Por qué mi rostro tanto te enanamora,
que no te vuelves al jardín hermoso
que con la luz de Criato se enflorece?

Allí la rosa está en el Verbo
carne se hizo; allí están los lirios
a cuyo olor se toma el buen camino."

Así Beatriz; y yo, que a sus consejos
dispuesto estaba, aún quise rendirme
al batallar de mis endebles párpados.

Como en rayo de sol que me llegara
por una nube rota tengo visto,
desde la sombra, un florido prado;

vi grandes muchedumbres de esplendores
con cálidos destellos en lo alto,
mas sin ver el principio de esos rayos.

¡Oh benigna virtud que así los signas,
tal te exaltaste para ampliar el ámbito
a mis ojos aún poco potentes!

El nombre de la flor que siempre invoco
mañana y tarde, me contrajo el ánimo
a reparar en el mayor destello.


Y no bien ambos ojos me pintaron
el valor y el grandor de tal estrella
que arriba vence, según vence abajo,

descendió desde el cielo una gran lumbre,
formada en cerco a guisa de corona,
y la ciñó y giró en torno a ella.

La melodía que más dulce suena
aquí abajo y atrae más al alma,
parecería nube detonante

comparada al sonar de aquella lira
con que se coronaba ese zafiro
con que el cielo más claro se enzafira.

"Soy el amor angélico, que giro
entorno a la leticia que trasciende
del vientre que dio albergue al Deseado;

y giraré, Dama del cielo, mientras
tú sigas a tu hijo, y divinices
aún más a la alta esfera entrando en ella."

Así la circulada melodía
se terminaba, y las otras lumbres
repetían el nombre de María.

El real manto de todos los volúmenes
del mundo, que más arde y más se aviva
en el soplo de Dios y sus designios,

su faz interna allá sobre nosotros
mostraba tan distante, que su imagen
no aparecía aún donde yo estaba:

pero mis ojos no tuvieron fuerza
de seguir tras la llama coronada
que se elevó detrás de su simiente.

Y como el chiquitín hacia la mama
tiende los brazos, tras tomar la leche,
por un cariño que hacia afuera arde,

esos candores sobre sí elevaron
la propia llama, y así el alto afecto
de ellos hacia María fue patente.

Después allí quedaron a mi vista,
'Regina coeli' cantando tan dulce,
su deleite aún no me ha dejado.

¡Cuánta fertilidad la que se guarda
ea esas ricas arcas destinadas
a sembrar aquí abajo buenos predios!

Allí se vive y goza del tesoro
que se adquirió llorando en el exilio
de Babilonia, que no quiso el oro.

Y triunfa allí, bajo el supremo Hijo
de Dios y de María, en su victoria,
con el Concilio antiguo y con el nuevo,

el que tiene las llaves de tal gloria




Dante Alighieri

(Traducción de Angel J. Battistessa)
Paradiso: Canto XXIII
Come l'augello, intra l'amate fronde,
posato al nido de' suoi dolci nati
la notte che le cose ci nasconde,
che, per veder li aspetti disiati
e per trovar lo cibo onde li pasca,
in che gravi labor li sono aggrati,
previene il tempo in su aperta frasca,
e con ardente affetto il sole aspetta,
fiso guardando pur che l'alba nasca;
così la donna mia stava eretta
e attenta, rivolta inver' la plaga
sotto la quale il sol mostra men fretta:
sì che, veggendola io sospesa e vaga,
fecimi qual è quei che disiando
altro vorria, e sperando s'appaga.
Ma poco fu tra uno e altro quando,
del mio attender, dico, e del vedere
lo ciel venir più e più rischiarando;
e Beatrice disse: «Ecco le schiere
del triunfo di Cristo e tutto 'l frutto
ricolto del girar di queste spere!».
Pariemi che 'l suo viso ardesse tutto,
e li occhi avea di letizia sì pieni,
che passarmen convien sanza costrutto.
Quale ne' plenilunii sereni
Trivia ride tra le ninfe etterne
che dipingon lo ciel per tutti i seni,
vid'i' sopra migliaia di lucerne
un sol che tutte quante l'accendea,
come fa 'l nostro le viste superne;
e per la viva luce trasparea
la lucente sustanza tanto chiara
nel viso mio, che non la sostenea.
Oh Beatrice, dolce guida e cara!
Ella mi disse: «Quel che ti sobranza
è virtù da cui nulla si ripara.
Quivi è la sapienza e la possanza
ch'aprì le strade tra 'l cielo e la terra,
onde fu già sì lunga disianza».
Come foco di nube si diserra
per dilatarsi sì che non vi cape,
e fuor di sua natura in giù s'atterra,
la mente mia così, tra quelle dape
fatta più grande, di sé stessa uscìo,
e che si fesse rimembrar non sape.
«Apri li occhi e riguarda qual son io;
tu hai vedute cose, che possente
se' fatto a sostener lo riso mio».
Io era come quei che si risente
di visione oblita e che s'ingegna
indarno di ridurlasi a la mente,
quand'io udi' questa proferta, degna
di tanto grato, che mai non si stingue
del libro che 'l preterito rassegna.
Se mo sonasser tutte quelle lingue
che Polimnia con le suore fero
del latte lor dolcissimo più pingue,
per aiutarmi, al millesmo del vero
non si verria, cantando il santo riso
e quanto il santo aspetto facea mero;
e così, figurando il paradiso,
convien saltar lo sacrato poema,
come chi trova suo cammin riciso.
Ma chi pensasse il ponderoso tema
e l'omero mortal che se ne carca,
nol biasmerebbe se sott'esso trema:
non è pareggio da picciola barca
quel che fendendo va l'ardita prora,
né da nocchier ch'a sé medesmo parca.
«Perché la faccia mia sì t'innamora,
che tu non ti rivolgi al bel giardino
che sotto i raggi di Cristo s'infiora?
Quivi è la rosa in che 'l verbo divino
carne si fece; quivi son li gigli
al cui odor si prese il buon cammino».
Così Beatrice; e io, che a' suoi consigli
tutto era pronto, ancora mi rendei
a la battaglia de' debili cigli.
Come a raggio di sol che puro mei
per fratta nube, già prato di fiori
vider, coverti d'ombra, li occhi miei;
vid'io così più turbe di splendori,
folgorate di sù da raggi ardenti,
sanza veder principio di folgóri.
O benigna vertù che sì li 'mprenti,
sù t'essaltasti, per largirmi loco
a li occhi lì che non t'eran possenti.
Il nome del bel fior ch'io sempre invoco
e mane e sera, tutto mi ristrinse
l'animo ad avvisar lo maggior foco;
e come ambo le luci mi dipinse
il quale e il quanto de la viva stella
che là sù vince come qua giù vinse,
per entro il cielo scese una facella,
formata in cerchio a guisa di corona,
e cinsela e girossi intorno ad ella.
Qualunque melodia più dolce suona
qua giù e più a sé l'anima tira,
parrebbe nube che squarciata tona,
comparata al sonar di quella lira
onde si coronava il bel zaffiro
del quale il ciel più chiaro s'inzaffira.
«Io sono amore angelico, che giro
l'alta letizia che spira del ventre
che fu albergo del nostro disiro;
e girerommi, donna del ciel, mentre
che seguirai tuo figlio, e farai dia
più la spera suprema perché lì entre».
Così la circulata melodia
si sigillava, e tutti li altri lumi
facean sonare il nome di Maria.
Lo real manto di tutti i volumi
del mondo, che più ferve e più s'avviva
ne l'alito di Dio e nei costumi,
avea sopra di noi l'interna riva
tanto distante, che la sua parvenza,
là dov'io era, ancor non appariva:
però non ebber li occhi miei potenza
di seguitar la coronata fiamma
che si levò appresso sua semenza.
E come fantolin che 'nver' la mamma
tende le braccia, poi che 'l latte prese,
per l'animo che 'nfin di fuor s'infiamma;
ciascun di quei candori in sù si stese
con la sua cima, sì che l'alto affetto
ch'elli avieno a Maria mi fu palese.
Indi rimaser lì nel mio cospetto,
'Regina celi' cantando sì dolce,
che mai da me non si partì 'l diletto.
Oh quanta è l'ubertà che si soffolce
in quelle arche ricchissime che fuoro
a seminar qua giù buone bobolce!
Quivi si vive e gode del tesoro
che s'acquistò piangendo ne lo essilio
di Babillòn, ove si lasciò l'oro.
Quivi triunfa, sotto l'alto Filio
di Dio e di Maria, di sua vittoria,
e con l'antico e col novo concilio,
colui che tien le chiavi di tal gloria.

Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) Poeta italiano. Si bien sus padres, Alighiero de Bellincione y Gabriella (Bella), pertenecían a la burguesía güelfa florentina, Dante aseguró siempre que procedía de familia noble, y así lo hizo constar en el Paraíso (cantos XV y XVI), en donde trazó un vínculo familiar con su supuesto antepasado Cacciaguida, quien habría sido armado caballero por el emperador Conrado II de Suabia. Durante sus años de estudio Dante Alighieri coincidió con el poeta Guido Cavalcanti, representante del dolce stil nuovo, unos quince años mayor que él, con quien intimó y de quien se convirtió en discípulo. Según explica en su autobiografía más o menos recreada poéticamente Vida nueva, en 1274 vio por primera vez a Beatriz Portinari, cuando ella contaba ocho años y él tan sólo uno más; el apasionado y platónico enamoramiento de Dante tendría lugar al coincidir de nuevo con ella nueve años más tardeEn 1285 Dante tomó parte en el asedio de Poggio di Santa Cecilia, defendido por los aretinos, y dos años más tarde se trasladó a Bolonia, quizás a estudiar, si bien se tienen dudas en lo referente a su paso por la universidad de dicha ciudad. Sí hay pruebas, en cambio, de su participación, en calidad de «feritore» de a caballo, en la batalla de Campaldino, en la cual se enfrentó a los gibelinos de Arezzo. En 1290 murió Beatriz, y un año más tarde Dante contrajo matrimonio con Gemma di Manetto, con quien tuvo cuatro hijos. En 1295 se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, y a partir del mes de noviembre empezó a interesarse por la política municipal florentina; entre mayo y septiembre del año siguiente fue miembro del Consejo de los Ciento, y en 1298 participó en la firma del tratado de paz con Arezzo. En 1300, y en calidad de embajador, se trasladó a San Gimignano para negociar la visita de representantes de la Liga Güelfa a Florencia, y entre el 15 de junio y el 14 de agosto ocupó el cargo de prior, máxima magistratura florentina. En octubre de 1301, y tras oponerse al envío de tropas para ayudar al papa Bonifacio VIII, Dante fue designado embajador ante el pontífice, a quien ofreció un tratado de paz. El Papa, sin embargo, lo retuvo en Roma en contra de su voluntad, con la intención de ayudar en Florencia a la facción güelfa opuesta a la de Dante, sector que a la postre se hizo con el control de la ciudad y desterró a sus oponentes. Acusado de malversación de fondos, Dante fue condenado a multa, expropiación y exilio, y más tarde a muerte en caso de que regresara a Florencia. A partir de esta fecha Dante inició un largo exilio que iba a durar el resto de su vida: residió en Verona, Padua, Rímini, Lucca y, finalmente, Ravena, ciudad en la cual fue huésped de Guido Novello de Polenta y donde permaneció hasta su muerte.

Obras: La influencia de la poesía trovadoresca y estilnovista sobre Dante Alighieri queda reflejada en su Vida nueva, conjunto de poemas y prosas dirigidos a Beatriz, razón de la vida del poeta y también de sus tormentos, y sus Rime Petrose, dirigidas a una amada supuesta, a la que escribe sólo para disimular ante los demás su verdadero amor. El juego poético-amoroso oscila entre la pasión imposible y la espiritualizada idealización de la figura de su amada, aunque las rígidas formas del estilnovismo adquieren una fuerza y sinceridad nuevas en manos de Dante. El experimentalismo de los poemas de Dante Alighieri y la búsqueda consciente de un estilo propio culminarán finalmente en La Divina Comedia, una de las cumbres de la literatura universal. Escrita en tercetos, se resume en ella toda la cosmología medieval mediante la presentación del recorrido del alma de Dante, guiada primero por Virgilio y más adelante por Beatriz, en la expiación de sus pecados en tres cantos: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Con un lenguaje vívido y de gran riqueza expresiva, el poeta mezcla los elementos simbólicos con referencias a personajes históricos y mitológicos, hasta construir una equilibrada y grandiosa síntesis del saber acumulado por el hombre desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media.