domingo, 30 de noviembre de 2008

PARA EL MANUAL DEL AMOR





Es la primera comenzando de izquierda a derecha
La que luce una sombrilla cuyo fin está en sí misma
Esa sombrilla de señales que puede cubrir toda la calle
Como las que usan las mejores mujeres de entre
todas en los días de ayuno
Es bella inconsútil como la saliva lanzada desde la
terraza de un rascacielos
Observando con atención se ve su vestido de cuatro
por cuatro con impresiones digitales
Y adornos de casino flotante
La amo debajo de las escaleras
La amo por entregas
La amo tres veces por semana
Pero entre ella y yo existen sin embargo los
rincones donde se caen los brazos
Y también los objetos de generación espontánea



Carlos Latorre


Carlos Latorre. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires en 1916. Participó en la creación y elaboración de la mayoría de las revistas vinculadas con el surrealismo: A Partir de Cero (1952), Letra y Línea (1953) y Boa (1958). Se lo puede considerar como uno de los más activos impulsores de esa corriente estética en Argentina, junto a su amigo Aldo Pellegrini. Fue el responsable de generar una contagiosa adhesión en varios poetas que participaron en las publicaciones y en los grupos de vanguardia durante la década del 50. Escribió varias piezas teatrales y guiones para radioteatro y cinematográficos con los que obtuvo importantes premios nacionales e internacionales. Falleció en Buenos Aires en 1980. Publicó los siguientes libros: Puerta de arena (Botella al Mar, Buenos Aires, 1950), La ley de gravedad (Botella al Mar, Buenos Aires, 1952), El Lugar común (Letra y Línea, Buenos Aires, 1954), Los alcances de la realidad (Letra y Línea, Buenos Aires, 1955), La línea de flotación (A Partir de Cero, Buenos Aires, 1959), Las cuatro paredes (Ancora, Buenos Aires, 1964), La vida a muerte (Rayuela, Buenos Aires, 1971), Las ideas fijas (Dintel, Buenos Aires, 1972), Campos de operaciones (Rodolfo Alonso, Buenos Aires, 1973), Los puntos de contacto (Rodolfo Alonso, Buenos Aires, 1974), Los temas del azar (Rodolfo Alonso, Buenos Aires, 1975), Cabeza o triste páramo (Botella al Mar, Buenos Aires, 1979).



ALTA MAREA


Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de
las piedras sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante
el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto
con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
¡tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca!
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles
o enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo.
Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma
de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro
planeta en otro cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal
como un enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del
trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas
y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el
mundo desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca
de las aguas y de los campos con las violencias de este planeta
que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía
a tus brazos como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta
y el cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia
que acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su
dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio
y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia
del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.



Enrique Molina (Argentina, Buenos Aires, 1910 -1996)

ROSTROS



Soy un poco los rostros que abomino,
y otro poco también los que deseo.
Es esta desazón que me atestigua,
esto sólo tal vez, y mis contrarios
tironeando de mí.
despedazando
este rostro que tengo y es ajeno.
Son mis golpes de Estado,
es mi desorden que me desordena.



Máximo Simpson (Argentina, Bs.As., 1927)



El día en que sin saberlo


El día en que sin saberlo

hacemos por última vez una cosa
mirar una estrella,
atravesar una puerta,
amar a alguien,
escuchar cierta voz
si algo nos advirtiera
que nunca volveremos a hacer eso,
probablemente la vida se detendría
como un muñeco sin niño ni resorte.

Sin embargo, cada día
hacemos algo por última vez
mirar un rostro,
llamarse con su propio nombre,
terminar de gastar un zapato,
probar un temblor
como si la primera vez o la milésima
pudiera preservarnos de la última.

Nos haría falta un tablero
con todas las entradas y salidas marcadas,
donde se anuncie claramente, día por día,
con tiza de colores y con vocales
qué le toca terminar a cada uno,
hasta cuándo se hace cada cosa,
hasta cuándo se vive
hasta cuándo se muere.



Roberto Juarroz (Argentina, Dorrego, 1925- Buenos Aires, 1995)



EL VERANO DEL AMOR




Estuve desmayado un tiempo,

pero cuando desperté
y vi la serie de botellas, y los vasos sucios,
los ceniceros abarrotados, y el espejo manchado
de humedad, el calor no impidió
la composición de lugar; te vi entera, pese a todo
casi contenta, una línea negra corría
por tu rostro perfecto.




Pablo Chacón




Pablo Chacón. Poeta y periodista argentino. Nació en Mar del Plata en 1960. Publicó los libros El grano del invierno (poemas, 1994); El espía (poemas, 1997), en Libros de Tierra Firma y Los otros (ensayos, 2007)


TRABAJAR CANSA





Permanecer inmóvil por la tarde

en el aire entre las altas rosas
requiere exactitud, concentración:
también el picaflor llega a cansarse.
Se prende de las matas bajas,
las inclina hasta el piso
y queda panza arriba, borracho,
agarrado a su dalia.





Daniel Samoilovich



Daniel Samoilovich nació en Buenos Aires, el 5 de julio de 1949. Es poeta y traductor. Desde 1986 dirige, en Buenos Aires, el periódico trimestral Diario de Poesía. Es autor de los libros de poemas "Párpado", "El mago", "La ansiedad perfecta", "Agosto", "Superficies iluminadas", "El carrito de Eneas", y "Las encantadas". Se han publicado, también, selecciones de su obra traducida al inglés y al francés: "Hidrografías/Hydrographies" y "La nuit avant de monter a bord". En el año 2003, recibió el Premio Teatro del Mundo, en la categoría traducción teatral.

sábado, 29 de noviembre de 2008

EL TERCER PATIO



Desde aquí arriba se ven los fondos de otras casas
sus patios posteriores, algunos muy descuidados.
Mirando bien, hay tres muy diferentes
que se dan la espalda, ignorándose.

El que está aquí debajo es el peor: hay piedras y maderas
también algunos ladrillos y papeles.
El otro, de anchas baldosas rojizas
está vacío totalmente: nada.
(Ni un alambre de ropa, ni un balde, ni una planta.)

Y aparece en el aire la balanza invisible
que pesa en sus platillos
de un lado el abandono
y del otro, el vacío. (Rastros del ser de un lado
puro no ser del otro.)

Y el miedo
de que queden los ojos prisioneros
en esas dos imágenes y vean como un sueño
el tercer patio, apenas entrevisto
donde hay un banco, bajo una sombra verde.



Circe Maia (Uruguay, Motevideo, 1932)




BUDISMO OCCIDENTAL





el secreto de la quietud consiste

en mirar una montaña
y desearla intensamente,
durante años,
hasta que venga hacia vos,
te desconcentre
porque la habías olvidado y ya estabas
deseando otra cosa.



Eugenia Segura


Eugenia Segura. Nació en Mendoza en 1978. Cursa la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Produjo los ciclos de poesía Priapismo (biblioteca itinerante, revista y performances, 1998-2000), La Voz Obra (2002), Secretos de Eficacia (2003) y la ópera-animé Bonus track (premio Escenarios 2004). Colabora en la editorial Eloísa Cartonera. Textos suyos han sido incluidos en varias antologías, entre ellas No hay cuchillo sin rosas (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2007) y Poetas argentinas 3.961-1980 (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007). Publicó La traición de Sarah Kay(Protocultura, 2005). El poema publicado fue tomado de la antología "Última poesía argentina", de Ediciones en Danza.


Desde la costa veo el mar...

http://www.youtube.com/watch?v=YE7L31S53ts








Paula Jiménez





Paula Jiménez es psicóloga y escritora. En poesía publicó "Ser feliz en Baltimore" (Nusud 2001), "Formas", libro y cd junto a la cantante Valeria Cini (Terraza 2002), y "la casa en la avenida" (Terraza 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes. Sus libros "Espacios naturales" (poemas) y "Pollera pantalón" (narrativa) permanecen inéditos. Su cuento "Aventuras de Eva en el planeta" fue editado en Barcelona, España (Urdiales 2005). Textos suyos integran diversas antologías argentinas e hispanoamericanas. Es colaboradora de la revista "Hablar de poesía". Coordina talleres desde 2001.
Ver más poemas de esta autora en: http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com.

LA MALA VIDA




Una noche queríamos comprar

merca y entré a un conventillo
de tres o cuatro pisos,
las escaleras circulares daban
a los palieres anchos y en las puertas
de las habitaciones había mesas
donde atendían los punteros. ¿Qué pasa
si no vuelvo? pensé, nadie se entera.
Una mujer sacudía su vestido
apoyada en la baranda y un pendejo
paseaba en un triciclo. Trancé, después me fui
y como si fuera
a convertirme en la estatua de sal
del Evangelio o en la chica
de piedra del Abasto, no miré atrás
al descender, a diferencia
de los colectivos. Pura superstición
o miedo de andar

mostrando el miedo. No sé, fijé la vista
y sin chistar
bajé. Me acompañaba un eco que era
mezcla
de risas, voces, cacerolas, una vida
de esas donde nadie
está solo. Podía imaginarme un patiecito
con piso de baldosas, el interior roído
de un living comedor, la tele
prendida, una familia.
Yo a veces siento
envidia de esas cosas.






Paula Jiménez




Paula Jiménez es psicóloga y escritora. En poesía publicó "Ser feliz en Baltimore" (Nusud 2001), "Formas", libro y cd junto a la cantante Valeria Cini (Terraza 2002), y "la casa en la avenida" (Terraza 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes. Sus libros "Espacios naturales" (poemas) y "Pollera pantalón" (narrativa) permanecen inéditos. Su cuento "Aventuras de Eva en el planeta" fue editado en Barcelona, España (Urdiales 2005). Textos suyos integran diversas antologías argentinas e hispanoamericanas. Es colaboradora de la revista "Hablar de poesía". Coordina talleres desde 2001. El texto que publicamos pertenece a su libro inédito "La mala vida" y fue extraído del Diario de Poesía Nº64 (2003).
Ver más poemas de esta autora en: http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com.

LEY SECA




Un cerebro seco no podría recordar

las lluvias: puede con pasión desenfrenada
hablar sobre una canilla
en mal funcionamiento.
Discusiones y gritos no son los
relámpagos: ni, esa canilla
que gotea, es: la tormenta en sí.
La tormenta es la ira en un ojo.
La calma en otro ojo sería esperar
que pare de llover. Está lloviendo.
Para un cerebro seco parece
que nunca ha llovido.





Eduardo Ainbinder



Eduardo Ainbinder nació en Banfield, Provincia de Buenos Aires en 1968. Participó de la revista 18 Whiskys, y codirigió durante los primeros noventa las ediciones de poesía Mickey Mickeranno y Jimmy Jimmereeno. Publicó en 1990 su único libro: Nené. Posteriormente las plaquetas Carreras tras la fealdad, Larga vigilia teórica de mortales y ratones, e Insecto adulto, todas ellas de circulación limitada. En las ediciones Amadeo Mandarino las plaquetas La comidilla de todos, y Mi descubridor. Interzona publicó en 2007, "Con gusano", que reúne toda su poesía.Actualmente edita la revista Tupé.

CULTIVOS




Arrojé hacia la tierra del jardín
un hueso de durazno: que los elementos
te sean propicios, y que la naturaleza
no pierda su oportunidad. Espero
que el todo sea fiel a sus certezas
y cada cosa produzca su joven árbol.
Y aquí estoy cultivando lo que sucede
con mi propia fe. Pero necesito
conjunciones favorables, agua y temperatura
para encuentros decisivos
y convicciones que maduran
una fermentación feliz. Cuerpo y palabra
para el brote dorado en la rama desnuda.





Joaquín O. Giannuzzi (Argentina, Bs.As., 1924 - Salta, 2004)



RONDÓ CAPRICHOSO



Como el que

no sabe ya
qué esperar.

Como el que
no sabe ya
dónde estar.

Como el que
no sabe ya
qué hacer.

Como el que
no sabe ya
qué inventar.

Como el que
no sabe ya
adonde ir.

Como el que
no sabe ya
qué pensar.

Como el que
no sabe ya
qué elegir.

Como el que
no sabe ya
cómo continuar.

Como el que
no sabe ya
qué decidir.

Como el qué
no sabe ya
qué decir.

como el que
no sabe ya
qué gozar.

Corno el que
no sabe ya
qué desear.

Como el que
¿qué
desea?

cuando escribe
que no sabe ya
qué desear.

Como el que
¿qué
goza?

cuando escribe
que no sabe ya
qué gozar.

Como el que
¿qué
dice?

cuando escribe
que no sabe ya
qué decir.

Como el que
¿qué
decide?

cuando escribe
que no sabe ya
qué decidir.

Como el que
¿cómo
continúa?

cuando escribe
que no sabe ya
cómo continuar.

Como el que
¿qué
elige?

cuando escribe
que no sabe ya
qué elegir.

Como el que
¿qué
piensa?

cuando escribe
que no sabe ya
qué pensar.

Como el que
¿adónde
va?

cuando escribe
que no sabe ya
adonde ir?

Como el que
¿qué
inventa?

cuando escribe
que no sabe ya
qué inventar.
Como el que
¿qué
hace?

cuando escribe
que no sabe ya
qué hacer.

Como el que
¿adonde
está?
cuando escribe
que no sabe ya
dónde estar.

Como el que
¿qué
espera?

cuando escribe
que no sabe ya
qué esperar.



Leónidas Lamborghini (Argentina, Buenos Aires, 1927-2009)





LOS HIJOS




Se han apropiado de cada uno de nuestros gestos,

tienen nuestros mismos ojos, la misma tendencia a inventar historias
acaso una risa parecida, sufren igual que uno la injusticia.
Habitan en un mundo de casas reducidas,
dilatados castillos y altas torres,

rodeados de fantasmas con nombres misteriosos.
Hablan un secreto idioma de títeres y pájaros,
generalmente nos ignoran.

Nuestra venganza consiste en dirigir sus vidas
y obligarlos a copiar secretas frustraciones,
pero cada noche, libremente, nos matan en los sueños.
También se enferman, y además nos precisan.
Nos enlazan con pequeñas palabras
y ejercen la magia tenazmente.
Sin embargo, nada podrá impedir
que el dolor se ensañe con sus cuerpos,
que cometan errores
y que crezcan.




Horacio Salas



Horacio Salas. Nació en Buenos Aires el 13 de agosto de 1938. Entre sus libros de poesía se destacan “Memoria del tiempo”, “La corrupción”, “Gajes del oficio”, “Cuestiones personales” y “Dar de nuevo”. Es autor también de los ensayos “La poesía de Buenos Aires”, “La generación poética del 60”, “Borges, una biografía”, “El Centenario”, “Homero Manzi y su tiempo” y “El tango”. Entre numerosas distinciones, recibió el Premio Nacional de Crítica Literaria, el Premio Municipal de Poesía, el Premio Nacional de Ensayo y el Premio Konex. El gobierno francés lo condecoró con la orden de Caballero de las Artes y las Letras y, en el 2001, fue declarado por la Legislatura “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.



NO SABER



Salir, irse a la lluvia,
a la luz, a la espléndida
marea del verano,
a tanto cielo abierto en la dulzura,
al color obsesivo de la vida que canta
salvajemente en torno nuestro.
Sí, de nosotros salir, irnos echando
la rabia lenta de aquel beso, el roto
fantasma del recuerdo,
saludar ya vencidos los miedos a la muerte,
los miedos a la vida,
descubrir en un pétalo tanta pasión creciente.
Qué luna, qué regalo,
qué albricias inocentes, qué tibiezas tan niñas
recobrar en el juego del viento y sus delicias.
Un día, un día abierto como un dios desvenado
salirnos de nosotros para amar esa nube,
esa pluma de pájaro que desciende y eriza
la ternura del mundo.
Sería tan sencillo... Y sin embargo
basta el grito de un niño, la mirada
de una mujer mendiga
para caer de nuevo en la obediencia,
para llorar más solos que nunca la desdicha
de no saber por qué todo nos mata,
de no saber por qué somos esclavos,
de no saber por qué seremos siempre
humillados, oscuros, desolados, poetas.



Horacio Armani (Argentina, La Pampa, Trenel, 1925)



VOZ BAJO UNA PARRA


Mi madre está en el patio y canta todavía
mientras lava la ropa. Ha empezado el verano
y la parra la envuelve con su sombra liviana
que baja hacia los brazos felices. Por las hojas
se filtra el sol a veces hacia sus ojos verdes
donde el rayo se irisa cuando la espuma salta
en pompas de aire lúcido. Y canta todavía.
Mi madre es inmortal. Un día hundía los brazos
en el agua del tiempo, tan fresca como el tiempo
que llevaba su vida más allá del espacio
a un país inocente. Y la heredad secreta
que anida en las penumbras fluyentes del recuerdo
llamaba desde islas inasibles, le abría
otra región de olvido para mirarnos siempre.
¡Ah la envolvente ráfaga mortal
que la arrastró en su vórtice! Los días
están quietos en el ayer y empañan
la memoria de un patio que ya no es más, que tiembla
bajo las ruinas del recuerdo.
¡Canta, madre, en tu patria desértica, bajo la lluvia de oro
de los grandes racimos fantasmales
donde están nuestros rostros
brillando entre las pompas irisadas!
Un día fuimos eso: tu voz bajo una parra.
Y todavía nos faltaba amarte
más allá del recuerdo, del olvido.



Horacio Armani (Argentina, La Pampa, Trenel, 1925)



LA MUERTE DEL POETA




El poeta estaba muerto con su poesía

lo rodeaban
algunos parientes muy mayores de edad.
Para poder dar salida a su belleza
había retorcido su cronología,
hasta las últimas gotas.
Esa fue su misión y la cumplió
maestros no los buscó
discípulos no lo buscaron a él
los otros iguales
en cuanto les clavaba su dolor
se lo devolvían con sus propios
llameantes cuchillos.
Por lo tanto murió solo y no joven.
Unos pocos parientes,
infaltables con sus expresiones
de viejos resignados,
lo rodeaban.
Y poco después, un tiempo nomás
el ropavejero que visitaba la zona
cargaba en un carro
sus últimas botellas vacías
y un paquete de libros muy leídos
atados con hilo sisal.




Luis Luchi



Luis Yanischevsky, más conocido por su seudónimo Luchi. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, en 1921 y murió en 2000, en Barcelona -España, donde se había exiliado tras el golpe militar de 1976 de su país de origen. Publica entre otros libros: "El obelisco y otros poemas", "El ocio creador" y "Ave de paso".

viernes, 28 de noviembre de 2008

AZARES NOCTURNOS



¿qué sería

la circunferencia
sin centro?

En este cuarto
lunar
acaso
hable
a solas.
Pero
no hablo
a solas.

La palabra
única
realidad
que poseo
y la realidad
real
arroyo púrpura
que corre
bajo
la palabra.



H.A. Murena (Argentina, Buenos Aires, 1923-1975)




EL VIAJE




Me he pasado la vida

despidiéndome,
en estaciones y aeropuertos,
agitando pañuelos
en embarcaderos.
Ahora me toca partir
pero en el andén no hay nadie.
La estación está vacía.
Voy por un paisaje de árboles secos,
de cielos grises,
de campos desolados.
No sé si a donde voy
alguien me estará esperando
o si el andén también estará vacío
como este tren en el que viajo.



Julio Ardiles Gray



Julio Ardiles Gray. Escritor argentino, nacido en 1922 en la ciudad de Monteros de la Provincia de Tucumán. Junto con Manuel Castilla fue uno de los fundadores del movimiento cultural La Carpa con su libro de poemas Tiempo Deseado (1943). Ha publicado libros de cuentos, novelas, obras de teatro, poesía; es traductor de italiano, portugués y francés. Su novela El Inocente fue llevada al cine por Gerardo Vallejo en el año 2000. En Buenos Aires ejerció el periodismo en “Primera Plana” y en “La Opinión”. Actualmente hace reseñas de libros en el suplemento literario de La Gaceta de Tucumán.

Aquel traje gris...




Aquel traje gris ya no existe.

Tampoco la abuela de alcanfor
ni la mata de pasto en la vereda.
Hay un perfume de magnolias,
casi podridas,
en un florero enorme.
Es la hora del mate y la novela
por la radio en la vieja
galería de invierno.
El ruido de la máquina de coser
vence a las desganadas teclas del piano
mientras el gato ronronea su siesta
y Felipa corta un jazmín
para la Virgen.




Raúl Artola


Raúl Orlando Artola. Poeta y periodista argentino. Nació en 1947 en Las Flores, provincia de Buenos Aires, y está radicado en Viedma, Río Negro, desde 1975. Ha publicado los libros de poemas: "Antes que nada" (Fondo Editorial Rionegrino-EUDEBA, 1987) y "Aguas de socorro" (Último Reino, 1993). Su primera incursión en la narrativa, "El candidato y otros cuentos", fue recomendada para su publicación en el XXIII Encuentro de Escritores Patagónicos de Puerto Madryn (2003). Algunos de sus libros fueron premiados por la Fundación Banco Provincia de Neuquén y de la Secretaría de Cultura de la Nación.



ILUMINADO MUNDO DE ADENTRO




en la punta de los dedos tengo signos imaginarios

que me atacan a medianoche
una cerrada oscuridad que de pronto
abre un claro como un parpadeo
entonces toco las flores del jardín atravieso el patio
y por la galería veo un cielo limpio
mientras tanto se suceden cruentos combates entre los hombres
siempre en mi larga caminata de solitario en mi obsesión
como en un inmenso salar observo correr la sangre
y de pronto me veo con innumerables heridas

no pretendo alejarme del mundo azorado por una palmera
no es un desatino arrodillarse ante un banano o una palmera
mientras la batalla continúa (aquello también forma parte
de la batalla)

no estoy obligado a tomar las armas
(no portar un fusil también es ofensivo)
no portar un fusil también es fecundo
y dar frutos y manar agua y sangre es parte de morir naciendo
y cuando uno está perdido se debe morir matando
echar las bases sobre la tierra fresca promover
una incesante escaramuza tomando notas al caer la tarde

poseer la herramienta al alba una jardinera
con su leche tribal una mestiza con su sombrero doble
y las canastas en ambos brazos un chico cantando sobre la jardinera
una rueda interminable que gira y gira dentro del pensamiento
como un molino
el té que reúne a una vieja familia con la memoria de los cuentos
la familia llena de hijos que hacen un proyecto
mientras la guerra sigue

es ortodoxo pensar que la lucha es sólo atravesar la ciudad
con un tanque
o alzar los impuestos o engañar obreros con aumentos como
coartadas
o firmar un largo manifiesto de intelectual o arrojar sobre
el resto de los hermanos una ideología como única curación
hay algo impalpable y evasivo que tiene algo de nube sólida
y alucinatoria
hay un terraplén que conduce a la morada interior
hay caminos que se ramifican y se concentran
en una fibra enterrada a kilómetros de profundidad
que con un campanazo debería ponerse en movimiento

no hay fórmulas no hay cartas de viaje y el mapa aéreo está
obstruido
sólo hay un juego de adivinanzas una tonelada que no
advertimos liviana como la mente
un montoncito de hierba que con el tacto avanza hacia arriba




Martín Alvarenga (Argentina, Corrientes, 1940)






LA FORMA



En la forma hay una pregunta sin contestación. El contenido, que podría ser el primer gesto, el primer paso hacia la respuesta, no es más que silencio condensado.

En la forma del mundo hay una contestación insuficiente a una pregunta absoluta: el caracol, con su biología untuosa, no termina de llenar jamás el espiral que lo endurece.

Si el espiral calcáreo es la pregunta, la forma primordial, el cuerpo laxo de la respiración lo pone en duda, el cuerpo gris del caracol en sus adentros.

La medusa, por su parte, carece de explicación, al igual que la vida.



Rafael Courtoisie



Rafael Courtoisie. Poeta, narrador y ensayista uruguayo nacido en Montevideo en 1958. Es uno de los escritores más destacados de su país en las últimas décadas. Inició la carrera literaria durante la dictadura militar de 1973. Fue profesor invitado en Florida State University, Birmingham University y Universidad de Uruguay. Ha formado parte y dirigido varias antologías de poesía y ha actuado como jurado en numerosos concursos. Es además de conferencista y periodista cultural, un brillante representante de la literatura latinoamericana. Viajero incesante, ha recorrido lugares tan diversos como la selva amazónica y el desierto del Néguev. En los últimos años ha sido galardonado con premios destacados como el Premio de la Fundación Loewe, el Premio de Poesía del Ministerio de Cultura Uruguayo, el Premio Fraternidad de Jerusalén, el Premio Morosoli auspiciado por la Cátedra Unesco, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, el Premio Plural de Poesía de México y el Premio Blas de Otero en España. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: "Contrabando de auroras" 1977, "Tiro de gracia" 1981, "Tarea" 1982, "Orden de cosas" 1986, "Trovar clus" 1987, "Cambio de estado" 1990, "Textura" 1994, "Estado sólido" 1996, "Umbría" 1999, "Fronteras de Umbría" y "Música para sordos" en 2002, "Jaula abierta" y "Todo es poco" en 2004.



ENCUENTRO




Desde el buque-restaurant vacío, apagado el motor

casi no se mueve, con prismáticos vi a esa india en cuclillas al borde del agua
entre una telaraña de bambúes, ahuecó la mano
contra la oreja: " Pones tu amor en exposición", parecía decirle
una voz, y ella se admiró, terminó viendo la trama
como si una víbora o un ratón se acercasen a la ribera,
volteó hacia los vidrios del barco,
se preguntaba si yo también oía, no pude contestarle,
la chata se deslizó, no supo si me había convencido.




Roberto Echavarren



Roberto Echavarren es uruguayo. Hizo estudios de postgrado en filosofía en la Universidad Goethe, de Frankfurt am Main. Se doctoró en letras en la Universidad de París VIII. Fue docente en la Universidad de Londres, en la Universidad de Nueva York, en el Instituto Rojas de la Universidad de Buenos Aires y en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Montevideo. Sus últimos libros de poemas son Artefato, 2004; Centralasia, Buenos Aires, Tse-tse, 2005. Sus novelas son Ave roc, Montevideo, Graffiti, 1995, Buenos Aires, Bajo la luna, 1995; reedición Buenos Aires, Mansalva, 2007; y El diablo en el pelo, Montevideo, Trilce, 2003, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2005. Traducción al portugués: O diabo em pêlo, Curitiba, Travessa dos Editores, 2007. Sus libros de ensayo son: El espacio de la verdad: Felisberto Hernández, Buenos Aires, Sudamericana, 1981; Montaje y alteridad del sujeto: Manuel Puig, Santiago de Chile, Maitén, 1986; Margen de ficción: poéticas de la narrativa hispanoamericana México, Joaquín Mortiz, 1992; Arte andrógino: estilo versus moda , Premio del Ministerio de Cultura de Uruguay, Montevideo, Brecha, 1998; Buenos Aires, Colihue, 1998; Valencia, Ex-culturas, 2003; y Fuera de género: criaturas de la invención erótica, Buenos Aires, Losada, 2007.

jueves, 27 de noviembre de 2008

PALABRAS

Tantos millones de bocas tienen pasadas
Pedro Salinas



En este cuarto me rodean muebles
que no conoces: tengo puesto ahora
este vestido que no has visto y miro
¿hacia adentro, hacia afuera? -No lo sabes.

Pero ahora y aquí y mientras viva
tiendo palabras -puentes hacia otros.
Hacia otros ojos van y no son mías
no solamente mías:
las he tomado como he tomado el agua
como tomé la leche de otro pecho.
Vinieron de otras bocas
y aprenderlas fue un modo
de aprender a pisar, a sostenerse.

No es fácil, sin embargo.
Maderas frágiles, fibras delicadas
ya pronto crujen, ceden.
Duro oficio apoyarse sin quebrarlas
y caminar por invisible puente.



Circe Maia (Uruguay, Motevideo, 1932)




LA ESCALERA A OSCURAS



En la escalera oscura

nadie sabe muy bien dónde está parado.
Los escalones fueron devorados
por gran oscuridad: el pasamanos
/resbaloso, invisible.
El descansillo -al torcer su dirección la
/escalera
puede hacernos dar un traspié. Conviene
subir o descender con grandes precauciones.

O mejor esperar a que se encienda
la luz, si es que la encienden -si es que
/alguien más sube o baja-.
Atención entonces al mínimo crujido
de la escalera.




Circe Maia (Uruguay, Motevideo, 1932)




UNIDAD




Una pequeña tarea como esta de

cortar el pan y llevarlo a la mesa,
empieza y luego acaba
-círculo de sentido que se cierra-
la pequeña molécula de un proyecto
/cumplido.


¿Trivial? Tal vez, pero mira dibujarse
con perfección acabadísima
cada gesto enlazado en el siguiente
anillado en la suave
espiral invisible
que va del pensamiento hacia la mano
del ojo hacia el cuchillo.


Circe Maia (Uruguay, Motevideo, 1932)



OPACIDAD




El ojo indiferente decolora

enfría y empareja.

Todo es igual para las miradas neutras
una cosa entre otras
un rostro entre los otros
un gesto entre otros gestos.

Por encima palabras y palabras
como una lluvia sorda.

Y nada sobresale: mar parejo
horizonte cerrado.

Sombra.

Vacío mar del tiempo.
Una hora se mira en otras horas
y todas son iguales.

El ojo las contempla ya sin verlas
y ya no es más mirada.

Es ojo seco. Piedra.
Dureza fría. Cosa.




Circe Maia (Uruguay, Motevideo, 1932)






SI MURIERA ESTA NOCHE

















Si muriera esta noche
si pudiera morir

si me muriera
si este coito feroz interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad

beso sin tregua
alcanzara su colmo

y se aflojara

si ahora mismo

entornando los ojos me muriera

sintiera que ya está
que ya el afán cesó

y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas

y acabara conmigo
para mí

para siempre

y que ya no doliera
y que ya no doliera.




Idea Vilariño



Idea Vilariño. Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1920. Además de poeta, es crítica literaria, traductora, compositora y educadora. Su personalidad y sus convicciones la llevaron durante muchos años a rechazar cualquier tipo de promoción de su nombre y de su obra. A pesar de ello, ha sido traducida a otros idiomas y ha ganado varios premios internacionales.Sus poemas, dotados de gran musicalidad, se han agrupado en «La suplicante», «Poemas de amor», «Nocturnos», «Poesía» "Pobre mundo" y "No".



O FUERON NUEVE





Tal vez tuvimos sólo siete noches
no sé
no las conté
como hubiera podido.
Tal vez no más que seis
o fueron nueve.
No sé
pero valieron
como el más largo amor.
Tal vez
de cuatro o cinco noches como ésas
pero precisamente como ésas
tal vez
pueda vivirse
como de un largo amor
toda una vida



Idea Vilariño





Idea Vilariño. Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1920. Además de poeta, es crítica literaria, traductora, compositora y educadora. Su personalidad y sus convicciones la llevaron durante muchos años a rechazar cualquier tipo de promoción de su nombre y de su obra. A pesar de ello, ha sido traducida a otros idiomas y ha ganado varios premios internacionales.Sus poemas, dotados de gran musicalidad, se han agrupado en «La suplicante», «Poemas de amor», «Nocturnos», «Poesía» "Pobre mundo" y "No".



LAS MUSAS INQUIETANTES



















La encajera, Jan Vermeer de Delft



CLAROSCURO

La aplicación de las manos
de los dedos
la concentrada inclinación de la cabeza
el sometimiento
una tarea tan minuciosa
como obsesiva
El aprendizaje de la sumisión
y del silencio
Madre, yo no quiero hacer encaje
no quiero los bolillos
no quiero la pesarosa saga
No quiero ser mujer.





















La mañana después del Diluvio , J. M. W. Turner


En el círculo enloquecido de las aguas pluviales
en el torbellino vertiginoso de las aguas marinas
lentamente, comienza a amanecer -a amainar-.

Comienza a amanecer
en el centro líquido de la tormenta
embrión rojizo
óvulo fecundado
célula primigenia
en cuyo interior
flota
el bajel sobreviviente
que eleva su mástil su falo
mientras las aguas
súbitamente amansadas
dejan de caer
dejan de rotar.





















(En el lindero del bosque, Henri Rousseau)





HOMENAJE A ANTONIO MACHADO



En el lindero del bosque
los árboles dibujan
el perfil de una mujer
Las ramas dibujan
el torso de una mujer
Las aguas susurran
el nombre de una mujer
El cielo, en lo alto, está sereno
El hombre persigue una forma que huye
entre las lianas
No sabe, empero,
que contra el amor,
no prueba nada

que la amada no haya existido jamás.





















El estudio del pintor, Joaquín Sorolla



Esas mujeres en las playas
de largos vestidos blancos
y sombreros con cintas
en las manos
-ese aire chejoviano-
la languidez de las figuras

Creíamos pasear por Leningrado
-la luz irreal del atardecer-
el aire salino

No sabíamos que la guerra
había empezado.


















El Origen del mundo, Gustave Courbet



Un sexo de mujer descubierto
(solitario ojo de Dios que todo lo contempla
sin inmutarse)

perfecto en su redondez
completo en su esfericidad
impenetrable en la mismidad de su orificio
imposeíble en la espesura de su pubis
intocable en la turgencia mórbida de sus senos
incomparable en su facultad de procrear

sometido desde siempre
(por imposeíble, por inaccesible)
a todas las metáforas
a todos los deseos
a todos los tormentos

genera partenogenéticamente al mundo
que sólo necesita su temblor.






Cristina Peri Rossi





Cristina Peri Rossi. Poeta y novelista nacida en Montevideo, Uruguay, en 1941. Su madre, maestra, la inició en el amor a la literatura y la música, y la instruyó en los ideales feministas de igualdad. Trabajó y estudió hasta licenciarse en Literatura Comparada, cuya enseñanza ha ejercido durante muchos años. Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales. Tras el golpe militar uruguayo tuvo que exiliarse en Europa desde 1972. Obtuvo la nacionalidad española en 1974. Desde entonces ha publicado varios libros que han gozado del aprecio de la crítica y los lectores: «Evohé» en 1971, «Descripción de un naufragio» en 1974, «Diáspora» en 1976, «Lingüística general» en 1979, «Europa después de la lluvia» en 1987, «Babel bárbara» en 1991, «Otra vez Eros» en 1994, y «Aquella noche» en 1996. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con los más prestigiosos premios literarios, entre los que se encuentra el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti, obtenido en enero de 2003 y el de la Fundación Lowe, recientemente.
Los textos que publicamos fueron extraídos de "Las musas inquietantes", poemas sobre pinturas de artistas célebres, editado por Lumen, en 1999.



miércoles, 26 de noviembre de 2008

Para revivir la edad anaranjada...



Para revivir la edad anaranjada, hay que convocar a todos los testigos, a los que sufrieron, a los que se reían, y también al más pequeño y al que estaba más lejos.
Hay que reencender a las abuelas; que vengan con sus grandes cruces de canela a cuestas y bien clavadas con aquellos largos clavos aromáticos, como cuando vivían alrededor del fuego y del almíbar.
Hay que interrogar al alhelí y acosarlo a preguntas, no vaya a perderse algún detalle morado.
Hay que hablar con la mariposa, seriamente, y con los gallos salvajes de bronca voz y grandes uñas de plata.
Y que vengan las verónicas de entonces, las pálidas verónicas —errantes entre las flores y los árboles y el humo— que devuelvan el rostro del azúcar, el retrato de los higos.
Y mandar aviso a las glicinas para que traigan su vieja actitud de uva. Y a la populosa granada, y a la procesión de las yucas, y al guardián de los nísperos, amarillento y odioso, y a mi cabellera de entonces, todo llena de brujas y planetas, y a las cabañas errantes, y al ángel de los cerros, el de las amatistas -con un ala rosada y la otra azul— y a los azahares del limón, grandes como nardos.
Y que vengan todas las cajas de papel de plata, y todas las botellas de colores, y también las llaves y los abanicos, y el pastel de Navidad parado en sus zancos de cerezas.
Para revivir la edad anaranjada, hay que no olvidar a nadie, y hay que llamar a todos. Y sobre todo al señor humo, que es el más serio y el más tenue y el más amado.
Y hay que invitar a Dios.

(De Humo -Los Papeles Salvajes)



Marosa di Giorgio
(Uruguay, Salto, 1932-Montevideo, 2004)





Había una polvera de plata...




Había una polvera de plata, con estrías. La forma de un higo, pero más grande y chata. Y adentro, un cisne y polvo ocre, que mi madre usó sin que ello perturbara su portentosa blancura. Mientras, corrían los años de la drácena, helechos y bromelias. Creo que vivimos entre las hadas, porque, ¿qué eran si no?, esas hojas con listón plateado y esas flores radiosas y rosadas.
Después de la lluvia siempre vino un lirio, orquídeas bujías, envueltas en tul violeta, vinieron caracoles blancos con boquilla roja y paso de camelia. Un día fueron tantos, tantos; donde se pusiera atención nacía un caracol. Parecían bebés, huevos, nardos. Daban miedo y nos tomamos de los dedos; rezamos, no comimos. Pero al prenderse el sol entre dos nubes, ellos desaparecieron.
Así se formaron estas historias y estas Escrituras. ...Andando el tiempo en otra casa volví a encontrar la polvera. De plata con estrías. Como un higo, más grande y plana. La entreabrí para ver el espejo, el polvo ocre. Mas, hallé una enorme concavidad, la chacra entera, cada línea de árboles, una a una. Vi el viento. El capullo donde nació mi hermana. El capullo donde nació mi prima. El carromato fúnebre. El vestido de novia de mi hermana y sus azahares. Vi todo. En cada rincón, un hecho, una persona, y se oían palabras.
Me dio terror, y bajé la tapa. Y volví a abrirla. Y vi lo mismo. Entonces, la tiré en un lugar, lejísimo, para apartarla, así de mi vista y de mi vida.
Pero, ciertas mañanas, tengo intenciones de interrogar a mamá sobre la polvera, y no me atrevo, pues, ella -que nada olvida y rememora todo- jamás la nombra.


(De Mesa de esmeralda - Los papeles salvajes)


Marosa di Giorgio (Uruguay, Salto, 1932-Montevideo, 2004)

Mi alma es un vampiro...



Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. La busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí.

Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste.
Un picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.



Marosa di Giorgio (Uruguay, Salto, 1932-Montevideo, 2004)

TEMOR



El temor de haberlo dicho todo

o demasiado, antes de tiempo.
El peso de las palabras como diamantes
sobre el corazón,
y el temor de no dejar rastros
sobre la tierra.

¿No eres quien ha escrito
toda experiencia restituye
la sangre Universal
al mismo seno? ¿No eres tú el crucificado?
¿No has muerto ya infinitas veces?

Y sin embargo perseveras
en renacer. Y la pesadilla de no ser
sino viento en la tierra de nadie.

Es posible en tanto
renovar lo Inédito en las lentas
florescencias del verano.
Durante las noches los árboles
florecen suavemente acariciados
¿por qué manos? ¿y hacia qué aires miran?

Calla la luna. Ella, que contiene
todos los secretos de la resurrección,
Ella, calla.




Oscar Portela


Oscar Portela. Poeta, crítico y periodista argentino. Nació en la Provincia de Corrientes, en 1950. Bachiller Especializado en Letras. Algunos de sus libros de Poesía: "Senderos en el Bosque", "Recepciones Diurnas, Celebraciones Nocturnas", "Había una vez", Botella al Mar, Buenos Aires. "Estuario",Golpe de Gracia", "Selección Poética" —Selection Poetics—. (edición bilingüe). Ediciones del Correo Latino, Buenos Aires y "Fresas Salvajes", Editorial Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) Algunos ensayos: "Nietzsche, sonámbulo del día" (1997); “Las nuevas miserias de la filosofía” y “Kafka en Senegal”.


ANTE UN MÍNIMO YACER

a Roberto Paine

Tendida

sobre la hierba, estaba.
Instintivamente
la coloqué en mi mano.
Noté, que era el hueco de una forma
sin peso, y no su movimiento,
lo que acaso insensible, sostenía.
Un vago indicio de culpa
me obsedió como si hubiese cortado
súbitamente hasta paralizar
la libertad brillante de esas alas
latientes todavía
bajo el sol de la tarde.
Y todos mis sentidos
cesaron allí
junto al yacer de esa mínima abeja
inmutable en su eternidad,
pero inclinada aún
al centro radiante de la vida.




David Martinez



David Martinez. Poeta argentino. Nació en Caá Catí, Corrientes, en 1921. Vivió en la Capital Federal desde 1938, donde murió en 1993. Periodista y ensayista. Fue crítico de poesía del diario La Nación. Tradujo poemas de Ungaretti, Senghor, Rivosecchi, Capasso, Drummond de Andrade, entre otros. Gran parte de su obra fue traducida al Ingles, al Italiano y al Gallego. Fue miembro fundador y primer presidente de la SADE filial Corrientes en 1966. Integró jurados, dio conferencias, publicó libros, seis ensayos y sus poemas figuran en antologías del país y del extranjero. Algunas de sus obras en verso: Ribera Sola (1945); La tierra apasionada (1955); Órbita del amor (1959), Faja de Honor de la SADE; Dos elegías (1963); Ausente infinita (1965); Resplandor del olvido (Premio Municipal de poesía inédita 1961, publicado en 1966 por el Fondo Nacional de la Artes; Canto a Gral Paz (Poema 1967); El Exilio en el mundo (Edit. Emecé 1969), Primer Premio Municipal de Poesía y Medalla de Oro del Gobernador de Corrientes Adolfo Navajas Artaza; Vida situada (Antología Poética. Con un estudio de Carlos Mastronardi, 1970); Penúltima estación (Edit. Emece 1974), Pluma de plata del PEN club Internacional y Mención Especial Premio Nacional de Literatura; Enrique Banchs, Poeta del sentimiento humano (Ensayo y antología). Segundo Premio Municipal de Crítica y Ensayo, 1975; Siete Poemas inéditos (Con un estudio de Juan Liscano. Separata de cuadernos Hispanoamericanos, Madrid 1976); Soles y laderas (Premio Dodero de la Fundación argentina para la poesía, 1980); La tierra que fue mía (Antología Temática Esencial. Edic. De la Municipalidad de Corrientes, 1982); Canto a Caá Catí (Con un estudio de Ángel Héctor Azeves y dibujo de adela Tarraf, la edic de 1985; 2ª edición, Buenos Aires 1986, con epílogos de Jorge Calvetti, Horacio Castillo y León Benarós).


MARIPOSA MUERTA EN EL PARABRISA




A la tarde y con los brazos apretados

En el sol de vidrio
En la cruz de los reflejos continuos
Con el rostro roto como jadeos de agua
Rediviva escalera hacia lo que se duele.
Y ella preguntando si había causas
Si la luz es otro vacío para volar
Si esas caras son apenas un telón
Que abrigarán palabras para decir de rodillas
Para comulgar al sol con las alas vejadas
Con vidas que se repiten
Con el cuerpo yacente y sin embargo eufórico
Con deseos de subir entre dientes.
Pero ella está inmóvil
Ella no es capaz de inmutarse
El viento mueve su muerte entre las alas.





Osvaldo Svanascini



Osvaldo Svanascini. Poeta, narrador, traductor, plástico, crítico arte, orientalista argentino. Nació en Bs.As.en 1920. Ha sido incorporado a la Academia Nacional de Bellas Artes. Dirigió el Museo de Arte Oriental. Premio Nacional de Literatura en ensayo. Director de las publicaciones "Casandra" y "Ojo". Obras de poesía publicadas: Perdurable ausencia (1946), Unilom (1946), Fragmentos de la muerte (1948), Este misterio transmutado (1948), Vigilia torturada (1952), Ritual para los días impares (1959), Poemas del este (1961), Medida de la repulsa (1967), Amuletos para compartir (1973), Libro de amuletos (1974), Poemas con Asís (1978), Obra poética (1980), Elegía a Buenos Aires (1981), Mitologías mínimas (1984), La sola poesía (1985), Mutaciones (1987), Morada de un rostro (1990), Poemas disociados (1993), Crónica del simulacro (1998), Mínimas Memorias (2003), Habitar un relámpago (2005). Es autor de de numerosas traducciones de poesía oriental, entre ellas, Poemas de Li Tai Po (1950)y La poesía china durante la época T'ang (1952).

ARÁOZ 642





Laboriosas abejas
cotidianamente,
zumban por las mañanas
con el café caliente
y el mate compartido.

Así era mi casa:
tranquila y silenciosa
en las siestas calientes del verano.
El agua para el mate,
la tarde compartida
(una mirada limpia
resbalando las canillas)
Papá leyendo un libro
Mamá regando el pasto
Estela con su sombra
deslizada en el patio.
Así, así era mi casa
una sonrisa tibia
abierta a la mañana
.





Alcira Fidalgo Pizarro



Alcira Fidalgo Pizarro. Poeta y artista plástica. Estudiante de derecho, militante del campo popular, residió en Jujuy, Salta, Mar de Plata y Capital Federal donde fue detenida y desaparecida en 1977. Dice Reynaldo Castro respecto de su poesía: "Un texto poético es importante -indistintamente de los temas que trata- cuando tiene fundamentos formales (autocrítica, reflexión sobre el lenguaje, y rebeldía hasta frente al hecho de ser poesía) que lo trascienden. Estos poemas [...] tienen esos fundamentos. "Oficio de aurora" es su único poemario, editado por José Luis Mangieri, en Libros de Tierra Firme. Fue la hija del poeta Andrés Fidalgo.