miércoles, 29 de junio de 2011

Ése es un bosque de la China









Ése es un bosque de la China.
Las hojas se reparten el conocimiento del verde,
Pero nosotros las vemos claramente amarillas.
La hierba erguida corta con sus puntas perfectas la luz.
Es ese sol polvoreado sol de la China el que ves
Esparcido entre los abedules; si tocas un tronco
Sentirás el frío de sus manchas blancas. Ahora es la primavera.
Nosotros en fin estamos rodeados de un camino rojo
Que se hunde en otro bosque de bambúes, en otro
Verde que ignoramos. Comeremos pescado con suerte,
Y aprenderemos a danzar sin hacer ruido, escuchando el viento
De este bosque, comparando su verde con el verde de nuestro patio,
Y pensando siempre en un bosque en el cual soñamos animales.



Idangel Betancourt

Poeta, dramaturgo y narrador. Reside en la Argentina desde 2002. Actualmente vive en Salta. Es director artístico del grupo de teatro independiente Espacio In-Verso. Imparte el Taller de Teatro de la Universidad Nacional de Salta. Ha publicado "De algo hay que morir", cuentos; "La niña de las redes", teatro para niños, entre otros libros. Los poemas aquí elegidos son de su libro "Si un día me visitas".

lunes, 27 de junio de 2011

El sordo








en registros lentos

decía los nombres que amor le había revelado
y sin embargo dirigía a otro lado su mirada

casi tenía la certeza

realmente no estaba allí
sólo presentía

la dolorosa tensión en sus pezones
era sólo una señal
(...)


María Antonieta Flores

(De la Revista Ñ, del Nº 294, 16.05.09)


María Antonieta Flores, poeta venezolana, Caracas, 1960. Hizo estudios de maestría en literatura latinoamericana y se ha desempeñado como docente en el Instituto Pedagógico y en la Casa de Poesía de Caracas. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía "El señor de la muralla", "Canto de cacería", "Criba de abril", "Los trabajos interminables" "La desalojada luz de la tarde" e "índigo", con el que ganó el Premio Anual de la Fundación para la Cultura Urbana.



sábado, 25 de junio de 2011

Razones



Del arte erótico a la ciencia sexual
hay continentes tristes,
escuelas, talleres, cuarteles.
Las cosas tienen aspecto de
amistad mutilada y el amor
desea una verdad.
¿De qué sirven ciencias que
le ladran la puerta que no tiene?
La luna en lunas del ropero
se liberó del cielo y
despierta entendimientos de lo amado.
La noche pasa como
nave lejana con dedos
que tocan íntimas sustancias
Los movimientos del estar
nos preguntan qué ser.


Juan Gelman (Argentina, Bs.As., 1930)



jueves, 23 de junio de 2011

El Decálogo

























1. No hay consejos para el poder.
2. La esperanza es un poder.
3. La victoria esencial es soportar la derrota.
4. El juicio me hace respetar a quienes más sufren.
5. La poesía nos hace más creativos en el odio, pero también en el amor.
6. Todo gran amor se nutre de lo efímero.
7. Se requiere valor frente a la melancolía.
8. Nuestra vida es una rebelión contra la muerte.
9. La poesía nos hace más creativos, más suspicaces, menos inseguros.
10. ¿Acaso el premio significa que he envejecido... poéticamente?


Kikí Dimulá

(Traducción de Miguel Chiovetta)


Kikí Dimulá. Nacida en Atenas en 1931, Kikí Dimulá está considerda como una de las más importantes poetas griegas vivas, tal vez la más importante. Trabajó durante años como empleada en el Banco de Grecia y estuvo casada con el también poeta Athos Dimulás (1921-1985), con el que tuvo dos hijos. Desde el año 2002 es miembro de la Academia de Atenas. Entre los numerosos premios que ha recibido, cabe destacar el Nacional de Poesía, en dos ocasiones, y el Costas y Eleni Uranis. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, español y sueco.

martes, 21 de junio de 2011

SIN TÍTULO
















Observad, amigos, ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido,
no lo veis,
que voy hacia adentro, que
para aquel de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis,
observad,

que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego

y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.



Ingeborg Bachmann



Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, 1926-Roma, 1973) Escritora austríaca. Miembro del Grupo 47, es autora de cuentos y de dramas radiofónicos de carácter experimental. Son notables su obra lírica y su testamento literario, la novela Malina (1971). Fue también ensayista. Publicó los libros de poemas: El tiempo postergado (1953); Invocación a la Osa Mayor (1956), Obras completas (1978) y No sé de ningún mundo mejor, una importante colección de textos que se habían mantenido inéditos por decisión de la familia, dado su carácter de inconclusos, pero que finalmente en Munich, en el año 2000, presta el consentimiento para su publicación, teniendo en cuenta que su autora, aun sin haberlos corregido y revisado, no los destruyó, como hizo con otros borradores.
LEER más poemas,aquí

domingo, 19 de junio de 2011

Cattivo tempo






















El siroco trae a los diablos menores:
un portazo
a las cuatro de la madrugada
anuncia que han vuelto,
más insolentes y más gordos
por la mala literatura
y los dramas cursis.
Son Nibbar, demonio
de los berretines y de la estupidez,
y Tüfaervillus, demonio
del chisme y el rencor.

Nibbar va al estudio
para susurrar de manera plausible
lo que casi está bien,
lo que casi es verdad.
Cuídate de él, poeta,
por si, leyendo por encima de tu hombro, encuentra
lo que lo pone contento,
el estilo artero,
el significado confuso,
el poema malo.

Tubervillus se dirige al comedor,
resuelto a escuchar,
esperando que se le dé pie.
Cuídense de él, amigos,
por si a sus instancias la charla
toma un giro equivocado,
la lengua suelta
con perversidad espeta
una verdad a medias,
la diversión se afea,
y los chistes duelen.

No los subestimes; con sólo
romper el poema
o cerrar la boca
no derrotarás a ninguno de los dos:
encontrarte a solas,
confinado en tu dormitorio,
fabricando allí,
por lascivia o autopreocupación
algún quejoso e intratable
diablillo propio,
eso es también triunfo de ellos.

El contraataque correcto es aburrirlos;
dejar correr la tediosa pluma
por la tediosa correspondencia,
menear la afilada lengua
en chapuceado italiano, pedirle al peluquero
socialista que adivine,
cuándo cambiará el viento
engañando al infierno
con la obviedad humana


(Traducción: Rolando Costa Picazo)


W.H.Auden


Wystan Hugh Auden (York, Reino Unido, 1907-Viena, 1973). Poeta, ensayista y libretista estadounidense de origen británico. Nacido en el seno de una familia católica, manifestó una pronta atracción por la poesía. Su reputación en este campo empezó a verse reconocida a partir de 1928, en que Stephen Spender, compañero de estudios en la Universidad de Oxford, hizo una edición privada de sus poemas. Tras graduarse ese mismo año, impartió clases en distintos centros británicos, colaborando con su compañero de la infancia, Christopher Isherwood, en dramas en verso como El perro bajo la piel (1935) y La subida del F-6 (1936). El tono profético y el contenido social de sus poemas lo convirtieron en el poeta clave de la lírica británica de la década de 1930. El convencimiento que expresan las obras de este período de que la fuerza de la palabra y la acción política podían cambiar el curso de la historia, se vio trágicamente cuestionado a raíz del estallido de la guerra civil española. La derrota de la causa republicana y el avance del fascismo en Europa le obligaron a replantearse su concepción del arte: lejos de influir en el curso de la historia, aquél no era más que un producto de ésta.


viernes, 17 de junio de 2011

ATARDECER EN EL PUERTO DE OLIVOS




Encuentro entre estas ramas las voces de los pájaros
que cantan canciones melancólicas
y así como los pájaros se cantan a sí mismos
me sueño en la tristeza de esta hora sola

Luces apenas distinguibles de los barcos
voces apenas audibles de marineros lejanos
que yo evoco con el tedio de quien vive imaginando
y no llega a poseer el saber de lo que evoca

Enciendo un cigarrillo para ver el horizonte
que se quiebra en distintos y absurdos pedazos
del espíritu gregario de unas nubes pasajeras
y un puñado de pájaros

De un extremo a otro el puerto desolado
el silencio un mendigo que se embriaga en su espera

Apenas la ceniza que tiembla cae al suelo
levanto la mirada y observo
El sol es una rosa (pálida) que se incendia.



Mariano Pérez Carrasco






miércoles, 15 de junio de 2011

Gimnopédie Nº1





Erik Satie


(Versión desconocida)



lunes, 13 de junio de 2011

KAZANTZAKIS: LA ÚLTIMA ENTREVISTA RADIAL
















Grecia y el sentido de la libertad

Grecia siempre le hace el juego a las grandes potencias. Sufrimos mucho bajo el bárbaro yugo de los turcos. Hemos sufrido, y sufrimos aún bajo el yugo hipócrita de las grandes potencias. El pueblo griego es un pueblo mártir, tanto que la necesidad de libertad es para él tan imperioso, en la misma medida que imprescindible. Tiene una sensibilidad que lo hace vulnerable a todo ataque a la libertad. No sólo a su propia libertad, sino a todas las formas de libertad sin importar qué pueblo. Les diré un ejemplo: Cuando Hitler amenazaba con conquistar Noruega, yo estaba de excursión en Creta. Atravesaba un desfiladero, cuando escuché una voz en lo alto de la montaña que me llamó: “Detente, joven, detente”. Me detuve, levanté los ojos, y vi que un viejo pastor saltaba de una roca a otra. “¿Cómo va Noruega, joven?”, me gritó respirando con dificultad. “Va mejor, abuelo -le respondí- va mejor. Gracias a Dios”, dijo y se persignó. “¿Quieres un cigarrillo, abuelo? “No tengo necesidad de nada, ya que Noruega está bien. No tengo necesidad de nada”. ¡He ahí a los griegos! Este viejo pastor no sabía ciertamente dónde se encuentra Noruega. No sabía si era un país o una mujer. Pero sabía lo que significaba “Libertad”. El verdadero milagro griego no se llama Belleza, se llama Libertad. Cada pueblo, al cual se le ha dado una misión sobre la tierra, se arroja sobre su propiο altar: el hebreo lo llama Dios; el hindú intenta atrapar el sentido más allá de las apariencias; los egipcios, desde el fondo de la tumba, gritan e imploran por la inmortalidad. A los griegos les fue dada la misión de transformar la esclavitud en libertad. ¿Cómo quieren, pues, que un escritor griego no ponga todas sus fuerzas al servicio de la libertad? ¿Cómo quieren que mire, impasible, el mundo?

El héroe de Libertad o Muerte

No. Mi novela Libertad o Muerte no es en absoluto una leyenda. Es una realidad bañada en sangre. El héroe del libro existió. Desde siempre hubo en Creta innumerables héroes que lucharon durante siglos y murieron por la libertad. El capitán Miguel, el héroe de Libertad o Muerte, es la concentración de todas las esperanzas de nuestra raza. El héroe representativo del pueblo griego. Entre la libertad y la muerte no duda, porque sabe, o mejor dicho, siente profundamente que la vida no es el bien supremo. Sí, el capitán Miguel tiene el don, como dice usted, de electrizar a los hombres. Es, sin embargo, porque estos hombres son buenos conductores de la electricidad. Ven en este héroe lo que quisieran ser, lo que deberían ser, el ejemplo al cual intentan parecerse. Ningún mito. Mito y realidad aquí se identifican. En mi novela nada ha sido inventado. Descubrí recuerdos de mi infancia, viejos combatientes que había conocido, mi padre, mi abuelo, la insurrección, la masacre, las lágrimas de mi madre. Volví a vivir los sufrimientos de mi patria y, frecuentemente, -lo confieso- lloraba mientras escribía. Naturalmente, para los lectores que nunca han vivido situaciones parecidas, cruentas, estos hechos de nuestra época les parecen legendarios. Para nosotros son cosas que las hemos vivido. Cuando era niño, la realidad y el mito no formaban más que un solo cuerpo.

La lengua del pueblo

Νο quisiera apenarlos exponiendo extensamente nuestro problema lingüístico fundamental. Divide en dos campos enemigos la Grecia moderna. Por una parte tenemos a los “kazarevusianos” (puristas), que escriben una lengua bastarda, ni antigua ni moderna, ni viva ni muerta, que es la lengua oficial del Estado, de la Iglesia, del Parlamento, de los Tribunales así como también de la Universidad. Por otra parte, la lengua viva es del pueblo, el “dimotikí”, que triunfa plenamente en la literatura y comienza a conquistar también los textos científicos. Nos encontramos hoy en Grecia en la época lingüística de Dante, cuando los eruditos, los doctos escribían la “maldición”, y mostraban el desprecio frente a la lengua del pueblo, la única lengua viva. Como ven, escribo la lengua del pueblo. El “dimotikí” no se enseña en la escuela. No tenemos diccionario de esta lengua. Y la lengua que usamos cotidianamente es muy pobre. El escritor neoheleno está obligado a extraer su material de los labios del pueblo y elaborar su propio diccionario. Estamos obligados a viajar y a recorrer toda Grecia, de una punta a la otra, para obtener las palabras de la boca de los aldeanos, de los pescadores, de los pastores, de los artesanos, y usarlas en nuestros textos. Así emprendí largos viajes durante años para recoger palabras de la boca del pueblo y componer mi propio diccionario. Quería plasmar una lengua, no insignificante, ayudado por todas estas expresiones neohelénicas. Pero como los lectores griegos nunca habían visto estas palabras vivas impresas, y muchos de ellos ni siquiera las conocían, se sorprendieron leyendo tantas palabras desconocidas. Para exculparse y salvar la farsa, explican que son palabras cretenses. Sin embargo, verdaderamente no usé nunca, exclusivamente, palabras cretenses, salvo cuando no encontraba palabras equivalentes en otra parte. Traduje la Divina Comedia de Dante, 14000 versos. Puse al lector en el desafío de encontrarlas. No había más que 13 palabras propiamente cretenses. Nadie ganó el desafío. Escribí una epopeya, La Odisea, que comienza allí donde termina La Odisea de Homero; 33333 versos. Lo desafié al lector que las encuentre allí. No había más que 33 palabras propiamente cretenses. Una palabra cada 1000 versos de diecisiete sílabas. Nadie ganó la apuesta. Hay, pues, en el examen de mi obra esta primera dificultad lingüística. Segunda dificultad: el propósito de mi obra no es, en absoluto, conformista. Ni las autoridades políticas, ni la Iglesia, ni la opinión del orden establecido, están de acuerdo conmigo. Cuando escribía versos se limitaban a no leerme. La poesía no llega, en absoluto, a las masas y, por consiguiente, no les es peligrosa. Pero, desde hace unos años, cuando me puse a escribir novelas accesibles al público masivo, se alarmaron; y la persecución y la calumnia entraron en acción. Querían quemar mis libros, echar una maldición sobre el escritor. Sin embargo, al mismo tiempo, la gran masa del pueblo, se confabuló; se pusieron a leerme. Descubrieron que combato a los responsables de sus miserias, a los promotores de la ignorancia; que estoy en contra, por esto, de la injusticia y que enseño un cristianismo puro, liberado de todo exceso de un pasado desfigurado, sobrecargado por algunos “servidores” indignos de Cristo. Desde entonces mis libros fueron leídos ávidamente. Al fin, por esnobismo, las clases altas de la sociedad no resisten más, y se ponen a elogiar mi lengua. El Estado y la Iglesia hacen silencio. Sí, el éxito está por encima de la persecución y el malentendido.

El sentido de la lucha del héroe

No se trata de fe ciega. La finalidad de la lucha de este cretense no es incierta. Este luchador sufre de una angustia que lo hace dolorosamente deslumbrante. Para el cretense, en la época en que transcurren los hechos, que constituyen la trama de la novela Libertad o muerte, la finalidad está inexorablemente impuesta en la acción: la liberación del yugo turco. Sacudir el yugo turco es la primera forma de libertad, la más urgente. Ciertamente, cuando sea conquistada la libertad, se puede abrir el camino que conduce a las grandes creaciones del hombre: la justicia, la ética, la libertad espiritual, la dignidad humana. Pero, para alcanzar este alto grado de la evolución humana, en principio, se debe ser políticamente libre. Y los combatientes lo saben. Y, por eso combaten con tanta furia para conquistar la libertad. Los héroes que encarnan este impulso hacen pedazos sus vidas, la desgarran para obtener esta libertad. Pero, acaso, ¿no es este el destino de los héroes?

La tradición

Sí. Creo que tienen razón ustedes. Soy hostil a la tradición. Pero cuando exige mantener inmóvil el orden establecido. Cuando es ciega y no ve la realidad, la que siempre brota, y se opone violentamente a un período revolucionario. Estoy a favor de la tradición que se adapta a la realidad que avanza. El primer mandamiento de esta tradición es superarla. Somos fieles a la tradición cuando la superamos. Pero, y esto es lo esencial, superarla siguiendo la línea de la dirección inicial. Los héroes de mis novelas, a pesar de su edad como combatientes, permanecen fieles a la línea que trazaron sus padres, sus antecesores. Siguen la antiquísima tradición y no crean dilemas. Están seguros. Son seres con privaciones que no obedecen sino a sus instintos, y no pueden ser engañados por consideraciones intelectuales. Aquí es aún donde un antiguo mito griego puede reflejar esta necesaria transmisión que nos da el contacto con nuestras raíces. ¿Quizás recuerdan a los enormes Gigantes? No podían ser derrotados por Heracles, siempre que lograran tocar la tierra. Estaban exhaustos, agobiados. Ya no podían enfrentar la terrible fuerza de Heracles. Pero, apenas se apoyaban en la tierra, recuperaban la fuerza para la lucha. Tocar las raíces, ponerse en contacto con la misteriosa madre que nos dio la vida, sorber una gota de su leche, he aquí lo que quisiera evocar en lo que he escrito.

La realidad griega

Cuando la pobreza es extrema, se convierte en corrupción que puede degradar al hombre. La pobreza en Grecia es extrema. Piensen que, de acuerdo con las estadísticas, 2.300.000 griegos no comen, es decir, pasa hambre 1/3 de la población. Es una vergüenza permanecer indiferente frente a semejante tragedia. El escritor, por naturaleza, más sensible, no puede reprimir su indignación ni soslayar su responsabilidad. Es, por esto, un deber supremo no dormir, y mantener al pueblo despierto. Creo, además, que el problema supera las fronteras de Grecia. Creo que hoy esta misión del creador como un “aguijón” es indispensable en todo país, en donde reina la injusticia. Quiero decir, casi en toda la tierra. Indignado por estos peligros, movilizado por esta obligación de “aguijoneador”, intento poner en mi obra formas heroicas frente al pueblo. No héroes imaginarios, que no existieron nunca, sino héroes extraídos de las entrañas de nuestra raza. Sólo ellos, al encarnar las reivindicaciones y las esperanzas de los hambrientos y los perseguidos, pueden mostrar al pueblo el camino de salvación. No sé si sigo así la antigua tradición helénica. La raza griega sintió siempre la necesidad de crear modelos heroicos. Los griegos quisieron dar a sus ciudadanos un modelo ideal, al cual debían intentar parecerse lo más posible. Las mujeres embarazadas se sentaban alrededor de la estatua de un dios, y lo miraban insistentemente hasta que el embrión en su interior pudiera ser influido por la belleza y la nobleza del dios. Exactamente esto hacía la raza helena en los grandes momentos. La Grecia contemporánea está agobiada por la visión de la Grecia clásica. Está pesadamente cargada por un pasado demoledor. Existe el trágico destino de los descendientes de un gran ancestro. ¿Cómo quieren ustedes que no sean “ignorantes” bajo semejante peso? Ser descendiente de un gran ancestro es duro. La cabeza se prende fuego. Se llena de ambición y supera las posibilidades de la herencia. Sin embargo, es tan humano no querer ser inferior a tus padres. Grecia ha recibido la suerte de los privilegiados. Ni bien se liberó del yugo otomano, fue absorbida y despedazada por la Gran Idea: reconquistar Constantinopla y recuperar las costas de Asia Menor, donde florecieron las primeras flores del pensamiento y del arte griego. Durante años ha sido consumida persiguiendo esta quimera. Hoy piensa con sensatez. Pero, si juzgo por mí mismo, en contraposición con toda lógica, en el fondo de mi corazón, queda aún una chispa de locura. Esta locura la llamo “esperanza”. Un pueblo que sufre tiene mucha más necesidad de héroes que los otros pueblos. Y Grecia sufre. El rostro de Grecia siempre estuvo inundado de lágrimas y luz. A veces predominaba la luz; otras veces, las lágrimas. En nuestros tiempos, prevalecen las lágrimas.


Nikos Kazantzakis


(Traducción de Miguel Chiovetta)




Nikos Kazantzakis

Escritor y traductor griego cuya obra más conocida es la novela Zorba el griego. Nació en Candia (hoy Heraclion), en la isla de Creta, y estudió en la Universidad de Atenas, donde obtuvo el título de licenciado en derecho. Tras terminar sus estudios se trasladó a Francia, donde estudió filosofía con Henri Bergson. En la década de 1930 viajó por Europa, Asia y África, y escribió numerosos libros en los que combinaba las descripciones de sus viajes con comentarios personales y filosóficos. La novela Zorba el griego (1946), de la que se hizo una famosa película, cuenta la historia de un anciano minero griego enamorado de la vida. Otra novela también conocida, Cristo de nuevo crucificado (1948), habla de la representación de la pasión de Cristo en un pueblecito griego. Publicó diversos libros sobre temas religiosos y filosóficos, entre los que destacan La última tentación de Cristo (1951), también llevada al cine en 1988, y El pobrecillo de Dios (1953). Tradujo las obras de Dante y Goethe, así como a diversos autores clásicos griegos al griego moderno, lengua de la que es sin duda uno de los más grandes maestros. También escribió ensayos, tragedias y poesía lírica y épica, destacando en este último género Odisea (1938), una continuación del poema homérico.