martes, 29 de noviembre de 2011

Hábitos ajenos




El puente que creímos cruzar
nada tiene que ver con nuestras vidas.

Lo simple permanece bajo llave
y es recuerdo.
Lo demás se va alejando
y es esa voz que nunca comprendemos.

Componemos el aire día a día,
nos jugamos lo poco que nos queda
y otra vez buscamos en la noche su falsa intimidad.



Martín Carlomagno (Argentina, Entre Ríos, Concepción del Uruguay, 1978)





domingo, 27 de noviembre de 2011

El olor de las toallas













El olor de la toalla con arena
Ese regusto a fierro del aire, en la playa,
cuando se viene la tormenta

El olor del telgopor mojado de la conservadora
que al mediodía chillaba cuando le sacabas la tapa,
porque el hielo nuevo conservaba el frío seco,
pero a la tarde, cuando todos empezaban a aburrirse
y a revolver lo que quedaba, boyaban desprendidas
las etiquetas de las botellas en el agua sucia

Mi viejo acarreaba al auto las cañas,
me hacía una seña para que yo juntara el termo del jugo
antes de que la crecida se lo lleve, como al otro,
robándolo, distraída, del pedregullo de esa islita que
cuando quisiste acordar, no estaba más,
ni la islita ni el termo anaranjado

El olor de los pescados moribundos en el balde
El olor de la malla de lycra de tu prima
El vapor que salió cuando cagaste atrás del árbol
espiando entre las ramas cómo los otros jugaban
carreras del tronco a la isla,
sin tocar el barro del fondo,
porque ahí a Cecilia la picó una raya.

Volver buceando a la orilla por abajo del sillón
donde mamá toma sol.
Cazar una rama.
Trepar agarrado a las escobaduras la barranca.

Si te cruzás con una de las chicas la tenés que empujar,
pero te aburrís y te vas a revisar las botellas hundidas
con el culo roto y adentro pan, para que entren las mojarras.

El olor a nailon de la carpa
El suspiro del cierre cuando abren de afuera
y adentro resuena seco, como una campana de tela.

En esta carpa nadie duerme
Se escucha cómo afuera alguien prende un pucho
y mea, otro que en la hamaca toca la guitarra
Y rasguña las cuerdas
Y rasguña las cuerdas
Y rasguña las cuerdas.


(de “Joya”, Colección Chapita, Bs As, 2009)

Fernando Callero




Fernando Callero. Nacido en Concordia Entre ríos en 1971, desde 1990 radicado en Santa Fe y desde hace 13 años en Santo Tomé, ciudad que ama. Publicó el libro de cuentos “El ojo de Víctor”, Ediciones bajo la luna, 2000, “Ramufo di Bihorp”, poesía, Premio Provincial de Santa Fe, José Pedroni 2000. Por su cuenta: “Aniversario”, libro de poesía con cd de canciones del autor (escuchar en www.purevolume.com/yasnaia ) “El Amor”, “La cotilla de la lengua” y recientemente “Romance de Mario y Rosa” y “Poesía castellana”, ediciones artesanales al alcance de los que los soliciten. En www.purevolume.com/salvadorbachiller hay una audición de radio con canciones suyas y en www.elarbolencantado.blogspot.com una novelita de 1998 y cuentos nuevos. En octubre de 2006, Ediciones bajo la luna publicará “El espíritu del joven Borja”, novela marina.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Una Pelota Cuesta Abajo














Esa vez clavé la mirada
en el bajo envuelto en niebla
y me quedé un rato largo
colgado de eso verde y blanco
hasta que se me humedeció
el pelo. Después me di vuelta
para encarar la subida.

Ahora a veces me hago
el loco, pierdo el corazón,
me quedo callado con
la vista clavada en un punto sólido,
hasta que me saca una puteada:
se me cae el cigarrillo,
el cenicero, los pensamientos se desparraman
en el piso de tierra,
en la alfombra...
entonces vuelvo
para hacer un comentario,
para tranquilizar a mis queridos.

Pero sé quien soy, lo sé, cierro
los puños, me revuelco,
me arrastro, rompo un plato, un libro.
No puedo parar el llanto de una mujer,
no puedo parar de llorar,
nunca tuve huevos,
estoy triste ¿Cómo anda la cosa
por ahí? ¿Estás bien? Te quiero mucho.

Quisiera quedarme tranquilo, preparar
el mate, llamar por teléfono, no pensar,
no despabilarme, son órdenes:

levanto la vista
miro el cielorraso
cuento los pisos de los edificios las ventanas
la cantidad de gente en una esquina
en un piquete
en un colectivo
28 sentados
22 parados
el chofer.

Y me pica el cuero,
me molestan los mosquitos,
los bichitos colorados ,
el zumbido de los semáforos
para ciegos, el olor a pasto,

con el primer rocío me dicen hola
feliz cumpleaños y me besan.
Entonces bajo la vista
para mirarme el café con leche,
el olor a ropa nueva.

Me gusta pensar que soy
una pelota cuesta
abajo en una calle de tierra
en una mañana fresca y clara.
Me cuesta pensar que soy un pensamiento.



Damián Ríos

Nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en 1969. Desde 1991 reside y trabaja en la ciudad de Buenos Aires. En 2002 co-fundó el sello Interzona editora, que lo tuvo como director editorial hasta mediados de 2006. Sus poemas han sido recogidos en publicaciones como Poesía.com, Diario de Poesía y Los amigos de lo ajeno. Sus primeros libros fueron publicados en Ediciones Deldiego: La pasión del novelista, De costado, Habrá que poner la luz (novelita). Belleza y felicidad publicó Poemas perros. El sello Vox recogió poemas de todos sus libros y fragmentos de sus relatos y los editó en bajo el título de El perro del poema. Sus poemas han sido recogidos en las antologías Hotel Quequén (Sigamos enamoradas) y Polvo (Voy a salir...). En 2007 la editorial alemana Parasitenpresse antologó algunos de sus poemas y los publicó bajo el título de Überall das gleiche Licht.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

DONDE EL CIELO




A Yamil

Para quien comprende
el sentido de la orilla,
donde el agua y la tierra
se funden a lo largo
de un inquieto cielo
y se invaden mutuamente
en actitud de generosa renuncia
para que podamos recorrerla
encontrándonos en un universo
de fósiles y arena
donde cada piedra conserva
en su piel humana
el último adiós del mar.

Desde las orillas internas,
donde el cielo es camino y no meta.


Leonardo Kôstner

Leonardo Kôstner (Argentina, Entre Ríos, Paraná, 1979)




lunes, 21 de noviembre de 2011

EL NADADOR

















Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.
Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo
para tus lluvias mansas,
para tus fuertes lluvias,
para todas tus aguas.
Las aguas como lonjas de una piel infinita,
las aguas libres y la de los lagos,
que no son más que cielos arrastrados
por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas
aguas de los arrollos
se sostiene vibrante,
como en medio del aire.
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente,
dándoselo a aspirar
a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada
hasta las lluvias
de su infancia,
que a las tardes crecían
entre sus piernas salpicadas
como alto y limpio pajonal que aislaba
las casonas
y desde sus paredes
celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
por la memoria de las aguas
hasta donde su pecho
recuerda las pisadas,
como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo
rodaba hasta los ríos como un viento
y hacía el agua tan azul que el hombre
entraba en ella y respiraba.
Soy el hombre que nada hasta los cielos
con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.

(1967)



Héctor Viel Temperley


Héctor Viel Temperley. Nació en Buenos Aires, en 1933. Publicó nueve volúmenes de poesía: Poemas con caballos (1956), El nadador (1967), Humanae vitae mia (1969), Plaza Batallón 40 (1971), Febrero 72-Febrero 73 (1973), Carta de marear (1976), Legión extranjera (1978), Crawl (1982) y Hospital Británico (1986), escrito durante la enfermedad, contra la que luchó mucho tiempo hasta que le descubrieron un tumor cerebral y murió en el mismo Hospital Británico de la ciudad de Buenos Aires en 1987.


sábado, 19 de noviembre de 2011

El nadador





El nadador, filmado a paso lento,
dibuja un arabesco arañiforme
y en esa cifra quizás se identifica
su vida. Aquel que está en el trampolín
todavía está muerto, muerto el que regresa
nadando a la escalerilla, tras la zambullida,
muerto quien lo fotografía, no nació nunca
quien celebra la empresa.

Y además, ¿está vivo
el espacio del cual vive todo moviente?
¡Piedad por las pupilas, por el objetivo,
piedad por todo lo que se manifiesta,
piedad para el que parte y el que arriba,
piedad para el que alcanza o ha alcanzado,
piedad por quien no sabe que la nada y el todo
son dos velos de lo Impronunciable,
piedad por quien lo sabe, por quien lo dice,
por quien lo ignora y a tientas va en la sombra
de l as palabras.

(De Diario del '71 e del '72)




Eugenio Montale (Italia, Génova, 1896-Milán, 1981)




jueves, 17 de noviembre de 2011

EL TIEMPO ME ASEDIA











Tiempo, el tiempo me asedia
y circunda y arroja sobre playas atroces
e inalcanzables. El sol
es mi única salvación, oh el ansia
inmortal de saberme mortal.
Huir entonces hacia los cuerpos
los desvalidos cuerpos, caída en el ocaso
triste de mis sueños.
Estoy siempre vacío y solo: calzo
los veinte otoños y las primaveras
veranos. Soy más inmortal
que quien ruega en vano a un Dios
que no está.


Dario Belleza

(Traducción de Horacio Armani)


Dario Belleza. (Roma, 1944- 1996). Poeta, escritor y autor teatral italiano. La poesía de Bellezza está inspirada fuertemente en asuntos personales y autobiográficos, en especial su vivencia de la homosexualidad y su fascinación por los ambientes sociales más conflictivos. Un tema recurrente de su obra es la búsqueda obsesiva de un "bellissimo assassino" ("bellísimo asesino") entre drogadictos y prostitutos. Su obra denota la influencia de Pier Paolo Pasolini, Sandro Penna y de los poetas simbolistas. Entre sus libros de poemas se destacan: Invettive e licenze (1971), Morte segreta (1976), Serpenta (1987) y Libro d'amore, 1992.



martes, 15 de noviembre de 2011

Y DE PRONTO ANOCHECE













Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol
y de pronto anochece.

(De Acque e terre)

Salvatore Quasimodo

(Traducción de Horacio Armani)

Salvatore Quasimodo (Siracusa, 1901 - Nápoles, 1968). Poeta y ensayista italiano que en sus inicios se afirmó como uno de los exponentes más significativos del hermetismo, para más tarde crear un lenguaje poético muy personal con el que profundizó en la infelicidad humana a través de un clima evocador de viejos mitos. Después de realizar estudios técnicos en Messina, con dieciocho años se trasladó a Roma para inscribirse en ingeniería, pero, atraído por la literatura, abandonó pronto la carrera universitaria. Mientras estudiaba por sí mismo las lenguas latina y griega, ejerció trabajos tan distintos como dependiente, contable o diseñador técnico. En 1929 se trasladó a Florencia, donde su cuñado E. Vittorini lo introdujo en los círculos literarios y le presentó a E. Montale, que enseguida intuyó sus dotes. Allí empezó a colaborar en la revista Solaria y a publicar sus primeras colecciones de poesía. Más tarde se trasladó a Milán, donde inició su actividad editorial como ayudante de Cesare Zavattini, quien también le facilitó su incorporación a la redacción de la revista Tempo. En 1939 fue nombrado, por méritos propios, profesor de literatura italiana del conservatorio Giuseppe Verdi. Entre los numerosos premios que recibió destacan el San Babila en 1950, el Etna-Taormina junto a D. Thomas en 1958 y, sobre todo, el Nobel de Literatura en 1959. Formado en los preceptos de los poetas clásicos, en sus primeros libros -Aguas y tierras (1930), Oboe sumergido (1932), Y llega pronto la tarde (1942)- mostró una gran predilección por las formas concisas y herméticas, poniendo especial énfasis en la búsqueda de la palabra precisa y de los valores musicales. Temáticamente, estas composiciones se caracterizaban por una evocación nostálgica y conmovida de los paisajes de su tierra, Sicilia, entendida como lugar simbólico de una soñada serenidad. En esta época inició su intensa actividad como traductor, que resultó determinante para la formación de su estilo lírico. Además de autores clásicos como Virgilio, Homero, Catulo, Sófocles o Esquilo, tradujo también a W. Shakespeare, P. Neruda, Molière o P. Eluard. La experiencia de la guerra y de la ocupación alemana marcó un giro decisivo en su poesía, ya que, convencido de que los poetas debían asumir un importante papel en la reconstrucción moral del hombre, se alejó paulatinamente del hermetismo y se abrió a una mayor sensibilidad humana y a la búsqueda de valores histórico-sociales. Así lo reflejaron los libros Con Il piede straniero sopra il cuore (1946) y Día tras día (1947). La última parte de su obra refleja un sentimiento intimista, consecuencia de cierta decepción ante la historia, y una clara conciencia de su propia soledad. A esta época pertenecen La vida no es sueño (1949), El falso y verdadero verde (1956), La tierra incomparable (1958), libros en los que el estilo se muestra más transparente y esencial pero lleno de sentido trágico y dramático. También Dare e avere (1966), su última obra, que significa una especie de balance de vida y testamento espiritual. Además de su actividad poética desarrolló una importante labor de ensayista que le llevó a confeccionar las antologías Lírica de amor italiana desde su origen a nuestros días (1957) y Poesía italiana de la posguerra (1958). Sus ensayos críticos fueron publicados en el libro El poeta y el político (1960), que incluye el discurso que leyó cuando le entregaron el premio Nobel, mientras que en el volumen Escritos sobre el teatro (1961) se recogieron sus crónicas sobre el mundo del espectáculo aparecidas en la revista Tempo.


domingo, 13 de noviembre de 2011

El vidrio roto







Todo se mueve contra ti. El mal tiempo,
las luces que se apagan, la vetusta
casa que baten ráfagas y que amas
por el mal padecido, las fallidas
esperanzas, algún bien gozado en ella.
Sobrevivir te parece un rechazo
de obediencia a las cosas.
Y el romperse
del vidrio en la ventana es la condena.


(De Il Canzonieri)
Umberto Saba

(Traducción de Horacio Armani)

Poeta y novelista italiano nacido en Trieste en 1883.
Hijo de madre hebrea, adoptó su apellido en homenaje al pueblo judío. En 1903 inició estudios literarios en la Universidad de Pisa y en 1905 se trasladó a Florencia donde profundizó sus conocimientos sobre la literatura italiana. En el año 1910 publicó el primer volumen de sus versos, "Poesía". Se alistó en el ejército y al terminar la primera guerra mundial, se radicó en Trieste como propietario de una librería. En 1921 publicó una colección de poemas escritos durante veinte años bajo el título de "Canzoniere" seguidos de "Preludio e canzonette" en 1923, "Autobiografia" en 1924, "Figure e canti" en 1926, "Preludio e fughe" en 1928, "Parole" en 1934 y "Ultime cose" en 1944.
A partir de 1948 sufrió severas depresiones que lo obligaron a hospitalizarse en varias ocasiones.
Falleció en Gorizia en 1957. ©
Biografía tomada de "A media voz".

viernes, 11 de noviembre de 2011

La noche















Mas la noche ventosa, la límpida noche
que el recuerdo rozaba solamente, está remota,
es un recuerdo. Perdura una calma asombrada
hecha también de hojas y de nada. No queda,
del tiempo aquel detrás de los recuerdos, más que un vago
recordar.

Alguna vez vuelvo en el día,
entre la inmóvil luz del día de verano,
ese estupor remoto.

Por la abierta ventana
el niño contemplaba la noche entre los cerros
frescos y negros, admirado de hallarlos agrupados:
vaga y límpida inmovilidad. Entre las hojas
que susurraban en la sombra surgían colinas
donde todas las cosas del día, las costas
y las plantas y las viñas eran nítidas y muertas
y la vida era otra, de viento y de cielo,
de hojas y de nada.

Alguna vez retorna
enla quietud inmóvil del día la memoria
de ese vivir absorto, en la luz asombrada.

(De Lavorara stanca)
Traducción de Horacio Armani)



Cesare Pavese

Poeta y novelista italiano (Italia, San Stefano Belbo, 1950). Estudió filología inglesa en la universidad de Turín y, tras su licenciatura, se dedicó por completo a traducir a numerosos escritores norteamericanos, como Sherwood Anderson, Gertrude Stein, John Ernst Steinbeck y Ernest Miller Hemingway, así como a escribir crítica literaria. Fue uno de los fundadores de la editorial Einaudi, en la que permaneció como editor hasta su muerte. Sus escritos antifascistas, publicados en la revista La Cultura, lo condujeron a la cárcel, donde escribió sus propias obras. Durante la II Guerra Mundial formó parte de la Resistencia antifascista. La narrativa de Pavese trata, por lo general, de conflictos de la vida contemporánea, entre ellos la búsqueda de la propia identidad, como en La luna y las fogatas (1950), considerada como su mejor novela. En cambio, su más bello y escalofriante poema es, quizá, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951). Más tarde, en el año 1957, se creó un premio literario con su nombre para honrar su memoria. Algunas de las mejores y más conmovedoras páginas de Pavese se encuentran en su diario, que fue publicado póstumamente, en 1952, bajo el título El oficio de vivir. Pavese se suicidó en una habitación de hotel de Turín después de haber recibido un premio literario por su libro El bello verano (1950).



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Puente





Quiero que mis manos sean extensión de ti,
y que mis brazos se continúen en ti,
y que yo sea de ti, como lo es la arena, del desierto.

Para no quedar desierto de ti,
arena sin tu sol,
polvo solo.




Alternativas


Aunque me aparten de ti,
seguirás ardiendo en mi,
sobre mi,
royendo el hueso final de mi muerte.

Si me dejas, quedaré en ti,
como una astilla en carne viva,
doliéndote.

Si intentas olvidarme,
debes saber, que toda llama que enciendas,
caerá sobre ti, fatalmente derramada.

Y si después de todo, acaso me buscaras,
ya nunca me hallarás,
no amor mío.

No se ha hecho el día, para los célebres del miedo.



Hugo Toscadaray (Buenos Aires, 1957)






lunes, 7 de noviembre de 2011

EL JUEGO EN QUE ANDAMOS












Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.



Juan Gelman


Juan Gelman. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires —en el histórico barrio de Villa Crespo— en 1930. Su primera obra publicada, Violín y otras cuestiones, prologada entusiastamente por otro grande de la poesía, Raúl González Tuñon, recibió inmediatamente el elogio de la crítica. Considerado por muchos como uno de los más grandes poetas contemporáneos, su obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del "realismo crítico" y el intimismo, primeramente, y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Fue obligado a un exilio de doce años por la violencia política estatal, que además le arrancó un hijo y a su nuera, embarazada, quienes pasaron a formar parte de la dolorosa multitud de "desaparecidos". Ha recibido varios premios: "Boris Vian" (1987), Nacional de Poesía argentino (1997), Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000), el Iberoamericano de Poesía "Pablo neruda" (2005) , el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005) y el 23 de Abril de 2008 fue galardonado con el Premio Cervantes, el más prestigioso de la literatura en español. Actualmente, es columnista del periódico argentino Página/12. Ha sido traducido a diez idiomas. En su copiosa obra, merecen destacarse los libros de poemas: Violín y otras cuestiones (1956), Gotán (1956-1962), Cólera buey (1965), Los poemas de Syney West (1969), Interrupciones (1988) y En abierta oscuridad (1993), entre otros.


sábado, 5 de noviembre de 2011

He mirado

























He mirado un pequeño animal un poco grotesco.
Una figura casi de ciertos dibujos animados:
las orejas largas y el hocico todavía largo -

hacía pocos días que lo habíamos recogido del baldío.

No parecía un gatito, no, no parecía.

Y he sentido de pronto que en ese momento era mi vínculo
con un mundo vasto, vasto, de vidas secretas y sutiles,
de vidas calladísimas, a veces duramente cubiertas,
pétreamente cubiertas,
y también de las otras cercanas de la suya
manando - sin memoria, dicen - entre las sombras indiferentes y hostiles

- ay, las sombras hostiles y opresoras y sangrientas somos siempre nosotros
- hacia el sueño final ardiente todavía de otras vidas...

Pero en sí lo he querido, lo he amado
con mirada profunda y mano suave.
Y él me ha respondido con su gritito
desde su pesadilla ahora doblemente acariciada.
Reíos: me fundí con él, me hice uno con él
Como con el llamado vivo, vivo, que nos rodea, y tiembla en la sombra...
Y vi otros rostros, oh sí, vi infinitos rostros
de niños envejecidos en el horror de otra pesadilla.


Los rostros de los niños de los infiernos helados de las ciudades y los pueblos.
Los rostros de los niños, ay, de los campos, y de las orillas de los ríos.
Los rostros también afinados por el hambre, grotescamente afinados.
Y viejos, viejos, en las orillas de los ríos...
- Qué habéis hecho, por Dios, de nuestros propios tallos puros?


La caricia, sí, la caricia dolorosa para esas cabezas alargadas,

para esos pelos ásperos y sucios, para esos ojos pálidos y pequeños y arrugados,
y esas miradas tímidas que nos buscan desde la hondura de la noche común;
sí, la caricia; sí, la respuesta que se inclina delicadamente atenta.

Pero el amor, oh Buda, pero el amor, oh Cristo, pero la caridad, si queréis,
han querido, han debido ir hasta el fin
y ahora el camino seguro es suyo y la lámpara fiel también es suya...

(en “El aire conmovido”)

Juan L. Ortiz (Argentina, Gualeguay, Puerto Ruiz, 1896 -Paraná, 1978)



jueves, 3 de noviembre de 2011

Brahma

















Cuando quieres conocerlo, no puedes verlo.
No puedes sujetarte a Él,
pero tampoco puedes perderlo.
Cuando no puedes alcanzarlo, lo alcanzas;
cuando permaneces en silencio, Él habla;
cuando hablas Él permanece en silencio.
La gran puerta está completamente abierta a las almas
generosas
y ninguna multitud cierra el paso.


(Anónimo)

martes, 1 de noviembre de 2011

JACARANDÁ
























Pedían por tu gloria
el trigo flor, el lino
en las grietas
abiertas de Entre Ríos;
no era yo.
Lapachos.
Los últimos de Octubre,
las grevileas,
el río embarrancado;
equivocabas,
no era yo.
Erguido y lúcido,
justo en mi tiempo
desangrado de azul.
No era yo
quien te esperaba
impetuosa, ávida
de vientos y granizos,
nubarrones inhiestos,
lluvia de primavera.
No era yo,
celestidad vencida,
jacarandá
mi nombre.



Francisco Rodriguez (1950, Rosario, Reside en Paraná, desde 1978)


Jacarandá

Nombre vulgar: jacarandá, tarco, mimoso.

Nombre Científico: Jacaranda mimosifolia Familia: Bignoniaceas

Origen: Sudamérica, Bolivia, noroeste argentino, Brasil y Paraguay. En el litoral argentino naturalizada.

Características: árboles que superan los 15 m., hojas compuestas muy divididas caen las hojas antes de emerger las flores, estas en racimos a mediados de primavera, azul liliácea, el color varía con la claridad del día y la humedad. Frutos cápsulas redondas (semejantes a castañuelas).

Hábitat: se adaptan bien en lugares húmedos sufren los primeros años con las heladas. Usos: mueblería, infusión de hojas y corteza con principios antisifilíticos.