domingo, 6 de mayo de 2012

Dos poemas más de Wittner





Debajo de la sombrilla

Debajo de la sombrilla
varias tortugas moldeadas en arena
se yerguen e inician su camino hacia el mar.
Apuntando, tal vez, en dirección opuesta
nudos de histéricos cangrejitos negros
patalean al violento vaivén
de un baldazo de espuma estancada.

Vemos a otros –en fin: a nuestros hijos–
ocupar diestramente el espacio
reservado para momentos fundantes:
tomar la ola de frente,
dejarse mojar
los pies por lo que viene y va;
vencer el frenesí, flotar,
hundirse poco a poco en arenas movedizas,
emerger.

¿Quiénes nos creemos
al sol y desvestidos,
revolcados en los torrentes del amor?
¿Ambiciosos directores de una escena sobreexpuesta
manoteando recursos, utensilios?
O mejor: responsables
de, con un crudísimo presente,
ir armando el álbum de recuerdos.



Con Miguel

Aunque la luz de este momento sea un desconsuelo,
un relumbrón quemante que nos hace entender
por qué los amplios campos de pasto chamuscado,
que nos hace nombrar y querer ver
verdes campiñas –no sé, escocesas, provenzales,
algún terreno saciado de agua, mundos mullidos,
interesados, deseosos de crear, de no morirse–
el momento en sí mismo parece valioso,
se perfila poético, simbólico.
Partir terreno en dos con un auto frío,
que por fuera se enfrenta al viperino calor
sin más arma que un vulgar plateado;
que por dentro nos oye susurrar descripciones
o advertencias (“van los dos pájaros delante de nosotros”,
“¿son ésas viñas bebés?”) y acuna a nuestros niños
en el mullido mundo del asiento de atrás.

                            (de Balbuceos en una misma dirección, Gog y Magog, 2011)





Laura Wittner (Buenos Aires, 1967)


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