miércoles, 30 de enero de 2013

Si una mujer debiera ser el Mesías



Si una mujer debiera ser  Mesías
no sería un drama impresionante
sólo sería un evento leve e inadvertido
no podría no ser bello.
Tal mujer  seguramente diría poco
sobre  moral y religión
Tal mujer seguramente nunca  viajaría 
o  inspiraría un góspel.
Viviría en paz tímidamente
junto a  un lago y en ciertos días
se forzaría  en él con una angustia  casi divina
con la más femenina de las caricias
como llorando sin dejar marcas
de lágrimas no más maravillosas
que las de cualquier otra mujer.
Ella  no tendría ansias forzadas,
ni pocos amantes,
no haría trucos evangélicos
con piedras y palos
hasta emplearía el arte común
para ganar el corazón
de un hombre  común,
como cualquier mujer voluntariosa.
Y, como muchas otras mujeres,
su confesión sería guardada
cerca del  pañuelo, bajo la almohada donde duerme.
Podría ser adorada por sus habilidades domésticas
nunca les ocultaría sus  propias faltas
y  consentiría  sus  tonterías  secretas
Hablaría demasiado sobre sus sueños,
 le rezaría a un dios personal
lidiaría con  los hechos fuera del tiempo
sería dulce en el matrimonio y en la maternidad
¿quién se daría cuenta de su trabajo callado?
¿quién la llamaría una salvadora o hasta una santa?
¿quién la molestaría con una cruz o una iglesia?
Nadie lo haría.




Laura Riding (E.E.U.U. -New York, 1901 – 1991)



(Versión: Marina Kohon)


If a Woman Should Be Messiah

If a woman should be Messiah
It might not be an impressive drama,
It would be but a slight event and unsignaled
 It could not but be beautiful.
Such a woman would surely say very little
Of morals and religion.
Such a woman would surely never travel
Or inspire a gospel.
She would live at peace shyly
With a local lake and on certain days
Intrude some nearly divine distress
Upon it, with a most feminine caress
As of weeping spotlessly over it
In tears no more wonderful
Than any other woman's.
She'd have no unnatural hungers,
No fewer lovers,
Do no evangelical tricks
With stones and sticks,
Even employ the innate art
To win the ordinary heart
Of an ordinary man,
As any wilful woman can.
And, as with any other woman,
Her self-confession would be kept
Close to her kerchief, under the pillow where she slept.
She might be adored of her household.
She could never deny them her faults.
She would pamper her private follies,
Talk too much of her dreams,
Pray to a personal God,
Deal unhistorically with facts,
Be sweet in marriage and motherhood.
Who'd be aware of her quiet work?
Who'd call her a savior or even a saint?
Who'd trouble her with a cross or a church?
No one would.





lunes, 28 de enero de 2013

Cabeza, tronco y extremidades





Usted recordará a la mujer de la sombrilla rosa
que vivía en mi poema de entonces;
única, espléndida, se paseaba por las callecitas del texto.
Claro, el tiempo pasa, la vida.
Ahora se sale la mujer de la sombrilla rosa
en busca de la casa final.
Y llama que llama a la puerta la desvelada.
Y el guardia que no, lo siento.
Y que por favor, vengo de tan lejos.
No insista, no es posible.
Y le ruego, sea comprensivo.
Y que no, usted está viva,
debe cumplir con el requisito de morir.
Y ella que nada, por piedad, debo entrar,
traigo una gigante fatiga y debo conocer
el sitio donde me tumbaré para siempre.
Cede al fin el duro de la historia.
Agradece la mujer.
"Y la sombrilla ¿dónde debo dejarla?"





CRANEANA
(Visita guiada)

Día propicio, despejado. 
Desde el mirador abarcamos 
casi todo el territorio encefálico. 
Gris la sustancia del predio dominante, 
el resto, blanca.
Las calles - sinuosas- se dejan transitar 
sin mayor dificultad. 
Sobre la ladera oeste, 
casitas con luz de tiempo completo, 
y a oscuras otras de cuentos de terror. 
El panorama, reposado; 
salvo en las comisuras, con esos fosos 
protectores de centros palaciegos. 
Aquello, sobre la colina 
es la casa de Broca, donde se cocinan 
la primera y la última palabra. 
Día propicio éste, despejado. 
Fogoneros de incesante marcha 
en la pendiente temporal 
y lavanderas que vuelven 
-como siempre- cantando. 
A la izquierda, saltando la soga, 
las chiquitas
que se verán ancianas cuando anochezca. 
Ese otro, el muro occipital 
donde Goya alineó a los fusilados; 
y sobre el montículo del hipocampo,
junto al braserito,
el que calienta las manos
para apuntar letras de fuego.
Día propicio éste,
a cada lado del paisaje
-herrero pasional-
el Ludwig Van descarga martillos de furia
sobre el yunque negro del destino.
Y por allá, cerca de la grieta mayor
trepan la cuesta del regreso
gloriosos hermanos arrancados de los días.
Debe también saberse
que dentro de todo lo visto
arden ferroviarios compases.
En fin, hasta aquí el paseo;
ahora vamos a retirarnos,
oscurece
y todo lo nombrado debe descansar


(De "Cabeza, tronco y extremidades";
Ed. El mono armado, 2012)

Marcos Silber (Argentina, Buenos Aires, 1934)




sábado, 26 de enero de 2013

Entre dos álamos
















Ausencia de gorrión


Entre álamos plateados, frente al sauce
el árbol de las paltas es un monstruo desordenado
sus hojas groseras y algo rojas- grosellas- 
ellas resisten el viento, como un gigante montado 
en una percha endeble, espantapájaros en el que viven los pájaros
catapulta sus frutos, cremosos
que revientan en mi deseo de escapar 
a este mundo.
El carancho despliega sus alas inmensas y caoba
ha asesinado a los gorriones, mueren al costado de las ligustrinas
sus restos desparramados perfuman 
el poblado de los humanos.



Toca la tierra

Crecidos los árboles, parece que saludan al cielo
los álamos plateados, como plumas o penes
oscilan excitados por el viento, su costado de plata
parece que nos enriquece, sin tocarnos
cómo podría si llega tan alto, tan alocado.
El sauce, sin embargo, con su llanto
alarga sus guirnaldas, cabellera enrulada, llega al suelo
y es el que nos abraza y nos acaricia, 
su enredo de amor no miente 
nos toca de verdad, toca la tierra.


(Inéditos)

Romina Freschi





Romina Freschi. Poeta argentina (Buenos Aires, 1974).  Publicó redondel(1998), Estremezcales (2000), Petróleo (2002), El pe Yo (2003) y las plaquetas Villa Ventana (2003) y Solaris (2007), entre otros. Es egresada de la carrera de Letras por la UBA (Licenciada). Dirige la revista de poesía actual Plebella. Tiene un blog: Frescos.


jueves, 24 de enero de 2013

AYER DECÍAS MAÑANA


















HUYEN ¿adonde? 

los Caballos del Tiempo. 
Cuando en oscuro sitio indefinible 
nadie oye
            tu llamado
y en un infortunio de dios ciego 
ninguno te recuerda: 
¿Cómo es esto? ¿tu agenda 
no rebosa citas, nombres, fechas? 
¿Tanto menguó tu destello, 
no sos ya el hombre cuya camisa 
vuela blancor y era tu mujer 
una rosa de adviento entre colinas
donde aves de juventud 
claman al río Guayra?

Huyen, imposible retenerlos,
los caballos del Tiempo,
los padrillos de las venas de la enajenación.
De poco sirve hoy tu música, ni el
jazz ni el vino calman este
atardecer

en el que huye, rechaza tu fervor
el pura sangre del Tiempo.   Hoy no abrís
tu ventana de geranios, espías
la niebla de lo sin retorno, y se te hizo tarde, y
no te lo advirtieron.
Cuando el sol se ahoga en la maleza
del trópico innumerable.
Cuando amaste por la última vez.

El caballo del Tiempo jadea, se frena,
te aguarda.
Llora, como sólo llora un caballo.
Se va
llevándote a
dormir.






Croan las ranas en un pantano inexistente...
Miriam Cairo

ESTA es la noche, danzando sobre los álamos.
En el nocturno azufre vuelvo a ser
aquel que ni los íntimos amigos
adivinan.
Ellos acogen estas pálidas facciones
que los ángeles del ayer no soñaron.
Por eso
al aquí dejarte mí palabra:
las ranas del campo
(donde una vez me supe vivo)
vuelven a croar, son mis fieles escuderos
de la resurrección.

Cantan las ranas al tren remoto 
acribillado por el oro solar, a 
las nubes del encantamiento. 
Cantan a mi perplejo corazón. 
Croan las ranas, y mi vida 
obtiene en ello lo justo y necesario.

Adviene vuelto enigma
el canto de las ranas
y todo está muy bien, está todito
bien
muy bien.
¿Lo he dicho?:
Cantan las ranas
en su pantano inexistente, y
está todo en su sitio,
y muy muy bien
muy bien.



Jorge Ariel Madrazo




Jorge Ariel Madrazo (Buenos Aires, 1931) publicó los libros de poemas Orden del día (1966), La Tierrita (plaqueta, 1974), Espejos y Destierros (Caracas-Buenos Aires, 1982); Blues de Muertevida (1984); Cuerpo Textual (1987, 2do. Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires); Cantiga del Otro (1992, premio-publicación Ediciones del Dock), Piedra de amolar (1995), Mientras él duerme, en coautoría con el artista plástico Juan López Taetzel (Ediciones Lar, 1997), Testimonios de fin de milenio -Conversaciones con Elizabeth Azcona Cranwell (Ed.Vinciguerra, 1998) y Para amar a una deidad (Premio Fondo Nacional de las Artes y Fundacion Inca). En narrativa publicó Ventana con Ornella (1992). Tiene inéditos en este género la novela Gardel se fue a la guerra y los libros de relatos La mujer equivocada y Divagario. Publicó asimismo Breve historia del bolero (Caracas, 1980) y trabaja en el ensayo Grandes poetas olvidados. Ha traducido a autores ingleses y norteamericanos -entre ellos, inéditos de Allen Ginsberg, para el Centro Editor de América Latina-, y realizado versiones de poetas de la ex Yugoslavia. Organizó y condujo los ciclos "Poetas y Narradores" (1986 a 1995). Poemas suyos han sido vertidos al inglés, italiano y serbio-croata. Colabora en publicaciones del país y de Brasil, Colombia, Cuba, los Estados Unidos, España, México y Venezuela. Fue invitado fuera del país a los encuentros de poesía de Struga y Bieljo Polje (ex Yugoslavia), de Medellín y de Bogotá (Colombia, 1993 y 1995), al Seminario Internacional Ideamérica'95 (La Habana), al Congreso The Powers of Poetry(Universidad de Eugene, Oregon, octubre de 1996), a la VI Feria Internacional de Poesía de Bento Gonçalves (Rio Grande do Sul, Brasil) en 1998 y al Festival de Poesia de Las Palmas, Islas Canarias, en 1999 y 2001. Los poemas que presentamos perteceden al libro Ayer decías mañana, Ed. Ruinas circulares, 2012.






martes, 22 de enero de 2013

Cantos en la mañana vil




















1. Cosas/Oír/Rodar


I

No hay nada, sólo cosas.

No hay nada, las cosas tampoco.

Oír afuera un rodar de las cosas 
a la hora en que va a amanecer, 
oír un gasto que avanza.

Algo se ha roto o nunca estuvo, ¿era el alma? 
Cosas que ruedan, ahí afuera, no hay nada.



II

Así es que empieza la mañana: no con 
una explosión, con un bostezo.

Así es que otra vez todo se puso a rodar.

"Y no entres manso en eso que viene, rabiá", 
subía el ruido de lo que rodaba, y entré



III

Cerrando ahora la puerta
del ascensor, buscando
la llave de la calle, mirando el tránsito:
"perdí los años que iban a venir"

"Ahora estoy libre", pensé por un
momento,
como quien cae al agua de la mañana lo pensé.



IV

Viene el verano, viene con 
dolor de huesos,

viene con su estopa.

Sentado, en el recuerdo, frente a un mar 
siempre recomenzado, escribo

no con palabras
sino con sombra de palabras, filtraciones
de Un turbio noviembre.



V

"Amor", he escrito, yo no estoy acá. 
Amor se escribe en otro lado.



VI

Entre el crujido urbano, entre el 
venirse atrás del alma

Escribo contra lo mejor de mí

Para decirle que se cuide, que
no se vaya aún,
que lo que llega ante los ojos
es grande y crece como pasto en las ruinas
de lo que se llamaba el corazón



VII

Ahora, con el calor
que avanza,
tratando de aclarar un poco
las acumulaciones de la mente
oigo tu voz por el teléfono
como quien piensa "algo hay"
o "dónde estás"

y la mañana afuera es agua espesa, orín, 
luz que hace mal

Espero, quiero decirte, estés a salvo 
de los asedios de este mundo y otros.



VIII

Sol, además, ahí afuera eso, el sol, 
que sube afuera de nosotros 
Ya no es lo que llamábamos "el sol" 
ni "la vida" es la vida

¿Y entonces qué habla por esta boca, la muerte? 
¿Qué sobreimprime al sol esa palabra "sol" 
qué alumbra o hace como que alumbra ahí?



IX

"Alguna cosa que esté bien", iba a decirte 
o "pasarán por sobre mi cadáver"

Me preguntaba para qué escribir

Y no es que espere que respondan, escribo

"Tal vez aún crea" iba a decirte, 
pero algo se callaba atrás



X

"Atrás, atrás", como decía el pájaro.
¿Atrás de qué?
En realidad decía "vayanse"

Ventajas de la mala traducción: 

yo miro atrás a ver quién habla.



XI

No es que alguien hable, es que
lo quiero ver,
es que no entiendo que las cosas callen

es decir cosas qué hago afuera



XII

"Afuera, afuera" dicen las palabras. 
"Afuera", me preguntan, "de qué" 
No las escuches, yo me fui



XIII

Si la poesía, si la 
pura sensitiva sale 
a molestar, dejala

No es que esté bien ni mal: el alma 
se deja hacer para durar

Anda en la pura duración 
a falta de otra cosa, el alma



XIV


¿Y esa otra duración, el sol 
irrealizando la pared, el ruido urbano?

"Irrealizando" escribo "la pared", escribo "el ruido"
escribo "el ruido, la pared ¿y qué?
"
"Ahora" escribo, "y en la hora
en que lo niegue una vez más", 
escribo como quien
salió a perder: "no hay nada" escribo "que perder
No hay nada más que cosas, no hay nada",



XV

"No hay nada", dije, dispuesto a perder,
iba sin alma,
en medio de la mañana, entre los ruidos




(De: Sonidos de una fiesta ajena,
-Antología-Ed.Ruinas Circulares,
2012)


Daniel Freidemberg 



Daniel Freidemberg nació en 1945 en Resistencia (provincia de Chaco). Desde 1966 reside en Buenos Aires. Poeta, crítico literario y periodista. Cofundador de la revista trimestral Diario de Poesía, en 1986, integró su Consejo de Dirección hasta 2005. También ha escrito canciones con Juan "Tata" Cedrón, grabadas por el Cuarteto Cedrón. Publicó Blues del que vuelve solo a casa (Buenos Aires, 1973), Diario en la Crisis (Buenos Aires,1986), Lo espeso real (Buenos Aires,1996) y La sonatita que haga fondo al caos (antología, Santiago de Chile, 1997); Cantos en la mañana vil (2001); Noviembre (Plaquette, 2006) y En la resaca (2007) Ensayo: La poesía del Cincuenta (1981), La palabra a prueba (1993) y Cómo se escribe un poema (en coautoría con Edgardo Russo, 1994). Autor, además, de una veintena de antologías y de los estudios preliminares de, entre otros libros, Lunario Sentimental (de Leopoldo Lugones), Poesías completas (Evaristo Carriego), La calle del agujero en la media/Todos bailan (Raúl González Tuñón), Soledades y sonetos (Luis de Góngora), El gigante de ojos azules y otros poemas (Nazim Hikmet), Libertad y otros poemas (Paul Eluard), Cantos de vida y esperanza (Rubén Darío), Defensa de Violeta Parra y otros poemas (Nicanor Parra), Tifón (Joseph Conrad) y El vino generoso (Italo Svevo). Dirige la colección de poesía "Musarisca" de Editorial Colihue.






domingo, 20 de enero de 2013

El ruido del motor



















El ruido del motor te aturde
¿Vas a subir al auto?
¿A esgrimir movilidad cuando el aire que choca contra los árboles
se ha detenido y la violencia de las flores permanece encerrada
en un cuadro amarillo como el color de las enfermedades
                                               mortales? 
Otra vez vas a subir y a escuchar los alegatos a favor o en
contra de la belleza y de sus formas 
y de los que llevan sus formas hasta el límite 
el sonido de las gomas apretadas contra el piso 
Vas a perder la noción del tiempo 
ahora que el tiroteo -después del odio y de la fiebre- parece
                                           haber cedido
Rebajes a ciento veinte kilómetros por hora 
pájaros volando directo al parabrisas 
y el resplandor que cae sobre el pavimento mojado y los
campos al costado de la ruta 
Nada más, complejidades del bien 
y del mal





CONTINUUM


Bajo el discreto encanto de la pantalla japonesa
de la cocina escribo
la lista del supermercado
Trastos fundamentales meciéndose
en series interminables
Por la ventana dos hombres de pelo recortado hablan
y una multitud se detiene frente a la arenga
¡Convertíos antes de que la humedad
baje por los azulejos del templo!
La lengua sagrada de Wagner y siete metros de cintas
para atar mis manos
Limpio las costras de la fuente
Sonrío
Él todavía era joven y bello.





Silvia Camerotto






Silvia Camerotto. Poeta argentina. Nació en Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires), en 1959. Cursó la Licenciatura en letras. Traduce poesía del inglés. Dirige el blog De Sibilas y Pitias. Publicó "420 minutos de abstinencia" (Buenos Aires, Del Dock, 2008). Los poemas que presentamos fueron tomados de "La grosse fuge", (Buenos Aires, Del Dock, 2012).






viernes, 18 de enero de 2013

Palabras












No puede haber otra causa 
se han vuelto apócrifas 
tienen nombres falsos 
de cotillón 
o fiesta macabra

Se les ha subido la salinidad 
saturan a grados insólitos 
fríen 
ulceran

No puede haber otra causa
porque las digo y todas se vuelven hormigas
o conejos muertos
o llaves rotas
o mugre

Debe ser eso
que se traducen
en el camino trunco entre la lengua
y tu espejismo
que se les rompen las alas
que con su hilito de voz dicen mal

Será que no pueden ser dichas
porque otra lengua invisible
las tara
las perpetra contra una pared
y ahí se derriten
se secan

Casi les veo los soniditos
haciendo un hueco líquido
en un ángulo cualquiera de la casa


será eso
que son blasfemas
que hay un cielo caníbal
que entran en un abrazo enfermo
y se engripan
tiemblan
dan fiebre
envilecen la voz

Será que esta lengua nos calumnia 
que no significa

Y te veo los ojos de puñal que me miran los ojos de puñal 
como un ruido



Pamela S. Terlizzi Prina






Pamela S. Terlizzi Prina. Nació el 2 de Mayo de 1980 y es de Adrogué, Provincia de Buenos Aires. Es abogada y grafóloga forense, desde temprana edad se relacionó con la Literatura, tanto en poesía como en narrativa. Cursó talleres de cónica periodística y narrativa con Claudia Acuña y Laura Massolo respectivamente.
Es alumna del taller literario de Liliana Díaz Mindurri.
También ha integrado importantes Antologías, como "Borges Cortázar Ad Litteram" de Colisión Libros®, con el cuento "La confesión" y la III y IV edición de la Antología de Cuento y Poesía de esta casa Editorial con los cuentos "Náufraga" y "Si, gradas" y el poema "Unos dedos".En su labor de cronista escribe para la revista digital Culturamas.es desde la redacción Buenos Aires. El poema que publicamos pertenece a "Estado de espesura", su primer libro de poesía.


miércoles, 16 de enero de 2013

EL CANTO DEL GRILLO EN LA CASA




El canto del grillo en la casa,

en hora de tormenta e insomnio-
canto de condenado a muerte,
sin infancia, sin cántaro, sin crepúsculo:

el puro objeto lírico, 
a un costado del trueno.




RUEDA

Si de verdad lo habías olvidado 
-el círculo blanco, verde, rojo y amarillo
en ángulos, cubos, diagonales, 
ahora lo ves aquí y le dices, parando su girar 
en un punto: "Amarillo".
                      Es un otoño. 
Pero él sigue, vibrante 
-en un ala profética 
o en un piar- de nieves próximas 
y abejas en la flor.
               Rodando
por tus ojos, tu oído, 
tu lengua.




Alejandro Nicotra





Alejandro Nicotra. Poeta argentino, nacido en Sampacho, Córdoba, 1931. Ha publicado una decena de libros de poesía, entre los cuales los más recientes son: “Puertas apagadas” (Ediciones La Ventana, Rosario, 1976); “Lugar de reunión” (Taladriz, Buenos Aires, 1981); “Desnuda musa” (Alción, Córdoba, 1988); “Hogueras de San Juan” (El Imaginero, Miramar, 1993); “Cuaderno abierto” (Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2000) y “El anillo de plata” (Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2005). También pueden citarse las antologías “El pan de las abejas y otros poemas” (El Imaginero, Buenos Aires, 1983, con selección y estudio preliminar de Ricardo H. Herrera) y “Antología poética” (Fondo Nacional de las Artes, Col. “Poetas argentinos contemporáneos”, Buenos Aires, 2002), al igual que las compilaciones “Poesía (1976-1983)” (Alción Editora, Córdoba, 1994) y “Lugar de reunión. Obra poética 1967-2000” (Ediciones del Copista, Córdoba, 2004, Premio Consagración Letras de Córdoba 2003). Ha recibido, entre otras distinciones, el Premio “Esteban Echeverría”, de Gente de Letras (1991), el Premio Konex (1994) y el Premio Consagración de la Provincia de Córdoba (2003). Ha residido durante casi toda su vida en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra (Córdoba), donde es miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras.





lunes, 14 de enero de 2013

Du mouvement et l'immobilité de douve













La salamandra sorprendida se inmoviliza
y se finge muerta.
Ése es el primer paso de la conciencia en las piedras,
el mito más puro,
el gran fuego atravesado que es espíritu.

La salamandra estaba a mitad
del muro, en la claridad de nuestras ventanas.

Su mirada no era sino piedra
pero yo veía latir su corazón eterno.

Oh mi cómplice y mi pensamiento, alegoría
de todo lo que es puro,
cómo amo a quien encierra así en su silencio
la fuerza única de la alegría.

Cómo amo a quien se ajusta a los astros con la inerte
masa de todo su cuerpo,
cómo amo a quien espera a la hora de su victoria,
y retiene el aliento y se aferra al suelo.







Yves Bonnefoy 



(Traducción: Miguel Ángel Flores
y Mercedes Córdoba Magro)


Yves Bonnefoy (Tours, 1923). Escritor francés. Influida por Baudelaire, Mallarmé, Jouve y Sartre, su obra poética se caracteriza por su dimensión filosófica (Del movimiento y de la inmovilidad de Douve, 1953; Dans le leurre du seuil, 1975). Es autor de ensayos sobre arte y poética (Un rêve fait à Mantoue, 1967; Le nuage rouge, 1977; La Poésie et l'Humanité, 1984). En 1981 recibió el Gran premio de poesía de la Academia francesa. En los años noventa ha publicado muchas obras y diversos generos, entre las que destacan Entretiens sur la poésie 1972-1990 (1990), Alechinsky, les traversees (1992), La journée d'Alexandre Hollan (1995) y L'arriere-pays (1998).







sábado, 12 de enero de 2013

El amor después del amor



Vendrá un tiempo
en que, con gran júbilo,
nos saludaremos a nosotros mismos
ante nuestra propia puerta, frente a nuestro propio espejo,
y con una sonrisa ambos agradeceremos la bienvenida del otro,

y diremos, siéntate. Come.
Volverás a amar al extraño que fue tu yo.
Ofrécele vino. Obséquiale con pan. Devuélvele tu corazón,
a ese otro yo, al extraño que te ha amado

toda la vida, al cual ignoraste
por otro, que te conoce desde el fondo del alma.
Coge las cartas de amor que guardas en la estantería,

las fotografías, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Festeja tu vida.



Derek Walcott (Castries, isla de Santa Lucía, 1930) 






jueves, 10 de enero de 2013

Ahora te escribo desde el fondo del mar




HAY COSAS DE VOS que ignoraré por siempre.

Que cómo hiciste para sobrevivir al frío 
la noche en que el viento
voló tu techo.

Que cuánto esmero pusiste en reparar
los huecos de tu choza.

Que cuántos meses tenía tu hijo, 
el abortivo,
la mañana del crimen.

Que cuántos días separan 
las pascuas del perdón.

Que cómo es eso
de abrigarse con las ropas del abuelo
cuando se está solo y aterido.

El verano, también.

Que cómo fue dejarla ir.
Los pelos rojos y los ojos achinados.
El colectivo atestado de críos y pañales
camino a Bolivia.

Yo elucubro para saber
lo que no quiero que sepas.



VIENE CAMINANDO HACIA MI 
como de lejos
por el pasillo largo 
de la casa en ruinas.

Es de noche
y la luna
es un círculo inequívoco.

A merced de la luz y las sombras
con que ha dispuesto el tiempo
los huecos de ese techo
su cuerpo abatido
aparece
y desaparece.

Una luciérnaga abisal
que resplandece de noche.

Olga, 
le digo,
estos escombros ya
no son tu casa.
Ni vos sos vos.
Ni tu hijo es ya
mi padre.

Me sonríe como ausente
mientras junta pedacitos 
de revoque entre sus manos.

Me pide que le hable
de mi padre.

Impiadosa
le digo:

Es tu hijo 
y ha muerto hace una década.

Me mira 
y su parpadeo es
pesado y lento
como el ojo 
de una bestia milenaria.

Todo lo que es
ha sido,
agrego.

Y caminamos juntas
-pero a tientas-
la parte de la casa
que otrora fuera una cocina
repleta de familia.



AHORA TE ESCRIBO DESDE EL FONDO DEL MAR.

Un pez husmea sus narices en las mías.

Es rojo y en sus escamas ha pernoctado el 
sulfato.

Un hombre nada a lo lejos.

Desde la playa otro ha lanzado una red.

Un barco ofcial amedrenta las olas y avanza.

Desde arriba un policía grita por megáfono

el nombre de una mujer.


Es gracioso, pienso,

que se llame así:

“Estela”.



Sonrío. 

El pez abre grandes los ojos

y sonríe también.

Está contento.

Ha burlado a la red, al anzuelo, al señuelo.

(Los nombres de la cárcel).


Mueve jocoso las aletas 

y tras espiar el mundo submarino 

vuelve a mí ya como un perro 

que ha perdido a su amo.


Le digo: “Vamos”.


Y es hermoso ver su boca blanca

exudar burbujas transparentes.

La mujer que buscando han perdido

tiene enredado de liquen el pelo muerto.

Es verde y bella como una Ofelia.







(De: Praga en dos, Ediciones
La Eterna, Tucumán, 2012)

EL COLOQUIO DE LAS AVES


A Antonio Requeni

"Un pez nada 
a contrapelo del agua turbulenta
el río que lo conducirá al mar
si tiene suerte",
escribí.

"Tendré que consultarlo con los pájaros",
me dijiste
la noche que pensaste que había muerto
la poesía.

"¿Qué cosa?", pregunté
mientras brotaba
de tu brazo una pluma
y un destino.

"La poesía", respondiste
no a mí
al aire.

Acercándote 
besaste sin hablar
mi frente anonadada.

Y fue venia
la gota imperceptible
que posaste en mí
tal como el ave
que sedienta de río 
pica el agua
del pez lo mira
desde adentro.



[Extraído del libro "Como todo aquí"; en proceso de edición]



María Belén Aguirre (Argentina, Tucumán, 1977)







martes, 8 de enero de 2013

El teléfono de la casa paterna




















A LOS VIEJOS

                    a Lydia Szichman


A los viejos les gusta más que a nadie 
caminar bajo el sol en el invierno, 
tomar a largos sorbos té caliente 
y, cuando hay viento afuera, estar adentro. 
Si es que se cuece algo en la cocina, 
no se quieren mover de ahí los viejos. 
Poco antes de que el frío los encierre, 
aun sin saber porqué buscan el fuego. 
Y por eso a sus días los ocupan 
en tal parte calentadores, termos, 
carbón, estufas, edredones, gorros, 
mañanitas, bufandas y chalecos.




EL TELEFONO DE LA CASA PATERNA


a la memoria de mis padres Jane Szichman y Samuel Moisés Reches


Acabo de cambiar el aparato telefónico.

En la casa de mi infancia,
adonde he vuelto a vivir con mujer e hijos.

Desconectado, entre tornillos y pedazos de cable,
el aparato viejo parece esperar en la mesa del comedor
a que se proceda con él a un baño ritual.

Y ahí se está, como resto de un antiguo naufragio
que ha vuelto a tierra firme y se ha puesto a secar:
pierde su envoltura de cosa de humano
en el breve rato que necesita cualquier objeto depositado por
                                                      el mar 
para secarse de siglos de errar sumergido.

Muy pronto me parece que podría vacilar en decir para qué
sirve, 
qué fue, si es algo que ya estaba en la casa o si lo acaban
de traer, 
cuando durante cuarenta años por él llegaban y salían las
voces 
que tejieron la historia de un continente perdido en el que
yo fui hijo,
y mis propios dedos pequeños giraban su disco para llamar
a amigos de pantalón corto.
Muchas de las escenas centrales de la historia de mi primera
familia 
se constituyeron a su alrededor y al cabo de un rato se
disgregaron,
¡en este caleidoscopio donde cada pedacito de papel es un ser
humano!

Por él se anunciaron nacimientos de seres que muy pronto iban
a decidir exponer sus pechos a las balas de la tierra. 
Por él un día mi madre oyó después de cincuenta años 
la voz de su hermano soviético que acababa de llegar a Israel 
mientras en otra pieza esperaban su turno de hablar tías y tíos. 
Al volver a la pieza cada uno debía transmitir con la mayor
fidelidad
las pocas palabras dichas por el hermano mayor que se había 
quedado en Moscú porque ya era un hombre y
optaba por guerrear
mientras el padre rabino y la madre cuyo vientre había dado
diez veces a luz
decidían emigrar con todos los hijos que pudieran. 
Por él nos felicitaban por casamientos, 
-por el de mi hermano primero, por el mío después-. 
En los días que precedieron al de mi hermano, 
recuerdo las llamadas a la modista, a la confitería, a todo
lo que se alquilaba.
Por él dije mis primeras palabras de amor. 
El ocultó el temblor, el enrojecimiento, el rostro demudado 
y sólo dejó pasar las palabras casi puras. 
Por él mi padre anunció la muerte de mi hermano 
después de arrancar su tubo de las manos de mi madre 
para abreviar un llamado que los sollozos de mamá rota para
siempre
podían prolongar hasta la exasperación. 
Por él llamé y me llamaron amigos para decirnos, sin disculpas
ni preámbulos,
poemas recién terminados o un verso que acabábamos de modificar
en algo, 
en días en que no dudábamos, -¡y con cuánta razón entonces!-
de la incondicional disponibilidad del otro, 
de que al otro ese poema anunciado o ese verso imperfecto
lo habían mantenido en vilo con tanta intensidad como a uno
mismo.
Por él circularon conversaciones clandestinas 
con sus circunlocuciones y sus claves.
Las de mi hermano comunista primero, y luego, muchos años más 
más tarde, las de yo mismo comunista.

Finalmente, de los cuatro, fui yo quien lo desconectó.

Aunque el balance final de sus días entre nosotros no fue bueno, 
lo guardo con respeto junto a las herramientas en la oscuridad
de un placard.
Al depositarlo, roza levemente un obstáculo y vuelve a sonar
su campanilla.
No descubro razones para que yo quiera sacarlo alguna vez de
donde está,
pero me digo que las manos que un día lo hagan 
no tendrán motivo para actuar con extrema delicadeza 
y la campanilla sonará de nuevo.

Porque él reserva gotas de sonido para cuando yo mismo ya no
esté.



(De: Poesía reunida, 
Ruinas circulares, 2012)


Rubén Reches



Rubén Reches (Argentina, Buenos Aires, 1949). Poeta, autor-compositor-intérprete de canciones, profesor de francés. Fue miembro del taller literario Mario Jorge de Lellis. Vivió en Francia desde 1976 hasta 1980. Poesía: Arrabal de esferas (1984), Ed. "La Lámpara Errante". Tradujo diversas obras de narrativa (Victor Hugo, Flaubert), las poesías completas de Frangois Villon, poemas de Victor Hugo y de poetas del siglo XVII francés y letras de Georges Brassens. Grabó el disco "Canciones artesanales" para el sello Mandioca y un C.D. con sus traducciones de Brassens.