lunes, 30 de septiembre de 2013

Soy un silencioso
















Soy un silencioso. Me pregunto, gracias a la distancia que tomo, ahora, de mi vida, si este gusto pronunciado por el silencio no tiene su origen en la dificultad que, desde siempre, fue mía,  la de sentirme de algún lugar.
Antes de conocer el desierto, sabía que era mi universo. Sólo la arena puede acompañar una palabra muda hasta el horizonte.
Escribir sobre la arena, a la escucha de una voz de otro tiempo, abolidos los límites. Voz violenta del viento o, inmóvil, del aire, esta voz le sostiene la mirada. Le anuncia lo que lo agrede o aplasta. Voz de las abisales profundidades de las que usted sólo es el ruido ininteligible; la sonora o inaudible presencia.
Si le hiciera falta una imagen a la Nada, la arena nos la procuraría.

Polvo de nuestras ataduras. Desierto de nuestros destinos.



Edmond Jabès  (Egipto, El Cairo, 1912–París, Francia, 1991)

(Traducción Carolina Massola)


Je suis un silencieux. Je me demande, grâce au recul que je prends, maintenant, avec ma vie,
si ce goût prononcé pour le silence n’a pas son origine dans la difficulté qui, de tout temps,
fut la mienne, de me sentir d’un quelconque lieu.
Avant de connaître le désert, je savais qu’il était mon univers. Seul le sable peut accompagner
une parole muette jusqu’à l’horizon.
Écrire sur le sable, à l’écoute d’une voix d’outre-temps, les limites abolies. Voix violente du vent ou, immobile, de l’air, cette voix vous tient tête. Ce qu’elle annonce est ce qui vous agresse ou écrase. Parole des abyssales profondeurs dont vous n’êtes que l’inintelligible bruit ; la sonore ou l’inaudible présence.
S’il fallait une image au Rien, le sable nous la fournirait.
Poussière de nos liens. Désert de nos destins.



sábado, 28 de septiembre de 2013

ANCHOAS


No.
Anchoas en el río no hay
me dijiste
serio, seco, descreído de mí y de mi aguada palabra.
Y me cebaste un mate, amargo, lavado, y me dijiste Imposible, niña, gurisa, la anchoa es un pez de mar, no de río, de mar, como la caballa.
Y yo, que no sé de hábitats marítimos pensé qué lindo montar una caballa y salir a cabalgar entre las olas, qué lindo, cómo ir a cuestas de una raya bordeando las orillas...
Y me dejé llevar por tu sapiencia y te cambié de tema.
Entonces nos inundaron los colores y la luna nos dejó en silencio a los dos y te dejaste acariciar y me dejé tocarte. Y te dejé entrar en mí. Vos y tu conocimiento de la fauna, tu breve pasión por lo salvaje. Vos, entrando en mí con delicada furia mientras el bote se ladeaba de un lado al otro, de un lado al otro, de un lado al otro, y la luna, cubriendo la noche con su aliento blanco y el río, tibio caminante debajo de nosotros, de nuestro amor desnudo, de nuestro húmedo amor.
Algo sentíamos. Algo que iba más allá de la noche, más allá del lugar, del sexo ligero y cálido como el verano, como la ropa del verano, algo que andaba en el agua, que se movía además o también en el vaivén de nuestro abrazo.

Anchoas pensé. Anchoas te dije.



POEMA DE ESTACIÓN

Quizás,
en un año o dos,
te cases.
Y alquiles una casa
en Carupá,
cerquita de la estación.
Y salgas con un
vestido de flores al
patio
y con una palangana roja,
a tender las sábanas
al sol.
Y el sol,
quizás te atraviese en tu
patio en Carupá y
entibiezca tu panza
de niño adentro y tu
sonrisa gris.
Quizás sea así.
Un momento breve,
de tu vida futura,
quizás sea así.
Tu marido no te sorprenderá
con flores y
alguna vez te será infiel.
Y no se reirá como
quisieras.
Pero serás feliz.
Inexplicablemente,
serás feliz.



MUJERPAÍS

Esa mujer
que se sube al 59 esta mañana
es el país de Panamá.
Y cuando sube
sube también
todo el país de Panamá.
Una mujer linda
con perfume a país
con mirada de mar
con azaleas entre las uñas.
Esa mujer
lleva consigo todo un país
todo el perfume de un país
lejano (y hermoso)
hasta Cabildo
y Lacroze.



SÁBADO

Nada más lindo
que el olor de la leche tibia
girando en la olla y afuera
el frío.
Nada más lindo
que el sonido de la cuchara de madera
golpeando el aluminio
haciendo girar
la leche blanca
haciendo girar
el mundo
entibiando
el mundo
una mañana  de sábado
porteño
y vos.



DOMINGO

Una mañana de domingo
de invierno al sol.
Descalza.
En una reposera verde
con un perro gigante que
me acerca su cabeza para acariciar.
Una mañana helada
pero llena de sol
debajo del timbó
con el mate humeando,
el diario del domingo abierto
en mi falda,
el olor a lavanda,
el murmullo del río cerca.
Una mañana
de sol
de invierno
con un colibrí detrás mío,
una abeja,
el pasto verde alrededor.
Una canción de Compay
que viene de la cocina en donde
el almuerzo está
comenzando a existir.
Un pájaro que mira
escondido entre las ramas
de los eucaliptos.
Un bicho bolita
acurrucado en la galería.
Un sorbo de agua caliente y,
entre la yerba,
mojada,
la felicidad.


Cecilia Rossi


Cecilia Rossi nació en Concordia, Entre Ríos, en 1983, en donde reside, luego de vivir varios años en Buenos Aires. Es profesora en Letras, egresada del IES N*1 "Alicia Moreau de Justo" (CABA). Trabaja como docente de nivel secundario. No tiene libros plantados ni árboles publicados, aunque sí tiene un hijo, Antú. Actualmente asiste al taller de lectoescritura de Marcelo Leites. 




jueves, 26 de septiembre de 2013

Las palomas













Hay que ponerse rápido las medias
porque el piso de piedra está frío; en la cocina
desayunamos leche, pan con manteca y miel,
después salimos a cazar palomas
con nuestro rifle de aire comprimido,
mi hermano y yo con menos de once años
y con botas de goma, camisa gruesa a cuadros y balines
en el bolsillo —dos o tres,
los próximos a usar, van en la boca.
Vamos dejando huellas en la helada que empieza a deshacerse,
vamos alerta entre las ramas de los plátanos,
los altos eucaliptos, el nogal, las casuarinas,
los álamos del haras, la pileta,
un tiro cada uno, caminando,
señalando de a ratos las copas del otoño.

Después, detrás del lavadero, entre frutales,
las desplumamos y las destripamos:
sosteniendo en la izquierda el peso tibio
vamos sacando plumas con la otra,
las más largas y duras en la cola y el ala,
las fáciles del pecho, las cortinas
y oscuras de la espalda, las más suaves
en el flanco, debajo de las alas en la axila;
van quedando en los yuyos enredadas hacia el lado del viento,
pegadas en las manos, suspendidas del aire
cuando se arremolina de repente;
después vamos vaciando el cuerpo, mucho más chico
ahora en relación a la cabeza: primero el buche,
a veces con semillas de girasol intactas que se pueden comer,
apenas agrias, y metiendo con fuerza los dedos hacia arriba
donde termina el esternón, girándolos
dentro del cuerpo todavía caliente, agarrando y tirando para abajo,
arrancamos los largos intestinos y la panza, sacamos los pulmones
como una esponja rosa pegada a las costillas,
los riñones, el hígado, el quieto corazón,
que los perros atrapan sin que toquen
el suelo; en la canilla lavamos las palomas
y les cortamos la cabeza, las atamos
subidos a un banquito de la pata a un alambre hasta la noche.

Las manos queman por el frío del agua, 
brillan los cuerpos en el aire, al sol; la vida 
es material, y la materia 
es difícil, sagrada.



Alejandro Crotto




Alejandro Crotto nació en Buenos Aires, en 1978.   Poeta y traductor. Administra el blog http://losporquesdelarosa.blogspot.com.ar/,   dedicado a la poesía y a la traducción. Publicó "Abejas" (2009) y  Chesterton (2013), ambos en la editorial Bajo la luna.





martes, 24 de septiembre de 2013

Construcción de cenizas











VIII

Suspiro en una caña rota y eso se llama cantar - partir, olvidar.

XXV

Vos también caminás deslucido
en una hilera de hombres iguales
y bajás por las calles y odiás los edificios
y vas hacia ninguna parte?

También vos te perdés en las vidrieras
en el río sin forma en la imagen del espejo?

La memoria, hasta cuándo 
vas a permitir ese desecho?


XXX

Por qué quisiste captar
los rayos del sol sobre las plantas
una imagen del tiempo que huye?
Por qué lanzar hacia el futuro
                 hacia otros hombres
                   una lengua para pocos y exhausta?
Ahora
         la luz opaca del sol en un día de lluvia
         te recuerda los amigos que perdiste
         las mujeres que olvidaste por seguir
         un destino improbable
         la ausencia o ilusión
          de ser                         sin más o ser
                                         tu propio personaje



EL PATIO DE OLIVOS


En el patio el aroma de las plantas regadas.
En el aire la tristeza del crepúsculo.
En las manos una copa de vino, exhausta.
Inútil decir que hay un rostro que me espera.
La lluvia cae a intervalos, exacta.
El cielo respira a intervalos, lento.
La pasión una flor que se cierra, calma.
No es en vano traer esta imagen al tiempo
sin tiempo de las páginas blancas:
tus ojos dibujados, tus manos, y el silencio.


Mariano Pérez Carrasco




Mariano Pérez Carrasco (Buenos Aires, 1978). Ensayista, traductor y poeta, publicó entre otros los libros de poesía "Poemas mecánicos" (2007), "La resignación y el anhelo" (1999), "Poeta pop" (2005) y Construcción de cenizas (2009). Publicó el ensayo "Pornografía" (2007) y tradujo el "Convivió" y las "Rimas" de Dante Alighieri. Colabora en la revista Hablar de Poesía. 



domingo, 22 de septiembre de 2013

Poema blanco





Para escribir el otro poema,
el que no vaga
ni se hunde agazapado
en los abismos infernales del bosque
a suicidarse,
                        El verso de nieve,
Tengo Tu nombre.

Palabras que acompañan al carro del alba.



EL DESPOJADOR


No se trata de acumular palabras
Poemas libros
Premios casas
Sino de sacarse
Arrojar
Las palabras
Los libros
Los premios
Y las casas
Para que algún vagabundo
O loco o noctámbulo o suicida
Las encuentre en esa esquina gris
Por donde siempre pasa.



ENTEN ELLER

Este
indeciso
oleaje que soy
pronto
me dejará
en alguna
de las dos
orillas.



Ezequiel Ambrustolo (Lomas de Zamora, Buenos Aires, 1983)






viernes, 20 de septiembre de 2013

La cabecera de la cama













1

Los oigo a través de los párpados por debajo del oscuro cristal, 
Árboles se mecen en su andrajoso follaje, adentrándose 
En el frágil sueño del viento que ronca.

Un sueño de bosques muy dentro del sueño
Como pájaros encaramados en lo alto del ominoso bosque,
Pensativos sobre las quebradas hojas, pudieran hablar de

Cómo elevarse más allá del dolor de la rama desgajada 
Que fluye y palpita no al ritmo de la bahía 
Sino al compás de oscuras arboledas, como si

Un ave en vuelo herido se desplazara a sitios 
Cubiertos, huyera y regresara a intervalos, 
Marcada por quebrados hálitos bramando

Al compás de su aliento, oídos dentro de su propio bosque,
Su propio hondo bosque, donde ondulantes, las primeras palabras
Nacen, envueltas en capullos que lentos se abren.



10

Más allá de las frías montañas azules y más 
Aún, andaremos las pálidas colinas cuando 
Las sombras abandonen los montes

Y la silenciosa luz del mediodía, inmutable durante 
Horas, días, sea atravesada solo por nuestras 
Desleídas manchas, solo por el tenue

Canto del grillo. Entonces, lo que oímos se
Convierte en lo que vemos, el gris; el viento cercándonos;
El hálito del álamo; las tristes lápidas, a la espera.

¿Había espacio? Había espacio
Para alcanzar el fin del verano donde
En racimo, las uvas azules penden de una campana rota,

O a lo lejos, allá, en el campo, el enjambre 
De abejas en un casco de metal fabricando 
Miel, gotas de bronce, bálsamo luminoso.


John Hollander
(Traducción: Jeannette L. Clariond)

1

Heard through lids slammed down over darkened glass, 
Trees shift in their tattered sheets, tossing in 
Shallow sleep underneath the snoring wind.

A dream of forests far inside such sleep
As wakeful birds perched high in a dread wood,
Brooding over torn leaves, might mutter of

Rises over the pain of a snapped twig
That ebbs and throbs not with a shore rhythm
But with the pulsings of dark groves —as if

A bird of hurting swept over hooded 
Places, fled, and at intervals returned— 
Clocked by the broken aspirates roaring

Along their own wind> heard within their wood, 
Their own deep wood, where, fluttering, first words 
Emerge, wrapped in slowly unfolding leaves.


10

Beyond the cold, blue mountain and beyond 
That, we shall wander on the pale hills when 
Shadows give over bending along the

Slopes, and the silent midday light, unchanged 
For hours and days, is pierced only by our 
Two moving specks, only by the cricket's

Warm humming. Then, what we hear becoming 
What we see, the gray; the wind enclosing; 
The poplars' breath; the sad, waiting chambers.

Will there have been room? There will have been room 
To come upon the end of summer where 
Clustered, blue grapes hang in a shattered bell,

Or there, in a far, distant field, a swarm 
Of bees in a helmet, metal yielding 
Honey, balmy drops glistening on bronze.






John Hollander poeta y crítico literario norteamericano , nacido en 1929. A partir de 2007, es Profesor Emérito de Inglés en la Universidad de Yale . Los padres eran inmigrantes judíos. En la ciudad de Nueva York , Hollander, asistió al Columbia College, donde estudió con Mark Van Doren y Lionel Trilling. Después de graduarse, vivió algún tiempo escribiendo notas para los álbumes de música clásica antes de obtener un doctorado en la literatura. Hollander reside en Woodbridge, Connecticut , desde finales de 1980. También es traductor del Yiddish. Estos son algunos de sus libros: Un estrépito de las espinas (1958), Philomel (1964) "text cantata" para la composición del mismo nombre del compositor estadounidense Milton Babbitt,  Imágenes de voz (1970) crítica; The Mirror (1971); La cabecera de la cama (1974), Harp Lake (1988), Animal Poems (1994) y Un Proyecto de la Luz (2008).




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Al alma




Hay alguien ahí
si es así
eres real
en cualquier caso eres
una o varias
si lo último
eres todas a la vez
o haces
turnos para no contestar

es tu respuesta
la interrogante en sí misma
sobreviviendo a la pregunta
sin fin
de quién es la pregunta
cómo comienza
de dónde viene
cómo es que
te descubrió
más allá del ruido
interior
con solo su ignorancia
por delante



De cómo somos perdonados


A mitad del verano antes del alba una luz naranja regresa a los
                                                          montes
Como un inmenso peso y los pequeños pájaros gimen 
Y la sostienen



William Stanley Merwin (Nueva York, 1927).



(Traducción: Jeannette L. Clariond)

TO THE SOUL

Is anyone there
if so
are you real
either way are you
one or several
if the latter
are you all at once
or do you
take turns not answering

is your answer 
the question itself 
surviving the asking 
without end 
whose question is it 
how does it begin 
where does it come from 
how did it ever 
find out about you 
over the sound 
of itself
with nothing but its own 
ignorance to go by



How We Are Spared

At midsummer before dawn an orange light returns to the
                                                 mountains
Like a great weight and the small birds cry out 
And bear it up




lunes, 16 de septiembre de 2013

DOS ESCENAS















Nos vemos como en realidad nos comportamos:
Desde cada esquina nos llega una singular ofrenda.
Llega el tren con su carga de alegría;
Las chispas que despide iluminan la mesa.
El destino guía al capitán, y eso es destino.
Hacía tiempo que no escuchábamos tantas noticias, ruido tal.
Era un día cálido y placentero.
«Te vemos en tu cabellera,
Aire que reposas en la cresta de los montes.»



Una fina lluvia engrasa la maquinaría del canal. 
Este es quizá un día de común honestidad 
Sin precedente en la historia de este mundo
Aunque sus vahos carezcan de un sello propio 
Y estén tan secos como la miseria. 
Indescriptibles unidades giran sobre un anciano 
A la sombra azul de unas latas de pintura 
Mientras sonrientes cadetes dicen: «En el crepúsculo 
Todo tiene su hora, si sabes reconocerla».


John Ashbery (E.E.U.U., Nueva York, 1927)



(Traducción: Jeannette L. Clariond)

Two Scenes

We see us as we truly behave:
From every corner comes a distinctive offering.
The train comes bearing joy;
The sparks it strikes illuminate the table.
Destiny guides the water-pilot, and it is destiny.
For long we hadn't heard so much news, such noise.
The day was warm and pleasant.
«We see you in your hair,
Air resting around the tips of mountains.»



A fine rain anoints the canal machinery.
This is perhaps a day of general honesty
Without example in the world's history
Though the fumes are not of a singular authority
And indeed are dry as poverty.
Terrific units are on an old man
In the blue shadow of some paint cans
As laughing cadets say, «In the evening
Everything has a schedule, if you can find out what it is.»





sábado, 14 de septiembre de 2013

Guía




        No puedes alcanzar la unidad y permanecer materia: 
en tal percepción no hay un perceptor:
     cuando la alcanzas 
has ido demasiado lejos:
        en el Origen estás en la boca de la Muerte:

no puedes
   retroceder 
en lo Absoluto: no hay entradas ni salidas
        ni precipitaciones de formas 
para utilizar a modo de tenazas y asir lo amorfo:
   no hay libertad para elegir:

para ser
        tienes que dejar de no-ser y romper con 
lo que es para fluir y
    este es el pecado que lamentas y alabas: 
el origen es tu pecado original:
         el regreso que anhelas aliviará tu culpa 
y alcanzarás tu anhelo:

    el viento que es mi guía dijo: 
debería haber sabido
        ceder todo al ser eterno menos 
el rumbo:

cómo dije puedo estar alegre y triste: pero el hombre
    se apoya en un pie y luego en el otro: 
sabiduría sabiduría:
       estar alegre y triste a la vez es también unidad 
y muerte:
sabiduría sabiduría: el durazno en flor florece en un árbol 
particular en un día particular:
la unidad nada puede hacer en particular:

son estos pensamientos los que quieres que piense pregunté pero 
el viento se había ido y ya no había más conocimiento.



Archie Randolph Ammons (E.E.U.U., Carolina del Norte,1926-2001)

(Traducción: Jeannette L. Clariond)

Guide

You cannot come to unity and remain material: 
in that perception is no perceiver:
when you arrive 
you have gone too far:
at the Source you are in the mouth of Death:

you cannot
turn around in 
the Absolute: there are no entrances or exits
no precipitations of forms 
to use like tongs against the formless:
no freedom to choose:

to be
you have to stop not-being and break 
off from is to flowing and
this is the sin you weep and praise: 
origin is your original sin:
the return you long for will ease your guilt 
and you will have your longing:

the wind that is my guide said this: it 
should know having
given up everything to eternal being but 
direction:

how I said can I be glad and sad: but a man goes
from one foot to the other: 
wisdom wisdom:
to be glad and sad at one is also unity 
and death:
wisdom wisdom: a peachblossom blooms on a particular 
tree on a particular day:
unity cannot do anything in particular:

are these the thoughts you want me to think I said but
the wind was gone and there was no more knowledge then.





jueves, 12 de septiembre de 2013

Las auroras de otoño



VIII

Siempre habrá un tiempo para la inocencia. 
Nunca hay un lugar. O si no hay un tiempo, 
Si no es cuestión de tiempo, tampoco de lugar,

Que exista solo por esta idea,
En sentido adverso a la calamidad, no es por ello
Menos real. Para el más viejo y frío de los filósofos,

Hay o debería haber un tiempo de inocencia 
Como principio puro. Su naturaleza es su fin, 
Que debería ser, y tal vez no ser, aquello

Que llama a compasión al hombre compasivo, 
Como un libro en la noche, bello pero irreal, 
Como un libro al amanecer, bello y real.


Es como algo etéreo que existe 
Casi como predicado. Pero existe, 
Existe, es visible, es, es.

Así, estas luces no son un hechizo de luz, 
El decir de una nube, sino inocencia. 
Una inocencia de la tierra y no falsa señal

O símbolo de malicia. De ella participamos,
Inclinados como niños en su devoción,
Como si, despiertos, reposáramos en la quietud del sueño,

Como si una madre inocente cantase en la penumbra 
De la habitación, y un acordeón apenas percibido, 
Nos preparase un tiempo y un espacio donde respirar...



Wallace Stevens (E.E.U.U., Pennsylvania, 1879-Connecticut, 1955)



(Traducción: Jeannette L.Clariond)

VIII

There may be always a time of innocence. 
There is never a place. Or if there is no time, 
If it is not a thing of time, nor of place,

Existing in the idea of it, alone,
In the sense against calamity, it is not
Less real. For the oldest and coldest philosopher.

There is or may be a time of innocence 
As pure principle. Its nature is its end, 
That it should be, and yet not be, a thing

That pinches the pity of the pitiful man, 
Like a book at evening beautiful but untrue, 
Like a book on rising beautiful and true.


It is like a thing of ether that exists 
Almost as predicate. But it exists, 
It exists, it is visible, it is, it is.

So, then, these lights are not a spell of light 
A saymg out of a cloud, but innocence 
An innocence of the earth and no false sign

Or symbol of malice. That we partake thereof, 
Lie down like children in this holiness 
As if awake, we lay in the quiet of sleep,

As if the innocent mother sang in the dark 
Of the room and on an accordion, half-heard, 
Created the time and place in which we breathed.





Wallace Stevens. Poeta norteamericano nacido en Reading, Pennsylvania, en 1879. Hijo de un prestigioso abogado, tuvo acceso a una esmerada educación en Reading Boys' High School, en Harvard College,  y posteriormente en New York Law School, donde se graduó como abogado en 1903,  y ejerció luego como miembro del consejo legal de una compañía de seguros. Aunque algunos de sus mejores poemas están contenidos en "Harmonium" 1923, "Ideas de orden" 1935, "El hombre con la guitarra azul" 1937, y "Las auroras de otoño" 1950, sólo fue reconocido internacionalmente cuando publicó los "Poemas completos" en 1954.Es autor también de un importante volumen de ensayos (El ángel necesario, 1951).En 1946 fue aclamado por el Instituto Nacional de Artes y Letras. Entre los galardones obtenidos merecen destacarse  el  Premio Bollingen  1950, y los premios Pulitzer y National Book Award en 1955. Falleció, víctima de un cáncer en agosto de 1955.