martes, 31 de diciembre de 2013

AÑO NUEVO













Es invierno y año nuevo. 
Nadie te conoce.
Lejos de las estrellas, de la lluvia de luz, 
Descansas bajo la rocosa estación. 
No existe hilo que guíe tu regreso. 
Tus amigos dormitan en la oscuridad 
Del placer sin poder recordar. 
Nadie te conoce. Eres el vecino de nada. 
No ves caer la lluvia ni al hombre que se aleja, 
El sucio viento esparciendo sus cenizas sobre la ciudad. 
No ves el sol arrastrando a la luna como un eco. 
No ves el herido corazón alzarse en llamas, 
Los cráneos de los inocentes tornarse en humo.
No ves las cicatrices de la abundancia, los ojos sin luz. 
Todo ha terminado. Es invierno y año nuevo. 
Los humildes se despojan de su piel en el cielo. 
Los desesperanzados padecen el frío con los que nada tienen que
                                                     ocultar.
Todo ha terminado y nadie te conoce.
Hay una luz estelar deslizándose en el agua oscura.
Hay piedras en el mar que nadie ha visto.
Hay una ribera y gente esperando.
Y nada retorna.
Porque todo terminó.
Porque en vez de un nombre hay silencio.
Porque es invierno y año nuevo.





Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá 1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)

(Traducción: Jeannette L.Clariond)

The New Year

It is winter and the new year. 
Nobody knows you.
Away from the stars, from the rain of light, 
You lie under the weather of stones. 
There is no thread to lead you back. 
Your friends doze in the dark 
Of pleasure and cannot remember. 
Nobody knows you. You are the neighbor of nothing. 
You do not see the rain falling and the man walking away, 
The soiled wind blowing its ashes across the city. 
You do not see the sun dragging the moon like an echo. 
You do not see the bruised heart go up in flames, 
The skulls of the innocent turn into smoke. 
You do not see the scars of plenty, the eyes without light. 
It is over. It is winter and the new year. 
The meek are hauling their skins into heaven. 
The hopeless are suffering the cold with those who have nothing
                                                    to hide.
It is over and nobody knows you. 
There is starlight drifting on the black water. 
There are stones in the sea no one has seen. 
There is a shore and people are waiting. 
And nothing comes back. 
Because it is over.
Because there is silence instead of a name. 
Because it is winter and the new year.






domingo, 29 de diciembre de 2013

LO QUE LAS PIEDRAS DICEN












Tanto a mi hijo como a mí 
nos gustan mucho las piedras 
también a mi padre 
sospechamos que guardan algo 
en su memoria 
y que han visto lo posible 
desde la inmovilidad 
y podrían contar 
atractivas aventuras 
Nadie nos dijo que así fuera 
es un augurio genético 
y lo vamos transmitiendo 
cópula mediante 
de generación en generación 
Cuando mi hermano 
venga a visitarnos 
sé que saldrá a juntar piedras 
y dirá ¿viste esta? ¿y esta? 
y traerá las que supone 
fueron árboles o raíces 
o querrá encontrar incrustado 
el resto fósil de un pez 
o de un escarabajo 
y se las llevará a su casa 
más allá del peso y del color 
o de que antes hayan sido 
pez, vegetal o escarabajo 
y por las noches 
esperará en silencio 
como los demás 
que ellas le hablen.


Fernando Belottini



Fernando Belottini. Narrador, dramaturgo y poeta argentino, nació en San Jorge (Santa Fe) en enero de 1962, pasó su infancia en María Susana (Santa Fe), su adolescencia en Las Parejas (Santa Fe) y trató, con variada suerte, de hacerse adulto en Rosario (Santa Fe), luego vivió en Córdoba y desde abril de 2000 reside en Concordia (Entre Ríos). Es Contador y trabaja para una empresa que elabora jugos concentrados de cítricos. Es autor de varios libros de cuentos y tiene una novela inédita. Fue distinguido con numerosos premios.


RECOMIENDO su página CASI TODO, donde podrán leer cuentos, poemas y su biografía completa.



viernes, 27 de diciembre de 2013

LAS LINTERNAS FLOTANTES




XII.


Ésta es mi alma
Ésta es mi luz
Éste es mi soplo en ti
Éste, el hálito de luz entre mi mano 
y la punta de tus dedos
en el abrazo primero en el cuenco de mi mano
Redondel
Esfera es
el abrazo ése que me excluye
Esfera-Tierra Prometida
Esfera-patria y memoria de la patria 
de la que todo me expulsa y me destierra


Esfera-origen y fin
Esfera-estrella y brújula y lazarillo
y una luz en el centro. 


Ésta es mi alma
Éste mi soplo en tu soplo.
Centella de lo que solo existe
en la vasija que eres

Vasija iluminada
Vasija numinosa
Vasija-cofre de Pandora y boca de la serpiente.
¿Qué mayor comunión?
¿Qué más darse?


Ésta es mi voz en ti
Éste, mi aliento reificándose
en el vacío: la pura Ausencia
—un azul flotando sin sustancia 
sobre la cual posarse—
las partículas de mi voz quebrándose
(¿Pero cuál? ¿qué partícula exacta
de mi voz en ti?)


[¿Y si jamás se retrajo?
Si jamás 
se replegó sobre sí
y estamos aun sin ser
en el misterio de su vientre?
Pero...
¿vientre y cabeza y mano tiene
Aquel que es El que es?]


Lo Perfecto se excluye.
Cerrado sobre sí
—su bien, su mancha
lo reintegra y lo niega.



XV.

El poema es el rostro en el espejo
más verdadero que el rostro y que el espejo.
El poema es el flujo de la sangre
más allá del cuerpo,
el ritmo de la sangre más allá de la sangre
—sus cauces rigurosos, su latido sordo y unitario.


El poema es el ritmo de lo otro en mí
más allá de mí, siempre, más allá,
donde mi silencio se topa con tu ritmo
y repercute en mí, que solfeo en el poema
un ritmo numinoso,
cifra que hace eco en el eco
que es cuerpo verdadero
—lo numinoso en ti y en mí—
el ciclo de las esferas tocándose y abandonándose
—alejándose, sí, una de la otra,
pero desasiéndose de sí también
cada cual
en su dorada, fecunda negligencia.
En su ritmo me despliego.
En su metrónomo 
caprichoso y fugaz 
despliega el universo sus fantasmagorías
—su verdad.


No hay traducción posible.
—o sí la hay:
de lo uno a sí mismo,
de lo uno a aquello que tantea y vence
de lo que sabe de sí
—su pobre imperio.


El poema, digo, 
digo la música, digo el movimiento
de la danza en el cuerpo, el de la piedra esculpida...
Y la música en el trazo y en la piedra, digo,
y el movimiento sinuoso y firme del poema,
docta cadencia, felicísima caída en el cruce
de todos los sentidos.







Mercedes Roffé (Buenos Aires, Argentina, 1954)








martes, 24 de diciembre de 2013

EL CULTIVO DEL ÁRBOL DE NAVIDAD




Existen diversas actitudes en relación con la Navidad,
y de alguna de ellas podemos hacer caso omiso:
la social, la torpe, la manifiestamente comercial,
la bulliciosa (los bares están abiertos hasta la medianoche),
y la infantil, que no es la del niño
para el cual cada vela es una estrella, y el ángel dorado
desplegando sus alas en la copa del árbol
no es solamente un adorno, sino un ángel.
El niño se maravilla ante el árbol de Navidad:
dejadlo que continúe con ese espíritu de maravilla
ante la Fiesta, como un evento aceptado, no como un pretexto;
de modo que el luminoso enajenamiento, el asombro
del primer árbol de Navidad recordado,
de modo que las sorpresas, las alegrías de las nuevas posesiones
(cada una con su inconfundible y excitante perfume)
y la espera del ganso o del pavo,
y el expectante momento de su aparición,
de modo que la reverencia y el gozo
no sean olvidados en las experiencias posteriores,
en la fastidiosa rutina, la fatiga, el tedio,
el conocimiento de la muerte, la conciencia del fracaso,
o en la piedad del converso
que pudiera teñirle de vanagloria
desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños
(y aquí el recuerdo también con gratitud
a Santa Lucía, su villancico, su corona de fuego):
de modo que antes del fin, en la octogésima Navidad
(significando por "octogésima" la última, cualquiera sea),
los acumulados recuerdos de la emoción anual
puedan concentrarse en una gran alegría
semejante siempre a un gran temor, como la ocasión
en que el temor llega a cada alma:
pues el principio nos ha de recordar el fin
y la primera venida la segunda venida.


T. S. Eliot  (E.E.U.U., Saint Louis, 1888 -Inglaterra,  Londres, 1965)


(versión de Alberto Girri) 


The Cultivation of Christmas trees
There are several attitudes towards Christmas,
Some of which we may disregard:
The social, the torpid, the patently commercial,
The rowdy (the pubs being open till midnight),
And the childish - which is not that of the child
For whom the candle is a star, and the gilded angel
Spreading its wings at the summit of the tree
Is not only a decoration, but an angel. 

The child wonders at the Christmas Tree:
Let him continue in the spirit of wonder
At the Feast as an event not accepted as a pretext;
So that the glittering rapture, the amazement
Of the first-remembered Christmas Tree,
So that the surprises, delight in new possessions
(Each one with its peculiar and exciting smell),
The expectation of the goose or turkey 
And the expected awe on its appearance, 

So that the reverence and the gaiety
May not be forgotten in later experience,
In the bored habituation, the fatigue, the tedium,
The awareness of death, the consciousness of failure,
Or in the piety of the convert
Which may be tainted with a self-conceit
Displeasing to God and disrespectful to children
(And here I remember also with gratitude
St.Lucy, her carol, and her crown of fire): 

So that before the end, the eightieth Christmas 
(By "eightieth" meaning whichever is last) 
The accumulated memories of annual emotion 
May be concentrated into a great joy 
Which shall be also a great fear, as on the occasion 
When fear came upon every soul: 
Because the beginning shall remind us of the end 
And the first coming of the second coming.





lunes, 23 de diciembre de 2013

CADENCIAS



a veces uno no sabe lo que es
como si el apuro de los pájaros hubiera carcomido ese
                                            [punto 
íntimo
en que cada día nos vestimos de azul y sabemos 
no llorar
no pedir más pan 
que el que comimos
sólo dejar que los huesos se acomoden bajo el propio
                                             [peso

y la mudez recuperada para siempre
se despoja de razones y roces
para demandar lo suyo
para saber que el fuego deja únicamente su tilde
ante los desprevenidos

acaso cuando lleguen tus ojos a saberlo 
quieran volver sobre la podredumbre 
adecirtunacirniento




combatir el miedo desde el miedo
y dejar que seas
: tierna bella dura plena

acaso lo soñado ya no viva 
pero vos sos

más allá de mis fragilidades y las tuyas
más allá de los acosos y des-seres
estás acá
para recordarme
lo que alguna vez supe




y tal vez la travesía vuelva a decir
y a pesar de todo
demuestre
que puedo esperar
(aun otra
la mirada en el mundo) 
casa en una casa 
luz en la luz

la dicha de 
habitar la poesía



Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972)




sábado, 21 de diciembre de 2013

Pájaros de tierra




donde se apoya mi cara 

la miseria de cada mañana 
se ubica en el espejo 
donde se apoya mi cara 
y lo que veo 
es una esperanza tan cansada 
tan sometida a los miedos 
tan llena de polvo 
y sueños a mitad de camino 
que el mismo espejo 
se deshace en la tierra 
como un último reflejo de lo por venir 


caja de resonancia 

todo ha enmudecido en la casa 
sólo el corazón retumba en mí 

de pronto  
arranca la heladera 
y crece su frío entre la oscuridad 

es bueno a veces  
no escuchar 
el corazón



alguien abre una salamandra

luego de que el otoño se quema
con la primera helada
vas a encontrarte con lo poco que persiste
en una salamandra fría
vas a hacer el gesto negro
que tizna el hierro de las palabras
papeles en mano tu cuerpo buscará el recuerdo
el espeso susurro que enciende la noche
los sueños empapados de kerosén
la música que se frota en los sarmientos
cada beso astillado cada leño mojado

y vas a beber con delirio de esa boca en llamas
como si tu lengua fuera una paloma herida
que se tomó un respiro
antes de huir con el último mensaje

(De "Pájaros de tierra" )



Hernán Schillagi (Argentina, San Martín, Mendoza, 1976)






jueves, 19 de diciembre de 2013

EL SUEÑO DE LAS ANTENAS



HOTEL ROOM

Mi padre esperaba en el cuarto del hotel.
Yo me demoraba en una disquería de la esquina.
Era verano en nuestras vacaciones de hombres solos.

Cuando subí a la habitación, el viejo me dijo:
“Acaban de robarme, nos quedamos sin nada”.

Supe que no era verdad, porque mi padre
está muerto, y lo veía joven y flaco,
demasiado parecido a mí.

Así nos despedimos. En un sueño,
en un cuarto de hotel desconocido
demasiado parecido a mí.



BLUES DE LA CANILLA QUE GOTEA


Esto no es un tajo en el aire
ni un cuchillo que vuelve a la mano
que lo arroja. Esto no es un paquete
de frases, no es el blues de Santa Fe
y tampoco el de la lápida. Esto es una
canilla que gotea, los cueritos no aguantan
todos los plomeros se fueron, los dedos
estallan de tanto apretar el metal
de esa canilla que gotea y gotea.
No tengo la llave para hacer bajar
el sueño, sigue su lenta perforación
de la mente, y además afuera llueve,
y encima está oscuro porque todo
se apagó y quedó negro. La ceguera
me puede, tengo que oler el rastro
para volver, pero sólo hay olor a
cabeza quemada, a papeles muertos
que se pudren con el agua marrón
que babea de la canilla. Voy a perder
los ojos en la espera del amanecer,
se me van a caer por ahí, tal vez los
patee por accidente, y mientras tanto
debería afinar el oído para escuchar
algo distinto del goteo, percibir  el canto
de un mosquito que recita alejandrinos,
las amenazas de una gata que destroza
las almohadas. Tendré la quinta caída
en el curso de la noche, y ahí voy a quedar,
nadie va a escuchar si digo algo, porque
el goteo gobierna el óxido de la oscuridad
en el verano, y aquí me quedo, a la pesca
de un túnel en el aire caliente.



DOS VERSIONES DE UN HOMBRE QUE FUMA

I
Un hombre fuma en la oscuridad.
Sólo un farol callejero lo ilumina. A lo lejos
un tren se deja oír.
Sólo fuma, no mira atrás ni adelante
ni al costado. Fuma y nada más.
Es un hombre que fuma en la oscuridad,
acompañado de un farol que tal vez se apague
y el ruido de un tren que se aleja.

II
Un hombre desnudo fuma en la oscuridad.
Sentado en su cama, pierde los ojos
en una luz vaga que entra por los ventanales.
Oye unos pasos alejarse por el corredor del edificio.
Escucha un ascensor que sube o baja.
Sólo es un hombre desnudo que fuma,
aplasta la colilla
y se apaga con las brasas.



INVITACIÓN

Lo que hasta ahora fue una flor
comienza a ser una cereza. Lo que fue
la palabra cereza, cae de la página y se convierte
en un fruto que rueda y se detiene
en los labios de los amantes. En secreto
lo muerden. En silencio atrasan los relojes
hasta la próxima estación.





Horacio Fiebelkorn (Argentina, La Plata, 1958)






martes, 17 de diciembre de 2013

EL RECORRIDO



Mientras avanzo en punto muerto
tengo la oportunidad de ver el cielo rosado
todos los coches se dirigen en línea recta
hasta que uno hace lo contrario
vuelve sobre su camino
y lo transita de nuevo pero diferente
alguien cede un espacio, se abre un hueco
que rápidamente ocupa otro auto

hace frío aunque el clima me parece ajeno
tengo los guantes puestos
adentro están los dedos semi-congelados
pero ¿Cómo sé que son mis dedos y no
una fila de cañones apuntando al exterior?

de un momento a otro no pertenecer a la ciudad
parece fácil, abandonar la arquitectura
estricta de la calle es una posibilidad
estoy detenida en la mitad de la avenida
todo se ha frenado de golpe
alzo los brazos para alcanzar
algo que huye como un globo inflado con helio

comienza a llover y eso me pone tan feliz
que olvido dónde queda mi casa, pierdo la orientación
¿Acaso no me llega la felicidad
cómo le llega al cielo ese trueno deslumbrante?

los árboles al costado de la calle
plantados como soldados en formación
una mezcla de imágenes que se superponen:
aviones que despegan y se ven
tan cerca de los coches que se apilan en el tráfico
acoplados de camiones cargados de mercadería
máquinas trabajando en el asfalto

trato de asimilar la velocidad a la que viaja la intemperie
pienso en todo lo que en este momento
se mueve en el mundo y en lo que me gusta
manejar este coche sabiendo que en cada curva
puede cambiar el panorama

las calles que tomo por atajo en Tablada
los chicos que emergen del asfalto
apartados completamente del exterior
haciendo willys con la moto o cruzando a pie
con la música fuerte en los auriculares

la complejidad del suelo partido por donde se lo mire
sus incontables grietas que fluyen
hacia los pozos de la esquina donde pareciera
que uno se arroja al interior del mundo

pienso en todos nosotros partiendo hacia alguna parte
tratando de construir un recorrido
necesitando lo mismo que necesitan los albañiles:
muchos materiales y una considerable cantidad de tiempo.




Mariana Suozzo (Argentina, Buenos Aires, 1982)






domingo, 15 de diciembre de 2013

ROSEBUD




Es decir estuvo suficientemente solo bajo la rama de un arce.   

Levantó los ojos, los bajó, con infinita insistencia. Se privó de
[todo.
Y cuando levantaba la vista veía: el arce 
—una palabra-; humo, una nube amarilla. 
Y cuando bajaba la vista veía una mata de pasto aplastada 
donde habitaban unas moscas grises. 
El hecho finalizó hacia la primavera de 1956. 
Cuando presentó su experiencia a los mayores, 
ellos entendieron que el chico volvía de la guerra de guerrillas, 

porque en realidad no dijo una palabra. 
"Este chico hablará el día del Juicio", dijo la abuela, pero se
[equivocaba
Aquella permanencia bajo el arce -una palabra-
había sumido al chico en esta reflexión: 
"Tengo la potestad de irme de las palabras, 
lo que significa lisa y llanamente irme. 
Y, de permanecer bajo el arce —una palabra-
no puedo decir nada, puesto que soy un chico bajo el arce". 
No había que entender que aquello significara nada. 
Excepto que el chico estaba bajo el arce, definitivamente 
perdido para los significantes, 
en una eternidad que carecía de sentido.




Jorge Aulicino  (Buenos Aires, 1949)




viernes, 13 de diciembre de 2013

CENIZAS DEL MEDIODÍA










ADIÓS a un sueño, no se hace
en la piedra el Paraíso, no hay espacio para el fruto;
quién almorzará ahora si lo que irrumpe
es la noche, manteles sucios de ceniza.
Adiós al pan, al sabor de otra boca
en la boca propia, al deseo de cebada y centeno,
plano que se inclina para que rueden,
esposados, palabra y cosa, hacia el abismo.
En qué dialecto, por qué gracia,
a través de que mecánica:
si ahora viera tu rostro, cualquier rostro,
lo creería mancha, error de un supuesto Plan
que debiera ser blanco sobre blanco.
Hay sangre, verdín, torpeza,
crimen que no se oculta, 
vulgar locura de marino ebrio,
Fuego de San Telmo visto por un instante
desde alguna dársena a la que abandonaron,
hace mucho, los pájaros. Adiós
a la topografía, al número primo,
a la balanza, a la señal en el cielo o la tierra;
ya no vendré, no vendrás, 
no lloverá ni hará buen tiempo,
todo será imposible, la voz dirá no ha lugar,
y no habrá lugar alguno.





TAL VEZ en el centro de cuanto observa, 
donde todo se reúne y se concentra;
allí, quizás, el viajero que arriba sano a destino
y el niño que entra al mar y no se ahoga.
Allí, alimento y almohada.
Una música sin instrumento.
Tal vez en una escena que imagino,
la mujer en lo alto de la escalera,
el hombre al pie, llamándola 
por todos sus nombres, incluso los secretos.
Entre uno y otro hay oscuridad
y ninguno de los dos lleva una lámpara.
Ella, ¿todavía recuerda su nombre?
Él, ¿habla su misma lengua?
Alfa y Omega, polo y polo,
¿quién se duerme sobre el hilo que los une?
¿quién, luego de dormir, despierta?



Carlos Barbarito



Carlos Barbarito, nació en Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1955. Su obra literaria comprende quince libros de poesía y dos de crítica de artes plásticas. Algunos de sus libros son: Poesía quebrada (1984);  Éxodos y trenes (1987); Viga bajo el agua (1992); La luz y alguna cosa (1998) y Cenizas del mediodía (2010) Figura en: Breve diccionario de autores argentinos desde 1940 .Inventario Relacional de la Poesía en Lengua Española 1951-2000, de Juan Ruiz de Torres y José Javier Márquez Sánchez . • ABC de las artes visuales en la Argentina • Diccionario de autores argentinos .Sus textos sobre arte y literatura y su obra poética están traducidos, en parte, al inglés,al francés, al portugués, al persa, al catalán y al holandés.







miércoles, 11 de diciembre de 2013

Esperando la noche

http://www.youtube.com/watch?v=yOvD9nwPmjc&feature=share&list=UUNXK-YUU1RWE_WRLo2ZdI_Q






Tasos Livaditis



(Traducción, subtítulos y edición: Miguel Chiovetta)


lunes, 9 de diciembre de 2013

Sin llaves y a oscuras




Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.


A MITAD DE LA NOCHE
Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías. 


Fabián Casas (Buenos Aires, 1965)


sábado, 7 de diciembre de 2013

La nada que nos viste


















UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA REALIDAD


Un hombre escribe la palabra realidad
y la palabra tiene filo.
La pulsa cauteloso, fue herido muchas veces
por la misma palabra que ahora escribe,
no obstante la desea.
La escribe y considera estar a salvo,
cree que al exponerla ante él se desmorona
su tiranía hiriente.
Celebra armisticios entre él y la palabra.
Pero el hombre que escribe, ni inocente ni simple,
conoce su poder, lo sabe breve,
que vive lo que dura esa corriente
que mantiene con vida la escritura.
Si deja de escribir, la palabra lo engulle.



UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA HIJO

Podría haber escrito niño o chico
y así la perspectiva lo haría más diverso,
pero teme que el vuelo le quite la tibieza
de una mano pequeña apretada a la suya.
Llega entonces la imagen de la rama podada
en la luna precisa y la explosión en ciernes.
Palabra que se quita para el bien del poema:
la mano que se suelta, así es la vida.
No deja de ser cierto que escribe esa palabra
en el lugar donde antes supo escribir amor.
Nadie mejor que él sabe, se exige buena letra.
Este hombre que imagina mientras el hijo duerme
en la pieza contigua, se gasta en la palabra,
es la piedra que el río nunca elude.



UN HOMBRE ESCRIBE LA PALABRA VINO

Un hombre escribe la palabra vino.
Se ve tan real que no parece una palabra.
Con tinta azul la admira roja,
fragante y de sabor espeso.
Su sencilla estructura lo conmueve,
siente que el hombre entero cabe allí,
la danza de los días en la palabra vino,
soledad, alegría, victoria, frustración,
opulencia del rey, miseria del vasallo,
la historia escrita y la secreta,
los cantos y el silencio de la vida y la muerte.
¿Acaso era ésta la palabra que buscaba,
el sonido imposible que hermanase
la palabra poesía?


(De: "La nada que nos viste"
Universidad Nacional del Litoral, 
2010)
Roberto D. Malatesta



Roberto D. Malatesta. Poeta argentino. Nació en la ciudad de Santa Fe, en 1961. Ha publicado varios poemarios: "De las Cosas Blancas" (1984) "Casa al Sur'' (1987) ambos ediciones Mainumbí, "La Prueba de la Soledad" (1991) ediciones de la Universidad Católica de Sta. Fe, reeditado parcialmente por ediciones del Arca del Sur (1995) "Del Cuidado de la Altura del Níspero" (1992) "Las Vacas y otros Poemas" (1994), ediciones delanada, éste último Premio Municipal de Sta. Fe. , "Flores Bajo la Lluvia" (1998) ediciones del Dock; "No importa el frío" (Ediciones El Arca del Sur, 2003); Por encima de los techos (Ed. Leviatán, 2003) y "Cuadernos del no hacer nada" (Sigamos Enamoradas, 2009). Participó en antologías realizadas por la Universidad Nacional del Litoral (Sta. Fe al Norte y 75 aniversario). Parte de sus trabajos fueron traducidos al Alemán por Renato Vecellio, y publicados en revistas literarias de Austria y Alemania; obteniendo de la Literaturprojekt La Belle -revista alemana- el primer premio en Poesía año 1995. Obtuvo, además el tercer premio "Poeta en Nueva York" en Nueva York (USA), entre otras distinciones.



jueves, 5 de diciembre de 2013

Poesía y virtud















La poesía es...

La poesía es 
una presunción, 
una jactancia; 
es remar hasta 
el centro del lago, 
recoger los remos 
y quedarse ahí, 
sin saber bien 
por qué 
o para qué.



En cada ojo el paisaje es otro...


En cada ojo el paisaje es otro, en cada oído
la historia es otra; en cada caricia la piel del amante
es otra, y en cada lengua es otro su sabor. Infatigable,
el blanco evade la flecha. En cada enamorado
el perfume de la tarde es otro; en cada creyente Dios,
aún el mismo Dios, es otro. El ojo y su reflejo
se mienten, simulan compartir un rostro único, pero
lo cierto es que los sentidos, indómitos, tironean
cada uno para su lado; cada uno tejiendo
su propia versión, cada uno eje de esa otra memoria
que, constante, nos desdice y multiplica.



Prometo ser feliz...

Prometo ser feliz, apenas pueda..., 
en lo que me resta de esta vida o en algún 
otro tiempo en el que retorne como flamenco, 
monja de clausura o crisantemo. Lo prometo, 
no puede ser que no le encuentre la vuelta. Sí, 
tarde o temprano seré feliz; aunque la idea, 
debo decirlo, así como me atrae me aterra.



César Bandin Ron





César Bandin Ron nació en Buenos Aires en 1948. Es poeta, narrador, periodista, artista plástico, diseñador editorial y docente. Ha participado en la fundación de varias publicaciones de arte y literatura (Lyra, Pluma y Pincel, Artistas, Artemas, Calendario Cultural Boehringer Ingelheim, Revista de Poesía, DoDó/Vida de Artistas...), así como de algunas instituciones de educación artística (Escuela Superior de Diseño y Comunicación, Escuela de Fotografía Profesional "Fotodesign" y el Centro de Estudios Avanzados en Música Contemporánea). Como periodista cultural, y en diferentes épocas, ha sido colaborador de los diarios Clarín, La Prensa, La Opinión, Perfil y El Economista. Lleva publicados unos quince libros entre poesía, infantiles y ensayo sobre arte. Ha obtenido, entre otras distinciones, el Premio Consagración Nacional en el rubro Producción Artística y Literaria. Parte de su obra poética editada: Dominios naturales (1982), La jaula de los monos a las 3 de la mañana (1985), El globo de la muerte (1993), Collage de la nadadora suplicante (1994), Canto desigual del ganso (1997), Plancton, junto al artista plástico Adolfo Nigro, (1998), El cerebro mágico (1999), Cheroquee y Sistema de alucinaciones (2005), la antología Sumamente hormiga (2006); Oh, Yo, mi efímero Dios (2011) y Poesía y virtud (2013), de donde fueron extraídos los poemas que presentamos.




martes, 3 de diciembre de 2013

Una ciudad blanca



















Mis pensamientos giran hacia el sur
una ciudad blanca
despertaremos abrazados.
Despierto
y oigo golpetear el radiador
como un corazón de metal
y veo que ha nevado.



Virginia Woolf

Me gustaría haber estado en Rodmell
para parlamentar con Virginia Woolf
antes de que emprendiera
la fatal caminata: "Ya sé que estás
enferma, pero te vas a poner
bien: créeme: yo pasé por lo mismo".
¿Le habría ofrecido tomar
su lugar, morirme yo y que
ella viviera? Creo que no. Cada uno
debe avivar el fuego de su propia
"partícula ardiente", por su
bien. Así que no. Pero igual
me gustaría haber estado, antes
de que se llenara los bolsillos de piedras
y se tendiera en el río Ouse.
Angular Virginia Woolf, para quien
las palabras fluían a torrentes
como nublados amarillos sobre las praderas.



Qué

¿Qué tienen esas pastillas? 
Pasa el almuerzo y casi 
no puedo mantener los ojos 
abiertos. Ay, si hubiera alguien 
para charlar de cualquier cosa. 
Hasta un perro alcanzaría.

¿Por qué están martillando 
metal ahí afuera? ¿Y qué es 
ese generador cuyo zumbido feroz entra 
por la ventana? Qué es un 
poema, en todo caso.

Los narcisos, el brezo,
las fresias, todos
me hablan. Yo les
contesto, como San Francisco
y el lobo de Gubbio.



Saludo

El pasado es pasado, y si uno 
se acuerda de lo que quiso 
hacer y nunca hizo, no es 
haber pensado en hacerlo 
suficiente? Como eso de juntar 
una de cada una que 
había planeado, juntar una 
de cada especie de trebol, 
margarita, castilleja que 
crecían en ese campo 
donde estaba la cabaña y 
estudiarlas una tarde 
antes de que se marchitaran. El 
pasado es pasado. Yo saludo 
a aquel campo variado.



James Schuyler


(Traducción Laura Wittner)

A White City


My thoughts turn south
a white city
we will wake in one another's arms.
I wake
and hear the steampipe knock
like a metal heart
and find it has snowed.



Virginia Woolf

I wish I had been at Rodmell
to parlay with Virginia Woolf
when she was about to take
that fatal walk: "I know you're
sick, but you'll be well
again: trust me: I've been there."
Would I have offered to take
her place, for me to die
and she to live? I think not. Each
has his "fiery particle"
to fan into flame for his own
sake. So, no. But still I
wish I'd been there, before she
filled her pockets with stones
and lay down in the River Ouse.
Angular Virginia Woolf, for whom
words came streaming
like clouded yellows over the downs



What -

What's in those pills? 
After lunch and I can 
hardly keep my eyes 
open. Oh, for someone to 
talk small talk with. 
Even a dog would do.

Why are they hammering 
iron outside? And what 
is that generator whose 
fierce hum comes in 
the window? What is a 
poem, anyway.

The daffodils, the heather 
and the freesias all 
speak to me, I speak 
back, like St Francis 
and the wolf of Gubbio.



Salute

Past is past, and if one 
remembers what one meant 
to do and never did, is 
not to have thought to do 
enough? Like that gathering 
of one of each I 
planned, to gather one 
of each kind of clover, 
daisy, paintbrush that 
grew in that field 
the cabin stood in and 
study them one afternoon 
before they wilted. Past 
is past. I salute 
that various field.



James Schuyler, Poeta norteamericano, nacido en Chicago en 1923. Es uno de los cuatro integrantes principales de lo que el galerista John Bernard Myers apodara la "escuela de poetas de Nueva York", junto con John Ashbery, Frank O'Hara y Kenneth Koch. Es autor de una vasta obra poética, dentro de la cual se destacan Freely Espousmg (1969), The Cryslal Lithium (1972) y TheMomingof the Poem, con el cual cual ganó el premio Pulitzer en 1980. Publicó también colecciones de sus diarios personales y A Nest of Ninnies, una novela escrita en colaboración con John Ashbery durante un viaje en auto a través de Estados Unidos. Murió en 1991, a los sesenta y siete años, en Manhattan, después de un accidente cerebro-vascular.