jueves, 31 de diciembre de 2015

AÑO VIEJO 1973


















Se terminó este año cabrón. Se fue a la cresta.
Se fue completamente a pique: capotó.
Con sus terrores y llantos y entierros a cuestas
y los cuatro jinetes del apocalipsis.

Ahora está sonando la sirena. Y ahora mismo
estallan los fuegos artificiales. Y ahora
comienzan los abrazos. «A año muerto
año puesto» me decías con una copa en la mano
corriéndote las lágrimas. «Que seas feliz».

Se terminó este año cabrón. Se fue a la cresta.





Óscar Hahn (Chile, Iquique, 1938)





martes, 29 de diciembre de 2015

RITMO



























ES TIEMPO

Es tiempo
de hablarnos,
si hubiese siquiera algo de qué hablar,
y de compartir,
si hubiese siquiera algo que compartir.
Es tiempo
y pronto nos quedaremos
también sin él.



VÍBORAS

Y pienso: así se aman las víboras
en su guarida,
entrelazadas, anudadas, un leve mordisco mortal
un mordisco cautivador
casi un beso, casi de amor.
Me lames como un helado con tu lengua bífida,
fisgadora, en mi mente martillean 
tus venenosos dientes.



COHETES

Nunca lo comprenderán, aunque, sí, aman,
y quizá precisamente por eso  quieren acercarse cada vez más,
mientras que tú las necesitas lejos, más allá de las carreteras, bosques,
ríos y ciudades: tendrían que pasar siglos,
terminar grandes batallas, emerger reinos, y
desintegrarse; la gente tendría que salir de vacaciones
en cohetes y regresar bronceada
de las estrellas, y otras muchas cosas
tendrían que suceder -pero ellas ya a la mañana siguiente
se sientan todas fragantes e íntimas sobre tu escritorio,
balanceando sus desnudas piernas con seguridad desde
la ropa interior de encajes, y, al apresurarte 
a tocar esta risueña hermosura,
te das cuenta de que nunca lo comprenderán.



DOS TESTIGOS

Y de pronto estamos tan solos,
los únicos testigos,
y aunque nos contásemos todo, o nos callásemos todo,
es difícil que haya en alguna parte algún dios al que le importe,
y quedará aislado del destino cada beso, cada grito.
Esta proximidad es aterradora.
Con vientres y párpados fruncidos, nos ahogamos
en los ojos,
de pronto tan solos,
dos únicos testigos.




Alojz Ihan


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)





Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961). Escritor y Doctor en medicina, especialista en microbiología e inmunología clínicas. Publicó cinco libros de  poemas: La moneda de plata, 1985; Los jugadores de póker, 1989; Poemas, 1989;  Ritmo, 1993; y Chica del sur, 1995. Dos novelas: La casa, 1988; y Peregrinación de dos...y el perro, 1998; y un libro de ensayos: Un Platón entre los dentistas, 1997. Sus ensayos y artículos aparecen regularmente en diarios y revistas de Eslovenia.





domingo, 27 de diciembre de 2015

UN GUIÓN SURREALISTA



























Un hombre entra en la catedral.
Silencio sepulcral. A lo lejos, ante el altar,
hay una joven arrodillada rezando. De pronto se da vuelta.
El hombre se enamora al instante. Como en trance va hacia ella.
Sus pasos golpean regulares penetrando el tiempo.
La mujer lo observa inmóvil. Su belleza va encaneciendo,
las arrugas marcándose en su rostro. El hombre acelera.
Apresura el ritmo de sus pasos.
La mujer envecece patentemente. El hombre echa a correr,
el tic tacm de sus pasos se vuelve un sonido
regular, casi doloroso, descolorido. 
A la mujer se le caen los dientes, la piel se le vuelve áspera,
el cabello blanquísimo. El hombre se detiene aterrado.
Comienza a retroceder. La mujer va haciéndose más joven,
recupera su belleza anterior. El hombre
vuelve a acercarse. Y a retroceder. Y a acercarse.
Y a retroceder. Y un día se decide. Sin más
consideraciones se le acerca y le toca un hombro.
En las bóvedas de la catedral resuenan los sonidos del órgano.
La gente está reuniéndose, delante del altar aparece
un sacerdote. Va vestido de negro.


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)


(Traducción;Marjeta Drobnic y Francisco Javier Uriz)






sábado, 26 de diciembre de 2015

ACERCA DE LAS VIOLETAS




























Al ver sus muslos me puse pálido.
Era primavera y automáticamente comencé a seguirla,
no fui el único. Pronto, íbamos todos tras ella en procesión 
por el parque y, cuando la chica se detuvo
de pronto, quedamos petrificados, coagulados,
y cuando se dio vuelta, toda atrevida, nos convertimos
en hierbas, flores de primavera, arbustos, 
reverdecimos todo el parque con nuestra pasión, y la verde, 
esbelta pendeja paseaba por ahí,
sus muslos dirigían nuestro metabolismo,
en su cartera, los cuadernos se reían de nosotros
con sus ángulos doblados, blancos,
y escondimos nuestros globos oculares
entre el follaje y los árboles
y los doctores se olvidaron de sus doctorados,
los peones camineros de sus carreteras,
los profesores de sus conferencias,
los comerciantes de sus beneficios;
todos nos sentimos unidos en una hermandad fatal, peligrosa,
y nos tapábamos implacables con las ramas mutuamente,
nos asfixiábamos con las raíces, nos apartábamos con las ramas,
de modo que las violetas comenzaron a perecer lentamente,
y luego los hierbas y los arbustos,
hasta que sólo quedaron los robles más altos,
la hermosa les hizo guiños con alegría
y también a ellos les estalló el sistema circulatorio
y comenzaron a secarse, descomponerse, derrumbarse,
mientras que la chica se alisó la falda y subió al autobús. 


Alojz Ihan (Ljubljana, Eslovenia, 1961)


(Traducción;Marjeta Drobnič y Francisco Javier Uriz)





jueves, 24 de diciembre de 2015

NAVIDAD




Para eso fuimos hechos:
Para recordar y ser recordados
Para llorar y hacer llorar
Para enterrar a nuestros muertos
Por eso tenemos brazos largos para los adioses
Manos para tomar lo que fue dado
Dedos para cavar la tierra.

Así será nuestra vida:
Una tarde siempre por olvidar
Una estrella apagándose en la sombra
Un camino entre dos sepulcros—
Por eso necesitamos velar
Hablar bajo, pisar suave, ver
A la noche dormir en silencio.

No hay mucho que decir:
Una canción sobre una cuna
Un verso, tal vez, de amor
Una oración por quien se va.

Pero que esa hora no olvide
Y por ella nuestros corazones
Se dejen, graves y simples.

Pues para eso fuimos hechos:
Para confiar en el milagro
Para participar de la poesía
Para ver el rostro de la muerte.
De repente nunca más esperaremos...
Hoy la noche es joven; de la muerte, apenas
Nacemos, inmensamente.





Vinicius de Moraes (Brasil, Río de Janeiro, 1913-1980)


(Traducción de Rodolfo Alonso)



POEMA DE NATAL


Para isso fomos feitos:
Para lembrar e ser lembrados,
Para chorar e fazer chorar,
Para enterrar os nossos mortos -
Por isso temos braços longos para os adeuses,
Mãos para colher o que foi dado,
Dedos para cavar a terra.
Assim será a nossa vida;
Uma tarde sempre a esquecer,
Uma estrêla a se apagar na treva,
Um caminho entre dois túmulos -
Por isso precisamos velar,
Falar baixo, pisar leve, ver
A noite dormir em silêncio.
Não há muito que dizer:
Uma canção sôbre um berço,
Um verso, talvez, de amor,
Uma prece por quem se vai -
Mas que essa hora não esqueça
E que por ela os nossos corações
Se deixem, graves e simples.
Pois para isso fomos feitos:
Para a esperança no milagre,
Para a participação da poesia,
Para ver a face da morte -
De repente, nunca mais esperaremos...
Hoje a noite é jovem; da morte apenas
Nascemos, imensamente.


IMAGEN María Magdalena (Una inolvidable Monica Bellucci)  y Jesús en el film de Scorsese "La última tentación de Cristo".




Vinicius de Moraes. Poeta, diplomático y compositor brasileño,uno de los principales promotores de la MPA (Música poplar brasileña). Nació en 1913 en Río de Janeiro. Poeta y cantante, en 1933 publicó su primer libro de versos, Caminho para a distancia. Trabajó como periodista, crítico y censor cinematográfico, y fue cónsul de Brasil en Los Ángeles y Montevideo.También fue abogado. En 1938, viajó a Inglaterra, estudió Literatura Inglesa en Oxford y posteriormente ingresó a la vida diplomática prestando servicios en Estados Unidos, Francia y Uruguay. Conoció a Antonio Carlos Jobim, en 1959, iniciando una amistad y una colaboración que tiempo después, con la incorporación de João Gilberto daría lugar a un movimiento de renovación en la música brasileña, la bossa nova. Con Jobim, compuso su más celebre canción, Garota de Ipanema, entre otras célebres canciones. También trabajó con Carlos Lyra, Francis Hime, Edu Lobo, Chico Buarque, Pixinguinha, Ary Barroso, Adoniram Barbosa, Toquinho y Baden Powell. Con este último compuso las afrosambas, inspiradas en la tradición cultural y musical de Bahía. En 1962 publicó Para vivir un gran amor, un gran compendio literario a medio camino entre la poesía y la crónica. El día de su muerte, el 9 de julio de 1980, la prensa tituló: "la música popular entra en el Paraíso". Famoso gracias a la música, siempre prefirió, no obstante, ser reconocido como poeta.





lunes, 21 de diciembre de 2015

UNA DÉCADA


















Cuando llegaste, eras como el vino tinto y la miel,
y tu sabor me quemó la boca con su dulzura.
Ahora eres como el pan de la mañana,
suave y agradable.
Casi no te paladeo del todo porque conozco tu sabor,
pero estoy completamente nutrida.




LA LÁMPARA DE LA VIDA

Siempre estamos persiguiendo una luz,
y siempre la luz se aleja. Con las manos a tientas
nos estiramos hacia esa gloria, mientras las tierras
que atravesamos se ocultan a nuestra vista,
oscuras y misteriosas, plegadas en la noche profunda.
No nos importa, toda nuestra mayor necesidad
no exige más que luz, ¡la luz! Tan quieta permanece
pero seguramente será nuestra si ejercemos nuesto poder.
¡Tonto! Nunca podrás captar ese destello fugaz,
su llama brillante moriría si fuese capturada,
su vigencia es siempre aparente,
pero sólo un poco más al frente. Consternados,
pero iluminados siempre desde adelante, somos llevados
por nuestro camino desconociéndolo, como en un sueño.



Amy Lowell 



(Traducción: Miguel Grinberg)



(Versión NO bilingüe)




Amy Lowell (Brookline, 1874-1925) Poetisa y crítica norteamericana. Perteneciente a una familia rica, fue educada en colegios privados, pero nunca asistió a  la Universidad dado que su familia no consideraba esa actividad como apropiada para una mujer. Pero compensó sus afanes culturales con amplias lecrturas y un casi obsesivo coleccionismo de libros.  Tuvo amplia vida social y viajó intensamente desde muy joven. A causa de un mal funcionamiento glandular, engordó desmesuradamente, lo que le obligó muy pronto a una verdadera reclusión en su finca, desde donde gobernaba a su personal y a sus editores despóticamente, fumaba cigarros negros y puteaba como un hombre. Dormía de día, trabajaba de noche e hizo todo lo posible para triunfar como poeta, a partir del día -en 1902- en que descubrió que la poesía era su "modo natural de expresión", inspirada por una actuación de la diva Eleonora Duse, en Europa.  Pero esta mujer de poderosa personalidad, terror de los editores, cuyos artículos críticos hacían ley y que osó atacar al célebre Ezra Pound, el padre del imaginismo, no tuvo el reconocimiento en vida que hubiera merecido; su gloria fue póstuma: Recibió el premio Pulitzer de poesía en 1926.   Sus principales colecciones son: Cúpulas de vidrios multicolores (1912), Hojas de espada y simientes de amapola (1914), Hombres, mujeres y fantasmas (1916), Imágenes de un mundo flotante (1919), Una fábula crítica (1922), Viento del este (1926). Entre las obras en prosa de Amy Lowell cabe mencionar sus estudios críticos y literarios: Seis poetas franceses (1915), libro que trata de la poesía de Verhaeren, Samain, Gourmont, Jammes y Fort, y su "magnum opus", la biografía de su poeta preferido, John Keats, publicada en el año 1925.





sábado, 19 de diciembre de 2015

PÉTALOS



















La vida es una corriente 
donde se derrama
pétalo a pétalo la flor de nuestro corazón; 
el final perdido en el sueño,
flota más allá de nuestra vista,
sólo vemos su grato y temprano comienzo.

Cargados de esperanza,
enrojecidos de alegría,
dispersamos los pétalos de nuestra rosa abierta;
su ámbito expansivo,
su empleo distante,
nunca lo conoceremos. Y a medida que fluye la corriente
los va llevando,
cada uno se ha ido
más allá de infinitas maneras.
Nos quedamos solos
mientras los años se apuran:
la flor retrocedió, pero su fragancia aún permanece.



Amy Lowell (E.E.U.U., Brookline, 1874-1925)



(Traducción: Miguel Grinberg)


(Versión NO bilingüe)





jueves, 17 de diciembre de 2015

MI VIDA





El muñeco enorme de mi cuerpo
rehúsa levantarse.
Soy el juguete de las mujeres.
Mi madre

me exhibía a sus amigas.
"Habla, habla", imploraba.
Y me movía la boca
pero nunca llegaron las palabras.

Mi esposa me tomó del escaparate.
Me acomodé en sus brazos. "Sufrimos
la enfermedad de ser", susurró
y me acomodé en silencio.

Ahora mi hija me ofrece
un biberón con agua y dice:
"Tú eres mi verdadero bebé".

¡Pobre criatura!
Miro el oscuro
espejo de sus ojos
y me veo a mí mismo
disminuyendo, hundiéndome
en una profundidad que ella desconoce.
Aliento no me queda,
no me levantaré otra vez.

Yo crezco en mi muerte.
Mi vida es insignificante.
El mundo es verde.
Nada es todo.


PARA JESSICA, MI HIJA

Esta noche caminé
cerca de casa
y sentí temor,
no del rumbo del viento
que me hizo amar y ser
sino de la oscuridad y la distancia.
Caminaba escuchando el viento,
sintiendo frío, interesado
en las estrellas que alumbran
la inmensa bóveda del cielo.

Jessica, es más fácil
pensar en nuestras vidas
mientras caminamos
bajo el breve lustre de las hojas,
amando lo que poseemos,
que pensar en seres tan pequeños
como nosotros
viajando en la oscuridad
sin un camino posible,
sin un final a la vista.

Aún recuerdo otras épocas
bajo el mismo cielo
cuando se aligeraban los huesos
y la heridad del cráneo estaba abierta
a los fríos rayos del mundo
y por un instante eran el mundo.
Entonces yo creía
que éramos hijos de las estrellas,
que nuestras palabras estaban hechas
del mismo polvo que brilla en el espacio.
Entonces podía sentir en la levedad del aliento
el peso de un día entero
venir suavemente a descansar.

Pero esta noche
es distinto.
Temeroso de la oscuridad donde vagamos
o nos desvanecemos juntos,
imagino una luz
que impedirá que nos apartemos demasiado,
una secreta luna o un espejo,
una hoja de papel,
algo que tú puedas llevar
en la oscuridad
cuando esté lejos.


MI HIJO

A la manera de Carlos Drummond de Andrade

MI hijo
mi único hijo,
el que nunca tuve,
podría ser un hombre.

Se mueve 
en el viento
descarnado y sin nombre.
A veces

viene 
y apoya en mi hombro
su cabeza
más ligera que aire.

Y yo le pregunto,
hijo,
¿dónde te encuentras,
dónde te ocultas?

Con frío aliento 
me responde,
no lo advertiste
y sin embargo llamé
y llamé
y sigo llamando
desde un lugar
lejano,

más allá del amor,
donde nada,
todo,
quiere nacer.


AMARÉ EL SIGLO VEINTIUNO

La cena se enfriaba. Los huéspedes, en espera de breves
y azarosos encuentros, estaban tendidos en sus cuartos.
Las papas estaban duras, los porotos blandos, la carne
no había carne. El sol invernal había amarillado 
         los olmos y las casas;
los ciervos se marchaban como refugiados por la carretera;
         en el sendero los gatos
se calentaban entre sí sobre la cubierta de un coche.
Entonces un hombre se volvió y me dijo:
    "Aunque yo amo el pasado y amo su oscuridad y su peso
     que nada nos enseña, y amo su pérdida y todo él
     pidiéndonos nada, yo amaré más el siglo veintiuno
     porque en él veo a alguien en bata y chinelas; alguien
     de ojos oscuros y humildes que camina a través de la nieve
     dejando a sus espaldas no más que sus huellas".

"Oh", dije poniéndome el sombrero, "Oh".







Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)


(Traducción: Eduardo Chirinos)








martes, 15 de diciembre de 2015

ELEGÍA A MI PADRE


2. RESPUESTAS

¿Por qué viajaste?
Porque la casa estaba fría.
¿Por qué viajaste?
Porque lo he hecho siempre, desde el anochecer
  hasta la llegada del alba.
¿Qué llevabas puesto?
Llevaba un traje azul, una camisa blanca, una corbata
  amarilla y medias amarillas.
¿Qué llevabas puesto?
No llevé nada. Una bufanda de dolor
  me mantuvo abrigado.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí con mujeres distintas cada noche.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí solo. Siempre he dormido solo.
¿Por qué me mentiste?
Siempre pensé que decía la verdad.
¿Por qué me mentiste?
Porque no hay nada que mienta más que la verdad
  y yo amo la verdad.
¿Por qué te vas?
Porque las cosas no tienen ningún sentido para mí.
¿Por qué te vas?
No lo sé. Nunca lo he sabido.
¿Cuánto tiempo debería esperarte?
No me esperes. Estoy cansado y quiero
  echarme a descansar.
¿Estás cansado y quieres echarte a descansar?
Sí, estoy cansado y quiero echarme a descansar.




3. MURIENDO

Nada pudo detenerte.
Ni tu mejor día. Ni el reposo. Ni el movimiento del mar.
Tú continuaste muriendo.
Ni los árboles que abrigaron tus pasos,
ni los árboles que te ensombrecieron.
Ni el doctor que te advirtió,
el canoso y joven doctor que te salvó una vez.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte. Ni tu hijo. Ni tu hija
que te alimentó y te hizo un niño nuevamente.
Ni tu hijo, que creyó que vivirías para siempre.
Ni el viento que agitó tus solapas.
Ni la quietud que se ofreció a tu movimiento.
Ni tus zapatos que se hicieron cada vez más pesados.
Ni tus ojos que rehusaron mirar hacia adelante. 
Nada pudo detenerte.
Te sentaste en tu cuarto y miraste fijamente la ciudad
y continuaste muriendo.
Ibas a trabajar y dejabas que el frío entrara en tus ropas.
Que la sangre chorreara en tus medias.
Que tu rostro se volviera blanco.
Que la voz se te quebrara.
Te apoyabas en el bastón.
Pero nada pudo detenerte.
Ni los amigos a quienes aconsejaste.
Ni tu hijo. Ni tu hija, que cuidó tu crecer a lo pequeño.
Ni la fatiga que vivió en tu aliento.
Ni tus pulmones, que se llenarían de agua.
Ni tus mangas que cargaron el dolor de tus brazos.
Nada pudo detenerte.
Tú continuaste muriendo. 
Cuando jugabas con los niños continuabas muriendo.
Cuando te sentabas a comer.
Cuando despertabas por las noches, bañado en lágrimas,
  el cuerpo llorando.
Tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni el pasado.
Ni el furturo con su promesa de buen tiempo.
Ni la visión de tu ventana, abierta al cementerio.
Ni la ciudad. La terrible ciudad con sus edificios
  de madera.
Ni la derrota. Ni el éxito.
Nada hiciste sino seguir muriendo,
Apoyabas el reloj en el oído.
Te sentías resbalar.
Te echabas en la cama.
Cruzabas los brazos sobre el pecho y soñabas
  el mundo sin ti,
en el espacio bajo los árboles,
en el espacio en tu dormitorio,
en los espacios vacíos de ti
y tú continuaste muriendo.
Nada pudo detenerte.
Ni tu respiración. Ni tu vida.
Ni la vida que esperabas.
Ni la vida que tuviste.
Nada pudo detenerte.



Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)

(Traducción: Eduardo Chirinos)







domingo, 13 de diciembre de 2015

SÓLO UNA CANCIÓN


























PREFIERO pasar el día entero
como costal en una silla
y echarme la noche entera
como piedra en mi cama.

A la hora de comer
abro la boca.
A la hora de dormir
cierro los ojos.

Mi cuerpo canta
sólo una canción:
en mis brazos 
encanece el viento.

Las flores brotan.
Las flores mueren.
Más es menos.
Yo anhelo más.


EL VESTIDO

SI te tiendes en la colina luminosa 
con las manos de la luna en tus mejillas,
tu carne oscura en los blancos pliegues del vestido,
no oirás al topo extender con pasión
la longitud de su tiniebla, ni al búho
disponer sabiamente de la noche, ni al poema
llenar tu almohada con plumas azules.
Pero si escapas del vestido y te diriges a la sombra,
te hallará el topo y también el búho y el poema
y caerás en otra oscuridad, y te encontrarás a ti misma
haciéndola y rehaciéndola. Hasta que sea perfecta.


BAHÍA OCURA

XXIII

VISITABA la vieja casa de campo de un amigo,
llena de habitaciones acortinadas contra el sol
y helados pisos de mármol sin alfombrar.

Para la cena había invitado a unas cuantas
mujeres rusas. Recuerdo el gusto de las natillas
que ningún otro invitado probó.

Me sentí solo. Las mujeres empezaron a apagar
las velas. Me pregunté si ellas también habían estado
en la Tienda del Amor. No, habían estado

en Italia, dijeron. Cuando volví a la habitación
me puse el sobretodo y me tiré en la cama.
Escuché entonces un crujido tras la puerta.

"Soy yo, Olga, ¿puedo pasar?" Cuando entró
salté de la cama, me quité la ropa y me puse de pie
frente al espejo. Ella se acomodó a mi lado. "Finalmente

estamos a salvo uno del otro", me dijo. "Sí", 
admití un poco triste, "en el espejo los cuerpos
se vuelven simultáneamente visibles e intocables."

Entonces, en la sombría casa de campo, pasamos la noche
mirando brillar nuestros cuerpos desnudos y fríos
mientras un fuego poderoso rugía en el hogar.


BLANCO

Para Harold Bloom
AHORA, en la mitad de mi vida,
todas las cosas son blancas.
Camino bajo los árboles,
las cansadas hojas,
la amplia red del mediodía
y el día es blanco.
Y mi respiración es blanca,
flota sobre manchas
de verdor y campos de hielo
hacia altos círculos de luz.
Cuando camino la oscuridad
de mis pasos es blanca,
blanca la sombra que arde
bajo mi cuerpo. En toda estación
el silencio donde me hallo es blanco,
blanco lo que hago por nada.
Blanco de dolor,
blanco de muerte.
Incluso la noche que invoca
como un oscuro deseo es blanca;
cuando al dormir me entrego 
a la intemperie de los sueños
son las sábanas blancas
y el blanco dibujo de las sombras
lunares sobre el suelo
lo que me salva en las mañanas.
Y fuera de mi despertar
el círculo de luz se extiende,
se llena de árboles, casas,
espacios de hielo.
Todo lo cubre. Rodea
el ojo con su blanco. Aún más allá
de los límites de la visión
todas las cosas están juntas.
Todas las cosas son una sola.


EL JARDÍN

Para Robert Penn Warren
BRILLA en el jardín,
en el blanco follaje del castaño,
en el ala del sombrero de mi padre
cuando camina por la grava.

En el jardín detenido del tiempo
está mi madre con su silla de madera roja;
la luz colma el cielo,
los pliegues de su vestido,
la maraña de rosas junto a ella.

Y cuando mi padre se inclina
para hablarle al oído,
cuando se levantan para irse
y las golondrinas vuelan
y la luna y las estrellas
se han  marchado juntas, brilla.

Incluso al apoyarse en esta página,
tarde y solitario, brilla; incluso ahora,
antes de que desaparezca.





Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)


(Traducción: Eduardo Chirinos)


                 
IMAGEN: "Espejismo", pintura de Claudio Bado.




viernes, 11 de diciembre de 2015

MANUAL DE POESÍA NUEVA






















1   Si un hombre entiende un poema,
           tendrá dificultades.


2   Si un hombre vive con un poema
           morirá solitario.


3   Si un hombre vive con dos poemas
           le será infiel a uno.


4   Si un hombre concibe un poema,
           tendrá un hijo menos,


5   Si un hombre concibe dos poemas,
           tendrá dos hijos menos.


6   Si un hombre lleva puesta una corona cuando escribe,
           será descubierto.


7   Si un hombre no lleva puesta una corona cuando escribe,
          no engañará a nadie salvo a sí mismo.


8   Si un hombre se enfurece en un poema,
          será despreciado por los demás hombres.


9   Si un hombre sigue enfurecido en un poema,
          será despreciado también por las mujeres.


10   Si un hombre acusa públicamente a la poesía,
          sus zapatos se llenarán de orines.


11.   Si un hombre renuncia a la poesía por el poder,
          tendrá mucho poder. 


12   Si un hombre alardea de sus poemas,
          será amado por los tontos.


13   Si un hombre alardea de sus poemas y ama a los tontos,
            no escribirá más.


14   Si un hombre reclama atención por sus poemas,
            será como un asno en un claro de luna.


15   Si un hombre escribe un poema y alaba el poema de un amigo,
            tendrá una amante muy hermosa.


16   Si un hombre escribe un poema y alaba en exceso el poema de un amigo,
            ahuyentará a su amante.


17   Si un hombre se arriesga por el poema de otro,
            su corazón crecerá el doble de tamaño.


18   Si un hombre deja a sus poemas ir desnudos,
             tendrá miedo a la muerte.


19   Si un hombre tiene miedo a la muerte,
             será salvado por sus poemas.


20   Si un hombre no tiene miedo a la muerte,
             podrá ser salvado o no por sus poemas.


21   Si un hombre termina un poema,
              se bañará en la estela vacía de su pasión,
              será besado por la página blanca.




Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá,  1934 - Nueva York, E.E.U.U., 2014)


(Traducción: Eduardo Chirinos)




IMAGEN: Fotograma de  WITTGENSTEIN,  película de 1993 del director Derek Jarman. Se basa libremente en la vida del filósofo, así como en su pensamiento filosófico. El Wittgenstein adulto es interpretado por Karl Johnson. El guion original pertenece al crítico literario Terry Eagleton. Jarman reescribió intensamente el guion.





miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL MUNDO NO SE ACABA (Parte III)































MI IDENTIDAD SECRETA ES

El cuarto está vacío,
y la ventana abierta


OH EL GRAN DIOS de la Teoría, no es más que la punta de un lápiz, una punta mordida con una goma de borrar gastada al final de un enorme garabato.


DONDE LA IGNORANCIA es una bendición, donde uno yace de noche en la cama de la estupidez, donde uno reza de rodillas a un ángel insensato...Donde uno sigue a un zopenco a la guerra con un ejército de necios beatíficos...Donde los gallos cacarean todo el día...
     El precioso cabeza hueca está cantando una y otra vez el mismo fragmento de una canción de amor. Para desayunar en la terraza tenemos uvas pintadas con tanto realismo que hasta los pájaros las picotean. Y ahora los besos...para los que hemos olvidadom quitarnos nuestras caretas de Halloween.


     LA ERA DE LOS POETAS MENORES se acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenidos aquellos cuya fama jamás traspasará la frontera de vuestros familiares cercanos, y tal vez un par de buenos amigos congregados después de la cena ante una jarra de áspero vino tinto...mientras los niños se caen de sueño y se quejan del ruido que haces al revolver los cajones buscando tus viejos poemas, temeroso de que tu mujer los haya tirado a la basura después de la última limpieza general. 
     Está nevando, dice alguien que se ha asomado a la oscuridad de la noche, pero también él se vuelve hacia ti mientras te preparas para leer, con gesto algo teatral y las mejillas enrojecidas, ese largo y divagante poema de amor cuya estrofa final (que desconoces) se ha perdido sin remedio.
                             -sobre un poema de Aleksandar Ristovic-
                   



Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938-En 1953 emigra a E.E.U.U.)
(Traducción: Jordi Doce)