jueves, 26 de marzo de 2009

MANZANA 49



Palpo el extremo de la donación: desnuda y sola.

¿Qué más podrías pedirme? ¿Qué más podría darte?


Estoy sola, ¿por eso recuerdo?


Aterrada frente a kilómetros de mostradores manchados
de restos bovinos. Acercándome al descenso de los fluidos.
La exacta correspondencia de este mediodía
con todos los mediodías.


Y de mi cuerpo anterior con todos los otros cuerpos.






No tengo miedo a los muertos.
A él, atado con goma antes de partir
rumbo a la manzana 49.
Por el cuarto creciente de mi culpa.
Por mi culpa.


Creo en la forma del ascenso;
en la casa contenida en los camiones;
en la porción de agua que será
exterminada una vez
que concluya la descarga.


Creo en el muerto; en la casa de los muertos;
en los restos transportados;
en el césped del remordimiento.


En su cabeza de tres cuernos.




Su nombre me penetró durante la ascensión.


Los mares que hundí por él.
Los hombres que hundí por él.


Pero regresó una última vez
desde el oeste de su tobillo
como un pino de humo.


Estoy lista para dejarme estar.
Desnuda. Aterrada y lista.






Todos, excepto él, tendrán que llamarme virgen,
aparecida, corpórea.


Ola de piedra contra la puerta
cerrada de su ausencia.


(4 Textos, de "Duelo")
Cecilia Romana (Argentina, Buenos Aires, 1975)





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