sábado, 31 de julio de 2010

Escribir...

















Escribir, decidirse a escribir un poema, un poema a lo largo de días, cualidad, pacto, ha de parecerse a la antigua posibilidad curativa -curativa a fuerza de narrativa- de los almanaques de nuestra Infancia, leerlos en voz alta podía salvarnos del más temible de los males, la descreencia.

Rugosidad de la lengua —lengua arribando a dialecto por necesidades de belleza—, a punto de recoger como el agua dulce de la lluvia las tinas de la galería, los versos de un poema, combinaciones ¡cuánto tiempo, silencio entre verso y verso!, palabras que se yerguen en el punto de mayor hondura de una tierra entrerriana, ustedes, tinas, se iban llenando lentamente de la noche, grávidas de la lluvia que rendía pastizales, lluvia con estas palabras dentro.

A esas horas en que tu silencio aprieta, te lleva de la mano como al niño perdido.


(de: Apuntes para
una reencarnación)

Arnaldo Calveyra

Arnaldo Calveyra. Poeta, novelista, cuentista y dramaturgo argentino, nació en Mansilla (en la Provincia argentina de Entre Ríos) en 1929. Se licenció en Letras en la Universidad Nacional de La Plata y a comienzos de la década del 60 una beca de investigación lo llevó a París, donde vive desde entonces dedicado a la docencia y la literatura. En Francia publicó buena parte de su obra en la prestigiosa editorial Actes Sud. Autor de una obra exquisita, aquí se mencionan algunas: Cartas para que la alegría, El hombre del Luxemburgo, La cama de Aurelia, Si la Argentina fuera una novela, Diario del fumigador de guardia, El libro del espejo, El origen de la luz y Maizal del gregoriano, publicado inicialmente en francés por Actes Sud en 2003. La Editorial Adriana Hidalgo publicó su obra poética completa, en: "Poesía reunida"(2008).


1 comentarios:

Dany Rebolledo dijo...

Què lindo viejo Arnaldo, viejo sabio anche, y què poeta, hermano!