jueves, 31 de julio de 2014

TEMPLO DE PESCADORES

















Por miedo al sol 
me cubro 
el rostro 
con las mangas. 
Me abandono 
a la corriente 
porque sé 
que el viento 
apacible 
me traerá 
-poco a poco-
de regreso a casa.


Es tarde
y los barcos
de los pescadores
regresan.
Me ha parecido oír
aquí
y allá
voces
que llamaban.
Sin esperanza
respondo

al aire vacío.


La lluvia caía
-como cae
en primavera-
y vi
los peces en fila,
las aletas
rozándose
ligeramente
y los ojos
-solemnes-
muy abiertos.
Permanecieron
en la lluvia
pálidos y lisos,
olvidados
por Dios
hasta que
el pescador
vino
a recogerlos.


Templo de pescadores

Igual
que un pescador
construye
una red
sólo
para reposar
su melancolía
y se demora
pensando en ella
en las tardes
de verano
y la llena
con
su esperanza
y su ansiedad,
todo
puede ser perdido.
Inútiles castillos
se levantan
y
-más allá
se abren 
y se cierran 
las semillas.



Salmo

Señor, 
la luz 
del otoño 
viene 
hacia mí
entre
los árboles,
entre
las puertas
de hierro
de las casas
y
las persianas 
cerradas.

La luz
viene hacia mí
como un deber,
Señor,
pero
entre ella
y yo
algo
se ha roto.


Almuerzo


Era mayo 
y había sol. 
Nos sentamos 
en el jardín 
porque había sol. 
Respiró profundo 
dos veces 
y la luz 
la atravesó. 
Sólo había azul 
sobre el mundo 
-azul
por todas partes-
Tenía frías 
las plantas 
de los pies 
pero era mayo 
y había sol 
y no quisimos 
saber demasiado.
Cuando nos despedimos 
me acomodó
la capucha 
y me dijo 
hasta mañana. 
No pude 
decirle nada. 
Fue la última vez 
que la vi.


Denise León




Denise León nació en Tucumán en 1974, nieta de inmigrantes sefaradíes. Ha publicado Poemas de Estambul (Alción, 2008); El saco de Douglas (2010); Templo de pescadores (Alción, 2013), poemas en la antología Poesía Joven del Noroeste argentino, editada por el Fondo Nacional de las Artes, y cuentos en diversas antologías. Es Magíster en Lengua y Literatura y Doctora en Letras e Investigadora del CONICET. Ha publicado La historia de Bruna y numerosos ensayos en revistas nacionales e internacionales sobre literatura, poesía género y tradición judía en el siglo XX. Actualmente se desempeña como docente en las cátedras de Literatura Hispanoamericana II y Teoría de la Comunicación II en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. 




martes, 29 de julio de 2014

avenida de mayo















Persecución

Dormís, en la víspera de tu segundo año 
sobre la tierra, Y hace pocos días 
estuve a punto de dejar salir 
casi un quejido de alegría, persiguiéndote 
en un gimnasio escolar lleno de chicos 
y sus padres. Corrías, te escapabas 
pero sin darte vuelta sentías mis pasos 
cerca de tu espaldita vigorosa. De pronto 
un coro temible, trágico que se escucha 
en los infieles altoparlantes: tengo ya 
cuarenta años, mis héroes son apenas 
nombres, libros, valentías de haber 
vivido, pero desaparecen. Mi nombre 
está más próximo al eclipse, el tuyo 
devuelve a las estrellas otro ciclo. 
La música me trajo el vacío que somos. 
Las paredes, llenas de dibujos, de réplicas 
de pinturas famosas, hechas por manos 
que tienen siete, ocho, nueve, y un destino 
seguramente utilitario, la tortura: el trabajo. 
La paz de tu sueño, el aliento que ritma 
este dormir en un pequeño viaje 
recuerdan los instantes en que te dabas vuelta 
y te reías mirándome seguirte. 
Galileo, en tu nombre, vacío como todos, 
máscara funeraria de paisajes que nunca 
vamos a ver, resplandecían tus dientes, 
y en tus pupilas claras creí ver el sentido
de las elipses constantes. Por supuesto 
que no lo tienen. Pero dormís, feliz, 
como si el mundo no estuviese colgando 
del hilo que algún sueño negativo 
ató a tus palabras, igual que aquella noche 
en que decías soñando: "¡no!, ¡no!, ¡no!" 
Me acompañará siempre, en la degradación 
inevitable, la manera en que frenabas 
y acelerabas por el gran gimnasio 
y el sonido pronunciado, la tercera persona, 
no yo, ni vos, cuando te preguntaron 
quién se golpeó la cabeza: "¡Galileio!"



Fragmento órfico

Como hijo de la tierra y del cielo estrellado,
tengo sed y quisiera olvidarme de todo
y volver a las risas sin memoria
ni geografía, así nos hace chistes
constantemente el caminante inquieto
de tan sólo dos años. Y no se acordará
de una palabra. Esta noche el soplo etéreo
de la embriaguez me devuelve al encanto
como si bajara de golpe una maraña
de hebras enredadas, pero levísimas
y disolviéndose al calor del vino,
para sentir después la sensación
luminosa de estar pensando cada instante
en ideas geniales, inmejorables frases,
los títulos más breves para un libro:
"el hilo del olvido", "la raíz de la lágrima",
"el origen perdido", "recuerdos del principio",
Ojalá que esas iluminaciones
al otro día no fuesen tan banales,
pero si no sabemos qué cosa es
el sufrimiento ni lo que está bien:
¿no es absurdo que mucho antes del fin
de la noche nuestra imprudencia mate
lo que está por nacer? Y así se salvó esto
de la nada, un cuerpo repleto de órganos
incomprensibles, hígado, vesícula,
su coloración íctica, su renguera.
Hasta que llega pura entre los puros
la reina de este mundo, en su esplendor poseo
un don de la memoria, los versitos
que aprecian los lectores. Vení, Cecilia,
divinizada por la ley que ordena
el trabajo inconcluso, interminable
de desenmarañar la incertidumbre.
¡Cuántas noches despierto te miré
desparramada como una estrella tibia
y en cuántos lugares! ¿Quién sabe? Esta noche
podría ser la última. Las luces
del patio se desplazan por el techo
de nuestra pieza, parecida a las otras
que daban a tu cara un habla en permanente
modificación, el tácito mensaje
de algo que conocí entonces, un soplido
ciego al fondo del cuerpo, imperceptible
casi en el enredo de imposturas
de la poesía, el concepto y el cinismo.
Amanece y el sol que filtran las rendijas
de cedro rojo te hace mover, decirme
una pregunta con mi nombre. Tu voz
como la de una chica que nunca hubiera
conocido abandonos ni traición,
sospechas ni mentiras, me invita ya a dormir
más que el cansancio. ¿Sabré mañana
cuando de día empañe su recuerdo
que tu espejo brillante todavía
está ahí, detrás de la maraña, el soplo
ciego, la respiración corroída?
Y yo que estoy perdido y condenado
con las palabras, no puedo decir
qué se mueve libre en mí, por vos, ahora, 
sin oficio y sin arte. Estas palabras, 
este poema son confusión y olvido 
pero sé que guiado por tu piel 
blanca en el río oscuro de la noche 
respiré una vez más, no me ahogué, 
mandé a todos los órganos la sangre 
que impulsa de verdad nuestro barquito.



Silvio Mattoni (Argentina, Córdoba, 1969)



domingo, 27 de julio de 2014

el tiempo en ontario











James

James Lawrence vive en Sault Saint Marie
su voz es afelpada y grave
y sueña con ser
el galán de la tarde.
Una mujer contesta el teléfono
pregunta cómo está el tiempo en Ontario.
Está ventoso, dice James, la nieve
ha comenzado a deshacerse
y se insinúa en el aire
la próxima primavera.
No hay
ruidos de fondo
en la llamada grabada,
sólo la voz de la mujer
pregunta cosas y espera.
Después del tiempo, los problemas
con otra compañía,
y luego los antiguos
viajes de la mujer a Ontario.
Ella pregunta por bares
desaparecidos hace tiempo,
el parque y algunos nombres
de calles que James
no conoce. Entre ellos
nace algo
parecido a la seducción.
James sabe
que sus jefes lo escuchan
e intenta
retomar el guión, pero ella
no se resigna y arriesga
un toque más personal
tenés dos nombres, dos apellidos
Disculpe?
tenés dos nombres, dos apellidos
los dos ríen
con una risa tonta
y se despiden.
El número se desvanece,
pero antes
de la próxima llamada, James imagina
un instante las rutas
que lo llevarían a Alberta,
las líneas de cobre
temblando en los postes,
mientras grandes pájaros oscuros
sobrevuelan los bosques de pinos.


Shawna

Shawna ofrece
internet de alta velocidad.
La atiende una mujer
que escucha con paciencia:
Este es un servicio que pueden disfrutar
usted y su marido. Shawna es amable,
tiene una voz dulce
y áspera, de edad
indefinida.
Parece cubrirte con una manta cada vez
que te habla.
¡Oh, querida!, dice la mujer
al teléfono,
tengo ochenta y cuatro años, mi marido se fue hace cinco,
estoy completamente sola, eso no me serviría.
Shawna vive en Winnnipeg y escucha
canciones de la Velvet Underground,
cuando era más joven
fue hermosa y también
heroinómana.
¡Oh señora!, dice estirando su manta sobre ella,
no quería molestarla, gracias por su tiempo.
¡Oh no, querida, no es un problema!,
yo les agradezco
por las cosas bonitas que siempre me ofrecen
contesta la mujer, desde la
frontera del mundo.
Su mano
casi que se deshace
mientras cuelga el teléfono y
se acomoda el peinado.


Kimberly

La última navidad
Kimberly se compró
una Harley Davidson
de gran cilindrada. " 120 caballos
de potencia, una máquina
de verdad", se dijo
al lustrar el fuerte, cromado cuerpo
de su moto nueva.
De lunes a viernes la deja descansar
mientras entrena
nuevos equipos de venta. Dedicada
como una gran madre
muestra los trucos
para una buena llamada.
Le gusta escuchar las historias
de sus trainees. Pregunta,
siempre pregunta. Como buena madre,
Kimberly pregunta
pero no cuenta.
Un día está enferma, se la escucha
tan débil, su voz
no encaja en su torso
de cantante de ópera.
Entonces a ellos
les toca escuchar:
Cada sábado, subida a mi Harley
recorro el asfalto de la interestatal.
Me gusta recibir
el viento en la cara
olvidarme de todo y
acelerar, mientras la ruta
se deshace, metro a metro, bajo las ruedas.


Eloísa Oliva


Eloísa Oliva. Poeta argentina. Nació en 1978, en Buenos Aires, vivió gran parte de su niñez y adolescencia en Neuquén y actualmente vive en Córdoba. Estudió comunicación social y cine. Participó en la antología de poesía cordobesa Espuma de rabia (La Creciente, 2004). Publicó: Humus (La Creciente, 2005); 1027 (Nudista, 2010) y el tiempo en Ontario, Nudista, 2012. Las revistas Alguien llama, El banquete y Diario de Poesía incluyeron una selección de sus poemas. Asistió a talleres de poesía con Luciano Lamberti, Federico Falco, Claudia Prado y Fabián Casas, participó de la Clínica de Narrativa del Centro Cultural Ricardo Rojas dictada por Inés Garland y fue residente en RUSA (Residencia Un Solo Artista), Rosario, residencia organizada por la artista Claudia Del Río. Entre los años 2007 y 2008 formó parte del consejo de Editorial La Creciente. 




viernes, 25 de julio de 2014

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cuando los habitantes de esta ciudad 
se aburren de sus vidas modestas, 
cuando creen desesperadamente 
en la salud, 
salen a los parques.

es una noche rigurosa de enero: 
el gas del aire anestesia 
a los grillos y los árboles, 
los adolescentes transpirados 
corren en cardúmenes: 
todos son idénticos a sus padres, 
muchos van a repetir sus vidas, 
pero ahora son soberbios y puros 
y en la velocidad es lo único 
que saben.

los humanos crecimos
viendo el espacio por televisión,
pero ahora veo que las galaxias
no están a años luz de nada:
son esos insectos que giran
elípticamente hipnotizados
alrededor de los postes de luz,
esas mujeres parlantes y bronceadas
que dan vueltas con zapatillas blancas
de la misma forma en que alguien,
que tal vez soy yo, 
gira alrededor 
de lo que pasó:


             bocas brazos cabezas, 
             dos respiraciones 
             que se tocaron 
             en una pieza cerrada.

             alguien se volvió real 
             como el verano.

los gimnastas estiran sus piernas 
sin hablar,
se doblan sobre el césped 
como bailarinas sin técnica.

cansado
voy a volver con la ropa mojada
hasta esa casa
en la que una vez dijiste
que así son las cosas,
que no somos nosotros
los que eligen,
pero yo por una vez
creí
que había elegido algo


Santiago Venturini


Santiago Venturini. Poeta argnetino, nacido en Esperanza (Santa Fe), en 1981. El poema que presentamos pertenece a su primer libro: "El espectador" (Ed.Gog y Magog, 2012).



miércoles, 23 de julio de 2014

Compré una canasta con frutas















Compré una canasta con frutas en el mercado. Caminando hasta el parque revoleaba la canasta a un lado y a otro y cada tanto pegaba un salto. Porque eso hago cuando estoy contento. En el camino me crucé con los pibitos del barrio y les regalé una fruta a cada uno y nos fuimos todos juntos a comerlas a la plaza. Cholo contó que había visto una nave la noche anterior, una nave cargada de superhéroes. Dijo que todos tenían la cabeza fosforescente y que la sacaban por las ventanillas. Contó doce y una forma extraña que no era un humano pero que también brillaba. Nos quedamos en silencio, pensativos. Caía la noche y alguien dijo que la magia no existía. Cuando volvía para casa sentí brillar dentro de mí la nave de los doce superhéroes y con eso hice un poema. Cuando lo terminé, hice un avión con el papel en el que estaba escrito y lo lancé por la ventana, sobrevoló la calle, planeó sobre los árboles y se encendió como una lamparita antes de caer.



Estoy inflando un globo plateado

Estoy inflando un globo plateado. Lo veo hincharse con mi aire y ponerse durito. Lo miro sin que eso me conduzca a ninguna reflexión. Está conmigo, eso es lo importante. Salgo al balcón con mi globo y contemplamos la ciudad sin que eso nos haga pensar en algo que tenga que ver con algo. Después, que las cosas tengan coherencia me parece que es lo de menos. Me da hambre y suelto el globo. Lo veo alejarse, baila, parece feliz. Aunque simulo un universo particular, el fondo es siempre universal. Y eso tampoco debe tomarse como una reflexión, porque en realidad, no quiere decir nada. En la heladera encuentro bananas, me como una. Me siento bien, eso es lo importante; me siento entera. Ya no me interesa teorizar ni construir conceptos, ahora inflo globos, como bananas, y a las ausencias las relleno con inutilidades, ni siquiera con inventos o poemas, ahora me muevo en el perímetro de la vulgaridad. Y eso me parece que no está ni bien ni mal.


Paula Moya



Paula Moya; Mar del Plata, 1988. Vive en La Plata. Publicó Carne (Goles Rosas, Mar del Plata, 2010). Administra desde 2009 el blog Mentiroso y nudista (fiestaenelutero.blogspot.com).


lunes, 21 de julio de 2014

MI PRIMER RATÓN



















Es el primer ratón. 
Se instala en mi
biblioteca. 
Masca mis libros. 
No lo escucho. 
Pero a la mañana 
deja sus señas. 
Pequeñas mierditas 
como si fueran 
perlas.

Pasan los días.
Lo busco.
Es astuto.
No lo encuentro.
Se ha refugiado
detrás de la cocina.

Al encargado del 
edificio le digo: 
¿puede ayudarme? 
Hay un ratón. 
Se come mis libros.

Pasamos toda 
una mañana
en la cocina.
El encargado
llena de papeles
el horno.
El humo nos ahoga.
Pero el ratón resiste.

Luego desarmamos 
la cocina.
Cuando el encargado 
desmonta la tapa, 
el ratón sale. 
Corre desesperado 
por toda la cocina.

Es un ovillo gris 
grandote. Veo en 
sus movimientos, 
desesperación. 
Se refugia detrás 
de la heladera.

Lo acorralamos.

Vuelve a la cocina. 
Lo acorralamos.

Vuelve detrás de 
la heladera.

Cuando intenta
huir de nuevo
el palo de la escoba
le da en la cabeza.

Ya está dice
el encargado.

Yace en el piso 
con su boca llena 
de sangre.

Es una rata inmunda, 
me dice el encargado.

Pone su cuerpo 
sobre el periódico 
y se lo lleva.

En la madrugada, 
concluyo la novela "Maus".
Es un cómic novelado.

Todos tienen la 
expresión del ratón 
que murió en mi 
cocina.

Son ratones que van 
y vienen en un campo 
de concentración.

El país está lleno 
de gatos.

Cierro el libro 
y pienso. 
Liquidé a alguien 
que se comía 
mi biblioteca.

Era un parásito. 
Llevaba gérmenes.

En la noche 
detrás de mi ventana, 
los diversos 
letreros luminosos 
de bebidas, autos, 
ropa interior, viajes, 
clubes exclusivos, 
resaltan ciertas palabras.

Son palabras diáfanas,
claras, precisas,
sólo que en mi
mente,
muchas están
contaminadas,
por cruces svásticas.

El aire de la mañana 
vuelve limpio.

Borro los hedores. 
Normalizo mi casa.

Junto a la bolsa 
de basura, 
el cuerpo del ratón 
yace en el periódico. 
Un titular lo envuelve: 
"Congreso de la lengua. 
Se abordó la pureza 
del idioma".



PLAZA ITALIA

Es como entrar en 
un sueño. La noche 
y la niebla agigantan 
la figura de Garibaldi 
la distorsionan 
como todas las aureolas 
del neón que 
rodean Plaza Italia.

Voy por una calle 
semioscura, y algunas 
de las frases de Adorno 
giran en mi cabeza. 
Un rato antes lo estuve 
releyendo en un bar. 
Un rato antes lo 
tenía presente en la 
Feria del libro.

El hablaba de la música.
La música siempre tiene
que expresar una negatividad
crítica.
Viendo desfilar los árboles
oscuros, las marquesinas tenues,
los faros de los autos
como ojos de liebres
sorprendidas, pienso, 
la música no tiene que 
ser complaciente.

Pero la niebla me 
lleva de vuelta a casa. 
Lo transfigura todo, 
casi como el escritor 
que interrumpió mi 
lectura en el bar, 
desde un televisor.

Él decía que la 
obra de arte tiene que 
saber relacionarse con 
el poder, porque sino 
resulta estéril.



EL ÁNGEL DE LA HISTORIA

Los españoles dicen 
escaparates. Nosotros 
decimos vidrieras
Y son ellas con sus 
luces opacas, en la 
mediatarde de 
invierno, en Once, 
que ofrecen 
maniquíes.

Ellos están desnudos, 
sin cabellera, calvos, 
sean hombres o mujeres, 
algunos con rasgos 
de negros, otros con 
rasgos aborígenes.

Desde el fondo 
de la tarde oscura, 
desplazándose entre 
contenedores de basura, 
avanzan judíos religiosos 
con levitas y sombreros 
de ala ancha.

Benjamín decía que 
en los detalles mínimos 
transcurre la historia. 
En esas vidrieras 
los maniquíes tienen 
una mirada perdida 
como el ángel de la historia 
que miraba las ruinas 
de una sociedad.

Los hombres de levita 
cruzan ante los maniquíes. 
No los doblega ninguna 
duda. Para ellos 
las ruinas de una sociedad 
son superadas por un más 
allá: una trascendencia.

Ya en la noche cerrada,
hay un tema
que se le escapó
a Benjamín.
Que los maniquíes,
como el ángel
o algunos hombres,
están enamorados
de la eternidad.



Fernando Kofman




Fernando Kofman. Poeta y ensayista, nacido en Posadas, Misiones, en 1947. Vive en Buenos Aires desde fines de los ‘60. Fue co-fundador en 1980 de la revista Satura. Publicó los siguientes libros de poesía: Diez poemas y un aporte (1979), Tiempo de convulsión (1982), Caída de la Catedral (1987), Zarza remueve (1992)- traducido al inglés,en 2008;  De Bell a Campana (1995), El dúo de música de cámara (2001), Tres óperas políticas (2006) y Mi primer ratón (Ed.La Carta de Oliver, 2012). Con características particulares, publicó varios ensayos sobre temas que van de la literatura a la arquitectura, de la filosofía a la política, entre los que se cuentan: Poesía entre dos épocas (1985), Años de ceniza y escombros (1988), Polifonía en el páramo (1990), La cultura depende del lenguaje (1997), Poesía para la arquitectura (2000), La insolación (2004), La poesía opaca (2008) y La idea de absoluto y sus fundamentalismos (2009). Tiene dos obras de teatro en verso inéditas: La tempestad en Florida y El ferry. Dirige con Santiago Espel la revista FrankBaires, orientada hacia el pensamiento crítico.




sábado, 19 de julio de 2014

COMPORTAMIENTO DEL CONEJO













comportamiento del conejo

al despuntar el alba ya despierta 
y empieza a andar los pastizales 
con pelambre galante acaricia la hierba 
que recubre por completo sus dominios 

no se acerca al granero hasta la hora de la siesta 
sólo se desplaza con marcha leve 
o se queda completamente inmóvil 
salvo por el imperceptible aleteo 
de sus narices 



pez 

sube a la superficie para ver 
el punto en el tejido de las cosas 
se mantiene un rato a flote y al final 
siempre cede a las branquias y al agua 



suena una campana 

levemente mecida por el viento 

la luz del mediodía cae a pique 
y corta, con el filo de un hacha 
la dulzura agreste del verano 

mientras todos duermen 
la campana rompe el silencio 
y eso me alcanza 



discurso del náufrago 

al mensaje de la botella lo leyeron los tiburones 
pocas personas conocen estos peñascos 
y los botes indígenas 
no frecuentan las piedras filosas 

la arena de estas playas 
es volátil y lo invade todo 
así que tuve que acostumbrarme 
a una mediación de lija 
en mi contacto con cualquier objeto 
vivo o inanimado 

sin embargo soy feliz 
en esta isla que resplandece 
como una estrella caliza 
en un cielo azul profundo 



caen del árbol las naranjas

y revientan jugosas 
bajo el aguacero 

la capa de nubes es tan densa 
que nunca se consume 
y hace días que está lloviendo 

el patio, los árboles, la casa vecina 
todo es gris 
salvo las naranjas



el agua del lago está inmóvil 

un haz de luz atraviesa 
la superficie y se difunde 
en infinitos tonos verdes 

así mi espíritu 
absorto ante tu imagen 
se tiñe por entero de tu voz 



Gustavo Gottfried




Gustavo Gottfried nació en Buenos Aires en 1969. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires y se desempeña como terapeuta. Lleva adelante, junto a su compañera Hilda Fernández, la editorial Mágicas Naranjas, dedicada a la poesía y la infancia. Publicó Un rastrojero bajo el sol (Huesos de Jibia, 2007). Tiene en preparación el libro Comportamiento del conejo y otros poemas, a publicarse próximamente por Viajero insomne. De ese libro fueron extraidos los poemas que publicamos.




jueves, 17 de julio de 2014

como un iceberg














iceberg

sorprendente y hermoso
como un iceberg
descubrir
una nueva forma del amor
en la maravilla del cuerpo:
cuando él llora
de la punta de los pechos brota
una forma
perfecta de consuelo
una leche
blanca y dulcísima.



el viento entre los árboles

¿y si el amor no fuera sino 
una conversación infinita 
sólo interrumpida de vez en vez 
por el viento entre los árboles?



el perfume

en la calle
esta mañana
compré un ramito
con tres varas de nardo.
por la tarde
al escribir
noté su perfume
que intenso y sutil
se esparcía por el cuarto.

asi quiero estar
rodeando
las tardes de tus manos
intensa y sutil
presente
como tres varas de nardo.



la espera

dice que va a venir
esta tarde
a visitarme
-a tomar unos mates-
dice.

lavo mi cuerpo
lenta y cuidadosamente.

por la noche
los jazmines que corté
con la última luz
del atardecer perfuman
como otra variante del rocío
el gesto
inútil de la espera.



agua

si me preguntaras por que
insisto en pasar
las tardes juntos y desnudos
me reiría en silencio
mi corazón está en calma
pero no quiero confesarte
que cada vez que te toco
y mi cuerpo sigue
con movimientos lentos
las ondulaciones del tuyo
y de tu voz y de tu risa
como los capullos de los árboles costeros
siguen el ritmo del agua en su fluir

sin sombra de duda
que hay otra tierra y otro cielo
más allá de este mundo pequeño.



las manos

no es por esa voz tuya
que oigo
franca y directa cada semana
cuando te llamo a la oficina
ni por el perfume
de tu pelo y de tu sexo
que atraviesa mis dedos
después de las visitas
sino por el desliz satinado de mis palmas
por la superficie lisísima de tus pechos
y tus nalgas
llenas y redondas y además nuevas
nunca antes tocadas por otro cuerpo de mujer
por lo que te deseo
tanto,
mujer casada.



la canción

sueña con un hombre y en el sueño
él es perfecto
él es un hombre de ésos que
después de besarte largamente
te da un beso chiquito
de ésos hombres que
mientras te acarician
te hablan en susurros
y te muerden la oreja.

el hombre del sueño era alto 
de pelo oscuro y ojos claros 
de voz tenue y armoniosa

ese hombre insistía 
él insistía con su amor 
y ella insistía con el sueño 
en soñarlo.

cuando se despertó
su cuerpo estaba húmedo y feliz
y ninguna mirada
ni siquiera
la mirada severa del marido
de pie
al borde de la cama
pudo enfriar
la calidez tangible
de ese amor
verdadero
que exhalaba todo el cuerpo
como una canción que nunca
va a pasar de moda.


Anahí Mallol



Anahí Mallol. Poeta y ensayista argentina, publicó los libros de poemas, Postdata, Siesta, 1998, Polaroid, Siesta, 2001 (Primer Premio del Concurso "Año 2000: Memoria histórica de la violencia en América Latina y el Caribe"), Óleo sobre lienzo, Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, colección Chicas de Bolsillo, 2004; Zoo (Paradiso, 2009); Como un iceberg (Paradiso, 2013) y un libro de ensayos sobre poetas argentinos, El poema y su doble, Simurg, 2003, con el que obtuvo el Subsidio a la creación de la Fundación Antorchas. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al alemán. Ha sido incluida en antologías publicadas en el país, en México y en España, y en diversos sitios web. Colabora con revistas de poesía y de crítica literaria. Dicta talleres de poesía. Fue cofundadora del sello editorial Siesta.





martes, 15 de julio de 2014

ESCRIBIÓ DICKINSON



















Los días se acortan y vuelven a alargarse

del invierno al verano.
Pero no la vida. 



Enciendo la lámpara de sal de la montaña

junto a mi cama.
Me suelto el pelo
recordando las canas invisibles.
Me acuesto entre las sábanas de hilo
con la bata dorada de la China.
Debajo mi piel blanca no desea
ni en sus botones rosados 
ni en sus lunares pálidos.
Sobre la almohada se escuchan mis anillos
porque está fresco, quizás, 
y se afinaron mis dedos.
El oro, la plata, la amatista.
Afuera la noche se ha espesado
porque terminó la luna llena.
Empieza el mes que precede al invierno.

Qué ligera que soy sin tus deseos.

Qué dulce corre el alma 
en mi esqueleto.
Qué cierta es esta cara y estos flancos
qué ciertos que son,
qué delicados.
Me admira mi gata, blanca y parda,
y yo la admiro a ella en su silencio.
Hasta el perfume rojo de las flores
tengo.

Qué ligera que soy sin mis deseos. 



Ayer compré un cuarto de sandía.

Desparejo, pálido, pastoso.

A veces
las cosas que uno tiene al alcance de la mano
y corta a la mañana sobre un plato

no parecen venidas de la tierra.

Las semillas resbalan y crepitan 
en el fondo acerado de la fuente.

Miro la roja tajada 
desbastada. 

Pienso en limpiar el balcón abandonado.  



Quería escribir sobre las aceitunas.

Tal vez
sobre aquellas que son pasas.

Tal vez sobre aquellas
que son negras.

Amo las cosas negras que se comen.
Amo las cosas saladas
que se tocan.

Amo las cosas duras por adentro,
las cosas densas y pringosas
por afuera.

Me hacen justicia.
Me parecen ciertas.



Hoy disolví un amor.

Algunos signos se vieron desplazados.

Algunos otros
quedaron en el aire.

Podría pensarse que es un día distinto.

Lo único cierto es que empezó el invierno. 



A veces es triste lo que hago con mis manos.

Hoy remendé el camisón de seda
que me trajiste de la China.

Lo uso solamente para mí:

se va gastando
y no habrá más camisones de la China.

Sólo éste.

Lo voy a usar como solía usar tu amor:
todos los días.

Que dure lo que dure
y que conserve las huellas

de mi cuerpo, 
que sigue estando vivo,

y de todas
las cosas aledañas.


Paso la vida sentada ante la mesa

leyendo 
y escribiendo

y bebo 

y celebro a los poetas chinos
que le cantan al vino,
a la contemplación.

Pero si veo a mi hijo borracho
me preocupo

y si lo veo ocioso
me entristezco.



No quiero cargar con otra cosa

que la fina lámina del cielo
que mis ojos pueden alcanzar. 



Carina Sedevich




Carina Sedevich nació en 1972 en la ciudad Santa Fe y reside en Villa María, Córdoba. Ha publicado en 1998 la plaqueta “Una nube decapitada y grave” (Plaquetas Del Herrero, Editorial Radamanto, Villa María) y el libro “La violencia de los nombres” (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe). En 2000 publicó los libros “Nosotros No” y “Cosas dentro de otra cosa” (Ediciones Lítote, Santa Fe) y en 2012 el libro "Como segando un cariño oscuro" (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba), también editado en España y en Chile; “Incombustible” (Alción Editora, 2013 Córdoba) y "Escribió Dickinson" (Alción, 2014). Parte de su obra ha sido incluida en diversas antologías del país. Es docente universitaria en comunicación y semiótica.