sábado, 1 de agosto de 2015

HACER EL ODIO -con verso perverso- CANTATA CIANURA PARA CORO MURGUERO, RELATOR RUFIÁN Y MEZO BUSCONA SOLISTA.























Hay sequía loco. Va para largo que no cae una gota de merca.
El Monje está guardado, y no alcanza el fervor maternal de la Rusa María,
la braguetera del callejón no alcanza.
Ni alcanza el fueguito que Juan Mechita sostiene con llama votiva.
Entonces, nos juntamos -vea- a gritar cantar entre todos.
Decimos: queremos hacer el odio no el amor y decimos
con los derechos de la misiadura y decimos
el que no canta grita que se borre y decimos
el que se borra es hijo de la yuta.


Hay sequía loco. Va para mucho que no cae una gota de merca.
Aunque el Nene Manguera anuncia: ahí vienen.
Viene el alemán barbudo, se llama Carlos y la tiene clara;
te la dice posta cómo te tragan los de arriba,
chamuya fino pero se entiende.
Y también viene Vladimiro, el bocha que no deja de chillar
"todo el poder a la doce". Y anuncia Manguera: algo traen, no sé;
son de peligro dice la taquería, deben traer de la buena.
Sería grande que no tardasen.
Aquí hay bronca y soledad y frío y oscuridad hay aquí.


Hay sequía loco. Va para demasiado que no cae una gota de merca.
Entonces nos juntamos -vea- para gritar cantar
"queremos hacer el odio no el amor" y decimos:
con los derechos de la misiadura y decimos:
así que vengan los pesados del verso
los grandotes de la palabra que vengan.
Que venga el portugués Fernando con sus múltiples sombras;
que venga el ciego mayor Señor de los Laberintos,
aquí lo espera el arca con las cenizas de Alejandría.
Que venga el cabrón Perse con sus poemas hechos de nada,
y el tano Salvatore que venga, el Quasimodo, porque
"anochece y estamos solos sobre el corazón de la tierra";
y que venga Federico, el espléndido marica,
en la calle ésta de los cuchillitos estaremos
a las cinco en punto de la tarde.
Que venga el capitán de Chile con sus mineros que venga
con sus versos más tristes y el azul de metileno.
Y el cholo César que venga, que se traiga su jueves,
el puto jueves, la puta muerte, el aguacero.


Hay sequía loco. Va para eternidad que no cae una gota de merca.
¿Qué pasa, se murieron los dilers, todos se murieron?
¿Qué dice la gilada?, ¿la Tele qué dice?
Dice de nosotros, ¿algo dice? ¿Por qué no vienen?
¡Arrugan eh..,! ¿Tienen miedo? ¿No quieren que mostremos la jeta?
Malos somos; ¿somos feos?
Monstruos, eso somos; forajidos, y oscuros
y perdedores y reos somos, eso.
¿Qué pasa hoy, no servimos, no vendemos?
No hicimos ningún barullo grande
no nos fumamos todo, ¿no tapamos el cielo?
¿No somos noticia hoy? ¿Ningún chico se regaló para fiambre?
Vengan turros y díganle a la guada que aquí es siempre noche,
sólo noche, y que te devora las tripas la víbora de fuego,
y que el silencio, esa rata de la oscuridad
se pone arriba del día, y digan que te pudre, que mata, revienta.
Vengan turros y vean la tiniebla que vive aquí,
que no se corre, que se queda.


Hay sequía loco. Va para olvido que no cae una gota de merca. 
No queda otra entonces que juntarnos a cantar gritar 
"queremos hacer el odio no el amor" 
y decimos; pesa el bajón, loco, pesa. 
Va para el reloj de todo el tiempo
y no da para más la sequía. No,
Así que vengan los pesados del verso,
los grandotes de la palabra que vengan,
que vengan a levantarla aquí,
aquí donde vamos a regarla
con alcoholes de zozobra y blancas de soledad;
con los gritos nuestros los cantos de nosotros.
Que vengan los pesados los grandotes que vengan
los papas de la espléndida palabra
que vengan hasta/para el corazón la cabeza
de nuestro fugitivo chiflado mísero día.
De cada día.
Aquí.



Marcos Silber


Marcos Silber. Poeta argentino nacido en Buenos Aires, en 1934. Entre sus publicaciones, podemos nombrar 15 libros de obra propia y en otras tantas antologías. Es autor de la versión argentina de “Raíces” (teatro) de A. Wesker, editado por Nueva Visión. Asistió invitado al Festival de poesía de Bogotá, de Medellín y de Cajamarca (Perú). Recibió numerosas distinciones, entre las que mencionamos: Faja de honor de SADE y Primer premio en Mérida (España). Finalista en Casa de las Américas con su libro “Thrillers”. Premio 1999 y 2000 Certamen prosa breve (contextos, Radio Cultura). Primer Premio Municipal 1999.Incursionó en el teatro como adaptador con la pieza "Raíces" de A. Wesker. Formó parte del grupo "Barrilete" y es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos. Entre sus libros de poemas se citan: "Ella", "Dopoguerra", "Suma poética", "Las fronteras de la luz", "Cono de sombra y casa de pan", "Sumario del miedo".





jueves, 30 de julio de 2015

ESCRIBANÍA DE VIVOS Y MUERTOS
























Los años pasados y éste son lo mismo
Nada nuevo bajo el sol
Sufrimos gozamos lloramos cantamos
reímos un poco
Dormimos más a veces menos
según el reloj del corazón
En oportunidades diversas
tenemos visiones semejantes
Por ejemplo la recurrente certeza
de la gran olla universal
donde la inteligencia es una salpicadura
Por ejemplo la seguridad de la desaparición
en la noche caníbal



LAS PALABRAS
a Joaquín Giannuzzi a Teresa Leonardi-Herran

I

Encontró una línea escrita
la creciente arrastra sombras
Le pareció un hermoso verso
y pidió al hijo que continuara
Éste agregó
también zapatillas trozos de cuero
osamenta de animales etcétera
Entonces
el padre defraudado
condenó la inclusión del deterioro
entre los eslabones de la vida
como si ésta sólo fuera
un lírico desgarrón de lo absoluto

II

Sin embargo todo resulta banal 
lo enorme y lo ínfimo 
Cantar sería revertir 
encontrar el espacio de pureza 
donde trazar el resuello 
Tomamos aire y continuamos 
El espejo dice la verdad 
Nuestra imagen en el agua quieta 
es la momia del instante
Luego están los otros y el amor
los pedazos de carne en la gloria del tacto
y la amistad para sentimos tibios
pues desde los sillones
tapizados de codicia
la historia de cada uno
cada historia personal
parece un film confuso y boqueante
No entendemos de números
ecuaciones estadísticas proyecciones
más fácil fuera el látigo la horca
Rebaño el mundo
matadero

III

Bueno o malo
por un oscuro designio
almaceno lo cotidiano
en un depósito de insalvables carencias
Demasiado ambicioso
he repetido mil veces
y te lo he dicho amiga
mi esperanza cuando escribo versos
es su buena factura
Pero soy un amanuense
incapaz de encauzar el manantial
Éste arrasa con la hoja blanca
Es mi escritura
pero también la de un cuerpo desconocido
y sin embargo necesito escribir bien
sentir los contrastes rítmicos
el color de las vocales engastadas
en las terrestres consonantes
Hablar de la perfección
sería hablar desde un afuera
Nosotros
modestamente
tratamos de orquestar la vida
enhebrando palabras
por el ojo de una aguja
con la íntima certeza
de que el viento barrerá
todo rastro del posible bordado



LA PREÑADITA
a Ana María Cossio y Delftna Teran

Arrastra sus tetas por la vereda
siempre a mi derecha
siempre al trote
con pasitos coitos
Sus ojos son lámparas gemelas
No me atrevo a mirarlos
su luz es amor a quemarropa
Por la calle
el ilustre director de orquesta
va de frac en bicicleta
Esta noche hay concierto sinfónico
y músicas estentóreas o dulcísimas
sonarán en el teatro colmado
Mientras tanto pedalea
sudoroso bajo su frac impecable
El profesor escandinavo
camina hasta los torrentes del cerro vecino
para recibir el bautismo de la espesura
los naranjos salvajes los durazneros bárbaros
desnudo al sol
bailando entre las aguas
En la montaña
las manos de esa mujer elegante
arrancan seriales dodecafónicas
de un piano embravecido
Los sonidos se elevan
y caen al rozar el cielo
Bajo la estatua de una señora robusta
en la plaza de la ciudad aldea
un hombre en pantalones cortos
se agacha para levantar un pichón
Lo pone en el bolsillo de su camisa
y a grandes trancos
sube la calle que lo lleva al monte
La tetudita se arrima
frota su panza en mi pierna
y lastimera trata de alcanzar mi mano
¿Parirá en un baldío
o en las escalinatas de la catedral
junto a los pordioseros?
El filósofo barbudo enseña marxismo
y pensamiento antiguo
otro induce a replantear la historia
y el pintor hace cantar los colores
en la absurda realidad del hambre
Una fábrica de azúcar se levanta
sobre las cuevas donde el familiar
espera a su jornalero víctima
Al cabo de la amazonia
en un trópico de orquídeas azahares y parásitas
los poetas son rilkeanos
Pero el incienso de los templos
no achata el espesor de los sentidos
La preñadita lame mis manos
retozo con ella
rasco su lomo
su cogote collarejo se funde al mío
somos amantes explícitos
cargados de futuros hijos de dolor dichoso
El director de orquesta todavía pedalea
El escandinavo se baña desnudo en el torrente
El gorrioncito es el corazón
del hombre de los grandes trancos
La furiosa dama abre su quimono
y nos dona todas las vanguardias
El pintor ilumina los sótanos
y saca agarrado de la nuca a\ familiar rollizo
Los poetas rilkeanos han muerto
Los azahares las orquídeas las parásitas
enmarañados protegen antas osos hormigueros
zorzales escarabajos lechucitas
El filósofo marxista
abandona su herbario de palabras
Lo encandila un picaflor
dardo irisado que liba los néctares del valle

El verano viene apurado de relámpagos y lluvias
Ella se echa junto a un montón de basura
Desaparecen las nubes
y zumba una cuerda en el arco iris
Sólo entonces
en el umbral del verano
empieza a parir
la preñadíta



Leonardo Martinez



Leonardo Martinez. Poeta argentino. Catamarqueño, nació accidentamente en Córdoba, en 1937. Estudió en Escuela Superior de Música de la Universidad de Tucumán, institución donde ejerció la docencia hasta 1980, año en que volvió a Catamarca. Desde 1990, vive en Buenos Aires. Obra poética: Tacana o los linajes del tiempo (1989); Ojo de brasa (1991); El señor de Autigasta (1994); Asuntos de familia (1997); Rápido pasaje (1999) y Jaula viva (2004), estos cuatro últimos en Último Reino; Estricta ceniza (Del Dock, 2005); Las tierras naturales (2007);  Jardín volátil (Sarquís, 2007); Los ojos de lo fugaz (2010) ,  El Barro que sofoca (2013) y  Escribanía de vivos y muertos, Antología personal de toda su obra (Ed. del Dock, 2013).






martes, 28 de julio de 2015

LO GRIS EN EL CANTO DE LAS HOJAS



















De Albada:

PARRA

Como si la belleza pudiera redimirme, ante el claro y fresco rostro 
por donde pasaste en el alba la espuma del jabón, el filo del acero,
                                                                                               /el agua tibia
repaso yo mis días, anudo pasados y futuros, ya no quiero morir; 
supongo que hay un margen de tiempo aún para este cuerpo y
                                                                                       /hunde sus raíces 
en la infancia y el padre, parece decirme tu sonrisa de talla barroca
                                                                                                    /pero viva. 
Como bajo una parra en verano contemplas un jardín zen detrás
                                                                                          /de los cristales 
y toda arquitectura te contiene y te vuelve sagrado, es un arte que
                                                                                 /dominas desde niño. 
Yo he soñado con morgues, con puentes que unían ciudades, con
                                                                                 /soleadas autopistas, 
con una extranjera que volvía y volvía a irse y con una palabra
                                                                                 /inventada que olvidé.



ALBADA DEL QUE MADRUGA EN DOMINGO

Adán de nuevo,
entre flamantes calandrias y cipreses,
de pie en el pasto fresco recién hecho,
usufructuario único del sol y del rocío
y de todo este aire;
cuánto que decirte en esta luz de oro al ras de las cosas, 
en la prehistoria del día, a esta hora 
que cada palabra funda mundos;

cuánto, si hubieras despertado también aquí, 
pienso y el peso de! corazón encorva mi sombra.



De: Refinería:


POEMA ESCRITO EN CAMINO ACÁ

Hoteles modernos con nombres vagamente italianos
o algo portugueses, era como sonaban
antes de nosotros
el mundo, la aventura:
a transatlántico, a mantel almidonado,
a azulejos marrones
con redondeles inscriptos en cuadrados,
el jugo de naranja
en un vaso cilindrico,
las formas racionales del amor.
Cosas de antes de nosotros:
un cartel en la ruta,
Seitú dice.
Una máquina del tiempo
que uso para irme.



REFINERÍA

¿Cuántos soles caben en una bomba atómica?
¿Hasta cuándo nos aburriremos? ¿Qué vendrá de peor
que aún no imaginamos?
¿Le sirve a la poesía aquel largo paredón blanco?
¿Le sirven esas filas de bolsas de basura,
la meada en el piso de cemento del refugio,
el 110 que no viene, la overa perra gorda echada,
la plaza triangular con un ombú raquítico en el centro,
un Siam Di Telia verde, los camiones de cuarenta años,
el hecho de que por lo demás este lugar parezca Boedo
y sea Rosario? "Si vas a volver borracho
-le habían dicho-
volvé enojado; si no, estás perdido".
Rodaba por su mapa,
estaba tan cansado de ser hombre,
hablaba de cine y de la lluvia en Seattle
y de lo posible y lo infinito.
Olor a parrillada, a choripanes,
ochocientos mil chalecitos peronistas, 
un chiste en el camino de Emboscada a Limpio, 
¿cómo sostener una pasión en este mundo? 
¿Cómo se hace para ser padre todo el tiempo? 
¿Cuántos cuartos de hora perdidos suman una vida?
Las botellas traen una sed como de cactus.
¿Somos acaso sabios más allá de la acción?
Todo lo que miramos se acumula
y forma —a la larga— una religión.



LO GRIS EN EL CANTO DE LAS HOJAS

¿Qué es un muerto?
Es un montón de ropa vacía.
Vacía pero con el olor de un cuerpo
que ya no dice nada. No es la sangre
de los muertos el problema. El problema es la grasa,
la grasa de los muertos que queda en las cosas que tocaron:
las asas de madera, lo gris en el canto de las hojas
del libro de cabecera o la guía de transporte urbano.
Todo eso huele y duele: el rastro del sudor y de las manos
de quien ya no se queda pensando bajo el agua, el silencio
de quien ya no tiene planes. Antes de matar, tengan piedad
de quien sea que vaya a abrir ese ropero
la mañana después;
piedad por quien halle la estela funeraria
de inservibles corbatas,
algunas con bordes grasientos y raídos
allí donde antes rozaban la nuca como una caricia.



Beatriz Vignoli



Beatriz Vignoli (Argentina; Rosario, Santa Fe,  1965). Poeta, escritora, traductora de inglés y crítica de arte y literatura. Publicó los libros de poesía:  Proesía (Rosario, 1979), Almagro (EMR; Rosario, 2000), Viernes (2001), Itaca (Rosario, 2004), Soliloquios (Huesos de Jibia, Bs.As., 2007), Bengala (Bajo la luna, 2009) y Lo gris en el canto de las hojas (Baltasara Editora, Rosario, 2014. Publicó las novelas: Reality (EMR, 2004);  Nadie sabe adónde va la noche (Bajo La Luna, 2008); Molinari baila (El ombú bonsai, Rosario, 2011); Es imposible pero podría mentirte (Homosapiens, Rosario, 2012); aparte una crónica que fue llevada al cine y un par de libros de relatos. Desde 1991 colabora en el suplemento "Cultura y contracultura" del diario Rosario 12; fue crítica de arte en el Buenos Aires Herald y curadora de numerosas expsiciones de arte.  Coordina talleres literarioas.  Contienen poemas suyos varias antologías, entre ellas Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, 2004), Los poetas interiores (Amargord, Madrid, 2006) y Viernes (Bajo la luna nueva). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.





domingo, 26 de julio de 2015

VIENTO EXTRANJERO























LAS HAMACAS


a Pilar

Las hamacas que visitábamos de noche nos interpelan, 
el bosque que recorrimos juntos nos interpela: 
hablan de nosotros y repiten nuestros nombres.

No es todo lo que quisiéramos oír
pero su voz se oye clara en cuanto apoyamos la cabeza.

Dicen sí y dicen no,
dicen claridad y oscuridad, siempre de a pares;
de dos en dos, no se cansan de repetirnos.
Hablan de lo que llega limpio y no tarda en desvanecerse,
de lo que se eclipsa y regresa cuando ya no lo buscas.

En el vaivén está su secreto,
en el soplo y en la brasa, en la aparición y en la desaparición. 
Por su abundancia, la luz tiene necesidad de repetirse, 
hace nido en la piel y se transforma en memoria.

Dispuestos a partir -no una, sino mil veces-, regresamos; 
regresamos porque no hay otro lugar y el mundo es éste 
y aceptar la vida es el lugar.

Tu estatura no era elevada como para escuchar esa voz 
que se abalanzaba desde las sombras,
pero juntos, tomados de la mano, formábamos una columna 
más fuerte que tu miedo y el mío.

Las hamacas nos enseñaron a escribir sobre el agua,
a dibujar grandes círculos en la arena
y a confiar en el bosque del que no hemos salido.



TODOS, ALGUNA VEZ, ESTUVIMOS EN EL PARAÍSO

El que observó a medianoche la espuma blanca del cielo, 
el que oyó un galope prolongado en la estepa de la mañana, 
los que presintieron la lluvia y se refugiaron en ella, 
el pescador que aguarda el próximo pez que prenderá esa tarde, 
el que recuerda el olor a café detrás de una puerta que no existe, 
quien siente en la boca la primera palabra de un verso:

todos, alguna vez, estuvimos en el paraíso;
las manos lo tocaron y el pecho aspiró su aroma,
el Paraíso cedió por un instante -se detuvo allí—
alzó un vivac en el que cada fragmento coincidió con su parte:
las sombras con el árbol, el árbol con el camino,
el río de Heráclito con el río a secas.



SEGUNDA NATURALEZA

El amanecer comienza, como siempre, en voz baja.
Lo acompaña un trino que, con el paso de las horas, se apaga.
Entonces entran los grandes autobuses,
palas mecánicas y grúas a reinar sobre el planeta.
Un taladro avisa que el mundo ya está en marcha.

En el silencio de la habitación continúa aquel trino, 
aunque sólo esta página lo escucha.

Levanto la vista
y sobre la pared cuelgan fotografías de familia.
Cuadriculan el tiempo, lo fijan: es su modo de reinar en el silencio.
Pero padre, madre, abuelo, hermana, no están allí.
Son como esos pájaros del amanecer
que una luz, casi dorada, despierta.

Hojas de papel, paredes blancas: escudos contra la desaparición.



PEDÍ QUE ESTE VIENTO

Pedí que este viento no terminara nunca
y eso es imposible:
las cosas nacen para sucederse, no para durar.
Es lo que marcan las estaciones,
los cambios en la piel
y esta misma plegaria a través de los años.

No permanecen igual: se suceden.
Incluso la propia imagen del viento
lo dice claramente:
lo que hay es cambio y nada lo frena.
De lo más cálido a lo frío
y del frío a la frialdad extrema.

El viento desprende las hojas,
que son otras, otras.
Contagiadas por esta lección,
las manos se sueltan de las manos.
Nada permanece:
ningún trabajo sobre la superficie blanca del mar.




Rafael Felipe Oteriño


Rafael Felipe Oteriño. Poeta argentino. Nació en La Plata, en 1945. Vive en Mar del Plata, donde es Profesor de la Universidad Nacional. Ex juez del fuero civil y comercial y miembro de la Academia Argentina de Letras. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Altas lluvias (Cármina, 1966), Campo visual (Cármina, 1976), Rara materia (Cármina, 1980), El príncipe de la fiesta (Cármina, 1983), El invierno lúcido (El imaginero, 1987), La colina (Ediciones del Dock, 1992), Lengua madre (Grupo Editor Latinoamericano, 1995), El orden de las olas (Ediciones del Copista, Colección Fénix, 2000), Cármenes (Vinciguerra, 2003), Ágora (Ed.del Copista, Colección Fénix, 2005) y Viento extranjero (Ediciones del Dock, 2014). En 1997, el Fondo Nacional de las Artes publicó su Antología poética. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Konec de Poesía y el de la Secretaría de Cultura de la Nación.








viernes, 24 de julio de 2015

RUIDO INVIERNO



















"Soñemos, alma, soñemos..." 
Calderón de la Barca, 
La vida es sueño


como navegar un río sin ver 
la orilla / como ser navegado 
por el río / ser el río 
y pretender llegar / soñar 
la orilla / el sueño de la orilla 
interminable / aparente / incierto 
movido por la corriente / la fe 
en que el río es agua y puede 
transportar una balsa / un cuerpo / 
y raramente al revés / la balsa 
transportar un río / el cuerpo 
ser soñado / ver



"Más tú por qué retomas a tanto ruido? 
¿Por qué non sales o subes al deleitoso monte 
qu 'es principio e'ocasión detodo placer?"
Enrique de Villena 
Versión de la Divina Comedia, 1401-1500?


¿por qué retornar
al ruido de las palabras / al ruido
que corre bajo las palabras como un río
animal que brama y deforma
las piedras a su paso /
por qué
no subir al confort de lo dicho /
a la televisión / las redes / las publicidades/
por qué descender
a la poesía que no pacta
con la oferta de realidad / con la moda
de creer demasiado en el poeta /
por qué
arrojarse al viaje de las sombras
y no firmar el virtual placer de ser imagen /
bufón de quien esperan
un canto dócil /
por qué
el ruido / la pena
por qué?



"El Decir de un poeta permanece en lo no dicho" 
Martin Heidegger, 
El habla en el poema


no hay palabra para ocupar los huecos
que la nieve deja en el invierno /
no hay más que una farsa para contentar
al espectador de sí mismo / poeta
que a ciegas ignora las huellas / las voces
que ya derribaron las murallas de su decir
la tradición lo traiciona / lo borra antes
que la nieve sea /
no hay imagen para ocupar los huecos
ní carteles / ni telenovelas / ni ofertas
el vacío rompe
desde abajo
deja que la poesía sea
un diálogo con el silencio




en la casa quedan
voces que corren por los fondos
con ojos de niño lejano
voces que nombraban al amor
mate cocido / tango / tarde bajo la parra
voces que no dicen / gritan
su propia ceniza
voces oscuras como el silencio de los cuervos
voces sabias como perros / palomas / ciruelos
voces con sabor a océano / a campo
con el calor de junios antiguos
voces que ya nadie escucha y arrasan
las topadoras de lo rancio
voces que saltan en los patios
dibujados con piedras / ranas / hormigas felices
voces confundidas entre llanto / barro / cañas
voces ahogadas en la noche que retumba
en el pozo donde no caben ya
las
palabras
voces enterrándose / esperando
que el viento llegue para limpiar el dolor
y no queden más que surcos
surcos y pájaros



Diego L. Garcia




Diego L. García nació en Berazategui, Buenos Aires, en 1983. Es Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Realiza investigaciones sobre literatura argentina del siglo XIX y ha escrito numerosos trabajos de crítica literaria. Publicó Fin del enigma (2011), Margen el verano (2012), Hiedra (2014) y Ruido invierno (2015).





miércoles, 22 de julio de 2015

GENEALÓGICA

















las hijas del nuevo mundo
son blancas como las luces de los shoppings
pálidas como los panes de mc donals
translúcidas lágrimas finales de best sellers
las madres huérfanas de las hijas del nuevo mundo
fuimos oscuras habitantes de hotel
tuvimos negras maneras de mirar
queríamos la vida en símbolos extraños
películas de bergman
las paridoras frígidas de las madres huérfanas de las hijas del  
  nuevo mundo
querían una historia sumergida en channel
casarse vírgenes con una réplica de cary grant
tener muñecas rubias de mejillas rosadas
mascadoras de chicle leyendo mujercitas
las hijas huérfanas de las madres frígidas del viejo mundo
queríamos las curvas mullidas de la marilyn
y el aspecto latino de una amante del che
pero ellas
las nietas de la decadencia
las hijas del imperio del nuevo mundo
sólo desean ser
delgadas como un tallo
livianas como el ala de una mariposa
anhelan despertar
con los dedos más largos cada día
para hundirlos hasta el fin de sus amígdalas
y vomitar sin voluntad
lo que resta del siglo



CADA MAÑANA

lo hago como si fuera a producirse
un milagro salvaje
con un pie en el umbral de la derrota 
y otro en el callejón de la locura
lo hago ensuciando la verdad
trabajando en los bordes de un secreto minúsculo
lo hago en los intervalos de la conciencia
en los cajones del dormitorio
sobre la mesa del desayuno
lo hago sin vacilar
con la perseverancia de los fanáticos
y la codicia de los mendigos
lo hago con lentitud
sin inocencia
hundo cada mañana los dedos en la mierda
buscando una razón para vivir
y fracaso y lo hago
y fracaso
y lo hago


Laura Yasán




Laura Yasán (Buenos  Aires,   Argentina,   1960) .    En 1988 integró la "III Antología Ilustrada de poesía joven" (Editorial Hombre Nuevo) y en el 2000 la antología poética "Zapatos Rojos 2000" (La Bohemia, 2000). Publicó  Doble  de alma (1995), Cambiar las armas (1997), Loba negra (1999), Cotillón  para  desesperados  (2001), Tracción  sangre  (2004), Ripio  (2007),  La  llave Marilyn  (2009  y  2010), Animal  de  presa (2011). Loba negra recibió el Premio Único de Poesía EDUCA, Costa Rica, 1998, y el Premio del Fondo Nacional de  las Artes, Buenos Aires, 1998. Cotillón para desesperados recibió una mención especial en el IV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín, Colombia. Su libro La llave Marilyn obtuvo en Cuba el premio Casa de las Américas 2008. Su obra fue parcialmente traducida al inglés y publicada en la antología "Poetry Ireland Review" (Irlanda, 2002).




lunes, 20 de julio de 2015

BÁRBARA


















Ese cuerpo excesivo
aún después del strip-tease
es tan leve como el mejor
afiche ante mis ojos.
La estética del póster
me hace sonreír
y mecerme en la silla de mi casa
(al compás del ritmo ajeno).
¡Ah! es exactamente igual
que ofrezca Bárbara su carne 
–de verdad, de mentira–
para mí. 
Su nombre acerca a mi memoria 
el poema de Prevert
aunque ella insista : “mirá, también me llamo Sonia
y no hay en mis manos ni crimen ni castigo”.
Pero ninguno de estos recuerdos
sirve esta noche,
ella está allí, quitándose siempre 
su ropa dorada, justamente para llevarnos al olvido
y su cuerpo es un mapa perfecto,
un territorio para abrazar,
arrojar monedas,
atrasar relojes.
De pronto ya no sé qué sucede.
No hay ruido de pulseras en la habitación de al lado
y la música que sale de la radio,
que despierta a los vecinos,
me afecta el sentido del gusto, la clarividencia.
Un hombre, otro hombre,
abraza a Bárbara.
Bárbara tristeza la del hombre
que la abraza y no apaga así 
sus lágrimas de carne.
Pero el llanto es de los dos
y valen nuestras monedas.



Susana Szwarc



Susana Szwarc (Chaco, Argentina, 1954). Publicó poesía y narrativa. Algunos de sus  libros son: El artista del sueño y otros cuentos; En  lo separado,Trenzas, Bailen  las  estepas, Bárbara  dice, El  azar cruje, Una  felicidad  liviana y El ojo de Celan. Obras  de  teatro  como Paisaje después de  los  trenes  y  Justo en  lo perdido han  sido  representadas  en Buenos Aires. 




sábado, 18 de julio de 2015

LA MUERTE DE FREUD
















Si ya los perros no se acercan, huelen. Huelen el despellejamiento, carne corrompida, huesos moliéndose  lentamente como un reloj más  implacable. El  tiempo no  es,  esa  abstracción no  es  lo  que cuenta sino el camino de los perros, habré tenido, perdido, cuántos, amores  cuántos, pero  reales,  tan  irreal  como minutos  todo.Las noches fue la vida, despierto después de haber dejado gente, gestos, palabras. Escribo, los perros aúllan, tampoco me abandonan, miran de lejos con desconfianza, aceptan la comida. El sol es real desde lejos, de noche no parece que el día haya existido. Calor, frío. Todo está ahí, lejos, cerca, flores, perros, gente que mueve una palanca y arma un auto, una lámpara, una guerra, un árbol de navidad. Se dice la guerra es un hecho. Pero tampoco, alucinación cristalizada, como toda conversación. Ahí. Y dentro de mí una película en que los perros suben a mis piernas, los he traído heridos o ateridos de la calle, con más hedor del que ahora exudo. En mis venas lentamente fluye una vida de colores sepia, oro  rancio de un cáliz en que el mundo oficiaba un círculo perfecto de ignorancia que comprendía a todos. Me transparento. Dije lo que dije? Algún corazón cambió su rumbo? Mejor o peor. Los hijos, como los perros, se alejan. Los amigos, como caminos,  son  tiempos de uno. Todo es pesadez y nada es sólido, la noche huele a café y metales vivos, un instinto de animal que sobrevive por imprecisión. El viento que sólo existe si doblega, ese soplar con que intenta aplacar su temor de desasido. Y lo exacerba. Poder tan vasto y tan inútil, fuir continuo el viento que todo deja atrás, ni perros. No tengo esa suerte del aullido. La pantera  del  opio  está  dormida  ahora,  se  enfrían  las  brasas. No hay dolor si no hay espera. El mundo es esta casa y ésta  toda  la luz que se soporta. Un nadador en su braceo que olvida el fondo. La noche,  el día,  sólo otro  tono  en  el mundo de  cosas, nada es seguro salvo los objetos. Los niños son oscuros, saben lo que no saben. Siempre a pocos pasos de la mecha. Fui durante demasiado tiempo el náufrago, qué haré al entrar en un océano real? No soy más grande que el agua. Ninguna orilla se ofrecía realmente. Los perros  duermen  sin  dudas  y  sin  remordimientos,  una  presa  un deseo preciso, una mordida, el hambre no el afán encuentra en este mundo correlato. A cada paso  inventaba un  lugar donde  ir. Una ficción que hizo cuerpo en su criatura. El mundo hizo su síntoma, hizo un hombre. Dr. Frankestein, también mi piel es el remiendo de fracasos antiguos y ajenos, como la manta del mendigo. Hay un osario anónimo y común en la frontera. Puedo ser un nombre, una marca, una manera de fumar, puedo ser un traje que quedó en una silla, nunca pude ser un hijo, un amor, un perro, nunca pude ser la inherencia de las cosas, nunca pude ser feliz con mi imbecilidad, como  cualquiera. Una  pierna  hinchada  dando  un  salto  en  la ciencia  inútil de pensar, un experimento que observa e  informa su  experiencia. Escribo. Me  permito  dudar,  aparentemente me puedo permitir cualquier cosa. Por la mañana envidio al árbol, su constancia en  la  luz, en el silencio; por  la noche creo que en su falsa quietud acecha y luego emana el veneno de todo el que a su sombra calla. Hasta el árbol puede ser otro, y no es que miento, se sienten cosas diferentes al mismo tiempo. Los pájaros ya no son sino la nota en una postal de mundo, tan reiterada que termina por aceptarse  como marco de  lo humano. Sólo  los objetos, dóciles, no miran a los ojos. Los árboles fueron antes que nosotros y sin nosotros persistirán. Cuanto más azul, más verde, el día más nos abandona,  exige  una  disolución  para  la  que  no  fuimos  hechos. El  que  ama  no  pertenece. El  que  con  una  exclamación  une  la piedra, el río, el sol, el que mira no pertenece. Me senté frente a una  fuente  durante horas,  el  agua parecía  infinita pero  siempre era la misma, de pronto todos los mitos me parecieron infantiles.Lo que  la memoria  toma no devuelve y  sin embargo no puedo empezar  de  nuevo  a  partir  de  lo  que  vi. Merezco  esta  llaga  de mi boca? Por qué creí que hablaba por el silencio de otro? Es el secreto  la  eficacia de parecer  un  cuerpo  en dominio  de  un ser. Lo dejé con su alma desmontada como un juguete roto entre las manos. 
El amor es el sonido de pasos en la niebla, se fue la vida en escuchar, en seguir ese confuso rumor lejano. Esa niebla somos. Y esta ceniza azul que ahora es mi sangre en sístole perpetua, ya vencida en  los ancestros. Un dios que no se cree me ha creado, camino  y  es  su  gloria  y  si  tropiezo  su manera  de mostrar  que no hay puntada sin hilo. Los perros gruñen cuando rebusco por el  tabaco que me esconden. Sólo el  tabaco  importa, el sol, esos momentos de placer  animal. De noche  soy un hombre  con  los sueños del mundo apilados en cajones. Escribo: no hay respuesta,  el mundo  soñaba  con  soñar un mundo. Temo  la hora  ambigua del crepúsculo, cuando no soy la tierra ni su argumento ni la casa ni  su bohardilla ni el agua mansa ni  la pasión del  fuego que no pregunta  si arder vale  la pena. Destripo una muñeca y no hago  más que lo que se hizo siempre, iniciar el festín de los perros. Y ya nadie sueña para mí. Ya nadie sueña. 




Susana Villalba



Susana Villalba nació en Buenos Aires, en 1956. Integró el Consejo de redacción de la revista Último Reino, dictó talleres literarios en la Universidad de Letras de la U.B.A. y talleres de cine y literatura. Cursó la carrera de dramaturgia y distintos seminarios de cine. Dirigió la Casa Nacional de la Poesía y los Festivales Internacionales de Poesía del Gobierno de la Ciudad y de la Secretaría de Cultura de la Nación.  Dirige  la Casa  de  la  Lectura  del Gobierno  de  la Ciudad de Buenos Aires.  Diseña y conduce un programa radial de Poesía en la página Web de la Biblioteca Nacional.  Libros publicados: Oficiante de Sombras, 1982; Clínica de muñecas, 1986; Susy, secretos del corazón, 1989; Matar un animal, 1995 en Venezuela, 1997 en Argentina; Caminatas, 2000; Plegarias, New York, 2002.


IMAGEN: Sigmund Freud, hacia 1935.


jueves, 16 de julio de 2015

CONTRA LA LOCURA















CRECIDA

Sabemos que los muertos flotan, pero no sabíamos que el agua
tuviera tanta fuerza. Arrancó de los cuerpos las raíces, las flores. Se
fue tragando la tierra.
Desde entonces, nosotras velamos la orilla, hundimos los brazos en
la corriente. Y el río, cada tanto, nos devuelve algunos restos.



MAREA BAJA

Estos hijos que pariste sin llanto descienden de las piedras del mar,
por eso son fríos y no saben hundir la boca en tus pezones. Dejalos
morderte. Que traguen el aire de tus pulmones maduros. Si das todo
de una vez, pasa más rápido.



LOS SECRETOS

Un rayo me quema el borde de la boca. Busco las flores del estanque
como bálsamo. No me hundo. Me entrego al vaivén de las raíces.
Hace frío y ya no hay animales cerca. Parece imposible alojar tanta
agua en un espacio así de oscuro. Pero es cierto.



LAS PIEDRAS

Los perros alzan su llanto al cielo como nosotras buscamos la razón
de las piedras que nos hunden. Todo lo que está cerca es puro. El
agua es tibia. Flotar debía ser fácil, abrir las manos y entregarse.
Pero el que podía enseñarnos sobre la profundidad arrojó su peso
sobre nuestro peso y nos mira desde el borde junto a otros animales.



LA CERTEZA

Como cuando en la oscuridad los ojos se adaptan a ver en las
sombras el contraste de grises y texturas para adivinar los filos y
las puntas de las cosas, así nosotras, envueltas en la noche de nuestro
cabello, nos entregamos a los hijos siempre hambrientos con la
certeza de que un día va a pasar un hilo de luz que volverá la casa a
su antiguo espesor.



CACERÍA

Nos dijeron que heredamos la lengua y las marcas de la piel, pero
nada dicen todavía del silencio que crece en nuestra casa como un río.
Afuera andan sueltas las palabras con los tigres y en el jardín sólo
hay piedra.
Nosotras no queremos esperar lo que es incierto. En cuanto baje la
luz, soltaremos los perros.



NO ES UN JUEGO

Es como si cada pulso de la materia hubiera encontrado su sonido,
la cuerda única que vibra con la sombra del aire.
Es la madera que cruje, me decían cuando era hija. Pero ahora sé que
hay más entre el ruido y lo que escucho. Me aferro a este trance. Ya no
voy a dormir hasta encontrar las correspondencias. 



TODOS DUERMEN

El viento y la lluvia han montado por sorpresa una ópera ciega. Bajo
la tierra nacen ríos oscuros.
Yo escucho cómo los árboles se arrancan las ramas para seguir de
pie y vigilo que no se nos suelten las raíces de la casa. Los demás,
todos duermen. 



EL ARTE DE TEJER

Estoy con mis abuelas. Las peino, les pongo flores de colores en el
pelo y collares de oro blanco. Las cargo en brazos y las llevo al sillón
frente a la ventana. Es un solo cuerpo pero son las dos. Cada una
con su peso.
Antes de irme, les arreglo la ropa y dejo las agujas cerca. Todavía no
recuerdan cómo hablar. Entonces, tejen.



Soledad Castresana






Soledad Castresana nació en Int. Alvear,  La Pampa en 1979 . Es Licenciada en Letras y se ha desempeñado como docente universitaria e investigadora en Buenos Aires. Ha vivido en Bogotá, en Medellín y, ahora, en Ciudad de México.
Publicó los libros de poemas Carneada (Alción, 2007), Selección natural (Fondo editorial pampeano, 2011) y Contra la locura (El Ángel Editor, Quito, 2015). Textos suyos integran las antologías Poetas argentinas (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2008), Última poesía argentina (en Danza, 2008) y Un libro oscuro (Bajo la luna, 2012). Junto a Victoria Schcolnik, Claudia Masin y Marcelo Carnero, creó y dirigió la editorial de poesía Curandera. Coordina talleres de escritura creativa y académica.