miércoles, 25 de febrero de 2015

VISITA GUIADA






















CONOZCO A UNA MUJER

Yo conozco a una mujer, las manos de niña
un ballet los cisnes de sus dedos
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, las piernas celestiales
dos pilares de carne divina
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los ojos vitreaux de templo
luces de incesante gala
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, los dos pechos buenos
manjares legados para todo el hambre toda la sed
que sueño tomar, apropiármelos,
llevármelos a la boca.
Conozco a una mujer, el tono de voz
entre plañido y dulce queja de amor
que sueño tomar, apropiarme,
llevármelo a la boca.
Hoy descubrí en esta mujer que conozco
una épica hinchazón en sus heroicas piernas,
agua bendita olí en sus manos de santa fregona,
en sus ropas los óleos sagrados de su cocina,
y vi nubes de congoja
en su boca de recluta doméstica.
Esta mujer que conozco _
hoy profirió palabras de bella lucidez
y palabras de lúcida belleza;
y todo ello vuelve más querible
más inevitable y cierta y deseada
a esta mujer que conozco
y que sueño tomar, apropiármela,
llevármela a la boca.



MAQUINITA LA SINGER

Cedieron los hilos de la memoria
y puntada tras puntada se le desató la lengua.
(Sube y baja la pedalera
como que viene y va;
debajo, los pies suben y bajan
pasos que vienen y van).
Cuenta cielos, sutura tierras,
tules de nacer, gasas de novia;
curó guantes heridos, dejó afuera al invierno;
amigó partes rivales, paños de gala resucitó, harapos;
desposó géneros masculinos y femeninos;
fulgores le regresó a la anciana bata,
entusiasmos a la tullida mantelería.
Para siempre entregó
su melodía de animal laborioso.
(Sube y baja la pedalera
pasos que vienen y van)
Está sola.
Es vieja y habla sola.



TRES

La pelirroja se para en medio de la pista
como en el trono del centro del mundo.
Los hombres susurran y ella lo sabe
por eso avanza las tetas,
el mascarón de su proa.
La rubia de pelito corto sonríe,
los hombres susurran y ella lo sabe,
por eso todo el tiempo sonríe
con dibujo de tonta felicidad.
La morena planta en la escena
su cabeza de mar nocturno que perturba,
y ella lo sabe.
Los hombres apuntan
al camino de seda negra de su pelo
después que pone el cielo en el grito
"el que no se desnuda bajo la lluvia
no juega;
el que no trepa hasta la cocina de la pasión
no juega.
Vamos muchachos, vamos,
hasta la victoria siempre".



ESCENA

Adentro de la habitación de una casa
de adentro del mundo
un hombre se clava se congela
en una prisión sin tiempo,
hechizado por la imagen   postal   cuadro
de su amada, desnuda, que duerme.
Afuera nada sucederá digno de ser contado,
y el sueño, los trabajos, la pasión
harán lo suyo y nadie lo recordará.
El hombre mira.
Ella no sabe que se deja mirar.
Los ojos de todo, del agua, del fuego,
del aquí y del allá
se citan en el hombre que mira
y siente que allí
es el centro de la casa el centro del mundo;
y que entre ese instante y el que sigue
son el dar y el tomar invencibles
de una cinta sin fin.
(Todo llamado de afuera resultará vano)
Reposada la escena.
Gloriosos se los ve. Colosales.
Con uno que mira
y otro que se deja mirar.



CONVERSEN MÁS CERCA

Si no se miran la luna abdicará;
si no se dicen el aire se pondrá a ladrar;
si despegan los cuerpos el agua volcará su mar;
si alejan las manos el tiempo se bajará de las horas,
el descalabro visitará cada casa
y con lo puesto la confusión andará por ahí.
Si uno y otro los dos dejan de amarse
no querrán llegar los no nacidos todavía.
Si uno y otro los dos se dejan de amar
la salud se apagará para todo
y tocará a rendición la alegría.
Se derramará la leche de la tierra
y los cuatro elementos cuatro
se detendrán en plena calle.



ARDORES

A ver, a ver quién rabia más 
Quién se lanza más afiebrado, 
quién muerde con más ceguera. 
A ver, a ver quién busca más voraz 
quién llega más bestial  
quién embiste y derriba
y toma y desarma más veloz; 
quién con más furor come y bebe 
y traga y saborea al otro 
y respira más vendaval 
en este día radiante 
que manda amar o morir.


Marcos Silber


Marcos Silber. Poeta argentino nacido en Buenos Aires, en 1934. Entre sus publicaciones, podemos nombrar 15 libros de obra propia y en otras tantas antologías. Es autor de la versión argentina de “Raíces” (teatro) de A. Wesker, editado por Nueva Visión. Asistió invitado al Festival de poesía de Bogotá, de Medellín y de Cajamarca (Perú). Recibió numerosas distinciones, entre las que mencionamos: Faja de honor de SADE y Primer premio en Mérida (España). Finalista en Casa de las Américas con su libro “Thrillers”. Premio 1999 y 2000 Certamen prosa breve (contextos, Radio Cultura). Primer Premio Municipal 1999.Incursionó en el teatro como adaptador con la pieza "Raíces" de A. Wesker. Formó parte del grupo "Barrilete" y es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos. Entre sus libros de poemas se citan: "Ella", "Dopoguerra", "Suma poética", "Las fronteras de la luz", "Cono de sombra y casa de pan", "Sumario del miedo".







lunes, 23 de febrero de 2015

NADA

















4

nada en el límite

busca una marca 
un alambrado 
un cartel 
que diga 
hasta aquí


no hay fronteras en el fondo 
arriba todo es fractura


se sufre de velo óptico 
por exceso de inmersión.



5

nada en la inmovilidad


el tiempo grita piedra libre 
a las piedras que flotan 
sobre su lado oscuro


se juega a las escondidas 
frente a un ojo que todo lo ve.



7

nada en la transparencia


el cuerpo no goza del privilegio 
de la mirada:

la opacidad es para el resto 

para todo lo que nada y nada.



10

nada entre muchos

la suma de las miradas 
no ilumina lo que no se ve

lo devora

cada ojo con su tajada 
a una cueva en el coral.


En ese cartílago traslúcido, 
en su sombra indecisa

en lo que queda 

nada



13

nada en la belleza

la ambición de la medusa 
es ser agua voraz

ondula
un escalón por debajo
de la transparencia


Lo que cautiva al ojo
no es lo transparente
sino la promesa del veneno
que sisea
en lo que no se deja ver.



15

nada en la superficie

nada en el fondo

sólo se encuentra
lo que no se deja ver.



18

nada en las cercanías

alejarse es imprudente

hacer pie
también.



21

nada en lo absoluto


la ley de la gravedad 
es derogada 
por inútil


la de entropía 
por regresiva


la de la relatividad 
porque sólo mide curvas 
en el naufragio de la luz.



22

nada para escuchar


lo inaudible es la mitad del silencio


de la otra mitad
sólo quedan las esquirlas
o esas heridas
de lo que no se puede decir
de lo que no se deja decir 

nada.



27

nada en el futuro
nada en el pasado

el peso específico del presente
impide el hundimiento vertical:

cuando las anclas flotan
vivir es preciso
navegar no se sebe.



32

nada nuevo bajo el sol

el hambre de todo
envejece

renovarse en cada ahogo

es privilegio
del que nada.



35

nada por momentos
la continuidad es ilusoria

el momento líquido
se apoya en el vacío,
no en otro momento

en esos vacíos
asoma la cabeza

respira
el que nada.



43

nada por nada

multiplicarse por cero
es inocuo
la numeración natural
estalla debajo 
de la línea de flotación

no se juega
con estas minas
cargadas de infinito:

por las duda
nada.



47

nada para creer

sólo la sangre viva
o la mala sangre 
llevan al fondo

los muertos flotan
inflados por su credulidad
en el fondo,
donde la mentira es fosforescente,

nada.



Bruno Di Benedetto




Bruno Di Benedetto nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires en 1955. Desde 1979 reside en Puerto Madryn. Ha coordinado talleres de escritura y creatividad para escritores y docentes en diversas ciudades del país. Como promotor de la lectura, realizó programas radiales y televisivos y publicó artículos en diversos medios gráficos. Fue co-editor de la revista de la calle “Darse vuelta”, premio "Hacelo vos" 2007 Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Desde 2005 es capacitador del Plan de Lectura de la Provincia del Chubut. Coordinó las ediciones de "Palabras que trae el viento" 1 y 2, selección de autores chubutenses, para el Plan Provincial de Lectura y la Campaña Nacional de Lectura. Fue organizador de los encuentros "Los maestros de la Rosa Blindada" (2001); "Los maestros del Escarabajo de Oro" (2002); y XXIII, XXV y XXVI Encuentro de Escritores Patagónicos. Ha publicado los poemarios “Palabra irregular” (Chubut, 1987), “Complicidad de los náufragos”, “Dormir es un oficio inseguro” (Chubut, 2003), “Vengan juntos” (relatos) "Crónicas de muertes dudosas" (2008) y "Nada" (2014).





sábado, 21 de febrero de 2015

CANCIÓN DE LA CITA A CIEGAS














a Darío Jaramillo

Pasan los minutos, perezosos como leños de la chimenea,
sobre la alfombra de la cafetería del Hotel Plaza.
Pasan absurdos corno las conversaciones que me llegan lejanas,
conversaciones que mezclan tapicerías con recetas de cocina.
Pasan los minutos en el Hotel Plaza y tú no llegas,
tú que vas cruzando las aceras, volando por encima de las citas,
tú que te sientas en un sillón y te colocas la cara de espera,
cara perezosa y absurda con ojos que guiñan preguntas
y labios que no se atreven a pronunciar mi nombre...
... y así creo verte delante de mí, reina sobre un sillón rojo,
pero entonces tus ojos se confunden con otros ojos y los saludos
desfilan hasta convertirse en un tierno abrazo y en un beso.
Pero son otros los abrazos; son otros los besos.
Te imagino entrando por la puerta del Hotel Plaza.
Te imagino porque no te conozco, porque no te recuerdo.
Y tu risa convierte en cotidiano nuestro encuentro,
uno entre tantos, el único entre tantos.
Y pasan los minutos y la espera se disfraza de dudas,
Y las horas, el lugar y el día bailan en mi memoria
y el puzzle de las posibilidades teje una telaraña
que intento mojar en el cálido aliento de un whisky.
Pasan los minutos... intento leer los amores imposibles
que Darío Jaramillo me regala más allá de sus versos...
y entonces, la puerta se abre y el frío me recuerda tu nombre,
mi única señal, mi único dato cierto en esta cita a ciegas;
pero mi boca está sellada y paladeo tu nombre como un dulce
con la avaricia infantil de quien se sabe dueño de un secreto,
un secreto que se disuelve con el paso perezoso de los segundos,
con esa puerta que se abre y que se cierra... que no te reconoce,
                                                    [como yo,
como estos segundos que me separan de ti, de tu vivo recuerdo. 
Ahora que estarnos más cerca que nunca, 
ahora que solo unos metros nos separan (¡tan solo unos metros!),
ahora que el aire nos confunde en un nudo de olores,
solo tendría que salir a la calle para ponerle cara a tu sonrisa,
para ganar el pulso a los segundos perdidos de la distancia.
Solo un gesto y el tiempo de la espera sería un whisky
que se evapora junto a un plato vacío de aperitivos.
Solo un gesto.
Solo un gesto y las puertas de tu sonrisa se abrirían de par en par
como esta puerta dorada que traspasas con paso certero.
Pero solo tengo fuerzas para cerrar los ojos...
para seguir soñando en el Hotel Plaza con mi cita a ciegas,
para seguir acompañado tan solo del aliento de un vaso de whisky.


José Manuel Lucía Megías



José Manuel Lucía Megías (Ibiza, 1967), catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, publicó su primer libro de poesía en el año 2000: Libro de horas (Madrid, Calambur), al que le han seguido los siguientes títulos: Prometeo condenado (Madrid, Calambur, 2004), Acróstico, con prólogo de Rosa Navarro (Madrid, Sial, 2005), Canciones y otros vasos de whisky, con prólogo de Jaime Jaramillo (Madrid, Sial, 2006), Cuaderno de bitácora, con prólogo de Francisco Peña (Madrid, Sial, 2007), Tríptico, con prólogo de Fernando Gómez Redondo (Madrid, Sial, 2009), Trento (o el triunfo de la espera), en edición bilingüe español/ italiano, con traducción de Claudia Dernatté y prólogos de Luis Alberto de Cuenca y Pietro Taravacci (Bari, 2009), e Y se llamaban Mahmud y Ayaz (Madrid, Arnargord, 2012). Ha traducido, además, las poesías juveniles de Cesare Pavese y las Poesías de Mihai Eminescu, (Madrid, Cátedra, 2004), junto a Dana Giurca. Es director de la plataforma literaria Escritores complutenses 2.0 (biblioteca.ucrn.es/escritores) y de la Semana complutense de las Letras.



jueves, 19 de febrero de 2015

102













No había forma en el colectivo de que supiera, 
cuando vimos florecer los lapachos de Alberdi, 
si esa primera noche nuestra era el principio de algo. 
Estamos cansados, desayunamos jengibre y porro. 
En mayor o en menor medida conocemos la calle 
y es difícil que vayamos a confundir la parada. 
No había forma entonces de que yo 
cuando vos preguntabas podría tu hombro 
sostener mi cabeza, supiera que esa noche 
llamaría la hermana de mi gran amigo 
para avisar que él había muerto y al otro día 
irían a velarlo temprano en Caramuto. 
Envejecí en ese colectivo, observando la avenida, 
cuando Alejandro vivía y aún cabía pensar 
que quien respeta la pureza de las cosas 
busca más bien la desafección que el afecto. 
Envejecíamos pero no había forma de saberlo 
mientras vos decías cada año cuando florecen 
estos árboles me hacen acordar a la primera vez, 
no hay más que recuerdos de recuerdos, 
estamos bajando hacia el centro en colectivo, 
sin saber sí abrazarnos o si no, apenas 
preocupados por la hora y por las torres 
que impávidas remontan el cielo en la ciudad.



YPF

Me doy cuenta ahora que vuelven.
El viejo ese por ejemplo
visto a contratarde
buscando seña]
subido al capot de un Renault 12.
Esperando el agua caliente
me doy cuenta,
en esta dudosa YPF
de dos surtidores solos,
que no construyo recuerdos
desde que vos te fuiste.
Un viento se agita afuera.
El perro echado se sobresalta
y levanta la cabeza.
Por la ventanilla de una chata
una piba mira la ruta
simulando no saber
que yo la miro a ella.
Perra.
Mientras recibo el termo pienso:
sean bienvenidas
-partículas flotantes
cruzadas por el sol de un ventanal-
estas memorias opacando tu figura.



Bernardo Orge




Bernardo Orge. Cursa el Profesorado en Letras de la UNR. Participó en clínicas de poesía con Veronica Viola Fisher y con Daniel García Helder. Junto con Andrés Almasio y Ernesto Inouye editó en el año 2006 los pequeños libros de Ediciones ESO. Forma parte de Sonará Paraná, proyecto multisoporte que recibió un subsidio provincial para recopilar registros audiovisuales de la música del sur de Santa Fe y que se verá reflejado en un libro de crónicas. Escribió la novela corta Censo, de la cual imprime y cose algunos ejemplares.


martes, 17 de febrero de 2015

temprano en el aire













4-

siempre la muerte 
es un gesto ridículo

pienso en delmira agustini 
la imagen del cuerpo 
atravesado

sobre el corazón 
la herida

tendida ahora
en la cama del marido

de la mano de él 
muertos los dos

la desnudez expuesta 
como nunca

encendida
por la pasión
a los veintitantos años

una fotografía 
clausura la palabra 
las metáforas 
el cuerpo perdido 
en ese gesto

ya no se leen los poemas
dispuestos
para los cirujanos



7-

sobre el vestido negro 
en la fotografía 
la flor del hibiscus 
reúne toda la luz 
en su naranja intenso

enorme
abierta como un ojo
en la sombra húmeda

la mujer corta la flor
para mí 
-no puedo detenerla-

sólo quería
mirarla
sobre el follaje oscuro
en la pared de ladrillos

soñar
que ilumina la noche
en el silencio de tres siglos
de la casa

encendida 
en el patio de tierra

su nombre de flor 
sobre mi memoria

la abuela
lo decía casi en secreto 
como si no quisiera develar 
su presencia:
rosa china
en el jardín de entonces

las palabras
encontradas en la infancia
densas
como objetos
que pesan en las manos
que huelen

era lo exótico:
plumas de pavo real
porcelanas
seda roja
sobre seda negra

cinco pétalos
naranja
como una palma

en la fotografía
la flor que cortó la mujer
sin darme tiempo
para decirle
que no es nada

una imagen 
atravesó los años 
como fuego

la rosa china 
ilumina el patio irreal 
de la abuela 
que sale a cubrirla
con delicadeza 
contra la helada 
en el invierno que vuelve



16-

temprano
en el aire 
junto jazmines 
como si bordara o escribiera


uno a uno
en un vaso de barro


hay que dejarlos secar
para hacer té
cosecharlos
antes de que caigan
a la tierra

perfumo mi mano
que va
entre las hojas amante

el día se detiene 
en este acto 
dispuesto para vos 
pero no ves

demoro el trabajo 
del amarillo 
y el mío

la gata huele alrededor 
la mañana 
que no conoce

espirales que hilvanan 
los jazmines 
mientras caen
y todo contiene la respiración 
para que no se apague 
la minúscula luz 
la agitación
blanca
del viento

todo contiene la respiración 
menos mi mano 
que borda o escribe 
entre las hojas

deja que el tiempo haga su parte

como si cada cosa 
fuera sólo perfume 
-y qué más hace falta-

digo el ritmo
de las silabas de idea
co-mo-un-jaz-mín-li-via-no

pétalos de mi voz 
apenas sostenida 
antes de deshacerse 
que-cae-cae-cae



Laura Forchetti





Laura Forchetti. Poeta argentina. Nació casi en la primavera de 1964 en Coronel Dorrego, Pcia. de Buenos Aires, donde todavía reside. Coordina talleres de lectura y escritura en su ciudad y en la zona. Publicó: Cerca de la acacia (Vox, 2007); Cartas a la mosca (El suri porfiado, 2010); Un objeto pequeño (con la artista plástica Graciela San Román, Ed.Vacasagrada, 2010 y temprano en el aire (Vacasagrada, 2012).Textos suyos integran la antología 23 chichos bahienses, de Editorial Vox, año 2005 y la antología Poetas Argentina 1961-1980 (selección de Andi Nachon) de Editorial del Dock, año 2007. 
 Ha sido invitada al Festival de Poesía de Rosario (2009).





domingo, 15 de febrero de 2015

MÚSICA



















Mi tía concilia el sueño a los ochenta años
escuchando viejas canciones en su radio portátil.
En su pieza, en lo oscuro,
el éter se ha transformado en algo vital.
Supongo que estas cosas pasan
y me pasarán también a mí.
Sobre el final de la vida
la única música que existe
está fuera de nosotros.



Fabián Casas



Fabián Casas (Buenos Aires, 1965), poeta, narrador, ensayista y periodista, es una de las figuras destacadas de la llamada «generación del '90», en la Argentina. Estudió Filosofía y comenzó a trabajar como periodista en el diario Clarín, a comienzos de los '90.Su carrera literaria se inició también a comienzos de la última década del siglo XX, con la fundación de la revista de poesía 18 Whiskys, junto con otros poetas de su generación, como José Villa, Daniel Durand, Darío Rojo, Ezequiel Alemián, Mario Varela y Eduardo Ainbinder. La publicación editó sólo dos números, pero tuvo amplia repercusión en el ambiente literario de la capital de la Argentina. Para la misma época, publicó "Tuca", su primer poemario, que fue señalado como emblema de una corriente objetivista. Algunos de sus escritos en blogs forman parte de su libro "Ensayos bonsái", junto con textos de mayor aliento. Es autor de los libros de poemas ""El salmón", "Pogo", "Oda" y "El spleen de Boedo" y el ensayo "Matas de pasto". Publicó también las novelas "Ocio" y "Veteranos del pánico" y el libro de cuentos "Los Lemmings y otros". En 2014, Seix Barral publicó "Horla City y otros", que contiene toda su poesía (1990-2010).





viernes, 13 de febrero de 2015

FLORES Y VELAS




















mi abuela cuidaba enfermos
cuenta
que si un hombre está por morir
deja caer la mano hasta el suelo
intenta clavar las uñas
y hasta el último segundo
hurga allí desesperado

después
cielo y tierra se funden a su palma

no se improvisa en vano dice 
en ese borde



LAS MUJERES NO EXISTEN

no existe la tarde
no existe la sombra
la vereda del árbol que regás
no hay árbol
no es para vos que escribo
no es para mí
no hay fruto no hay pecado
por eso nos arrancamos los ojos de cuajo
o las muelas
o las amígdalas
o la teta izquierda
o las dos
lo mismo da si al final
dos o tres palabras alcanzaron
para colgarnos de narices
dos o tres palabras que pasaron
inadvertidas

más arriba
todo se funde
se hace noche misterio
la belleza una fotografía
de Astro Soichí

la casa que compré me dijeron
fue la casa de los sordos
donde la madre murió enferma en una pieza
cuando ella se marchó todos se fueron 
dejando la casa intacta
me recibió la ropa de la muerta en el ropero
sus fotos enmarcadas en la pared
las cremas de belleza vencidas en el botiquín del baño

voy a vaciar esta casa
voy a abrir los cajones hurgar detrás
la casa de los sordos
será mi casa

las piedras de Gretel siempre dieron 
con un bolsillo agujereado



supe que habías muerto
cuando empezó a llover
y el médico llegó para decirnos
que te habías ido
esa lluvia que empezaba
sólo para mí
el primer vestigio de orfandad
la ausencia de palabras
ningún paraje más ninguno
para tu oído
sólo llover
en la cabina del auto
en absoluto silencio
y habría un antes y un después
para ese todavía



CONSTRUCCIÓN

oí decir que el problema está en el cielo o en la fragilidad 
de unas palabras lisas y chatas como platos superpuestos 
perduro ahí donde reposa el camalote su flor que mira al sol 
y flota blanca aferrada a la carne



POETAS EN EL FIN DEL MUNDO

vuelan tejas vidrios jaulas procesiones de zapatos viejos 
que colgaban de los cables bocas que besaron bocas por besar 
todo vuela y nadie logra vaticinar lo que trae el viento lo 
que es del viento se va se vuela alguien lo lleva fósforos 
tragados por la noche de un suspiro como húmedas 
constelaciones por el mar



FLORES Y VELAS

I
Rosita la écuyere entrena
todo el día
toda la noche
a sus partenaircs exige
fidelidad de séquito
y a Frank Brown
que la conserve joven
cada función
en la mira

pisa firme
sabe que
siempre será la vedette
en esa pista


II
canto bailo recito
hago collages con las fotos de mis ex

(de fondo suena 
te voy a atornillar)

amiga de los pobres y los desposeídos 
más buena que Quaker 
cuando muera me llevarán 
flores y velas al costado de la ruta

trabajo en eso cada día con devoción 
soy la Gilda del Oeste



Viviana Abnur



Viviana Abnur (Ciudadela, Buenos Aires, 1964). En poesía  publicó: Agosto (Alción,2007); Delta (Macedonia, 2009), con  fotografías de Anna Lee; y Flores y velas, Trópico Sur,  Uruguay, 2014. 




miércoles, 11 de febrero de 2015

NAVIDAD























 - Qué te pondrás esta noche para cenar ? –me dijo
- El vestido rayado con colores ocres, me encanta,  el que tiene la pollera al bies –le dije.
-  Ese que tiene la pollera muy corta –me dijo con el  tono que anunciaba que un mal rato se avecinaba-
- Si ese –dije como si no me hubiese dado cuenta-, y  ya estaré vestida para ir a bailar  después de cenar.-
- No irás a ninguna parte con ese vestido. Quiero que te lo pongas nada más que para mi –  su voz  había subido un poco más-
- El pantalón nuevo con la blusa que me mandó mamá entonces ? - traté de apaciguarlo
- Con esa ropa  parece que estás buscando –dijo apretando las palabras-.-
- Buscando qué,  iré  de tu brazo ! –dije-
- Igual,  no quiero –dijo
- Por favor –dije-, otra vez no, no esta noche, estoy adornado el árbol, estaba feliz hasta ahora, quería tener un pino de verdad  así de grande, me lo conseguiste como se le compra un regalo a una niña caprichosa y ahora ?
- Ahora –dijo- seguí feliz pero haceme caso.
- Haceme caso ! –dije- me hablás como si realmente fuera una nena y no tu mujer.
- No empeces a llorar ! me dijo con  esa calma que no era calma, sino rabia contenida.-
-  Dejame llorar, andate, dejame sola –dije con las palabras aguadas, entrecortadas.
- No me voy –dijo ya calmo- vamos a la cama,  se te pasa el llanto.-
- Por qué mis lágrimas te incitan, por qué ? –dije con una infinita pena.-
Dejé de llorar …
-Dijo –como siempre fue hermoso, ahora salgo, yo termino de comprar lo que falta, vos quedate un rato más en la cama-  Me retiró el brazo que me tapaba la cara y me beso largo y profundo.- Me dijo mientras salía - no te olvides nunca que te amo y que sos mía.-
-Antes de salir, se volvió y me dijo – busca, tenés regalos.-
Oí que cerraba la puerta,  me levanté, me bañe, saqué la valija, la llene al tun tun,  busqué el dinero del cajón de arriba de la cómoda, me colgué la cartera, salí sin cerrar la puerta.



LA CARTERA

La cartera cruzó la calle volando por el aire, la vi  irse presurosa como si nunca me hubiese pertenecido, iba preñada de bellos y entrañables elementos amorosamente comprados o recibidos, no le importó dejarme allí sola, sorprendida.
Caminé hasta mi casa sintiendo que una mano me sobraba, como no tenía bolsillo esa mano parecía flotar liviana a mi lado, sin más destino que seguirme.-
Esas cuadras las hice en un tiempo sin medida, tarde mucho o poco ? , no lo sabré nunca.-
Frente a la puerta de mi casa me paré y busqué en un además mecánico, las llaves que estaban en un bolsillo de mi cartera, pero no estaban ni las llaves, ni el bolsillo ni la cartera.-
Entonces use los nudillos de  la mano  desnuda para golpear la puerta, mi madre somnolienta me abrió y entré derecho a dejar como de costumbre la cartera sobre la cómoda, pero no tuve nada para dejar.-
Hice todo lo que una persona medianamente normal hace antes de acostarse y  me dormí, y en sueños vi la cartera cruzando la calle.



KAIKUS

En el agua
  una garza
rompe el arco iris.

Afuera es invierno
   en la ventana
el viento resiste.

Bajo el sombrero
     la mirada
descubre al otoño.



Y SIN EMBARGO
 
Y entonces la vi. Es extraño lo que puede hacer la mente cuando el corazón le da las instrucciones. Era distinta de cómo yo me la imaginaba.
Y sin embargo. Era igual. Sus  ojitos: por ellos la reconocí.
Pensé: De modo que así te envían un ángel? 



EN ENERO LOS DURAZNOS rojos y amarillos iluminan el monte.

       El aire es pesado de olores y la luz reverbera en las cosas.
       Es la hora de la siesta.
       Mis pies desnudos pisan la tierra caliente que se mete entre mis dedos, piso las afiladas agujas de pino, atravieso la higuera de hojas verdes,  oscuras.
       Llego al monte de duraznos, una gota de sangre se coagula en mi tobillo y me arden los brazos y las piernas cruzados por rasguños. Me detengo tapando mis ojos con la mano, separo los dedos, dejando un resquicio por donde miro el sol que cae como una rasgada tela con puntas finas que se clavan en mi piel.
       Rodeo cada planta, busco los duraznos más maduros, me siento sobre el pasto ralo y seco, muerdo y el jugo me corre por los brazos, cae sobre mis muslos desnudos, hebras de pelo rubio se me pegan a los labios pegajosos y dulces.
        Me acuesto sobre el pasto caliente, estiro las piernas, los brazos laxos a los costados, toda yo en contacto  con la tierra, pegada a la tierra, mi cuerpo indolente como echando raíces, quieta, mis ojos siguen el vuelo de las abejas, me adormece el zumbido de esas alas levísimas, me arden las mejillas y los muslos.
       Escucho voces mezcladas, algunas llaman a las gallinas que cacarean, mi madre ríe, la recia voz de papá ordena.
       El silencio ha terminado, la máquina se está poniendo en marcha.
       Doblo las piernas, me siento, me levanto, tengo las manos pegoteadas de miel y tierra.
      Entro a la penumbra  de la casa por la despensa, está más oscuro que el resto, tengo miedo, en los estantes, en los aparadores, entre las cajas apiladas, ojos me miran, todo parece tener ojos, siempre que cruzo este lugar y el comedor, me recorre un escalofrío, espero que alguien me ponga una mano  sobre un hombro.
       Lavo más o menos mis pies, las manos, la cara, me recuesto sobre la alfombra de tejido vasto.
       Es enero y yo andaré por allí y seré Alicia entrando a otro mundo por el agujero de mis ojos cerrados.



BUÑUELOS Y ARROZ CON LECHE

Una ventana iluminada, lejos, es todo lo que veo. Si la ventana iluminada es real. A veces en el trecho que va de la huerta a la cocina aparecen los ángeles. Por esos caminos chiquitos un ángel se detiene ante mí. Además están las  luciérnagas.
Estoy  bajo la luz de la  luna, una luz blanca, una luz mía. Extiendo las manos.  Las luciérnagas y los ángeles vuelan  sobre las ramas de los árboles, sobre el pasto, sobre mí. Miro el cielo mojado  de estrellas. Si me quedo muy quieta, se paran  sobre mis zapatillas húmedas de rocío, que no son verdes bajo la luz de la luna. Mi  vestido azul no es azul, mi camperita celeste bordada no es celeste, todo es blanco o brillante o de un color desconocido.
El color es una sensación.
Mi madre detrás de la ventana iluminada prepara la cena,  arroz con leche y  buñuelos. Sus manos rocían con el azúcar las redondas y doradas bolas de esponjosa masa. Los granos de arroz nadan en la leche caliente y  la leche se oscurece por la canela que  raspa la lengua.  
Detrás de la ventana iluminada, la cocina es real. La música de la radio vuela con los vapores de la leche que hierve, del aceite dorando los buñuelos. Detrás de la ventana iluminada mi padre lee y mi hermanito recorta figuras o hace torres con latas de conserva.
Sigo con las luciérnagas y los ángeles, con la luna blanca. Mi madre abre la puerta,  me llama. Me cuesta moverme. Las luciérnagas y los ángeles se irán. Tendré miedo de apagar su luz. De romper sus alas. Llego a la galería y mi rubio Pastor,  me mira y mueve la cola, me arrodillo, lo abrazo y no quiero entrar.



Haydee Razzari


Haydee Razzari: Escritora nacida en Bragado (Bs.As.) en mayo de 1943. Hace 24 años que vive en Concordia. Desde 1998 participa en talleres literarios, primero con Beatriz Galli hasta principios de 2000. Desde agosto de 2000 hasta el presente con Marcelo Leites. Ha publicado en el diario "El Heraldo", de Concordia. Aún permanece inédita en libro.