domingo, 29 de marzo de 2015

COMO UNA ALEGORÍA


















MARZO

DESPUÉS de la lluvia la tierra 
es un fruto recién pelado.

El hálito del heno mojado
es mas acre - pero el sol sonríe
blanco en los prados de marzo
a una muchacha que abre la ventana.



RECUERDO

RECUERDO una iglesia antigua,
perdida,
a la bora en que el aire se anaranja
y la voz se nos quiebra
bajo los arcos del cielo.

Estabas cansada,
y nos sentamos en un escalon
como dos mendigos.

Sin embargo, la sangre hervía 
maravillada al ver 
cada pájaro en el cielo 
convertirse en estrella.



BORGORATTI

HASTA las llamas en flor 
en los balcones de este pueblo, 
débil recuerdo ya, 
olvida la noche.


Como una alegoría, 
una muchacha aparece 
en la puerta de la hostería. 
A su espalda un vocerío 
confuso de hombres, y el olor 
acre del vino.



Giorgio Caproni (Italia, Livorno, 1912- Roma, 1990)

(Traducción: Juan Carlos Reche y Juan Antonio Bernier)

MARZO

DOPO la pioggia la terra 
è un frutto appena sbucciato.


Il fiato del fieno bagnato
è più acre - ma ride il sole
bianco sui prati di marzo
a una fanciulla che apre la finestra.



RICORDO

RICORDO una chiesa antica,
romita,
nell'ora in cui l'aria s'arancia
e si scheggia ogni voce
sotto l'arcata del eielo.

Eri stanca,
e ci sedemmo sopra un gradino
come due mendicanti.

Invece il sangue ferveva 
di meraviglia, a vedere 
ogni uccello mutarsi in stella 
nel cielo.



BORGORATTI

ANCHE le vampe fiorite 
ai balconi di questo paese, 
labile memoria ormai 
dimentica la sera.

Come un'allegoria, 
una fanciulla appare 
sulla porta dell'osteria. 
Alle sue spalle è un vociare 
confuso d'uomini - e l'aspro 
odore del vino.





viernes, 27 de marzo de 2015

LA VERDAD























La verdad está en las roeduras
de las polillas y las ratas,
en el polvo que sale de cajoneras llenas de moho
y en la corteza de los quesos añejados.
La verdad es el sedimento, lo estancado,
no la asquerosa verborrea de los dialécticos.
Es una tela de araña, puede durar,
no la destruyáis con la escoba.
Es una burla de los escoliastas decir que todo se mueve,
la idea de que después de un antes viene un después
hace agua por todas partes. Saludemos
a los ineptos que no se embarcan. Se estará mejor
sin ellos, se estará incluso peor
pero podremos respirar.


Eugenio Montale


(Traducción: Fabio Morábito)

La verità

La verità è nei rosicchiameli
delle tarme e dei topi,
nella polvere ch'esce da cassettoni ammuffiti
e nelle croste dei «grana» stagionati.
La verità è la sedimentazione, il ristagno,
non la logorrea schifa dei dialettici
È una tela di ragno, può durare,
non distruggetela con la scopa.
È beffa di scoliasti l'idea che tutto si muova,
l'idea che dopo un prima viene un dopo
fa acqua da tutte le parti. Salutiamo
gli inetti che non s'imbarcano. Si starà meglio
senza di loro, si starà anche peggio
ma si tirerà il fiato.



Eugenio Montale. Poeta, crítico literario y premio Nobel italiano. Nació el 12 de octubre de 1896 en Génova. En 1917 se incorpora a filas y conoce allí a Sergio Solmi, y en 1919 a Camilo Sbarbaro. Luchó en la I Guerra Mundial. En 1925 firma el Manifiesto de los intelectuales antifascistas promovido por Giovanni Amendola y redactado por Benedetto Croce. Tras trabajar en una revista y en una editorial, en el año 1928 fue director de la biblioteca del Gabinete Vieusseux en Florencia, trabajo que abandonó en 1938 a causa de sus convicciones antifascistas. Durante diez años fue traductor al italiano de autores ingleses y norteamericanos y en 1948, se inició como crítico literario y musical para el Corriere della Sera, de Milán. Editó cinco libros de poemas, entre los que destaca Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939) y El vendaval y otras cosas (1956), todos ellos reeditados en un solo volumen, Poesie, en (1958). En 1966 publica Auto da fe y es nombrado Senador vitalicio por Giuseppe Saragat, presidente de la República Italiana. En 1971 aparece Satura y en 1973 Diario del 71 y 72. En 1974 recibe el doctorado honoris causa de la Facultad de Letras de la Universidad de Roma. En 1975 recibe el Premio Nobel.  Falleció en Milán en 1981. Fue sepultado junto a su mujer en el cementerio de San Felice en Ema, Flore.





miércoles, 25 de marzo de 2015

PODRÍAMOS PENSAR QUE EL ALMA NO EXISTE



















Una sombra y el valor del mundo pasan.
Un hombre joven y su sombra pasan.
Del otro lado de la calle, una niñita
Cierra los ojos y sueña con mi muerte.
Es que no ha terminado de amar lo que soy.
De pronto, una pequeña eternidad
se zambulle en una pileta y su cuerpo deformado
por el movimiento del agua
se transforma en los límites del mundo concreto.
Mis ojos pueden ver el espectáculo de los signos.
Una niñita cierra sus párpados.
Mis manos se extienden sobre la mesa.
Ella sólo tiene cinco años.
Es una miseria.
Ahora, camina con lentitud.
La soledad cubre su carne comestible.
Ella escucha mis poemas.
No sobrevivirá.
Ha adivinado el miedo.
Tiene un vestido que pliega
Bajo el calor, bajo el sol.
No tiene ninguna oportunidad.
Sus ojos caen en el polvo.
Ella traga una palabra. Es una minúscula verdad.
Se quedo un poco dormida.
Yo me quemo diez veces por minuto.


Jean-Marc Desgent

(Traducción: Lucía Dorin)


On pourrait croire que l'âme n'existe pas

Une ombre et la valeur du monde passent.
Un jeune homme et son ombre passent.
De l'autre côté de la rue, une petite fille
ferme les yeux er rêve à ma mort.
C'est qu'elle n'a pas fini d'aimer ce que je suis.
Soudain, une petite éternité
plonge dans une piscine et son corps déformé
par le mouvement de l'eau
devient les limites du monde concret.
Mes yeux peuvent voir le spectacle des signes.
Une petite fille baisse les paupières.
Mes mains s'étendent sur la table.
Elle, elle n'a que cinq ans.
Elle est une misère.
Maintenant, elle marche avec lenteur.
La solitude couvre sa chair comestible.
Elle entend mes poèmes.
Elle ne survivra pas.
Elle a deviné la peur.
Elle a une robe qui plie
sous la chaleur, sous le soleil.
Elle n'a aucune chance.
Ses yeux tombent dans la poussière.
Elle avale un mot. Elle est une minuscule vérité. 
Elle s'est un peu endormie. 
Moi, je brûle dix fois à la minute.




Jean-Marc Desgent nació en Montreal en 1951. Es poeta, novelista y crítico. Fue miembro del Comité de Redacción de Éditions Cul-Q de 1975 a 1977 y colaborador regular de Hobo-Québec. En 1994, Jean-Marc Desgent fue laureado con el Grand Prix del Festival International de Poésie con su libro Ce que je suis devant personne. En el 2000, recibió el premio Rina-Lasnier por su libro de poemas Les Paysages de l’extase. Es miembro de la Unión de Escritores Quebequenses. Ha publicado : Scrap-Book : D´la Chick à Nick (1974), Frankestein fracturé (1975), Jardín Comestible (1978), Aux traces même de la panique (1981), Faillite Sauvage (1981), Transfigurations (1982), O comme agresión (1983), Malgré la mort du monde (1985), Deux amants au revolver (1987), L´état de grâce (1989), On croit trop que rien ne (1992), Ce que je suis devant (1994), Les quatre états du soleil (1994), y Les paisajes de L´extase (1997).




lunes, 23 de marzo de 2015

CONTEMPORÁNEA















Ahí donde duele en la vida
por toques sucesivos
no es la muerte
sino la movilidad de la luz
el don que tenemos de agravar la belleza



PAÍS

en québec imaginar es literario
y llorar, vagar, volver a empezar
en québec, ser una mujer
y llorar, vagar, volver a empezar
morir es muy fácil, con mucha frecuencia
hallamos una mujer herida
a nivel de la felicidad



ECO

el sufrimiento en ti es literario 
porque la vida suele parecerse a 
algo que hemos leído, el tormento 
la vida viaja sin permiso 
en los libros o el cuerpo 
callarse simplifica el sufrimiento 
hablar no se aplica de la misma manera 
a las mujeres


Nicole Brossard

(Traducción: Lucía Dorin)

Contemporaine

là où ça fait mal dans la vie
par touches successives
ce n'est pas la mort
mais la mobilité de la lumière
le don que nous avons d'aggraver la beauté


Pays

au québec imaginer est littéraire 
et pleurer, errer, recommencer 
au québec, être une femme 
et pleurer, errer, recommencer 
mourir est bien facile, très souvent
on retrouve une femme blessée
au niveau du bonheur


Ècho

la souffrance en toi est littéraire
parce que la vie ça ressemble souvent
quelque chose qu'on a lu, le tourment
la vie voyage sans permission
dans les livres ou le corps
se taire simplifie la souffrance
parler ne s'applique pas de la même manière
aux femmes



Nicole Brossard (Canadá, Montreal, 1943). Se la considera una líder de los movimientos formalista y feminista de su país. Su obra versátil, premiada en varias ocasiones, fue traducida abundantemente. Le centre blanc es el primer tomo de su retrospectiva poética. También preparó, junto a Lisette Girouard, la indispensable Anthologie de la poésie des femmes au Québec.




sábado, 21 de marzo de 2015

RENACIMIENTO
























por amar simplemente
muy naturalmente
sin considerarlo una estrella
ni una flor ni un árbol
ni un pasto ni una hierba
ni metafórica
ní montaña ni mi padre
pero por amarlo tanto
gano en sutileza
el rubio de sus ojos
una arruga de su boca
su mano en mí cintura
las sábanas de sus favores
el café de la mañana
las palabras que despedaza
para sonreír por los rincones
lo amo tanto
que guardé de usted
en un buen escondite
un mechón entero
que haré clonar
para hacerlo regresar
si usted alguna vez desapareciera




RODANDO

rodando
por la autopista
había pensado
en escribírselo
simplemente
ya estemos
en auto
o en esquíes
ya caminemos
adentro
o sobre ella
o contra ella
cuando del cielo
a la tierra
nos cae encima 
nos suaviza 
o nos fulmina 
nada se parece 
más al amor 
que la nieve


Denise Boucher 

(Traducción: Lucía Dorin) 

Renaissance

à aimer simplement
tout naturellement
sans vous croire une étoile
ni une fleur ni un arbre
ni une herbe ni un foin
ni métaphorique
ni montagne ni mon père
mais à tant vous aimer
je gagne en finesse
la blondeur de vos yeux
une ride de votre bouche
votre main sur mes reins
les draps de vos bienfaits
le café du matin
les mots que vous dépecez
pour sourire dans les coins
je vous aime tant
que j'ai gardé de vous
dans une bonne cachette
tout un cheveu de vous
que je ferai cloner
pour vous faire revenir
si jamais vous disparaissez




en roulant


en roulant 
sur l'autoroute 
j'avais pensé 
vous l'écrire 
tout uniment 
que l'on soit 
en voiture 
ou sur des skis 
que l'on marche 
dedans 
ou sur elle 
ou contre elle 
quand du ciel 
à la terre
elle nous tombe dessus 
nous adoucit 
ou nous tempête 
rien ne ressemble 
plus à l'amour 
que la neige



Denise Boucher(Quebec, Victoriaville, 1935), periodista, libretista de canciones. En teatro, escribió Les fées ontsoif, un clásico de la dramaturgia feminista quebequense y  Les divines; en poesía, Cyprine, Paris polaroïd, Grandeur nature, À coeur de jour y Un joint universal.





jueves, 19 de marzo de 2015

EL IGNORANTE

























Cuanto más envejezco más crezco en ignorancia, 
cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino. 
Todo lo que tengo es un espacio alternativamente 
nevado o brillante, pero nunca habitado. 
¿Dónde está el dador, el guía, el guardián? 
Permanezco en mi cuarto y de momento me callo 
(el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de
                                                [orden),
y espero a que las mentiras se aparten una a una: 
¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere 
que le impide morir? ¿Qué fuerza 
le hace hablar aún entre sus cuatro paredes? 
¿Podría saberlo yo, el ignorante, el inquieto? 
Pero en verdad lo oigo hablar, y su palabra, 
aunque difusa, penetra con el día:


"Como el fuego, el amor no establece su claridad
sino en el error y la belleza de los bosques en cenizas..."


Philippe Jaccottet

(Traducción: Rafael-José Díaz)

L'IGNORANT

Plus je vieillis et plus je croîs en ignorance, 
plus j'ai vécu, moins je possède et moins je règne. 
Tout ce que j'ai, c'est un espace tour à tour 
enneigé ou brillant, mais jamais habité. 
Où est le donateur, le guide, le gardien? 
Je me tiens dans ma chambre et d'abord je me tais 
(le silence entre en serviteur mettre un peu d'ordre), 
et j'attends qu'un à un les mensonges s'écartent: 
que reste-t-il ? que reste-t-il à ce mourant 
qui l'empêche si bien de mourir ? Quelle force 
le t'ait encor parler entre ses quatre murs? 
Pourrais-je le savoir, moi l'ignare et l'inquiet? 
Mais je l'entends vraiment qui parle, et sa parole 
pénètre avec le jour, encore que bien vague :


" Comme le feu, l'amour n'établit sa clarté
que sur la faute et la beauté des bois en cendres... "



Philippe Jaccottet (Moudon, 1925). Poeta suizo en lengua francesa. Después de cursar estudios de letras en Lausana, vivió durante algunos años en París como colaborador de la editorial Mermod. Casado en 1953 con la pintora Anne-Marie Aesler, se instaló en Grignan (Francia), donde vive desde entonces. En ese mismo año aparece su primer libro de poemas, L'Effraie et autres poèmes, (La lechuza y otros poemas, 1953), a los que han seguido: El ignorante (1956), Airs (1964), A la luz del invierno y Pensèes sous les nuages (Pensamientos bajo las nubes, 1983). En sus últimos libros, Cahier de verdure y Después de muchos años, combina la prosa y el verso. Destaca como crítico y como traductor (Hölderlin, Musil, Ungaretti, etc.). Está considerado uno de los poetas actuales más importantes en lengua francesa.

Biografía tomada parcialmente de el poder de la palabra.




martes, 17 de marzo de 2015

PLEGARIA ENTRE LA NOCHE Y EL DÍA























En la hora incierta en que, abundantes, los fantasmas 
se apiñan contra las ventanas, alterados 
por una indecisión entre el día y la sombra, 
y amenazan la claridad con sus murmullos,

un hombre reza: a su lado se extiende 
la guerrera bellísima, desarmada y desnuda; 
no muy lejos descansa el fruto de sus batallas, 
con el Tiempo apretado en sus manos como paja.

"Una plegaria dicha en el temor, difícil
de atender, sobre todo si nada ayuda desde fuera;
una plegaria en la agitación de las ciudades,
al final de la guerra, cuando afluyen los muertos:

para que el alba, con su tenaz ternura,
para que la entrada de la luz al filo de los montes,
igual que aleja la luna ligera, borre
mi propia fábula, y oculte mi nombre con su fuego." 


Philippe Jaccottet (Moudon, 1925)

(Traducción: Rafael-José Diaz)


PRIÈRE   ENTRE   LÀ NUIT ET   LE   JOUR

À l'heure vague où les fantômes en grand nombre 
se pressent contre les fenêtres, ameutés 
par une hésitation entre le jour et l'ombre 
et menaçant de leurs murmures la clarté,

un homme prie : à ses côtés est étendue
la très belle guerrière désarmée et nue ;
non loin repose l'héritier de leurs batailles,
il tient le Temps serré dans sa main comme paille.

"Une prière dite dans la crainte, difficile 
à exaucer, surtout .sans secours du dehors;
une prière dans l'ébranlement des villes, 
dans la fin de la guerre, dans l'afflux des morts:

pour que l'aurore, avec sa tendresse tenace, 
pour que rentrée de la lumière au ras des monts, 
comme elle éloigne la lune légère, efface 
ma propre fable, et de son feu voile mon nom."





IMAGEN: Danae, Pintura de Gustav Klimt.




domingo, 15 de marzo de 2015

LA MIMOSA





























Ahí la tenéis sobre fondo azul, como un personaje de la comedia italiana, con su miaja de histrionismo estrafalario, empolvada como Pierrot, con su traje de guisantes amarillos, la mimosa.
Pero no es un arbusto lunar: más bien solar, multisolar...
Carácter de ingenua vanidad, pronto desalentado.
Cada grano no es liso en absoluto, sino formado de pelos sedosos, un astro se diría, estrellado al máximo.
Las hojas tienen aire de grandes plumas, muy ligeras aunque muy abrumadas de sí mismas; más conmovedoras, por ello, que otras palmas, por ello también muy distinguidas. Y, sin embargo, hay actualmente algo vulgar en la idea de la mimosa; es una flor que acaba de ser vulgarizada.
... Como en tamarisco hay tamiz, en mimosa hay mimo.



No elijo los motivos más fáciles: por eso elijo la mimosa. Como es un motivo muy difícil, tengo que abrir un cuaderno.
Primero, hay que anotar que la mimosa no me inspira nada. Tengo tan sólo una idea de ella en el fondo de mí que debo sacar porque quiero aprovecharla. ¿Cómo es posible que la mimosa no me inspire nada -cuando fue una de mis adoraciones, de mis predilecciones infantiles? Mucho más que cualquier otra flor, me causaba emoción. Sola entre todas me apasionaba. Dudo si no sería con la mimosa como se despertó mi sensualidad, si no se despertó a los soles de la mimosa. En las ondas poderosas de su aroma yo flotaba, extasiado. De modo que la mimosa, cada vez que aparece ahora en mi interior, alrededor de mí, me recuerda todo eso, y enseguida se marchita.
Así que tengo que darle las gracias a la mimosa. Y, puesto que escribo, sería inadmisible que no tuviera un escrito sobre la mimosa.
Pero realmente, cuantas más vueltas doy alrededor de este arbusto, más me parece que he elegido un motivo difícil. Como le tengo un gran respeto, no querría tratarlo a la ligera (sobre todo por su extrema sensibilidad). No quiero acercarme sino con delicadeza...
... Todo este preámbulo, que podría ser aún largamente prolongado, debería titularse: «La mimosa y yo». Pero es a la mimosa misma -¡dulce ilusión!- adonde hay que llegar ahora; si se quiere, a la mimosa sin mí...


Hablaremos, más que de una flor, de una rama, un ramo, quizá incluso una pluma de mimosa.
Ninguna palma se parece más a una pluma, a la pluma joven, a esa que está entre el plumón y la pluma.
Sentadas en estas ramas, numerosas bolitas, borlas de oro, mechones de plumón pollito.
Los minúsculos pollitos de oro de la mimosa, podríamos decir, los granos gallináceos, los pollitos vistos a dos kilómetros de la mimosa.
El hipersensible palmeral-plumeral, y sus pollitos de oro a dos kilómetros.
Todo esto, visto con la lente de aumento, embalsama.


Quizá lo que hace tan difícil mi trabajo es que el nombre de la mimosa resulta ya perfecto. Conociendo el arbusto y el nombre de la mimosa, se vuelve difícil encontrar algo mejor para definir la cosa que el nombre mismo.
Parece que le esté perfectamente aplicado, que aquí la cosa ya estuviera noqueada...
¡Pero vaya idea! ¿Acaso se trata de definirla?


¿No es mucho más urgente insistir, por ejemplo, en el carácter a la vez vanidoso y dulce, acariciante, sensible, tierno de la mimosa? Hay solicitud en su gesto y su exhalación. Uno y otra son desahogos, en el sentido que da Littré: comunicación de sentimientos y de pensamientos íntimos.
Y deferencia: condescendencia mezclada de atenciones y dictada por un motivo de respeto.
Tal es el tierno saludo de su palma. Quizá quiere excusarse con ello de su vanidad.


Bosquecillo de plumas grises de ancas de avestruz. Pollitos de oro se esconden (mal) en él, sin hacerse los misteriosos.


Accesorio de cotillón, accesorio de la comedia italiana. Pantomima, mimosa.


Un fervoroso de la pantomima se atrevió, 
¡Demonios!, a vender la ladera a las mimosas.


(Ex-mártir del lenguaje, me será permitido no tomarlo ya todos los días en serio. En mi calidad de antiguo combatiente -de la guerra santa- no reivindico otro derecho. -Pero no, la verdad. Debe haber un justo medio entre el tono enfático y este tono ordinario.)



¡Embalsama esta página, da sombra a mi lector, ramo ligero de plumas colgantes, de pollitos de oro!
Ramo ligero, gratuito, de floración numerosa.
Plumeros desalentados, pollitos de oro.


Abiertas, las bolitas de la mimosa desprenden un aroma prodigioso, luego se contraen, se callan: han vivido.
Diré que son flores de tribuna (o una vez más: de tablado).
Qué cualidades de pecho tienen, de do de pecho. Su aroma llega lejos. Son unánimemente escuchadas y aplaudidas, a nariz abierta, por la multitud.
La mimosa habla con voz alta e inteligible; habla dorado.
Es una buena acción difundida, un don gratuito y agradable que recibir.
La mimosa y su buena acción específica.
Pero no es un discurso que se sostiene, es una nota prestigiosa, siempre la misma, tan capaz de persuasión.


Francis Ponge

(Traducción: Miguel Casado)


Francis Ponge, poeta francés( Montpellier, 1899-Le Bar-sur-Loup, 1988). Desde muy pronto manifestó su interés por el latín y el diccionario Littré, interés que se reflejó como principal preocupación a lo largo de toda su obra en el tema del lenguaje. En 1922 se unió a la Nouvelle Revue Française, y al surrealismo, movimiento que abandonó por desacuerdo con sus manifestaciones y sus frecuentes disputas. En 1937 se afilió al Partido Comunista, pero abandonó su militancia después de la guerra y fue profesor de la Alianza Francesa hasta el momento de su jubilación. Es conocido ante todo por su obra De parte de las cosas (1942), en la que refuta la efusión lírica y la subjetividad y describe los objetos cotidianos en un lenguaje aparentemente objetivo y científico. Ponge explora la realidad del lenguaje, que, en su opinión, dignifica y humaniza al ser humano. En sus descripciones a menudo humorísticas, emplea neologismos creados a partir de la etimología de las palabras. Esta aprehensión del mundo a través de la vertiginosa profundidad del lenguaje fue bautizada con el nombre de ‘objeu’ y combina las actividades creativas y críticas del escritor. Ponge desarrolló su prosa poética en Doce pequeños escritos (1926), Poemas (1948), La Rage de l'expression (1952), La gran recopilación (1961, 3 vols.), El jabón (1967) y Fábrica del Prado (1971). También escribió ensayos como Pour un Malherbe (1965) y un libro sobre crítica del arte, Estudios de Pintura (1948). Ejerció una gran influencia en el desarrollo de la ‘literatura objetiva’ de los novelistas de la década de 1950, en especial en Alain Robbe-Grillet. 

BIO, tomada de: el poder de la palabra.


viernes, 13 de marzo de 2015

EN MEDIO DE LO QUE CAE LA SOMBRA



















I

La manera en que aquella chica
Camina en la arena
Diez años más joven de lo que crees

Camina aún 
Obstinadamente 
Llena de esperanza

Y sus ojos sonríen

La hemos visto
La hemos visto salvar el sentido del mundo
Con una mirada


Estos días
Camino hacia el centro de la ciudad

Pienso cuántas veces
He tocado secretamente su cabello

Cómo me miras
En tantos lugares donde nos hemos encontrado

En los símbolos que cuelgan 
En el lugar de tus pendientes

La manera en que tu mirada se va 
No deja otras palabras para mí

Y yo después cómo estoy

Sin palabras 
Y sin ti

Yo después cómo estoy

Y ella decía

Reconoce los momentos
En los que el tiempo puede detenerse
Y déjalo que te castigue
Sus marcas seducen

Confía
En loque vuela;
Sabe cómo caer


Si comenzáramos un juego yo estaría listo incluso para morir
Realmente; quiero que me mate un juego

Creo en lo que creo 
Porque he visto la forma 
En que el viento 
Acaricia tu rostro 
Con tu pelo

Pierdo el color poco a poco

Pero tú transformas la flor 
En la imagen más violenta 
Y por esto Soy tuyo para siempre

Quizá encuentres a alguien que tenga siempre una palabra para ti

Pero entonces no habrá más aventuras en tus fotos


II

Te descubrí entusiasmada
Entre almas de muertos que jugaban a tu alrededor

Y sentí tu lengua en mi sangre

Todos hablaban de ese privilegio que me revelarías

Dime entonces de dónde vienen tantos muertos

La melancolía no es un sentimiento, mi pequeña 
Sino una manera de existir

Como cuando reposas tu rostro en tus rodillas 
Y miras afuera como si escucharas las olas 
De aquel mar que habíamos abandonado

Y si de nuevo encuentras seductores los engaños 
Cuánto crees que nos dolerá la esperanza

Si debo subordinarme
Me subordinaré a la imaginación

Donde estoy ahora llueve
Y tú estás muy hermosa en la foto

Llevas el movimiento 
La manía del pánico

Pero nuestro rebelde romance 
Es aún amenazado por el amor

No sabemos cómo decir te amo 
Sin sal en los labios

Viviremos en medio de dos espejos

Qué ha ido tan mal contigo 
Para que me gustes tanto
Quiero besarte
Allí donde la muerte parece más fácil


I

Basta de indivisa abundancia
Fue cuestión de miedo y no de placer;
La atracción de las pérdidas
Y la embriaguez de poseer de nuevo

Pongan la mesa
Lo que importa es comer

Tiempos desesperados
Representaciones heredadas
Nos vencieron nuestras asociaciones de ideas

Intempestivos otra vez

Envidiamos la vida
De aquellos que eligen morir

Perseguimos la pornografía del intelecto

Avanzamos con lo que no nos pertenece 
Sonriendo seductoramente 
Turbados por inocentes perversiones 
Fingiendo ante cada luz casual 
Tan malditamente únicos y hermosos

II

En la distancia
En fábricas abandonadas
Nuestras manos secretas
Polvo fuera y dentro de nosotros
Esta noche el placer no nos pertenece

Música del futuro
Ropa del pasado
Ni la época nos pertenece
Existimos solo en la inercia 
O en la ira; no basta

Medias largas bolsillos vacíos
Pantalones cortos colores marcados en los cuerpos
Robamos golosinas
Pero no nos delata nadie

por esto el amor aún existe

Algunos chicos saben escribir buenos poemas 
Y algunas chicas saben leerlos 
A veces estos chicos se visten de chicas 
Y estas chicas besan como chicos

Y podría decir alguien
Que estos chicos y estas chicas
Son lo mismo

Pero no lo son

por esto el amor aún existe



Nikos Erinakis



(Traducción inédita de Miguel Chiovetta)




Nikos Erinakis, poeta griego, nacido en Atenas, en 1988). Doctorando en Filosofía en Londres. Ha estudiado, además, Economía (Facultad de Economía de Atenas), Filosofía y Literatura Comparada (Warwick) y Filosofía de las Ciencias Sociales (London School of Economics). En el 2009, se publicó su primera antología poética con el título Pronto todo arderá y se iluminarán tus ojos (Editorial Roés). En el 2011, vio la luz su traducción de una seleción de poemas de Georg Trakl y de textos de Martin Heidegger, titulado Oscuro amor de una generación salvaje (Editorial Gavrielidis).  




miércoles, 11 de marzo de 2015

CASTA VULGATA




















Mayo   

Tarde,
monocorde,
llega tu esposo, Emilia.
Llega Humberto
con un toque de angustia en la cabeza,
como flotando en un verso,
viene con el nunca resuelto 
problema de la fidelidad 
de la lengua. 
En este caso,
de la lengua para afuera…



No aclares, Humberto, ni se te ocurra  aclarar porque el cuento de la fidelidad oscurece el texto. Pues si de la lengua hemos de tratar: peor que peor, Humberto. Pero… Pero nada, ¡Nada, Humberto! Aprendé a escuchar, porque cuando yo suelto la lengua por algo será, Humberto, por algo será.  Y ya que me tirás de la sin hueso te diré, Humberto. Te diré Humberto, de paso. Porque tengo que  decirlo alguna vez…  Ahora que he logrado manotear este sonoro objeto de poder, tengo que  decirlo y no… ¡No, Humberto, no seas libidinoso! estoy hablando del y por el micrófono, Humberto, por él hablo. Yo soy la hablada… Sí, Humberto, ¿y qué mierda dije yo…?   ¡Soy la ablada, dije! La mal ablada,  la que rastrea lo que falta, la que persigue una ausencia. Y no te hagas eco, Umberto, no te hagas eco de la hache, porque la hache, en español,  responde al sonido de un pensamiento; de un pensamiento abandonado, Umberto. La hache no es más que un simulacro, como tu padre. Una víspera que señaliza el advenimiento de un sonido. Es una letra alcahueta,  Umberto. O por qué te pensás que la usa Shakespeare para el príncipe Hamlet, porque su padre era un fantasma, una figura de soplo nomás. Por eso te pusieron Humberto a vos. Humberto ¡con hache!  Pero decime una cosa, Humberto, por qué carajo estoy hablando de una letra muerta. Por qué me distraés  con estas boludeces si aquí lo que falta, Umberto, es, además de la hache, que te despabiles, mi querido Humberto. Porque  tengo que decirlo y no, no como una burguesa introspección agustiniana. No, Humberto, bien sabés que yo no como hamburguesas. Yo no hablo con dios, he dejado hace tiempo de pagar esa  morosa factura telefónica. Y no leas, Humberto, no leas amorosa donde dice Morosa, Humberto. Pero sabelo bien, porque esta, esta confesión te la va a hacer por única vez. Una sola vez habrá de decírtelo esta tercera y, además, femenina persona del singular. Escuchá bien, Humberto, porque vos no tenés ni idea de por qué esta te eligió a vos.  Porque vos, Humberto, por pura vagancia, esa vagancia de siempre querer mantenerte a flote, siempre en la superficie, mi hypocrite Humberto, y así nunca, nunca te vas a enterar del porqué de la cosa. Claro, el señor siempre con el culo aplastado en el sillón,  pretendiendo que le den la papilla masticada en la boca. Y encima, porque tengo que decirlo, Humberto, encima con ese par de arrugados gobelinos  estilo Luis XV, colgando por fuera del pijama. Sos patético, Humberto, patético. ¡Cuándo, decime cuándo vas a abandonar la tranquilidad de la superficie, Humberto! Cuándo te vas a dar un buen chapuzón y te vas a sumergir a buscar la perla, la perla oculta que anida en toda concha. Porque eso es la palabra, Humberto, una gran concha, un molusco bivalvo. Ya lo dijo Saussure, y cuando un suizo habla, Humberto, nunca lo hace fuera de tiempo. Y démosle gracias, Humberto, démosle gracias al señor, al señor Saussure, porque gracias a él hoy estamos en condiciones de esclarecer el  significado de… ¡La concha de la lora, Humberto!  Sí, querido, el suizo se peló las pestañas hablando del signo, del  valor, del rollo de las oposiciones, etc, etc… Pero yo  te lo voy a explicar de otra manera, Humberto. Porque el valor, Humberto, en este jodido mundo, pasa por otro lado.   Y cuando la lora, ya con la dosis de valor suficiente,  toma el micrófono y hace uso de la palabra o concha hasta el hartazgo… Sí, Humberto, hasta el hartazgo, porque es una abnegada monologuista del género. Y siguiendo con la imagen acústica, porque de eso se trata, Humberto, de una imagen acústica,  cuando la ya,  a esta altura, humedecida cotorra habla es porque… ¡Sí, Humberto, sí… la cotorra, la lora! es sólo una cuestión de tamaño, cuando son chiquitas son cotorras, cuando son más grandes se les dice loras, Humberto; todo queda en  plumífera familia. Y ya que tanto me interrumpís, Humberto, aprovecho para tocar, porque es para tocar,  el tema del tamaño. Vos te la buscaste, Humberto, así que ahora bancatelá. Y acabemos de una vez por todas con el mito del tamaño. Porque es así, Humberto, el tamaño es significante. Y no me vengas ahora con ese discurso de experimentado muchacho de barrio o te pensás que no los escucho, Humberto, cuando dicen “Y sí, yo con los deditos hago maravillas…” Maravillas… maravillas, Ja, Ja, Humberto, ¡JA, JA! Nosotras, Humberto, nosotras les hacemos creer que hacen maravillas. Nosotras ¡repito! abnegadas monologuistas del género que, un re-pito estamos necesitando, hemos debido esperar la llegada… ¡No, Humberto. No,  ningún mesías…Quién te dijo a vos que los mesías llegan… Si no la usan, Humberto. No la usan, por eso nunca llegan…  La llegada, te decía,  de un Hombre, un hombre como Ivo Pelay, Humberto. Ese sí que supo reivindicar el tamaño… el tamaño del significante.  Cómo que no sabés quien es Ivo Pelay! No te digo yo que siempre, siempre te quedás en la superficie, Humberto. Ivo Pelay, para que lo sepas, fue el argentino que revolucionó la semiología, Humberto. Porque si algo nos faltaba a los argentinos era esto, Humberto: tener un prócer semiótico, semiólogo… o como carajo se diga.  Y ojo, Humberto, ojo que no lo digo yo, eh! Lo dijo… sabés quién lo dijo, Humberto. Lo dijo Derrida, Jacques Derrida.  Que no era argentino, Humberto, era argelino, que para el caso es lo mismo, total no hay allí mucha differânce: dos letras no hacen gran diferencia ¿o sí, Humberto? En qué quedamos… ¿hacen o no hacen la diferencia, eh? Pero igual, mirá,  si tenés alguna duda al respecto te me vas ahora mismo a pie de página… No, Boludo! Como vas a ir caminando, Humberto. A pie de página, Humberto. Seguí el camino del asterisco* que te lleva hasta la cunita del mesías y de paso cerrá el pesebre, Humberto. Y por favor,  dejá de interrumpirme porque me agarra la digresión y cuando me agarra la digresión no respondo de mí ni de mi lengua.   Dejame terminar una idea, Humberto ¡Una idea! Te decía que cuando la humedecida cotorra habla, Humberto, es porque ha llegado la hora de abandonar la superficie. Es porque ha llegado el momento, nunca tan preciso,  del diálogo. Es así, Humberto, hay que sumergirse  a parlotear con la almeja. Pero a no entusiasmarse, Humberto, que este no es, precisamente, el momento del diálogo. No, Humberto, ahora hablo yo.  Y seguimos, al menos yo, hablando de la lengua, de la gran matriz semiótica, y también,  Humberto, también de tu vagancia. Bien sabés que no me gusta la digresión, Humberto, bien que lo sabés. Entonces, volviendo al tema, nunca te has ocupado siquiera  de informarte que la palabra verso proviene del latín “versus”,  que significa: línea, renglón y también surco. ¿Te das cuenta de lo que te estoy diciendo…? Te estoy diciendo que es la forma sustantiva del verbo latín “verto”, que significa: volver, tornar, arar. O sea, Humberto, que los romanos, que no eran ningunos giles, porque hay que reconocer, Humberto, hay que reconocer que los tipos crearon un gran imperio, Humberto, el imperio de la representación. Y hacete cruces, Humberto, hacete cruces cuando digo esto. ¿Te das cuenta? y todo con qué… Todo con la lengua, Humberto. Sí, con la lengua, con la Vulgata y jodida lengua.  Entonces, como  los tipos no eran ningunos giles, Humberto,  advirtieron que los surcos prolijitos y paralelos que dejaba el arado al remover la tierra, mirándolos bien, eran la viva imagen de un poema y no dudaron, Humberto,  ni un instante dudaron en bautizar, porque de tanto hacer cruces al final aprendieron a bautizar los tipos, no dudaron, te decía, en bautizar “versus” a lo que tenían frente a sus ojos. Ahora decime una cosa, por qué, Humberto, por qué me mirás así…  con esa cara de monaguillo desconcertado. Acaso no fui clara con vos. Acaso deba recurrir yo también a la Vulgata lengua para que me entiendas. Con lo que me costó, Humberto, con lo que me costó confesarte esto. Humberto, decime una cosa, ¿vos no sos un romano, no? Nooo, que mierda vas a ser vos, si a vos te tengo que explicar todo. A ver, Humberto, a ver… si es tan fácil como escandir tu nombre. Hagámoslo juntos, Humberto. Repetí conmigo: Hum-ber-to. A ver, dale, ahora más despacio y los dos juntitos: Hum - ver - to. ¿No ves, Humberto? No te das cuenta, si hasta el jodido corrector de Bill  es más inteligente que vos… ¡No pelotudo! ¡NO! de qué Búfalo Bill me hablás… ¿En qué planeta vivís, Humberto? Estoy hablando de Bill… Bill Gates “y sus cometas”, otro que con el tongo este de la representación creó un imperio. Y no me interrumpas más, Humberto, ¡Basta, por favor! Te decía, que el jodido corrector,  al separar tu nombre, me pone “ver” en vez de “ber”. Y claro, qué otra cosa me va a ordenar este hijo de puta si se llenó de guita con todos los boludos que nos pasamos horas y horas viendo la pantalla ¡Otra que la pantalla de la escritura!  Pero  vos no, Humberto, vos seguís sin ver ¡Vos no ves un carajo! Si nunca te ocupaste de saber por qué te elegí a vos. Y es tan sencillo, Humberto. Y no es que me guste repetir y repetir las cosas. No, Humberto, la cosa no es así. Esto es tan sencillo como escandir tu nombre: Hum-ver-to.  Sí ya sé, debo aclararlo, Humberto, porque vos seguís sin entender… Hum-ver-to, tu nombre…  ¡Tu nombre me sabe a Verso! A Verso bien hecho, Humberto. Ya está, ya te lo dije, Humberto. ¿Estás satisfecho ahora? ¿Eh… satisfecho de que te haya confesado mi secreto más preciado,  así sin rodeos, Humberto? Aunque… momento, Humberto.  ¡Momento, dije! no te vayas. Ahora que lo pienso, Humberto, ahora que rodeo tu nombre… porque la palabra labra, Humberto, labra y ladra un destino…Y tu nombre, Humberto, tu nombre es grave. A ver, dejame confirmarlo: Hum/ber/to – Hum/ber/to. Sí, así es, Humberto, tu nombre es grave. ¡Sos grave, Humberto! Sos tan grave como más del sesenta por ciento de las palabras que saturan la lengua castellana. Sos tan grave como Ménem, como dólar, como ingles ¡No… Humberto! ese es el inglishhhh, y además es agudo. Sí, Humberto, el inglés es agudo, es finito y ágil como un estilete. Y lo peor, Humberto, lo peor es que se te mete por todos lados, cuando te descuidaste un momento ya está, ya se te metió… ¡Shhhh, Humberto! no me hagas pronunciar vulgatas palabras. ¡Y hacé el favor de no preguntar boludeces!  Porque yo, siguiendo con la historia de la trama, como buena Penélope que soy, entretenida con la tijerita,  cortando géneros, encimando, pegoteando fragmentos, recién ahora me vengo a dar cuenta, después de 30 años, Humberto,  después de treinta años de sacro matrimonio me vengo a dar cuenta de este pequeño detalle. He vivido engañada, Humberto.  Y la culpa de todo esto la tiene la yegua esa de la Matilde. La yegua esa que te mal parió. Claro, la señora le puso al nene el acento grave para toda la vida. Pero la muy zorra, porque era una buena zorra la vieja esa,  Humberto. La muy zorra te puso el acento no ortográfico para que yo no me diera cuenta, porque era escondedora esa. Y ahora para qué, Humberto, para qué mierda me traes el pizarrón… ¡Qué te pensás, que soy Bilardo! o acaso tenga yo que ponerme a graficar la cara de orto que puso la vieja chota cuando le dijiste que nos íbamos a casar. ¡Necesitás que te la dibuje, Humberto! Y ni se te ocurra defenderla. O te pensás que no te escucho, Humberto. Te pensás que no te escucho todas las noches a las 3 de la maña… ¡y no me interrumpas a mitad de palabra que quedo como una brasileña pajuerana!¡A las tres de la mañana, Humberto! Te das cuenta de lo que te digo. Todas las santas noches a las tres de la mañana cuando adoptás esa desagradable posición fetal, y todo para qué… para arrugarme las sábanas, porque bien sabés que me pone loca que me arrugues las sábanas, y, encima…como me gusta poner la “y” así entre comas, porque la muerte siempre va entre comas, Humberto.  Se pasa, dicen,   de un estado comatoso a un abrupto punto final. Sí, Humberto, es así. Y sin embargo todos los boludos cuando llega el momento, el momento de poner el punto, digo, todos se preguntan ¿Y…?  Te das cuenta, Humberto ¡Usan los suspensivos…! Todavía no se cansaron de joderle la vida al prójimo que, impregnados de un espíritu (porque este también juega) hollywoodense, quieren seguirla, se quedan esperando la segunda parte, Humberto. Y sino mirá el mago ese… Ese que se escapaba de todos lados, ¡pucha! nunca me acuerdo el nombre de ese boludo, siempre se me escapa. Ese que la dejó a la pobre mujer con el ¿y…? en la boca.  Ese que le dijo a la mina que le iba a mandar una señal desde el más allá y le cagó lo que le quedaba de vida a la mujer. Sí, ella también murió con el ¿y…? en la boca.  ¡Y Houdini –ahí me salió- para cuándo…! dicen que repetía la mina antes de morir. Pero mientras lo sobrevivió, quedó suspendida en la horqueta de la Y.  Y no hay caso, Humberto, no quieren entender que debajo de los mármoles los únicos que hacen magia son los gusanos. Sí,  Humberto, los gusanos. Además, si aplicás la oreja en tierra, en tierra de la narración, vas a poder  oír el  líquido murmullo de estos jodidos nematelmintos que se entregan  con total fruición a la reproducción del orden. Para eso laburan los gusanos, para reproducir el orden. Y hablando de orden, Humberto, de qué carajo estaba hablando yo… Ah sí, sí, cuando me arrugás las sábanas con esa desagradable posición fetal que adoptás, y,  encima, después empezás con esa odiosa letanía, frunciendo la trompita como un lactante despojado: “Mama- tilde, Mama- tilde”. Mama tilde, te voy a dar a vos Mama tilde ¡Pedazo de fósil! Porque sos grande, Humberto, grande y boludo. Y cómo le gustaba a ella jugar  con la vulgata lengua. Cómo le gustaba construir su imperio edípico, también. Lalen, lalen, lalen gua ¡Madre de dios! Tesobe el cirio. Te lo digo así, Humberto, en dialecto Tesobe, como le gustaba a ella. Dialecto nutrido de dip-tongos y trip- tongos cristalinos, efervescentes, nauseabundos. Y vos, Humbertito, enredado y perdido en ese camino, abrumado de tongos. Camino de Cintura, sórdido, sinuoso, materno, infantil. Vos, Humberto. Vos le seguiste el jueguito. Pero no quiero hablar de vos, Humberto ¡Por qué siempre te metés en el medio del camino! Estoy hablando de ella, Humberto. Porque  para la señora yo siempre fui la loca. Laloca… Laloca, porque era tan avara la vieja esa que ni siquiera se tomaba el trabajo de separar el artículo del adjetivo para no perder tiempo. Y así le fue, Humberto, acumuló tanto, que los gusanos se hicieron la gran fiesta con ella. Y no estoy hablando de los jodidos nematelmintos. No, Humberto, estoy hablando de los jodidos de tus hermanos, que se repartieron la torta mientras vos te dedicabas a llorarla. Laloca… Laloca…  Y tanto lo repetía que ahora no puedo más que darle la razón.  Y ahora mismo, Humberto, ahora mismo lo voy a gritar a los cuatro vientos. Y ni se te ocurra cruzarte en mi camino porque te puedo atropellar, Humberto. Sabés por qué… Porque soy, como decía tu madre, Laloca. ¡Sí, Mamatilde! Soy Laloca. ¡Lalocamotora soy! La que viene arrastrando los soporíferos  vagones de la angustia de tu hijo.  Lalocamotora que persigue al deseo y sin embargo lo pone cada día un poco más lejos. Lalocamotora que descarrila fragmentos de incoherencia en todas las estaciones de la razón.  Esa Soy. Esa. ¡Mama-rracho! Ya está, Humberto, ya se lo dije, ahora me siento mejor. Mejor sin culpa, Humberto. Pero no creas, Humberto, no creas que esto termina acá. Porque yo no escribo para aligerar mi culpa, Humberto, escribo para aligerar la tinta, y  por más que ahora tengamos un serio problema de circulación, por más que se me reanuda la tinta… ¡Y dale con las interrupciones! Sí, y qué dije yo, se me re-anuda la tinta, Humberto, eso dije ¡Sordo de mierda! Se me re-anuda la tinta, se me coagula. Un típico caso de  embolia de bolígrafo que, sólo para joderme, se solidariza con el nunca tan inoportuno  silencio. Pero no creas, Humberto, no creas que un simple y obturado bolígrafo me va a detener. ¡No. Ni lo sueñes! Porque de ser necesario me corto las venas y me pongo a escribir con sangre. ¡Me entendés, Humberto! con sangre si fuera necesario. Porque esa si que no la tengo coagulada. Y bien sabés, Humberto, bien sabés que no me cuesta nada. Es más, dame tres renglones, Humberto, tres miserables renglones y provoco un baño de sangre que vamos a tener que  salir todos patinando de acá.  Y no me vengas ahora con la historia de que es de noche y que tenés sueño, Humberto. No, definitivamente NO, Humberto. ¡No, No y No! ni Noche, ni Sangre, ni Sueño, porque bien sabés que ese cóctel me puede, Humberto, me puede poner oscura, romántica y decimonónica, y mi corazón llamea en esas ocasiones.  Y si mi corazón llamea,  bien sabés que le puedo volver a sacar humo a mi pluma, y arrancar otro bodoque tan voluminoso como este, Humberto.  Pero aún así no vas a lograr distraerme, Humberto. No vas a lograr que me olvide del problema. Porque ahora sí que tenemos un problema, Humberto, tenemos un grave, más que grave, un gravísimo problema. Sí, ya sé, tu nombre me sigue sabiendo a verso, Humberto. El inconveniente es que sosgrave, y si sos grave no te puedo añadir ni restar ninguna sílaba, Humberto. Me entendés, Humberto, mientras el río del lenguaje fluye, circula como tinta, como líquido amniótico,  y se derrama, vos no vas ni pa’ trás ni pa’ delante. Sos… como una estatua, Humberto. ¡Qué digo una estatua! Sos… Hum… ¡Qué mal huele esto! Hum… ¡S.O.S! Humberto, sos/ un/ ver/ to/ un/ ver/ to/ muer/ to. 



Néstor Colón



Néstor Colón. 1958, Buenos Aires. Es Director editorial de la revista Lamas Médula y de la colección de libros Cactus Collection. Ha dictado talleres e integrado jurados en diferentes concursos literarios, conformando junto a otros escritores la Biblioteca de Poesía Raúl González Tuñón. Publicó Argentino hasta la viga (plaqueta, 1992), Flora de selva negra (junto a varios autores, 1998) y Humedades (Segundo Premio Concurso Homenaje a Desaparecidos, Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, 1990). Sus libros El texto ruso, La zanja de Alsina, La bola épica (edición virtual), y Cuaderno insalubre se encuentran inéditos. El poema que presentamos -el más extenso del libro- pertenece a "Casta vulgata" (Ediciones Lamas Médula, 2014).