martes, 26 de mayo de 2015

LOS ANILLOS DE SATURNO


















            Para Cristóbal y Josefa

¿Qué es eso de llorar al ver los anillos de Saturno
tan perpetuamente perfectos que uno podría bailar,
    deslizándose por sus pistas de diverso color 
    hasta dar una vuelta mil años después?

Este es un punto en que toda fascinación fracasa.

Mis hijos –pequeños y míos entonces– estaban intrigados 
de mirar el espacio y me creían. 
    
         No existía Platón
  expulsando a los poetas de su república.
No existía Karl Popper con sus terrores totalitarios.
Solo yo y mis hijos. Y un astrónomo colocándonos
a las 5 de la mañana un telescopio para celebrar 
    el solsticio de invierno.
  
     Se supone que uno es feliz cuando puede escribir
un poema sobre la Flor de Escarcha. 
    Es un viejo sueño para retar las capacidades 
de los viejos maestros de la revelación.

  Se supone que el poema ya está escrito 
cuando tus chicos pegan el ojo contra un tubo tan largo
y los ooohs que resuenan en todo el valle
              ya han insinuado
la amplitud de lo azul que estás persiguiendo. 

Y nadie debería morir si escribe ese poema esperado, 
esto lo estaba pensando mientras me complacía
    la admiración de mis hijos. 

¿Pero no es injusto trasladar tus pasiones a quienes sueñan
    y lloran mirando la prisión de tantas circunferencias 
como si fuera el descubrimiento de un misterio
    que aún no hubieran querido reconocer? 
    
         Y Platón expulsándome de su reino
         donde empezaba a hacer infelices a mis chicos. 
    
         Era una culpa de locos.

A ver si avanzas 312 kms 
    explicándoles a dos pequeños
  que la satisfacción tiene el nombre 
de una conspiración astral. 

A ver si te aplauden cuando como John Travolta
    bailas en un skate bajo todos los colores de la lluvia.

A ver si Platón se ahorca
  amablemente en cada uno de los asombrosos aretes. 

Porque el amor ya no es igual después de mirar lo infinito.


Tulio Mora




Tulio Mora (Huancayo, Perú,  1948). Escritor  y  comunicador  social. Es uno de los poetas peruanos  más representativos de la denominada generación del 70 y miembro del movimiento Hora Zero. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y se dedicó tempranamente al periodismo. Su primer libro de poesía fue Mitología (1978). Poco después de la publicación de Mitología, Tulio Mora viajó a Argentina y luego a México donde obtuvo una beca de poesía del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En este país viviría cinco años trabajando en una editorial de libros de arte y compartiendo con sus gemelos del movimiento Infrarrealista -Mario Santiago, Pedro Damián, Mara Larrosa y los hermanos Méndez- un destino de intransigencia literaria. Mora regresaría al Perú en 1983 cuando la guerra interna empezaba a mostrar toda su crueldad y como resultado de esa confrontación social el poeta escribiría Oración frente a un plato de col y otros poemas (1985). En 1987 publicó Zoología prestada y en 1989 Cementerio general, obra que obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía concedido por el Consejo de Integración Cultural Latinoamericana (CICLA) teniendo como jurado a los importantes poetas Enrique Lihn, Carlos Germán  Belli y al destacado crítico Alberto Escobar. Su sexto libro, Simulación de la máscara, fue publicado el 2006 recreando el sentido jubiloso que tienen las fiestas populares, sugiriéndonos que solo cuando los seres humanos se reencarnan en el otro (detrás de la máscara), cuando simulan que no son, vuelven a ser para renovarse y tolerar la opacidad y miseria de la vida.Después publicó País  interior  (Premio Copé,  2009)  y Ángeles detrás de  la  lluvia (2009). Asimismo, es autor de dos antologías del Movimiento Hora Zero-Infrarrealista: Hora Zero,  la  última vanguardia latinoamericana de poesía (2000) y Hora Zero: los broches mayores del sonido (2009). 



domingo, 24 de mayo de 2015

INTRODUCCIÓN AL FUEGO


















Es una muchacha de solo 
    17 años con una minifalda 
amarilla de pintura galáctica 
    presumiendo 
endiablados brochazos en tantísima piel 
potra al galope con su trapo de fuego y sus 
    bellísimas piernas 
    y mientras ella avanza como encendedor
del aire hacia el jardín con un pino 
    del que cuelgan bolas de navidad 
    en un mes de julio
nuestro kamikaze la verdad ya no tan chico más bien 
casi su padre la imagina remolino en mar reinventado
    reventado de crisantemos 
y ella avanza ni muy envuelta con su traje chillón 
    de gorriones ni desenvuelta
    y sus bellísimas piernas
alta que se le pierde la sombra tan alta en ese desierto
  jardín donde la luna 
botarate derrama su don del estiramiento 
    y nuestro poeta pirata peleador callejero
    aturdido por sus solo 
    17 años
sus cabellos amedusados sus pechos exhalaciones
    de nube en tiento de breve edad
    más sus 
    caderas de yegua reciente
en ese instante descubre 
    que no hay historia del mundo 
    sin la osadía de magos labios y vagas 
    lenguas 
construyendo un épico beso 
    secretario 
    general de un sindicato de bonzos
así es cómo se entra 
a la pradera de las cenizas.



Tulio Mora (Huancayo, Perú,  1948)






viernes, 22 de mayo de 2015

EL TIEMPO ES UN FANTASMA

















El tiempo es un fantasma
Masoch
una torre gótica y perversa
un aniversario descuartiza mis nervios retuerce mis zapatos
me hace un gesto lascivo como si tuviera entre los dedos
un miembro gigante envuelto en cerda o una máquina de descoser
el asunto es gozar maníacamente
¿quién rompe dos veces
el mismo himen?
Pedazos de piel tallos y espigas sensoriales
que son hoy un Zeitgeist 
¿nos hemos situado ya dentro de la
convención o desadaptado de acuerdo
a una visión?
¿La dinámica del sufrir es acaso mecanicista?
Algunos sufren su pathos lo acarician lubrican con él.
¿El amoniaco de los pañales no es la lírica del orín?
La ciudad es una expresión que no alcanzaba desde las
rejas del colegio lo que en tus aulas lustrosas
las voces de los profesores ocultan por una educación
virtuosa, el piano delicado y el idioma sajón.
Torpe y sin fuerzas en el aburrido domingo juvenil
y el paseo a Chosica frustrado por la boñiga desparramada
en todos los verdes.
Elsa Sira Margarita las amo porque nadie sabe qué camino
han tomado sus frustraciones
estoy callada pero no ausente
Clarice Lispector escribe rodeada de sus niños
en el hogar
Silvia Plath pensaba dejarlo todo en aquel caso
el Occidente ha dado talentos como la Woolf  cuya amistad
con la Ocampo hizo decir a ésta: yo, como toda subdesarrollada
tengo el hábito de escribir.



FRÁGIL ANTE LO INMUNDO

Frágil ante lo inmundo
lo inmundo considerado como una débil respuesta
del ser cotidiano ante sus mezquindades
me sorprendo en una ciudad cuyo nombre
ni la humedad pegada a los muros ancianos
ni sus palomas tísicas
me importan 
como estar en su imagen de plástico
hundiéndome en La Défense

perdida en el ardor de su pasado
ah pureza frescor de lo marchito
toneladas de plumas nos cubren
nos desnudan en tu presencia
y tú ciudad donde hoy habito
¿naufragas o emerges de mi
calidoscopio?
A pocos metros de la estación moderna me habita
en pequeñas áreas mal ventiladas
campiñas fantasmales donde uno (de pocos ingresos)
atraviesa la tarde de un verano desolado
desde sólo un ángulo
     –lo maravilloso de la tarde–
su caricia en el sexo es la de un espectro
y amo esa tarde como en un flm.
El ardor del pasado descansa en la infancia
pero no puedo ocuparme largo rato de esta transparencia
y no deseo edificar una infancia
lo maravilloso es la rama torcida
que se eterniza en un material innoble (chatarra)
esta falta de flores lo es sobre la tarde gris.
Apoyada en tus brazos:
de las viejas Bastillas
nace tu sonrisa más fresca
y mis partes están irritadas con fluidos verduscos
como tonos impresionistas
caminando para aprehender el rígido otoño en el Louvre
el sentimiento de piedra de la Venus egipcia
o el gesto de bronce de una pierna de gladiador
      –sótanos y galerías de tesoros robados–
camino, palpo el tubérculo de los recuerdos
mi cuerpo de niña  
         el silencio rígido
de la pureza
nada de entonces puede penetrarme en el miedo
como esta ciudad en la usura.



Carmen Ollé


Carmen Ollé. Poeta, narradora y crítica peruana, nacida en Lima, Perú, en 1947. Estudió pedagogía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtiene el título de Licenciada en Educación en la especialidad de lengua y literatura.Ha residido largas temporadas en Francia, Alemania, España y Estados Unidos. Ha sido directora del Pen Club del Perú, así como presidenta de la Red de Escritoras Latinoamericanas (RELAT).
Obra publicada: Noches de adrenalina. Lima: Cuadernos del Hipocampo, 1981. (Poesía). Noches de adrenalina. 2a. ed. Lima: Lluvia Editores, 1992. Noches de adrenalina. 3a. ed. Buenos Aires: Tierra Firme, 1994. Nights of adrenaline. California: Floricanto, 1997. (ed. bilingüe de Noches de adrenalina, trad. Anne Archer). Todo orgullo humea la noche. Lima: Lluvia Editores, 1988. (Poesía y prosa). ¿Por qué hacen tanto ruido? Lima: Flora Tristán, 1992. (Narrativa). ¿Por qué hacen tanto ruido? Lima: Editorial San Marcos, 1997. Las dos caras del deseo. Lima: Peisa, 1994. (Novela). Pista falsa. Barranco, Perú: Ediciones El Santo Oficio, 1999. (Novela). Una muchacha bajo su paraguas. Barranco, Perú: El  Santo Oficio, 2002. (Relato).





miércoles, 20 de mayo de 2015

CORTÉ MIS CABELLOS














Corté mis cabellos
para que no me amaras
amor
te regalo mi cuello y sus orejas
y los senos también
por si te pareciera poco
cuídalos hasta la próxima estación
del año
mientras cabalga solitaria
la otra mitad de mi cuerpo 



ACORRALADOS
(a la manera de Rosario Murillo)

Pienso en nosotros que hemos exigido a la vida 
La noche perfecta / la obra de Miguel Ángel 
El aria de Mozart / los amores de Simone et Sart
Hablo de nosotros / los muchachos 
   que hicimos la revolución 
A nuestra manera /ojos enrojecidos 
Volante al arriero / arenga al mar. 
Los obstinados que volvimos a construir puentes
Dando vivas al Che, cantando Yesterday
   y La Internacional 
Hoy acorralados / sin partido 
A fnes del año 90 / nos desconocemos. 
El asunto compañero no es simplemente 
Esperar las señales como quien palmea 
   en silencio a mamá 
Ni sólo tejer pop art / manos alzadas 
Amor y rebeldía es subvertir las costumbres 
Inventar armas / tribus / granitos de arena 
Como este leve rastro solar. 
En enero caen las fores de la madreselva 
Y la impotencia 
De esta mañana. 


Rosina Valcárcel



Rosina Valcárcel (Lima,  Perú,  1947).  Es  escritora,  antropóloga,  periodista  y defensora  de  los derechos  humanos. Actual  directora de Kachkaniraqmi. Ha  publicado los  poemarios Sendas  del bosque (1966), Navíos  (1975), Una mujer  canta  en medio del caos  (1991),  Loca  como  las  aves  (1995), Paseo  de  sonámbula  (2001), Naturaleza  viva (2011). Además, os  libros Universitarios  y  prejuicio  étnico  (1974); Mitos,  dominación y resistencia andina (1988); Diario de talismanes  (2005); Aprendiz de maga (2006). 





lunes, 18 de mayo de 2015

FOTOGRAFÍA



















Ese de la derecha, en cuclillas, debajo de la barbita de Lenin,
ese soy yo.
Es en una ciudad que vi y no vi,
tal vez estuve en ella, esta fotografía me inquieta,
debo averiguar hasta qué punto yo soy en esa imagen.
Anduve dando tumbos en esa ciudad.
Despertaba en la noche y me encontraba en ella,
con esfuerzo volvía a la realidad. Tuve amores, incluso,
con una muchacha que me confesó 
ser sólo un espejismo. Desde entonces
evito salir sin un plano, ahora último
repleto mis bolsillos con pastillas de variado uso
y de vez en cuando me inclino sobre el pasto
y huelo
porque reconozco, de veras, el olor de las calles que conozco
y distingo debajo de la lluvia
por el sabor del barro
el lugar donde estoy.



Omar Lara


Omar Lara (Nueva  Imperial, Chile,  1941). Poeta,  ensayista,  traductor, editor y Profesor universitario. Graduado en Filología en la Facultad de Lenguas Romances y Clásicas de la Universidad de Bucarest. Ha ganado en 1975 el Premio Casa de  las Américas y en el 2007  el Premio Casa  de América. Fundador  y  director  de  la  prestigiosa revista Trilce.  Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Argumento del día (1964); Los Enemigos (1967); Serpientes (1974); El viajero imperfecto (1979); Fugar con juego (1984); Jugada Maestra (1998); Vida probable (1999) y Bienvenidas calles del Perú (2001). Ha traducido varios poetas de lengua castellana al idioma rumano, entre ellos Jorge Teillier (con la colaboración de Marin Sorescu) y varios poetas de la lengua rumana al castellano, entre ellos, Marin Sorescu y Mihai Eminescu.  Ha ganado, entre otros, los premios Casa de las Américas (Poesía, 1975); el Premio Internacional Fernando Rielo (Traducción) y Casa de América (Narrativa, 2007).








sábado, 16 de mayo de 2015

SE ESCRIBE












            A Michael Rössner       

Se escribe contra toda inocencia
del clavel o el lirio, contra el aire 
inane del jardín, contra palabras
que hacen juegos vacíos, contra una estética
de vals vienés o parnasianas nubes.
Se escribe abriéndose las venas 
hasta que el grito calla, con llanto ácido
que nace de pronto pues imposible
nos era contenerlo, con luz dura
como rabia azul, quemado el rostro,
destrozada el alma, desde una rama
frágil al borde del precipicio,
Se escribe.



AQUELLAS CARTAS


El ayer llega en el hoy que saluda ya el mañana.
Era fines del ’72. Yo atravesaba en tren
Europa occidental, o caminaba por saber adónde,
un sinnúmero de calles, y en cuerpos ondulados
de jóvenes tenues, o en la delgadez del aire en la rama
de los castaños, o en refejos, que creaban imágenes
en aguas del Tajo, del Arno o del Danubio, la creía ver,
y ella lejos, en mí, en Ciudad de México, con sus
clarísimos 19 años, regresaba en verde o azul, para luego irse
y regresar e irse en el ayer que hoy llega para hablar mañana. 
Era fnes del ’72, y yo no sabía que el mirlo cantaría para mí
a la hora del degüello. Ella hablaba de amor en mí, por mí, de mí,
pidiéndome que le enviara más cartas, que guardaba
–eso decía– en el color de los geranios sobre los muros
de su casa en el barrio de San Ángel, sabiéndola diciembre
que era de otro, pero yo le escribía cartas y cartas
en el compartimiento del tren de una estación a otra
bebiéndome milímetro a milímetro la morenía de su cuerpo
como si fuera antes, sin saber que la tinta se borraba como 
el color de los geranios en el muro de su casa.
Pero al evocar ese ayer convertido en un hoy que es ya mañana,
sin escribir ya cartas entre una estación y otra, me parece
que aún oigo la canción del mirlo a la hora del degüello. 



Marco Antonio Campos




Marco Antonio Campos. Poeta, narrador y ensayista mexicano nacido en ciudad de México en 1949. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, fue lector en las Universidades de Salzburgo y Viena de 1988 a 1991, profesor invitado de la Brigham Young University en 1991, y catedrático en la Universidad Hebrea de Jerusalén en 2003. Ha sido además, director de Literatura de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma, director en dos épocas del periódico de Poesía y coordinador del Programa  de Humanidades de la misma universidad. Ha dictado cursos sobre poesía y literatura en varios países de América y Europa,  ha sido cuatro veces becario del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Arles en  Francia, y miembro de la Académie Mallarmé en el mismo país. Es traductor de muchos autores, entre los que se cuentan, Baudelaire, Rimbaud, Gide, Artaud, Saba, Ungaretti, Quasimodo y Trakl. Su obra ha sido galardonada en México con los premios Xavier Villaurrutia y Nezahualcóyotl, en España con el Premio Casa de América y Premio del Tren 2008 Antonio Machado, y en Chile con la Medalla  Presidencial Centenario de Pablo Neruda. Su poesía está contenida en los siguientes libros: "Muertos y disfraces" 1974, "Una seña en la sepultura" 1978, "Monólogos" 1985, "La ceniza en la frente" 1979,  "Los adioses del forastero" en 1996, "Viernes en Jerusalén" 2005, "Árboles" 2006  y "Aquellas cartas"   en  2008. Reside actualmente en Málaga, España.    




jueves, 14 de mayo de 2015

LOS MAPAS




















Durante mucho tiempo
supuse que el agua
saciaba la sed; que
el sol era benigno.

Supuse también que alguien
vendría y permanecería
aquí, como el silencio
que encierran los cajones.

No sé por cuantos años
di por sentado que una casa,
una cama, una cuna,
un pedernal bastaban.

En efecto, el viento, la noche,
el cerrojo, el sueño, la boca
las manos me bastan
para algo, para alguien.

Durante algún tiempo consulté
horóscopos, vísceras, vuelos,
horarios, rutas, caminos.
Pero no aparecías.



AIDS

Arrojé a la corriente
de aguas negras la colilla
del último Marlboro.

Cuando vi que iba
aguas abajo alcancé
a ver que se abría.

Al abrirse, el carmín
de mis labios se fundió
con las heces fecales, etc.

Así pasó con mi saliva,
con mis noches, con tu boca,
tu sangre y su cauce.

Como un bolero de 78 RPM
te fuiste en escenas b/n
con un traspié de fox-trot.

Sin que nada ni nadie
te detuviera, ni el otoño,
ni las estrellas, ni el rojo
Aids que vi llegar a tu vida.



VIENE LA MANADA

Algunas madrugadas de abril
despiertas  con el ruido
de una estrella que muere
detrás de la ventana.

Pasado el primer equinoccio,
la caída de una cabellera al suelo
da al traste con el sueño;
la sombra de un gato detrás
del vidrio; el peso de un ojo
que se abre o sueña despierto.

Es la termita voraz, dices,
el fuego que se incorpora
 desde el fuego; es la puerta
corrediza inmóvil o el agua
que espera, insomne; todo
insomne.

Serán los preparativos del funeral,
las yerbas erguidas en la espesura
de su huerto, la manada
silenciosa que viene,
los cascos sordos de animales
sueltos, la entrada al corral
que alguien olvidó abierta;

es quizá un dolor tenue
que madura, o son las escamas
y branquias de un pez
abandonado en la arena,
un quelonio que desova
quieto, el mapa que devora
el primer huevo en procura
de otro oxígeno.

Es una muerte inexplicable,
un vaho que nadie entiende,
es el oído recobrado,
el dolor de esa rodilla
inexistente; otra vez,
y otra, y otra, como hélices
a punto de una huelga
aplazada. Es la manada, 
dices, sí, los animales sublevados.



EL NOTARIO

Para morir no se requiere
de mucho, basta un quicio,
un rincón y el deseo
de no olvidarlo.

No son incontables requisitos,
ni la presencia de notario,
las palabras póstumas
no saldrán impresas.

Por descontado esquelas,
secretos llevados al sepulcro,
ni fechas de uno y otro hecho,
tampoco inscripciones en latín.

Ni coronas, ni rezos, ni flores, ni
plegarias, ni semblantes desencajados,
ni historias masticadas en rincones;
aguardiente y tabaco, menos.

Basta el impacto de pólvora
silenciado entre cojines,
discreto, de buen gusto.



Uriel Martinez




Uriel Martínez (Zacatecas, México, 1950) Hizo estudios de Letras Españolas en la UNAM y de francés en el Instituto Francés de América Latina. Ha ejercido el periodismo en diarios de provincia y de la ciudad de México y ha colaborado en revistas impresas y electrónicas de España, Puerto Rico, Argentina y Colombia. Mantiene al día los blogs "mi saliva todo locura" y "Los Lavaderos".



martes, 12 de mayo de 2015

PEACHES EN REGALIA y otros poemas
























SUCEDE que me canso de ser mujer
de anudar mis raíces en la tierra blanca
de arramblar con pecados ancestrales
—manzanas que yo no mordí
serpientes que entre mis piernas no bisbisearon

Sucede que la hembra se cansa de ser sólo hembra
cáliz o grial propicio
cuna o tumba
baguala o gacela
tigre o pantera
siempre en el dilema de esto o aquello

Sucede que me canso de aguardar mi nombre
—no el que me pusieron o el que tengo
sino el verdadero 
el que me puede dar el otro:
par y complemento.



PERO más peligroso es vivir sin el estremecimiento
del vértigo
sin saber qué labio se abrirá como una flor ahora
sin ver qué ojos nos herirán con sus rayos 
el fondo satinado de la retina

más peligroso es vivir en el estancamiento de lo diario
en la rutina del aseo
en la pátina de indolencia del acaso

más peligroso es 
vivir pendiente de la nada
atisbar detrás de las puertas
la vida que pasa con su atávico caos del otro lado

y más peligroso es
perderse la emoción 
—la ocasión—
la dicha cruel del abrazo



APENAS AMEBA

Yo quería ser una pantera
que en la sigilosa viscosidad de la noche
atrapara su corazón
y nunca lo devolviera

Yo quería ser una brava leona
haciéndoles frente a los cobardes
a los buitres
a todas sus plumas ensangrentadas

Quería ser una fría serpiente
no sentir nada
emitir sólo hórridos chillidos

Yo quería ser una gacela
correr más rápido que todos
no dejar que nadie nunca me alcanzara

Yo quería vestirme de jirafa
volverme elefanta
hacer piruetas
tener la casta prudencia de las cebras

 Yo quería ser potranca
cabalgar ida y vuelta hasta el infierno
doblar herraduras
no temerle a nada

Ni siquiera crisálida
mucho menos oruga

apenas ameba
he sido



CICLAMEN

 no hay más sostén ni armas:
de la suavidad de su espalda quedó apenas este verso
de los largos cabellos que acaricié sin tregua
quedó sólo un vago resplandor en la pupila
de las manos que se ofrendaban como el ciclamen
no quedan ni siquiera las espinas
del luto que guardé por un corazón estremecido
del pecado que cometí con sus ojos
del aguardiente que derramé
de las horas que me cosieron a sus tramas
de las injurias y los lamentos
de la música que me enloquecía
y me transformaba en una bacante
en la más fiel de las posesas

 no queda nada



POR UNA VEZ EN LA VIDA
no voy a ceder
ni a conceder
más aún
voy a hacer lo que de mí
ya no se espera
(ni se esperaría nunca)

por una vez
por esta vez
los cantos órficos de las sirenas
sus coyundas mesméricas
y las agujas de su ciencia
no serán escuchados

por una vez
me ataré a un mástil tan potente
del que sea imposible desasirme

(será una buena nueva)

por una vez en la vida
por esta vez
los perros del deseo
-rabiosos, hambrientos-
se quedarán llorando
del otro lado de la puerta



ARQUEOLOGÍA

En tus huesos
hubiera querido quedar impregnada
y ser hallada
por asombrados arqueólogos
a la vuelta de las eras
montones de tierra
enormes piedras
manchas, cavidades,
tejidos, arenas...



SU PELO (II)

negro deseo me envuelve
—negra flama—
negro deseo me apremia
—negra daga—

negros bucles me atan
—negra también la mirada—
negros bucles me sostienen
—negra en el alma—

negro deseo me invade
me solivianta

negros cabellos de dios
me llevan en sus alas



DONDE VIVO

En el tremendo silencio de los claustros,
en la cresta furiosa de una verde ola,
en el súbito despertar de unos ojos que se abren al mundo,
en la clara mañana que empezó mi vida,
en el viento que arrastra mi voz y la suya,
en la cumbre de la montaña más alta y más lejana,
en el cálido aroma de la canela, la vainilla y el enebro,
en la puerta misma del Infierno,
en el día de hoy, de hoy mismo
allí es donde vivo. 



Analía Pinto



Analía Pinto (Argentina, 1974). Escritora, poeta, editora y correctora. Estudió Licenciatura en Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata, donde se desempeña en el Servicio de Difusión de la Creación Intelectual. Editó y dirigió el boletín literario La Granda Milito, distribuido por e-mail a más de 500 suscriptores (2003-2006). Publicó en diversas antologías de poesía, revistas y sitios de Internet como El Interpretador, Axolotl, Letralia, Al Margen, Fin y Los Nóveles.Fue alumna de los escritores Marcelo di Marco, Gustavo di Pace y Laura Yasán. Publicó Peaches en Regalia (La Plata, 2008) y dicta talleres literarios desde el 2010 en diversos ámbitos platenses.





domingo, 10 de mayo de 2015

RECREO















I
la maestra es dulce con sus pecas
su flequillo y su corte carré
Mamá nunca se equivoca
El mundo tiene un layer,
varios layers
Yo no sé en que capa vivo
seguro que estoy más cerca del magma
porque el cielo abierto me da alergia
asma
y me parece que no va a haber otro cielo 
como éste 
Ni otro volcán

Por ejemplo ahora
que es de dia y celeste
me enamoro de tu boca que es una canasta
donde el lobo echó sus hechizos verdes
perfumados
Tu boca, 
maxilar abajo,
me sostiene como una hamaca
Yo apoyo mi culo ahi
Me cuelgan las piernas de tus dientes blancos
La carne se deforma en el contacto con los bordes
parecen afilados pero tienen una redondez
que los hace suave como una frazada de terciopelo
Cae mi cuello hacia atrás
y mi mano izquierda se apoya en tu lengua gruesa y húmeda
caliente y porosa (áspera)


El mundo,
una continua guerra



II

La maestra es dulce
Mi mamá no, pero quiere
Mi mamá siempre está nerviosa 
cuando estamos solas
Siempre está apurada
No entiendo para qué
A veces tiene los ojos desencajados
y entonces vamos a sentarnos a la iglesia 
que es fría y me da miedo
Esos ángeles miran amenazando
y nos prohíben 
las palabras 

Me muero de ganas pero al final no,
no me atrevo a jugar.
Mejor no porque desconozco la regla 
y el delantal con pollerita y moño se arruga
Mejor no porque a ver si me equivoco 
y se me bajan las medias azules
No entiendo las letras
No descifro la respiración 
(el respiro)
entre las letras
Mamá se asoma cada tris tras
justo cuando dejé de pensar en ella
Es cuando me doy cuenta que la dejé sola
que me necesita
que tiene miedo
Yo le envuelvo el miedo en el pañuelito de tela 
ese que me dio para los mocos
Lo tengo justo acá, en el bolsillo del delantal
blancas las tablas y el bolsillo
Guardo mis mocos en el pañuelito rosa
para que mamá lo lave a mano y lo planche
Todavia debo guardar ese pañuelito en algun bolsillo
Lo voy a planchar para  mi hijo,
bien almidonado porque es un hombrecito

Ahora soy yo la que se asoma
Hasta que de golpe decido 
abandonarlo todo




vI
Y qué querrá decir al pasar por un cuartel?
¿porqué se enamora al pasar por el cuartel?
Alcen la barrera
(yo veo un tren que viene)
de la puerta al sol (sola)
(veo una puerta en medio del desierto 
que se abre a un amanecer)
sube la escalera y enciende un farol
(la escalera esta en medio de la nada
la luz ilumina una playa, arena amarilla)
Y a la medianoche
las manos detrás de la cola
balancearse y darse contra la pared
Todas las cuentas salieron mal
tropezó
y tropezó


Siempre la ronda
la piedra 
y el balance a pérdida



VII

Ella piensa 
en los árboles,
no en el ombú desgarrado
Ella piensa 
en la escalera de piedra,
no en las patinadas y el esqueleto
Ella piensa 
en codos y nombres
No en el hambre y la noche
Ella piensa 
en los jazmines celestes,
no en las avispas
Ella piensa 
en  puntillas y fotos
No en el profesor 
que moja sus medias en la canaleta de agua podrida,
No sabe de la chica que se baña con las tetas pegadas al 

vidrio
no saber de la lección oral sobre el maiz, de rodillas
en la palpitante perversión, ELLAS
Sólo el alivio de no ver nada fuera de lugar
Las embarazadas y las hippies,
en silencio por el fondo,
sonrien


En el aula
hay un banco desocupado
y un cigarrillo en el inodoro

otro de otra serie

huele
por aca hay olor -dice
se nos tocan las rodillas
hace coincidir

ombligo con ombligo
en un dialogo intimo
silencioso y antiguo
es un gesto primero
la presentacion de ese ojo
hecho de un nudo
como un pacto
lo pies pegan en las tibias
piernas
y hoy extraño esto que ya no
va tener estas medidas



Mariel Fariña




Mariel Fariña, nació en Buenos Aires, en 1968. Es  ilustradora y poeta. Se recibió en la Universidad Nacional  de las artes, en 2000, como profesora de Pintura, docente y librera. Realizó un taller de literatura infantil con Iris Rivera.Es la ilustradora de "Peoplas", l antología  de poesía argentina para chicos que realizó Valeria Cervero y colabora con sus trabajos en Malón Malón, el blog de Tom  Maver. Como poeta, aun permanece inédita.





viernes, 8 de mayo de 2015

LA TRAICIÓN DE LOS PARAÍSOS




















ME REPLIEGO

En las mañanas cuando despierta la ciudad 
y los diarios golpean con el ayer 
hay manchas negras en las veredas 
de los talleres mecánicos 
y colectivos que esperan detenidos
frente a la seda de una lencería


Después vendrá la noche 
con su olor a manteca rancia 
el transporte público se tambaleará 
en los suburbios
habrá funcionarios que irán al aeropuerto 
hacia los bancos de Kuala Lumpur

Ellos no mirarán los umbrales 
donde se sienta la muerte a conversar
(a veces toma un mate y se va)
Yo me replegaré entonces
Cerraré los brazos sobre mí misma

Ya no quedará nadie en la calle



ABANDÓNICA

¿Por qué mi vuelo no remonta el río?
Todo está en su lugar 
el aullido del viento 
(se sabe) 
hará temblar los cristales 
Todo está en su lugar 
lo que se espera 
lo que insiste.
Veo sólo almanaques
tarjetas postales con palmeras
enanos de jardín
pantuflas con orejas
y cables enlazados sin amor

Abandónica 
la poesía 
sin piedad se retira 
Veo un mantel a cuadros 
lo aliso 
y es un mantel 

A cuadros.



FÁBRICA DE NOSTALGIAS

Es el adiós del circo que se anuncia 
     con una hilera de lámparas vencidas
la fiesta estará en los ojos 
 de la trapecista

Es la calesita que en cada vuelta 
parece que se va 
     en los caballos de madera

El ramo que una novia dejó 
cuando los muñecos de azúcar habían caído
las vías inmóviles 
     bajo nubes que viajan


El final que siempre espera agazapado

Sólo el viento desdeña
humilla los diplomas y las fotografías 
Sólo el viento reniega

de todas las formas de nostalgia




VENTANA

Lloverá en este instante sobre su ventana 
(en el cristal donde apoyaba la frente). 
Tal vez la pared blanca esté sola
o no haya pared 
ni planta que caiga desde el techo.


Tal vez la lluvia golpee como siempre la pared 
la planta y la ventana 
y falte nada más que mi frente

en el cristal


(De: Intemperie Buenos Aires)



CADA VEZ MÁS CLAROS ERAN SUS OJOS

Sentada en el sofá
era una herida entre las fotos
Ibamos al bar frente a la plaza
y le aconsejaba cosas absurdas.
De cómo mejorar su vida
y otras mentiras para no llorar.
que iríamos a ver ópera.
Que le compraría un tapado nuevo.
Que pasearíamos bajo la llovizna en un auto negro
Y cada vez más claros eran sus ojos.
Habló de unas hermanas que en el pueblo
fueron reinas de belleza
Habló de un verano.
De un tiempo
en el que no estaba yo.


(Inédito)



Clelia Bercovich




Clelia Bercovich. Nació en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, Argentina. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) . Es Especialista  en Estudios de la Mujer (Carrera de Posgrado UBA). Experta en Violencia en Base al Género. Ha publicado dos poemarios: “La traición de los paraísos” (Ed Ruinas Circulares, 2011) e  “Intemperie Buenos Aires” (Editorial Imaginante,  2013).