martes, 16 de julio de 2019

EL RECITAL





























Ni ella sabe lo que quiere. Aunque lee tan segura como si se tratara del Preámbulo de la Constitución. La escucho desde aquí, sentada en una silla que se tambalea. Hace rato lo noto, cada vez que me muevo una pata se apoya contra el pisó y la silla rechina. Pero me concentro y la escucho. Al final vine al recital de poesía porque Marta me obligó a salir de casa, “siempre adentro, siempre adentro, salí de una vez”, me dijo, entonces me empilché como pude y aquí estoy. Marta me lee cada tanto en el descanso en la oficina; me gusta lo que escribe. Y siempre se trae un libro y también me lo muestra o me lee algo de ahí. Yo creía que las que escriben son feas, de haberles visto las caras a Alfonsina o a Gabriela Mistral. Las chicas aquí se hicieron casi  todas la planchita, usan botas hermosas, no es que se vinieron como para una fiesta pero algo parecido, las carpetas bajo el brazo; las carteras, mínimas. Y casi no llevan abrigo, como si estuviéramos en septiembre pero hace un frío de locos; debe ser eso lo que las distingue, el no llevar casi nada. Hay una, sí, que se trajo un tapado pringoso y unos botines de hombre gamuzados. Una cara de enojada con la vida y con el mundo entero tiene... En cambio, los varones son casi todos iguales. Uno se mandó una botella de litro de cerveza él solo; antes de empezar, en el barcito que había a un costado vendían empanadas, cerveza, whisky, pero el café era instantáneo, un asquete.

Conste que yo de poesía no sé nada, apenas lo de la escuela pero bueno, vine. Esta es la cuarta que pasa y lee. El primero leyó apurado y no se le entendía nada. Después, la verdad es que me distraje; preferí mirar a los que escuchan, la pinta y la cara de cada uno. Cuando presentaron a la de ahora, tras un largo currículum, se levantó y caminaba moviendo el culo, ergo el vestidito, y al sentarse se bajó el escote. ¿Cuánto tendrá, treinta, treinta y algo?; más no y menos, ni ahí. Le miré la mano y alianza no tiene. Se pintó con delineador bien finito, ojalá me saliera así a mí, y las pestañas de rímel verde aceituna. Lee despacio como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para escucharla. Sobre la mesita, al lado del micrófono, puso una pila de hojas enorme, “un libro en preparación”, dijo al empezar, y yo pensé para mis adentros agarrate Catalina. La miré a Marta y me hizo un gesto con la mano como diciendo tené paciencia. Le muestro lo que hace la pata de la silla y nos reímos. Van dos veces que le escucho la palabra deseo y la otra, trama es, trama de algo. Y urdimbre. Ya lo dijo en el primer poema, me acuerdo. O sea, hace que cose. Pero no cose nada, es abstracto todo, no sé adónde quiere ir. La miro a Marta y ella está tan atenta que no lo puedo creer. Le digo al oído “no me gusta”, y ella me contesta “es premio municipal”. Ahhhhh, pienso. La del escote, al rato, dice que para terminar va a leer algo de su primer libro, que nunca lo hace porque lo considera muy ingenuo pero que hoy ese libro cumple una década de haber sido publicado y que está emocionada. El librito tiene la tapa toda blanca, ni un dibujo, y apenas se notan las letras del título. Ella lo abre y primero da vuelta las páginas, no se decide, respira hondo y mira para arriba como pidiendo ayuda. Disculpen, dice. Pega una carcajadita nerviosa y empieza: “Este tiene un acápite de Virginia Woolf que dice ‘Sobre la vida, sobre la muerte, no, no se puede decir nada de esto a nadie’”. Hace un silencio largo, con la boca medio abierta se queda tocando el papel. Alguien de atrás pide dale, seguí. Pero ella no sigue, está como pensando enfrente de nosotros, agarra el montón de hojas del libro en preparación que había dejado tan bien acomodado a un lado, y casi raspa cada hoja con el dorso de la mano. Respira hondo y pone cara de asco o de desprecio, junta la pila a la sanfasón como si ya no le importara. Se levanta, despacio, se acomoda el escote, apoya el micrófono en la mesita y dice que después de eso que leyó de Virginia, Virginia, dice, como si fuese su amiga, no se puede escribir ni pensar nada más.

Todos aplaudimos, y yo la saludé a Marta y volví a casa.
                       
                                                                                      (del último libro de Irene                          Gruss: “Piezas mínimas”,
        Buena Vista Editora,
Córdoba, 2017)
Irene Gruss (Buenos Aires, Argentina, 1950 - Id.2018)





IMAGEN: La poetisa madrileña Elvira Sastre.




domingo, 14 de julio de 2019

LA FORNICACIÓN ES UN PÁJARO LÚGRUBE

“La fornicación es un pájaro lúgubre”

Abelardo Castillo

Escucha cómo cae la lluvia,
como si no hubiera amor ahí
ni luz, nada más líquido, más sonoro,
como si sólo eso quedara,
sin amor sin tiempo
sólo mi mano que cierra casi todo,
tus párpados como a un muerto,
y de a una cada mano tuya, agua en los párpados,
yéndose de cada mano
como se va de una piedra o de un bosque,
sin apuro cae,
sin malicia, inunda lo que no debería,
escucha cómo cae
solamente,
como si nadie viviera ni me tocara ahora
o nunca me tocara
salvo lluvia
como si la fornicación fuese congoja pura,
un pájaro lúgubre,
escucha, escucha cómo cae
mi cabeza en el magma de tu axila,
sin amor, sin tiempo,
disonancia,
como si esto o lo otro
o lo de más allá
acabara siendo lluvia,
algo de placidez
o de borrasca,
como un náufrago que espera no la isla
sino la nada, como si no hubiera tiempo, amor,
y un pájaro lúgubre gritara la desesperación del mundo
lluvia sobre un techo de zinc,
y fuera eso,
lluvia que cae sobre un techo de zinc,
el mundo sin necesidad,
como un pájaro que pierde el vuelo y cae
extenuado, apenado de sí mismo,
sostuvo el cielo allá arriba
entre las alas, y ahora, no pienses,
escucha,
no, así no, por qué así,
escucha cómo cae la lluvia.


Irene Gruss (Buenos Aires, Argentina, 1950-Id. 2018)

  
 Del libro: En el brillo de uno en el vidrio de uno, 2000
Tomado del Dossier dedicado a Irene Gruss, en el blog Op.Cit.:
 Los días de Irene, del 11.02.2019).

IMAGEN: Pájaro mecánico.





viernes, 12 de julio de 2019

EL MACRÓ DEL AMOR




Las elegía
No
Para que trabajaran por
       la paga
sino
para que se dieran
        en el amor
        por amor.


UN HECHIZADO

Paseaba dócil
              una vez y otra vez
        sus ojos
   embelesados
por el rostro de esa estúpida
           belleza.



UNA CITA

-¡Llegaste hija de puta!
  Le gritó en el café
fue lo último que ella
            escuchó
antes de que él
la acribillara
           a balazos.



EL DOMADOR

Sosegado
la más de las veces,
blandía
          Su látigo
de cuando en cuando
          para domar
al animal
         hipócrita.



EL OJO DE LA VEDETTE

El ojo
     ciego
  del culo
          de
la vedette
guiando
         a los ojos
   ciegos,
(arrancados por
La tentación)
de sus
   admiradores.



DISPUTA

Dos diablos adultos
     disputaban en la cama
por una diablita
          que se sentía
          tentada
          por ambos.



 EL PERVERTIDO

Culitos
de ángeles
         pintados
por el gran maestro
       besaba
a hurtadillas
    el pervertido.



EL PEDOFÍLICO

Cuando comía
            niños envueltos
     -su plato preferido-
       saboreaba
     su
         pedofilia.



 PAREJAS

Una pareja
de homos
otra de
lesbianas
y otra
de heteros
             compartían amable
                         charla.



CONGRESO MUNDIAL DE SEXÓLOGOS

“Finalmente
                    el amor
se ha inclinado ante
la Obscenidad y la Pornografía”,
concluyeron satisfechos
                  Porongólogos
                   y 
                  Vaginólogas.



EL CORO DE PREÑADAS

Un coro
         de preñadas
                       entonaba
                       un himno
        al aborto.



UNO QUE DUERME DESPIERTO

Duerme
con la mitad de la mente
y con la otra
              mitad
   se mantiene despierto
   para saltar fuera
        de la pesadilla
        que lo persigue.



EL VIEJO VERDE

Viejo verde
quiso morder
                     la vulva
         de su joven amante
                                 pero
         la dentadura postiza
en le extravió
                  en la
                  maraña.



LA PROMOTORA

En el súper
       la joven
promotora
         perfumó
con su muestra
de rica
           fragancia
      de nardo
a un hombre que por
        allí
      pasaba:
“para mi tumba”, le dijo éste
           agradecido.



UN PROGRESISTA

“Aquí estoy
           Progresando
en mi
        decrepitud.



OTRO SUICIDA

No sabiendo ya qué
                   hacer para
         entretener
             su vida
el señor         Charles Ennui
se pegó
           un tiro.



MALLARMEANA

Nunca
           lo horrorizó
    la página en blanco
             veía
    en ella la belleza
             perfecta
      de lo no escrito.



POETAS COMO GALGOS

Corren deseosos tras el señuelo que no alcanzarán nunca,
                                                                                       el poema.

(De: El macró del amor,
Libro póstumo,
Ed. Paradiso, 2012)
Leónidas Lamborghini



Leónidas Lamborghini. Nació en el barrio porteño de Villa del Parque en 1927; y murió en Buenos Aires, a los 82 años, en 2009. Comenzó sus estudios universitarios en 1946, en la Facultad de Agronomía, que abandonó, para dedicarse a trabajar en la industria textil (como tejedor y encargado de telares) y, a partir de 1955, se dedicó al periodismo y a la poesía de manera completa. Fue redactor del Diario Crítica. Ya en el inicio de su trayectoria, con la publicación de “Al público”, en 1957, es reconocido por escritores de la magnitud de Leopoldo Marechal, Juan L. Ortiz y Oliverio Girondo. Su extensa obra poética ha estado sujeta a sucesivas condensaciones, agregados y reescrituras. Publicó 25 libros de poesía, tres novelas, una obra para teatro y ensayos sobre parodia y poesía gauchesca en los que recuperó el género y lo recreó. Lamborghini debuta con El saboteador arrepentido, publicado en forma de "plaquette", bajo el sello El Peligro Amarillo, dirigido por Luis Alberto Murray, en 1955. Ese mismo año se instauraba la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, iniciando un largo ciclo de proscripción y martirio para Lamborghini quién asume desde su obra una política de la Resistencia. Militante peronista, integrante brevemente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Héctor Cámpora; en 1973, contrajo matrimonio con Graciela Adelma Torrecillas, un año después de divorciarse de Hilda Ojeda, su primera mujer. Ya convertido en padre de varios hijos, el poeta se exiliaría junto a su familia en México, donde se dedicó a escribir y a realizar tareas de redactor publicitario, entre 1977 y 1990, año en que vuelve a radicarse en Buenos Aires. Su obra prosigue con Al público (1957), Las patas en las fuentes (1965), La Estatua de la Libertad (1967), La canción de Buenos Aires (1968), El solicitante descolocado (1971), Partitas (1972), El riseñor (1975), Episodios (1980), Circus (1986), Verme y 11 reescrituras sobre Discépolo (1988), Odiseo confinado (Premio Boris Vian, 1992), Tragedias y parodias (1994), Comedieta (1995), Las reescrituras (1996), Perón en Caracas (1999), El jardín de los poetas (1999), Personaje en penehouse (2000), Carroña última forma (2001), Mirad hacia Domsaar (2003) y Encontrados en la basura (2006). Es además autor de tres novelas: Un amor como pocos (1993), La experiencia de la vida (1996) y Trento (2993), además de una obra de teatro y de ensayos, donde revela sus procedimientos, entre otros:  La risa canalla o la moral del bufón y El jugador, el juego (2007). En este último (VER en una de las entradas del autor en el Blog), los lectores podrán observar que incluso en este ensayo somete el texto a una reescritura: No habla de la parodia y la distorsión que son sus recursos típicos de los que siempre hablaba; sino que habla del modelo y de la copia, de las semejanzas con el modelo y el derivado, copia o reescritura. Además, en los ensayosa analiza críticamente la poesía gauchesca, que entendía como "una épica de la antiépica con un antihéroe como héroe: los paisanos payasos de Hidalgo, de Ascasubi, de Del Campo, y ese clown desgarrado que los resume a todos: Martín Fierro", según escribió en 1995 en El poder de la parodia (otro ensayo). La poesía de Leónidas es subversiva; llegó para erosionar lo que llamaba la “poesía de la lagrimita” e hizo explotar en mil pedazos, toda la tradición neorromántica del 40’, el sonsonete de la rima y cualquier tipo de impostación lírica de poesía "elevada" o "sublime". Ganó el Premio Leopoldo Marechal en 1991, como reconocimiento a su trayectoria;  el diploma al mérito Konex de poesía en 2004 y el Premio Arturo Jauretche en 2005.  A pesar de su ideología, nunca hizo concesiones ni transas. Quizá por eso, si exceptuamos su exilio mexicano, casi no salió del país, ni fue invitado a leer en Medellín o en otros Festivales Internacionales.  Lamborghini es el poeta de la parodia desde la tragedia; y de la tragedia desde la parodia; el poeta argentino que reelaboró la poesía gauchesca, eligió la tragedia y la risa, la mezcla y el absurdo, para hablar de nuestro país. La parodia era, para Lamborghini, la vía para cuestionar los valores hegemónicos y revelar el vacío de muchas convenciones, y la risa, un camino para llegar a la verdad. Así, pensaba, se podía comprender la Argentina. "Entre la parodia y la tragedia se define nuestra realidad histórico política, como supieron entenderlo y expresarlo los gauchescos Hidalgo, Ascasubi, Del Campo y Hernández", escribió el autor, alguna vez acusado de "mancillar a la poesía". Muchas veces criticado, otras tantas celebrado, siempre controvertido, Lamborghini tuvo entre sus admiradores a Rodolfo Fogwill y Ricardo Piglia, quien escribió: "Todos admiramos a Leónidas Lamborghini y todos lo hemos copiado. Leónidas definió una exigencia en relación con la lengua que es única en nuestra literatura: construyó un laboratorio arltiano para trabajar con la sintaxis el fraseo y la música verbal de estas provincias. No conozco otro poeta tan consciente de la propia tradición y a la vez no conozco en esta lengua un poeta que haya producido el corte que produjo Leónidas. Este poeta escribe en todos los estilos, en los estilos del pasado y en los que todavía no existen. Fue un escritor de variaciones sutiles, que revisó con estiletes agudos y espíritu socarrón textos fundamentales de la política argentina". Y por eso,se puede obserevar su influencia en Fogwill y en muchos de los poetas de los 90', que lo consideraban como un faro.


LEER el extraordinario poema Villas del libro "Partitas", que recomiendo enfáticamente, en la página de El Ortiba; donde además podrán escuchar un largo fragmento de ese poema en la voz del propio Leónidas: Villas.




miércoles, 10 de julio de 2019

CARROÑA, ÚLTIMA FORMA





















-palpitaciones...
-relajarse relajarse: pero no:
en plena calle sorprendido
la escena de la tipa
que eras una palomita
grita él
y resultaste una perra traidora
entonces
"puta" "puta"
le dice en plena calle
a plena luz del día
y después corrientes abajo
o ajenos a todo.
a todos
viviendo su.

en cuanto a mí
sólo ellos contaron ese día
existiendo con furia
metidos en un zaguán
golpeándose
tratando de destruirse
no ya con la maldita palabra
sino con la fuerza del sol
cuando golpea y golpea
en mi cabeza
y yo los vi
y me sorprendí con furor
con pasión
admirándolos.

(El poema es un extracto del libro:
Carroña, última forma (AH editora, 2001),
que está escrito
en forma de columnas y cada palabra
separada en sílabas, por lo que no se 
pudo mantener esa diagramación, por 
las limitaciones propias del blog, por lo que
el corte de versos corre por cuenta 
del administrador) 

Leónidas Lamborghini (Argentina, Buenos Aires, 1927-2009)



IMAGEN: Fotografía de Ray Krider.





lunes, 8 de julio de 2019

EL SUICIDA
















Como el que vio
al suicida 
arrojarse al paso
del subte:

y hubo un salto 
en el vacío de su mente.

Como el que vio
a ese hombre nervioso
en el andén
saltar
ejecutar su muerte:

y hubo un salto
en el vacío de su mente.

Como el que vio
al hombre tomarse la cabeza
en el andén
nervioso y
-después- ejecutar su muerte
dar ese salto:

como ese
como ese

y hubo un salto
en el vacío de su mente.
(De: Episodios,
Tierra Baldía, 1980)

Leónidas Lamborghini (Argentina, Buenos Aires, 1927-2009)




IMAGEN: Interior del subte, en Buenos Aires.



sábado, 6 de julio de 2019

MIRAD HACIA DOMSAAR



Mirad hacia Domsaar.

Miradlo a Pijg, el gigantón, que agoniza, que se nos muere, que se nos va y no se nos va. Miradlo yacer, allí, inestable, en esa improbable camilla rodante detenida en Domsaar: paraje perdido, abandonado.
                      
                                Miradlo a Pijg
                      tan fantasmal como verídico,
                               bajo ese cruel sol
                     que, a su vez, desde el azur lo mira
creyendo y descreyendo de sí mismo / en sí mismo,
aunque no por ello deja de quemar.
Mirad
a esa raída y vacilante camilla, perpleja, estacionada
frente a la Casa del Herrero, miradla:
                           no tiene estribos
                                    ni capota
                    pero luce un sinnúmero
                                 de monitores.
Y mirad esos monitores: registran hasta el sin cansancio los signos vitales (aunque extremadamente débiles) de Pijg, repitiéndolos una y otra vez. Miradlos.
                       Mirad hacia Domsaar.
                               Mirad ese sol:
Es un chancro ardiente, una llaga que irradia perversi­dad en el azur, una pústula hirviente -criatura de lo monstruoso—
                       que devora a Domsaar
que lo postra en el polvo, ese polvo extraña y extraña-
damente frío a pesar del calor, frío, sin embargo, pol­-
vo polvoriento a que ha venido quedando reducido.
Domsaar, este paraje. Miradlo.
                                  Domsaar:
polvo-sudario, ceniza blanquecina: miradla extendida,
miradla extendiéndose, a pesar.

                                   Miradla, no hay más que mirar.
                                   Mirad ese polvo blanquecino
                                   y en éste, hundidas, las
                                   patas enclenques, raquíticas de
                                                                        [cromo
                                  de esa camilla
                                 (aunque con poderosas ruedas
                                  a rulemanes)

Mirad esos rulemanes: son de una especie inteligente y, por tanto, cabría suponer que en ningún momento cesaron de sopesar las dificultades que se pudieran presentar -dada la situación- en el momento crítico del arranque y, aún, con posterioridad, sobre la marcha.
                                   Camilla,
entonces, cuya desvalidez cuenta con esa muy estimable compensación aunque (también es cierto) no tiene motor.
                           Miradla en medio
                          del polvo, a pesar,
                          miradla, así, tal vez,
                          más improbable que nunca
pero, por eso mismo, más concentrada, si se quiere, que
nunca
                         en el deseo de ser mirada.
                         Mirémosla, miradla.

                         Mata,
                         la sureña, la torva esposa de Pijg
                         la del fiero entreojo,
                        (capelina blanca, túnica negra,
                        rojos coturnos)
dará la señal del sospechoso y sospechado viaje; via­je a través de Domsaar, viaje sin destino declarado (¿viaje a la deriva?) del que, en todo caso, sólo Mata, la que lo dispuso, ha de conocer con certeza (si es que lo conoce).

                             Miradla
                     yendo de aca para allá
                    de una punta a la otra
                          del convoy,
disponiendo, torva, todos los detalles con vistas a la partida.

                             Miradla
                             y mirad esos rulemanes
                             nunca más atentos, podría
                                             [asegurarse,
                            nunca más decididamente
                            esféricos,
                            esperando la señal
                           de Mata.
                           Miradlos y miradla a Mata
                           desafiante
                           subiendo al pescante
                          de la improbable camilla.
                          Miradla, allí, dominadora,
                          dominando, desde allí,
                          todo el panorama:
es decir, la infinita extensión del polvo-sudario extendiéndose ante sus ojos. Mirad en los ojos de Mata
                         el entreojo:
el entreojo temible de Mata, lo torvo de Mata. Miradlo
y mirad
                           al no emasculado
                           buey que, entre las varas,
                           golpeando con sus manos
                           en el polvo,
                           moviendo hacia arriba
                           y hacia abajo
                           su testa calcinada
                           por el sol de Domsaar
                           —pústula hirviente—
                           tironeando, le ruega
                           rienda:
                                atento a la espera de su señal
                                tanto o más, es verdad,
                              que lo que la esperan
                              los propios rulemanes



                             Mirad ahora a Betty,
                             la brava: miradla,
                            de tan menuda como
                            portentosa humanidad.

Miradla prodigar sus amorosas caricias a Pijg, y mi­radla desempeñando su otra especialidad: la lectura de monitores. Miradla tomar nota -experta, aplica­da— de cada uno de los registros de cada uno de los innumerables monitores en los que aparecen los signos de Pijg: signos débiles (aunque extremadamente vitales) cuyo verdadero signi­ficado ella sola sabría y sabe descifrar.

                                   Miradla,
                                   miradla valerosa
                                   mirar,
                                   sin inmutarse,
                                   el fiero entreojo
                                   de Mata
                                   que la mira
                                   desdeñosa.
Sí, mirad a Mata, mirarla así a Betty, la brava, desde el pescante.

                                   Y mirad
                                   a Betty, la brava,
                                   carne morena
                                  (cubierta sólo
                                   por un pequeño,
                                  blanco y satinado
                                  taparrabos)
                                  mirar, ahora,
                                  desafiante
                                   a Mata.

Miradla a Betty esperando tensa, ella también, (como no podría haber sido de otra manera) la señal de par­tida sin dejar por ello de vigilar ni uno solo de los in­números monitores, de disminuir ni por un instante la frecuencia de sus caricias a Pijg. Miradla, no hay más que mirar.

                                 Y mirad su pequeño
                                 blanco
                                 y satinado
                                 taparrabos:
                                 mirad,
                                 miradlo.


                                          Mirad el tórax
                                         de Pijg, miradlo
                                         cubierto hasta los hombros
                                         por esa sábana
                                         de la neumonía.

Sábana pálida, sábana transpirada por la Muerte y por ese sol infernal de Domsaar. Miradlo. Y mirad el bor­de superior de la sábana, mirad allí, justo por debajo de la barbilla de Pijg
                                                
                                                    esa coronita
                                                    bordada primorosamente
                                                    con fino hilo
                                                    de oro.
Miradla: bien se la podría tener como un emblema real si no fuera lo que en verdad es: la marca de una mercan­cía. El gigantón sigue dormido en su coma, tal vez se­midormido. Respira con la amplitud de un atleta lue­go de haber rendido un gran esfuerzo, aunque se trata, es cierto, de respiración asistida, respiración de un ar­tificio de pulmón, respiración de terapia intensiva ba­jo el sol-chancro de Domsaar: respiración, entonces, en el interior de un delirio. Mirad ese tórax. Miradlo ex­pandiéndose hasta donde ese delirio lo permite y con­trayéndose hasta el límite que permite ese delirio para volverse a expandir siempre rítmico, y mecánico, y ma­quinal, empecinado todavía en dar respiro, por así decirlo, al agonizante.

                                                                Mirad al agonizante,
                                                                mirad al yacente:
                                                               por su boca abierta
                                                               de par en par penetra una oruga
                                                               de inusual tamaño-,
una oruga con apariencia de tubo que se pierde en su garganta, en las profundidades de la garganta de Pijg, de donde proviene ese estertor, ese quejido patético de Pijg cuyos ojos se entreabren                                  (“tengo miedo, tengo miedo”)
                                               para volverse
                                              a cerrar nuevamente:
                                              miradlo.
                                              Y miradla a Mata
                                              la sureña,
                                              torva esposa de Pijg,
                                              la de fiero
                                              entreojo:
ha descendido intempestiva del pescante, ha cubier­to la distancia hasta la otra punta en un par de zan­cadas, ha apartado a Betty, la brava, y le está gritan­do a Pijg, al oído:
   
                                                                       -¡Aguantá, ché mierda!
                                                                       ¡Aguantá!
                                                                       ¡Te estoy mirando!
                                                                       ¡Te miro!
Y, por lo bajo: —De esta no te salvás.

                                              Mirad ahora a ese pájaro,
                                             el pájaro de la especie
                                             Pájero,
                                             pájaro de la depresión
                                             allí, posado, en la frente
                                            de Pijg,
                                            pájaro fatal,
                                             pájaro extraño:
                                            miradlo,
                                            pájaro Pájero
tan fatal, para el caso, como la neumonía que ha puesto al borde de la Muerte al yacente, y como la emasculación de la que fuera víctima.


Mucha agua ha corrido y, quizás, ha de seguir y seguirá corriendo bajo los puentes
pero este paraje está seco.
Miradlo: seco. Por eso no podría, en absoluto, haber barro en la esquina del Herrero cuya Casa, efectiva­mente, forma esquina; no podría haberlo en absoluto. Paraje cuya sequedad hasta podría ponerse en duda, aunque no por ello esa duda prevalecería contra la certeza de que ningún grano —por más fértil que fue­ra- hallaría el modo de germinar en este no barro, en este polvo seco.
                                      Miradlo
                                     (ensimismado en su ser
                                      infértil)
                                     confundido
                                     en su esterilidad.

                                    “-A pesar de todo
                                    te llamamos nuestro:
                                   nuestro embaucador,
                                   nuestro seductor,
                                   nuestro amigo,
                                   a pesar de todo
                                  te seguimos adorando,
                                  postradas
                                  en adoración”
Enjambre de vocecitas revoloteando alrededor de Pijg yacente. Mirad a Mata. Miradla tapándose los oídos, tratando de espantar a manotazos a esas invisibles li­bélulas cantantes. Miradla imponente, a los biandazos, persiguiéndolas con saña, a ciegas y, de pronto, al detenerse para tomar algún resuello, anunciar con voz cansada, resignada:

                                     - La sua passion
                                       predominante
                                       eranno
                                       le giovine
                                       principianti.
Miradla a Betty, la brava, sin darse por enterada, da­da por completo a su misión de prodigarle caricias a Pijg y controlar los monitores. Miradlo al no emascu­lado buey
seguir con la vista (con sus enormes ojos) las evolu­ciones de Mata en pos de acallar al enjambre de vocecitas.
Mirad al pájaro Pájero
entreabrir su afónico
pico.
                                    Mirad al Herrero
                                             que
                                 está mirando
                                 —como siempre—
                                 para el otro lado.

                           Pijg fue emasculado en el Bosque de los Ombúes,
                           allá, donde crecen los ombúes, en ese otro paraje
                           de allá que no es el paraje de Domsaar, de acá.
                           Fue cazado con ayuda de dardos psicotrópicos.
                           Así cayó. Y fue emas­culado cuando ya no había
                           nada que hacer para dejar de hacer eso que
                           no podía dejar de hacer.
                          ¿No otra cosa que hablar con los ombúes?
                           ¡Atrapen a la Bestia! (Y él era la Bestia)
                           ¡Atrapen a ese Animal del Bosque!
                          (y él era ese Animal del Bosque)
                           “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué he estado haciendo?”
                         Me miro: ¡Me persiguen! Me miro: ¡No hay es­cape!
                         Me miro: ¡Acorralado! Me miro: ¡Es­toy perdido!
                         Miradme: me duermo, me de­rumbo. Ya: me cortan”.
                                            Miradlo emasculado.
                                            Miradlo a Pijg sangrante.


Mirad, ahora, nuevamente, a la camilla:
Vacilante, detenida en Domsaar, miradla a la espera de la Señal de arranque, de partida (ella, como el buey, como Betty) tensa, no sabiendo muy bien a qué atenerse, dudando a momentos de si podrá resistir el imposible viaje y, a momentos, convencida de que podrá.
                                                    Miradla, allí,
                                                    detenida,
                                                    frente a la esquina
                                                    del Herrero,
                                                    esquina y Casa
                                                   del Herrero,
                                                   y mirad
                                                   al Herrero

que la mira desde la puerta de soslayo, en tanto mira (como siempre) para el otro lado.
Miradlo: se trata del úlltimo y único habitante pobla­dor que le ha quedado a Domsaar: su fragua se apagó cuando uno de los pobladores que se iban le apagó el fuego y él se olvidó, o no supo, o no quiso volver a encenderlo adquiriendo, desde entonces, la costum­bre de mirar para el otro lado (si bien sin dejar de mi­rar de soslayo); miradlo mirando de soslayo la cami­lla y a Mata y
a Betty, la brava, que no se da descanso en su tarea de atenderlo a Pijg: de examinar el pis de Pijg, la caca de Pijg, además de leer los monitores y tomar nota de cada uno de los innúmeros registros. Miradla a Betty, la brava,
                                                   la de carne fírme, morena,
                                                   la del blanco y satinado
                                                   pequeño taparrabos:
                                                   miradla
                                                   besar la coronita
                                                   bordada en fino
                                                   hilo de oro,
                                                   miradla
                                                   miradla
                                                   tomándole
                                                   la fiebre a Pijg
                                                  y, alarmada,
                                                  suministrándole rapé
                                                  en sus fosas nasales,
                                                  pellizcándole -urgida-
                                                  las mejillas,

para evitar que Caiga en coma irreversible y vaya a dar así al Reino del que no se vuelve.
Mirad esa Sombra (la única que permite el sol eterno de Domsaar)
discutir con Betty la brava: Reina Negra contra peona morena: avanza peona morena
y Reina Negra
 -miradla— retrocede) pero
queda al acecho:

                                                       Mirad hacia Domsaar
                                                      Mirad la calva del Herrero
                                                      Completamente  calva.
                                            Miradla: completamente
                                                      enrojecida, sanguinea;

miradla y mirad esa hendidura que la divide y de la que mana ese líquido blancuzco, gomoso, que vues­tros ojos miran, están mirando. Mirad al Herrero in­clinar su cabeza hasta que del todo  desagote: esta es la enfermedad que lo abofetea, que lo humilla. Mirad esa congestionada calva alumbrar como un ascua, tal como si quisiera competir con el sol de Domsaar.
Ya desagotó.


**************************CORTE
Mirad. Miradlas.
                                           La negra y tupida
                                           cabellera de Mata
                                           (de nuevo en el pescante)
                                           La rubia y larga
                                           cabellera
                                           de Betty, la brava:
                                           miradlas,
                                           y mirad
                                           el sombrero aludo
                                           achambergado
                                           gaucho
                                         que cubre la cabeza
                                         de Pijg yacente:
                                         elementos de protección,
                                         de alguna
                                         protección,
                                         contra el rabioso
                                         sol de Domsaar
                                         que la calva supurante
                                         del Herrero
                                         no
                                         tiene.


********************************************CORTE



Mucha agua corre, ha corrido y seguirá corriendo bajo los puentes pero no ya en este paraje.
Miradlo seco, reseco, abandonado, sepultado bajo ese polvo blanquecino. Mirad y mi­radlos jugar a las estatuas, a Mata, la sureña, brazos en alto, Betty, la brava en posición de pelea, al He­rrero que mira siempre para el otro lado: inmóviles, típicos/arquetípicos, como estatuas vivientes, anticipándose, acaso, a su propia inmortalidad, tan ajenos al tiempo (al parecer)
como el tiempo lo es de sí mismo;
hasta que la polvareda amaina
hasta que deja de soplar
permitiendo
que se sacudan ese polvo que petrifica y
permitiendo que Betty
acuda a Pijg que ya de por sí se ha ido petrificando (la
neumonía avanza
alveolo por alveolo
hacia la piedra).

                                                                       Pijg el gigantón, se nos muere,
                                                                            se nos va: miradlo. Y mirad
                                                                             al no emasculado  buey
                                                                             que barre cuidadosamente                                                                                                ese                    
                                                                            /polvo de su lomo
                                                                                  con el móvil,
                                                                                 bien articulado,
                                                                                 pompón
                                                                                 en que termina
                                                                                 su larga cola. Miradlo
                                                                                 mirad  
                                                                                 el piloso
                                                                                 pompón:
                                                                                 miradlo.
                                                                                Y mirad al pájaro Pájero:
                                                                                sigue posado
                                                                                en la frente del
                                                                                yacente.
                                                                                Miradlo:
                                                                                no parece preocuparlo
                                                                                ese polvo
                                                                                ni nada que no sea
                                                                               otra cosa
                                                                               que anidar
                                                                               en la frente de Pijg,
                                                                               es cierto.

                                                  —“A pesar de todo, a pesar de todo”...

******************************************CORTE
                                                                              Miradla a Mata
                                                                             en lo alto del pescante
                                                                             a un tris de dar
                                                                             la señal

Miradla, ella que tanto ha.
Miradla, ella que tanto ha querido a Pijg, ahora también lo quiere aunque muerto de una buena vez. Y está dispuesta a afrontar todas las sospechas, está dispuesta a.

**************************************CORTE
Mirad
A Betty, la brava
Junto a Pijg yacente del que no se despega. No ha disminuido en lo más mínimo la frecuencia de sus caricias vigilando, a la vez, la danza de los signos de Pijg en los monitores. Miradla dada a su tarea, tan firme de carácter como de carnes, acomodándole el chambergo y volviéndoselo a acomodar todas las veces que el Pájaro Pájero se lo desacomoda.

************************************CORTE
                                                  Allá arriba
                                         en lo alto del pescante
Mata, la sureña  la torva esposa de Pijg, la del fiero entreojo- miradla: ensaya un equívoco discurso de despedida en homenaje a Pijg, declamando con voz y tono altisonantes:
                                                                                   -¡Amadísimo esposo, mi
                                                                                mi maestro, mi todo; Pijg
                                                                                   querido, noble amigo!
                                                                               (Y por lo bajo: —Canalla,
                                                                                      canalla,.canalla).
Miradla en el pescante con su capelina blanca, con su toga negra y con sus rojos coturnos, sosteniendo en una mano el talero de plata y con la otra, la derecha, apuntando alternativamente hacia Pijgy hacia el azur. Y mirad al no emasculado buey, por un instante con­fundido, cree que su Ama está dando la señal de par­tida siendo que, si ha de hacerlo alguna vez,- lo hará con su lengua-flecha cuando ésta asome de su boca- carcaj, como él mejor que nadie lo sabe.



*****************************CORTE

Mirad
Mirad a Mata, allá, todavía en lo alto
del pescante,
sin saber si sacar o, no la lengua, ocasión
que las invisibles libélulas cantantes;
aprovechan para rodearla
con sus voces: voces, endechas, dedicadas a Pijg, el gigan­tón, su yacente esposo (y a ella, para desafiar su ira).

                                                 “Donde quieras que vayas
                                                   seguiremos
                                                   siendo
                                                   tuyas, tuyas,
                                                   seguiremos
                                                   siendo tuyas,
                                                   somos
                                                   tus amorcitos
                                                   tus amorcitos
                                                   tus amorcitos.”

Es entonces que se escucha el alarido de Mata desde lo alto del pescante, empinada en sus rojos coturnos, talero en mano, levantando los ojos al azur y manteniéndolos abiertos, abiertos como si se los ofreciera
al quemante sol, a ese Fuego:
grito desgarrado y desgarrador
que resuena en este paraje hueco-polvoriento
es entonces
en este paraje que existe
en la medida que no existe
que es
en la medida que no es,
es, entonces, que se escucha de su boca
aquel anuncio de la resignación, del cansancio,
pero
cambiado
a imprecación, a furia demencial
un grito —es entonces—
de criatura del infierno, de criatura
privada de esperanza, es entonces que se oyó otra vez:
—¡La sua passion predominante eranno le giovine principiante!

Miradla
en su odio hacia Pjg y en su amor
hacia Pijg,
retorciéndose, digna:
riendo a carcajadas.

****************************CORTE

Miradla a Betty: se inclina ahora aún más sobre Pijg y le da un besito de fuerza (uno y cien más y otros quinientos). Y mirad a esos signos recobrándose,
                                                  y miradla a Betty:
                                                  reverbera.
                                                                                       Mirad el ojo                                                                                                                 de Pijg, el ojo
                                                                                      derecho de                                                                                                          Pijg: se entreabre,
                                                                                      se abre, ya                                                                                                                     está abierto.
                                                                                       Miradlo, al                                                                                                                       parecer,
                                                                                        (seguiremos                                                                                                          siendo tuyas/ tuyas,
                                                                                             tuyas a                                                                                                        pesar de todo/ a pesar de
                                                                                     todo él                                                                                                                      puede verlas, él
                                                                                         las                                                                                                                 reconoce: con alegría
                                                                                          de córnea,                                                                                                    de iris, de pupila. Con
                                                                               alegría de                                                                                                                      cuando jugaba
                                                                                con ellas en                                                                                                               el Bosque de los
                                                                                   Ombués.
                                                                                    Un instante                                                                                                          ha vuelto a cerrarse,
                                                                                       pero se lo                                                                                                         adivina tras el párpado
                                                                                      moviéndose                                                                                                       agitado, como urgido  
                                                                                     por levantar                                                                                                              otra  vez el telón,
                                                                                        por salir                                                                                                             nuevamente a escena.
                                                                                   Miradlo: una                                                                                                                vez más abierto,
                                                                     asomado a la sua passion
                                                                                                                                                                                                                   predominante
                                                                           espiándolas-
                                                                          -amándolas-
                                                                                                                                                                                                              sosteniéndose, por un
                                                                            momento,                                                                                                                    en su mirada y,
                                                                            enseguida,
                                                                            lacrimosos
                                                                             culposo
                                                                              vuelto,                                                                                                                  triste, a cerrarse.


*****************************************CORTE


“Ahora derecho” 
“Ahora en zigzag”
Mirad a Mata (en el pescante). Mirad a Betty y al
Herrero, a pie, avanzar en el polvo frío, a pesar,
con el solo pensamiento
de avanzar
un centímetro más
un milímetro más. Y
mirad esas ruedas que se entierran
en el polvo, que se
atascan
y logran superar
inteligentemente
—un centímetro más—
—un milímetro más—
el escollo
y ruedan
medio kilómetro más
un kilómetro más.


                                            Mirad esos cruces de vías
                                                   abandonados,
                                      esos cauces de agua abandonados,
                                        esos puentes abandonados, esos
                                                          aljibes
                                                  abandonados.
                                                  Mirad esos postes INRIcadores
                                                         abandonados.
                                                 Mirad esos espejismos
                                                      Abandonados
                                                     ……………………..
“Ahora derecho”
“Ahora en zigzag”

“-A pesar de todo
te llamamos
nuestro Pijg
a pesar de todo
a pesar de todo
te llamamos
nuestro amigo
nuestro seductor
nuestro embaucador
nuestro
amorcito
y somos
tuyas
tuyas
tuyas
a pesar de todo a pesar de todo.”

                                                             Mirad hacia Domsaar
Y miradlo a Pijg, el gigantón, (que agoniza, que se nos muere
                                                     y no se nos muere)
y posado sobre su/frente al pájaro Pájero
que entreabre su afónico
pico
por donde sale
la palabra de Pijg,
el ensayo de/la palabra de Pijg:

                                                      —Edifi.,./can../al.../go.../
                                                         mu..,/y.../gran.../de...
                                                         que.../me.../per…/mi.../ta…/
                                                         ol.../vi.../darlo.../
                                                         to.../do...
                                                         Ab..:/
                                                         solu.../ta.../
                                                         de.../
                                                         ses.../pe.../
                                                         ra.../ción...
                                                         Va.../
                                                         cío.../co.../mo...
                                                         u.../na.../
                                                         val.../va...
                                                         de
                                                         cara.../
                                                         col
                                                         en
                                                         la
                                                         pla…/ya
                                                         que
                                                         es…pe.../ra
­                                                         que
                                                         la
                                                         a.../plas...ten...
                                                          …………………………………..
                                                          …………………………………..
                                                        ……………………………………….

“Ahora derecho
ahora
en zigzag”

                                                        ……………………………………….
                                                        ……………………………………….
                                                        ……………………………………….

“Ahora derecho
ahora
en zigzag”


(de: Mirad hacia Domsaar,
Paradiso, 2003)



Leónidas Lamborghini (Argentina, Buenos Aires, 1927-2009)





IMAGEN: Vladimiro y Stragon, los dos personajes protagónicos de la inmortal obra de Samuel Beckett, esperando a Godot, en una puesta inglesa del teatro de Strattford, dirigida por Jennifer Tarver. La inclusión de esta imagen para ilustrar el poema de Lamborghini se debe a una serie de coincidencias, cuya interpretación la dejo librada al lector.
Asimismo, valga la aclaración, se trata de un poema libro de 50 páginas, por lo cual me vi en la necesidad, dada la inmediatez de un blog, de hacerle algunas podas (que aparecen con una serie de puntos y la palabra CORTE; en cambio, cuando aparecen sólo puntos, estos fueron puestos por el autor. La diagramación del texto fue un dolor de cabeza, pero hice lo que pude, dadas las limitaciones de este formato.
 (Nota del administrador)