viernes, 31 de mayo de 2019

LO QUE VEMOS DE LAS COSAS SON LAS COSAS




XXIV

Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué veríamos una cosa por otra?
¿Por qué oír y ver sería engañarnos 
si ver y oír  es ver y oír?

Lo esencial es saber ver,
saber ver sin ponerse a pensar,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve
tampoco ver mientras se piensa.

Pero eso (¡tristes de nosotros que tenemos el alma vestida!),
eso exige un estudio profundo,
un aprendizaje de desaprender,
y un retiro en la libertad de aquel convento
donde las estrellas, dicen los poetas, son monjas eternas
y las flores penitentes convictas de un solo día,
pero donde al fin las estrellas no son sino estrellas
y las flores flores,
por eso que las llamamos estrellas y flores.  

(Traducción: Teresa Arijón
y Bárbara Belloc)


V

HAY SUFICIENTE METAFÍSICA EN NO PENSAR EN NADA

¿Qué pienso yo del mundo?
¡Qué sé yo lo que pienso del mundo!
Pensaría en eso si me enfermara.

¿Qué idea tengo de las cosas?
¿Qué opinión tengo de las causas y los efectos?
¿Qué he meditado sobre Dios y el alma
y sobre la creación del Mundo?
No sé. Para mí, pensar en eso es cerrar los ojos
y no pensar. Es correr las cortinas
de mi ventana (pero no tiene cortinas).

¿El misterio de las cosas? ¿Qué sé yo qué es el misterio?
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.

El que está al sol y cierra los ojos
empieza a no saber lo que es el Sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y ve el Sol,
y ya no puede pensar en nada,
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso es común y es buena.

¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen esos árboles?
La de ser verdes y frondosos y tener ramas
y la de dar fruto en su hora, lo que no nos hace pensar,
a nosotros, que no sabemos notarlos.
¿Pero qué mejor metafísica que la suya,
que es la de no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?

"Constitución íntima de las cosas"...
"Sentido íntimo del Universo"...
Es todo falso, no quiere decir nada.
Es increíble que se pueda pensar en esas cosas.
Es como pensar en razones y fines
cuando está amaneciendo a los costados de los árboles
y un vago oro lustroso viene perdiendo oscuridad.
Pensar en el sentido íntimo de las cosas
es superfluo, como pensar en la salud
o llevar un vaso al agua de las fuentes.
El único sentido íntimo de las cosas
es que no tienen ningún sentido íntimo.

No creo en Dios porque nunca lo he visto.
Si él quisiese que yo creyera en él,
seguro que vendría a hablar conmigo
y entraría por mi puerta
diciéndome: ¡Aquí estoy!

(Quizá suene esto ridículo a los oídos
a quien, como no sabe lo que es mirar las cosas,
no comprende al que habla
con el modo de hablar que enseña reparar en ellas.)

Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y el sol y la luz de la luna,
entonces creo en él,
entonces creo en él a todas horas,
y toda mi vida es una oración y una misa
y una comunión con los ojos y por los oídos.

Pero si Dios es los árboles y las flores
y los montes y la luz de la luna y el sol,
¿para qué lo llamo Dios?
Los llamo flores y árboles y montes y luz de la luna;
porque si él se hizo, para que yo lo viese,
sol y luz de luna y flores y árboles y montes,
si se me aparece como árboles y montes
y luz de luna y sol y flores,
es que quiere que lo conozca
como árboles y montes y flores y luz de luna y sol.

Y por eso lo obedezco
(¿y qué sé yo de Dios que Dios no sepa de sí mismo?),
lo obedezco viviendo espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y lo llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes,
y lo amo sin pensar en él,
y lo pienso viendo y oyendo
y voy con él a toda hora.


(Traducción de Marcelo Cohen)
Los dos poemas pertenecen a la serie de:
El guardador de rebaños (1911-1912), 
atribuida a Alberto Caeiro.


 Fernando Pessoa (Portugal; Lisboa, 1888- id., 1935)



XXIV 

O que Nós Vemos
O que nós vemos das cousas são as cousas.
Por que veríamos nós uma cousa se houvesse outra?
Por que é que ver e ouvir seria iludirmo-nos
Se ver e ouvir são ver e ouvir?
O essencial é saber ver,
Saber ver sem estar a pensar,
Saber ver quando se vê,
E nem pensar quando se vê
Nem ver quando se pensa.
Mas isso (tristes de nós que trazemos a alma vestida!),
Isso exige um estudo profundo,
Uma aprendizagem de desaprender
E uma seqüestração na liberdade daquele convento
De que os poetas dizem que as estrelas são as freiras eternas
E as flores as penitentes convictas de um só dia,
Mas onde afinal as estrelas não são senão estrelas
Nem as flores senão flores.
Sendo por isso que lhes chamamos estrelas e flores.



Há Metafísica Bastante em Não Pensar em Nada
Há metafísica bastante em não pensar em nada.
O que penso eu do mundo?
Sei lá o que penso do mundo!
Se eu adoecesse pensaria nisso.
Que idéia tenho eu das cousas?
Que opinião tenho sobre as causas e os efeitos?
Que tenho eu meditado sobre Deus e a alma
E sobre a criação do Mundo?
Não sei.Para mim pensar nisso é fechar os olhos
E não pensar. É correr as cortinas
Da minha janela (mas ela não tem cortinas).
O mistério das cousas? Sei lá o que é mistério!
O único mistério é haver quem pense no mistério.
Quem está ao sol e fecha os olhos,
Começa a não saber o que é o sol
E a pensar muitas cousas cheias de calor.
Mas abre os olhos e vê o sol,
E já não pode pensar em nada,
Porque a luz do sol vale mais que os pensamentos
De todos os filósofos e de todos os poetas.
A luz do sol não sabe o que faz
E por isso não erra e é comum e boa.
Metafísica? Que metafísica têm aquelas árvores?
A de serem verdes e copadas e de terem ramos
E a de dar fruto na sua hora, o que não nos faz pensar,
A nós, que não sabemos dar por elas.
Mas que melhor metafísica que a delas,
Que é a de não saber para que vivem
Nem saber que o não sabem?
"Constituição íntima das cousas"...
"Sentido íntimo do Universo"...
Tudo isto é falso, tudo isto não quer dizer nada.
É incrível que se possa pensar em cousas dessas.
É como pensar em razões e fins
Quando o começo da manhã está raiando, e pelos lados das árvores
Um vago ouro lustroso vai perdendo a escuridão.
Pensar no sentido íntimo das cousas
É acrescentado, como pensar na saúde
Ou levar um copo à água das fontes.
O único sentido íntimo das cousas
É elas não terem sentido íntimo nenhum.
Não acredito em Deus porque nunca o vi.
Se ele quisesse que eu acreditasse nele,
Sem dúvida que viria falar comigo
E entraria pela minha porta dentro
Dizendo-me, Aqui estou!
(Isto é talvez ridículo aos ouvidos
De quem, por não saber o que é olhar para as cousas,
Não compreende quem fala delas
Com o modo de falar que reparar para elas ensina.)
Mas se Deus é as flores e as árvores
E os montes e sol e o luar,
Então acredito nele,
Então acredito nele a toda a hora,
E a minha vida é toda uma oração e uma missa,
E uma comunhão com os olhos e pelos ouvidos.
Mas se Deus é as árvores e as flores
E os montes e o luar e o sol,
Para que lhe chamo eu Deus?
Chamo-lhe flores e árvores e montes e sol e luar;
Porque, se ele se fez, para eu o ver,
Sol e luar e flores e árvores e montes,
Se ele me aparece como sendo árvores e montes
E luar e sol e flores,
É que ele quer que eu o conheça
Como árvores e montes e flores e luar e sol.
E por isso eu obedeço-lhe,
(Que mais sei eu de Deus que Deus de si próprio?).
Obedeço-lhe a viver, espontaneamente,
Como quem abre os olhos e vê,
E chamo-lhe luar e sol e flores e árvores e montes,
E amo-o sem pensar nele,
E penso-o vendo e ouvindo,

E ando com ele a toda a hora.



IMAGEN: Paisaje con rebaño de ovejas (1881) -Pintura de Joaquim Vayreda.




miércoles, 29 de mayo de 2019

PAOLO Y FRANCESCA



 vv 73-142

Después que a mi doctor hube escuchado3
nombrar damas antiguas y los caballeros,
piedad me alcanzó, y fui extraviado.

Yo comencé: “Poeta, de buen grado
hablaría a esos dos que van tan juntos
y parecen en el viento tan ligeros.”

Y él a mí: “Cuando estén más cerca
de aquí, mejor verás; entonces pídeles
por el amor que los lleva, y vendrán.”

Tan pronto como el viento nos los trae,
levanto la voz: “¡Oh almas preocupadas,
vengan a hablarnos, si otros no lo impiden!

Como palomas por el deseo llamadas
que con alas firmes al dulce nido
vuelan por el aire del querer llevadas,

salieron del grupo en que estaba Dido
hacia nosotros, por aquel aire malo,
tan claro oyeron el afectuoso grito.

“Oh animal de gracia, y benigno,
que visitas en el aire oscuro
a los que teñimos con sangre el mundo,

“si nos oyese el rey del universo,
rogaríamos que te conceda paz,
ya que te apiadas de este mal perverso.

“De lo que oír y hablar te plazca,
nosotros hablaremos y oiremos,
si el viento, como ahora, calla.

“Está la tierra de mi nacimiento
sobre la marina en que el Po desciende
para hacer paz con sus aliados.

“Amor que al corazón gentil enciende,
prendó a éste de la figura hermosa
que me quitaron de modo que aún me ofende.

“Amor, que a ningún amado amar perdona,
encendió por éste en mí placer tan fuerte
que, como ves, aún no me abandona.

“Amor nos llevó a una misma muerte:
la Caína espera al que nos cobró las vidas.”4
Estas palabras trajo a nuestra suerte.

Comprendí de aquellas almas las ofensas,
y tanto mantuve inclinada la cabeza,
que me dijo el poeta: “¿En qué piensas?”

Cuando respondí, dije:“¡Oh sufrimiento!
¡Cuánto dulce pensar, cuánto deseo,
llevaron a estos dos al triste paso!”

Después me volví a ellos, y hablé yo,
y comencé: “Francisca, tus martirios
a llorar me llevan, pío y doloroso.

“Pero dime: en la edad de los suspiros,
¿por qué y cómo les concedió el amor
que conocieran el deseo dudoso?”

Y ella a mí: “No hay mayor dolor
que acordarse de épocas felices
en la miseria; eso lo sabe tu doctor.5

“Pero si conocer las primeras raíces
de nuestro amor quieres, por afecto,
haré como aquel que llora y dice.

“Con deleite cierta vez leíamos
de Lanzarote, cómo lo hirió amor:
solos estábamos, y sin recelo.

“A veces, nuestra vista suspendió
la lectura, y empalidecía el rostro,
pero al fin solo un punto nos venció.
“Cuando la deseada sonrisa, leímos,
fue besada por tan gran amante,
éste, que de mí jamás será apartado,

“la boca me besó, todo tremante.
Galeoto el libro y quien lo escribió;6
la lectura no siguió adelante”.

Mientras un espíritu esto dijo,
el otro lloraba tanto que, apiadado,
vine a sentir como si fuera muerto;

y caí, como el cuerpo de un finado.



Dante
(Versos 73 a 142, Del Canto V
del Infierno de la Divina Comedia)

(Traducción y notas: Jorge Aulicino)

 Notas al Canto V

3              Alude a Virgilio, su compañero.
4              La Caina es la primera zona del Noveno Círculo, en la que sufren los traidores a su sangre. El matador de Paolo Malatesta y Francesca da Rimini ha sido el marido de ella, Gianciotto, hermano de Paolo. Cf. Canto Trigésimo Segundo
5              Se supone alusión a la Eneida, de Virgilio, Canto II, en que Eneas cuenta a Dido la destrucción de Troya.     
6              Galeoto ayudó a Lanzarote a conquistar los .amores de Ginebra en la saga artúrica.




Poscia ch’io ebbi l’ mio dottore udito
nomar le donne antiche e ’ cavalieri,
pietà mi giunse, e fui quasi smarrito.

l’cominciai: «Poeta, volontieri
parlerei a quei due che ’nsieme vanno,
e paion sì al vento esser leggieri».

Ed elli a me: «Vedrai quando saranno
più presso a noi; e tu allor li priega
per quello amor che i mena, ed ei verranno».


Sì tosto come il vento a noi li piega,
mossi la voce: «O anime affannate,
venite a noi parlar, s’altri noi niega!».

Quali colombe dal disio chiamate
con l’ali alzate e ferme al dolce nido
vegnon per l’aere, dal voler portate;

cotali uscir de la schiera ov’ è Dido,
a noi venendo per l’aere maligno,
sì forte fu l’affettüoso grido.

«O animai grazioso e benigno
che visitando vai per l’aere perso
noi che tignemmo il mondo di sanguigno,

se fosse amico il re de l’universo,
noi pregheremmo lui de la tua pace,
poi c’hai pietà del nostro mal perverso.

Di quel che udire e che parlar vi piace,
noi udiremo e parleremo a voi,
mentre che l’ vento, come fa, ci tace.

Siede la terra dove nata fui
su la marina dove ’I Po discende
per aver pace co’ seguaci sui.

Amor, ch’ai cor gentil ratto s’apprende,
prese costui de la bella persona
che mi fu tolta; e ’l modo ancor m’offende.

Amor, ch’a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m’abbandona.

Amor condusse noi ad una morte.
Caina attende chi a vita ci spense».
Queste parole da lor ci fuor porte.

Quand’ io intesi quell’ anime offense,
china’ il viso, e tanto il tenni basso,
fin che ’l poeta mi disse: «Che pense?».

Quando rispuosi, cominciai: «Oh lasso,
quanti dolci pensier, quanto disio
menò costoro al doloroso passo!».

Poi mi rivolsi a loro e parla’ io,
e cominciai: «Francesca, i tuoi martìri
a lagrimar mi fanno tristo e pio.

Ma dimmi: al tempo d’i dolci sospiri,
a che e come concedette amore
che conosceste i dubbiosi disiri?».

E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo febee
ne la miseria; e ciò sa ’l tuo dottore.

Ma s’a conoscer la prima radice
del'nostro amor tu hai cotanto affetto,
dirò come colui che piange e dice.

Noi leggiavamo un giorno per diletto
di Lancialotto come amor lo strinse;
sob eravamo e sanza alcun sospetto.

Per più fiate b occhi ci sospinse
queba lettura, e scolorocci il viso;
ma solo un punto fu quel che ci vinse.

Quando leggemmo il disïato riso
esser basciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non fia diviso,

la bocca mi basciò tutto tremante.
Galeotto fu ’l libro e chi lo scrisse:
quel giorno più non vi leggemmo avante».

Mentre che l’uno spirto questo disse,
l’altro piangëa; sì che di pietade
io venni men così com’ io morisse.


E caddi come corpo morto cade.






Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) Poeta italiano. Si bien sus padres, Alighiero de Bellincione y Gabriella (Bella), pertenecían a la burguesía güelfa florentina, Dante aseguró siempre que procedía de familia noble, y así lo hizo constar en el Paraíso (cantos XV y XVI), en donde trazó un vínculo familiar con su supuesto antepasado Cacciaguida, quien habría sido armado caballero por el emperador Conrado II de Suabia. Durante sus años de estudio Dante Alighieri coincidió con el poeta Guido Cavalcanti, representante del dolce stil nuovo, unos quince años mayor que él, con quien intimó y de quien se convirtió en discípulo. Según explica en su autobiografía más o menos recreada poéticamente Vida nueva, en 1274 vio por primera vez a Beatriz Portinari, cuando ella contaba ocho años y él tan sólo uno más; el apasionado y platónico enamoramiento de Dante tendría lugar al coincidir de nuevo con ella nueve años más tardeEn 1285 Dante tomó parte en el asedio de Poggio di Santa Cecilia, defendido por los aretinos, y dos años más tarde se trasladó a Bolonia, quizás a estudiar, si bien se tienen dudas en lo referente a su paso por la universidad de dicha ciudad. Sí hay pruebas, en cambio, de su participación, en calidad de «feritore» de a caballo, en la batalla de Campaldino, en la cual se enfrentó a los gibelinos de Arezzo. En 1290 murió Beatriz, y un año más tarde Dante contrajo matrimonio con Gemma di Manetto, con quien tuvo cuatro hijos. En 1295 se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, y a partir del mes de noviembre empezó a interesarse por la política municipal florentina; entre mayo y septiembre del año siguiente fue miembro del Consejo de los Ciento, y en 1298 participó en la firma del tratado de paz con Arezzo. En 1300, y en calidad de embajador, se trasladó a San Gimignano para negociar la visita de representantes de la Liga Güelfa a Florencia, y entre el 15 de junio y el 14 de agosto ocupó el cargo de prior, máxima magistratura florentina. En octubre de 1301, y tras oponerse al envío de tropas para ayudar al papa Bonifacio VIII, Dante fue designado embajador ante el pontífice, a quien ofreció un tratado de paz. El Papa, sin embargo, lo retuvo en Roma en contra de su voluntad, con la intención de ayudar en Florencia a la facción güelfa opuesta a la de Dante, sector que a la postre se hizo con el control de la ciudad y desterró a sus oponentes. Acusado de malversación de fondos, Dante fue condenado a multa, expropiación y exilio, y más tarde a muerte en caso de que regresara a Florencia. A partir de esta fecha Dante inició un largo exilio que iba a durar el resto de su vida: residió en Verona, Padua, Rímini, Lucca y, finalmente, Ravena, ciudad en la cual fue huésped de Guido Novello de Polenta y donde permaneció hasta su muerte. Obras: La influencia de la poesía trovadoresca y estilnovista sobre Dante Alighieri queda reflejada en su Vida nueva, conjunto de poemas y prosas dirigidos a Beatriz, razón de la vida del poeta y también de sus tormentos, y sus Rime Petrose, dirigidas a una amada supuesta, a la que escribe sólo para disimular ante los demás su verdadero amor. El juego poético-amoroso oscila entre la pasión imposible y la espiritualizada idealización de la figura de su amada, aunque las rígidas formas del estilnovismo adquieren una fuerza y sinceridad nuevas en manos de Dante. El experimentalismo de los poemas de Dante Alighieri y la búsqueda consciente de un estilo propio culminarán finalmente en La Divina Comedia, una de las cumbres de la literatura universal. Escrita en tercetos, se resume en ella toda la cosmología medieval mediante la presentación del recorrido del alma de Dante, guiada primero por Virgilio y más adelante por Beatriz, en la expiación de sus pecados en tres cantos: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Con un lenguaje vívido y de gran riqueza expresiva, el poeta mezcla los elementos simbólicos con referencias a personajes históricos y mitológicos, hasta construir una equilibrada y grandiosa síntesis del saber acumulado por el hombre desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media.


IMAGEN: Paolo y Francesca, escultura de Rodin  (1885)





lunes, 27 de mayo de 2019

BEATRICE y DANTE




Deus venerunt gentes, alternando,1
ora tres, ora cuatro en dulce salmodia
las mujeres empezaron, y llorando;

y Beatriz, suspirante y pía,
a ellas escuchaba, con poco menos
que ante la cruz la mudanza de María.

Pero cuando aquellas vírgenes le dieron
lugar a decir, de pie erguida,
respondió, colorada como el fuego:

“Modicum, et non videbitis me;2   
et iterum”, mis hermanas dilectas,
“modicum, et vos videbetis mé”

Luego se movió de las siete delante,
y tras de ella, con un gesto, me movió
a mí, a la dama, y al restante sabio.

Así iba, y no creo que hubiese
su décimo paso en tierra puesto,
cuando me hirió los ojos con los ojos.

“Camina pronto”, con tranquilo gesto
me dijo, “tanto que, si yo te hablo,
para escuchar te encuentres bien dispuesto”.

No bien fui, como debía, rápido, dijo:
“Hermano, ¿por qué no te atreves
a preguntarme estando ya conmigo?”

Como a aquellos que, muy reverentes,
están hablando frente a sus mayores
y no les sale viva voz de entre los dientes,

me sucedió a mí, que sin entero son,
comencé: “Señora, mi necesidad
la conoces, y qué es bueno para ella”.

Y ella a mí: “De tu miedo y vergüenza
quiero que en adelante te despojes
y que no hables como uno que suena.

“Sabe que el vaso que rompió la sierpe
fue, y no está; pero el culpable sepa
que la venganza de Dios no toma sopas.

“No estará tanto tiempo sin herencia
el águila que arrojó plumas al carro,
y que primero fríe monstruo y luego presa;

“lo veo cierto, y por lo tanto narro,
que le darán su tiempo estrellas cercanas,
ya sin barreras y sin ningún obstáculo,

“en el que un quinientos diez y cinco,3
por obra de Dios, matará a la que huye,
con el gigante junto al que delinque.

“Y quizá mi narración oscura,
como de Ternis y Esfinge, no te persuade,
porque su forma el intelecto obtura;

“pero serán los hechos como las náyades4
los que resolverán este enigma fuerte,
sin daño para ovejas ni cereales.

“Tú anota; y, así como se vierten,
estas palabras lleva a los vivos
de un vivir que es carrera hacia la muerte.

“Y ten en mente, mientras escribes,
no ocultar que has visto la planta
que fue despojada aquí dos veces.

“Cualquiera que la roba o la quebranta
con blasfemia, de hecho ofende a Dios,
que solo para su uso la hizo santa.

“Por morderla, en pena o en deseo,
cinco mil años y más el alma primera
imploró a aquél que penó el mordisco.

“Tu ingenio está dormido si no estima
por qué razón tanto se eleva
y tanto se ensancha hacia la cima.

“Y si no hubiera sido como agua del Elsa
tu pensar vano en torno de tu mente,
y su pacer, como la morera para Píramo,5
“por esas circunstancias solamente
la justicia de Dios, en lo interdicto
del árbol conocerías moralmente.

“Pero porque te veo en el intelecto
vuelto de piedra, empedrado, tinto,
y porque te deslumbra lo que digo,

“quiero que, si no escrito al menos dibujado,
te lo lleves contigo, por lo mismo
que el bastón se trae con palmas adornado,”,6

Y yo: “Como la cera del sello,
que no cambia la figura impresa,
signado por ti está ahora mi cerebro.

“Pero, ¿por qué tan sobre mi vista
tu palabra más deseada vuela,
que más la pierde cuanto más se empeña?”.,

“Es para que conozcas -dijo- la escuela
que seguiste, y veas cómo su doctrina
pudieron seguirla mis palabras,

“y veas tu senda de la vía divina
tan lejana, cuanto se desacuerda
la tierra del cielo que más alto gira”.

Por lo que repuse: “No se me acuerda
que me extrañara de ti en ningún momento,
y no tengo conciencia que remuerda”.

“Si no puedes acordarte de eso”,
sonriendo respondió, “recuerda
que bebiste de las aguas del Leteo;

“y si del humo el fuego se argumenta,
de este olvido claro se concluye
culpa en tu voluntad a otras atenta.

“Verdaderamente ya estará desnuda
mi palabra, cuando convenga
que se descubra ante tu vista ruda”.

Y más corusco, y con más lentos pasos,  
alcanzaba el sol el cerco meridiano,
que aquí y allá cambia en sus aspectos,

cuando pararon, como se detiene
quien va delante de gente por escolta,
si encuentra novedad o sus señales,

las siete mujeres ante apagada sombra,
como, bajo ramas negras y hojas verdes,
sobre sus fríos arroyos tiene el Alpe.

Delante de ellas, Eufrates y Tigris
ver me pareció manar de una fuente,
y, casi amigos, como holgazanes irse.

“Oh luz, oh gloria de la gente humana,
¿qué agua es esta que se despliega
de un principio, y luego se separa?”

Por este ruego me fue dicho: “Ruega
a Matilde que te diga”. Y aquí repuso,
como quien de culpa se libera,

la bella dama: “Esta y otras cosas
dichas fueron por mí; y estoy segura
que el agua del Leteo no las oculta”.

Y Beatriz: “Tal vez mayor cura,
que muchas veces de memoria priva,
hizo su mente en el ojo oscura.

“Pero mira el Eunoe que allí deriva:
llévalo a él, y como acostumbras,
su desmayada virtud reaviva”.

Como alma gentil que no se excusa,
pero quiere según quieren los otros,
no bien algún signo lo revela,

así, luego que cerca de ella fui,
la bella dama se movió, y a Estacio
femeninamente dijo: “Ven con él”.

Si tuviese, lector, más largo espacio
para escribir, yo aún cantaría en parte
el dulce beber que jamás me habría saciado;

pero porque llenos son todos los papeles
destinados a esta cantiga segunda,
no me deja seguir, con su freno, el arte.

Yo regresé de la santísima onda
rehecho, como plantas nuevas,
renovadas con una nueva fronda,

puro y dispuesto a subir a las estrellas.


Purgatorio
de la Divina Comedia – Canto XXXIII


Dante Alighieri (Italia; Florencia, 1265 -Id.Ravena1321)

(Traducción y notas: Jorge Aulicino)




’Deus, venerunt gentes’, alternando
or tre or quattro dolce salmodia,
le donne incominciaro, e lagrimando;

e Beatrice, sospirosa e pia,
quelle ascoltava sì fatta, che poco
più a la croce si cambiò Maria.

Ma poi che l’altre vergini dier loco
a lei di dir, levata dritta in pè,
rispuose, colorata come foco:

’Modicum, et non videbitis me;
et iterum, sorelle mie dilette,
modicum, et vos videbitis me’.

Poi le si mise innanzi tutte e sette,
e dopo sé, solo accennando, mosse
me e la donna e l’ savio che ristette.

Così sen giva; e non credo che fosse
lo decimo suo passo in terra posto,
quando con li occhi li occhi mi percosse;

e con tranquillo aspetto «Vien più tosto»,
mi disse, «tanto che, s’io parlo teco,
ad ascoltarmi tu sie ben disposto».

com’ io fui, com’ io dovëa, seco,
dissemi: «Frate, perché non t’attenti
a domandarmi omai venendo meco?».

Come a color che troppo reverenti
dinanzi a suo maggior parlando sono,
che non traggon la voce viva ai denti,

avvenne a me, che sanza intero suono
incominciai: «Madonna, mia bisogna
voi conoscete, e ciò ch’ad essa è buono».

Ed ella a me: «Da tema e da vergogna
voglio che tu omai ti disviluppe,
sì che non parli più com’ om che sogna.

Sappi che ‘l vaso che ’l serpente ruppe,
fu e non è; ma chi n’ha colpa, creda
che vendetta di Dio non teme suppe.

Non sarà tutto tempo sanza reda
l’agugha che lasciò le penne al carro,
per che divenne mostro e poscia preda;

ch’io veggio certamente, e però il narro,
a-darne tempo già stelle propinque,
secure d’ogn’intoppo e d’ogne sbarro,

nel quale un cinquecento diece e cinque,
messo di Dio, anciderà la fina
con quel gigante che con lei delinque.

E forse che la mia narrazion buia,
qual Temi e Sfinge, men ti persuade,
perch’ a lor modo lo ’ntelletto attuia;

ma tosto fier li fatti le Naiade,
che solveranno questo enigma forte
sanza danno di pecore o di biade.

Tu nota; e sì come da me son porte,
così queste parole segna a’ vivi
del viver ch’è un correre a la morte.

E aggi a mente, quando tu le scrivi,
di non celar qual hai vista la pianta
ch’è or due volte dirubata quivi.

Qualunque ruba quella o quella schianta,
con bestemmia di fatto offende a Dio,
che solo a l’uso suo la creò santa.

Per morder quella, in pena e in disio
cinquemilia armi e più l’anima prima
bramò colui che ’l morso in sé punio.

Dorme lo ’ngegno tuo, se non estima
per singular cagione essere eccelsa
lei tanto e sì travolta ne la cima.

E se stati, non fossero acqua d’Elsa
li pensier vani intorno a la tua mente,
e ’l piacer loro un Piramo a la gelsa,

per tante circostanze solamente
la giustizia di Dio, ne l’interdetto,
conosceresti a l’arbor moralmente.

Ma perch’ io veggio te ne lo ’ntelletto
fatto di pietra e, impetrato, tìnto,
sì che t’abbaglia il lume del mio detto,

voglio anco, e se non scritto, almen dipinto,
che ’l te ne porti dentro a te per quello
che si reca il bordon di palma cinto».

E io: «Sì come cera da suggello,
che la figura impressa non trasmuta,
segnato è or da voi lo mio cervello.

Ma perché tanto sovra mia veduta
vostra parola disïata vola,
che più la perde quanto più s’aiuta?».

«Perché conoschi», disse, «quella scuola
c’hai seguitata, e veggi sua dottrina
come può seguitar la mia parola; '

e veggi vostra via da la divina
distar cotanto, quanto si discorda
da terra il ciel che più alto festina».

Ond’ io rispuosi lei: «Non mi ricorda
ch’i’ stranïasse me già mai da voi,
né honne coscIïenza che rimorda».

«E se tu ricordar non te ne puoi»,
sorridendo rispuose, «or ti rammenta
come bevesti di Letè ancoi;

e se dal fummo foco s’argomenta,
cotesta oblivïon chiaro conchiude
colpa ne la tua voglia altrove attenta.
Veramente oramai saranno nude
le mie parole, quanto converrassi
quelle scovrire a là tua vista rude».

E più corusco e con più lenti passi
teneva il sole il cerchio di merigge,
che qua e là, come li aspetti, fassi,

quando s’affisser, sì come s’affigge
chi va dinanzi a gente per iscorta
se trova novitate o sue vestigge,

le sette donne al fin d’un’ombra smorta,
qual sotto foglie verdi e rami nigri
sovra suoi freddi rivi l’alpe porta.

Dinanzi ad esse Ëufratès e Tigri
veder mi parve uscir duna fontana,
e, quasi amici, dipartirsi pigri.

«O luce, o gloria de la gente umana,
che acqua è questa che qui si dispiega
da un principio e sé da sé lontana?»:

Per cotal priego detto mi fu: «Priega
Matelda che ’l ti dica». E qui rispuose,
come fa chi da colpa si dislega,

la bella donna: «Questo e altre cose
dette li son per me; e son sicura
che l’acqua di Letè non gliel nascose».

E Beatrice: «Forse maggior cura,
che spesse volte la memoria priva,
fatt’ ha la mente sua ne li occhi oscura.

Ma vedi Eünoë che là diriva:
menalo ad esso, e come tu se’ usa,
la tramortita sua virtù ravviva».

Come animai gentil, che non fa scusa,
ma fa sua voglia de la voglia altrui
tosto che è per segno fuor dischiusa;

così, poi che da essa preso fui,
la bella donna mossesi, e a Stazio
donnescamente disse: «Vien con lui».

S’io avessi, lettor, più lungo spazio
da scrivere, i’ pur cantere’ in parte
lo dolce ber che mai non m’avria sazio;

ma perché piene son tutte le carte
ordite a questa cantica seconda,
non mi lascia più ir lo fren de l’arte.

Io ritornai da la santissima onda
rifatto sì come piante novelle
rinovellate di novella fronda,

puro e disposto a salire a le stelle.



Notas al Canto XXXHI


1                                           Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad;/ Han profanado tu santo tem­plo (Salmos, 79:1, versión Reina Valera). El salmista se duele de que Jerusalén ha sido invadida por los paganos, el templo destruido por las infidelidades de los hebreos.
2                                           Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre (Juan, 16:16). Cristo alude a su muerte y resurrección.
3                                           Uno de los llamados “enigmas” de la Comedia. Parece que aquí sí, ex­presamente, Dante ha puesto un mensaje cifrado. El consenso actual, al cabo de una extensa bibliografía sobre esta cifra, es que Dante quiso aludir a un nuevo guía, un duca, palabra que surge de pasar este “quinientos y diez y cinco” a números romanos, lo que da DXV; letras que en un simple cambio de orden se convierten en “dux”, siendo la v y la u equivalentes en latín. Algunos han señalado aquí a Uguccione della FaggioUa, que sería el Lebrel del Canto Primero del Infierno, aquél nacido “entre Feltro y Feltro”. De esta suerte, el redentor político que efectivamente sí parecía esperar Dante, daría cuenta de dos figuras que también, en esta ocasión, representan a seres y entes  temporales: la prostituta (la corte papal), que huye con el gigante (Felipe el Hermoso), junto al cual delinque.
4                                           Un error de Dante salvado en todas las ediciones: no se trataría de las Náyades, sino de Edipo, hijo de Layo y por lo tanto “el Láyades”. Se supone que Dante, lector de Ovidio, en el que parece haberse basado, tenía una copia de la Metamorfosis con esa errata del copista. Nadie se atrevió a suponer que Dante se equivocó en cuanto a la función de las Náyades, que no eran adivinas.
5                                           El agua del río Elsa, tributario del Arno, deja incrustaciones de carbo­nato de calcio en piedras y barcas. Píramo es el personaje mitológico men­cionado ya en el Canto Vigesimoseptimo, quien se suicida al creer muerta a su amante por un león. Ella se suicida a su vez y la morera cambia sus frutos del blanco al rojo.
6                                           Los peregrinos a Jerusalén volvían con hojas de palma sujetas a su bas­tón, como testimonio del viaje a los Santos Lugares. Con palmas agitadas fue saludado Cristo durante su entrada a la ciudad santa, la semana que terminó con su martirio.