miércoles, 28 de octubre de 2026

PAISAJE MUERTO

 


EL MURO DE MANDELSHTAM (2017)


Significados

ALGUIEN se lleva la mano al corazón 
     y dice unas palabras.
Pero las palabras son en realidad insensibles 
    y quien las hizo 
   no calculó su capacidad 
  para significados tan enormes.
A pesar de los cuidados que les prodigamos: 
     la forma de agruparlas, 
    el tallado y la orquestación: 
    siempre los adjetivos 
  merecerán una reprimenda 
  por nuestra sentimental torpeza 
    y los gerundios estancados 
  en el encabezamiento del verso 
 codiciarán el sonido de cada vocablo.
 Pero además, qué puede ser un verso 
   sino un corralito de estantillos 
     de madera podrida 
   en demasía inútil para contener 
      el animal que somos.



Apenas un retrato

   HE visto caminar 
   al transformista 
moviendo sus labios 
en la doble sombra

y supongo que entona 
una cierta monodia, 
   junto al basural 
de las nubes de julio.

Aunque 
al parecer 
el primer verso
le resulta... «demasiado lírico».


—Son 

las heces 

retóricas 

del bien.

(Sentenció Mandelshtam)


Así... pues

el discreto confidente 
  se fue a dormir:
luego del registro, la incriminación 
y la detención.



Mandelshtam

   ANTES de escribir 
yo solo tengo unos labios 
  que se mueven resecos.

Es algo que me ha urgido a gastar 
   la suela de mis zapatos 
en una caminata estrecha y desértica.

Hasta que la voz del poema 
             es audible 
y me grita:


— ¡Ya basta! (...) ¡Suéltame!
— ¡No me toques!
— ¡Ya no me toques!

Entonces, estoy seguro: 
   que el ágape 
  ha llegado a su fin:
  
           y otra vez

el lobo devoró al cordero.


RETORNO
(a la clase media)



El canario


   EN el desayuno 
mientras el pan está caliente 
   mi amada Xiomi 
       y yo
     y el canario 
     en la ventana 
    dentro de su jaula 
    (amarillo y pardo)


mientras gustamos el pan 
    conversando 
y haciendo el recuento 
    cotidiano
   que nos mantiene vivos 
   en un presente 
      eterno

    y charlamos 
frente a la taza de café


pero el canario en la ventana 
no entiende

y supongo que imagina 
    que somos 
    otras aves 
   que con el albor 
  se han desatado 
     en cantos
celebrando otro día 
   en que las plumas relucen
      y aún
     no se pudren 
en la muda de los años

     y entonces
el canario (creo yo) confundido 
    y pensando 
   que nuestra charla 
     no es charla 
     sino canto 
comienza también
         él
       a cantar
cada vez más fuerte 
hasta que nos calla 
y volteamos a verlo 
    en silencio


y él se queda en silencio 


    y me parece
   que nos miramos a los ojos, 
aunque sus ojos sean tan pequeños 
   y nos quedamos mirando 
     por un rato
escribiendo la pregunta de la distancia 
    entre él y nosotros, 
      de aquello 
    que posiblemente 
     esta mañana cantando 
       nos dijimos 
     pero no se entendió.
         Quizás
          era
        tan solo      
      la partitura
      de una monodia:
        la suya
    y la de cada uno
   
     tan bella
   y sin sentido.




EL LLANO CIEGO (2006)



Naturaleza intacta

Contra «la naturaleza intacta»
opongo el momento cuando abro
de madrugada las puertas
hacia el pasillo exterior de la casa
y veo el triciclo de mi hija
en colores primarios
y la luz amarilla (¡que tanto amo!)
de un bombillo
opongo al blancor
(cristalino o difuso)
que llega con el alba.
Esta es mi «naturaleza humana»: 
mi humildad mutilada.


XI

Escribir desde la conciencia del exilio. Desarticular una visión lírica de la naturaleza, enferma de alabanza y de paisaje.


XVI

Cuál será la imagen que busco de la naturaleza. Sin duda que no se trata de una deificada y espiritualizada hasta el hartazgo. Pero tampoco esa otra más moderna de la que habla Gottfried Benn en su Carta a Oelze: La naturaleza es vacía, desierta; sólo los venados ven algo en ella, pobres diablos condenados a constante sufrimiento. ¡Huya de la naturaleza que echa a perder los pensamientos y estropea notoriamente el estilo! En Benn, cuya voz proviene del intramundo urbano, se expresa una visión ausente de piedad. El poeta alemán no quiere ser la voz de un colectivo, ni de la impostura burguesa de sus valores: la solidaridad, la autenticidad, la identidad, la trascendencia. Aunque me inclino por su poesía sin piedad, despojada y libre, no tolero su desapego y vaciamiento de alma. Si la naturaleza ha sido pervertida e intervenida y sobrevive apenas en el imaginario del exilio, es preciso que cargados de esta conciencia del deterioro (y recuerdo a James Hillman) nos dispongamos a restituir el alma al mundo.


XVII

¿Naturaleza? Lo no-humano, simplemente aquella porción del cosmos que no he visto, lo más apartado, el lugar donde unos pájaros comen semillas de árboles para los cuales carezco de nombres. La sola presencia de una persona ahuyenta la naturaleza, la descoloca con su orgullo y humanidad. Decir «hombre» y huir, todo lo que transcurre sin ley alguna, es la misma cosa.


XX

El paisaje ha muerto. El paisaje de tradición romántica ha muerto, a pesar de que aún descubrimos marcas de lirismo alabancioso en nuestros poemas. En él la naturaleza se identificaba con un estado edénico anterior a la «caída». La naturaleza era su «paraíso perdido», algo que nos abandonó al cruzar la puerta de la infancia, tal como leemos en la «Oda de los indicios de inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia» de Wordsworth. Éramos roussonianamente felices en los predios de ese paisaje hasta la llegada de la modernidad que precipitó el abandono de nuestra memoria ancestral y colectiva. Pero la modernidad también trajo consciencia ideológica y lingüística, señalando la gran carga de simple utilería que se acumulaba en nuestra visión de la naturaleza. Aunque habría que decir que el romanticismo estuvo animado por un espíritu nacional de reconocimiento de lo geográfico, donde la representación del paisaje constituía una forma de encarnar estéticamente lo que en otros ámbitos era un destino político.



LA SOMBRA DEL APOSTADOR (2020)


El tiempo de vida de las aves

La edad de un ave tiene que ver
con la cantidad de veces
que muda las plumas de su cuerpo.
Nunca se habla de muchos años 
     sino de pocas ocasiones 
     generalmente lluviosas 
en que de nuevo se «viste»
     con plumas de parecido color.
Qué vanidoso es el que cambia 
     con cierta frecuencia 
su camisa y hasta un par de zapatos, 
aunque lo haga con dolor casero 
     frente al televisor
para asistir a esos empleos sin salida 
o a los bares de toda la noche.
Mientras que un ave siempre se vestirá menos 
     y morirá más pronto:
justo en el momento cuando toda su sangre 
     corra a cambiar su plumaje

     antes del último relámpago.



Alectromaquia

El Gallo Combatiente es una llama.
    Eso explica su arrojo ante la muerte

mas no su complicidad con la sombra del apostador 
    que sólo ansia recuperar

unas monedas de plata
    atesoradas en una chácara de cuero.

¡Qué profanación divinizada!
    ese momento donde el hombre y el gallo

se miran a los ojos:
    y uno quiere ser el otro.

Algo semejante ocurrió cuando los Dioses 
    combatían a la par nuestra

jurando que éramos «iguales».
    Pero aclaremos algo:

al menos la sangre del ave derramada
    bajo el cobertizo que sombrea el palenque

siempre le retornó certezas al mundo.
    Y ese gesto puro del Gallo de Combate

es la parte baja de la llama. Desde allí,
    asciende con simplicidad aterradora.




El Bar La Sirena

Elegimos mirar.
San Agustín, El orden


Era un bar con paredes y techo de zinc 
    y al acercarse la hora tercia 
    el dueño vistiendo una guayabera de lino blanco 
    anunciaba para todos el espectáculo de la noche.

Entonces, subió a la tarima una mujer de cota roja 
    con minifalda de lentejuelas, 
    traía una cesta de mimbre colgando del brazo, 
    la que dejó sobre un mostrador 
    y comenzó a contorsionarse al ritmo
    del acordeón de un vallenato 
silenciado por el enjambre de las murmuraciones.

Una ondulación cuasi-musical ascendía por aquel cuerpo menudo 
    desde sus pies hasta el extremo de sus manos, 
    donde el metalizado tintineo de unas pulseras 
    de plata negra
    era escuchado (sólo) por los que se encontraban 
    en las mesas más cercanas 
o parados y absortos por lo que ocurría.

Junto a mí había un hombre muy obeso 
    y en la barra
    un par de sátiros sordomudos 
nos daban la espalda.

La odalisca se quitó la cota
    dejando al descubierto las dos ciruelas de huesito
    que eran sus senos.

El zanganerío se acallaba:
    y ella abría sus brazos, 
    movía sus dedos
como el detalle relevante de su desnudez.

Las botellas de cervezas quedaron inmóviles 
    en una sudoración fría 
    al desabrochar 
    el sujetador de su minifalda, 
    y en pocos segundos
la prenda más íntima de polyester negro, también cayó.

Luego se fue acercando a la pequeña cesta de mimbre 
    para sacar una culebra boa: 
    mantona, mazacuata, jiboia, 
    que extendía la cabeza triangular 
ofreciendo un saludo con su lengua bifida.

Afuera del local
    la Vía Láctea
    flotaba sobre una carretera de tierra 
y la vaguedad del celaje de una bicicleta.

Mientras, la odalisca pueblera, iba de aquí para allá 
   acompasadamente.
   Y de pronto la boa 
   entornada a su cuerpo 
   descendió a la cintura 
   y obedeciendo
   a  un coito  antiguo
   se introdujo por la rajita 
   guarnecida con vellos aceitosos, 
   la cual se tragó cincuenta centímetros de reptil.

Desde el plafón del techo pendía 
    un cable con su bombilla 
— que ni siquiera parpadeó — .

No aletearon los esfíngidos
    que suele traer la noche.

Transcurrieron breves minutos

(...)

y fue halando el decapitado músculo 
    hasta ver la cabeza 
con sus pupilas verticales.

La respuesta fue un clamor.
    Y un gallo
    de plumaje hollinezco 
    amarrado en algún lugar de la trastienda, 
cantó dos veces.

En el rostro de la mujer apareció el surco 
    de una sonrisa 
    que la acompañaría 
    frente a su cena
de un plato de arroz con pescado frito.

Mientras la boa mantona, mazacuata, jiboia, 
    se arremansaba 
    en su jaula,
hasta la próxima función.

*
¡Dime alma mía! 
cuánto valdrás algún día, 
que en la pobreza yo quiero: 
tener dinero, tener dinero.

(Del libro homónimo,
"Una antología,
Edición de Juan Cardenas,
Fondo de Cultura Económica,
2025)
Igor Barreto


Igor Barreto. Poeta, ensayista, escritor y editor venezolano. Nació en San Fernando de Apure, en 1952, y residió varios años en Rumania; a su regreso se incorporó al taller Calicanto. Luego cofundó, tras su ruptura, el conocido Grupo Tráfico del Arte en el Instituto Caragiale, de Bucarest. Realizó estudios de cine y dramaturgia; ha desarrollado una importante carrera durante la cual ha sido editor de catálogos de arte para diversos museos de Venezuela. Trabajó en la Dirección de Publicaciones de Museos, adscrita al Ministerio de Cultura de Venezuela. Profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Colaborador como articulista de prestigiosos diarios y revistas literarias nacionales e internacionales. Ha representado al país en diferentes encuentros internacionales en Rumania, España, Estados Unidos, Colombia, Cuba y Argentina. Sus poemas son incluidos en las antologías de poesía venezolana contemporánea y algunos de ellos traducidos al inglés y al francés. Barreto es una de las voces más importantes de la poesía venezolana contemporánea. A través de un archivo de materiales diversos que enrarecen la noción de literatura, este autor explora estados de interrupción de la vida como experiencias en las que el poeta ensaya los límites de su lengua e interviene las formas dominantes de sentir e imaginar, para proponer una poética de la vulnerabilidad y de la dificultad. Ha ganado el Premio Municipal de Literatura, mención Poesía, en 1986, y el Premio Universidad Central de Venezuela, mención Poesía, en 1993. Obtuvo la beca Guggenheim, en 2008. Además, fundó en la década de los ochenta la editorial Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro, Han sido publicados sus libros de poesía: ¿Y si el amor no llega? (1983), Soy el muchacho más hermoso de esta ciudad (1986), Crónicas llanas (1989), Tierranegra (1993), Carama (2001), Soul of Apure (2006), El llano ciego (2006), El duelo (2010), Carreteras nocturnas (2010), Annapurna. La montaña empírica (2012), El campo/el ascensor. Poesía reunida (1983-2013) (2014), El muro de Mandelshtam (2017) y La sombra del apostador. El Gallo Combatiente y su ritual analfabeto (2021). Además, forma parte de la antología poética 25 antenas, poesía hispanoamericana (2017).



lunes, 26 de octubre de 2026

ME LLAMO CUERPO QUE NO ESTÁ

 




LOS TEXTOS DEL YO (2005)

Libro I: La más mía


15.

[LA CASA FEMENINA]

Anoche soñé la casa donde no vivo y no poseo 
tenía los muros azules y una membrana de membrillo 
    en el lugar del techo.
Olía a hierba fresca, a pies de muchacha sumergidos 
    en el río.
La luz de los quinqués alumbraba el sosegado vuelo 
    de los insectos.
La llamé estío porque me exigió un nombre a gritos 
y entré en ella como se entra a veces en el sexo: 
sin dudar y sin saber y sin pensar en los orificios.

Aire lleno de aire. Adentro.

Vi a través de las trece ventanas lo que se quedaba afuera: 
el mundo ensimismado en su propio espejo 
la edad lógica y absoluta donde todo es velocidad 
la dictadura de los significados 
la perfecta pulcritud del hospital.

Me di la vuelta y toqué el piso, la mesa, la cama.
Me acurruqué bajo la cintura de su sombra.
Entonces el placer que es la felicidad me untó 
    los muslos con su gasa.
Estuve frente a frente con la paz.



[YOU SHOULD HOT MISTREAT ME, BABY, BECAUSE I AM YOUNG AND WILD. BOB DYLAN]

No me pidas ternura.
Amantísima, la más mía, pídeme cualquier otra cosa. 
Tengo los bolsillos repletos de carreteras bífidas. 
Pídeme una fractura
la soledad del muro solo bajo la sola lluvia 
gotas de adrenalina. Sombras de cal.
Yo nunca le canté a la rosa.

Si tienes miedo, pídeme heroína.
Si tienes hambre, pídeme lenguaje.

No me maltrates.
Pídeme sólo aquello que tú me diste: 
esta dureza que hace menguar la luz a las tres 
    de la tarde cuando me pongo a llorar 
    por tenerte y nunca haberte tenido, inabarcable. 
Pídeme la tensión que aprieta el nudo de la noche 
    cavilante.
Pídeme lecciones del arte de no estar.
Dame chance.
Sigo siendo la misma salvaja que tú creaste.

Si tienes sueño, pídeme el paisaje.
Si tienes frío, pídeme las aristas de la tarde.

Pídeme números, noticias, algo contable.
Pídeme la burla que aprendí en tu boca de piña 
la escaldada lengua, la herida.
Pídeme papel de baño, un premio, anfetaminas.
Tengo los ojos llenos de terrestres maravillas.
No me maltrates.

Te regalo mis muletas 
toma la luz de neón de mis esquinas 
quédate con los vagabundos que me enseñaron 
     a magrear
quédate con este exceso áspero que nació en tu aliento 
toma la calistenia inútil de mis huesos 
te regalo toda junta mi frialdad.

Entre tú y yo, amantísima, la más mía, nunca hubo 
     ternura
nunca entre nosotras existió la rosa 
el candado unívoco del tallo 
     el aroma
los pétalos de las palabras juntas en la corola luminosa.

Si tienes dolor, pídeme un té de jeringas.
Si tienes necesidad, pídeme las muelas del azar.

Pídeme ajenjo.
Pídeme todas las puertas que no abriste cuando llegué 
     a tu corazón desnuda.
Pídeme tu misma falta de piedad.



21.

[LA MÁS MÍA]

La magnífica 
la llena de sol 
la más fuerte 
la daga en el pan 
la casa
la sin zapatos sobre la arena 
la red y el pez dentro de la red
la por sobre todas las cosas 
la cabrona 
la todas
la más que todas 
la verde 
la infinita 
la milagrosa 
la que renace 
la más mía.
La madre.



Libro II: Yo ya no vivo aquí 


el ángel aleccionador


Le decía:
quieres darme una lección.
Quieres que aprenda a guardar el silencio bajo 
    la lengua mientras los ilusos hablan.
Que yo me vuelva como tú, eso quieres. Que sea 
    nadie, menos que nadie.
Una brizna de hiel en un frasco de formol.

Quieres que sea como tus verduleras, tus putas tristes, 
    tus mujeres buenas.

Que baje la vista ante el brillo amargo de tus alas 
    mientras desdoblo la ropa y ocupo mi lugar 
    en el charco de semen que dejaste ayer sobre 
    la cama.

Tengo que tender la cama.

Quieres que ponga la otra mejilla. Y luego la otra.
    Y luego las manos, las nalgas, los muslos, bajo el 
    golpe de la regla de madera que te regaló tu 
    maestro de primaria.

Quieres que te dé las gracias.

Quieres que deje de mencionar los nombres
    de los lugares comunes. Los otoños en París,
    los veranos en Madagascar, el viaje a Florencia. 
    Nunca quieres que te cuente de las costas 
    de Bali.

Que me olvide de las sábanas de seda, el perfume 
    de algas, el oporto, el té de menta.

Que use palabras simples, quieres.

Quieres que te la mame.

Quieres que aprenda a imprecar con la dorada
languidez del héroe que nunca fuiste.
Que te sea infiel y lo cuente.
Que diga chistes.
Que me vuelva mala para ser un poco como tú, menos 
    que nadie, menos que nada.
Que te alborote el pelo y te unte el sexo de saliva 
    y deje moretones en el cuello para que salgas 
    con cara de feo en el retrato de la sagrada familia.
Quieres que te adore. Que adore tu verga, tu culo, 
    tu semen, tu mierda.
Quieres que te coja.

Quieres ser mi mujer.

Quieres darme una lección.

Quieres ser un dios caído, una fruta agria, un ángel 
    aleccionador. *



Las mujeres-con-pasado

Se les reconoce porque siempre miran hacia atrás.
A veces es un gesto que quiere pasar desapercibido 
—la mano que sacude polvo imaginario 
de un hombro, los ojos que vuelan sin permiso, 
el perfil en constante acecho— y otras el descarado 
volverse justo cuando se ha doblado la penúltima 
esquina.

Se les reconoce porque su ropa parece extraída, 
invariablemente, de un clóset de 1940.

Las manos les tiemblan, oh tan levemente, cuando 
llevan la taza de café a los labios rojos, estriados, vivos.

Se arremolinan sobre los asientos. Como se dice.

Se ven más jóvenes de lo que son.

No saben estarse quietas, excepto cuando ven hacia 
los ventanales. Cuando el zumbido hipnótico de la 
mosca se las lleva lejos. A través.

Son platicadoras, ligeras, solares. Discurren 
con facilidad sobre el costo de la vida y el quehacer 
de los gobernantes. Han visto todas las comedias 
románticas con Meg Ryan o Julia Roberts.

Utilizan con frecuencia la palabra carisma.

En el alrededor de sus cuerpos se esparce a menudo 
ese aroma algo dulce y algo empalagoso 
de los perfumes pasados de moda.

Hay rumores a su paso. Bisbíseos abstractos, algas, 
maravillas.

A mí me gusta verlas sobre todo del otro lado 
de los ventanales. Cuando encienden el primer 
cigarrillo, cuando aspiran el humo, cuando lo dejan ir.

Esa grisura.

Ese terco callarse.

Todo esto bajo el zumbido hipnótico de la mosca 
que nos lleva lejos, a través de los cristales sucios 
de grasa y de tiempo. Todo esto.




EL DISCO DE NEWTON:
DIEZ ENSAYOS SOBRE EL COLOR (2011)


X.

UNIR

Fue en la casa de su madre, en Lincolnshire, que Isaac Newton tuvo
el tiempo y la disposición de ánimo para observar una manzana.

El pecado es acaso sólo una cuestión de gravedad.

Las letras de la palabra Adán son las mismas que componen la palabra Nada.

«The redness/ of red» escribió Rae Armantrout para referirse a algo 
que no entiendo pero que, sin embargo, percibo. «Lo rojizo/ del rojo».

Es verdad que amanece.

La sangre suele ser un lugar común.

En la imaginación popular las palabras «y sin embargo se mueve» 
siguen siendo una referencia más o menos explícita a la tenacidad 
o testarudez de la mente científica.

El cuerpo es una forma de la mente y viceversa.

Suele producir algo de inquietud observar a un hombre que retoza 
bajo la fronda de un árbol o que se desliza como entre nubes cuando atraviesa las calles de una ciudad.

Hay ciudades que, en efecto, se prestan para caminar ya sea con 
o sin lluvia.

Alguien ha asegurado ya que es muy fácil perder un paraguas.

No sé cuál sea la probabilidad de perder, en cambio, una flecha 
dorada.

En sus retratos de juventud, Isaac Newton da la apariencia de haber
sido un hombre hermoso a punto de morder una manzana.

Todos perdemos, eso se sabe.

¿Es posible que un cuerpo yazga orgánicamente sobre un litoral?

El ruido que resulta de la inserción de los dientes sobre la manzana siempre me ha parecido sensual. En cambio, el ruido que se produce 
cuando los dientes arrancan el pedazo de la fruta me hace vacilar.

Bilabial, la boca. El beso. El chasquido.

En el esquema RGB, el rojo junto con el verde y el azul son colores primarios de luz. Esto cambia en el esquema CMYK que está basado en pigmentos donde el rojo no es parte de los colores primarios sino el rojo magenta, que junto con el cian y el amarillo están más cerca de los colores primarios sustractivos auténticos que el ojo percibe, y se utilizan en la impresión de color moderna.

El menstruo, ah. Viscoso, real, inútil, el menstruo.

Combinación numérica; ranas palúdicas; palma arquitectónica; espesura escalofría.

La urgencia con la que cruzó la puerta y tomó el pincel y trató, inútilmente, de plasmar lo que veía detrás de los párpados.

Voy gravitacionalmente hacia ti.


¿Mencioné ya los pájaros carmesí, la luna vacía, la larga hilera 
de hormigas?

Son pocas las vocales que separan la palabra «monstruo»
de la palabra «menstruo».

¿Consiste la meta en colorear el propio yo para así convertirlo 
en un personaje audiovisual?

Había, en algún lugar recóndito de sus huesos, un aroma 
contradictorio y una sustancia que no dejaba de manar.

Mis vestigios terrestres. La hipocresía de mis roperos. Mi magnético interior. ¡Ah!

Dentro de la cueva, el pálpito. A cada latido, la humedad. La sangre 
es un lugar común, lo escribí hace rato.

Las fúlgidas aves; los calosfríos ignotos; el letárgico licor; las fulmíneas paradojas; el radioso vértigo; la remordida ternura.

Aquí no vive un coleccionista de insectos.

Como si se tratara de alguien ligeramente atormentado: alguien con un cigarrillo en la boca; alguien con un pasado muy largo.

Todo era mentira, Isaac.

Vivimos en estado de peligro: lo desunido se une.

¿Piensas quemar mi casa también?, preguntó o dijo.

Había una duna y, sobre la duna, unos zapatos muy viejos.

Alguien decía entonces: te quedarás.




LA IMAGINACIÓN PÚBLICA (2015)



ME LLAMO CUERPO QUE NO ESTÁ:
LOS ENCLÍTICOS 




SOÑAR ES UN VERBO


Escribo se esfume retengo Estoy parecen tiene es Estoy se parece serlo es cruza está tiene Voy caminando Estoy hablando me encuentro hay creo recordar llegar a saber Estoy pasa desaparecen preocupa estén estoy corriendo estoy me doy cuenta están corriendo vamos he tenido haber estado andando me duelen las siento Sigo corriendo estamos Me suena no lo conozco Seguimos corriendo noto sigo corriendo empujando continúa hay no tengo correr No sé pienso continúa Vuelve intentar sacarme aguanto Acelero Ya queda Y vuelve a hacerlo le pregunto lo hace hace no responde Empuja me zafo cae parece tiene es Se levanta sigue Escucho llegamos parece cabemos Al entrar se ilumina Pasar fuese es disminuye se desvanece Ya queda salir hacemos Hemos vuelto Sigo corriendo se ilumina Al ver he desconcertado se refiere quedan llegar, vamos está alcanzarme, estoy llegar seguimos corriendo tengo haberlo dejado seguir corriendo no ver por llegar sigo pesan siento latir me despierta sin saber nada más que esto.



LA GRAVEDAD DE LOS HUESOS CUANDO CAEN DE PIE SOBRE LA TIERRA

a.
Habría que preguntarse si algún día dejarán de ir. Decir: algún día conocerán el bautismo.

b.
Habría que iniciar, por ejemplo. Bajar la vista. Hace como si.
c.

La gravedad de los huesos cuando caen de pie sobre la tierra. Partirse en dos o en tres. Quebrarse en muchas.

d.
La súplica se hace en la inmensidad del muro. La súplica se hace bajo tu mano. La violencia del capital financiero nos hace llorar.

e.
Habría que avizorar, por ejemplo.

f.
Me llamo cuerpo que no está. Me llamo Agua Bendita. Me llamo Salario de Dios. Vivo dentro de un fresco que ha sobrevivido cientos de años. Dentro de un frasco con salmuera y formol. Recordar no pasa de ser eso.

g.
La compañía es lo que permanece en secreto. Y la salida. Todo lo que no se ve.

h.
De pronto. De repente. De súbito. Todo quiere decir lo mismo.

i.
Perder el camino, equivocar la salida, desviar la mirada. Eso es el aquí: un hueco.

j.
Los violentos pliegues de la tela cuando el torso se eleva. Habría que volver el rostro, por ejemplo. Manifestarse. Iniciar.


(Del libro homónimo,
Lumen,2024)

Cristina Rivera Garza



 Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, México,1964). Vive desde 1989 en los Estados Unidos. Inicialmente reconocida por Nadie me verá llorar (1999), una novela que el escritor mexicano Carlos Fuentes describió como "una de las obras de ficción más notables de la literatura no sólo mexicana, sino en castellano. Cristina Rivera Garza es narradora, poeta, traductora y crítica. Estudió sociología urbana en la ENEP Acatlán (hoy FES Acatlán) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y obtuvo su primer doctorado, en el área de la historia de América Latina, en la Universidad de Houston. En 2012 esta misma institución le otorgó un doctorado en Letras Humanas, con distinción honoris causa. Sus investigaciones de corte histórico sobre las definiciones populares de la locura y la historia de la psiquiatría en México a inicios del siglo XX han aparecido en las revistas Hispanic American Historical Review, Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, entre otras, en Inglaterra, en Argentina y en los Estados Unidos. Sus textos se han publicado en antologías y diarios y revistas nacionales. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, al italiano, al portugués, al alemán, al coreano, al francés y al esloveno. Publicó La mano oblicua en la sección Cultura del periódico Milenio. Sus libros más recientes son El invencible verano de Liliana (Random House, 2021; Premio Xavier Villaurrutia 2021, publicado en inglés en 2023 y finalista del National Book Award en la categoría de no ficción), New and Selected Stories (2022), Dolerse. Textos desde un país herido (2011, traducido al inglés en 2020 por Sarah Booker y finalista del NBCC Award) y su poesía completa, con el título Me llamo cuerpo que no está (Lumen, 2024).En el 2024, recibió el Premio Pulitzer en la categoría memorias/autobiografía. En 2020 obtuvo la beca MacArthur. Actualmente es profesora distinguida M. D. Anderson en la Universidad de Houston. Además de los mencionados, Rivera Garza ha recibido los premios José Donoso, Sor Juana Inés de la Cruz (en dos ocasiones), Anna Seghers, Shirley Jackson y Roger Caillois. En 2026 fue considerada como una de las candidatas al Premio Nobel de Literatura que entrega la Academia Sueca.