La biblioteca de Marcelo Leites
A la naturaleza le gusta ocultar.
lunes, 6 de julio de 2026
EN DONDE, EL QUIEBRE
1_ Infinita ilusión Samsárica
sábado, 4 de julio de 2026
EL EFECTO DE LA REALIDAD
Selección de “EL EFECTO DE LA REALIDAD” -1959-1979-
Retrato
de Laura
Una persona de rota mirada
si viene a ser una mujer
escrita por un hombre
como generalmente ocurre en un poema
pone fuego a la punta
del cigarrillo
y mira hacia el autor
imaginándolo entero
grotescamente entero
dando lugar
a una profunda decepción
por parte del otro.
El efecto de realidad
Se trata de tomar la realidad.
A falta de.
Eso aquí: tener
la realidad. (¡Oh flash!)
¡Tener! O algo que dé noción de realidad
ganas de realidad, ¡oh rey!
Tener la realidad.
O el truco de creer
en cosa tocada a otra.
Señoras; Dioses;
allí donde haya o quepa verso
trato.
Muchos tratan.
y uno trató, trató, trató
marcó el famoso paso de tratar y se fue.
Otros: ¿Maltratan?
¿Es cierto que han dicho que dicen que dijeron
que
Dichos maltratan…?¿Restan
aún tratos que sólo a duras penas entran
y pese a todo en la famosa
realidad?
¿O es que alguien cree
en la limpia mano
abusiva
de esa poesía
abusadora?
El camino del cisne
Saludo a la armonía que surge del
reconocimiento del espejismo
del orden, del espejismo de la armonía.
Un logro. Puedo canjear mi vida por un logro;
mi corazón
por un efecto nítido sobre mi corazón.
Hay sol, abundancia de sol y grandes
simuladores de la
alegría suceden con frecuencia. Hay un arte
de sostener
indefinidamente, a la altura de los ojos, la desazón,
la displicencia y aun el asombro del goce
reiterado de
la desazón.
Varado en un poema por años.
Saludo a esa áspera señora dentro de mí que
insiste con su
show.
Hay un arte de sostener por horas cierto
registro de la voz que persevera en reflejar la opacidad, la opacidad del día a
pesar
de todo.
Varado en una gama, en un tic, por años.
Hay un arte para la clasificación y el cotejo
de las pruebas
del que resulta un orden arbitrario que da
lugar a imágenes de orden en el consumidor desprevenido.
De: “PARTES DEL TODO” -1985-1997-
Versión
(de “Diálogos del aire”)
por
Once
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos
poumons
Descende, fleuve invisible avec des sourdes
plaintes.
Fumar: quemar un tiempo acumulado
por el trabajo humano en el tabaco.
Colmar la nada que parece el aire
con las formas del humo controlable.
Llenar todo vacío con los sueños
de otros que por ajenos son más nuestros.
Tramar con las imágenes triviales
de los medios, nuestras escenas reales.
Placer pequeño, humano, tolerable.
Social, fiscalizado, numerable.
Fumar: desear que lleva hacia un deseo
de volver a desear buscando el nuevo
desear que nunca cese y siga ardiendo
y en sed que arda insaciada arder viviendo.
Versión (de “Diálogos del aire)
por Catorce
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos
poumons
Descende, fleuve invisible avec des sourdes
plaintes.
El placer de fumar, el placer de quemar
lo que nos llega sólo para ser consumido
y en eso se consuma. El placer de encontrar
en la nada del aire un sabor conocido
un aroma sin nombre, conocido, habitual.
El placer del colmar el aire, este vacío
con el cuerpo del humo que se disolverá
en la nada del aire cesando, convertido
en deseo de volver a desear y volver
otra vez a desear persiguiendo un deseo
intacto que no cese ni se apague al prender
la brasa y que arda en ella convertido en un
fuego
ínfimo y casi interior y casi eterno y lento
como el hombre, aspirado desde un vacío del
tiempo.
De: CANCIÓN DE PAZ (2002)
Poema de los días
Poema
de los días
Es la poesía del movimiento:
la conversión del movimiento en cosas
de pensar: la utilidad del tiempo,
el gasto humano, la recuperación
de la materia y la gradual desaparición
de todo lo que hay.
Ay el día y toda su luz...
Ah... Y las noches
partes indispensables de lo que era.
Y el contenido de lo que habría que ver:
el deber-ver ahí conteniéndonos.
Ay, sí: ahí en nosotros,
aquí en un puesto que ocupamos eventualmente,
el deber-ver como una orden que nos ordena.
En fila vamos con el día.
En su girar-con, o encima de nosotros.
No encima nuestro, porque lo nuestro se
perdió
como el pan nuestro y el amor nuestro de cada
minucioso
recorrido
de este girar ajeno que representa el día.
Mirábamos el día
y ellos miraban las estrellas y los planetas
y proyectaban cálculos, causas, órbitas,
fuerzas y relaciones.
(¿Y qué serán las fuerzas?)
La fuerza estaba en la razón
La fuerza estaba en la comida.
La fuerza estaba en el olor de los nenes y en
los bebés.
Allí en la leche estaba aunque lo niegues.
En el aliento, en este brazo, en la
respiración,
aunque lo niegues.
Pero mirábamos el día
y ellos miraban el universo imaginándolo una
esfera
veteada de órbitas
e imaginaban fuerzas.
Era su modo de mirar el día.
¿Entienden? —preguntaban.
Y uno acataba la orden de entender
y así le contagiaban el universo.
Uno más, contagiado, yo.
El universo para no ver el día...
Yo, para no ver el día.
(Para enterrarme allí en el día y no verlo y
que el día
me arrastre junto a todos con él y así
enterarme, tarde
de que vivir
es
no mirar
el día:
obedecer.)
Desobedezco: miro
el día en el poema de los días.
El día entero: un movimiento
de retorno del cielo y el aire.
Lo azul, el gris, el terciopelo
cribado de las noches.
Todo retorna y cambia y permanece.
Todo:
ahí ir, desentenderse y darse
al movimiento circular del día.
Arrastrarse hacia el este, al alto este
para después subir hacia la noche y seguir
progresando por ella hasta la aparición del
sol.
El sol vuelve a salir y estamos en el día.
No quiero que hoy vayamos al cine ni que nada
interrumpa este viaje hacia el este
en el poema de los días.
¿Te imaginás los días enteros viajes hacia lo
alto del este,
sin enterarnos de otra cosa que de nuestro ir
hacia adelante
y de la eternidad de este caer?
¿Te imaginás los días enteros
sin la más puta noticia de diarios ni de
radios y sin
las putas interpretaciones de la televisión?
Todo está bien mamá: si vos querés,
improvisemos
para este día una falsa fiesta con putas y
bebidas
total el día seguirá hacia adelante.
Pero que el mundo no venga a interrumpir la
vigilia del día
ni la verdad del día.
Porque en el poema de los días
el día nos concierne, el mundo no.
El mundo viene concernido y por otros.
¿Dale que así no lo queríamos?
El mundo, el mundo, esa inmundicia de cosas
predispuestas
para olvidar el día y lo que somos.
Vayamos con el día y si querés
hagamos una fiesta con falsos amigos que
beban con nosotros
y escuchemos el mundo
pero mirémoslo caer hacia el este a lo alto e
irse con el día.
El trapo negro de la noche se lleva a los
amigos.
Giran, desparecen, caen sobre el mundo.
Se cargan de noticias, deberes y movimiento
errático.
Se pierden los amigos.
En el poema de los días
se pierden todos los amigos.
También nosotros
nos perderemos, disueltos entre las
rotaciones
de tanta luz y tanta oscuridad sucediéndose.
Pero estamos aquí.
Todavía aún estaremos aquí, llevados por el
día
y nadie más.
¡Unico viaje el día!
Pisar descalzos sobre el día.
Oír solamente el día, lo más humano.
Atender-entender el silencio del día
la obstinación callada del girar.
Somos un ruido que desaparece.
¡Ay día a día la apariencia del día...!
¿Dónde estaremos? ¿Dónde estoy?
¿Dónde estás en el hoy?
¿Dónde sos otro en el otrora
de todos los momentos?
¿Dónde más preguntar?
Todo está bien, pero pensemos:
por un rato pensemos la posibilidad
de salir. Sin ir más lejos, pen-
semos en la nieve, en el mar,
en un puerto, la bahía con su fon-
do de montañas, las barran-
cas que bajan por los acantila-
dos de piedras y una cale-
ta de pescadores reciclada
para el turismo. Micro-
casitas de pescadores recicladas
para el turismo. Por fuera, paredes de
tablones,
techos de cinc pintarrajeados, y adentro el
aire
acondicionado central de la red
hotelera: el primer mundo
en el puertito.
Imaginémoslo.
Imaginémonos, por un instante
salir...
Y esas playas...
Las pequeñas bahías de aguas templadas con
sus fondos de arena y piedra: peces.
Prefiero el día.
Quedarme en este ni siquiera aquí del día.
Si a mí no me trajeron al mundo.
Si yo era el mundo y me trajeron a un día
que insiste y permanece.
Son nuestros días permaneciendo, y llevan
todo y voy ya
con ellos.
Así con ellos voy, yo
en el día el día.
De: GENTE MUY FEA
El encuentro de la fealdad
No es lo feo: es lo que veo:
el mundo, esta mujer insoportable
y el destino de empujar el carrito
del mundo —insoportable—
entre los bordes del patrimonio ajeno.
Y el matrimonio, ajeno a todo,
reproduce la belleza del verano
con su cámara digital
desde la terraza de un hotel
sobre la tierra intoxicada por la fealdad
del aire.
Ah... Ahí era un viaje a la felicidad.
La muerte, pero, por debajo,
abonaba el terreno
y las ruedas del carro de la felicidad del
mundo
trazaban huellas sobre el terreno
—dispares y sinuosas como la vida—
mientras la felicidad brillaba entre las
copas de los árboles
siempre ella debajo, encima, o lejos de la
cabeza.
Por eso, ver es la única:
ser lo que veo, lo feo,
ver lo que somos:
¡El mundo es nuestra muda acomodación
a la fealdad que calza la vida
mientras el hueso se desnuda!
No sé qué escribo, digo: sé
lo que dije, es lo que soy yo, y lo que veo:
lo feo de espejo, este recorte
nuestro de cada diario
es el terreno de la guerra
acotado. ¡Esos son muertos!
¡Qué muertos válidos
los de la guerra..!
No muertos pálidos
de sida de hospital
de amargura, de tristes,
o de tos, de su dosis letal
de excitantes, calmantes,
publicidades, medios.
Éste es un viaje hacia la paz
doméstica: la lectura
del diario, el dormir
diario, y el ovario —mensual,
oblando— y el matrimonio
hablando de la fealdad
más allá de la puerta
y del peligro e hijos
más allá de puerta
y el consumo mensual
y las salidas semanales
los fines de semana
y la finalidad de la semana:
medir con su fealdad
el tiempo de los hombres.
Éste es el carro de la vida
atascado en los días
de la semana de la vida.
Los siete días de la vida,
sus manchas rojas
y las luces del aire
que ya no sé por qué
laten así al mirar
apagándose, con el pulso de toda la fealdad
que nos devuelve a la vida.
el mundo, esta mujer insoportable
y el destino de empujar el carrito
del mundo —insoportable—
entre los bordes del patrimonio ajeno.
reproduce la belleza del verano
con su cámara digital
desde la terraza de un hotel
sobre la tierra intoxicada por la fealdad
del aire.
abonaba el terreno
y las ruedas del carro de la felicidad del mundo
trazaban huellas sobre el terreno
—dispares y sinuosas como la vida—
mientras la felicidad brillaba entre las copas de los árboles
siempre ella debajo, encima, o lejos de la cabeza.
ser lo que veo, lo feo,
ver lo que somos:
a la fealdad que calza la vida
mientras el hueso se desnuda!
lo que dije, es lo que soy yo, y lo que veo:
lo feo de espejo, este recorte
nuestro de cada diario
es el terreno de la guerra
acotado. ¡Esos son muertos!
los de la guerra..!
No muertos pálidos
de sida de hospital
de amargura, de tristes,
o de tos, de su dosis letal
de excitantes, calmantes,
publicidades, medios.
doméstica: la lectura
del diario, el dormir
diario, y el ovario —mensual,
oblando— y el matrimonio
hablando de la fealdad
más allá de la puerta
y del peligro e hijos
más allá de puerta
y el consumo mensual
y las salidas semanales
los fines de semana
y la finalidad de la semana:
medir con su fealdad
el tiempo de los hombres.
atascado en los días
de la semana de la vida.
sus manchas rojas
y las luces del aire
que ya no sé por qué
laten así al mirar
apagándose, con el pulso de toda la fealdad
que nos devuelve a la vida.
(Del Libro: Poesía completa,Alfaguara, 2016) Fogwill
Rodolfo Enrique Fogwill, más conocido como simplemente
Fogwill, nació en Buenos Aires en 1941 y murió en la misma ciudad en 2010. Sociólogo. Profesor titular de la Universidad
de Buenos Aires, editor de una legendaria colección de libros de poesía,"Tierra Baldía". Ensayista y columnista especializado en temas de comunicación, literatura y
política cultural. Es autor de las novelas Los pichiciegos
(1983), La buena nueva de los Libros del Caminante (1990), Una pálida
historia de amor (1991), Vivir afuera (1998), La experiencia
sensible (2001), En otro orden de cosas (2002), Urbana (2003)
y Un guión para Artkino (2008); de los libros de poemas El efecto de
realidad (1980), Las horas de citar (1980), Partes del todo (1991),
Lo dado (2001), Canción de paz (2002) y Ultimos movimientos
(2004); reunidos en el volumen de Alfaguara de su Poesía completa; y de los libros de relatos Música japonesa (1982),
Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985), Restos
diurnos (1993) y Muchacha Punk. (1998), recogidos en Cuentos completos (2009). Sus ensayos e
intervenciones de prensa fueron compilados en Los libros de la guerra
(2008). Su obra narrativa fue traducida al alemán, hebreo, francés, inglés,
portugués y chino mandarín. En 2003 obtuvo la beca Guggenheim y en 2004 el Premio Nacional de Literatura.
Luego de su muerte, Alfaguara publicó su obra inédita: La gran ventana de
los sueños (2013), Nuestro modo de vida (2014) y La introducción
(2015). Pueden LEER uno de sus poemas más célebres AQUÍ: LLAMADO POR LOS MALOS POETAS y otro poema, más uno de sus cuentos y artículos: AQUÍ
jueves, 2 de julio de 2026
EXILIO
Exilio
Estas colinas son arenosas. Los árboles aquí
son enanos. Los
cuervos
Graznan tristemente en cielos de un brillo
árido,
Se quejan en pinos polvorientos. Un amanecer
amarillo
Ilumina en las vastas laderas pardas un rocío
helado,
Rocío tan pesado como la lluvia; las huellas
de conejo
se ven claramente en él, como lo harían en la
nieve.
Pero pronto desaparece con el sol, ¿de qué
sirve?
Las casas, en la ladera, o entre árboles
marrones,
Son grises y rugosas. Y los hombres que viven
aquí
Son pequeños y marchitos, como arañas de ojos
grandes.
Trae agua contigo si vas a vivir aquí.
Cisternas frías tintineantes, o pozos tan
profundos
Que uno parece atisbar el Ganges o los Himalayas.
Sí, y trae montañas contigo, blancas,
orientadas hacia la luna,
Montañas de hielo. Tendrás necesidad de estas
Profundidades y picos de humedad y frío.
Trae también, en una jaula de alambre o
mimbre,
Aves de sobra color dorado, que cantarán
Sobre hojas que no se marchiten y acuosas
frutas
Que pesadas cuelguen de largas ramas
melodiosas
En los bosques azul-plata de los valles
profundos.
Yo llevo aquí, ¿cuántos años? Incontables
años.
Mis manos crecen como garras. Mis ojos son
grandes y famélicos.
No traje ningún pájaro, no tengo ninguna cisterna
Donde encontrar la luna, o un río, o nieve.
Algún día, por su ausencia, desplegaré una
tela
Entre dos polvorientas copas de pino y me
colgaré allí
Boca abajo, como una araña, mecida tan
suavemente
Como el espíritu de una hoja. Los cuervos
graznarán sobre mí.
Y
todas las noches y todas las mañanas me beberé el rocío.
Verano
Cero absoluto: la cigarra canta:
el verano atrapado en los anillos de la
eternidad:
la roca explota, el planeta muere,
levantaremos con palas nuestras verdades.
La navaja lima el rostro
y en el espejo nuestra carrera fugaz
se ilumina por el relampagueante guiño del
infinito,
que bajo el trueno trata de pensar.
En esta frágil vasija, el granito derrama
los aullidos atemporales como todos al aire
libre
el sensual instante levanta un muro
abierto como el viento, muro sin ser un muro:
mientras sigue obedeciendo a las válvulas y
las perillas
la vascular gramola palpita y solloza
exponiendo esperanza planteando anhelo
proponiendo amor, pero nunca aprendiendo
o sólo aprendiendo en la compuerta cero
como la cigarra del verano el odio final
hielo sin forma en una llanura sin forma
que era y es y sigue siendo.
Cuando no te sorprendes
Cuando no te sorprendes, no te sorprendes,
ni saltas con la imaginación de la luz del
sol a la sombra
o de la sombra a la luz del sol
adaptando el color del miedo o la delicia
a la circunstancia desconcertante
cuando ya no te sorprende
la quietud o la furia del amanecer
la tormentosa subida de la ira del sol
sobre los bordes desgarrados de árboles
torrentes de vida y muerte arrojados
hacia arriba y hacia afuera, hacia dentro y
hacia abajo, hacia el
espacio
o de lo contrario
paz paz paz paz
el zorzal manchado cantando su santo santo
muy escondido en el bosque de la mente
mientras las ramas de luz
se desenrollan lentas
y la superficie del mundo de nuevo sueña con
la noche
como el centro sueña con la luz
cuando tú no te sorprendes
por el aliento y aliento y aliento
la primera respiración inconsciente de la
mañana
el toque del pico del pájaro en el cristal
y no gritas, ven de nuevo
Bendito bendito tú ven de nuevo
o luz o sonido o canto de pájaro o luz
y memoria también o memoria bendita
y maldita con las viejas deudas
que no se quedarían, o se quedan
cuando no te sorprendes
por muerte y muerte y muerte
muerte de la abeja en el narciso
muerte del color en la mejilla del niño
en el pecho de la joven madre
muerte del sentido del tacto de la vista
muerte del deleite
y la muerte interna la noche que gira hacia
dentro
cuando el corazón se endurece con odio e
indiferencia
por odiarse y no amarse
cuando no te sorprendes
por el giro de la rueda o el cambio de
estación
el carro alado y orbitado de la inclinación
del tiempo
la pausa feliz, la cesura azul de la
primavera
y la rima solar
tejida en el nido divinamente recordado
por el amor de ojos oscuros en el pecho de la
oropéndola
y las mareas del espacio tocan el timbre del
corazón
mientras todavía, mientras quieta, la ola del
mundo invisible
rompe dentro de la conciencia en la mente de
dios
luego da la bienvenida a la muerte y es
benignamente
bienvenido por la muerte
y se une de nuevo en el incesante no saber
de donde te despiertas a la primera sorpresa.
El saltamontes
Saltamontes
saltamontes
todo el día
te oímos rasgar en la guitarra
el canto estival
como
oxidados
violines
en
el
césped
cuando a través
del sendero
de la pradera
pasamos
tales piernas cómicas
tales graciosos pies
y nos preguntamos
lo que comes
tal vez una sola gota de rocío
bebida a sorbos de una hoja de trébol haría
que entonces alto en el aire
otra vez saltaras
para caer de nuevo en el pasto
y cantar.
(Del libro: Antología de
poetas laureados
estadounidenses-1937-2018-;Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)
Conrad Aiken
(Traducción: Luis Alberto Ambroggio)
Conrad Potter Aiken nació en 1889, en Savannah,
Georgia y murió en Savannah,
en 1973. Poeta
estadounidense. El asesinato de su madre
por parte de su padre y el suicidio de éste, cuando Aiken tenía once años,
tuvieron un profundo impacto en su desarrollo y su percepción de la vida. Lo
refleja su autobiografía Ushant (1952), así como la frecuencia con la
que trata temas psicológicos, con toques freudianos, en textos introspectivos
en los que la metáfora del viaje significa el recorrido hacia la autoestima y
el conocimiento identitario. Fue criado por familiares en Massachusetts y se
graduó en Letras (ba) en la Universidad de Harvard en 1912, al mismo tiempo
que T.S. Eliot y E.E. Cummings. El famoso filósofo Jorge Santayana fue su
mentor. Durante este periodo se desempeñó como editor asociado de la revista Dial,
al tiempo que mantuvo una relación de amistad con Ezra Pound, cuya estética
habría de nutrirlo tanto como su estilo, muchas veces a manera de homenaje,
bajo la influencia de poetas como Henry y William James, Walt Whitman, los
simbolistas, los románticos ingleses, Edgar Alian Poe, así como su relación con
William Carlos Williams y Robert Penn Warren.Autor de más de treinta poemarios,
algunas de sus obras son: The Jig ofForslin (1916), Charnel Rose (1918), Selected Poems (1929, Premio Pulitzer en 1930), Brownstone Eclogues (1942), The Kid (1947), Collected Poems (Premio Nacional del Libro en 1953), y Collected Poems 1916-1970 (1970). Aiken fue el noveno Consultor de Poesía de la
Biblioteca del Congreso (Poeta Laureado) durante el periodo 1950-52. Entre
otros reconocimientos que se le otorgaron figuran el Premio Bollingen, la
Medalla de Oro en Poesía de la Academia Estadounidense de las Artes y las
Letras, y la Medalla Nacional de Literatura. A pesar de que Louis Untermeyer afirmara que Aiken es «el más conocido poeta no leído del siglo veinte»,
vale la pena destacar la influencia que ejerció sobre el joven escritor inglés Malcolm Lowry, autor de Bajo el volcán,
novela casi autobiográfica acerca de la estadía en México de los dos hombres. Pueden
LEER otros poemas del autor: AQUÍ
martes, 30 de junio de 2026
TAPAS DE ALCANTARILLA
Tapas de alcantarilla
La belleza de las tapas de alcantarilla...
¿qué hay de eso?
Como medallas magulladas por el salvaje Gran
Khan,
Como piedras del calendario maya,
inamovibles, indescifrables,
No como el viejo electrón, perseguido y
apuntado,
Consignado y esculturado para un giro
Pero marcado y caracoleado y embolsado y
aplastado
Con los nombres de las grandes compañías
(Belén amable, sonriente Estados Unidos).
Este artefacto inoxidable de mi calle
Permanecerá mucho después de que se derritan
los caminos
Al lado de la tumba del viejo mundo de
hierro,
Mordido en sus límites,
Poderoso en su críptico americano,
Su belleza obsoleta.
Hombre sobre ruedas
Los autos son malvados, piensan los poetas.
Craso error. Los autos son parte del hombre.
Los autos son biológicos.
Un hombre sin auto es como una almeja sin
coraza.
De acuerdo, la maquinaria es un infierno,
Pero un hombre sin coche es descuidado e
indefenso.
Ford es la piel del animal actual.
El automóvil es el caparazón.
Consigue un caparazón o si no ya verás.
La mujer del afinador de pianos
Esa nota sale clara, como el agua fluyendo
clara,
Luego, la siguiente nota más alta, y arriba y
arriba
Y cada vez más arriba, con un acorde de vez
en cuando,
Las notas más altas, como tocando un azulejo
con un martillo,
De vez en cuando un arpegio, un tema
Como si el teclado le hablara a una única
tecla,
Diciendo «ningún intervalo es exactamente
cierto»
Y la nota lloriquea suavemente y luego canta
de verdad.
Ella se sienta en el sofá leyendo un libro
que ha traído,
Un rayo de sol en su pelo blanco.
Está aquí porque él es ciego. Ella conduce.
Es casi un cliché decir
Que ella lo lleva de piano en piano.
Y esto continúa por alrededor de una hora,
Edificando puentes desde ambos lados del
vacío,
Orillando los desfiladeros de las armonías.
Y en conclusión,
Cuando ya no hay disentimiento audible,
Él toca su canción completa de teclado,
El fuerte, orgulloso paradigma,
La única obra de arte sin contenido.
(Del libro: Antología de
poetas laureados estadounidenses-1937-2018-;Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe) Karl Shapiro
(Traducción: Luis Alberto
Ambroggio)
Karl Shapiro (nació en Baltimore en 1913 y
murió en Nueva York en 2000.) Fue un poeta estadounidense. Sirvió en el Ejército durante la Segunda Guerra
Mundial. La poesía de Shapiro que comenzó a publicarse a lo largo de la guerra
forma parte de sus más reconocidos volúmenes: Person, Place, and
Thing (1942), Place of Love (1943), Essay on Rime (1945) y V-Letter
and Other Poems (1945), que ganó el Premio Pulitzer. Fue nombrado quinto
Consultor de Poesía de la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureado) para el
periodo 1946-1947.Obtuvo muchos otros reconocimientos. Shapiro fue editor de la
revista Poetry entre 1948 y 1950 y miembro de la Facultad de la
Universidad de Nebraska, en la que fungió como editor, durante una década
(1956-1966), de la publicación Prairie Schooner. En dicha publicación
incluyó textos de importantes poetas del siglo xx como Richard Eberhart,
Josephine Jacobsen, Josephine Miles, John Frederick Nims, Octavio Paz y
William Carlos Williams. Además de las obras ya citadas, cabe mencionar, entre
otras, Trial of a
Poet (1947), The
Bourgeois Poet (1964), Adult Bookstore (1976), Collected Poems,
1940-1977 (1978), Poet: Volume 1: The Younger Son (1988), así como sus ensayos In Defense of Ignorance (i960), To Abolish Children and
Other Essays (1968), The Poetry Wreck (1975), su libro de ficción Edsel (1971) y la autobiografía Reports of My Death (1990).
domingo, 28 de junio de 2026
ENSÉÑANOS A NUMERAR NUESTROS DÍAS
«Enséñanos a numerar nuestros días»
En el antiguo barrio, cada salón funerario
es más sofisticado que el anterior.
Los callejones huelen a policías, las
pistolas chocando contra sus
muslos,
cada cámara acerada con una delgada bala
azul.
Balcones de alquiler barato apilados hasta el
cielo.
Un niño juega al tres en raya en una luna
atravesada por antenas de televisión, sueña
que se ha tragado un frijol azul.
Se enraíza en su intestino, brota
y se enrama hacia arriba, las enredaderas
ondulándose
alrededor de las tomas y cerrándolas.
¿Y este cielo, anudándose como una corbata
oscura?
El patrullero, desinteresado, sostiene todos
los frijoles.
Agosto. Las mamás asienten con la cabeza,
cada una con un
corazón espinoso en la manga.
El esclavo de la casa
La primera bocina alza su brazo sobre la
hierba con luz de rocío
y en los barrios de esclavos hay un susurro;
los niños están aglutinados en delantales,
pan de maíz
y se agarraron las calabazas de agua, se
tomaron unas chuletas de
cerdo con sal.
Los veo conducidos a lo impreciso antes del
amanecer
mientras su amante duerme como un
escarbadientes de marfil
y Massa sueña con culos, ron y funk de
esclavos.
No puedo dormirme de nuevo. En el segundo
bocinazo,
el látigo se riza en la espalda de los
rezagados;
a veces la voz de mi hermana, inconfundible,
entre ellos.
«¡Oh! reza», llora, «¡Oh, reza!». En esos
días
yo me acuesto en mi cama, temblando en el
calor temprano,
y así como los campos se abren hasta la
blancura,
y se derraman como abejas entre las gruesas
flores,
yo lloro. Todavía no es de día.
Canario
para
Michael S. Harper
La voz ronca de Billie Holiday
poseía tantas sombras como luces,
un candelabro afligido contra un piano
elegante,
la gardenia era su firma bajo esa cara
arruinada.
(Ahora estás guisando, de la batería al bajo,
cuchara mágica, aguja mágica.
Toma todo el día, si te hace falta,
con tu espejo y tu pulsera de canto).
El hecho es que el invento de las mujeres
acorraladas
ha servido para agudizar el amor al servicio
del mito.
Si no puedes ser libre, sé un misterio.
Perséfone cayéndose
Un narcisista en medio de ordinarias y
hermosas
flores... ¡Una flor como ninguna otra! Ella
jaló,
se inclinó para jalar con más fuerza...
cuando, saliendo fuera de la tierra
en su reluciente y terrible
carruaje, él exigió su pago.
Se acabó. Nadie la oyó.
¡Nadie! Se había desviado de la manada.
(Recuerda: ve derecho a la escuela.
¡Esto es importante, déjate de tonterías!
No contestes a extraños. Pégate
a tus compañeros de juegos. Mantén tus ojos
hacia abajo).
Así de fácil el abismo
se
abre. Es así como un pie se hunde en la tierra.
Dorada y exitosa canción
Llegué temprano a casa, sólo para
estancarme en el camino de entrada, meciéndome
al volante como una pianista ciega atrapada
por una canción
diseñada para que más de dos manos la toquen.
La letra era fácil, canturreada
por una muchacha que se moría por vivir, por
hallar
un sufrimiento suficientemente majestuoso
para sobrevivir. Apagué el aire
acondicionado,
me recliné para flotar en una capa de sudor,
y escuché su sentimiento:
Chico, ¿adónde fue nuestro amor? Un lamento
que digerí con apetito,
sin la menor idea de quién pudiera ser
mi amante, o dónde empezar a buscarlo.
Del libro: Antología de poetaslaureados estadounidenses-1937-2018-;Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)
Rita Dove
(Traducción: Luis Alberto Ambroggio)
Rita
Dove nació en 1952 en Akron, Ohio, E.E.U.U. Debutó literariamente en 1980 con la
publicación de su poemario The Yellow House on the Comer, que exhibe su
peculiaridad de combinar la historia y los eventos sociopolíticos con detalles
individuales y familiares, lo cual se observa a lo largo de su larga producción
literaria y puede comprobarse en algunas de sus obras: la novela en verso Thomas
and Beulah (1986), que ganó el Premio Pulitzer y fue convertida en ópera,
estrenada en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago en 2001, así como On
the Bus with Rosa Parks (1999), finalista del Premio Nacional del Círculo
de Críticos Literarios, y Sonata Mulattica (2009). El acervo de libros
de poesía que Dove nos ha legado incluye, asimismo, Grace Notes (1989), Se-
lected Poems (1993), Mother Love (1995), American Smooth
(2004), en el que refleja sus experiencias sobre el baile de salón (al
respecto, Emily Nussbaum dijo acerca de la autora: «Para Dove, el baile es un
paralelo explícito de la poesía»), y Collected Poems 1974-2004 (2016),
finalista del Premio Nacional del Libro. Dove fue nombrada Poeta Laureada para
el periodo 1993-1995 , ha recibido numerosos reconocimientos. Actualmente es profesora de inglés en la
Universidad de Virginia, donde enseña desde 1989.
Pueden LEER otros poemas de la autora: AQUÍ
viernes, 26 de junio de 2026
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