sábado, 4 de julio de 2026

EL EFECTO DE LA REALIDAD


Selección de “EL EFECTO DE LA REALIDAD” -1959-1979-

 
Retrato de Laura
 
Una persona de rota mirada
si viene a ser una mujer
escrita por un hombre
como generalmente ocurre en un poema
pone fuego a la punta
del cigarrillo
y mira hacia el autor
imaginándolo entero
grotescamente entero
dando lugar
a una profunda decepción
por parte del otro.
 
 
El efecto de realidad
 
Se trata de tomar la realidad.
A falta de.
Eso aquí: tener
la realidad. (¡Oh flash!)
¡Tener! O algo que dé noción de realidad
ganas de realidad, ¡oh rey!
 
Tener la realidad.
O el truco de creer
en cosa tocada a otra.
Señoras; Dioses;
allí donde haya o quepa verso
trato.
 
Muchos tratan.
y uno trató, trató, trató
marcó el famoso paso de tratar y se fue.
 
Otros: ¿Maltratan?
¿Es cierto que han dicho que dicen que dijeron que
Dichos maltratan…?¿Restan
aún tratos que sólo a duras penas entran
y pese a todo en la famosa
realidad?
 
¿O es que alguien cree
en la limpia mano
abusiva
de esa poesía
abusadora?
 
 
El camino del cisne
 
 
Saludo a la armonía que surge del reconocimiento del espejismo
del orden, del espejismo de la armonía.
 
Un logro. Puedo canjear mi vida por un logro; mi corazón
por un efecto nítido sobre mi corazón.
 
Hay sol, abundancia de sol y grandes simuladores de la
alegría suceden con frecuencia. Hay un arte de sostener 

indefinidamente, a la altura de los ojos, la desazón,
la displicencia y aun el asombro del goce reiterado de
la desazón.
 
Varado en un poema por años.
 
Saludo a esa áspera señora dentro de mí que insiste con su
show.
 
Hay un arte de sostener por horas cierto registro de la voz que persevera en reflejar la opacidad, la opacidad del día a pesar
de todo.
 
Varado en una gama, en un tic, por años.
Hay un arte para la clasificación y el cotejo de las pruebas
del que resulta un orden arbitrario que da lugar a imágenes de orden en el consumidor desprevenido.
 
 
De: “PARTES DEL TODO” -1985-1997-
 
Versión (de “Diálogos del aire”)
por Once
 
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos poumons
Descende, fleuve invisible avec des sourdes plaintes.
 
Fumar: quemar un tiempo acumulado
por el trabajo humano en el tabaco.
Colmar la nada que parece el aire
con las formas del humo controlable.
Llenar todo vacío con los sueños
de otros que por ajenos son más nuestros.
Tramar con las imágenes triviales
de los medios, nuestras escenas reales.
Placer pequeño, humano, tolerable.
Social, fiscalizado, numerable.
Fumar: desear que lleva hacia un deseo
de volver a desear buscando el nuevo
desear que nunca cese y siga ardiendo
y en sed que arda insaciada arder viviendo.
 
 
Versión (de “Diálogos del aire)
 
por Catorce
 
Et, quand nous respirons, la Mort dans nos poumons
Descende, fleuve invisible avec des sourdes plaintes.
 
El placer de fumar, el placer de quemar
lo que nos llega sólo para ser consumido
y en eso se consuma. El placer de encontrar
en la nada del aire un sabor conocido
un aroma sin nombre, conocido, habitual.
El placer del colmar el aire, este vacío
con el cuerpo del humo que se disolverá
en la nada del aire cesando, convertido
en deseo de volver a desear y volver
otra vez a desear persiguiendo un deseo
intacto que no cese ni se apague al prender
la brasa y que arda en ella convertido en un fuego
ínfimo y casi interior y casi eterno y lento
como el hombre, aspirado desde un vacío del tiempo.
 
 
De: CANCIÓN DE PAZ (2002)
 
Poema de los días
 
 
Poema de los días
Es la poesía del movimiento:
la conversión del movimiento en cosas
de pensar: la utilidad del tiempo,
el gasto humano, la recuperación
de la materia y la gradual desaparición
de todo lo que hay.
 
Ay el día y toda su luz...
 
Ah... Y las noches
partes indispensables de lo que era.
 
Y el contenido de lo que habría que ver:
el deber-ver ahí conteniéndonos.
 
Ay, sí: ahí en nosotros,
aquí en un puesto que ocupamos eventualmente,
el deber-ver como una orden que nos ordena.
 
En fila vamos con el día.
 
En su girar-con, o encima de nosotros.
No encima nuestro, porque lo nuestro se perdió
como el pan nuestro y el amor nuestro de cada minucioso
           recorrido
de este girar ajeno que representa el día.
 
Mirábamos el día
y ellos miraban las estrellas y los planetas
y proyectaban cálculos, causas, órbitas, fuerzas y relaciones.
(¿Y qué serán las fuerzas?)
La fuerza estaba en la razón
La fuerza estaba en la comida.
La fuerza estaba en el olor de los nenes y en los bebés.
 
Allí en la leche estaba aunque lo niegues.
En el aliento, en este brazo, en la respiración,
aunque lo niegues.
 
Pero mirábamos el día
y ellos miraban el universo imaginándolo una esfera
veteada de órbitas
e imaginaban fuerzas.
Era su modo de mirar el día.
 
¿Entienden? —preguntaban.
Y uno acataba la orden de entender
y así le contagiaban el universo.
 
Uno más, contagiado, yo.
El universo para no ver el día...
Yo, para no ver el día.
(Para enterrarme allí en el día y no verlo y que el día
me arrastre junto a todos con él y así enterarme, tarde
de que vivir
es
no mirar
el día:
obedecer.)
 
Desobedezco: miro
el día en el poema de los días.
El día entero: un movimiento
de retorno del cielo y el aire.
Lo azul, el gris, el terciopelo
cribado de las noches.
 
Todo retorna y cambia y permanece.
 
Todo:
ahí ir, desentenderse y darse
al movimiento circular del día.
Arrastrarse hacia el este, al alto este
para después subir hacia la noche y seguir
progresando por ella hasta la aparición del sol.
 
El sol vuelve a salir y estamos en el día.
No quiero que hoy vayamos al cine ni que nada
interrumpa este viaje hacia el este
en el poema de los días.
 
¿Te imaginás los días enteros viajes hacia lo alto del este,
sin enterarnos de otra cosa que de nuestro ir hacia adelante
y de la eternidad de este caer?
 
¿Te imaginás los días enteros

sin la más puta noticia de diarios ni de radios y sin 
las putas interpretaciones de la televisión?

 
Todo está bien mamá: si vos querés, improvisemos
para este día una falsa fiesta con putas y bebidas
total el día seguirá hacia adelante.
Pero que el mundo no venga a interrumpir la vigilia del día
ni la verdad del día.
 
Porque en el poema de los días
el día nos concierne, el mundo no.
El mundo viene concernido y por otros.
¿Dale que así no lo queríamos?
 
El mundo, el mundo, esa inmundicia de cosas predispuestas
para olvidar el día y lo que somos.
Vayamos con el día y si querés
hagamos una fiesta con falsos amigos que beban con nosotros
y escuchemos el mundo
pero mirémoslo caer hacia el este a lo alto e irse con el día.
 
El trapo negro de la noche se lleva a los amigos.
Giran, desparecen, caen sobre el mundo.
Se cargan de noticias, deberes y movimiento errático.
Se pierden los amigos.
 
En el poema de los días
se pierden todos los amigos.
También nosotros
nos perderemos, disueltos entre las rotaciones
de tanta luz y tanta oscuridad sucediéndose.
 
Pero estamos aquí.
Todavía aún estaremos aquí, llevados por el día
y nadie más.
 
¡Unico viaje el día!
 
Pisar descalzos sobre el día.
 
Oír solamente el día, lo más humano.
Atender-entender el silencio del día
la obstinación callada del girar.
 
Somos un ruido que desaparece.
 
¡Ay día a día la apariencia del día...!
 
¿Dónde estaremos? ¿Dónde estoy?
¿Dónde estás en el hoy?
¿Dónde sos otro en el otrora
de todos los momentos?
¿Dónde más preguntar?
 
Todo está bien, pero pensemos:
por un rato pensemos la posibilidad
de salir. Sin ir más lejos, pen-
­semos en la nieve, en el mar,
en un puerto, la bahía con su fon­-
do de montañas, las barran-
­cas que bajan por los acantila-
­dos de piedras y una cale-
­ta de pescadores reciclada
para el turismo. Micro-
casitas de pescadores recicladas
para el turismo. Por fuera, paredes de tablones,
techos de cinc pintarrajeados, y adentro el aire
acondicionado central de la red
hotelera: el primer mundo
en el puertito.
Imaginémoslo.
Imaginémonos, por un instante
salir...
 
Y esas playas...
Las pequeñas bahías de aguas templadas con
sus fondos de arena y piedra: peces.
 
Prefiero el día.
Quedarme en este ni siquiera aquí del día.
 
Si a mí no me trajeron al mundo.
Si yo era el mundo y me trajeron a un día
que insiste y permanece.
 
Son nuestros días permaneciendo, y llevan
todo y voy ya
con ellos.
 
Así con ellos voy, yo
en el día el día.



De: GENTE MUY FEA
 
El encuentro de la fealdad
 
No es lo feo: es lo que veo:
el mundo, esta mujer insoportable
y el destino de empujar el carrito
del mundo —insoportable—
entre los bordes del patrimonio ajeno.
 
Y el matrimonio, ajeno a todo,
reproduce la belleza del verano
con su cámara digital
desde la terraza de un hotel
sobre la tierra intoxicada por la fealdad
del aire.
 
Ah... Ahí era un viaje a la felicidad.
 
La muerte, pero, por debajo,
abonaba el terreno
y las ruedas del carro de la felicidad del mundo
trazaban huellas sobre el terreno
—dispares y sinuosas como la vida—
mientras la felicidad brillaba entre las copas de los árboles
siempre ella debajo, encima, o lejos de la cabeza.
 
Por eso, ver es la única:
ser lo que veo, lo feo,
ver lo que somos:
 
             ¡El mundo es nuestra muda acomodación
             a la fealdad que calza la vida
             mientras el hueso se desnuda!
 
No sé qué escribo, digo: sé
lo que dije, es lo que soy yo, y lo que veo:
lo feo de espejo, este recorte
nuestro de cada diario
es el terreno de la guerra
acotado. ¡Esos son muertos!
 
¡Qué muertos válidos
los de la guerra..!
No muertos pálidos
de sida de hospital
de amargura, de tristes,
o de tos, de su dosis letal
de excitantes, calmantes,
publicidades, medios.
 
Éste es un viaje hacia la paz
doméstica: la lectura
del diario, el dormir
diario, y el ovario —mensual,
oblando— y el matrimonio
hablando de la fealdad
más allá de la puerta
y del peligro e hijos
más allá de puerta
y el consumo mensual
y las salidas semanales
los fines de semana
y la finalidad de la semana:
                medir con su fealdad
                el tiempo de los hombres.
 
Éste es el carro de la vida
atascado en los días
de la semana de la vida.
 
Los siete días de la vida,
sus manchas rojas
y las luces del aire
que ya no sé por qué
laten así al mirar
apagándose, con el pulso de toda la fealdad
que nos devuelve a la vida.
 
 

(Del Libro:  Poesía completa,
Alfaguara, 2016)
 
Fogwill
 
 
 
 
Rodolfo Enrique Fogwill, más conocido como simplemente Fogwill, nació en Buenos Aires en 1941 y murió en la misma ciudad en 2010.  Sociólogo. Profesor titular de la Universidad de Buenos Aires, editor de una legendaria colección de libros de poesía,"Tierra Baldía". Ensayista y columnista especializado en temas de comunicación, literatura y política cultural.  Es autor de las novelas Los pichiciegos (1983), La buena nueva de los Libros del Caminante (1990), Una pálida historia de amor (1991), Vivir afuera (1998), La experiencia sensible (2001), En otro orden de cosas (2002), Urbana (2003) y Un guión para Artkino (2008); de los libros de poemas El efecto de realidad (1980), Las horas de citar (1980), Partes del todo (1991), Lo dado (2001), Canción de paz (2002) y Ultimos movimientos (2004); reunidos en el volumen de Alfaguara de su Poesía completa;  y de los libros de relatos Música japonesa (1982), Ejércitos imaginarios (1983), Pájaros de la cabeza (1985), Restos diurnos (1993) y Muchacha Punk. (1998), recogidos en Cuentos completos (2009). Sus ensayos e intervenciones de prensa fueron compilados en Los libros de la guerra (2008). Su obra narrativa fue traducida al alemán, hebreo, francés, inglés, portugués y chino mandarín. En 2003 obtuvo la beca Guggenheim y en 2004 el Premio Nacional de Literatura. Luego de su muerte, Alfaguara publicó su obra inédita: La gran ventana de los sueños (2013), Nuestro modo de vida (2014) y La introducción (2015).
 
Pueden LEER uno de sus poemas más célebres AQUÍ: LLAMADO POR LOS MALOS POETAS y otro poema, más uno de sus cuentos  y artículos: AQUÍ


 

jueves, 2 de julio de 2026

EXILIO



Exilio

Estas colinas son arenosas. Los árboles aquí son enanos. Los         
cuervos

Graznan tristemente en cielos de un brillo árido,
Se quejan en pinos polvorientos. Un amanecer amarillo
Ilumina en las vastas laderas pardas un rocío helado,
Rocío tan pesado como la lluvia; las huellas de conejo
se ven claramente en él, como lo harían en la nieve.
Pero pronto desaparece con el sol, ¿de qué sirve?
Las casas, en la ladera, o entre árboles marrones,
Son grises y rugosas. Y los hombres que viven aquí
Son pequeños y marchitos, como arañas de ojos grandes.
 
 
Trae agua contigo si vas a vivir aquí.
Cisternas frías tintineantes, o pozos tan profundos
Que uno parece atisbar el Ganges o los Himalayas.
Sí, y trae montañas contigo, blancas, orientadas hacia la luna, 

Montañas de hielo. Tendrás necesidad de estas
Profundidades y picos de humedad y frío.
 
Trae también, en una jaula de alambre o mimbre,
Aves de sobra color dorado, que cantarán
Sobre hojas que no se marchiten y acuosas frutas
Que pesadas cuelguen de largas ramas melodiosas
En los bosques azul-plata de los valles profundos.
 
Yo llevo aquí, ¿cuántos años? Incontables años.
Mis manos crecen como garras. Mis ojos son grandes y famélicos. 

No traje ningún pájaro, no tengo ninguna cisterna
Donde encontrar la luna, o un río, o nieve.
 
Algún día, por su ausencia, desplegaré una tela
Entre dos polvorientas copas de pino y me colgaré allí
Boca abajo, como una araña, mecida tan suavemente
Como el espíritu de una hoja. Los cuervos graznarán sobre mí.
 Y todas las noches y todas las mañanas me beberé el rocío.
 
 
 
Verano
 
Cero absoluto: la cigarra canta:
el verano atrapado en los anillos de la eternidad:
la roca explota, el planeta muere,
levantaremos con palas nuestras verdades.
 
La navaja lima el rostro
y en el espejo nuestra carrera fugaz
se ilumina por el relampagueante guiño del infinito,
que bajo el trueno trata de pensar.
 
En esta frágil vasija, el granito derrama
los aullidos atemporales como todos al aire libre
el sensual instante levanta un muro
abierto como el viento, muro sin ser un muro:
 
mientras sigue obedeciendo a las válvulas y las perillas
la vascular gramola palpita y solloza
exponiendo esperanza planteando anhelo
proponiendo amor, pero nunca aprendiendo
o sólo aprendiendo en la compuerta cero
como la cigarra del verano el odio final
hielo sin forma en una llanura sin forma
que era y es y sigue siendo.
 
 
 
Cuando no te sorprendes
 
Cuando no te sorprendes, no te sorprendes,
ni saltas con la imaginación de la luz del sol a la sombra
o de la sombra a la luz del sol
adaptando el color del miedo o la delicia
a la circunstancia desconcertante
cuando ya no te sorprende
la quietud o la furia del amanecer
la tormentosa subida de la ira del sol
sobre los bordes desgarrados de árboles
torrentes de vida y muerte arrojados
hacia arriba y hacia afuera, hacia dentro y hacia abajo, hacia el                  

    espacio
o de lo contrario
paz paz paz paz
el zorzal manchado cantando su santo santo
muy escondido en el bosque de la mente
mientras las ramas de luz
se desenrollan lentas
y la superficie del mundo de nuevo sueña con la noche
como el centro sueña con la luz
cuando tú no te sorprendes
por el aliento y aliento y aliento
la primera respiración inconsciente de la mañana
el toque del pico del pájaro en el cristal
y no gritas, ven de nuevo
Bendito bendito tú ven de nuevo
o luz o sonido o canto de pájaro o luz
y memoria también o memoria bendita
y maldita con las viejas deudas
que no se quedarían, o se quedan
cuando no te sorprendes
por muerte y muerte y muerte
muerte de la abeja en el narciso
muerte del color en la mejilla del niño
en el pecho de la joven madre
muerte del sentido del tacto de la vista
muerte del deleite
y la muerte interna la noche que gira hacia dentro
cuando el corazón se endurece con odio e indiferencia
por odiarse y no amarse
cuando no te sorprendes
por el giro de la rueda o el cambio de estación
el carro alado y orbitado de la inclinación del tiempo
la pausa feliz, la cesura azul de la primavera
y la rima solar
tejida en el nido divinamente recordado
por el amor de ojos oscuros en el pecho de la oropéndola
y las mareas del espacio tocan el timbre del corazón
mientras todavía, mientras quieta, la ola del mundo invisible
rompe dentro de la conciencia en la mente de dios
luego da la bienvenida a la muerte y es benignamente
          bienvenido por la muerte
y se une de nuevo en el incesante no saber
de donde te despiertas a la primera sorpresa.
 


El saltamontes

 
Saltamontes
saltamontes
todo el día
te oímos rasgar en la guitarra
el canto estival
          como
                oxidados
                           violines
                                        en
                                 el
                césped
cuando a través
               del sendero
                         de la pradera
                              pasamos
tales piernas cómicas
tales graciosos pies
y nos preguntamos
lo que comes
tal vez una sola gota de rocío
bebida a sorbos de una hoja de trébol haría
que entonces alto en el aire
          otra vez saltaras
                para caer de nuevo en el pasto
                             y cantar.
 
 
(Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)
 
 Conrad Aiken

                             (Traducción: Luis Alberto Ambroggio)
 
 
Conrad  Potter Aiken nació en 1889, en Savannah, Georgia y murió en Savannah, en 1973. Poeta estadounidense.  El asesinato de su madre por parte de su padre y el suici­dio de éste, cuando Aiken tenía once años, tuvieron un profundo impacto en su desarrollo y su percepción de la vida. Lo refleja su autobiografía Ushant (1952), así como la frecuencia con la que trata temas psicológicos, con toques freudianos, en textos intros­pectivos en los que la metáfora del viaje significa el recorrido ha­cia la autoestima y el conocimiento identitario. Fue criado por familiares en Massachusetts y se graduó en Le­tras (ba) en la Universidad de Harvard en 1912, al mismo tiempo que T.S. Eliot y E.E. Cummings. El famoso filósofo Jorge Santayana fue su mentor. Durante este periodo se desempeñó como editor asociado de la revista Dial, al tiempo que mantuvo una relación de amistad con Ezra Pound, cuya estética habría de nutrirlo tanto como su estilo, muchas veces a manera de homenaje, bajo la in­fluencia de poetas como Henry y William James, Walt Whitman, los simbolistas, los románticos ingleses, Edgar Alian Poe, así como su relación con William Carlos Williams y Robert Penn Warren.Autor de más de treinta poemarios, algunas de sus obras son: The Jig ofForslin (1916), Charnel Rose (1918), Selected Poems (1929, Premio Pulitzer en 1930), Brownstone Eclogues (1942), The Kid (1947), Collected Poems (Premio Nacional del Libro en 1953), y Collected Poems 1916-1970 (1970). Aiken fue el noveno Consultor de Poesía de la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureado) durante el periodo 1950-52. Entre otros reconocimientos que se le otorgaron figuran el Premio Bollingen, la Medalla de Oro en Poesía de la Academia Estadouni­dense de las Artes y las Letras, y la Medalla Nacional de Literatura. A pesar de que Louis Untermeyer afirmara que Aiken es «el más conocido poeta no leído del siglo veinte», vale la pena destacar la influencia que ejerció sobre el joven escritor inglés Malcolm Lowry, autor de Bajo el volcán, novela casi autobiográfica acer­ca de la estadía en México de los dos hombres.
Pueden LEER otros poemas del autor:  AQUÍ
 

martes, 30 de junio de 2026

TAPAS DE ALCANTARILLA


Tapas de alcantarilla
 
La belleza de las tapas de alcantarilla... ¿qué hay de eso?
Como medallas magulladas por el salvaje Gran Khan,
Como piedras del calendario maya, inamovibles, indescifrables,
No como el viejo electrón, perseguido y apuntado,
Consignado y esculturado para un giro
Pero marcado y caracoleado y embolsado y aplastado
Con los nombres de las grandes compañías
(Belén amable, sonriente Estados Unidos).
Este artefacto inoxidable de mi calle
Permanecerá mucho después de que se derritan los caminos
Al lado de la tumba del viejo mundo de hierro,
Mordido en sus límites,
Poderoso en su críptico americano,
Su belleza obsoleta.
 

 
Hombre sobre ruedas
 
Los autos son malvados, piensan los poetas.
Craso error. Los autos son parte del hombre.
Los autos son biológicos.
Un hombre sin auto es como una almeja sin coraza.
De acuerdo, la maquinaria es un infierno,
Pero un hombre sin coche es descuidado e indefenso.
Ford es la piel del animal actual.
El automóvil es el caparazón.
Consigue un caparazón o si no ya verás.
 
 
 
La mujer del afinador de pianos
 
Esa nota sale clara, como el agua fluyendo clara,
Luego, la siguiente nota más alta, y arriba y arriba
Y cada vez más arriba, con un acorde de vez en cuando,
Las notas más altas, como tocando un azulejo con un martillo,
De vez en cuando un arpegio, un tema
Como si el teclado le hablara a una única tecla,
Diciendo «ningún intervalo es exactamente cierto»
Y la nota lloriquea suavemente y luego canta de verdad.
 
Ella se sienta en el sofá leyendo un libro que ha traído,
Un rayo de sol en su pelo blanco.
Está aquí porque él es ciego. Ella conduce.
Es casi un cliché decir
Que ella lo lleva de piano en piano.
 
Y esto continúa por alrededor de una hora,
Edificando puentes desde ambos lados del vacío,
Orillando los desfiladeros de las armonías.
Y en conclusión,
Cuando ya no hay disentimiento audible,
Él toca su canción completa de teclado,
El fuerte, orgulloso paradigma,
La única obra de arte sin contenido.
 
(Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)
 
Karl Shapiro
 
 
(Traducción: Luis Alberto Ambroggio)
 
 
Karl  Shapiro (nació en Baltimore en 1913 y murió en Nueva York en 2000.) Fue un poeta estadounidense. Sirvió en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. La poesía de Shapiro que comenzó a publicarse a lo largo de la guerra forma parte de sus más reconocidos volúmenes: Person, Place, and Thing (1942), Place of Love (1943), Essay on Rime (1945) y V-Letter and Other Poems (1945), que ganó el Premio Pulitzer. Fue nombrado quinto Consultor de Poesía de la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureado) para el periodo 1946-1947.Obtuvo muchos otros reconocimientos. Shapiro fue editor de la revista Poetry entre 1948 y 1950 y miembro de la Facultad de la Universidad de Nebraska, en la que fungió como editor, durante una década (1956-1966), de la publi­cación Prairie Schooner. En dicha publicación incluyó textos de importantes poetas del siglo xx como Richard Eberhart, Josephine Jacobsen, Josephine Miles, John Frederick Nims, Octavio Paz y William Carlos Williams. Además de las obras ya citadas, cabe mencionar, entre otras, Trial of a Poet (1947), The Bourge­ois Poet (1964), Adult Bookstore (1976), Collected Poems, 1940-1977 (1978), Poet: Volume 1: The Younger Son (1988), así como sus ensa­yos In Defense of Ignorance (i960), To Abolish Children and Other Essays (1968), The Poetry Wreck (1975), su libro de ficción Edsel (1971) y la autobiografía Reports of My Death (1990).


 

domingo, 28 de junio de 2026

ENSÉÑANOS A NUMERAR NUESTROS DÍAS


«Enséñanos a numerar nuestros días»
 
En el antiguo barrio, cada salón funerario
es más sofisticado que el anterior.
Los callejones huelen a policías, las pistolas chocando contra sus    
      muslos,
cada cámara acerada con una delgada bala azul.
 
Balcones de alquiler barato apilados hasta el cielo.
Un niño juega al tres en raya en una luna
atravesada por antenas de televisión, sueña
 
que se ha tragado un frijol azul.
Se enraíza en su intestino, brota
y se enrama hacia arriba, las enredaderas ondulándose
alrededor de las tomas y cerrándolas.
 
¿Y este cielo, anudándose como una corbata oscura?
El patrullero, desinteresado, sostiene todos los frijoles.
 
Agosto. Las mamás asienten con la cabeza, cada una con un           
       corazón espinoso en la manga.
 

 
El esclavo de la casa
 
La primera bocina alza su brazo sobre la hierba con luz de rocío
y en los barrios de esclavos hay un susurro;
los niños están aglutinados en delantales, pan de maíz
y se agarraron las calabazas de agua, se tomaron unas chuletas de          
       cerdo con sal.
Los veo conducidos a lo impreciso antes del amanecer
mientras su amante duerme como un escarbadientes de marfil
 
y Massa sueña con culos, ron y funk de esclavos.
No puedo dormirme de nuevo. En el segundo bocinazo,
el látigo se riza en la espalda de los rezagados;
 
a veces la voz de mi hermana, inconfundible, entre ellos.
«¡Oh! reza», llora, «¡Oh, reza!». En esos días
yo me acuesto en mi cama, temblando en el calor temprano,
 
y así como los campos se abren hasta la blancura,
y se derraman como abejas entre las gruesas flores,
yo lloro. Todavía no es de día.
 
 

Canario
                                              para Michael S. Harper
 
La voz ronca de Billie Holiday
poseía tantas sombras como luces,
un candelabro afligido contra un piano elegante,
la gardenia era su firma bajo esa cara arruinada.
 
(Ahora estás guisando, de la batería al bajo,
cuchara mágica, aguja mágica.
Toma todo el día, si te hace falta,
con tu espejo y tu pulsera de canto).
 
El hecho es que el invento de las mujeres acorraladas
ha servido para agudizar el amor al servicio del mito.
 
Si no puedes ser libre, sé un misterio.
 

 
Perséfone cayéndose
 
Un narcisista en medio de ordinarias y hermosas
flores... ¡Una flor como ninguna otra! Ella jaló,
se inclinó para jalar con más fuerza...
cuando, saliendo fuera de la tierra
en su reluciente y terrible
carruaje, él exigió su pago.
Se acabó. Nadie la oyó.
¡Nadie! Se había desviado de la manada.
 
(Recuerda: ve derecho a la escuela.
¡Esto es importante, déjate de tonterías!
No contestes a extraños. Pégate
a tus compañeros de juegos. Mantén tus ojos hacia abajo).
Así de fácil el abismo
se abre. Es así como un pie se hunde en la tierra.
 

 
Dorada y exitosa canción

Llegué temprano a casa, sólo para
estancarme en el camino de entrada, meciéndome
al volante como una pianista ciega atrapada por una canción 
diseñada para que más de dos manos la toquen.
 
La letra era fácil, canturreada
por una muchacha que se moría por vivir, por hallar
un sufrimiento suficientemente majestuoso
para sobrevivir. Apagué el aire acondicionado,
 
me recliné para flotar en una capa de sudor,
y escuché su sentimiento:
Chico, ¿adónde fue nuestro amor? Un lamento
que digerí con apetito,
 
sin la menor idea de quién pudiera ser
mi amante, o dónde empezar a buscarlo.
 
 

Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)

 Rita Dove

                             (Traducción: Luis Alberto Ambroggio)

 

Rita Dove nació en 1952 en Akron, Ohio, E.E.U.U.  Debutó literariamente en 1980 con la publicación de su poemario The Yellow House on the Comer, que exhibe su peculiari­dad de combinar la historia y los eventos sociopolíticos con detalles individuales y familiares, lo cual se observa a lo largo de su larga producción literaria y puede comprobarse en algunas de sus obras: la novela en verso Thomas and Beulah (1986), que ganó el Premio Pulitzer y fue convertida en ópera, estrenada en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago en 2001, así como On the Bus with Rosa Parks (1999), finalista del Premio Nacional del Círculo de Críticos Literarios, y Sonata Mulattica (2009). El acervo de libros de poesía que Dove nos ha legado incluye, asimismo, Grace Notes (1989), Se- lected Poems (1993), Mother Love (1995), American Smooth (2004), en el que refleja sus experiencias sobre el baile de salón (al respecto, Emily Nussbaum dijo acerca de la autora: «Para Dove, el baile es un paralelo explícito de la poesía»), y Collected Poems 1974-2004 (2016), finalista del Premio Nacional del Libro. Dove fue nombrada Poeta Laureada para el periodo 1993-1995 , ha recibido numerosos reconocimientos.  Actualmente es profesora de inglés en la Universidad de Virginia, donde enseña desde 1989.

 

Pueden LEER otros poemas de la autora: AQUÍ



viernes, 26 de junio de 2026

SOMOS FANTÁSTICOS DE VERDAD

 


Jugadores de billar
Las siete en el bar The Golden Shovel

Somos fantásticos de verdad. Nosotros 
Dejamos la escuela. Nosotros

Merodeamos de noche. Nosotros 
golpeamos directamente. Nosotros

Cantamos al pecado. Nosotros 
rebajamos la ginebra. Nosotros

Jazz en junio. Nosotros 
Morimos pronto.



Construcción de cocineta

Estamos hechos de horas sin lágrimas y el plan involuntario, 
Atenuados y grises. «Sueño» suena vertiginoso, sin la fuerza 
De «renta», «alimentar a una esposa», «satisfacer a un hombre».

Pero podría un sueño ser burlado a través de los humos de 
     cebolla
Su blanca y violeta, lucha con patatas fritas 
Y la basura de ayer madurando en la sala,
Revolotear o cantar un aria por estas habitaciones
Incluso si estábamos dispuestos a que esto entrara, 
había tiempo de calentarlo, mantenerlo muy limpio, 
Anticipar un mensaje, ¿empezamos?

Fantaseamos. ¡Pero no es así! ¡Ni por un minuto! 
Como el Número Cinco ya está fuera del baño, 
Pensamos en agua tibia, esperamos meternos en ella.



Una canción en el jardín delantero

Me he quedado en el jardín delantero toda mi vida.
Quiero echar un vistazo a la parte de atrás
Agreste y desatendida donde crece la mala hierba hambrienta.
Una niña hastiada de una rosa.

Quiero ir al jardín de atrás ahora 
Y tal vez por el callejón,
Donde juegan los niños necesitados.
Quiero pasar un buen día hoy.

Ellos hacen algunas cosas maravillosas.
Tienen un entretenimiento maravilloso.
Mi madre se burla, pero yo digo que está bien 
Como no tiene que irse a las nueve menos cuarto.
Mi madre dice que Johnnie Mae 
Será una mala mujer de mayor.
Que tarde o temprano se llevarán a George a la Cárcel 
(Era invierno y vendió nuestra puerta trasera).
Pero está bien. Honestamente lo digo.
Y también me gustaría ser una mala mujer,
Y usar las provocadoras medias de encaje negro nocturno
Y pasear por las calles con pintura en la cara.



La balada de Rudolph Reed

Rudolph Reed era de roble.
Su esposa también era de roble.
Y sus dos buenas chicas y su buen hombrecito 
Se volvieron de roble mientras crecían.

«No tengo hambre de bayas.
No tengo hambre de pan.
Pero tengo hambre, mucha hambre de una casa 
Donde en la noche un hombre en la cama

»Nunca pueda oír el yeso 
Revolviéndolo como si sintiera dolor.
Nunca pueda escuchar las cucarachas 
Cayendo como lluvia gruesa.

»Donde nunca la esposa y los niños necesiten 
Ir parpadeando a través de la oscuridad.
Donde cada habitación de muchas habitaciones 
Esté llena de espacio.

»Oh, que mi casa pueda tener este u oeste,
O norte o sur detrás de ella.
Todo lo que sé es que la descubriré,
Y lucharé por ella cuando la encuentre».

Llenó su solicitud
en una calle de una blancura amarga.
Pues Rudolph Reed era más de roble 
Que otros en la nación.

La mirada fija y firme del agente 
Corroída en una sonrisa.
¿Por qué tú, viejo negro, maldito viejo pesado,
Mueves a tu familia aquí?

Rudolph Reed apenas esbozó una sonrisa,
Apenas articuló una maldición,
Pero se mudó a su Casa. Con su pequeña y oscura esposa,
Y sus pequeños tres hijos oscuros.

Un vecino miraría con ojos de sorpresa 
Apretujados contra una rendija.
Pero los Rudolph Reed y sus tres niños 
Estaban demasiado contentos para darse cuenta.

¿Por qué no estaban seguros en su propio hogar 
Con ventanas por todas partes
Y una hermosa escalera
Y un patio en frente para flores y un patio atrás para pasto?

En la primera noche, una roca, grande como dos puños.
En la segunda, una roca tan grande como tres.
Pero Rudolph Reed apenas articuló una maldición.
(Pues como hombre podía ser de roble).
La tercera noche, un estallido plateado de vidrio.
La paciencia sufría por aguantar.
Pero él miró y ¡he aquí! Un poco de sangre de la pequeña Mabel 
que manchaba su mirada tan pura.

Entonces subió nuestro Rudolph Reed
Y apretó la mano de su esposa,
Y fue a la puerta con un treinta y cuatro
Y un cuchillo de carnicero bestial.

Corrió como un loco por la noche.
Y las palabras en su boca apestaban.
En el momento de herir al primer hombre blanco 
Ya había dejado de pensar.

En el momento en que hirió al cuarto hombre blanco 
Rudolph Reed estaba muerto.
Sus vecinos se reunieron y patearon su cadáver.
«Negro de mierda» dijeron sus vecinos.

La pequeña Mabel gimió toda la noche 
Por culparse a sí misma de ser la causa.
Su madre con ojos de roble no hizo nada 
Salvo cambiar la gasa ensangrentada.



Langston Hughes

              es pura gloria.

Es hospitalario.
Sin embargo, se agarra a su derecho de girar libremente.

Tiene un largo alcance,
Un discurso fuerte,
Miedos remediadores 
Lágrimas musculares.

Sostiene la horticultura 
En el ojo del buitre,
Enfermiza profesión.
En la Compresión,
En lodo y sangre y muerte súbita,
En la respiración 
Del holocausto él 
Es timonel, hacha, faro.
¡Observa
A uno inquieto en el tiempo exótico! Siempre,
Hasta que el aire se cure de su fiebre.


(Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)

Gwendolyn Brooks


(Traducción: Luis Alberto Ambroggio)





Gwendolyn Brooks nació en Topeka, Kansas, en 1917, y creció en Chicago, donde vivió hasta su muerte acaecida  en el año 2000. Se la considera una de las poetas más reconocidas, influyentes y leídas del siglo xx, y fue la primera entre las afroamericanas en ganar un Premio Pulitzer, con su poemario Annie Alien (1949). También fue la primera mujer negra nombrada Consultora de Poesía para la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureada), en concreto para el periodo 1985-1986. Muchos de los textos de Brooks expresan una conciencia y una militancia política, reflejando su activismo en el movimiento por los derechos civiles de los años sesenta y las décadas siguientes. Brooks publicó más de veinte libros de poesía, entre ellos Bronzeville Boys and Girls (1956), The Bean Eaters (i960), Selected Poems (1963), We Real Cool (1966), The Wall (1967), In the Mecca (1968), Riot (1969), Family Pictures (1970), The World of Gwendolyn Brooks (1971), Aloneness (1971), Aurora (1972), Beckonings (1975), To Disembark (1981), The Near-Johannesburg Boy and Other Poems (1986), Blacks (1987), Winnie (1988), Children Coming Home (1991). También escribió varios libros en prosa, incluyendo su única novela Maud Martha (1953), en la que resalta el desafío de ser humano, la autobiografía Report from Part One: An Autobiography (1972), A Capsule Course in Black Poetry Writing (1975), Primer for Blacks (1981), Young Poet’s Primer (1981); además de editar las antologías A Broadside Treasury y Jump Bad: A New Chicago Anthology (1971).Entre los reconocimientos que recibió, cabe destacar el Premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, la Medalla Frost, el Premio del National Endowment for the Arts, el Premio Shelley Memorial, así como becas de la Academia de Poetas Estadounidenses y de la Fundación Guggenheim. Gwendolyn Brooks Fue honrada por la Universidad de Western Illinois con la creación del Centro Gwendolyn Brooks de Literatura Afroamericana.