LA LIEBRE DE MARZO
Un río muy delgado, -lo saltaban los niños-, partía la huerta. A su vera, manzanos de San Juan, manzanas casi blancas, casi celestes, los frutos angélicos.
A la medianoche, desnuda, me levanté; estaba dormida, y veía, todo, como si fuera de día. Además, las plantas de ese jardín, conservaban, en la sombra, sus colores. Así, divisé margaritas, los pimpollos de rosa, rojos como sangre, el gladiolo que hervía como un farol. Recibí el olor de las frutas, pero, no podía detenerme. Tomé la senda. A mi lado pasaban yuyos: salvia, mentas, aralias. Mentas, aralias, hojas, yuyos. Llegué al extremo.
Allá, lejos, y, ahí, cerca, él se presentó, sombrío, inmóvil, siempre el mismo, desde remotos siglos.
Desesperada, corté una rama, la sostuve como vistiéndome. Por un instante, creí que iba a volar, a despertar. Pero, todo fue inútil. Con un breve grito, aconteció, otra vez.
***
Soy la Virgen. Me doy cuenta. En la noche me paro junto a las columnas y a las fuentes. O salgo a la carretera, donde los conductores me miran extasiados o huyen como locos.
Soy la Virgen. El Ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos. Me dijo algo rarísimo; no entendí bien.
Voy por el antiguo huerto -Isabel, Ana- por las antiguas casas; quisiera ser una mujer en una de estas casas, una mujer en la ciudad, pero, soy la Virgen; no se dan cuenta; busco otra aldea abandonada, otros cáñamos. Silba el viento. Los lobos están comiendo los corderos. A mi diadema caen las estrellas como lágrimas, caen rosas y gladiolos, dalias negras.
Soy la Virgen.
Estoy sola. Silba el viento. ¿Adónde voy? ¿Adónde voy?
y jamás habrá repuesta.
MESA DE ESMERALDA
El mar de Amelia
8
Los enanos vuelan igual que pollos arriba de las plantas. Los gigantes se ríen; más altos que los árboles, caminan como si estuviesen inmóviles.
Mamá tiene las alas bien emplumadas, y sus insectos parásitos parecen brillantitos, chispillas de zafiro.
Yo voy entre rosas, dalias maduras.
Y almuerzo en el plato de retamas y cereales.
Me pongo la gasa blanca para ir al colegio.
La maestra y los otros niños dirán nuevamente, “Ella ¿cómo habrá hecho para aprender a volar!”
30
El manzano abrió las flores blancas; y el almendro y el peral abrieron flores blancas, y el durazno sus azahares rosados y dorados. Parecían grandes sombrillas. Y parecían El Paraíso. Y debajo, un abanico, con los siete colores, igual a uno que había en casa, pero éste se volvió sólo de luces y se propagaba; en poco rato, hubo muchísimos, flotando por todo el aire. Y un papel plateado, alto como un hombre, iba delante de mí. Con un rumor que atraía y aterraba. Y yo le pegaba y no podía espantarlo. Y no sé si era yo era Josefa, hermana gemela de mi madre, que, cuando niña, cayó de rodilla, ante estas cosas.
42
Papá fue hasta el bañado y trajo mimbres y cañitas e hizo un gran armatoste, una liviana casa y le pintó una guía en flor. Y en algunos de sus cubículos se ubicó la familia, y en otro más lejos, yo sola. Me gritaban: -¡Vas bien ahí, eh? Y el navío empezó a izarse. Papá iba al timón, aunque no había ningún mecanismo. El izaba la nave con sólo su voluntad. Así pasamos ciudades, continentes. Las ciudades europeas que se distinguían por el esplendor rosado. Era un viaje fugaz y moroso, lento y fugacísimo, y había como una gran felicidad. Cruzábamos por el aire de las ciudades y casi rozándolas. Casi entre los edificios, y los paseantes al mirar hacia arriba, divisarían aquel punto, esa estrellita, y continuando sin darse cuenta de nada. Y volverían a mirar, sin tampoco darse cuenta.
LA FALENA
Era raro que viniera un alma. Algunos la esperaron años inútilmente.
Y yo encontré una sin querer. Se levantó de un melón, como una seda, una gasa. Salté sobre las hojas, los otros melones en rojo ámbar; vi un zapallo, angosto, alto como un metro, verde sombrío, casi negro, parecía pequeño mueble, armario, que escondiese la cosa más secreta; lo topé y quedó impasible. Pero yo iba huyendo, pasé el prado y sus margaritas rojas; vi las perdices de agua que nadaban con zapatos; iban y venían, de continuo, como si hubiesen perdido el tino; siempre hacían así.
Casi llegué a la casa, pero tuve miedo de entrar y huí; corrí al bosque, el árbol preferido, trepé, me acurruqué.
Pero, fue terrible, pues, pasaron varias horas e iba a venir la noche, y yo sentía un silbido dentro del pasto, algo que trepaba por el árbol, un bicho con perlas, que no era un bicho, arriba de mi sien.
***
Pavoroso sacón brillante
Van a comenzar las clases. Hay que comprar zapatos. Se hacen cuentas. Mamá teje delantales, moños, medias.
Yo estoy entre las plantas, donde vive el hombre-vampiro; sólo yo lo sé (y no lo digo). Yo tengo ojos tristes, trenzas largas. Vendrá el otoño, maduran las manzanas.
Los alhelíes son negros como hechos con sangre de gato.
Llueve, apenas, dulcemente -¿acomodo los lápices, los libros?- a través de las ramas, los limones dulces, las futuras peras.
Unas uñas como ganchos van de ramo en ramo. (Y no me voy). Un rostro oblicuo, orejas puntiagudas. Una voz dice: -Hoy vengo de más allá del bosque. (Y no me voy).
Dice:
-Soy el Conde. Soy tu abuela.
Yo, a las dos cosas respondo con absoluta fe:
-Si, si; yo, ya lo sé.
***
Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alelí
El mundo era todo negro; nos guiábamos sólo por el brillante bordecito de alguna hoja, alhelí, pequeñas cosas. En cuanto nací supe que mi madre me seguía; preparaba los clavos y la cruz. Aparecí sabiendo eso.
Había que subir una escalera para ir hasta la Casa del Gato. El gato vivía en una caja más chica que él; no sé cómo podía ser así. Salía, volvía a entrar.
Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alhelí. Eran dos, unidos por un pequeño hierro. Estaban en cualquier parte, pero él sólo con la intención los traía sobre la cara, y entonces todo el mundo parecía claro.
A ratos, el gato bajaba hasta el suelo, estirándose, alargándose, varios metros, como si fuera algodón, y volvía a encogerse y a quedar allá arriba.
Mamá me perseguía por todos los jardines sin alcanzarme nunca.
Apareció un murciélago. Su diagonal en forma de zigzag atravesó todo. Por cualquier lado estaba esa cera oscura o su dibujo. Mamá subió hasta la Casa del Gato, y avisaba. Pero el gato no respondía; hasta creo que escondió los celestes ojos.
Y pasaron horas, años, no sé cuántos, porque era todo negro.
Hasta que llegó la hora, el año.
Mamá me corrió por todos los caminitos del jardín y me alcanzó. Ya estaba pronta la cruz; estaban prontos los clavos. La cruz era grande, y dura como piedra. Los clavos, largos y finísimos como hilos. Me atravesó la frente, los hombros, las rodillas.
Corrió mucha sangre. Volaron jazmines.
(Del libro homónimo,
Arca, Montevideo,
Uruguay,1991)
Marosa di Giorgio
Marosa di Giorgio. Poeta uruguaya, nació en Salto, 1932 y murió en Montevideo, en el año 2004.Es una de las poetas hispanoamericanas más relevantes del siglo XX. Su propuesta estética borra los límites entre la prosa lírica, el cuento de hadas y el surrealismo. Verdadero work in progress , "Los papeles salvajes" de Marosa di Giorgio fue publicado inicialmente en Arca de Montevideo en la década del 50'. En 1989 apareció el primer tomo que incluye los libros Poemas (1954), Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1965), La guerra de los huertos (1971) y Clavel y tenebrario (1979). En 1991 apareció el segundo tomo con La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeralda (1985), La falena (1989) y Membrillo de Lusana (1989). En prosa publicó Misales (Calicanto, Montevideo, 1993), Camino de las pedrerías (Planeta, 1997) y Reina Amelia, su primera novela (Adriana Hidalgo, 1999). Descendía de inmigrantes italianos y vascos que fundaron quintas en zonas rurales del Uruguay. En Salto se habían establecido sus abuelos. Allí se conocieron Pedro di Giorgio y Clementina Médici, los padres de Nidia y Marosa. En su ciudad natal, Marosa cursó el liceo y tomó lecciones de teatro. Por otra parte, la granja familiar en Salto es el núcleo geográfico y mítico de toda su obra. A fines de la década del setenta, tras la muerte de su padre, el resto de la familia se trasladó a Montevideo. Marosa vivió con su madre hasta la muerte de ésta en 1990. Su obra ha sido publicada no solo en Uruguay y en Argentina, sino también en México y Venezuela y su nombre figura en numerosas antologías. Ha sido traducida a numerosas lenguas, entre ellas: Inglés, italiano, portugués y francés. Ha recibido importantes premios y becas y ha realizado videos y casetes con sus textos. Como autora e intérprete de los mismos fue invitada a dar recitales en diferentes países.
Pueden LEER todos los poemas y textos de la autora: Aquí.




