martes, 24 de marzo de 2026

ALGUIEN ME ESPERA EN CASA

 


Me lleva veinticinco años. Nació exactamente el día en que 
nació mi padre, el mismo año, en otra ciudad. Una ciudad 
pequeña cerca del mar, aunque él diga que el mar queda 
demasiado lejos, que todo lo que siempre quiso parece 
estar cerca, pero no es capaz de agarrarlo.

Sus ojos azules son como todas las cosas trilladas azules: 
diáfanos, apacibles. Su pelo largo, antes rubio, siempre 
atado. Una sonrisa que desmiente su mirada, a veces 
triste. Cuando sale a correr, sus piernas marchan al mismo 
ritmo que la música. Canciones de invierno y canciones de 
verano. Métodos para todo.

No lo impresiona cavar un pozo, enterrar un perro. Aunque 
sus hijos lloren. Perdió un hermano cuando era joven, en 
un instante, debajo del agua. ¿Qué más da mover la tierra 
de su propio patio para que caiga un cuerpo infinitamente 
más liviano?



Desde el parque los aviones se ven muy cerca, sobre todo 
los que parten. Por la hora debe ser el suyo. Me invitó a 
participar de sus clases a distancia.

A partir de ahora, todo será virtual, brutal, peor que un 
cuchillo de agua.



Y así es como los jueves son nuestros. De noche me 
alimento con el velador prendido frente a la pantalla de: 
esto. ¿Qué cosa? No es un vínculo. No es amor, pero cómo 
me late el pecho cuando aparece su cara del otro lado, un 
rostro que, al verme, rejuvenece. Yo me vuelvo del color de 
las amapolas.


Desayunar juntos, aunque no sea la hora de desayunar.
A los jueves se suman algunos martes por la tarde.

Cuando yo me muera, my lady, va a caerse un libro 
de su biblioteca... y se ríe.

¡No digas esas cosas!


Después me habla de luciérnagas. Yo le digo: Me gusta 
ese pulóver verde, escote en V. Él se reclina sobre la silla: 
Sepa que está protegida por setecientos quilómetros y una 
pantalla. Si estuviera frente a usted, duraría sin besarla 
lo que una estrella fugaz, my lady. Y se acerca como si 
realmente fuera a hacerlo: Usted lo sabe.




No sé ni cómo formular la pregunta: ¿cuál es el sujeto de 
esa oración? Tu mujer, tu esposa, tu segunda esposa, tu 
novia, la mamá de tus hijos... Me ahorro camino:

¿Ella vive con vos?
¿Quién?
Estás casado.
Sí, pero...
Con la madre de tus hijos.
Si me dejás explicarte...
¿No ibas a decirme nada?
¿Puedo explicarte?
Tenés un vínculo abierto.
No es tan así...
¿Hace cuánto están casados?
Treinta años.

Parpadeo sin decir: me revienta. Esperá que abro un poco 
la ventana y me levanto, corro el vidrio. El aire entra a 
puñetazos; se avecina una tormenta que toma la forma de 
mi cuerpo.

Vuelvo: ¿Qué hace ella los jueves?
Se junta a comer con sus compañeras de yoga... ¿Puedo 
seguir hablando?
Hablamos después.

Bajo de un golpe la pantalla de la notebook y por las dudas 
desconecto Internet. Ahora nada tiene sentido. Y es que 
nunca lo tuvo. Me quedo con el plato lleno y el alma vacía. 
Todo lo que manda olor es porque está donde no debería.

Una mujer que se conecta todos los jueves a las diez en 
punto para ver a un hombre del otro lado, ¿es una amante?

Como cuando no sabes si está lloviendo en la película 
o en la realidad y tenés que sacarte los auriculares para 
confirmarlo. ¿Es acá o es allá, o pasa en tu cabeza, o te 
gustaría que fuera?




Y llega un día de un verano que empieza a diluirse, en que 
después de meses —años— te tengo enfrente. Chocamos las 
copas: hoy es jueves.

Tu mano sobre la mía en la mesa del bar. La misma piel que 
tocaste, que toqué, una vez. Me hubiese encantado sonreír 
en este momento, pero los pájaros vuelan de mis ojos que 
son como nidos a la intemperie. Te quedás tres días: eso es 
todo.

Tu celular vibra. Decís perdón, un segundo y escribís
apurado, como si fuera un trámite.

Me doy cuenta de que nunca te vas a separar.



Tu sonrisa está intacta cuando guardás el teléfono y volvés 
a mirarme: Qué ganas de estrujarte. Iba a decir “my lady”, 
pero el verbo estrujar no se conjuga en esa persona.

Si supiera que me estrujó durante horas, todos los días. Solo 
respondo que esa palabra quedará escrita para siempre al 
lado de su nombre.

Antes de que el mundo fuese a explotar, alcancé a correrme 
y no exploté. En consecuencia, el mundo tampoco, pero 
debió seguir su cauce.

Conocí a alguien, le digo. Él me mira perplejo. Sus ojos 
azules son dos fogatas en el medio del campo. Un azul que 
pareciera salir de un huracán. Me suelta la mano. Esta vez 
no moverá la pierna y la mesa quedará en su lugar. No 
vendrá el mozo. No habrá vidrios en el piso. Me cuesta 
hablar después de escuchar esto, dice, yo pensé que era 
posible. Yo también, le digo, y quiero abrazarlo porque fue 
cierto: estuvimos juntos desde el fondo del lenguaje, detrás 
de la empalizada, bajo el ruido del mar, atrapados en un 
rectángulo resplandeciente cada jueves (y algunos martes), 
pero debo irme antes de que anochezca porque

alguien me espera en casa.


(Del libro homónimo,
Caleta Olivia,2023)
Paula Giglio




Paula Giglio (Córdoba, Argentina, 1988) es Licenciada en Filosofía (UNC). Publicó los libros de poesía Ella, naturaleza (Babel, 2012), En el cuerpo (Del Dock, 2016, reeditado por Liliputienses, 2022), Un lugar para mis piernas largas (Caleta Olivia, 2018), La risa loca de los ángeles (Primer Premio Centrifugados de Poesía Joven, Liliputienses, 2018) y Hoy llueve en el mundo (Caleta Olivia, 2019). En 2017 participó del XII Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires y de la 33e edición del Festival International de la Poésie de Trois-Rivières, Canadá. Formó parte de la antología de poetas mujeres Otros colores para nosotras (Ed. Continente, 2018). Algunos de sus poemas fueron traducidos al alemán para la revista Alba, lateinamerika lesen. Publicó el libro de relatos Teoría del equilibrio (Vox/Lux, 2022). Actualmente reside en Buenos Aires.




domingo, 22 de marzo de 2026

LENGUA DE TRÉBOL

 


Tal vez sea la última romántica estilo Orgullo y Prejuicio
pero sin estilo, sin orgullo y sin prejuicio,
corro desnuda y blanca
por la pradera indiferente, 
pienso que el amor
no puede ser
tibio lindo frágil.



Ars erótica 

Tengo besos de manteca 

todo 
huele
a biscochuelo

y esta frutilla que gotea 
por debajo del ombligo.   



Sobreadaptación

Caminar alejada de las paredes 
arreglar los pies valgos 
ser diplomáticamentelinda
encontrar el escondite de las cervezas de mamá
decorar cavernas
no gritar que éramos ateos, librepensadores, antimilicos 
mientras sonaban Walsh y Zupay en el tocadiscos
que el jazmín no recuerde a mi abuela muerta
hacer crisantemos del llanto
tener un hijo por fuera del útero 
pensar que aquello no fue por puta
pensar que el amor es así, en gotas
ajustar el ritmo de la sangre
sostener a los padres de moco
no mojar a los hombres de miga
no incendiar todo.  



Me digo

Que el silencio 
se me cuelgue del hombro 
me babee la nuca
perfume jazmín 
que todo sea mudo
como las películas
en blanco y negro, 
que susurre 
en lengua de trébol 
que esto se irá
en una bicicleta miope
camino al barranco
porque ya 
ni nunca 
ni siempre
que el futuro
será una flor abierta  
                 y roja.


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
envío de Alberto Cisnero)

Irene Rascovsky


Irene Rascovsky nació en 1974 en Capital Federal, Argentina. Lic. en Psicología UBA.Ha concurrido a diversos talleres literarios y de poesía desde 1995 a la fecha. Participó de la antología literaria “Bardos” (1999). Publica su primer poemario “Cicatriz”, Ed. Halley (2021).



viernes, 20 de marzo de 2026

ÚLTIMOS POEMAS EN PROZAC

 

Juguete


La niña abre su pequeño huevo kinder de chocolate 
Y le pide al padre que le lea la frase 
que acompaña a su único juguete: No hay nada 
que sea tuyo, nada que te pertenezca 
nada sobre lo que puedas reinar.



Preparación

La Angustia se levanta dos horas antes
y le prepara la ropa como hacen los asistentes
de los futbolistas en el vestuario. Toca el agua para ver si está
en su punto justo en la bañera y controla
la caja preciada de clonazepam de la que —digámoslo—
se ríe a escondidas. La Angustia se llama Lloren Kierkegaard
y tiene uñas largas y filosas, pintadas de rosa.



Ucronía

Todo el tiempo piensa en la ucronía.
Que no pase lo que pasó.
Siguen juntos, criando a los niños,
que crecen mirando dibujos animados japoneses.
Ellos cocinan y se ríen, encontraron
una forma secreta de vencer
al largo y despiadado verano
donde el parásito que incubaron
está por nacer.



Tomando el té antes de la hora inglesa

El matrimonio que se puede constatar 
no es el matrimonio.
El amor que se puede nombrar 
no es el amor.
El dolor que no se puede transitar 
¡es el dolor!



La historia de Aki Kaurismáki


Un hombre sin pasado es una película de Aki Kaurismáki.
Cuenta la historia de un tipo que recibe una golpiza ni bien baja
                                                     [de un tren.
Los actores que hacen de ladrones suelen interpretar 
diferentes papeles en otros films de Kaurismáki: siempre es el mismo
                                                     [cuento
con variaciones. El Hombre sin pasado llega a un hospital donde
                                                     [muere.

Esto sucede ni bien empieza la película. Lo increíble es que resucita. 
Le robaron todo y perdió la memoria. ¿Qué hacía en ese tren?
¿De dónde venía? ¿Buscaba trabajo, casa, comida? ¿Migraba? 
Abandonado a su suerte, consigue asilo en la casa de unos 
trabajadores que lo cuidan y lo alimentan. Una extraña mujer 
del ejército de salvación le da ropa nueva.
Alguien le alquila una pocilga.

Su mente vacía es una bendición.
Kaurismáki filma de manera sencilla, pero cada escena 
tiene un sentido vertical, profundo. Es un director 
que hace funcionar la realidad a su favor.

Tomen la operación mental de Aki.
Tomen la operación mental de Aki.

Y vayan a hacer cine, canciones, lo que sea.

Cuando pasa el tiempo el hombre descubre
que en otra ciudad tenía una mujer con la que se llevaba mal,
y que estaba en el tren huyendo de esa relación.

Para poder vivir sin rencor,
parece decirnos Aki, hay que morir y resucitar.

Tomen la operación mental de Aki Kaurismáki 
porque Dios hace siempre la misma película.

(Del libro homónimo,
Emecé, 2019)

Fabián Casas (Barrio de Boedo, Ciudad de Buenos Aires, 1965)



Fabián Casas nació en el barrio de Boedo en 1965. Entre otros libros, publicó Horla City y otros. Toda la poesía, 1990-2010 (Emecé, 2010), La supremacía Tolstoi (ensayos, Emecé, 2013), Ensayos bonsai (Emecé, 2007), y los libros de ficción Ocio (2006), Los Lemmings y otros (2005) y Titanes del coco (2015). Fue guionista del film Jauja (2014), dirigido por Lisandro Alonso y protagonizado por Viggo Mortensen, que se presentó con gran éxito de crítica y público en el Festival de Cannes. En 2007 obtuvo en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers y en 2011 fue elegido por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de los autores que garantizan el relevo de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.

Pueden LEER más poemas del autor en entradas anteriores. 





miércoles, 18 de marzo de 2026

TULANG PINOY -Los días filipinos-

 




Fragmentos

...................

Alón Niña Maharlika 
y el Lobito es toda mi familia.
La casa está llena de vecinos
que a la noche caminan invertidos
por el cielorraso, vecinos fríos de goma blanda,
butikís lizards y lagartijas.

La tabilí es rama de carne 
y mi nombre es Tambís.

Ahora resulta que lo mejor que me pasa 
es una Go Pro con mango flotante 
y toda la humareda circundante 
que no se aleja nunca 
de aquel lote de barcazas.

La brisa viene a la mesa 
a acariciar la comida 
y zarparse los vapores de los platos, 
la brisa viene a la cama 
a refrescar los colchones 
y la almohada.
Por esta choza barata 
de junco y clavo herrumbrado 
la brisa pasa de largo atravesando
telas cañas y ennipados.
En cambio los vendavales
que se mandan a la noche 
se trenzan con las palmeras, 
la pelea suele durar la noche entera. 
Vendaval encastra en palmeral, 
son palabras macho y hembra, 
son objetos hembra y macho 
y yo en el medio me bautizo Basural.


..................


Acá los capos del árbol son unos pájaritos
marrones que se comen todas las semillas.
Cuando me puse a escribir en esta hamaca
me aclararon enseguida que si quería escribir
tendría que afiliarme al partido o
ser pariente directo del soneto. Yo
soy bisnieto de Carlos Mastronardi,
les dije con voz clara y cantarína,
y aparte vengo directo del río de los pájaros!
Caras de iphone!, les grité a todos mirando 
a un boludito todo blanco con pechito tricolor.


Hace un rato nació Alón
en el hospital provincial de Mati City.
El tormentón de anoche mojó toda la casa
el viento entraba por la ventana del dormitorio
y nos tuvimos que mudar al cuarto de la beba
con el perro incluido que se aterraba con los truenos.
Como a las cuatro y media
la Niña empezó con un dolor de espaldas
y a las seis y media el Alón ya estaba afuera.

...

Anoche soñé que mamá me preparaba 
una carne para que coma con mis amigos.
Ahora sé que estaba preparando al Alón
para mandarlo, pesó apenas 2 kilos 300 gramos,
más o menos lo mismo que la carne que mami preparaba
amasando en una fuente de loza.
Ahora son las ocho de la mañana y espero 
que me dejen entrar a ver a la Niña 
a la sala de recuperación de cesáreas.
El Alón es idéntico al tío Chango.


Pequeños pájaros martillos viejos 
palazos lejanos y cantos circundantes.
El sistema de audio de los pájaros
no tiene graves, menos subwoofers
los graves son dominio exclusivo de lo grande,
de las montañas o los cielos.
Los roosters deberían ser aves insonoras.


......................

Después del lluvión de la mañana 
las crestas de las montañas se recortan nítidas, 
sin nubes, los cerros mojados 
lucen negros, luminosos
y dejan entrever una quietud peligrosa, un silencio 
tramado entre la gente la selva y los animales.
El mar, pesadísimo, está cargado de agua dulce, 
las olas no se levantan livianas y porosas, y revientan 
apenas dos metros antes de la arena.


...

Acá nadie sabe de dónde vengo
y por más que se los diga, lo siguen ignorando.
el lugar de donde vengo se parece a todas partes,
es una mezcla de Europa con Estados Unidos
más muchas cosas nativas, como por ejemplo
la manera salvaje de nadar entre las olas,
o la picardía para dejar bien cortita una pelota de vóley.
Me preguntan si soy turco, si soy de India,
si vengo de Pakistán o de Egipto.
Me preguntan si soy árabe, o ruso, 
y más de una vez me dijeron jamaiquino.
Un desorientado me preguntó si era coreano.
El mar ahora es verde tirando a gris 
y yo escribo esta parte de parado.


........................

Mao ni akong balay 
Mao ni akong payag 
Akong lalake kai natulog.
Estoy en el hospital provincial de Mati City 
cuidando a mi beba a la madrugada 
que se agarró una alergia y tras rascarse
se infectó la piel y la rapamos.
Descubrimos que pelada es más hermosa 
de lo hermosísima que pensábamos que era.
Escribo en el hospital y los pacientes que son millones 
y se agolpan internados en pasillos y recovecos, 
pasan por docenas a ver por primera vez 
a un escritor escribiendo, nunca han visto 
a nadie escribir en un cuaderno verdadero 
con birome verdadera, y menos a un escritor 
escribiendo a la noche adentro de un hospital 
del sur de Mindanao.
Y los trabajadores del hospital, más enfermeras, chorros 
y gatos, que son miles, pasan y preguntan sonriendo 
qué escribo, escribo lo que debo hacer mañana, les digo, 
y pasado mañana y la semana que viene, y todos los días 
que me quedan de vida les agrego ya en un tono 
que no sé si será solemne o gracioso, porque hablo 
en un bisaglish que solo ellos, porque ni yo, entienden.



CAMINATA MATUTINA DEL 5 DE FEBRERO DE 2016


El maíz viene bajando en fila el cerro empinado, 
en el medio de la plantación crecen palmeras altas, 
dirí todo se mezcla con palmeras o derivados.
Si abren un restaurant, en el patio ponen palmeras,
Si compramos un terrenito éste viene con seis palmeras. 
En el medio del viento siempre hay palmeras 
sacudiendo el fuselaje que hace chasquear 
todos los flecos de plástico.
En los extremos de una hamaca siempre hay una palmera. 
En el fondo de las fotos siempre paraditas y felices 
posan dos o tres palmentas, una generalmente inclinada 
para melancolizar un toque más el paisaje.
Si comemos langka es con leche de coco de palmera, 
si hacemos fuego para cocinar es con carbón de coco 
de palmera, y el vino barato y con muy poco alcohol 
que toman los pescadores es de coco fermentado
de palmera. Los manteles caros son de hilo de coco de palmera 
y los techos de los ranchos son de hojas trenzadas de palmera. 
Hace falta que yo diga que los postes son de lo mismo?
Hace falta además que agregue que los ataúdes
de los pobres están hechos con la misma blanda madera?


(Del libro homónimo,
F&F, 2024)

Daniel Durand


Daniel Durand nació en 1964 en Concordia, Entre Ríos, donde vivió hasta los 19 años, edad en la que se mudó a Buenos Aires. Es poeta, fundamentalmente, aunque también se desempeña como editor: cofundó la editorial Deldiego y la revista 18 Whiskys. Hasta 2015 codirigió la editorial Colección Chapita y en el presente es parte del Taller Chapita, donde se elaboran e imprimen diversos proyectos editoriales. Publicó los libros Segovia (Amadeo Mandarino, 1999); El Estado y él se amaron (Mansalva, 2006); Ruta de la inversión (Gog y Magog, 2009); Tengo una idea moteada de lo que soy (Belleza y Felicidad, 2010); El cielo de Boedo (Gog y Magog, 2009, Blatt & Ríos, 2015); Las nalgas entre sí fabrican ojos sociales (F&F, 2015), Como un Marlboro (Mansalva, 2016); Cabeza de buey (Lomo, 2017); 4 de Cada junto a Matías Heer (Slimbook 2020) y Lupa de la inmersión (Caleta Olivia 2023); entre otros. Como traductor de poesía ha publicado libros de Du Fu, Delmore Schwartz y John Berryman, entre otros. Actualmente es director de la Escuela de Poesía y Edición, donde dicta cursos y talleres para la formación de poetas, editores y lectores de poesía contemporánea.
Instagram: _escuela_de_poesia_. Durand escribió los fragmentos que componen Tulang Pinoy en las Filipinas entre los años 2016 y 2018.


Nota bene:  El libro de D.D. es una colección de fragmentos y los textos publicados son una selección de esos fragmentos, digamos fragmentos de fragmentos, tomados de distintas partes del libro, por eso están separados por líneas de puntos. (Nota del administrador).



Pueden LEER más poemas del autor en entradas anteriores y otros aspectos de su biografía en entradas anteriores. 



lunes, 16 de marzo de 2026

EN TIEMPOS DEL DRAGÓN DE MADERA



 


LA MUJER DEL AGUA


La mujer del agua 
sostiene un niño llorando.
El río toma una forma que habla.
Ella le cuenta la furia del hombre
el dolor del viejo del bosque
el sudor del trabajo.
El río canta con la voz de su madre
le dice: Amor mío
le susurra: calma, calma.
La mujer del agua se escurre
en los ojos del niño que ríe y
suelta su risa entre las piedras.
La mujer del agua
llena el cuenco
donde beben los seres del mundo.



Mujer del día se espuma 
en los quehaceres de la casa 
una pasionaria se cierra 
en el camino de sus ojos.

Mujer que se enjoya de deseos 
la luz que la señala
es superflua y amarilla.
Ella, pinta un desborde de primavera
pisa lugares oscuros
una flor de cal en la pared
una flor de loto en las manos.
En tránsito de lluvia
la chimenea y el pan.
¿Dónde está la risa de la casa?
Ellos dejaron una tregua donde volver
a encontrar el té de la tarde
a desollar el animal del silencio.



LA MUJER DE LA TIERRA


El tiempo se abre como mamushkas
en el cajón una caja
allí la imagen de tus ojos niños
llevás puesta la sonrisa
de ir a la plaza y aquel morral 
que te tejió enhebrando siestas.

En esa foto de niñez
tu mirada refleja su rostro.
¿Cómo te cabía el nombre en esa época
en la que no sabías que el nido
cae por su peso?



Numa multiplicadora
la que bajó del monte constelar
en la nevada noche.
Ibas hacia las vías
para traer el vuelo de los pájaros.
Bajo los barrotes tibios de la lluvia
devorabas las tardes. 

Negra, temida por los oráculos
cazabas cuanto podías para ofrendar amor.
Numa la que me salvó
del derrame oscuro del silencio
la que se durmió 
en brazos de la vejez.

Numa tu nombre suena 
como las huellas de Diana 
tu sombra lista para el ataque
rasga las sillas, amasa mi corazón



LA MUJER DEL FUEGO


La mujer del fuego
contonea su figura
toma por los cuernos
al toro de la noche.

Una mujer que cura las
llagas del que la mira 
que purifica rencores
ardiendo en los caminos.

Se propaga en los reflejos de ser 
síntoma de ave herida en vuelo
surge de un tiempo de cenizas. 
Incendia la vida en su llanura 
donde el hombre se quema y muere 
de soledad y de intemperie




Después de innumerables brindis
nos reímos hasta quemar el llanto
caímos sobre la mesa como cenizas
La navidad siempre es excusa
tirábamos por la borda la fe 
nos agarrábamos del amor
fuegos artificiales reventaban
el espanto.
Extraño que me ames
aunque no aceptes mi forma
de ver las cosas.



LA MUJER DEL AIRE


La mujer del aire 
confunde el tiempo y el viento
lleva niños de la mano
ser madre un destino más.
Pierde a las aves en su pelo
no sabe contar un cuento
no amasa. 
Conduce su vida 
viaja sin valijas
sabe decir basta 
sabe contra quién se lucha.


(Del Libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero) 


Mercedes Burgos (San Salvador de Jujuy, 1964), Es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras y Licenciada en Letras (UBA). Realizó una especialización en “Procesos y Problemas de la Sociedad y la Cultura Latinoamericanas”. Publicó: “Luna de Río” (Poesía, 2022) Obtuvo, entre otros premios, la 3ra. Mención Nacional del Concurso Internacional de Cartas, Museo Casa del Faro (Quequén, 2018).