martes, 28 de abril de 2026

NEVERMORE

10
 
[Varias preguntas: ¿qué significa regresar a lo básico?
¿qué cosa implica “decir” en poesía? ¿Lo básico
es la vuelta a la comunicación en el lirismo,
como si la única manera de expresión fuera
el sentido común del entendimiento? ¿Por qué
se quiere anteponer el sentido a la forma, como
si se escribiera desde la información en contraposición
a lo formal, y viceversa? ¿Cuál es el problema
que existan aquellos que puedan reflexionar
sobre su propio trabajo, o sobre otras cuestiones
vitales, en el propio marco del texto? ¿Por qué
creer en que “la gente de todos los días”
no puede tener capacidad para gozar de cualquier
literatura, que pueda leer con la misma intensidad
a Soriano como a Sebald? ¿Qué significa esa categoría
de “gente de todos los días”, como si el escritor
no fuera, justamente, esa “gente de todos los días”?
Y por último: ¿quién tiene la seguridad sobre qué tipo
de poesía quiere escuchar un espectador de recitales?
Tal vez sepa dónde va, o tal vez quiera descubrir
qué tipo de textos puede escuchar. Los preconceptos
y el sentido común, puestos como categorías
estéticas, a veces sólo sirven para convalidar
limitaciones técnicas, o la falta de la autorreflexión
necesaria, inherente a cualquier persona que escribe.
¿Qué es hacer mal su trabajo? Y esa cuestión
de la presunta oscuridad. Todo parte de un mismo
presupuesto experimental, barroco y oscuro,
hermético, en una gratuita ensalada de sentido
común, brutal, sin condimento.]
 
 
15
 
El primer recuerdo en mi vida, así creo
entenderlo, es el grito que lancé cuando
me bañaban en un lavadero; el agua
estaba helada. De pronto, quitaron el tapón,
y el agua se escapó por debajo, haciendo
gárgaras. El segundo grito es haber estado
tres horas en ese departamento vacío, e imaginar
una vida completa para mi hija (“Estoy yendo
a la terminal. Te quiero, papi”) (“Todo muy
tranquilo por acá, lindo”) (“...incorporar
las zonas grises del poema como un murmullo
para adormecer al lector e, inmediatamente,
aparecer a cinco centímetros de su rostro”,
Cristobo dixit), o mejor, una previsible vida
de una adolescente de catorce años, cada vez
más bella, más decidida y más dura con
relación a nuestra existencia adulta. Prometí
estar junto a ella hasta el mismo día que alcance
la mayoría de edad (“  Sólo eso”), y nada más.
Pero las discusiones, Olivia, no se resuelven
con argumentos sino con el duelo de actividades,
según dijo nuestro Handke. ¿Por qué oler
una concha de mejillón siempre será
inferior a interesarse por otra? Si de algo
sirve volver a “S/Z”, de Roland Barthes, es
para seguir deconstruyendo este tipo de oraciones:
“Todo muy bien por acá, lindo.” El “todo”
puede referirse a un entorno familiar; o peor
aún: un “todo” en el que no sucede ningún
hecho extraordinario. Pero ¿por qué no un día
total, completo y ordinario? El “todo”, seguido
del “muy tranquilo”, normaliza la oración,
la pone a resguardo, aunque en verdad
existe en “muy tranquilo” una retirada
de la precisión emocional; un día ordinario
al que mejor no ponerle nombre ni calificación.
No hay código más brutal del tedio. (Otra vez
Handke: “Duerme conmigo, ahora mismo. ¡Quizá
sea aburrido pero seguramente, inolvidable!”)
Pero lo que no descifro es el “por acá” (“Todo
muy tranquilo por acá...”). El “acá” puede ser
el corazón de su casa, material, el lugar
donde se mora, o bien el “acá” privado, un adverbio
de lugar interno, del cual ella es testigo voluntario,
porque decidió estar allí. ¿Por qué escribió
“Todo muy tranquilo por acá...”, cuando sólo
pudiera acomodar la frase en “Todo tranquilo
por acá...”? El “muy” extiende la tranquilidad
hacia el armisticio de los estanques que no se mueven,
ninguna intermitencia a la vista, porque la actividad
ocurre en las profundidades y no en la superficie.
La potenciación de la tranquilidad en ese “muy”
prolonga cualquier información sobre la existencia
de una vida con alteraciones. No las hay.
Es todo muy tranquilo. Sin embargo, el dato afectivo
aparece, porque al finalizar el mensaje se dirige
a uno sin olvidar a quien se le escribe:
“...muy tranquilo por acá, lindo.” Dos posibilidades:
ese “lindo”, seguido después de la coma, es
una apelación a quien se dirige (en este caso,
yo), y no significa la ratificación de una singular
belleza, y menos su aceptación, porque
en este caso no se trata de verificar la atracción
sobre la persona, sino volcar el saludo desde la proximidad
amorosa. La alternativa es menos favorable, y puede
tratarse de una desinteligencia sintáctica, no habitual
en ella. Y puede leerse ese “lindo” como que “todo”
«estuvo “muy tranquilo” y “todo muy lindo”, aunque
en este caso debiera haberse puesto un punto
seguido, en vez de una coma, o un punto y coma,
o bien: dos puntos. Pero eligió colocar una coma,
y por ende la ambigüedad se presenta como tal,
interpretativa. La manera en que las mujeres dirigen
la palabra “lindo” a un hombre, tiene la finalidad
de ubicar la libido en un sitio seguro, fuera del emisor.
Una inexactitud necesaria que hace de quien reciba
la aclaración pulsional tener la sensación momentánea
de adosarse un poco al mundo de una mujer, aunque
todo se vaya evaporando con el correr de las hipótesis.

 
22
 
[ No es posible saber la mirada del otro,
sobre todo en cuanto a la escritura.
Pero cualquier mirada suma lo que jamás
quiso suponer, dentro de la más mínima
subjetividad. Un pequeño mundo armado
desde el detalle basta la amplitud, aunque
siempre regresando al detalle.]
 
 
28
 
[Si la poesía tiene lugar en todas partes eso
no se limita al sentido o al texto, en el aspecto
libresco de esta última palabra. Queda por pensar,
entonces, lo que ocurre en nuestro mundo.
En el momento en que la poesía se convierte
en un motivo, su estrategia móvil comienza
a indiferenciarse. El complemento de este juego
son las referencias que refieren a otras referencias.
De esta forma, la escritura se aleja de esa
“voz celestial”, que fuera entendida,
durante tanto tiempo como suplemento de la naturaleza.
Habría que proponer algo más que sentencias,
y para eso esta última: la poesía es un secreto
que no es secreto para nadie. Para algunos,
la creación es obra de un dios y su primer
mandamiento será dejar correr la tentación
y enseguida disolverla en agua hirviendo,
para luego todo eso transformarse en un vientre
mítico, siniestro, cobijando una criatura que
pareciera no hallar enlace en la sobrevida.]
 


79
 
Pensamos toda la noche en mares
embravecidos, buscando un eje
en la neurosis del movimiento,
algo que se muestre uniforme
y diera a ese espectáculo un reflejo
necesario. Pero delante nuestro
no había sino una línea de aceite
a mitad de la pared, nuestra última
inundación. Leer lo que dicen
las paredes ultrajadas y sin embargo
no hay alfabeto posible en las marcas
de una tragedia. Y así todo
nos tendimos en el piso: uno mirándose
al otro, las manos enlazadas como
si aguardáramos un hundimiento
apenados por la espera, conociendo
que cuando se contrae un dolor
hay un momento para confirmarlo
antes del daño innecesario y después
de las últimas consecuencias.
 
 
(Del libro homónimo,
Edic.Del Camino,2026)

 Mario Arteca

 

Mario Arteca (La Plata, Argentina, 1960) Periodista, poeta y escritor. Algunos de sus libros son: Guatambii, Cinco por uno, Géminis, Circular, Piazza Navona, Hotel Babel, El pronóstico de oscuridad y Perrros e ingleses. Ha sido incluido en diversas antologías como Pulir huesos.Veintitrés poetas latinoamericanos (1950-1965) (Galaxia Guten-berg/Círculo de Lectores, 2007; sel. y prol., Eduardo Milán). Parte de su obra ha sido traducida al inglés,portugués, francés y alemán.


Pueden LEER más poemas en entradas anteriores del autor:  aquí 



 

domingo, 26 de abril de 2026

FLOR LITERAL

 



hubo uno bigbang

hubo uno bigbang, otra Hsichün y llegó Vallejo. y así otros 
siguieron y se unieron en cadena. 
¿habrá una gracia reservada al elegido? 
¿es el mal-decir de un ojo servil al paseo de la luna? 
¿a quién subyuga la imitación del rastro en la ceniza, 
el código sin fuego, la letra vacilante? 
¿y a qué dios pedirle el valor de una renuncia o el secreto? 
ningún santo responde. atisba un verso y agoniza. 
¿otro siglo sería más oportuno para la forma del hombre y 
su remesa ambigua? 
debería ser fácil y breve, como 
“salir de la nada a este bullicio; 
el último minuto se va ensordeciendo y 
pide una palabra que no deshonre”. 



miedo

miedo. de que no quede trazo / traza con silencio. témperas 
del temperamento / ardides del ardor /
perspectivas del espectro. qué demonios sulfurar 
del sufrir? buscan salideras los poetas del siglo y ven. 
versos que envejecen en la hermosura inicial, y otros 
naciendo siempre al último día. ser del tiempo y a fondo. 
ah, la existencia! la metáfora de la existencia, su acabóse, 
su querer! el lenguaje a tono con el lenguaje. relajarse con 
la cosita del coso o el coso de la cosita. o armarse  
con los revólveres de la ninfa. rompen las testas para dar 
en el blanco. sangran noches los montajes, las monturas 
de altos caballos. sueltan olimpos y quantum 
sobre una enredadera. muriendo 
como buscadores de oro en un río avaro. 
dan ganas de acariciar el dolor, de decir 
aquí está tu pepita, tu sueño dorado.



la poesía

la poesía, en la prosa o en el verso, 
en un relámpago de la mirada sobre un lienzo, una nube, 
sobre los restos gelatinosos de una espina de pescado, 
no cambia el mundo. es, el mundo: la aparición
del recluso, del torturado en la incesante vulgaridad 
de los días y de las tardes y de las noches. 
el encenderse de una antorcha entre los pliegues 
serviles y húmedos de la carne. el salto, el asalto, 
el dragado, la excavación. 
el pasaje del sedimento aceitoso de las razones 
al acto súbito, revelado. no gasta un minuto el estallido 
que da al aroma de las rosas. gasta techos gélidos, ratones, 
escozor. tiempo histórico, memoria.



exijo un límite 

exijo un límite. a las que se desmadran sin madre les digo: 
hasta aquí. llegaron lejos; no las pude parar pero esto se 
acabó. me bajan la cabeza y vienen al pie. al de cinco 
dedos y hueso sobresalido. al que patea la pelota, al 
descalzo, al bruto pie que se empolva intuyendo las 
huidas. no me traigan un arrozal, ni un cocotero de playa, 
ni un bosque a la brisa del mar. yo vivo en esta ciudad. 
aplíquense al territorio, bestias lengualargas. no se me 
mueven, no dan un paso más de la alcantarilla ni del 
jacarandá de la avenida. ladren como los perros, críen 
veneno de alta chusma. y ni hablar del sonambulismo por 
las medianeras, esa cosa fantasmagórica, felina, desacorde 
con la real realidad. y al brillo que ostentan de sólo 
pronunciarse se lo meten en el bolsillo. te voy a dar yo 
significante. van a hacer reverberar la tierra, como dios 
manda. la que pisa el pie. las voy a tener cortitas. 
lentejuelas
pa’l  carnaval.



las correspondencias

las correspondencias se van gastando, viejo poeta. 
los perfumes, la expansión de cosas infinitas. los símbolos 
se reducen como cabezas cortadas por los jíbaros.
los sentidos no tienen tiempo, no se detienen. 
ninguna materia trasciende la materia en la contemplación. 
acabados y solos. como el mundo. encapsulados como 
los eucaliptus y el mar. tendrías que tutelarnos Ángel 
en lo invisible, aquel del Niño desheredado.
quedamos pocos en el templo que se derrumba. 
los bosques se queman y la mirada de los árboles. los ecos 
y la oscuridad no caben en la certeza, 
en la forma dura, inconfundible, 
de cada palabra. ¿podrás sostener el hilo tembloroso
y maldito, 
sostenerlo 
como una copa de vino ante los insaciables? 



la voz se cansa de sí

la voz se cansa de sí, se aburre en imágenes, en formas de 
representación. espera que la tuerca gire sobre su eje. 
la tuerca es terca, empedernida, adiestrada. agonía. 
siempre el mismo agujero, el mismo torneado giro hacia 
la estancia estable. los mismos trozos de cal caída.
la repetición de la rotura, la tortura del tope invariable, 
los exactos centímetros de la perforación. y todo por 
un poco de belleza. y la misma musiquita. cruel metal. 
otra vez los pájaros, la palabra que intenta derrumbar 
las vigas, los pilares de un viejo edificio. los pájaros, abril,
las gotas siempre iguales de la memoria.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Cristina Daian


Cristina Daian en primera persona:
Nací en Villa Soldati, CABA, en 1951 y vivo actualmente en el barrio de Boedo. Egresé de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) con el título de Profesora en Letras. Participé de varios Seminarios de Psicoanálisis y de Cine y Psicoanálisis en la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana). También participé de talleres de actuación en Timbre 4 (Claudio Tolcachir), Teatro El Cuervo (Pompeyo Audivert), Teatro Calibán (Norman Briski) y en el Centro Cultural del Teatro Gral. San Martín.



viernes, 24 de abril de 2026

QUIÉN ES QUIÉN

 


Como todos sabemos 
no se puede 
estar en dos lugares 
al mismo tiempo.
Acaso es posible 
—no todos lo saben— 
vincular cuestiones 
distantes entre sí, 
oír sus lejanas 
concomitancias, 
o a lo sumo aspirar 
a la discreta utopía 
de estar en el lugar correcto 
y en el momento indicado 
cuando un tesoro 
hace su aparición.
Si me necesitan 
ya saben donde estoy.
Estoy en las librerías. 
Permanezco allí la mayor parte 
de las horas del día, 
para dar 
fe de vida.



POR ENTRADAS IMPREVISTAS


por floraciones repentinas 
    o simplemente 
   dando vueltas
    como una nube: 
dentro de poco
  hará su aparición; 
no será con la contundencia 
 de un muro 
sino con la levedad
          de una disipación, 
        acaso menos 
     mucho menos 
que un fantasma;
       una burbuja.
A fin de cuentas
    ¿qué otra cosa queda 
tan poco tiempo
         suspensa 
     entre creación
           y extinción?
Dentro de poco
      hará su aparición 
aparecerá y desaparecerá
       casi simultáneamente, 
      como un desquite 
contra la ominosidad 
   de lo real.



QUIÉN ES QUIÉN

Somos altos y bajos 
Susana Thénon

A la giganta 
con cabeza de alfiler 
   le gustaba en demasía 
un enanito con la cabeza 
del tamaño de una sandía 
   pero ¡Ay!
     ¡No lo que escribía!
Al enanito le gustaba 
la escritura de la giganta 
con cabeza de alfiler 
     pero ella ¡No!
    ¡Nada que ver!
Cuando se encontraban 
con lujo de detalles 
    le contaba él
      sus historias de amor 
mientras ella, por no tener ninguna, 
    le improvisaba
      unos cuentos de terror.



NADA ES SUAVE

para el que cae 
ni el idílico poema 
    del principio 
ni la arena, ni el agua
    o la mullida piel del conejo.
Nada es suave:
El poema del principio puja 
contra el poema del fin;
     todos los días un duelo.
    A su vez,
    el mundo dividido 
entre los que acompañan 
   al poema del fin 
  hasta sus últimas consecuencias 
      y los que no 
  (en esto, como en todo, 
   hay volátiles propósitos opuestos). 
   Quien interminablemente cae 
      día a día manipula
           los resultados
     en favor del poema del fin.
Nada es suave para el que cae: 
    el poema del fin
        exige ser leído
           con un desplome óptico.



LA ORDEN VINO DE ARRIBA 


Los ojos están 
en ambos 
lados del muro, 
sobre los techos 
más inaccesibles, 
en las bocas 
de tormenta; 
están puertas adentro, 
detrás de unas cortinas 
o junto a lo que se barre 
bajo la alfombra; 
están en las butacas 
de la última fila.
Con ansias 
los ojos están 
para atestiguar 
lo existente 
en sus múltiples 
instancias
aunque el fantasma, 
algo menos 
que un enigma 
en trance de
volverse acertijo
para ningún ojo,
sólo se hará visible
si las cuentas
le dan en rojo.



Nos contrataron 
para verificar 
si la montaña 
de basura se halla, 
como el universo, 
en constante expansión.
La orden vino de arriba 
—desde donde 
el personal se ve 
del tamaño 
de una hormiga—.
Si no fuera 
porque las respuestas 
son invariablemente 
las mismas 
y las preguntas 
siempre desganadas, 
se agigantaría 
el interrogante:
¿De dónde son oriundos 
los inmundos?

(Del libro homónimo; 
Bajo la luna, 2025)
Eduardo Ainbinder


Eduardo Ainbinder nació en Banfield, Provincia de Buenos Aires en 1968.
Participó de la revista 18 whiskys y codirigió a principio de los 90 las ediciones de poesía Mickey Mickeranno y Jimmy Jimmereeno. Publicó Nene (Nusud, 1990) y posteriormente las plaquetas Carreras tras la fealdad\ Larga vigilia teórica de mortales y ratones, Insecto adulto, todas ellas de circulación limitada. En el sello Selecciones de Amadeo Mandarino aparecieron La comidilla de todos y Mi descubridor. Todas estas plaquetas fueron recopiladas en Con Gusano (Interzona, 2007), al que sigue ¡Párense derecho! (Gog &¿ Magog, 2015), traducido al italiano como Su, dritti in piedi/, traducción y prólogo de Francesco Tarquini (Edizioni Fili d’Aquilone, Roma, 2022). Editó la revista de poesía Tupé y actualmente codirige ediciones seré breve.

Pueden LEER más poemas del autor en entradas anteriores. 



miércoles, 22 de abril de 2026

CLASIFICADORES DE OBJETOS PLANOS

 


Si me detuviera en ese lugar una lámina de hielo

recubriría mis ojos como una aniquiladora escafandra
y cual motor de hielo no podría
tomar la taza ni blandir una pinza
para obstaculizar la brisa en su tarea de ocultamiento,
mucha nieve, mucha nieve,
fue lo único que dijeron los japoneses.
Mientras tanto abandonaba el mayor espectro de colores 
para depositarlo en una imagen microscópica 
de un organismo estrellado que se traslada 
con naturalidad a universos culturales.
Ahora que estamos a un paso de la total indefensión, 
y superamos el obstáculo del pack y la deriva continental, 
no es de día ni de noche, pero el brillo de la entidad 
puede apagar lo individual,
un cristal periódico suprime todo recuerdo
que podría imprimir situaciones ajenas al presente.



Elevación de los hidratos

Porque complejidad no es una cualidad
adecuada para describir las vicisitudes
relativas a complacer a un rey
me limitare a desarrollar
la inmovilidad de la pieza mecánica
denominada a partir de ahora: unidad de estímulo,

la que en suspendida transición metálica 
atrae sus almas todas como si lucran olas, 
hojas de un mismo océano,
que junto al resto de los objetos comienzan a flotar 
en empatía con la línea del campo.

Los furtivos dedos de la predicción
se acallan ante la derrota de la gravedad, 
para delinear un planeta hecho de cactus 
donde celebrar la condición de reptil.

No es lujo, me dije con ortodoxia: es cal, 
obra del tiempo y los romanos; cal, 
asbesto y alabastro. Ahora

solo nos resta considerar la vida del hilo sisal.



Planificar bajo incertidumbre

No conozco los hechos, conozco el acto 
y a dónde llega
el arco abovedado de lo exterior, 
el salto de una piedra a otra.

Sé que cuando esa masa llegue al piso 
todo movimiento desaparecerá 
al transformar el cielo en un océano 
en donde explotará una bomba 
para ver
cual será la dirección de los peces.

Hay quien quiere ver un colapso 
de la cotidianeidad, hay
quien quiere ver desde el mangrullo 
un infinito en los efectos con el objetivo 
de establecer un sistema inanimado, 
un mecanismo de sugestión rotando 
en su periodo.

No es que quiera decir algo, es que lo dicho 
está sucediendo
entre la línea del campo y el arriba, 
donde entendimiento se vuelve sustancia:

un esfuerzo de orientación
que ya obtuvo sus honorarios profesionales.


FINAL

El conejo de los procesos irreversibles

salta sobre helechos de espuma vitrificada 
y oculta la directriz de su destino, sus patas, 
que a los efectos semejan las virtudes articulares 
de la garza plástica del Nilo son ahora lo único visible. 
En su recorrido no hay nada que pueda olvidar, 
lo que forma un complejo dibujo que confunde 
a otros conejos. Entre tanto, el predador designado 
que observa la carrera mueve sus ojos 
y no emite juicio alguno: no es propio de animales, 
dice con exagerada tranquilidad. ¡Buenos días!
Es de mañana, y aún así, ¿quién necesita 
explicar cómo hemos llegamos hasta aquí?


(Del libro homónimo,
edición de autor, 2024)
Darío Rojo 

(Eduardo Castex, La Pampa, Argentina,1964)

Pueden LEER su biografía y más poemas en entradas anteriores.


lunes, 20 de abril de 2026

SOBRE EL DESTIEMPO

 

Metamorfosis 


Lejana memoria,
tus palabras retumban 
todavía sus sentidos:
la – verdadera –  vida – está – ausente



Dos deseos 


Ojalá fuese un trozo de plastilina 
para que me estires, 
me rompas y me unas
con tus manos; 
o una piedra que arrojaras 
al río donde unos pescadores 
con botas de fieltro esperan 
el pique de los salmones



El rito


Me despierto como si no hubiera dormido. 
Escucho las voces de los muertos que no hablan 
pongo una cucharada de yuyitos en la taza 
y los revoleo contra el cielo: 
que esos pedacitos vuelen
como cenizas se dispersen 
y descansen 


Una idea 


Cada mañana espero 
en la orilla tu llegada, pajarraco de verano,
con los pies descalzos, una fruta de estación
en la mano y la vista puesta en la línea 
del horizonte;
cada mañana 
orilla tu llegada  
en la abstracta 
línea del horizonte



SOBRE EL DESTIEMPO

I

En el destiempo 
las cosas obran 
bajo un modo 
que no es el de la prueba

II


A diferencia del contrafactum, no te situás en la dirección contraria de lo acontecido, sino que marchás en una especie de paralelo invisible. Socio de lo contingente, mostrás lo no sido como aquello que hoy es 

III

El destiempo es un cuadro desfigurado; un retrato privado del trazo y la línea. Deja ver tu rostro luego de una impresión ininterrumpida

IV

El destiempo 
asume un modo 
errático 
de querer 
la convivencia 
con el tiempo

V

Si hay destiempo, tu tiempo fue como amnesia

VI

añorar son máscaras 
del tiempo lo mismo 
que la ocurrencia 

VII

El destiempo presenta su oficio: 
prematuro mandatario del destino

VIII


Ignorás todo sobre el diálogo;
obrás en destiempo, respondés a nada


IX


El destiempo 
es la impotencia que se niega 
a manifestar que podías


X

El azar no todo lo ordena; no todo se construye

XIV

El tiempo es un recurso en extinción

XV

Al destiempo comúnmente 
se lo entiende como 
retardo o precipitación

XXII

El destiempo es la interioridad de un origen. No recupera lo perdido; si estuvieras en lo cierto, sería lo imposible. Estático en su desarrollo, su igualdad no resulta una nada: te afirma como recorrido en la quietud del fuera de tiempo


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)

Gustavo Toba



Gustavo Toba (Buenos Aires, 1973). Es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Publicó el libro 36 desintegraciones (2023) y el disco Despedida (2015). Actualmente escribe para la revista Otra Parte y prepara su segundo disco.


sábado, 18 de abril de 2026

UN CIERVO EN TU MEMORIA

 


Sabemos que los cortes
no cortan la historia, 
no separan la raíz 
de lo que se abre,
solo hacen tajos en la piel que resiste,
una hendidura que deje ver
cierta expresión intraducibie de dolor.
Pero abierto el recorrido,
¿qué queda para cada cuerpo? ¿Una corona 
de fósiles que se resecan? Quizá la marca 
de una rodilla después de la arena: 
el amor es la distancia hasta el infinito 
en el que una vez nos reconocimos, 
ese vuelo de polvo 
que no termina de caer.



Dicen que esta ciudad tiene un río
que aún toca sus orillas a pleno sol,
que hay quienes todavía buscan su oleaje
como si no fuera mentira pintada tras los ceibos,
o recuerdan travesías desde el otro lado del mundo para no volver.
Dicen que esta ciudad tiene un río,
que bañaba su tierra cuando no era promesa imposible
ni persecuciones ni centros de dolor,
que alguna vez los cuerpos disfrutaron sus aguas
y criaturas de las profundidades visitaban su costa
en un tiempo en que no temían volverse despojo.
Dicen que esta ciudad tiene un río, 
aunque no logre verlo más allá de mis sueños, 
como un manto lejano que persigue el horizonte 
en medio de una brisa que roza noviembre, 
un espejismo de este lado del desierto que alimenta 
un futuro de dientes de león.



Lo mejor de diciembre
en Buenos Aires son los tilos.
Sus pétalos no tiñen la ciudad como los de las tipas 
ni maravillan como los tonos de lapachos 
o jacarandás.
Simplemente están ahí, 
sin destacarse
entre los árboles del barrio.
Su flor elige nacer casi a escondidas, 
pero la presencia de su perfume cambia 
el aire y la densidad 
de nuestro ánimo.
Su secreto se hace esperar meses 
y de pronto, nos recuerdan 
que el año es ese manojo 
de florcitas olorosas e invisibles 
que lo inundan todo y a punto de caer.



Constatar que todo sigue,
aunque no nos demos cuenta
—como una muestrita de muerte en vida—,
y que está bien así,
si en el todo, la parte,
te toque o no,
deja su huella
llena de luz, sombra,
trompeteo, vuelo utópico,
leve caricia de mariposa yuyera
que en un segundo cruzó
y se fue.



Una vez escribí
‘una parte de este mundo protege su pausa”, 
y hoy, cuando casi todo está en pausa, 
ese mundo ya no existe,
o bien parece una postal desde una ventana a otros tiempos.
Ahora, detrás del vidrio,
solo veo el cuerpo del palo borracho florecido
contra el cielo gris que simula
una síntesis del momento, pero sé
que es otra distorsión de lo pequeño en lo pequeño.
A veces creo que perdí el hilo,
o tal vez la historia me abandonó hace rato
y ya casi no logro distinguir
qué dibujo en la pared encarna cada rajadura,
qué piedrita sostiene un universo.
Una porción del abismo se siente casa,
pero cómo imaginar
paredes en medio de este viento.

(Del libro homónimo,
Llantén Editorial,2025)

Valeria Cervero


Valeria Cervero nació en Buenos Aires en 1972. Trabaja como correctora y editora. Integró diferentes proyectos de difusión de poesía para todas las edades. Es parte del equipo de la revista digital Op. cit. y una de las organizadoras de Salvaje Fruta, recital de poesía y música en el tejido de lo vivo. Publicó los libros de poemas Cadencias (2011), Escondidas (libro-álbum junto a la ilustradora Vivi Chaves, 113), Equilibristas (2014), Sin órbitas (2016), Madrecitas (2017), Seres pequeños (2018), Sibilejo (2018), Ctalamochita (2020) y Agujeros en la superficie (2021).


IMAGEN: Valeria Cervero- Festival de poesía de Bogotá-2021

Pueden LEER más poemas en entradas anteriores.