martes, 8 de septiembre de 2026

IN MEMORIAM y otros poemas -Alfred Lord Tennyson-

 


IN MEMORIAM A.H.H. (1850)


Obiit MDCCCXXXIII 

Fragmentos

[Prólogo]

Oh tú, Amor inmortal, Hijo fuerte de Dios, 
    a quien nosotros, sin tu rostro ver, 
    por fe, solo por fe, te abrazaremos, 
creyendo lo que no puede probarse;

tuyos son estos reinos de tinieblas y luz;
    tú infundiste la Vida en el hombre y la bestia; 
    tú creaste la Muerte; contempla ahora tu pie 
sobre la calavera que has logrado.

Tú no permitirás que caigamos al polvo:
    oh Tú, que hiciste al hombre, y él no sabe por qué, 
    pues cree que fue creado para nunca morir; 
y Tú lo has hecho porque eres justo.

Tú pareces humano y divino a la vez, 
    el modelo perfecto de los hombres: 
    y nuestra voluntad, sin saber cómo, 
es nuestra voluntad, para cumplir la tuya.

Nuestros pequeños planes ya han tenido su día; 
    son pasajeros, dejan de servir: 
    y no son sino rayos ya oscuros ante ti, 
pues tú, oh mi Señor, siempre eres más que ellos.

Nosotros no podemos conocer;
    pero tenemos fe; qué importa, al cabo, 
    ese conocimiento solo de lo visible; 
y aun así creemos que procede de ti 
ese rayo en lo oscuro; pues que crezca.

Y crezca más y más este conocimiento, 
    más reverencia ya en nosotros mora; 
    para que alma y mente, que son buenas amigas, 
puedan crear su música como antes lo hacían,

pero ahora más vasta. Qué tontos desdeñosos: 
    nos mofamos de ti si vivimos sin miedo; 
    pero ayuda a estos tontos a seguir 
y al mundo vanidoso a soportar tu luz.

Perdona lo que en mí parece mi pecado; 
     o parece valor desde que yo empecé; 
     pues el mérito pasa de hombre a hombre, 
y no del hombre a ti, nuestro Señor.

Perdona mi dolor por quien nos has quitado, 
     una criatura tuya, hermosa para mí.
     Yo creo que en ti vive, y será en ti 
en quien lo vea yo más digno de este amor.

Olvida ya estos gritos y llantos vagabundos, 
     la confusión de una gastada juventud; 
     perdónalos, pues no alcanzaron verdad, 
y en tu sabiduría hazme sabio también.

1849


I

Tuve fe en la promesa, con el que ahora canta 
     ante una clara arpa en tonos muy diversos, 
     de que los hombres se alzarán un día 
y saltarán desde la muerte hacia 
estados de conciencia ya más altos.

¿Mas quién podrá pronosticar los años 
     y encontrar en la pérdida ganancia?
    ¿O tender una mano para, a través del tiempo, 
captar ese lejano objeto de las lágrimas?

Para que no se hundan los dos, deja
    que el Amor y el Dolor se abracen fuerte, 
    y que la oscuridad guarde su cuervo: 
es mejor embriagarse con la pérdida, 
y danzar con la muerte, y al fin morder el polvo,

todo eso es mejor que la burla que harán
    de nosotros las Horas, que echarán a perder 
    los trabajos tan largos del amor, 
y así se jactarán: «Contemplad a este hombre, 
el que amó y perdió, y ahora está desolado».


V

Lo considero a veces, a medias, un pecado 
   el poner en palabras mi dolor; 
   las palabras, como Naturaleza, 
medio muestran y esconden nuestra Alma interior.

Pero, para la mente y el corazón inquietos, 
   es útil el idioma con su métrica; 
   hasta el triste, mecánico ejercicio, 
adormece el dolor como un narcótico.

Me envolveré en palabras como en algas,
   como en un grueso abrigo contra el frío; 
   pero el dolor que cubren las palabras 
es grande y solamente se ha esbozado.



VIII

Un amante feliz, el que ha llegado 
   para mirar a aquella que lo ama, 
   el que enciende la luz y toca el timbre 
y se entera por fin de que ella se ha ido 
lejos, lejos de casa.

El se entristece y toda la luz mágica
   se apaga en la glorieta y en la entrada, 
   y todo queda a oscuras y ya está 
vacío de deleite cada cuarto.

Así encuentro yo cada lugar
   donde los dos solíamos hallarnos, 
   la habitación, el campo y cada calle; 
todo está oscuro porque tú no estás.

Y también como ella, la que sigue vagando
   por desiertos caminos, donde halla 
   una flor maltratada por la lluvia y el viento, 
la misma que una vez ella cuidó;

así es, amigo mío, mi pesar,
   oh mi olvidado corazón, contigo 
   y esta triste flor de poesía 
que podrá marchitarse sin que nadie lo sienta.

Pero, ya que gustó a unos ojos gastados, 
   acudiré a plantarla allí en tu tumba, 
   para que, si es posible, allí florezca, 
o, moribunda, allí pueda morir.



IX

Bello barco, que zarpas desde Italia
   y navegas las plácidas llanuras de la mar 
   transportando los restos de mi querido Arthur, 
despliega bien tus alas, ven flotando.

Y llévalo a su casa, donde tantos lo lloran
   en vano; que te sea favorable 
   el viento, que se agite tu mástil y conduce 
su urna sagrada entre las aguas prósperas.

Y que en toda la noche no sea rudo el aire
   y confunda a tu quilla deslizante, 
   y Fósforo, que tanto brillará, 
igual que nuestro amor, sea luz clara 
cayendo en la cubierta con rocío.

Esferas sean tus luces alrededor, arriba;
   dormid, cielos gentiles, dormid ante la proa; 
   dormid, vientos gentiles, como él duerme ahora; 
amigo mío, él, hermano de mi amor;

mi Arthur, a quien yo no veré más 
   hasta que acabe esta viudedad; 
   querido como madre para el hijo, 
o más querido aún que mis propios hermanos



XII

Mirad, como a paloma que se eleva
   para llevar leyendas de dolor hacia el Cielo, 
   paloma mensajera de un dolor 
anudado aquí abajo, bajo sus alas fuertes;

como ella yo parto: no me puedo quedar; 
   pero dejo detrás esta arca mortal 
   de mi cuerpo, un puñado de nervios ya sin mente, 
y dejo atrás también acantilados 
y me apresuro sobre espejos oceánicos

muy grandes y redondos, y así alcanzo 
   el brillo de los cielos en el sur, 
   y veo velas en la lejanía, 
y en la orilla me quedo ya llorando,

y diciendo: «¿Así viene mi amigo?
   ¿Es este el fin de mis preocupaciones?», 
   y por el aire sube este lamento:
«¿Este es, pues, el final? ¿Es este el fin?».

Y adelante mecerse, jugando con la proa, 
   y volver hacia atrás, adonde el cuerpo 
   está sentado y ahora se da cuenta 
de que yo he estado ausente una hora.




XXII

La senda por la cual ambos nos fuimos,
   adentrados en tramos que tanto nos placían, 
   durante cuatro años se elevó y cayó, 
de flor a flor, nevada tras nevada;

y el camino era alegre, pues nosotros cantábamos, 
   y coronados por la estación plena 
   de un abril a otro abril fuimos llegando;
¡qué alegre el corazón de mayo a mayo!;

pero allí, al principio del camino,
   se inclinaba la quinta ladera del otoño, 
   mientras ya descendíamos siguiendo a la Esperanza, 
allí se vio sentada esa temida Sombra;

la Sombra que quebró nuestra hermosa amistad, 
   y que extendió su manto frío, oscuro, 
   y te cubrió a ti informe en el redil, 
y apagó ese murmullo de tus labios,

y que al fin te llevó donde no puedo ver,
   donde no llegaré aunque vaya de prisa, 
   y creo que en algún lugar del páramo 
la Sombra se ha sentado y ya me espera.




XXIV

¿Y fue este día de total deleite
   tan puro y tan perfecto como digo?
   La misma fuente y manantial del Día 
rompe en islas errantes de la noche.

Si todo lo que hallamos hubiera sido hermoso 
   esta tierra habría sido el Paraíso 
   que nunca contempló un ojo humano 
desde que el primer Sol salió y se puso.

¿Y es tal vez la neblina del dolor
   la que hace estupenda la primera alegría? 
   ¿La bajeza del estado presente 
le concede este alivio a lo pasado?

¿O es que el pasado siempre ganará 
   la gloria por hallarse ya tan lejos; 
   porque no vimos el entero orbe 
de la estrella perfecta cuando allí habitamos?




XXVIII

Se acerca la hora en la que nace Cristo:
    está en calma la noche, con la luna escondida; 
    y las campanas de la Navidad 
suenan en las colinas y juegan en la niebla 
a responderse unas a las otras.

Y cuatro voces desde cuatro aldeas,
    de lejos y de cerca, del prado y de los páramos, 
    se alzan para caer, como si una 
puerta hubieran cerrado entre el sonido y yo.

Y cuatro veces cambia cada voz,
    ahora se dilata, ahora disminuye, 
    paz en la tierra al hombre de buena voluntad, 
paz y buenos deseos para la humanidad.

Este año he dormido, despertado con pena, 
    casi no deseaba despertar,
    quería que mi dominio de la vida se hundiera 
antes de oír de nuevo las campanas:

estas campanas que gobiernan mi alma triste,
    que ya me dominaban desde que yo era niño; 
    pues me traen dolor con matiz de alegría 
las campanas alegres, las alegres campanas.


(Del libro homónimo,
Cátedra, 2022.
Sugerido por 
Gonzalo Acosta Tito)

Alfred Lord Tennyson

(Traducción: José Luis Rey)

(Prologue)

Strong Son of God, immortal Love,
    Whom we, that have not seen thy face,
    By faith, and faith alone, embrace, 
Believing where we cannot prove;

Thine are these orbs of light and shade;
    Thou madest Life in man and brute; 
    Thou madest Death; and lo, thy foot 
Is on the skull which thou hast made.

Thou wilt not leave us in the dust:
   Thou madest man, he knows not why,
   He thinks he was not made to die;
And thou hast made him: thou art just.



Thou seemest human and divine,
   The highest, holiest manhood, thou: 
   Our wills are ours, we know not how; 
Our wills are ours, to make them thine.

Our little systems have their day;
   They have their day and cease to be: 
   They are but broken lights of thee, 
And thou, O Lord, art more than they.

We have but faith: we cannot know;
   For knowledge is of things we see; 
   And yet we trust it comes from thee, 
A beam in darkness: let it grow.

Let knowledge grow from more to more, 
   But more of reverence in us dwell; 
   That mind and soul, according well, 
May make one music as before,

But vaster. We are fools and slight;
    We mock thee when we do not fear: 
    But help thy foolish ones to bear; 
Help thy vain worlds to bear thy light.

Forgive what seemd my sin in me;
    What seern’d my worth since I began; 
    For merit lives from man to man, 
And not from man, O Lord, to thee.

Forgive my grief for one removed,
    Thy creature, whom I found so fair.
    I trust he lives in thee, and there 
I find him worthier to be loved.

Forgive these wild and wandering cries, 
    Confusions of a wasted youth; 
    Forgive them where they fail in truth, 
And in thy wisdom make me wise.


1849

I

I held it truth, with him who sings 
   To one clear harp in divers tones,
   That men may rise on stepping-stones 
Of their dead selves to higher things.

But who shall so forecast the years 
   And find in loss a gain to match?
   Or reach a hand thro' time to catch 
The far-off interest of tears?

Let Love clasp Grief lest both be drown’d, 
    Let darkness keep her raven gloss:
    Ah, sweeter to be drunk with loss,
To dance with death, to beat the ground,

Than that the victor Hours should scorn 
    The long result of love, and boast, 
    ‘Behold the man that loved and lost, 
But all he was is overworn.’



V

I sometimes hold it half a sin
    To put in words the grief I feel;
    For words, like Nature, half reveal 
And half conceal the Soul within.

But, for the unquiet heart and brain,
    A use in measured language lies;
    The sad mechanic exercise,
Like dull narcotics, numbing pain.

In words, like weeds, I'll wrap me o’er, 
    Likecoarsest clothes against the cold: 
    But that large grief which these enfold 
Is given in outline and no more.




VIII

A happy lover who has come
    To look on her that loves him well,
    Who lights and rings the gateway bell, 
And learns her gone and far from home;

He saddens, all the magic light
    Dies off at once from bower and hall, 
    And all the place is dark, and all 
The chambers emptied of delight:

So find I every pleasant spot
    In which we two were wont to meet, 
    The field, the chamber and the street, 
For all is dark where thou art not.

Yet as that other, wandering there
    In those deserted walks, may find 
    A flower beat with rain and wind, 
Which once she fosterd up with care;

So seems it in my deep regret,
    0 my forsaken heart, with thee 
    And this poor flower of poesy
Which little cared for fades not yet.

But since it pleased a vanishd eye,
    I go to plant it on his tomb,
    That if it can it there may bloom,
Or dying, there at least may die.



IX

Fair ship, that from the Italian shore 
    Sailest the placid ocean-plains 
    With my lost Arthurs loved remains, 
Spread thy full wings, and waft him o’er.

So draw him home to those that mourn 
    In vain; a favourable speed 
    Ruffle thy mirrord mast, and lead 
Thro’ prosperous floods his holy urn.

All night no ruder air perplex
    I hy sliding keel, till Phosphor, bright 
    As our pure love, thro’ early light 
Shall glimmer on the dewy decks.


XII

Lo, as a dove when up she springs
   To bear thro’ Heaven a tale of woe, 
   Some dolorous message knit below 
The wild pulsation of her wings;

Like her I go; I cannot stay;
    I leave this mortal ark behind,
    A weight of nerves without a mind, 
And leave the cliffs, and haste away

O’er ocean-mirrors rounded large,
    And reach the glow of southern skies, 
    And see the sails at distance rise,
And linger weeping on the marge,

And saying; ‘Comes he thus, my friend?
    Is this the end of all my care?’
    And circle moaning in the air:
‘Is this the end? Is this the end?’

And forward dart again, and play
    About the prow, and back return 
    To where the body sits, and learn 
That I have been an hour away.



XXII

The path by which we twain did go,
    Which led by tracts that pleased us well, 
    Thro’ four sweet years arose and fell, 
From flower to flower, from snow to snow:

And we with singing cheer’d the way,
    And, crown’d with all the season lent, 
    From April on to April went,
And glad at heart from May to May:

But where the path we walk’d began 
    To slant the fifth autumnal slope,
    As we descended following Hope,
There sat the Shadow fear’d of man;

Who broke our fair companionship,
    And spread his mantle dark and cold, 
    And wrapt thee formless in the fold, 
And dull’d the murmur on thy lip,

And bore thee where I could not see 
    Nor follow, tho’ I walk in haste,
    And think, that somewhere in the waste 
The Shadow sits and waits for me.



XXIV

And was the day of my delight 
    As pure and perfect as I say?
   The very source and fount of Day 
Is dash’d with wandering isles of night.

If all was good and fair we met,
   This earth had been the Paradise 
   It never look’d to human eyes 
Since our first Sun arose and set.

And is it that the haze of grief
   Makes former gladness loom so great? 
   The lowness of the present state,
That sets the past in this relief?

Or that the past will always win 
   A glory from its being far;
  And orb into the perfect star 
We saw not, when we moved therein?



XXVIII

The time draws near the birth of Christ:
   The moon is hid; the night is still;
   The Christmas bells from hill to hill
Answer each other in the mist.

Four voices of four hamlets round,
   From far and near, on mead and moor, 
   Swell out and fail, as if a door
Were shut between me and the sound:

Each voice four changes on the wind,
   That now dilate, and now decrease, 
   Peace and goodwill, goodwill and peace,
Peace and goodwill, to all mankind.

This year I slept and woke with pain,
   I almost wish’d no more to wake,
   And that my hold on life would break 
Before I heard those bells again:

But they my troubled spirit rule,
   For they controlld me when a boy; 
   They bring me sorrow touchd with joy, 
The merry merry bells of Yule.



Alfred Lord Tennyson (nacido en 1809 en Somersby, Lincolnshire, Inglaterra; fallecido en 1892 en Aldworth, Surrey) fue un poeta inglés a menudo considerado el principal representante de la época victoriana en la poesía . Creció en el seno de una familia acomodada que le inculcó el gusto por la lectura, y ya desde joven manifestó sus aptitudes poéticas en unas primeras composiciones a la manera de Pope y Milton.A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas en colaboración con su hermano Charles, Poemas de dos hermanos (1823), y al año siguiente ingresó en el Trinity College de Cambridge, donde entró en contacto con una sociedad secreta de gran prestigio, The Apostles, y conoció al que sería su gran amigo, Arthur Hallan, a la memoria del cual escribió uno de sus poemas más famosos, In memoriam (1850), considerado su obra maestra. Su primer libro importante, Poemas principalmente líricos, apareció en 1830, y tres años más tarde publicó el segundo, Poemas, que no recibió una acogida tan buena por parte de la crítica, a pesar de tratarse de una colección más consistente y lograda, con un mayor dominio de la técnica y de la construcción mitológica, clásica y medieval, y que da pie a la reflexión moral. Abatido por este fracaso y por la muerte, ese mismo año, de su amigo Hallan, Tennyson estuvo diez años sin publicar, hasta que en 1942 apareció su tercer libro de Poemas, con el que recobró cierto prestigio literario, hecho que lo animó a publicar, en 1847, un largo poema sobre la condición de la mujer moderna, La princesa, con el que se consagró como poeta. Tres años más tarde apareció el ya citado In memoriam, tras el cual fue nombrado poeta oficial, con lo que ocupó el sitio que había dejado vacante William Wordsworth. Como tal, escribió la Oda por la muerte del duque de Wellington (1852) y La carga de la brigada ligera, con el objetivo de cantar las glorias nacionales. Respaldado por esta posición oficial, a la que vendría a añadirse, en 1884, el título de lord, trabajó en la composición de una serie de poemas en prosa sobre el rey Arturo, que culminaría en 1859 con Los idilios del rey. A partir del año 1875, Tennyson pasó a escribir teatro (Becket, 1884; Tiresias, 1885), aunque sólo algunas de sus obras fueron representadas. La muerte le sorprendió cuando aún estaba corrigiendo su último libro de poemas, La muerte de Enone (1892).

Biografía tomada de la página:  Biografías y Vidas


domingo, 6 de septiembre de 2026

NOTAS PARA UNA FICCIÓN SUPREMA (III)

 


 DEBE SER ABSTRACTA


III

El poema renueva la vida para que compartamos,
Por un momento, la primera idea... satisface
La creencia en un comienzo inmaculado

Y nos envía, alados por una voluntad inconsciente,
Hacia un final inmaculado. Nos movemos entre estos puntos:
Desde ese siempre incipiente candor hacia su último plural.

Y el candor de ambos es la poderosa alegría
De lo que sentimos acerca de lo que pensamos, del pensamiento
Latiendo en el oído, como si la sangre volviera renovada,

Un elixir, una excitación, un poder puro.
El poema, mediante el candor, nos devuelve un poder
Que le otorga a todo una naturaleza cándida.

Decimos: De noche un árabe en mi cuarto,
Con su maldito hoobla-hoobla-how,
Inscribe una astronomía primitiva

A través de los escollos que el futuro opone
Y esparce sus estrellas por el piso. Durante el día
La paloma silvestre solía entonar su hoobla-hoo

Y aún la más burda iridiscencia del océano
Aúlla hoo y se levanta y aúlla hoo y cae.
El sinsentido de la vida nos traspasa con una relación extraña.



VII

Está bien como es, sin el gigante,
Un pensador de la primera idea. Tal vez
La verdad dependa de un paseo alrededor del lago,

Un componer mientras se cansa el cuerpo, un alto
Para mirar la hepática, un alto para contemplar,
Una definición que se vuelve certeza y

Una espera en esa certeza, un descanso
Entre las cortinas de pino que bordean el lago.
Tal vez hay momentos de intrínseca excelencia,

Como cuando los gallos cantan desde la izquierda y todo
Está bien, equilibrios incalculables,
En los que una especie de perfección suiza adviene

Y una música familiar de la máquina
Establece su Exaltación*, no equilibrios
Que alcanzamos, sino equilibrios que suceden,

Como un hombre y una mujer que se encuentran y se aman de inmediato.
Tal vez hay momentos de despertar,
Extremos, fortuitos, personales, en los cuales

Más que despertarnos, nos sentamos al borde del sueño
Como sobre una elevación, y observamos
Las Academias como estructuras en la niebla.

*Schwärmerei en alemán en el original.




DEBE CAMBIAR

I

El viejo serafín, parcialmente dorado entre violetas,
Inhaló el olor señalado, mientras las palomas
Subían como fantasmas de las cronologías.

Las chicas italianas llevaban junquillos en el pelo
Y éstos que el serafín veía, los había visto hacía mucho
En las vinchas de sus madres; los volvería a ver.

Las abejas llegaron zumbando como si nunca se hubieran ido,
Como si los jacintos nunca se hubieran ido. Decimos
Que esto cambia y que aquello cambia. Así las constantes

Violetas, palomas, chicas, abejas y jacintos
Son productos inconstantes de una causa inconstante
En un universo de inconstancia. Significa

Que el azul de la noche es algo inconstante. El serafín
Es sátiro en Saturno según sus pensamientos.
Es decir que el disgusto que sentimos por esta mustia escena

Se debe a que no ha cambiado lo suficiente. Permanece,
Es una repetición. Las abejas vienen zumbando
Como si— Las palomas traquetearan en el aire.

Un perfume erótico, a medias corporal, a medias
De un ácido obvio, es lo que seguramente pretende,
Y el zumbido es tajante, no desgranado en sutilezas.



IV

Dos cosas de naturaleza opuesta parecen depender
Una de otra, como un hombre depende
De una mujer, el día de la noche, lo imaginado

De lo real. Es este el origen del cambio.
Invierno y primavera, copuladores fríos, se abrazan
Y los detalles del arrebato llegan.

La música desciende en el silencio como una sensación,
Una pasión que sentimos, no que entendemos.
La mañana y la tarde están entrelazadas

Y norte y sur son una dupla intrínseca
Sol y lluvia un plural, como dos amantes
Que se alejan unidos en un cuerpo más vivo.

En soledad las trompetas de la soledad
No son el eco de otra soledad;
Una pequeña cuerda habla por multitud de voces.

El participante participa de aquello que lo modifica.
El niño que toca toma el carácter de la cosa,
Del cuerpo, que toca. El capitán y sus hombres

Son uno y el marinero y el mar son uno.
Sigue tú después, oh mi compañero, mi camarada, yo mismo,
Hermana y solaz, hermano y deleite.




DEBE DAR PLACER


IV

Razonamos acerca de estas cosas con razón tardía
Y hacemos con lo que vemos, con lo que vemos claramente
Y con lo que hemos visto, un lugar que depende de nosotros mismos.

Hubo en Catawba un matrimonio místico,
Fue a mediodía del día central del año,
Entre un gran capitán y la doncella Bawda.

Este fue su himno ceremonial: Entonces
Amábamos pero no queríamos casarnos. Entonces
El uno rechazaba tomar al otro,

Rehusábamos beber el vino del matrimonio.
Cada uno debe tomar al otro, no por la grandeza de él,
Ni por su potencia, ni por el refinado sonido de ella,

Alrededor, el shoo-shoo-shoo de címbalos secretos.
Cada uno debe tomar al otro como signo, un breve signo
Para frenar el torbellino, contener los elementos.

El gran capitán amaba la eterna colina de Catawba
Es por eso que se casó con Bawda, a quién encontró allí,
Y Bawda amaba al capitán como amaba al sol.

Se casaron bien porque el lugar de la boda
Fue aquel que amaban. No era el cielo ni el infierno.
Ellos eran índoles amorosas que se encontraron cara a cara.



VIII

¿En qué creeré? Si el ángel en su nube,
Contemplando con serenidad el abismo violento,
Pulsa sus cuerdas para pulsar la gloria abismal,

Salta hacia abajo a través de las revelaciones nocturnas, y
Con sus alas desplegadas, no necesita nada sino el profundo espacio,
Olvida el centro de oro, el dorado destino,

Se expande ardiente en el inmóvil movimiento de su vuelo,
¿Soy yo quien imagina este ángel no muy satisfecho?
¿Son suyas las alas, el aire lapidado?

¿Es él o soy yo quien experimenta esto?
Soy yo, entonces, el que continúa diciendo que hay una hora
Plena de expresable dicha, en la cual no tengo

Necesidad, soy feliz, me olvido de la mano dorada de la necesidad,
Estoy satisfecho sin la majestad consoladora,
Y si hay una hora, hay un día,

Hay un mes, un año, hay un tiempo
En el cual la majestad es un espejo del yo:
No tengo sino que soy y así como soy, yo soy.

Estas regiones exteriores ¿con qué las llenamos
Sino con reflexiones, las escapadas a la muerte,
La cenicienta completándose a sí misma bajo el techo?


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026, Envío
de Alberto Cisnero)

Wallace Stevens


-Traducción de Isaías Garde- (*)



Wallace Stevens. Poeta norteamericano nacido en Reading, Pennsylvania, en 1879, Falleció, víctima de un cáncer en agosto de 1955, en Hartford, Connecticut. Adscrito, como T.S. Eliot, a la corriente vanguardista. Hijo de un prestigioso abogado, tuvo acceso a una esmerada educación en Reading Boys' High School, en Harvard College,  y posteriormente en New York Law School, donde se graduó como abogado en 1903. Aunque algunos de sus mejores poemas están contenidos en "Harmonium" 1923, "Ideas de orden" 1935, "El hombre con la guitarra azul" 1937, y "Las auroras de otoño" 1950, sólo fue reconocido internacionalmente cuando publicó los "Poemas completos" en 1954. En 1946 fue aclamado por el Instituto Nacional de Artes y Letras. Entre los galardones obtenidos merecen destacarse  el  Premio Bollingen  1950, y los premios Pulitzer y National Book Award en 1955.. Su obra poética se compone de estos títulos:   Harmonium (1923), Ideas of Order (1936),Owl's Clover (1923), The Man with the Blue Guitar (1937), Parts of a World (1942), Transport to Summer (1947), The Auroras of Autumn (1950), Collected Poems (1954), Notes Toward a Supreme Fiction (1942), Opus Posthumous (1957), The Palm at the End of the Mind (1972), Collected Poetry and Prose (1997).Integró, junto a los poetas Eliot, Pound, Moore, Williams, lo que se llamó el Movimiento Modernista norteamericano que tuvo influencias no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. 

(*) Isaías Garde. Escritor y traductor especializado en poesía, nació en Buenos Aires (1961), ciudad donde reside. Coordina desde 2010 talleres de escritura, corrección de estilo y los seminarios “Textos en transición”, en los que se aborda la lectura y análisis de grandes obras literarias. Se desempeña en Institutos de Comunicación como profesor de Redacción periodística, Literatura, Historia del arte y Taller de guion y libreto. Publicó los libros de poemas “Variaciones sobre un mundo cuadrado”, “Milonga inconclusa”, “Máquinas del tiempo”, “Ensamble de espejos” y “Mínima Barroca”.


Nota de Isaías Garde al libro NOTAS PARA UNA FICCIÓN SUPREMA (Parcial): La poesía fue para él un asunto estrictamente privado.“Notas para una Ficción Suprema” apareció como obra independiente en 1942 y más tarde pasó a formar parte del volumen “Transporte al verano” de 1947. Se trata de un largo poema de grandes opacidades y grandes transparencias en el que se desgrana el arte poética del autor a través de tres propuestas que constituyen las tres partes en que se divide el texto: “Debe ser abstracta”, “Debe Cambiar” y “Debe dar placer”.Pese a que el poema admite, en muchos pasajes, las más diversas interpretaciones, podemos estar de acuerdo en que, para Stevens, la ficción suprema es la poesía, entendida no como quehacer meramente literario sino como núcleo de cada una de las artes, a la vez que como actitud vital. "La creencia final es creer en una ficción, sabiendo que es ficción; no hay nada más. La verdad exquisita es saber que se trata de una ficción y creer voluntariamente en ella”, anota en uno de sus “Adagia”. Lo que él dice, tal como yo lo escucho, está acá. Dando por descontado que toda traducción es una foto movida.


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