sábado, 18 de julio de 2026

ANTOLOGÍA PERSONAL -Juano Villafañe-

 

 Poemas anteriores
(Universidad Central del Ecuador, Quito: 1982)

Regreso al patio anterior
Acostumbrarás a ver en el jardín el juguete roto
de tu infancia menor
como un regreso al abandono
al hambre transitorio
a la parquedad de la idea femenina
débil
aprendida en familia.
Así circula el tiempo
como la idea de un muñeco roto.


El combate en el parque

Ella le llevaba sus almuerzos al parque
debe ser hermoso para los pájaros que ella vaya
le lleve sus asuntos 
su pollera.
Él debe almorzar sobre su falda
hacer las lágrimas de un trabajo duro
porque ella sabe que el amor es difícil
y hay que almorzar para dolerse.
Yo solo paso y la miro tenue
también tendré un almuerzo sobre el parque
a todos nos toca un amor debajo de los pájaros
a todos nos toca,
el combate arriba de la tierra



Visión retrospectiva de la botella

(Ediciones Libros de Tierra Firme: Buenos Aires, 1987)


“No vine a vuelo de pájaro y he aprendido otras miserias,
regresé sobre mi pensamiento incauto a la piedra, 
para pedirme estilos en la fuerza de los golpes. 
Era dolido por algunas tragedias, 
pero no vine a vuelo de pájaro, ni saldrán de mí
míseras palabras o sombras de la boca. 
En dolores de la carne se aprende a levantar las rosas 
y grandes columnas para que vivan. 
La alegría de los cuerpos son danzas posibles 
a donde he llegado para asaltar el mundo. 
Los párpados del vino o raza de hombres parecidos 
se atiborran por las calles del cansancio, sombras
del alcohol por donde he bebido para lastimar 
aún más la mujer herida o el duelo 
pródigo de los que compiten. 
Levantaba muertos de mañana como a 12.000 kilómetros
del mundo, a la tarde buscar las que me acompañan 
los puertos, lejos del hambre 
y no será jamás la retórica del cansancio, 
los puertos rostros náufragos o la muerte”.


Carta para Vicki en la botella rota

(Buenos Aires 1976, una mujer daba su último combate)
                                                          
                                                     A Rodolfo Walsh
                                                                             A Vicki   
           
“Anoche tuve una pesadilla torrencial
en la que había una columna de fuego
poderosa pero contenida en sus límites
que brotaba de alguna profundidad…” *

de un mar oculto en una botella rota
quebrada en un combate natural
en infinitudes de vidrios y de ráfagas 
que incendiaban sus límites
las terrazas sobre las casas bajas
y el vestido de niña.
Porque eras una niña así como a la
1.10 h cuando reciben los informes del infierno, 
de los ojos trizados
de las explicaciones en esa carne viva
en lo breve, en lo inútil
donde todo se pudre.
Ahora sólo hago cartas sobre filas de botellas 
que quiebro con los tiros
con los tiros, con el calibre del revólver que llevo 
en la cintura
por si nos sorprenden en el último gesto 
en la oscuridad
o en la humedad de la bebida que marca la miseria.
Hablé con tu madre
quien te inventó en tu vestido corto
y sólo se despide en los alientos que deja el frío 
en el espejo, orgullosa.
(Pero no habrás de saber
que se muere en la ignorancia
que tu padre en el relámpago de otras ráfagas
no tuvo cómo acercarte una carta a la botella rota
o a un sitio más normal, más célebre, más alto
para que la muchacha no fuera excedida por la suerte
excedida por la barbarie, por los torrentes
del que escribe,
                            luego de tu padre).

* Carta de Rodolfo Walsh a su hija María Victoria, 
escrita 10 horas después de su muerte.




Una leona entra en el mar
(Ediciones del Dock: Buenos Aires, 2000; 
Editorial Arte y Literatura: La Habana, 2004)


Ella

Ella podía enamorarse a las tres de la tarde
salir con su blusa al mundo
o mirarse al espejo.
Ella era esbelta
difícilmente esbelta 
más próxima al amor que a los objetos.
Ella podía abandonar el dolor
salir una mañana 
terminar agotada
y agotarme.
Ella podía darse vuelta sobre sí
abrir la puerta
contemplarme.
Ella estuvo una vez a las tres de la tarde.
Por eso es preciso beber, olvidar, dormirme,
alcanzar de nuevo este silencio


Una leona entra en el mar

Una leona entra en el mar
hacia las arenas 
ella la grande
ante lo colosal que dejan las mareas
las medusas frías
y los caracoles muertos.
Cientos de bañistas dioses fundadores revuelan su olfato
lo precioso de un felino que se moja en las aguas
en lo natural de una zona de playa
que invita a esa fiesta entre soles y peces
a la gran fiesta
entre el demasiado público
y el gran público de mar que invade los veranos.
Una leona sale al mar
hacia la música de playa
ella la grande
ante lo colosal que invade los veranos
con los golpes de sol
con los golpes del agua.
Cientos de dioses revuelan lo precioso de un felino 
que se moja en las aguas
en lo natural que dejan las mareas
y esos cuerpos de playa que se llevan al fondo
de otra noche de fiesta de un silencio jadeante
sonidos al fin con ruidos de mareas
altas y bajas que regresan del fondo.
Una leona entra en el mar
hacia la música jadeante
ante lo colosal que invade los veranos.


Deconstrucción de la mañana

(Ediciones Atuel: Buenos Aires, 2006)

La escena contemporánea

En un inmenso mar de fuego se ha perdido la dicha.
En tu calendario arden sólo días de conquista 
y se muere de frente.
Eran todos los árboles en la tormenta.
Todo caía desde un cielo de vapor y humedad de mundo.
No eran el tumulto ni la gloria, ni una piedra dormida 
luego de correr el agua.
No eran así, ni la felicidad ni el olvido.
Rodeada de hojas te dejabas ver en la ventana 
que ilumina el parque profundo,
la noche sin mar
el invierno sin fuego.
Otro calendario vive sin quemarse.
Viven los días que se esparcen en la arena,
con infinitos caballos que regresan del frente


Públicos y privados

(Melón Editora: Vicente López, 2013; Editorial Lisboa: 
Comodoro Rivadavia, 2018)



Una mujer y su hija caminan con una sombrilla de verano

La ceremonia se produce por la rigidez de una mecánica 
que sirve para cubrirse del sol.
Se trata de una sombra que se deriva de una poética 
de metal más alta que las propias mujeres.
De la naturaleza de una protección que se conduce 
caminando y deja su estela de sombras y de luces, 
de arenas hacia el fondo de los montes y de orillas 
hacia el fondo del mar.
No se sumerge una sombrilla, ni su sombra, 
solo van por un camino que las aleja en la mecánica 
que se ha inventado para cubrirse del sol.
Miran el horizonte, sea de agua o de médanos 
o de árboles, no miran el cielo.
El sentido es visible a los ojos, lo que deja la sombra 
siempre se pierde en las espaldas de las mujeres 
y al caer la luz sobre el resto del camino.
Más allá la mujer le dice a su hija: “eran así la felicidad 
y el olvido”, “córrete un poco de mi lado, para que no 
sufras, que la luz te ciegue y te bañe la piel con todos 
los colores del mundo”.


Ciudad Capital, agua de río


Qué será de lo público como una multitud que brilla 
en la ciudad y en los puentes agrestes de rocío 
y césped de comedores.
Qué será de lo privado en un espíritu que bebe 
su vaso de vino desde la altura que dejan las luces del centro,
giro de una provincia que va como siempre hasta la vuelta 
sobre sí, 
tan corta y respirada.
Qué será de mi amor en los puertos y en los claroscuros 
que caen otra vez y otra, para que descanses sobre esta calle 
y la casa del bosque con un frío de alientos 
en la madrugada de un caballo fugado.
Porque el borde de lo sagrado y del agua 
a unas cuadras de aquí, serán altura para darte, 
altillo, secreto mirador 
de una avenida que concluye al río.
Será secreto a voces, con un público que ingresa, 
salida al balcón y a los días que van con los vecinos, 
con los herrajes, los llamadores y el silencio 
de las llanuras construidas y penetradas.
Multitudes rodeadas en los verticales rígidos.
Río extendido, a pasos de aquí, sobre los infinitos de la luz 
y sus reservas, conquistas que fueron una provincia, 
un parador de noche, un campo de indios y malevos 
con copas en su arteria, en su avenida, en sus pendientes 
de las lluvias eternas.
Oh, Ciudad Capital, agua de río.


El corte argentino
(Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2020)


Ella nunca comprendió mis poemas

James Joyce se había enamorado de una mujer
Se trataba de Nora Barnacle, que era una camarera 
del hotel Finn’s, de Dublín
Y que nunca pudo realmente reconocer la figura de Molly Bloom
Ni comprender las imágenes de Joyce y el viaje de Ulises
Aunque para muchos la propia Nora era también 
la propia Molly y la propia Penélope
Y así ella terminaba con su monólogo de mujer inventada
Con un sí, siempre con un sí, o como termina 
la vida realmente con un sí
Que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Porque realmente yo he sufrido
Porque deseaba destruir la imagen clásica del mundo
Y que mi amante terminara de decirme el propio final 
de su propia palabra como fin
Para poder disolver la imagen de la realidad 
en un cuadro de melancolía
Porque al entrar al restaurant ella me dijo: 
sería ideal que una camarera
se enamorara de un intelectual moderno
Y que lo importante era amar 
y no comprender absolutamente nada de mis poemas
Y que ella podía terminar con un sí, iniciar con un sí, 
que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer
Y queda ese dolor por no pedirlo todo
Al quedarme solamente explicando mi última imagen 
de un intelectual moderno
Y que una estación del sur no se recorre en un solo día
Ni Temperley es Dublín, ni en mi barrio 
hay un hotel como Finn’s,
Aunque mi camarera me lo dijo con una claridad extraordinaria
Puedo amarte y no entender nada de tus poemas
Y decirte sí una mañana, 
que es la palabra más hermosa que puede pronunciar una mujer
Y recorrer el sur como si fuese una calle con su plaza
Y dar la vuelta tantas veces como ocurre con tu barrio
Cuando siempre te pregunté lo mismo
Y que no hace falta que yo entienda tus poemas para decirte sí
Que es la palabra más hermosa 
que puede pronunciar una mujer
Y que yo puedo llevarte por el mundo 
sin comprender la menor de las metáforas
Verte con esta boca de tan cerca
Decirte sí de nuevo
Volver sobre el fin con una sola palabra, 
que es la palabra más bella que pueda pronunciar una mujer
Y yo tratar de terminar este propio monólogo 
sin que hayas entendido
absolutamente nada
Y que me digas que sí
Que yo imagino que me dices que sí
Que yo escribo que sí
Que es la palabra más bella que puede pronunciar una mujer 
cuando te escribo.


La pared

Cuando una pared se pinta de blanco
Queda bien blanca
Con los días avanza el primer brillo
Una segunda naturaleza y una extraña luz encendida
Cuando una pared se deja blanca
Por cierto tiempo
Pasa a ser una pared con espíritus que hay que volver a blanquear
Cuando uno se olvida de pintar definitivamente 
una pared con los años
Es una pared donde queda todo:  
besos secos, gritos impregnados, la humedad de los días
Espejos rotos, una muñeca, una respiración, 
un humo que todavía circula casi solo
Las fatigas con fantasmas y con miedos
La pared así es un tiempo oscuro, casi blanco, indescifrable
Es una pared real
Como el amor real de lo perdido, con infinitos besos 
adheridos por el mundo.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,Envío
de Alberto Cisnero)
Juano Villafañe


Juano Villafañe (Quito, Ecuador, 1952). Es poeta, ensayista, periodista y gestor cultural.Vive en la Argentina desde que tenía 3 años y es hijo del famoso titiritero y poeta, Javier Villafañe. Comenzó a escribir a los 14 años. Dirigió durante quince años (1987-2002) Liber-Arte / Bodega Cultural. Tuvo a su cargo la Dirección Artística del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” (2002-2025). Publicó: “Poemas anteriores” (Editorial de la Universidad Central, Quito, Ecuador, 1982); “Visión retrospectiva de la botella” (Libros de Tierra Firme, 1987); “Una leona entra en el mar” (Ediciones del Dock, 2000 - Editorial Arte y Literatura, La Habana, Cuba, 2004); “Deconstrucción de la mañana” (Ediciones Atuel, 2006); “Los Villafañe. Poesía familiar”: selección de poemas de Javier Villafañe, Elba Fábregas y Juano Villafañe (Ediciones Colihue, 2012); “Públicos y privados” (Melón Editora, 2013); y “El Corte argentino” (Ediciones en Danza, 2020).

IMAGEN: Villafañe--PH : Gisella Romino


jueves, 16 de julio de 2026

NUCA


Selección de algunos Fragmentos


Porque la luz visible acontece haya o no ojo, 
así como cualquier tipo de radiación electromagnética 
“recarga energías” al traspasarlas a los cuerpos 
habitados que alcanza. ¿Hablarle de éxtasis al 
anautómata? ¿Éxtasis no incide en forma molecular? 
¿Neurona-espejo en aras movedizas del trance? 
Si hablar del éxtasis plantea un imposible-po-
sible, es aquél, en todo caso, y apenas ello, a-estatus, 
lo que nos habla, los que nos hace hablar (a 
veces sin voz o con voces fugacísimas), nos vuelve 
hablados, acaso habitados por las murmuraciones 
de entidades idas y venidas.



Y si hay un ser de potencias no arrasadas que se 
arrastra entre el sonido o la resonancia, entre el 
ataque y el eco, ello acontece por mor de este limo, 
limar, dado en llamarse conciencia. Conduce susodicha 
a la urdimbre exacta entre sonido y silencio; 
ambos elementos inseparables, una y misma 
materia. Inextricable, pero vibrante. Inabarcable 
de un vistazo lienzo pero recorrible diorama a medida 
que se sueltan prerrogativas cognoscentes y 
pretensiones retentivas. Y en tránsito siempre, 
desde el punto del desplazamiento hacia las mil 
posibilidades a la redonda, hacia las amplitudes 
envolventes al desenvolverse e irradiar ¿imágenes? 
¿imágenes verbales? ¿imágenes transpersonales? 
¿velocidades imagínales? ¿viajes intermoleculares? 
Destellos cenestésicos que enhebra la 
nebulosa de la imagen poética mientras se desenvuelve 
como una voz que avanza a pesar de las resistencias 
doctrinarias del espejo neurona!, con su
historial de adiestramiento. Viene, pronuncia lo 
que se le canta y se le ocurre lo que con precisión 
le ocurre. Quien ahí se apercibe se precipita, ya se 
reencuentra dentro. Recinto deslizante del ser, o, 
mejor, del siendo. Ése que se es, no por fatalidad 
sino por fuerza del deseo, cuya entrega es entre 
todavía y aún, para eclosionar al aunarse, más y 
más, en la lumbre oscilante del ser íntegro y ameboidal, 
singular-plural, irrepetible y corriente.



(Dicho sea y no de paso: perentoreidad en la denuncia 
de ciertos asistencialismos morales pretendientes 
a la regulación administrativa de las 
energías creadoras, en pos de la producción del 
Sentido. Y es que estar es a pesar de la mayusculación 
en absoluto, la cual atropella al matiz e instala 
premisas pro-mentalidad reprimiendo intuiciones. 
Y esto acontece también al filo de las escrituras, 
supuestos pensares, intervenciones de/a 
palabra. Imperio por ejemplo del discurso sobre 
el trance, en vez del trance en cuestión, en que ya 
no se sabría quién discursea o si siquiera hay, en 
efecto, alguna situación en la que algún discurso 
(u oyente receptor del tal) sería útil o medianamente 
necesario. Quizá por eso Perlongher hablara, 
en su recodo experiencial, de la poesía como 
un trance leve, pero al fin y al cabo trance, todavía. 
Y es que en la verbalización poética, tan cerca de 
la música del sentido y en plena sinestesia, asoman 
pensares adiscursivos, racionalidades otras.)



Lo sabe corporalmente quien se manda mudar hacia 
potencias germinales. Así sea un momento y 
deshilaclie. Pensar y sentir no serán andariveles 
separables y que es por eso que puede hablarse de 
iridiscencias o dinámicas fluviales —más el vasto 
rango del cumplimiento analógico— para referir 
todo aquello que acontezca en el punto central y 
concéntrico de la nuca, azogue que no se puede 
raspar. Se carece de herramientas, las uñas necesarias 
para ese rasgueo no son las que crecen desde 
el cuerpo maquinizado del autómata social en 
funciones, sino en el hondo anonimato de quien 
en carne viva se percata, entre las vibratorias generales 
y las que puede dirimir, acaso despegarse 
del imperativo “realidad = discurso = sentido”.



El trance poético elude plástica, danzátilmente la 
tiranía del sentido, pues abóle los dispositivos y 
fanfarrias del reconocimiento, ahí donde la socialidad 
moraliza —recupera o expulsa— una experiencia 
desasida. entonación extática informa 
en vez de corroborar. O será que el sentido acumulable 
es un sentido de segunda mano, sentido ya 
usado, dispuesto a reciclarse para la utilidad de un 
sistema funcional. Mientras que el sentido poético 
se consumaría en su mismo trance, mucho después 
(un desaprender) y por eso bien antes (un 
recordar) de la consolidación discursiva. Vibratorias 
también a través del tamiz de la escucha flotante 
(Didi-Huberman) la cual más o menos reconstituye 
su enlazamiento de trazos a la misma 
velocidad en que continuamente se desata y deshace. 
El desasimiento del trance puede no ser aún 
la impersona inopinable y acaso inefable del éxtasis, 
pero puede inducir a modos de la confianza en
el estar en que las viejas palabras desgastadas por
el uso recobran su vigencia mágica, en el preciso
sentido de abrir anillado, en la impulsión concéntrica
de un inagotable proceso de despertamiento.



El éxtasis, del que nada se dirá parafraseándolo, 
sin embargo se ofrece transrostro diamantino de 
lo salvaje (y que no se puede salvar). ¿Cómo se sacude 
uno un punto ciego en el centro inagarrable 
de la nuca justo cuando hay eclipse del cerebro y 
el corazón? La flámula sensorial bombea, la ocupación 
indómita de la materia se hace carne y lleva 
y trae al continuo desocupante ocupador. Y por 
eso el lector del poema puede, cual arcaica novedad, 
despreocuparse por las previas del sentido 
que tampoco, porque nada más apuntase a alguna 
conclusión, sería el ulterior— y conducirse 
en pro de una desocupación que favorezca las 
emociones misteriosas.


(Del libro homónimo,
Hekht Libros, 2015)

Reynaldo Jiménez


Reynaldo Jiménez nació en 1959 en Limá, Perú, y reside en Buenos Aires, capital de la República Argentina, desde 1963. Ha sido editor y director de la revista-libro y editorial “tsé-tsé” entre 1995 y 2008. Coordinó la colección de antologías “Poesía Mayor” de Editorial Leviatán entre 1997 y 2001. Integró consejos editoriales de plataformas-e y revistas en soporte papel de Argentina, Brasil, Estados Unidos y Perú, así como colaboró con artículos y poemas en decenas de publicaciones gráficas y electrónicas de América y Europa. Participó en festivales y diversos eventos realizados en Argentina, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Costa Rica, México, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Estados Unidos, España y Alemania. Ha sido traductor de numerosos poetas brasileños y responsable de una veintena de antologías y muestras poéticas. Fue incluido en ediciones colectivas y antologías (“Medusario. Muestra de poesía latinoamericana”, “Antología crítica de la poesía del lenguaje”, “Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos”, “Nosotros, los brujos. Apuntes sobre arte, poesía y brujería”, “Jinetes del aire. Poesía contemporánea de Latinoamérica y el Caribe”, “Divina metalengua que pronuncio. 16 poetas transbarrocos 16”, “Déjalo beat. Insurgencia poética de los años 60”, etc.). Se editaron dos antologías de su obra poética: “Shakti”(selección de Claudio Daniel, 2005) y “Ganga”(selección de Andrés Kurfirst, 2006). Publicó —además de libros ensayísticos (“Por los pasillos”—incorporado en el volumen “¡Kwatz!”, compartido con Ricardo Gilabert—, 1989, “Reflexión esponja”, 2001, “El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos”, 2012, “Informe”, 2014, “Nuca”, 2015; con Reedición y ampliación en 2026: NUCA, , ETC., por la Ed. Libros de la Resistencia, “La inspiración es una sustancia, etc.”, 2016, “Intervenires”, 2016, “Arzonar”(2018), entre otros)— desde 1981 los siguientes poemarios: “Tatuajes”,“Eléctrico y despojo”, “Las miniaturas”, “Ruido incidental / El té”, “600 puertas”, “La curva del eco”, “La indefensión”, “Musgo”, “Sangrado”, “Plexo”, “¿Cómo llamar a un tigre?”, “Esteparia”,“Piezas del tonto”, “Funambular”, “Ello inseguro”, “Antemano” y“Olla de grillos”.
(Biografía tomada de la Entrevista realizada por Rolando Revagliatti ) :  http://eurasiahoy.com/19052018-reynaldo-jimenez-sus-respuestas-y-poemas/

Pueden LEER todos los poemas del autor en esta Biblio.: AQUÍ





 

martes, 14 de julio de 2026

PARTE DE LA TRAMA


Oh gentilhombre, la vida es breve. 
Si vivimos, vivamos 
para caminar sobre la cabeza 
de los reyes.
William Shakespeare


Me dirijo, en esta forma, a las 
individualidades colectivas, 
tanto como a las colectividades 
individuales.
César Vallejo
sostener
una idea

mientras cae

su caída
cuidar

a quienes 
por ella
con ella
caen

pluma 
o piedra
en el vacío

iguales 
cayendo

quienes 
sin ella
no pueden 
levantarse
sobre 
la sombra
del caer

en nuestro 
su cuerpo
de verdad

sostener
cuidar
esa idea

con ella
alzarse
otra 


un amor
tardío
por lo tardío
sobre
lo escrito
leído 
o dicho 

otra vez
dice lo nuevo

desde 
el costado 
del alma
del pasado 
a redimir

sus esperanzas
sus derrotas

¿del desierto
la luz
el horizonte 
de las manos
travesía?

un amor 
temprano
de lo que fue será

lo nuevo
dicho otra vez
delante 
de nosotros 

el tiempo a recuperar
del infinito presente
 
devenir umbral 

gramática 
del porvenir 



Lo que podía haber sido 
y lo que ha sido
apuntan a un fin, que es siempre 
presente.
T.S. Eliot
no se puede
callar

esa palabra

con sangre
en los ojos
de los niños
que vemos
volar 
entre ruinas
no se puede
pronunciar
sin dolor

el grito
ensordece
el alma 
una muela
en la garganta
a escupir
sobre el silencio
de antiguos dioses
de los pueblos del desierto
y los nuevos dioses

de la muerte

sobre escuelas
y hospitales
rotos 
los cuerpos
los rezos
los huesos
los muros

de las ciudades
derruidas
que no habitan
sino sombras

esa palabra
en silencio 
nos pudre 
la lengua

el corazón 
en su nombre
al decirla
insiste

no se puede callar


Soy una fuerza del pasado… 
Vengo de las ruinas.
Pier Paolo Pasolini


ii

en el río
que baja 
de su nacer
en tu origen

en su boca 
en el mar
sobre su playa
el barro 
materia pobre
y pura dibuja 
la figura temida
a borrar

¿eliminar
en la oscuridad
su luz?

¿su movimiento?
la historia

de una historia
a contrapelo
la nueva lengua
a conocer
la crueldad
cuadro a cuadro
expuesta
 
su perversión:

la excepción
permanente

la llaga
de la imagen
que seguimos viendo

Los ríos todos van al mar, y el 
mar no se llena; al lugar de 
donde los ríos vinieron, allí 
vuelven para correr de nuevo. 
Eclesiastés, 1:7

Qohélet


iii

de tanto esfuerzo
bajo el sol 
¿nada nuevo?

¿un río
que se vuelve
sobre sí mismo?

de lo que se repite
una vez y otra
¿el oído 
no se cansa 
de escuchar?
¿el cuerpo
de esperar? 

en el recuerdo
de las cosas futuras
el pasado
a redimir



tikkun olam

un hacer
de nuestras manos
otro reino porvenir  
     
iv

¿rota
su hermosa 
canción rota 
en el espejo
donde perdimos 
su imagen rota
en las aguas
de un tiempo
que olvida
su devenir?
 
¿rota en el corazón
de lo que esperanzamos
cambiar?



Ir y quedarse y con quedar 
partirse.
Lope de Vega
a veces
escucho
el silencio 

de aquel cielo 
que compartimos 

repito
tu nombre
abreviado
en un susurro
cambiando 
otra vez una letra 
del sol en vos

cuando huye el día

a encallar
en la noche
hace tanto tiempo

nuestros
corazones 
marcando 
las horas 
de otro lugar

nuestro cuerpo
no tuvo frontera

de uno al otro
dos es infinito
ahora 
decimos 
nada

es otra vez

una playa
entre piedras 
y arena
el sol
que se oculta 

en sus grietas
caminamos

al costado 
de un mar
de pájaros

en silencio

escuchando 
del otro
lo que ya sabemos

no hay lugar
al que volver

juntos

de la mano
bordeando
el paisaje
de una vieja foto

dibujando
el mapa del olvido

Hoy son las manos de la memoria.
Pedro Salinas 


al borde 
de un río 
o un lago 
que sigue 
siendo
un río

una ciudad 
creciendo 
desde sus pies
de agua
 
el presente
de una memoria
a descubrir
un laberinto 
donde perderse
y encontrarse

en el amor
de la amistad 
del amor

dando vueltas
al volver 
y otra vez
dando vueltas

un libro 
donde traducir
sobre lo escrito
lo dicho 
sobre lo dicho
la pérdida
de sentido
de la pérdida
un giro 
un puerto
la música
de un parque

y sus calles 
que nos siguen
llevando
a cualquier parte
de todos nuestros días 


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Ricardo Ruiz


Ricardo Ruiz (Buenos Aires, 1953) Publicó: “Racimo” (Ediciones Kairós, 1980); “peces del aire” (Inédito, 1980); “Poemas” (Edición del autor, 1982); “otros cantos gallan” (Libros de Navegación,1989); “tristes ruidos furias” (Libros de Tierra Firme, 1990); “huesos de otros vientos” (Ediciones en Danza, 2015); “husos del no" (Barnacle, 2022) y “parte de la trama” (Barnacle, 2026).Formó parte del grupo literario “Kairós” y coordinó talleres de poesía. Participó en la antología “65 poetas por la vida y la libertad” (Abuelas de Plaza de Mayo, 1983); colaboró en las revistas “Xul” y “Casa de las Américas”.
Dirige la revista “Presente Griego” (https: //presentegriego.wordpress.com/).


IMAGEN: RUIZ-Foto Upscaleada