lunes, 31 de agosto de 2026

GUARDÉ EL ANOCHECER EN UN CAJÓN


CANCIONES DEL ALBA


Un anochecer yo

Un
anochecer yo 
miraba elevarse el vapor 
de mi cuenco de arroz blanco. 
Entonces supe
que algo se había ido para siempre. 
Que ahora también 
se estaba yendo para siempre.

A comer.

Y me comí el arroz.



La canción que oí al alba 2

Los árboles siempre me acompañan.
La copa, 
las ramillas, 
también las hojas 
me unen 
con el cielo.
Incluso cuando me siento vulnerable, 
cuando mi alma 
se vuelve una piltrafa, 
un harapo andrajoso, 
me miran
antes de que yo los mire
y abren sus labios verdes
antes de que mis venas se marchiten negras.



La piedra azul

La piedra azul
que vi en sueños hace diez años 
¿estará todavía en el fondo del arroyo?

Me había muerto
y caminaba por la orilla de un arroyo un día de primavera. 
Ah, qué bien me sentía muerta.
Radiante, ligera 
como un plumón.

Descubrí unos guijarros
blancos y redondos
en el fondo de la corriente clara.
¡Qué diáfano!
¡Uno, dos, tres!

Allí estaba 
esa piedra,
aún más silenciosa por ser azul.

Sin querer estiré el brazo para cogerla, 
pero entonces supe
que para hacer eso debía nacer de nuevo.
Me dolió por primera vez
saber que tendría que vivir de nuevo.

Abrí los ojos, 
era noche profunda,
seguían tibias las lágrimas que derramé en sueños.

La piedra azul que vi en sueños hace diez años.



TEATRO DE LA ANATOMÍA HUMANA


Esbozo del anochecer 3

El cristal de la ventana

Silencioso se derrama el anochecer 
por el cristal de la ventana, 
papel de hielo.

Anochece sin rojeces.

Cada tanto ondea un abrigo azul de estudiante
en la cuerda de tender
atada al árbol desnudo de la casa vecina.

(En anocheceres como este 
guardo mi corazón en el cajón).

El cristal de la ventana, 
mudo papel de hielo en blanco.

Al abrir los labios,

aprendo
a sellarlos a cal y canto.


LAS HOJAS AL ANOCHECER


A Hyo, Invierno de 2002

«¡El mar no me ha llevado!», 
exclamó el niño 
con cara de susto.
Al ver el mar arremolinarse, 
arremolinarse desde lejos, 
creyó que no pararía de crecer 
hasta cubrimos.

El mar no te ha llevado,
pero cuando vuelva a arremolinarse,
te parecerá otra vez que es infinito
y te esconderás detrás de mí, abrazado a mis piernas,
como si yo
fuera capaz de protegerte 
de todas las cosas, 
incluso del mar.

Como cuando al empeorar la tos 
devolviste la comida y llorando
me llamaste «mamá, mamá», 
como si yo
tuviera el poder de poner fin a tus males.

Pero pronto
tú también sabrás
que lo único que puedo hacer yo
es recordar.
Recordar que estuvimos juntos 
ante esa gigantesca y centelleante ola, 
ante el tiempo
y el crecimiento,
ante todas las cosas que desaparecen
y nacen de nuevo.

Que solo podemos grabar 
en estos cuerpos hechos de arena 
esos instantes como huevos de colores, 
la intimidad de las horas que compartimos juntos.

No tengas miedo
que el mar todavía no ha venido,
que estaremos juntos
hasta que nos lleve,
que seguiremos recogiendo piedras y conchas blancas, 
que pondremos a secar los zapatos mojados por las olas, 
sacudiéndonos la arena rasposa, 
que de vez en cuando
nos dejaremos caer al suelo y con las manos sucias 
nos secaremos los ojos.



De nuevo canción de convalecencia, 2008

Miro pasar un avión 
de brillante cola plateada.

Ha venido de las montañas de la derecha 
y desaparece entre los cirros.

No mucho después

otro avión de brillante cola plateada 
traza la misma trayectoria y desaparece

dentro de los ojos 
del cielo que brilla 
azul
e incandescente

como ciertas palabras, 
como ciertas promesas 
que vuelan planeando y desaparecen.

Con los puños cerrados escondidos en los bolsillos, 
las grabo todas en el reverso de la lengua.

Sobre mis ojos cerrados, luz naranja, 
de un naranja más caliente que mi cuerpo.

Igual que las cosas que se fueron después de arañarme,

que se acumularon con sabor a sangre bajo mi lengua cortada,

(en silencio
y a increíble velocidad)

que borraron sus popias huellas.



El invierno al otro lado del espejo 2

Alguien me dijo 
una madrugada

que la vida no tenía ningún sentido,
que lo único que se podía hacer era lanzar una luz.

En la época en que me despertaba de una pesadilla 
y me esperaba otra capa de pesadilla

algunos sueños, como la conciencia 
o una tarea sin cumplir,
se me quedaban atascados en la boca del estómago. 

Si yo
lanzara una luz

¿se asemejaría 
a una bola?

¿Hacia dónde estirar el brazo 
y cómo lanzarla?

¿Cómo de lejos o cómo de cerca?

Pasaron años sin que pudiera cumplir la tarea.
A veces
me quedo mirando la bola de luz
que conseguí reunir a duras penas con mis manos.

Quizás era caliente 
o quizás fría 
y transparente.
Quizás se me derretía entre los dedos 
o se evaporaba blanca.

Pero ahora
que estoy dentro del mediodía al otro lado del espejo, 
me acuerdo de ese sueño
como si recordara la medianoche profunda de fuera del espejo.

(Del libro homónimo,
Lumen, 2025)

Han Kang

(Traducción: Sunme Yoon)



어느 늦은 저녁 나는

어느
늦은 저녁 나는 
횐 공기에 담긴 밥에서 
김이 피어 올라오는 것을 보고 있었다 
그때 알았다
무엇인가 영원히 지나가버렸다고 
지금도 영원히 지나가버리고 

밥을 먹어야지

나는 밥을 먹었다




새벽에 들은 노래 2


 제나 나무는 내 곁에 하늘과

나를 이어주며 거기

우듬지

잔가지

잎사귀 거기

내가 가장 나약할 때도

내마음

누더기,

너덜너덜 넝마 되었을 때도 

내가 바라보기 전에 

나를 바라보고 

실핏줄 검게 다 마르기 전에 

그 푸른 입술 열어



파란 돌


십 년 전 꿈에 본 파란 돌
아직 그 냇물 
아래 있을까 난 죽어 있었는데

죽어서 봄날의 냇가를 
걷고 있었는데 아, 죽어서 좋았는데 
환했는데 솜털처럼 
가벼웠는데

투명한 물결 아래 
희고 둥근 
조약돌들 보았지 
해맑아라,
하나, 둘, 셋

거기 있었네
파르스름해 더 고요하던 
그돌

나도 모르게 팔 뻗어 줍고 싶었지 
그때 알았네
그러려면 다시 살아야 한다는 것
그때 처음 아팠네
그러려면 다시 살아야 한다는 것

난 눈을 떴고,
깊은 밤이었고,
꿈에 홀린 눈물이 아직 따뜻했네 

 십 년 전 꿈에 본 파란 돌




녁의 소묘 3

一 유리창

유리창,
얼음의 종이를 통과해 
조용한 저녁이 홀러든다

붉은 것 없이 저무는 저녁

앞집 마당
나목에 매놓은 빨랫줄에서 
감색 학생코트가 이따금 펄럭인다

(이런 저녁
내 심장은 서랍 속에 있고)

유리창,
침묵하는 얼음의 백지

입술을 열었다가 나는

단단한 밀봉을 
배운다




효에게. 2002. 겨울


바다가 나한테 오지 않았어 
겁먹은 얼굴로 
아이가 말했다 
밀려오길래 
먼 데서부터 
밀려오길래 
우리 몸을 지나 계속 
차오르기만 할 줄 알았나 보다

바다가 너한테 오지 않았니 하지만 다시 
일려들기 시작할 땐 다시 
끝없을 것처럼 느껴지겠지 
내 다리를 끌어안고 뒤로 숨겠지 
마치 내가 
그 어떤 것,
바다로부터조차 널 
지켜줄 수 있는 것처럼

기침이 깊어 먹은 
것을 토해내며 눈물을 흘리며 
엄마, 엄마를 부르던 것처럼 
마치 나에게
그걸 명춰줄 힘이 있는 듯이

하지만 곧
너도 알게 되겠지
내가 할 수 있는 일은
기억하는 일뿐이란 걸
저 번쩍이는 거대한 흐름과
시간과
成長,
집요하게 사라지고 
새로 태어나는 것들 앞에 
우리가 함께 있었다는 걸

색색의 알 같은 순간들을 
함께 품었던 시절의 은밀화처
음부터 모래로 지은 s 이 몸에 새겨두는 일뿐인 걸

괜찮아
아직 바다는 오지 않으니까 
우리를 쓸어 가기 전   
지린 이렇게 나란히 서 있을 테니까
조개껍데기를 더 주울 테니까 도에 젖은 
신발올 말일 테니까 까끌거리는 모래를 털며 때로는
주저앉아 더러운 손으로 눈을 훔치기도 하며





다사 회복기의 노래. 2008


은색 꼬리날개가 반짝이는 
비행기가 날아가는 것을 본다

오른쪽 산 뒤에서 날아와 
새털구름 안쪽으로 사라진다

얼마 지나지 않아

다른 은색 꼬리날개가 빛나는 비행기가 
같은 길을 긋고 사라진다

활활
시퍼렇게 
이글거리는 하늘 
의 눈[眼] 속

어떤 말,
어떤 맹세처럼 활공해 
사라진 것들

단단한 주먹을 주머니 속에 감추고 
나는 그것들을 혀의 뒷면에 새긴다

감은 눈 밖은 주황빛,
내 몸보다 뜨거운 주황빛

나를 긋고 간 것들

베인 혀 아래 비릿하게 고인 것들

(고요히,
무서운 속력으로)

스스로 혼적올 지운 것들



거울 저편의 겨울 2

새벽에
누가 나에게 말했다

그러니까, 인생에는 어떤 의미도 없어 
남은 건 빛을 던지는 것뿐이야

나쁜 꿈에서 깨어나면 
또 한 겹 나쁜 꿈이 기다리던 시절

어떤 꿈은 양심처럼 
무슨 숙제처럼 
명치 끝에 걸려 있었다

빛을
던진다면

빛은
공 같은 걸까

어디로 팔을 뻗어 
어떻게 던질까

얼마나 멀게, 또는 가깝게

숙제률 풀지 못하고 몇 해가 갔다 
때로
두 손으로 간신히 그러쥐어 모은 
빛의 공을 들여다보았다

그건 따뜻했는지도 모르지만 
차갑거나
투명했는지도 모르지만

손가락 사이로 홀러내리거나 
아얗게 증발했는지도 모르지만

지금 나는
거울 저편의 정오로 문득 들어와 
거울 밖 검푸른 자정올 기억하듯 
그 꿈올 기억한다


Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970), galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2024, empezó su carrera como novelista al ganar el concurso literario de primavera del diario Seúl Shinmun en 1994. Es autora de las novelas La vegetariana (Random House, 2024; Premio Booker Internacional 2016),La Clase de griego (Random House, 2023), Actos humanos (Random House, 2024; Premio Manhae de Literatura de Corea y Premio Malaparte en Italia en 2017), Blanco (finalista del Premio Booker Internacional 2018) e Imposible decir adiós (Random House, 2024; Premio Médicis Étranger 2023), así como del poemario Guardé el anochecer en el cajón (Lumen, 2025). La autora ha recibido también el Premio Yi Sang, el Premio Artista Joven del Año, entre otros galardones. Ha trabajado como profesora en el departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl hasta 2018 y en la actualidad se dedica por completo a la escritura. Su obra ha sido publicada en más de treinta idiomas.


 

sábado, 29 de agosto de 2026

LIBRO DE TORMENTAS














La ciudad englutida


Yakuza

Tienen un cuarto lleno de 
juguetes,
cortadoras de césped,
bolsas reventadas de comida,
libros para tapar huecos,
títulos, 
pisapapeles,
ceniceros, 
camas dobles, 
cajitas de fósforos.
Necesidad de ir y venir:
devoran, terminan, empiezan otra vez.
Tienen.
Juguetes, 
ceniceros,
flamencos de goma, 
listas, 
almanaques.
El ruido de un caño de escape,
fuego de hornallas,
un par de cuadrúpedos salivando 
la alfombra.
Tienen el viento de sus viajes,
el instinto de su fe,
números: 
hijos,
amores,
visitas, 
manos…
la vida en sus manos.
Tienen mi edad.
Sus ojos tienen la pared de mi jaula,
el arca que orilla este oráculo.
Entonces,
por ese gélido gemido,
por las hebras prójimas
en ruina,
entre voces que diluvian bajo el tiempo,
no tendrán mi muerte,
ni mi sangre.


Monólogo de Filomena


Una cascada se derramaba por su pelo hasta los pies. Llevaba una tela estoica sobre la espalda, un cielo pálido y el ala incompleta de un cupido.
Ojalá este tapiz no cifrara tu historia. Puedo reescribirla y robarle la palidez a ese cielo que osadamente se rasca con tu piel. “No”, me respondía. “No”, una y otra vez. No. Los dioses lloran conmigo. Mis manos nunca se tiñeron con un azul como el zafiro. Tengo las uñas sucias de tinta, más digno es el paño que lustra tu corona. “No”, volvió a responder. Nunca me atreví a moverme. Permanecí arrodillado a sus pies. 
Mis huesos blandos hilaron la imagen del tapiz. Tal vez envuelvas mi cuerpo con él cuando muera, tal vez lo hagas para preservar mi tinta del polvo.  Es lo único que queda.

Ven, escribe mi ala, dijo. Tu voz es la mía. 



Manos en el invierno

Apolonia tiene las manos rojas, resecas
pero no son como la corteza de un árbol.
Sangran, tienen llagas entre los nudillos.
Apolonia no podía conversar en la mesa,
tuvo que aprender a hablar y
repetir cada uno de los pasos.
La sangre de Apolonia es
la ampolla del marfil, la irritación de la pluma,
una flor que cae y su oráculo,
la palabra seca del Profeta,
la savia de la hoja que se limpia en la tierra, 
el goteo de barro que deja el río en los pies.
El roble más grande del patio
elonga las raíces largas como la noche
     hasta anudarle las tripas.
Nunca llegaron a sus manos,
manos bellas y manos rojas, todavía rojas,
de tanto lavarse como una forma de su obsesión


Baco enfermo

Yoknapatawha

I
El valle es una boca descuidada;
nos arrastra,
nos pierde en el río.
Corre por galerías en bajada.
Túneles de hierba seca que lloramos, 
que jugamos
como Dios y el Diablo.
A pisotear escorpiones en la arena,
a levantar la piedra que oprime.
Agradecer la tierra
y mojarnos en el azabache del llanto.
Ese bramido, 
el talismán de nuestros sueños,
el lobo que destiñe el pasto.
Ese bramido que rompe el valle
para que nuestra noche muera en la garganta.
Todo cae, desaparece;
hasta el vinagre en las almohadas.
Un avión quiebra el dorado nítido
y une lo que no vemos.
El invertido marfil de ladrillos.
El aliento que oprime la montaña. 


II
Las herraduras se pegan en el barro,
hay un siseo bajo la lluvia
y Arca Roja muere junto al río. 
Ella no le teme al bosque.
El camino se evapora
para fundirse en el desierto
y en los nombres que trae el viento.
Sombra Azul escucha el siseo,
impone su pecho en la corriente del Tippah
al sentir que sus crines velan a la mujer que lleva.
Ahora, Arca Roja espera entre los árboles,
para señalar, con sus dedos ensangrentados, 
el escondite de la roca. 
Como una gota en el mar, Sombra Azul
truena su pecho de barro.
En un mausoleo de ráfagas se convierte en poeta
y busca un talismán entre oleadas del cielo y del río.
Arca Roja, el rapsoda de su tribu,
ahora dice su nombre
y como un sagrado talismán,
canta para ella
otra vez la eternidad. 
Así escribió su vida:
Como las olas que abandonan el mar.



Williwags

Supongamos que pienso mi muerte:
redimo la palabra “viento”
y la abandono en un bote. 
En el viento supiste que te refugiabas por última vez.
Recuerdo la palabra en mi tumba. 
Mi alma se salva entre las cenizas congeladas de un brasero
y en esas alas negras que deshilachan
el cielo. Se salva de aquel viento
que me lanzó contra las piedras,
y de la sombra más oscura 
que me trajo al olvido. 
Siento un cosquilleo,
una corriente
en los 
pies. 



Fuego en la cima de la montaña

I

Un sorbo de golondrín 
   quiebra la frescura del río,
la quietud a espaldas del día.
Apenas una hoja de espada cabe entre el muelle y el bote.
El sogún huye, cabeza por la que corren filos de ingratitud. 
Al otro lado, un último guerrero
separa la cabeza de su pueblo.
Su conciencia respira en las heridas del valle:
como una sola antorcha y un solo escudo.
Ahora es otro y, sin embargo, el mismo.


II
El bosque, una sombra de ballenas.
El cielo, un cuenco de lluvia o
el velo de pájaros.
Fisura entre hierbas.
Su corazón de bambú y
sus ojos de pluma
que quiebran la fibra que une. 
Se oye una voz mendicante.


III
…luz que cae por hendiduras de un canasto,
trizas sobre la fruta,
cebada en el patio, 
el faisán ya no cuelga desnudo,
yace, junto al jardinero,
bajo el peral.
Los usurpadores ajenos no tienen delatores
en las tierras del Señor.


IV
El pez divaga en las entrañas
sin advertir el cauce del río,
en la impensada penumbra
que arrastra y
surca la Tierra.
Un día, el hombre de barro 
suplicará la lluvia para borrar sus ojos,
para quedar deshecho en estas líneas.


V
Mientras el guerrero luchaba
el sogún gritó su nombre desde el bote.
Su mujer llorará sobre el papiro
y romperá las estrellas con silencio y con espinas.
Flor que cae y se vislumbra
en cascadas de pasos desfigurados 
por el barro.
Sombras entre árboles,
monjes entre columnas.
Dios respira cerca, allí,
en la cima de la montaña.  



El palacio de la luna

no es el viento que rasura
   esta garganta de sombras
ni el aserrín hueco,
costilla que es década y plegaria.
no es el témpano espejado de las palabras ni
el pulso irreverente
   de esta luz que tira, 
que se vuelve mito
y sangra
el costado cóncavo de la máscara
nunca muere
en su círculo
evita los cortes
y sangra
es este fuego, la mano
que tira del pecho,
la piedra en el estómago
el ruido en la tormenta que calla,
la diosa 
que naufraga entre llamas y charcos
y carcome la hierba seca
de nuestra imagen;
es esta piedra que pide respirar,
la soledad volviéndose bella y eterna.


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026, Envío
de Alberto Cisnero)

José Ignacio Hernández


José Ignacio Hernández (1988, Argentina) Es escritor y estudiante de música. Publicó en diversas revistas: “Círculo de Poesía”, “Diario Los Andes”, “Ceniza”, “Surco”, “Buenos Aires Poetry”, “Irradiación”, “Ulrica”, “Santa Rabia Poetry”, “Phantasma”, “Grifo”, “Autores”, “Portal Azimut” y “El Poeta Ocasional”. Entre 2019 y 2024 estudió en el taller literario de Diego Niemetz. En 2025 fue seleccionado para estudiar en el Writers’ Workshop de la Universidad de Iowa, con el poeta Mark Levine. En el presente, continúa sus estudios de escritura con el poeta Lucas Margarit. “Libro de tormentas” es su primer volumen publicado.


jueves, 27 de agosto de 2026

ASÍ HE PASADO POR EL MUNDO y otros poemas

 


Así he pasado por el mundo

En páginas de libros aún no escritos,
en pétalos que leves se entreabrían
bajo el velado sol de una selva lluviosa,
en los labios desnudos de una mujer dormida
se posaron mis labios.

No se posa la abeja en el estambre
con menos peso. El toronjil, la menta,
el tomillo, en la miel serrana ocultos,
no se insinúan en la boca pura
de una niña con menos insistencia.

Así he pasado por el mundo, 
sin dejar otra huella que la que deja el tiempo
sobre sí mismo. Fui sólo una hebra
volátil del telar de aquella reina
que desteje de noche lo que teje
cada día... La Reina de la Vida. 

Y hermoso es lo que fue si lo miramos
nimbado por el oro fatal de lo perdido.
Más hermoso es aún lo que pudo haber sido
en los pliegues del tiempo, lo que una vez soñamos.
Y aún más hermoso es siempre, aquí en tu casa,
el instante de amor que desearíamos
detener en su vértigo y que pasa.

2016


La mitad en la sombra

La mitad de la cara está en la sombra
siempre, la luz no abarca todo el cielo
ni es posible saber lo que te oculta
el pleno mediodía. Sueño o música
o selva oscura o fuga de rapaces
o en el hilo de Ariadna la ilusión
de ser libre algún día –son la prueba
de que tu propia voz esconde al otro
que ríe o que sonríe a tus espaldas
mientras vas por el mundo. No te espantes
de las iridiscencias y matices
del ambiguo crepúsculo en el agua
más transparente. En lo que digo late
un secreto, un secreto, en lo que callo 
asiente su verdad tu ayer sepulto.
La mitad de la voz está en la sombra
siempre. Nadie lo dice nunca todo.
Tampoco yo, que todo te lo digo.


Enero 2026


Arabesco

El alto dinoterio escuchaba tu primer arabesco
absorto en las praderas del mioceno,
querido Claude, y la mojada primavera
subía por las venas rígidas de los árboles 
y el futuro se abría en nubes ligeras, deshilvanadas, flotantes.
Allí estaban también los cuadernos y lápices de la felicidad,
la que no necesita explicación, 
porque la dama que esperaba –descalza, grandes ojos
y cintura que anhela como un álamo cuando la luz vacila – 
no tenía un solo nombre sino todos
y mi deseo la llamaba.

No conocía aún la fábula del rey y de sus hijas ciegas 
que encienden en la torre una lámpara vana
y esperan al que nunca vendrá.

Entonces penetré en el hipogeo
y visité a escondidas, solo y temblando,
la voz que me invitaba bajo el lino traslúcido,
el beso del silencio bajo la voz desnuda.


2004-2015


(Inéditos; Gentileza del autor)


La garganta en la roca

XIV. Maestra ciruela

Cinco pétalos blancos y en su centro 
los pistilos de oro y madrugada.
Vimos así al ciruelo florecido 
y era todo el ciruelo una flor blanca.
Era todo el ciruelo una flor blanca 
y nuestra huerta entera perfumaba.

Era una maravilla
ver y sentir la flor y su perfume.
Con vientos y con lluvias vino octubre 
y las flores cayeron.

De las mil ciruelitas diminutas 
que al fallecer los pétalos dejaron, 
algunas prosperaron.

Verdes, ya del tamaño de una uva 
pequeña, ayer las vi al sol de la tarde, 
en una tregua de la lluvia.

Nada la vista en ellas imagina 
de la profunda púrpura y dulzura 
que se deshará fresca entre los dientes 
y dejará en los labios un sabor 
parecido al amor.

Nada tienen que hacer, sino dejarse 
vivir, permanecer, bien agarradas 
a las ramas, ocultas en las hojas, 
hasta ponerse dulces y moradas.

Sin esfuerzo, sin maña, sin escuela, 
nada más que con tiempo, 
aprende la ciruela a ser ciruela.


(Del libro:"Un oráculo de agua",
Fénix,2023)



La voz humana

Como dos soledades que se tocan 
desde planetas muy lejanos, 
ella v yo hemos hablado por teléfono 
oyendo más la voz que las palabras 
tal vez, como si las palabras 
dijeran menos que la voz, 
como si las palabras fuesen algo 
pero la voz lo fuera todo.

Casi desconocidos, ella y yo
nos hemos casi amado por teléfono,
como dos soledades que se alcanzan
desde planetas muy lejanos,
unidos aun por la distancia,
sin vernos, sin tocarnos, sin olernos,
sólo oyendo esa voz en el teléfono,
como si fuéramos fantasmas
hablándonos desde otro más allá,
como dos almas que habitadas
por densas multitudes de voces implacables
pudieran descansar por un momento
en esa sola voz que no es fantasma,
que no acusa ni miente,
en esa sola voz piadosa,
en esa voz humana resonando en la noche.


(De: "Letras de agua"; 
Pliego de Poesía,OVA
        Ed.Juan Meneguín)

Alejandro Bekes


Alejandro Bekes (Santa Fe, 1959) ha publicado los volúmenes de poesía Camino de la noche (1989), La Argentina y otros poemas (1990), Abrigo contra el ser (Ediciones Río de los Pájaros, 1993),El hombre ausente (Colección Fénix, 2004), Si hoy fuera siempre (2006) y Virgen de proa(Pre-textos, 2015) y Un oráculo de agua (Fénix, 2023). Ha traducido una selección de la Poesía de Nerval, Venus y Adonis, de Shakespeare, Geórgicas de Virgilio, Fábulas de Fedro y la obra completa de Horacio (en cuatro tomos: Odas, Epodos, Sátiras y Epístolas, 2005-2022). Milagro de Ia noche (2019) incluye las traducciones de la Elegía de Thomas Gray y de En Villequier, de Víctor Hugo, con extenso prólogo. Es autor del diccionario de lingüística y teoría literaria Breviario filológico (2013) y de los libros de ensayo Los caminos tortuosos (1998) y Lo intraducibie. Ensayos sobre poesía y traducción (2010) y de un diccionario mixto titulado Breviario Filológico. Ha sido docente titular de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Ha dictado numerosos cursos v conferencias sobre la enseñanza de la lengua materna, la literatura y la traducción. Actualmente coordina el taller de lectura Amaranto”,


Pueden LEER todos los poemas del autor:  AQUÍ