viernes, 18 de agosto de 2017

DISTINGUIDA






















Bella
leve
hundida en éxtasis
inesperado
sacudida
apenas
por la hamaca
del vagón
lleno
va
entre rostros
sordos
mudos
huecos
crueles
cientos
de zombies
de Romero
a las tres
de la tarde.
Baja
en Malabia
elige
por escalera fija
no mecánica
se hamaca
ella ahora
sube
paso a paso
escalón
a escalón.
Buenos actores
todos
colgados
de la también
inesperada
muerte
cotidiana
no necesitan
maquillaje
ni música incidental:
nadie la mira
ni la ve





Elvio Gandolfo (San Rafael, Mendoza, Argentina, 1947)




miércoles, 16 de agosto de 2017

A LO LEJOS






















Sobre una terraza
a más de una cuadra
de distancia, la mujer
tiende la ropa,
muñequito raro,
sin detalles,
claramente individualizado
sin embargo
en el paisaje gris
del día nublado
por su remera o pulóver
de color rojo.

El dedo gigantesco
de la altísima antena
clavada dos o tres
cuadras más allá
parece señalarla:
no el dedo de Dios
sino un dedo
puramente tecnológico,
frío, de metal.

Si la viera Fritz Leiber
borraría detalles
(sábanas y ropa),
elevaría la altura de la terraza,
la ubicaría en el centro
de San Francisco,
sobre una colina rara,
y haría que la mujer
estuviera bailando
una danza extraña
y primitiva en medio
de las calles de la gran ciudad.

Salve, maestro.




Elvio Gandolfo (San Rafael, Mendoza, Argentina, 1947)




lunes, 14 de agosto de 2017

VISIÓN DE LAS CIUDADES































LA CANCIÓN DEL PRÓJIMO



Una parcela de pasto en forma
de rectángulo, entendida a lo largo
de la costa, delimitada por cordones,
y en ella filas como antiguos
y palmeras dispersas, cada una
con tres o cuatro pelos;

y después otra parcela prolija,
circular o en forma de cuadrado
y después otra, todas separadas
por grandes explanadas de baldosas,
y así trapecios y triángulos que forman
como camas o minúsculos
jardines para mirar el río:


ahí


los domingos llegan de todas partes
parejitas y familias numerosas
y se tiran y despliegan manteles,
reposeras y canastos, y de un
momento a otro, el parque es un tendal.


* * * * * *

Hay guirnaldas colgando de los árboles
y globos y banderas de colores

y senderos y cercos y casillas
de las que salen como cucúes
chicas jóvenes de provincia
mostrando fotos.

Es verano o primavera
o hace un poco de calor
y el sol brilla en lo alto sobre todos:

una nena se entretiene
corriendo en redondo a otra nena,
mientras unos turistas extranjeros,
con las cabezas gachas, inclinadas,
las caras ocultas en los cúmulos
de sombra que forman sus sombreros,
comparan lo que ven con una guía,
moviendo la cabeza como pájaros,
y luego alzan la vista
rosados y molestos por el sol.

Se funden en un único bullicio
los cantos de las aves con los ruidos
de motores, risas y moladoras...

...bocinas, silbatos y cantitos
de los vendedores ambulantes...

y sobre ese fondo
se recorta una voz amplificada
que les dice a los que miran:

...lo que ven a su derecha es el rio...

y cuando todos los que van
en la especie de carroza conseguida
al sacarle el techo a un micro,
giran la cabeza, lo que ven,
en efecto, encajado en un canal
como un perro amaestrado,
es el río.


******

Uno que acelera con la moto  
a todo lo que da por la avenida
que bordea el parque y hace un tajo
en el continuo del murmullo
ambiente que enseguida se sutura.


*******

La costa se va llenando de gente
y ahí el Prójimo recibe luz de sol.
Una luz que se derrama uniforme
sobre calles, plazoletas y playones
y destella en los techos de los autos.

Ahí recibe luz de sol el Prójimo,
y la luz se cuela en todas partes
y le da en la cara, en las piernas,
en los brazos y también en el espacio
que le quedó al descubierto entre
el pantalón bajo y la remera subida.

Tomó el tren hace un rato
y llegó caminando, con toda su familia,
abriéndose y mezclándose entre otras,
las mujeres, los hijos en racimos,
y después de dar unas vueltas
se instaló en un claro como otros,
dejándose caer.

La luz, una luz indudable, la misma
que se imprime en las montañas, la llanura
y en lugares con nombres conocidos,
lo ilumina y a todo lo demás...
...y el Prójimo recibe la luz y ésta
se derrama iluminando el pasto,
las pulseras, los tatuajes, los pelos
de las mujeres: rubios, marrones, teñidos
que se mueven como copas de árboles...

...y la luz da sobre los gorros blancos
de los heladeros y sobre el cromo
reluciente de los autos que, mientras
pasan y pasan las filas de a pie,
se deslizan como una animación...

Alguien aplaude. Hay carcajadas.
Vocecitas agudas de chicos.

De vez en cuando, cuando
sopla una ráfaga de viento,
sube el tufo de las aguas que están
cumpliendo el rol de aguas ahí
y por ellas navegan orondos
los conquistadores, como en un desfile
bajo la vista de las multitudes,
en barcas blancas de apliques cromados...

El mediodía se estira y se funde
con la tarde, los chicos se dispersan,
y junto a su mujer que se abanica,
el Prójimo se duerme...

las chicas van y vienen a su alrededor:
llenas de la fuerza de la especie,
chillan, se empujan y se gritan
blandiendo aparatitos en sus manos
y subrayándose el rouge que de a ratos
se les borra o deslee;
posan, se sacan fotos a sí mismas,
o entre ellas y debajo de algún árbol
o paseándose en guardia por la costa,
las miran de reojo los policías jóvenes

Y así se va toda la tarde.


******

Y pasan los barcos y pasan los remeros
clavando sus remos de madera,
el remate de las palas pintado
en franjas como el plumaje de un ave
entrando y saliendo a la luz
con rítmica armonía en una danza
y el agua se sacude suavemente.


* * * * *

Contra el cielo celeste,
en lo alto, una barca de mentira
que imita burdamente la madera
pendula gigante y según el viento
llega o no el rumor del griterío
de hordas de niños enloquecidos
que entran en pánico a un ritmo fijo
y todos a la vez como frente
a la pantalla del cine
viendo una de terror.


* * * * *

Vetas doradas y fucsia detrás
de ramas y tejados superpuestos.
Atardece sobre el tanque de agua
que parece un plato volador.


******

Pasa un auto haciendo zumbar cumbia
y una avioneta hace un ruido nasal
que decrece. Y luego se vuelven
a destapar las risas y grititos
de los chicos que seguían indiferentes,
haciendo su música como olas.


******

Es la hora del retorno, abajo:

oscura, el agua lame
paredes de cemento
a medias derrumbadas,
y acuna botellas de plástico,
etiquetas y gomas percudidas.

Los árboles
juntan basura a sus pies
como un chico que come a la mesa,

y de pronto, todos caminan en sentido
contrario por la que hace unas horas entraron.

Un poco más y colas de familias
que forman cada una una cola,
llenarán los colectivos. Los autos
se atascan y rebalsan por las calles
laterales: sus luces, rojas y amarillas,
en filas parecen las balizas que destellan
al llegar a un lugar donde pasó
o está pasando algo.


******

Y después, cuando va a caer la noche,
hongos de restos químicos y orgánicos
desbordan esos tachos verdes nuevos
que dos días atrás colocó una cuadrilla.





Gerardo Jorge





Gerardo Jorge es escritor, editor, traductor y artista plástico. Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1980. Primero se licenció en Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA). También hizo una residencia de investigación en el Instituto Iberoamericano de Berlín – IAI.  Por su primer libro de poemas “Visión de las ciudades” (Mansalva), recibió la Lira de Plata y la Mención Municipalidad de Cuenca del Festival de la Lira de Cuenca (Ecuador). Fue co-director de la revista y editorial El niño Stanton, con Victoria Coccaro, desde 2006, y ambos dirigen el sello editorial del mismo nombre. Ha publicado el relato El hipérbaton (en la editorial experimental Spiral Jetty, 2011) y textos críticos y poéticos en revistas, así como textos de catálogo para muestras de arte. En 2014 inició un proyecto editorial autogestivo donde publica obras ligadas a la tradición del libro de artista y a la vanguardia poética latinoamericana. Además de las letras, Gerardo Jorge se formó en pintura y dibujo en talleres particulares con Alfredo Prior, Déborah Pruden y Nahuel Vecino. Y llevó adelante estudios de música e instrumentos, de modo inconstante, en forma particular y en el CEAMC. Como artista plástico expuso pinturas en CC Recoleta en 2009, Anagnórisis y curó exposiciones en espacios independientes y en el Museo Castagnino de la ciudad de Rosario.






sábado, 12 de agosto de 2017

LA REPRODUCCIÓN DE UNA PINTURA






















Una ciudad rodeada
de lagos, lagunas y ríos donde
los hombres y mujeres,
los chicos y los ancianos
nadan desnudos, caminan desnudos,
andan desnudos por todos lados,

y en uno de los parques van
y se tiran sobre un pasto mullido
en el que parece haber lugar para todos:
las locas, las familias, los turistas,
los hombres solos, los gerentes de banco,
la cajera de supermercado que sonríe,
las jovencitas, los estudiantes;
y ahí, sobre lo verde, en la costa,
en el agua que espejea la arboleda
se bañan orondos, en aguas lisas;

una vez en el lago, sumergidas,
dos mujeres juegan a pasarse una pelota
y te suman a ese juego inocente:
de pronto estás metido en el triángulo

y la pelota va y viene

(y una te hace una mueca cómplice)

y la pelota va y viene

y de pronto, tras un rato, así
como empezaron a jugar, se van
y te saludan con un leve
movimiento, una inclinación
de cabeza y una sonrisa:
cuando se alejan
ves que la pelota no era de ellas:
flota sola en el lago a la deriva.

Se bañan, van y vienen,
y algunos se miran fijamente
mientras otros duermen o leen
y disfrutan de una especie de ley.

Sus ojos son azules,
sus cuerpos de aceituna
cruzan sigilosos los pastos limpios
y al final, cuando la tarde se curva
para que la tierra se cubra de negro
como si una manta se corriera lenta
se apuran a buscar sus bicicletas,
se sacuden y vuelven al centro de la ciudad,
con el pelo o la piel aún mojados...

pero se irán secando en el camino,
y en un rato atarán sus bicicletas
en patios interiores, entrarán a sus casas
en silencio y también caerá muda
la noche sobre viejos muros,
sobre estaciones vacías en las afueras,
y molinos que siguen girando, solos,
lentamente en un campo a oscuras.





Gerardo Jorge (Buenos Aires, Argentina, 1980)




IMAGEN: Pintura de Antonio Correggio, Leda y el cisne (1537)





jueves, 10 de agosto de 2017

DESAYUNO



















A la sombra del ceibo
plantado y señalado junto al puente
por el que llegan todos al paseo
se abraza una pareja.  Ella desaparece en los brazos de él
y recostados sobre el tronco
se confunden los dos con las raíces.
No hablan o si hablan no se escucha.
Los barcos van y vienen bajo el puente,
les pasan multitudes por detrás,
y ellos miran, sin decir, como ocultos
y abrigados a la vez por la luz
que filtrada les llega en lamparones.

Hace unos años, una mañana
caminamos, un sábado,
al sol, entre antiguas casas calladas
donde nadie se había despertado
y llegamos hasta el río que abría
su limpia perspectiva
como un manto al que ir.

Y echados en el pasto
de la otra ribera, siendo
cada uno lo mejor para el otro,
vimos las vías, la torre, el reloj,
algún auto adelantado llegando,
las pantallas electrónicas,
los restos de basura:

la imagen habitual de cada día
y sobre eso la luz, inoculándole
su vida al paisaje.

De mañana, hace unos años, los dos
como una parte más de ese lugar,
sin sentimientos de separación.

Y somos de una leve condición,
y son, como la luz,
que es capaz de imprimirse en lo que toca
y extender la euforia de una hora

con imágenes que duran.




Gerardo Jorge (Buenos Aires, Argentina, 1980)






martes, 8 de agosto de 2017

LOS JÓVENES MAESTROS (poema completo)
























UNO

Una vez más frente a frente.
Pero ahora el miedo
ha quitado de las palabras el ropaje de las palabras
y ahora las palabras, pero no las palabras,
son palabras finalmente, y no aquéllas.

Hay mucha exageración en todo esto
y una pequeña parte de verdad, “tengo
ciertos miedos que pertenecen al futuro”.
No se halla nunca el comienzo
y es tan difícil terminar. Un poema
quisiera extenderse como un pecado nuevo,
siempre insuficiente. ¿Para quién se escribe?
La ficción comienza antes del primer acto,
antes de entrar en la sala de los enigmas, antes
de sentarnos frente a la hoja, enjoyados por el hastío,
y antes de ser los animales jóvenes en busca del deseo.
No me mires así, sobre esto debo hablar.
Deja que destierre en paz estas almas que recuerdo
en cenizas, en trampas, en las noches donde vierto
la triste espuma de un vino inacabable.

Hemos nacido para el éxtasis seco,
para la furia de no comprender,
para tener cadenas por necesidad de cadenas y gozar
la lujuria de la rebelión. Deja que hable.
Pero no me dices que no hable: no me escuchas.
Hablo a la fría lucidez de los muertos
que no creen necesario contestar.
Ser o no ser son dos espejos ausentes.
Sobre esto es inútil hablar.
Tengo las palabras cubiertas de polvo.
Necesito que me respondas, ese silencio enloquece.
Necesito enfrentar palabras para oponer palabras.
Necesito creer en el mal para vencer lo irremediable.
El veneno de la serpiente
nos defiende de la serpiente. Y estamos hablando
de las involuntarias víctimas de un antiguo mal. Eso creo.
Quizás estamos hablando de otra cosa
y yo esté demasiado solo esta noche.



DOS

Oye si es que no cantan
los peces de la noche en sus negras aguas.
Mira, si es que no sabemos sino pasiones sagradas,
los pájaros que beben junto a los melancólicos animales.
Huele las botas, el lodo de los reyes guerreros,
si es que no tenemos más que palabras en la mano.
No puedo darte nada que te salve,
y si arrojo hacia ti una cuerda, veré, sufriré sonriendo,
una cuerda en tu cuello, una mano pálida buscando el horizonte.
Y más allá nada. Pero más acá
la trama de oscuras cabezas bajo la lluvia,
paraísos perdidos en un mar borrado.
Y conducidos ante la alta sombra sin respuestas
cenaremos como desenfrenados, tendremos dientes de abismo.

Ahora esta palabra te recuerda por no haberte conocido.
Ahora esta palabra, hecha de polvo y de ciudades,
vendrá con su horrible aliento a envejecer estas páginas,
y tú seguirás sin estar.
Entre la mierda de los perros y la basura de los edificios
pasarán las aguas como un espejo
y no tendrán tu rostro
hecho de infinitas armonías desesperadas, ni tus manos,
ni tus piernas, ni tus ojos de ahogado.
Mas pasarán de boca en boca,
pasarán en los nervios, serán una cruz
poemas de tan corta vida.
Cernuda, lo hemos leído hasta olvidarnos los ojos,
nos hablaría de ilustres efebos sin nombre,
de prados donde el silencio crece entre los cuerpos,
y nos perdería en su voz, fuente del deseo.
Pero seríamos igualmente tres náufragos en la noche,
sin nadie que nos oyera. Pero si alguien nos oyera
¿nos salvaría? Por los labios
cruza una estrella, una primera canción de rumores de almendro,
un misterio abierto para los ojos abiertos.
Y no, no era la luz lo terrible del amanecer.
No eran las sombras que cantaban frente a tu vista
lo que yo he mirado. Eran rostros de espuma
en una noche sin fin, un terrible peso
más poderoso que el amor.
Para estar realmente solos fue necesario habernos conocido.

Y yo te hablo a ti pero tú a nadie hablabas.
Eras más sabio que yo, escribías desde la muerte.
Otoño tras otoño, a orillas del mismo mar,
buscábamos alguna señal de los ahogados, alguna palabra
que arrojada contra las piedras aún cantara
bajo la sal de los cuerpos podridos.
Y volvíamos desnudos, solitarios en la intemperie,
a nuestro hogar terrestre donde la ropa
temblaba en la cuerda como un fantasma
que clama ser podeído. Y no teníamos 
un cuerpo para ofrecer. Sólo palabras, triste amigo,
besando la brisa de los mares, una eterna soledad.



TRES

Y he creado tu nombre
para inventarme uno propio. Cortinas de humo
para despertar palabras que nadie vea.
¿Y si me vieras cantando, solo, melancólico como un perro viejo,
frente al espejo de mi única herencia,
me seguirías viendo? ¿Dirías: frutos prohibidos?
¿Dirías: victoria del polvo? Y no has de regresar.
Esa fue la primera certeza del poeta. Nadie puede regresar
del país oscuro o claro donde canta la sombra o la luz.
Pero veremos -somos viejos hechiceros-
el beso de los espíritus entre las mismas palabras.
No será un triunfo claro,
apenas alquimias del alma errante
que busca labios que la nombren
entre fríos y cadenas deshabitados.
¿Quién lee ahora lo que no has escrito?
Te he soñado, te pido responder. Debes ser mi ficción, mi fe.
¿Quién ha hecho de la noche el verdugo sin rostro?
¿Quién nos ha hecho creer que la luz nos salva?
Si no lo supimos, nunca lo sabremos. Si no lo sabremos
esta vida
un goce de palabras
una desnudez sin cuerpo.

Toda noche tiene su música oculta.
Es necesario crearse oídos para oírla.
Y eso, nuestro cuerpo y nuestra sangre lo saben,
ya nos ha costado demasiada vida.
Sómos héroes de un ejército perdido.
Somos peregrinos y por ahora
la inmensidad vence. Volveremos a nacer
con el lenguaje de los cuervos. Tornaremos a las felices lágrimas
luego del falso vino de los templos. Y ya no será necesario
ocultar los fantasmas que poseen nuestra razón.
Comprenderemos que jamás, jamás,
jamás, como si no tuviera importancia.

Este es nuestro daño, tiene deseos y soberbia,
pero pide la clemencia de las manos ardientes.
Son insectos de mujeres en el sueño,
son silencios de dioses muertos que retornan,
son bestias de silencio, o bestias de palabras,
son nada, triste amigo, 
pero es nuestra creación.

Y la literatura no tiene importancia
cuando tus ojos nadan extraviados el el océanos de los continentes.
Y tus ojos son nada frente a los continentes sin forma
que han marcado tu cruel partida. Todo es el hombre
y nosotros -¡fantasma, fantasma, fantasma!-
ya no somos sino fantasmas
de lo que hubiéramos podido ser.

Sí, falta el amor, el peligro, la aproximación,
faltan paisajes donde el Sol se alce y nos recorra
y nos vuelva a crear hijos de la Luz.
Derrochamos muerte, nos falta pasión. Volvemos siempre
al pensamiento que se muerde la cola
y muere en las estériles tierras sedientas
donde se estremece la codicia del conocimiento. 




Víctor Redondo





Victor Redondo. Poeta argentino, nacido en Buenos Aires, en 1953. Integró los grupos de poesía El sonido y la furia y Nosferatu. Fue fundador de la editorial y Revista de poesía Último Reino -y su Director desde 1979 hasta el presente-; editorial galardonada por la Fundación Konex como la mejor editorial de poesía década 1994-2004, que ha editado 400 libros en los últimos veinte años.  Publicó Poemas a la Maga (Ed. Sunda, 1977); Homenajes (Ed. Ultimo Reino, 1980), que obtuvo el Primer Premio de Poesía Nicolás Guillén en conmemoración del Milenario de la Lengua Castellana (España) en 1978; Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (Ed. Ultimo Reino, 1985) y Mercado de ópera (Ed. Ultimo Reino, 1989. Editó también la novela Las Familias Secretas (Ed. Catálogos, 1985). Varios de sus libros tienen re-ediciones. Desde la creación, en abril de 2001, fue Presidente por dos períodos de la nueva Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), de la que actualmente es Vicepresidente.





domingo, 6 de agosto de 2017

Pisábamos la playa

























A José María Cervero

Pisábamos la playa
cuando apenas el sol amenazaba
la línea del comienzo.
El fresco resbalaba
en mi campera verde. El pelo
atado hacia atrás para que no volara
con la primera brisa y pudiera observar
toda la humedad de la arena en ayunas,
los olvidos del agua,
ese hueco sugestivo en el suelo,
su burbujeo.
En la bolsa guardábamos caracoles
y cada uno sumaba una historia al verano.
Papá cada vez compartía la búsqueda
previa al desayuno.
Antes que volviéramos a nadar.



(Del libro SIN ÓRBITAS,
del cual pueden encontrar
una amplia selección 
en esta Biblioteca)

Valeria Cervero




Valeria Cervero nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina,  en 1972. Cursó la licenciatura en Letras en la UBA.  Realiza tareas de corrección y edición para diversas ditoriales. Integró el grupo de poesía Abriendo la boca y el consejo directivo de la primera época de la revista Boca de sapo. Coordinó talleres de escritura para chicos en centros culturales de la ciudad de Buenos Aires. Es autora del libro de poemas "cadencias" (Ed. de autor, s.As., 2011), de la plaqueta "el agujero negro de lo dicho" (2013); del libro-álbum "escondidas", con la ilustradora Vivi Chaves (Del Eclipse , 2013);  de "equilibristas", (Colectivo Semillas, Bahía Blanca,2014); de "Sin órbitas" (el ojo de mármol, 2016) y de "Madrecitas" (Bernacle Ediciones, Bs.As., 2017).  Algunos de sus textos aparecieron en revistas, murales y publicaciones virtuales. Seleccionó los poemas de "Poeplas", una antología digital de poesía para chicos , en dos volúmenes (Poesía Argentina, 2013 y Op.Cit,  2017). Integró el proyecto poesia argentina.com y actualmente coordina la edición de la Revista-blog virtual que dirige el poeta José Villa,  Op. CitSu blog propio es mordiscoswww.vc-mordiscos.blogspot.com.  También ha realizado un aporte valioso a la difusión de la producción de poetas de toda la Argentina (esto es, no sólo de Capital Federal, sino de todo el territorio nacional), en dos blog: Uno que abarca una selección de los poemas publicados por poetas argentinos, desde 2011 a 2013; y otro, que va de 2013 a 2017, y que sigue en curso. El nombre del blog (el mismo para los dos) es suficientemente explícito respecto de sus intenciones: DE LO QUE NO APARECE EN LAS ENCUESTAS. 2 y De lo que no aparece (en ningún lado). Es colaboradora habitual de esta Biblioteca.