CANCIÓN NEGRA (1944/1948)
Dedicado a la poesía
I
El color del día lo dan el cielo y
las hojas,
por eso no está en la caja de los lápices de colores.
Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra
tengo que cambiar mis ojos por palabras.
La sabiduría de los poetas ociosos
al sol es otra
que la de una mosca que se pasea por un tallo
y desconoce su nombre en escrupuloso latín
y el espíritu de contradicción de sus refulgentes alas.
Vosotros sois más torpes que
vuestros poemas.
Tú te olvidarás de ti misma al
levantar el vuelo.
II
Los pensamientos son como el
viento en una casa
vacía.
Un instante de la ciudad: el sol
en un muro.
Una ventana abre su negrura.
Ninguna solemnidad. En la trampa de las paredes.
¿De qué sirve el conocimiento de
la muerte?
Por su causa se enfría el té sobre la mesa.
Ningún ambiente. De palabras enjabonadas.
Un instante del mundo: el silencio
no espera.
Vierte el bullicio en las ventanas como si fuera arena.
Ningún lirismo. Para piedras y sueños.
III
El patio se vacía de juegos.
Lo espío como si fuera ajeno.
El aro de uno de los niños
es el ecuador arrancado a la tierra.
Es la hora de las peticiones
personales:
Quiero ver un mañana mejor
abierto de par en par en tus ojos
y entrelazar mis manos en el fuego
como tú.
Ha oscurecido el patio.
El aro esperará hasta mañana.
Prohibido jugar con el fuego.
Verte mejor no puedo.
EL GRAN NÚMERO (1976)
La mujer de Lot
por eso no está en la caja de los lápices de colores.
Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra
tengo que cambiar mis ojos por palabras.
que la de una mosca que se pasea por un tallo
y desconoce su nombre en escrupuloso latín
y el espíritu de contradicción de sus refulgentes alas.
vacía.
Una ventana abre su negrura.
Ninguna solemnidad. En la trampa de las paredes.
Por su causa se enfría el té sobre la mesa.
Ningún ambiente. De palabras enjabonadas.
Vierte el bullicio en las ventanas como si fuera arena.
Ningún lirismo. Para piedras y sueños.
Lo espío como si fuera ajeno.
El aro de uno de los niños
es el ecuador arrancado a la tierra.
abierto de par en par en tus ojos
y entrelazar mis manos en el fuego
como tú.
El aro esperará hasta mañana.
Prohibido jugar con el fuego.
Verte mejor no puedo.
Pero además de la curiosidad pude tener otras
razones.
Miré hacia atrás porque eché de menos la escudilla
de plata.
Por distracción: mientras me ataba la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera
él ni se detendría.
Por la desobediencia natural de los humildes.
Harta de escuchar cómo nos perseguían.
Alertada por el silencio, pensando que Dios
cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el
suelo.
Miré hacia atrás atemorizada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
saltaba y se arrastraba en un pánico colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces arreció el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás por la rabia.
Para gozar plenamente de su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue solo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster se alzaba sobre sus dos
patitas.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguía corriendo,
me arrastraba y volaba,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces giré sobre mí misma.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.
que el primer amor es el más importante.
Eso es muy romántico,
pero no es mi caso.
ocurrió y transcurrió.
cuando tropiezo con pequeños recuerdos
y un fajo de cartas atadas con un cordel
—si al menos fuera una cinta—.
fue una conversación de dos sillas
junto a una fría mesa.
respiran hasta ahora profundamente en mí.
A este le falta aliento para suspirar.
puede algo que los otros no pueden todavía:
ni siquiera soñado,
me familiariza con la muerte.
pues no nos llegan todavía señales,
de momento, a planetas cercanos y lejanos,
de otras hierbas honradas por el viento,
de otros árboles ceñidos por coronas,
de otros animales demostrados como los nuestros,
capaz de hablar con sílabas,
de mejores o peores mozarts,
edisons, platones en algún lugar,
puedan rivalizar solo entre sí,
siga sin parecerse a ninguna otra
y sea excepcional hasta en su imperfección,
pasen por ser las únicas cabezas llenas de ilusiones,
pueda ponerse el grito en el cielo,
distinguidos y únicos,
bailemos al son de la banda local
el baile de los bailes.
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
en el que las estrellas dan las buenas noches
y hacia el que hacen guiños
nada significativos.
El viejo catedrático
Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos aún tan jóvenes,
ingenuos, impulsivos, tontos, inexpertos.
Algo de eso queda, excepto la
juventud
——respondió.
Le pregunté si todavía sabía a
ciencia cierta
lo que era bueno y malo para el hombre.
La más mortífera ilusión posible
—respondió.
Le pregunté por el futuro,
si lo seguía viendo claro.
He leído demasiados libros de
historia
-respondió.
Le pregunté por la fotografía,
la del marco, sobre el escritorio.
Estaban, ya no están. Mi hermano,
mi primo, mi
cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo,
un pájaro volador no identificado
一respondió.
Le pregunté si a veces era feliz.
Trabajo 一respondió.
Le pregunté por sus amigos, si
todavía tenía.
Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen ya antiguos ayudantes,
la señora Ludmita, que manda en casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Grzes de enfrente y Marco Aurelio
一respondió.
Le pregunté por la salud y por su
estado de ánimo.
Me han prohibido el café, el
vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no oigo lo que me dicen
一respondió.
Le pregunté por el jardín y el
banco en el jardín.
Cuando la noche es serena observo
el cielo.
No deja de asombrarme
cuántos puntos de vista hay ahí
一respondió.
en que éramos aún tan jóvenes,
ingenuos, impulsivos, tontos, inexpertos.
——respondió.
lo que era bueno y malo para el hombre.
—respondió.
si lo seguía viendo claro.
-respondió.
la del marco, sobre el escritorio.
cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo,
un pájaro volador no identificado
一respondió.
que también tienen ya antiguos ayudantes,
la señora Ludmita, que manda en casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Grzes de enfrente y Marco Aurelio
一respondió.
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no oigo lo que me dicen
一respondió.
No deja de asombrarme
cuántos puntos de vista hay ahí
一respondió.
podría titularse «Instante».
en presente,
pasado o incluso futuro;
portada en palabras
susurre, brille,
vuele, flote,
o guarde también
una supuesta inmutabilidad,
pero con una sombra en movimiento;
de alguien junto a alguien
o de alguien junto a algo;
o que ya no me mima;
y de otros mimos o no mimos
cuyas páginas pasa el viento;
el autor coloque unas montañas provisionales
y unos efímeros valles;
aluda al cielo
solo aparentemente eterno y estable;
aunque sea una única cosa
que pueda ser llamada cosa de alguien;
o al menos en sentido figurado,
por un motivo más serio o menos serio,
se planteen algunos interrogantes,
y como respuesta,
en todo caso, dos puntos:
Hay quienes
Hay quienes llevan a cabo la vida
más hábilmente.
Tienen orden en su interior y a su alrededor.
Para todo la manera y la respuesta adecuadas.
Adivinan inmediatamente quién a
quién, quién con
quién,
con qué objetivo, por dónde.
Ponen el sello en las verdades
absolutas,
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a los archivadores destinados a ellas de antemano.
Piensan justo lo debido,
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.
Y cuando los dan de baja de la
existencia,
abandonan su puesto
por la puerta señalada.
A veces los envidio;
afortunadamente se me pasa.
Reciprocidad
Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras de teatro sobre actores representadas por
actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen del reciclado de
papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros
pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Tienen orden en su interior y a su alrededor.
Para todo la manera y la respuesta adecuadas.
quién,
con qué objetivo, por dónde.
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a los archivadores destinados a ellas de antemano.
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.
abandonan su puesto
por la puerta señalada.
afortunadamente se me pasa.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras de teatro sobre actores representadas por
actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen del reciclado de
papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros
pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Inspiración y espiración de la respiración.
Y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos.
(Del libro homónimo,
Visor, 2024)
Wislawa Szymborska
(Traducción de: Abel Murcia,
Gerardo Beltrán y Katarzyna Mołoniewicz)
Wislawa Szymborska (Polonia
Kórnik, 1923 - Cracovia, 2012). Fue una de las poetas polacas más relevantes de
todos los tiempos. Recibió el premio Nobel de Literatura en
1996. Hija de un funcionario, en 1931 se trasladó con su familia a Cracovia,
ciudad en la que se asentó de forma definitiva. Estudió filología y sociología
después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo
cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque
también a la crítica y el ensayo en diversas publicaciones periódicas, en
particular en Vida Literaria. Ahí aparecieron desde 1968 sus "folletines
literarios", a modo de poco convencionales críticas, que serían publicados
en forma de libro en dos volúmenes, Lecturas facultativas, (1973 y 1981). Su
primer poema publicado, en 1945, "Busco la palabra", apareció en el
Diario Polaco, y es a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo
reconocimiento público. También publicó Preguntas hechas a una misma (1954);
Llamada al Yeti (1957); Gente en el puente (1986); Fin y principio (1993);
Paisaje con grano de arena -Antología (Lumen, 2005); Poesía no completa (FCE,
2009) y Aquí y Hasta aquí (2012), que vio a la luz dos meses después de su
muerte.
Pueden LEER todas los poemas
publicados: AQUÍ


