domingo, 23 de agosto de 2026

CANTO III -INFIERNO

“Por mí se va a la ciudad sufriente, 
por mí se va al eterno dolor, 
por mí se va a la perdida gente.

“Justicia movió a mi alto creador, 
me hizo la potestad divina, 
la sabiduría suma y el primer amor.

“No hubo antes de mí cosa creada, 
sino las eternas, y yo eterno vivo; 
dejen toda esperanza los que entran.”

Estas palabras de color oscuro 
vi escritas en lo alto de una puerta; 
y dije:“Maestro, su sentido es duro”.

Y él a mí, como persona sabia:
“Te es preciso aquí dejar todo recelo; 
toda cobardía conviene sea muerta.

“Hemos llegado al mencionado sitio, 
en el que verás a las gentes dolorosas 
que han perdido el bien del intelecto.”


Y luego que su mano posó sobre la mía, 
con dichoso rostro que me reanimó, 
me llevó dentro de las secretas cosas.

Allí, suspiros, llantos y otros ayes 
resonaban en un aire sin estrellas, 
que me hicieron llorar ni bien entré.

Lenguas diversas, horrorosas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
voces altas, roncas, son de manos con ellas,

hacen un tumulto que perpetuo gira, 
en aquel aire sin tiempo, tinto, 
como arena que el turbión arremolina.

Y yo, mi entendimiento confundido, 
dije: “Maestro, ¿qué es lo que oigo?
¿Qué humanos son, por el dolor vencidos?’’

Y él a mí: “Este destino mísero 
tienen las almas tristes de aquellos 
que vivieron sin infamia y sin honor.

“Mezcladas están con el coro perverso 
de ángeles que no fueron rebeldes 
ni fieles a Dios, y para sí fueron.

“Para no ser menos bello, los rechaza el Cielo, 
y el Infierno profundo no los quiere, 
pues darían alguna gloria a aquellos reos."

Y yo: “Maestro, ¿qué es tan grave, 
que los hace lamentar tan fuerte?” 
Respondió: “Te lo diré muy breve.

“No tienen la esperanza de la muerte,
y su ciega vida es tan baja
que envidian cualquiera otra suerte.

“No les quiere dar el mundo fama, 
piedad o justicia los desdeña: 
no hablemos de ellos, mira y pasa.”

Y yo que miraba, vi una enseña 
que girando corría tan ligera 
que a todo sitio parecía ajena;

y la seguía una turba tan gruesa 
de gente, que jamás habría creído 
que la muerte hubiese deshecho a tanta.

Luego que hube reconocido a alguno, 
vi y distinguí la sombra del que hizo (*)
por cobardía el gran renunciamiento.

De inmediato, tuve cierto y entendido 
que era la secta de los condenados 
que no agradan a Dios ni a su enemigo.

Esos infelices, que nunca fueron vivos, 
desnudos iban y picados mucho 
por moscones y avispas de esos sitios.

Les corría la sangre por el rostro, 
que, con lágrimas mezcladas, recogían 
a sus pies gusanos acuciosos.

Y cuando al mirar más allá me di, 
vi gente a la orilla de un gran río; 
por lo que dije: “Maestro, concédeme

sepa quiénes son y por qué motivo 
tan dispuestos a cruzar parecen, 
según en esta poca luz discierno.”

Y él: “A saber tal cosa apróntate 
cuando detengamos nuestro paso 
sobre la triste ribera del Aqueronte.”

Con ojos vergonzosos, cabizbajo, 
temiendo que mi decir le fuese grave, 
camino al río lo acompañé callado.

Y allí, hacia nosotros vino en una nave 
un viejo encanecido de viejísimo pelo, 
gritando:“¡Ay de ustedes, almas crueles!

“¡No esperen nunca contemplar el cielo! 
Vengo a llevarlos hasta la otra orilla, 
a las tinieblas eternas, hielo y fuego.

“Y tú, que eres aún ánima viva, 
apártate de estos, que están muertos.”
Y así que vio que yo no me movía:

“Por otras vías, por otros puertos, 
verás la playa, no por aquí: para pasarte, 
conviene que te lleve barco más ligero.”

Y el duca a él:“Caronte, no te enojes; (**)
así está dispuesto allá donde se puede
lo que se quiere, y nada más preguntes.”

Se aquietó la peluda mejilla, entonces, 
del barquero de los lívidos pantanos, 
de ojos rodeados por círculos llameantes.

Y aquellos espíritus cansados y desnudos 
cambiaron de color y batieron dientes 
cuando entendieron el sentido crudo.

Maldijeron a Dios y a sus progenitores, 
la especie humana, tiempo y sementeras 
de sus semillas y de sus orígenes.

Después se retiraron todas juntas, 
llorando fuerte, al margen perverso 
que al hombre que no teme a Dios espera.

Caronte, demonio con ojos de carbunclo, 
gesticulando se las lleva a todas; 
a la que tarda golpea con el remo.

Como en otoño se van las hojas 
una tras otra, hasta que las ramas 
rinden todo su despojo a tierra,

de esta manera la simiente mala 
de Adán se arrojaba una a una, 
como pájaro a la seña que lo llama.

Así se marchaba por la onda bruna 
y antes de que descendiese, 
se formaba aquí una nueva escuadra.

“Hijo mío”, dijo el maestro cortés, 
“los que mueren en la ira de Dios 
llegan aquí desde todos los países:

“y están prontos a cruzar el río, 
porque la divina justicia los espolea 
tanto, que el temor cambia en deseo.

“Por aquí no pasa ánima buena; 
luego, si Caronte se te queja, 
bien sabes ahora por qué truena.”

Dicho esto, la sombría campaña 
tembló tan fuerte, que su espanto 
la mente de sudor aún me baña.

La tierra lagrimosa estalló en viento 
y relampagueó una luz bermeja, 
que me doblegó todo sentimiento;

y caí, como al que el sueño rapta.

(De: La Divina Comedia;
Infierno, edhasa, 2015)
Dante
               (Traducción y notas: Jorge Aulicino)


’Per me si va ne la città dolente, 
per me si va ne l’etterno dolore, 
per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore; 
fecemi la divina podestate, 
la somma sapienza e ’1 primo amore.

Dinanzi a me non fuor cose create 
se non etterne, e io etterno duro.
Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate’.

Queste parole di colore oscuro
vid’ io scritte al sommo d’una porta;
per ch’io: «Maestro, il senso lor m’è duro».

Ed elli a me, come persona accorta:
«Qui si convien lasciare ogne sospetto; 
ogne viltà convien che qui sia morta.

Noi siam venuti al loco ov’ i’ t’ho detto 
che tu vedrai le genti dolorose 
c’hanno perduto il ben de l’intelletto».


E poi che la sua mano a la mia puose 
con lieto volto, onci’ io mi confortai, 
mi mise dentro a le segrete cose.

Quivi sospiri, pianti e alti guai 
risonavan per l’aere sanza stelle, 
per ch’io al cominciar ne lagrimai.

Diverse lingue, orribili favelle, 
parole di dolore, accenti d’ira, 
voci alte e fioche, e suon di man con elle

facevano un tumulto, il qual s’aggira 
sempre in quell’ aura sanza tempo tinta, 
come la rena quando turbo spira.

E io ch’avea d’error la testa cinta, 
dissi: «Maestro, che è quel ch’i’ odo? 
e che gent’ è che par nel duol sì vinta?».

Ed elli a me: «Questo misero modo 
tegnon l’anime triste di coloro 
che visser sanza ’nfamia e sanza lodo.

Mischiate sono a quel cattivo coro 
de li angeli che non furon ribelli 
né fur fedeli a Dio, ma per sé fuoro.

Cacciatili i ciel per non esser men belli, 
né lo profondo inferno li riceve, 
ch’alcuna gloria i rei avrebber d’elli».

E io: «Maestro, che è tanto greve 
a lor che lamentar li fa sì forte?». 
Rispuose: «Dicerolti molto breve.

Questi non hanno speranza di morte, 
e la lor cieca vita è tanto bassa, 
che ’nvidi'osi son d’ogne altra sorte.

Fama di loro il mondo esser non lassa;
misericordia e giustizia li sdegna:
non ragioniam di lor, ma guarda e passa».

E io, che riguardai, vidi una ’nsegna 
che girando correva tanto ratta, 
che d’ogne posa mi parea indegna;

e dietro le venia sì lunga tratta 
di gente, ch’i’ non averei creduto 
che morte tanta n’avesse disfatta.

Poscia ch’io v’ebbi alcun riconosciuto, 
vidi e conobbi l’ombra di colui 
che fece per viltade il gran rifiuto.

Incontanente intesi e certo fui 
che questa era la setta d’i cattivi, 
a Dio spiacenti e a’ nemici sui.

Questi sciaurati, che mai non fur vivi, 
erano ignudi e stimolati molto 
da mosconi e da vespe ch’eran ivi.

Elle rigavan lor di sangue il volto, 
che, mischiato di lagrime, a’ lor piedi 
da fastidiosi vermi era ricolto.

E poi ch’a riguardar oltre mi diedi, 
vidi genti a la riva d’un gran fiume; 
per ch’io dissi: «Maestro, or mi concedi

ch’i’ sappia quali sono, e qual costume 
le fa di trapassar parer sì pronte, 
com’ i’ discerno per lo fioco lume».

Ed elli a me: «Le cose ti fier conte 
quando noi fermerem li nostri passi 
su la trista riviera d’Acheronte».

Allor con li occhi vergognosi e bassi, 
temendo no ’1 mio dir li fosse grave, 
infino al fiume del parlar mi trassi.

Ed ecco verso noi venir per nave 
un vecchio, bianco per antico pelo, 
gridando: «Guai a voi, anime prave!

Non isperate mai veder lo cielo: 
i’ vegno per menarvi a l’altra riva 
ne le tenebre etterne, in caldo e ’n gelo.

E tu che se’ costì, anima viva, 
partiti da cotesti che son morti».
Ma poi che vide ch’io non mi partiva,

disse: «Per altra via, per altri porti 
verrai a piaggia, non qui, per passare: 
più lieve legno convien che ti porti».

E ’l duca lui: «Caron, non ti crucciare:
vuoisi così colà dove si puote
ciò che si vuole, e più non dimandare».

Quinci fuor quete le lanose gote
al nocchier de la livida palude,
che ’ntorno a li occhi avea di fiamme rote.

Ma quell’ anime, ch’eran lasse e nude, 
cangiar colore e dibatterò i denti, 
ratto che ’nteser le parole crude.

Bestemmiavano Dio e lor parenti, 
l’umana spezie e ’l loco e ’l tempo e ’l seme 
di lor semenza e di lor nascimenti.

Poi si ritrasser tutte quante insieme, 
forte piangendo, a la riva malvagia 
ch’attende ciascun uom che Dio non teme.

Caron dimonio, con occhi di bragia 
loro accennando, tutte le raccoglie; 
batte col remo qualunque s’adagia.

Come d’autunno si levan le foglie 
l’una appresso de l’altra, fin che ’l ramo 
vede a la terra tutte le sue spoglie,

similemente il mal seme d’Adamo 
gittansi di quel lito ad una ad una, 
per cenni come augel per suo richiamo.

Così sen vanno su per l’onda bruna, 
e avanti che sien di là discese, 
anche di qua nuova schiera s’auna.

«Figliuol mio», disse ’l maestro cortese, 
«quelli che muoion ne l’ira di Dio 
tutti convegnon qui d’ogne paese;

e pronti sono a trapassar lo rio, 
che la divina giustizia li sprona, 
sì che la tema si volve in disio.

Quinci non passa mai anima buona;
e però, se Caron di te si lagna,
ben puoi sapere omai che ’l suo dir suona».

Finito questo, la buia campagna 
tremò sì forte, che de lo spavento 
la mente di sudore ancor mi bagna.

La terra lagrimosa diede vento, 
che balenò una luce vermiglia 
la qual mi vinse ciascun sentimento;


e caddi come l’uom cui sonno piglia.


Notas al Canto III

(*) Refiere, según algunos, a Pilatos; según otros, a Diocleciano, que abdicó del Imperio, o a un jefe del ala de los blancos en el partido de los güelfos de Florencia. Lo más probable -y por las defensas que ha suscitado, incluso- es que aluda a Celestino V, quien fue Papa por unos meses en 1294 y abdicó. Celestino V (el benedictino Pietro Angeleri di Murrone) reinó desde una celda, monacal, en Nápoles, al abrigo del segundo Carlos de Anjou, rey de Ñapóles, lejos de la riqueza de la que había abjurado al hacerse eremita. Rodeado de monjes “espirituales”, su reinado duró apenas cinco meses en una época de fuertes luchas políticas, en la que el trono de San Pedro estuvo vacío durante más de dos años. Murió en 1296 en el confinamiento al que lo arrojó su sucesor, Bonifacio VIII. Dante tal vez consideraba la renuncia como una ofensa a la causa de Roma; sin embargo, Celestino no está entre los traidores, en lo más hondo del Infierno, sino entre los que no toman partido. La Iglesia lo santificó en 1313.

(**) Duca designaba, antiguamente, al conductor político, no necesariamente titular de un ducado (dux, duque). Dante lo usa en este sentido para mencionar a Virgilio, y no como metáfora de guía espiritual o maestro, pues en el Canto Segundo le dice: Tu dux, tu signore, tu muestro, con lo que el guía espiritual es identificado además como señor y condottiero. Por esto, se prefirió no traducir el término.



Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) Poeta italiano. Si bien sus padres, Alighiero de Bellincione y Gabriella (Bella), pertenecían a la burguesía güelfa florentina, Dante aseguró siempre que procedía de familia noble, y así lo hizo constar en el Paraíso (cantos XV y XVI), en donde trazó un vínculo familiar con su supuesto antepasado Cacciaguida, quien habría sido armado caballero por el emperador Conrado II de Suabia. Durante sus años de estudio Dante Alighieri coincidió con el poeta Guido Cavalcanti, representante del dolce stil nuovo, unos quince años mayor que él, con quien intimó y de quien se convirtió en discípulo. Según explica en su autobiografía más o menos recreada poéticamente Vida nueva, en 1274 vio por primera vez a Beatriz Portinari, cuando ella contaba ocho años y él tan sólo uno más; el apasionado y platónico enamoramiento de Dante tendría lugar al coincidir de nuevo con ella nueve años más tardeEn 1285 Dante tomó parte en el asedio de Poggio di Santa Cecilia, defendido por los aretinos, y dos años más tarde se trasladó a Bolonia, quizás a estudiar, si bien se tienen dudas en lo referente a su paso por la universidad de dicha ciudad. Sí hay pruebas, en cambio, de su participación, en calidad de «feritore» de a caballo, en la batalla de Campaldino, en la cual se enfrentó a los gibelinos de Arezzo. En 1290 murió Beatriz, y un año más tarde Dante contrajo matrimonio con Gemma di Manetto, con quien tuvo cuatro hijos. En 1295 se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, y a partir del mes de noviembre empezó a interesarse por la política municipal florentina; entre mayo y septiembre del año siguiente fue miembro del Consejo de los Ciento, y en 1298 participó en la firma del tratado de paz con Arezzo. En 1300, y en calidad de embajador, se trasladó a San Gimignano para negociar la visita de representantes de la Liga Güelfa a Florencia, y entre el 15 de junio y el 14 de agosto ocupó el cargo de prior, máxima magistratura florentina. En octubre de 1301, y tras oponerse al envío de tropas para ayudar al papa Bonifacio VIII, Dante fue designado embajador ante el pontífice, a quien ofreció un tratado de paz. El Papa, sin embargo, lo retuvo en Roma en contra de su voluntad, con la intención de ayudar en Florencia a la facción güelfa opuesta a la de Dante, sector que a la postre se hizo con el control de la ciudad y desterró a sus oponentes. Acusado de malversación de fondos, Dante fue condenado a multa, expropiación y exilio, y más tarde a muerte en caso de que regresara a Florencia. A partir de esta fecha Dante inició un largo exilio que iba a durar el resto de su vida: residió en Verona, Padua, Rímini, Lucca y, finalmente, Ravena, ciudad en la cual fue huésped de Guido Novello de Polenta y donde permaneció hasta su muerte. Obras: La influencia de la poesía trovadoresca y estilnovista sobre Dante Alighieri queda reflejada en su Vida nueva, conjunto de poemas y prosas dirigidos a Beatriz, razón de la vida del poeta y también de sus tormentos, y sus Rime Petrose, dirigidas a una amada supuesta, a la que escribe sólo para disimular ante los demás su verdadero amor. El juego poético-amoroso oscila entre la pasión imposible y la espiritualizada idealización de la figura de su amada, aunque las rígidas formas del estilnovismo adquieren una fuerza y sinceridad nuevas en manos de Dante. El experimentalismo de los poemas de Dante Alighieri y la búsqueda consciente de un estilo propio culminarán finalmente en La Divina Comedia, una de las cumbres de la literatura universal. Escrita en tercetos, se resume en ella toda la cosmología medieval mediante la presentación del recorrido del alma de Dante, guiada primero por Virgilio y más adelante por Beatriz, en la expiación de sus pecados en tres cantos: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Con un lenguaje vívido y de gran riqueza expresiva, el poeta mezcla los elementos simbólicos con referencias a personajes históricos y mitológicos, hasta construir una equilibrada y grandiosa síntesis del saber acumulado por el hombre desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media.

IMAGEN: "Infierno del Dante", grabado de William Blake.

Pueden LEER todos los cantos que hay en este blog: AQUÍ
 


viernes, 21 de agosto de 2026

MANERAS DE AGRAVAR LA INCERTIDUMBRE


ELEGIDOS Y CONDENADOS


La navaja de Occam se hunde en la materia novelesca

Con unas botas demasiado grandes, cruzo el barrial del gallinero. El tronco robusto del nogal me impide el paso. Solo puedo alzar la vista. Sé que en el vacío, allá en lo alto, hay algo. Pero no puedo hacer pie en la altura. Menos hundirme, como ahora, en este caldo. Que bulle de ruidos ignotos. De apariciones imprevistas. Fijo entonces la mirada. En esta mínima porción de tierra. Para ahuyentar el vértigo.



Lo invisible se burla de nosotros

Y aparece. A la vista de todos. Como si la niebla alrededor se disipara. Podríamos ilusionarnos. Con tratar con lo invisible. Hacer de cuenta que es una cosa más entre las cosas. Sin arriesgarnos, irremediablemente, al castigo.



El bien y el mal andan a sus anchas

Se oyen silbidos. Tarareos. Insistentes melodías. Incluso yo puedo vibrar en el desquicio del aire. Sintiendo la tensión de la carne. Este soplo caluroso. Que lo pega todo con su baba invisible. No deja que el mundo estalle en mil pedazos.




Siempre es un misterio elegir

Una oscuridad que no podemos penetrar. Así y todo, nos vemos en la obligación de elegir. Angustiados. A los tropiezos. No sabemos si esa puerta fiambrera nos liberará de la culpa. O ese surco nos hará hijos de alguien. Cuando en realidad ya fuimos elegidos.



Maneras de agravar la incertidumbre

Mientras repasa frente a su abuela las tareas del día, bebe su tazón de té y come sus bizcochos. Como un mal hijo que abandonó a su padre. Convencido de su culpabilidad. Ha comenzado a desmantelar el gallinero. ¿Se lo ha pedido su padre o entendió que se lo sugería desde el otro lado de la línea? ¿O comenzó un día cualquiera a remover los ladrillos de barro para que se lo pidieran después? El desayuno es testigo de sus dudas. Despertó sintiéndose responsable de un encargo familiar. Ahora teme ser el fanfarrón al que una anciana mira con lástima.



Si el habitante de la casa se exhibiera en la ventana

Parecería alguien que entiende cómo es la vida: flujos de electricidad que chocan en lo visible e invisible. Pero no es verdad. Todo resulta más opaco e incierto. Casi imposible de calcular. Si las fuerzas de la casa se ignoran entre sí. Vivimos en la ficción y nos arreglamos con eso, todo lo que podemos. Creyéndonos incluso que es algo natural. Esperamos que el habitante que se deja ver en la ventana dé a cada rato una respuesta. A él le agradecemos que la respuesta nunca llegue.



LLEGADA A UN PEQUEÑO PUEBLO


Buenas mozas

La tía siempre elige mozas jóvenes y solteras para la cantina. Si alguna de ellas se casa, pasa a la limpieza o a la cocina. La tía sabe del roce entre socios y camareras. Que casi no hablan de su trabajo. Aunque yo las aguijonee con mis comentarios y preguntas recurrentes. Pero tengo ojos, que funcionan aunque estén torcidos. Los socios aprovechan cualquier distracción para acariciarles un dedo, un bucle del cabello o apoyar sus propios cuerpos en los pechos de las trabajadoras ocupadas, que hacen equilibrio con sus bandejas cargadas de bebidas y tentempiés. Aunque de eso nada digan cuando se encuentran con sus novios a la hora del cierre, haciendo equilibrio en sus bicicletas, echando el humo por la boca.



La cocina y el mundo exterior

¿Cómo soportan estar todo el santo día la cocinera y sus ayudantes en una pequeña habitación demasiado caldeada? Yo espero sentado mi comida, haciendo silencio en un rincón. Pronto las mujeres se olvidarán de mí. Por el tono con que dicen las cosas, es como si les pareciera frío todo lo que está fuera de la cantina. Se cuentan historias, siempre haciendo alguna cosa. La tía las controla y no las deja holgazanear. Mueven sus manos y narran sus historias increíbles, como si afuera de la cocina nada verdadero pudiera suceder.



La estación de la melancolía

Esta vida se extenderá todo el invierno. ¿Cuánto falta para que termine? El abuelo es un gran conocedor del tiempo. Sabe evaluar el valor de un día más o un día menos. Pero no necesito escuchar sus pronósticos. La vida en el pueblo es un invierno larguísimo y monótono. La primavera y el verano resultan cortos en el recuerdo, como si no durasen más de dos días. Incluso en esos días, aun en los más hermosos, a veces cae la nieve.



LOS DEMONIOS


Una modesta existencia

Nunca pensé en las bondades de los libros. Simplemente los busco, los leo. Casi sin comprender de qué están hablando. Sospecho, sin embargo, que dicen su verdad. Que sus autores no perdieron el tiempo y no me lo hacen perder a mí. Yo también seré algún día un muerto que escribe. Envuelto en el drama de mis días, desataré el nudo del modo más difícil.



Sirenas mudas

De cada libro espero algo. Aunque no me lo confiese. Algo que, sin embargo, siempre se posterga. Me obliga a reponerme de cada decepción. Para seguir buscando. Por momentos, las voces de los muertos nos contagian su extraña fe. Una especie de música que puede abandonarnos en el paisaje más desierto.



Un exorcismo

Tengo un mundo abigarrado en la cabeza. De imágenes y voces. Podría pecar de necio o hacerme pasar por el lírico de la familia. Pero no puedo. El dilema entonces es cómo liberarme. Sin terminar desfigurado



La mayor sabiduría

Debo echar el aliento. Para expulsar a los demonios. Que ahora giran en comparsa. A cierta distancia. No se puede pedir más. 


(Del libro homónimo,
Barnacle,, 2026,Envío 
de Alberto Cisnero)

Diego Colomba


Diego Colomba nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive en Rosario desde 1990. Es Doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura. Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en diversos medios periodísticos. Obtuvo menciones y premios en Concursos Municipales, Provinciales, Nacionales e Internacionales, y las Becas de Creación del Fondo Nacional de las Artes 2019, 2021 y 2022. Fue seleccionado como artista referente de la Región Centro del Programa Escena Pública del Ministerio de Cultura de la Nación (año 2017). Artículos, entrevistas y poemas de su autoría integran diversas antologías. Publicó una veintena de libros de crítica, narrativa y poesía. Editorial Barnacle ha editado su producción poética más reciente, entre las que se destacan “Papá trajo a casa un Cuatro Ele” (2018): Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni, categoría Obra Editada, 2019; Mención Honorífica Premios Nacionales, categoría Poesía, Ministerio de Cultura de la Nación, 2019; y “Una luz celeste” (2025).


Pueden LEER más poemas en entradas anteriores: AQUÍ





 

miércoles, 19 de agosto de 2026

SONETO DEL AMOR UNITIVO y otros sonetos

  

Soneto del amor unitivo
 
 Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,
 
que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.
 
En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,
 
en un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
sin perdedor, porque los dos ganamos.
 
 
 
 Soneto a la doncella lejana
 
 Inaccesible al viento que suspira
por apagar la luz de su cabello,
inaccesible al pálido destello
de la estrella lejana que la mira.
 
Inaccesible al agua que delira
por llegar a la orilla de su cuello,
inaccesible al sol y a todo aquello
que alrededor de su persona gira,
 
la doncella en su mundo de diamante
inclina la cabeza lentamente
para escuchar en el remoto mundo:
 
el eco de un latido muy distante,
la resonancia de una voz ausente
y el sonido de un paso vagabundo.
 
 
 
Soneto lejano
 
Bello sería el río de mi canto,
que arrastra por el mundo su corriente,
si dicho canto no naciera en cuanto
el río se separa de la fuente.
 
Bello sería el silencioso llanto
de la estrella en la noche de mi frente
si dicha estrella no distara tanto
de quien le da la luz resplandeciente.
 
Bello sería el árbol de mi vida
si la raíz de amor lo sostuviera
sin estar alejada y escondida.
 
Bello sería el viento que me nombra
si la voz que me llama no estuviera
perdida en la distancia y en la sombra.
 
 
 
Soneto interior
 
 Aquí donde la tierra es menos tierra,
donde el agua es el agua del olvido,
donde el aire es un aire sin sonido
y donde el fuego ya no mueve guerra;
 
Aquí donde la tierra se destierra,
donde el agua carece de sentido,
donde el aire prefiere estar dormido
y donde el fuego su pasión encierra;
 
el hombre de mirada pensativa
substituye las cosas de su casa;
la tierra, con su carne fugitiva,
 
el aire, con el aire de su aliento,
el agua, con su propio sentimiento,
el fuego, con el fuego que lo abrasa.
 
 
 
Soneto al Niño Dios
 
 Te llamé con la voz del sentimiento
antes de la primera desventura,
te busqué con la luz, aún obscura,
que despuntaba en el entendimiento.
 
Pero siempre, Señor, sin fundamento.
Pero nunca, Señor, con fe segura,
 
porque la luz aquella no era pura
y aquella voz se la llevaba el viento.
 
Fue necesario que muriera el día,
que viniera la noche, que callara
la voz y que cesara la alegría,
 
para que yo te descubriera, para
que la desolación del alma mía
en el llanto del Niño te encontrara.
 
 

 Francisco Luis Bernárdez 

 

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires, en 1900, y murió en la misma ciudad, en 1978. Hijo de padres españoles, viajó a los veinte años, a la patria de sus ancestros. Allí ejerció el periodismo en Vigo, como redactor de "Pueblo gallego", donde se relacionó con figuras como Valle Inclán, los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez. Retornó a su país natal, donde desempeñó actividades literarias  en la Revista "Martín Fierro", e integró, desde 1928, el grupo de la revista "Criterio". En 1925, vio la luz su obra "Alcántara", año en que lo galardonan con el tercer premio del concurso literario de la Municipalidad de Buenos Aires. En esta época funda la revista "Libra", en colaboración con Leopoldo Marechal, de quien era íntimo amigo.Integró, junto a notables figuras, como Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes y Conrado Nalé Roxlo, entre otros, el grupo "Florida", perteneciente a la corriente del ultraísmo; estética de la que pposteriormente se aleja. Una larga enfermedad le obliga a guardar reposo a partir de 1930, y recién en 1935, se conoce otro de sus poemas: "El Buque", de carácter intimista. A partir de entonces, su obra es sumamente prolífica, destacándose: "Cielo sin tierra" (1937), "La ciudad sin Laura" (inspirado en su esposa, y escrito en 1938); "Poemas elementales" (1942), "Poemas de carne y hueso" (1943) -por estos dos últimos libros se le concede el Premio Nacional de liteeratura.-, "El Ruiseñor" (1945), "Las estrellas" (1947), "El ángel de la guarda" (1949), "Poemas Nacionales" (1949), "La flor" (1951), "El arca" (1954) y "Poemas de cada día" (1963) y La copa de agua (1963). Bernárdez es uno de los muy escasos poetas argentinos que asumió el catolicismo en su creación.

 

lunes, 17 de agosto de 2026

UN CUADRO QUE NO SE COMPRENDE


En la pared de tela me abrí una ventana.
Stéphane Mallarmé
En la habitación luces
y sombras, y el mundo afuera
un fondo gris, ese pájaro que temprano
aplastó su cara contra el asfalto
sin esperar migajas del cielo.



Introducir en la mente piedras
es pensar, detrás y callados
los navíos marcan el agua, suman
el sentir del barro; pero otro
pensamiento viene, y el tropel
de muertos hiere la cara. Recibo
el viento, el corte en la superficie
marca un río de ángeles que caen,
al fondo todo el mundo disimula.



Entre tomar aire y exhalar
la totalidad del mundo. Como furias,
mastines detrás de una presa demasiado
veloz. Ruidos de fondo, frecuencias,
llovizna. La presencia sobre lo que
no existe, pero ocupa la mente.
Voracidad y una inquietud de mármol.
O como un cuadro que no se comprende.



La confusión es un punto que hace oscilar
la totalidad del cuarto. Un cuadro en donde
los detalles adquieren presencia y vástagos
fantasmales. Sierpes, flores en apertura y un
sonido de quiebre ante la incredulidad de los ojos
del animal de la calle. He aquí sus colmillos,
su baba espesa, el diamante en la explosión
del fuego; y voces en la novedad de la noche,
que dejó de ser oscura. Aquí cada maniobra
de luz es una conspiración, el manto de piedad
que nace al quebrarse, un ángel que desova.



Una incertidumbre diferente cada día,
la del extranjero que visita sitios en donde un edificio,
un lago y una autopista pueden resultar extraños;
así la punzada de una lanza en mi costado.
Suena todo alrededor, aunque solo sea silencio o aire
en donde se medite una alternativa a las palabras,
al bosque alrededor del barro. Y bajo la parra el rayo
quemando cada hueso que da su cara al sol, la intermitencia
de los insectos. Aquí la verdad solapada, una evidencia,
cabras que aparecen en sueños, la pesadez del mundo.



Aquí la maleza sostiene
árboles, distantes aunque cercanos
como gacelas que atrae la mente.
En todo su esplendor el delirio
parte de un recuerdo;
y en la sangre y en el sudor brotan
pensamientos que de ser ciertos
darían miedo. Si ustedes tan solo vieran,
es como si se creara de nuevo el mundo.



¿Qué voz oír cuando
el aire es frío
y la niebla un animal?
En los pliegues
de la noche
se ilumina el día,
astros penden
y la luz
que deviene sangre
es lo opaco del viento
en donde
aparece un hombre,
y en sus pupilas
la forma del mundo
en donde todo fuego cabe.



¿Era la pastilla la que te ayudaba
o la que te destruía? Siglos antes
de nacer, tu voz era un animal que se oía
en el tembladeral del mundo; ahora,
la estela de un cometa vista por un águila.
¿Supiste permanecer? ¿Decir adiós con la mano
y alejarte bajo las luces? El pez no se sumergía
mejor que tu cabeza ni abría la boca esperando
la lluvia. ¿Hay voces que te hablan? ¿Un ser gris
en la fachada de unos carteles de neón?
Aquí el polvo permanece en el polvo
y la rabia ubicada en el costado donde estaba
el corazón. Siglos después, y tan vivo que duele.



Hojas que el viento trajo
hasta la sombra de un árbol
mueren como perlas en el fondo
de un mar iluminado.
Y el correr de la arena
hacia la playa trae
el color confuso de los peces;
joyas que el sol muestra
ante la aparición de las estrellas.
Mundo que no comprendo y amo.



Señor,
el miedo
me ha dejado
como un pájaro
en la niebla. Y quienes
cantan más allá
son mis pares
invitándome
al costado luminoso
de la vida. Aunque
allí también
las nubes negras
sean estrepitosas,
charcos de barro
o cascadas de nieve.
Se mueve mi alma,
ese cencerro.

(Del libro homónimo,
Vinicius,2025,
Gentileza del autor)

Diego Brando


Diego Brando nació en 1987 en Leones, Córdoba, Argentina. Realizó estudios terciarios en el ISFD Mariano Moreno de Bell Ville en donde se recibió de Profesor en Lengua y Literatura. A fines de 2016 publicó su primer libro “Frontera” y en 2018 el segundo titulado “Todo lo que se hunde”, los dos publicados por Editorial Vilnius, de la ciudad de Córdoba. En 2021 publicó el libro “El reino de los peces” por Editorial Barnacle y a fines de 2025 “Un cuadro que no se comprende” nuevamente por la editorial cordobesa.

El epígrafe de Mallarmé procede del poema «El payaso
castigado» («Le pitre châtié»). La traducción del verso
original («J’ai troué dans le mur de toile une fenêtre») es
de Federico Gorbea.
D. B