lunes, 10 de agosto de 2020

CONTRA TODA QUEJA










                                    Para Felix

Siempre el vaso está medio lleno
porque el agua está en la base.

Por decirlo de alguna manera:
el agua entró primero al vaso
y tiene de aliada a la gravedad.

El lugar natural del agua
es el fondo del vaso.
En el fondo
se podría hablar de vaso medio vacío
sólo si al verter el agua, esta
llenara la mitad superior del vaso
y el vacío quedara abajo

tal si hubiera un pequeño Moisés
dentro del vaso sostuviera
el agua para que no toque fondo,
tal si hubiese una suerte de pared
o cubierta invisible en la mitad del vaso.
Pero no existe esta última cosa. 
  
Alquimia ediciones, 2015)



Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)




sábado, 8 de agosto de 2020

LA LUNA




















«Se conviene en una niñita de un dia para otro. O en una anciana. O yo en un niño o en un anciano. Así termina la historia». Eso le conté cuando me enamoré de ella a sus treinta y siete años. Porque eso soñaba yo. Le dije que yo así imaginaba que iba a ser nuestra despedida, porque todo se acaba: va a ser como un cambio brusco de edad de alguno de los dos. Lo mismo que la breve aparición de su presencia. El bello desaparecer de ese lucero. Pensé en su fotografía cuando era nena y pensé que, por una cosa fantastica, algo ocurría y ella retornaba a esa edad o se volvía una anciana, pero yo permanecía en la edad que tengo ahora, treinta y nueve años, enamorado como estoy de ella.

Supongamos que nos encontramos una vez que se termina todo. Ella tiene menos de siete años y anda con su padre. Yo tengo treinta y nueve. Me hace reír su gracia de nena, pero ella, a sus siete, está consciente de quién era hasta hace poco: una mujer de treinta y siete años, mi amante. La tristeza es voluptuosa e inmoviliza. Nos cono­cemos muy bien. Nos empezamos a gustar cuando trabajamos juntos en un proyecto interdisciplinario hace un año. El flirteo era como una cosa de niños. Ella trabaja con tenacidad y alegría, yo creía en casi nada.

Por el momento, tengo treinta y nueve y ella treinta y siete y a veces pienso que va a salir del baño del motel convertida en una niñita o una anciana, de la que sigo ena­morado, pero con la cual no voy a tener una relación carnal, ni siquiera una caricia en el pelo, porque eso sería demasiado doloroso. No, mejor abstenerse hasta de mirar. Sé que esto se va a acabar, todo se acaba. Y llega el momento en que cambia de edad brutalmente. Y justo aquí. El asunto realmente importante ahora es cómo nos la vamos a arreglar para salir de este motel que hemos visitado desde que somos amantes. ¿La reconocerán las señoras de delantales escoceses con cuellito blanco que tienen algo de monjas, algo de tías de colegio, cuando la vean con otra edad? Es posible, porque a veces, sin que les digamos absolutamente nada, automáticamente nos llevan a nuestra pieza preferida, que aunque tiene la bulla de los autos y de un molino industrial, da hacia el poniente y tiene una luz que nos gusta.
Cuando llegamos en una ocasión, una de ellas nos dijo: “Ustedes, puro amor, ¿eh?». Lo dijo con naturalidad precisa, a la vez distante y cálida. Ya habíamos iniciado nuestra colección de peinetas. Muchas peinetas. Una vez te tocaba a ti y la otra a mí. Nos pidieron las cédulas de identidad al principio, pero luego de un tiempo ni siquiera se molestaban en hacer eso. En una ocasión, no sé por qué motivo, se te vio sólo tu pelo largo ex rubio y ahora casi blanco ya a tus treinta y siete y tu figura delgadita y una de las señoras, nueva seguramente, vio tu silueta y me preguntó: ¿es mayor de edad la señorita? Estallamos en risa. Gracias, le dijiste, y luego me dijiste que quizás lo dijo por la cara de degenerado que pongo en el umbral de ese lugar y no por tu aspecto de infantil, aunque efectivamente pareces una niña cuando tomas sol panza abajo, las piernas tienen algo de nena y obvio que la silueta delgada también, si no fuera por el pelo blanco y las arruguitas que adoro. Y de anciana.

Las primeras ocasiones que entrábamos a ese motel, tú fotografiabas el cuarto, lo que se veía por la ventana, los grafitis que dejaban las parejas que habían visitado el lugar con anterioridad. Hacías eso cuando yo estaba en el baño y luego, durante la noche o al otro día, me enviabas por mail un adjunto con las fotos de ese motel, ese color rosado que tienen, el mejor filtro, las mejores fotografías. Imagínate el lío, porque sin duda las señoras van a reconocer que eres tú, pero anciana o nena, qué van a decir. Jamás pensé que iban a decir con una cara grave, honda y comprensiva: «Ah, otro caso de estos, sucede poco pero cada tanto pasa» y se quedarían hablando contigo de unos remedios naturales para el reumatismo y de la mejor pastelería del sector, de jardines y plantas que merecen sombra o media sombra, eso contigo, anciana, porque cuando salimos los dos y tú tienes forma de nena ponen una cara terrible, se apresuran en darme un calmante, una benzo muy fuerte con un vaso de agua, luego te dan un caramelo y te sonríen y entretienen, pero entonces sí que ponen una trágica cara de preocupación.

(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)

Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)


IMAGEN:  "La luna vieja abrazando a la nueva", así describió este fenómeno (que se observa cerca de la luna nueva),  Leonardo Da Vinci. Sin créditos, fotografía tomada de la página Mi cerebro va a explotar.



jueves, 6 de agosto de 2020

LOS MACHOS DESTERRADOS


´



Dos hombres se juntan a leer poemas, conversar y beber. Los dos han perdido recientemente a sus novias. Hablan de los trabajos del amor, el difícil arte de la doma de uno mismo para contener y tener esa paciencia infinita que es la masculinidad: de eso se trata y eso trae resultados, aunque no haya que esperarlos. Ninguna otra opción sirve. Los dos leen poemas ajenos y propios. Hablan de libros y búsquedas espirituales. Nada de política, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más joven encuentra que todo lo que se escribe en poesía actualmente es una mierda. Tampoco hablan de narrativa, este último tema ni siquiera lo mencionan, lo que al día siguiente les produce una cosquillosa y risueña sensación de orgullo. El más viejo le lee al joven lo siguiente:


De todas las maneras de mirar
un mirlo

—es tu trabajo, mirar,
lo del cine-

de las trece maneras
de mirar un mirlo
—saqueadas por todos,
me agrego a la lista—

se te debe haber olvidado alguna
o hasta más de una
o quizás todas.

El cinematógrafo es mirarse
sin hablar
o mirar juntos
ya no de trece
sino veintiséis
o infinitas maneras
al mirlo.

Todo esto ya está dicho
pero lo difícil
es aplicarlo.

Sólo los ojos
de los que se amaron
cuando se amaron
son irrepetibles

como una toma
que entregó el azar
-o dios, pongámosle-
como obsequio

a los que produjeron
las condiciones
para un encuentro,
y supieron
o no supieron
aguardar.


Uno de los dos, el más joven, recibe una llamada telefónica de su ex. Al parecer la recuperará. El otro hombre se alegra por eso. Como el hombre más joven, el que recibió la llamada, está extremadamente alegre, saca un cigarrillo de marihuana holandesa y, como ninguno de los dos es un fumador habitual de cannabis, ríen como dos niños. Les causa particular risa el matriarcado extremo de las plantas de marihuana. De todas las plantas que crecen, hay que detectar de inmediato a los machos y aislarlos por completo para que no puedan fecundar por ningún motivo a las hembras, que crecen erguidas y majestuosas, llenas de perlas de resina, como altos templos budistas o fortalezas chinas medievales, con la columna recta de una reina adulta pero con la turgencia y ternura de una adolescente. En tanto, el macho es aislado y se lo ve ahí, su silueta sobre el techo, con los testículos colgando tristes, raquítico y cabizbajo, sin poder fecundar a nadie y encima exiliado. Una desgracia total ser macho en el mundo de la cannabis. El hombre más viejo y el joven no pueden parar de reír con esta última historia, hasta que el más joven se duerme de felicidad en el sofá, como un niño, mientras el otro hombre sale al patio a tomar un vaso de agua y mirar la noche.

(del libro: “Mantra de remos”,
Alquimia ediciones, 2015)


Germán Carrasco (Santiago de Chile, 1971)




IMÁGENES: Plantas de cannabis, sin créditos, tomadas del blog I Wanna Grow.



martes, 4 de agosto de 2020

PRÍNCIPE DE NAIPES (1966)





















FÓRMULA

Haga usted de tripas corazón,
y de cerebro corazón, y de corazón
de piernas y manos.
Haga usted de toda entraña una
cómoda vasija
donde gotee la sangre con dulzura
y se empoce quieta en el fondo,
hasta el fondo de los siglos.



FOTOGRAFÍA

¿Qué ha sido en verdad lo que ha pasado?
Las viejas chaquetas conservarían el secreto como un resto
desleído de perfume detrás de la solapa.
El testimonio de las palabras no le habla a la conciencia
en forma clara,
y si algo quedó de nosotros adherido a las palabras
lo olvidamos sabiamente en el momento oportuno.
Las calles de otrora sí que hablan claramente,
pero a la nostalgia.

Doblaremos otra vez la esquina retratada en la fotografía:
el niño que nos mira desde ella, ¿nos reconocería a primera
                                                                               vista?
Lo que ha pasado es la vida como una larga caminata por el
                                                                              barrio
consumiendo un cigarrillo.
Abrimos los ojos de repente y ahí estuvo la pregunta a flor
de labios deshojados.

Por ahora es mejor doblar la página.
Ya habrá tiempo para responder cuando lo exijan.


(Tomado de Poesía continua

1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas



Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944), poeta, ensayista y profesor de Historia en la Universidad de París I (Panthéon-Sorbonne), vive en Francia desde 1974. Su nombre es señalado entre las figuras más importantes de la llamada Generación del 60. Su obra poética principal está contenida en los libros siguientes: Príncipe de Naipes, 1966; Cielorraso, 1971; El Puente Oculto, 1981; Chiffré à la Villa d'Hadrien (Cifrado en la Villa Adriana), 1984; Almenara, 1985; Deriva florentina, 1989 y 1993; Fuente Itálica, 1991; Cuatro poemas, Cuatro grabados; obras publicadas en Chile y en México, Canadá, España, Suiza e Italia.  Una selección de su poesía ha sido editada bajo el título de Poesía Continua (Antología 1965-1992), Ediciones de la Universidad de Santiago de Chile, 1995. Poemas suyos han sido recogidos además en antologías de poesía chilena y latinoamericana. De su labor de traductor literario cabe destacar: Antología de Francis Ponge, 1991; traducción y edición crítica de Vicente Huidobro. De publicación más reciente es una selección de sus escritos de reflexión y crítica literarias, Poesía y cultura poética en Chile. Aportes críticos y su último poemario Deber de Urbanidad. Además, publicó: Agua removida (1964), Pájaro en Tierra (1966), Dos poetas de la ALCIN (1967)  y el poemario Deber de urbanidad (2001). Además, un libro de crítica: Poesía y cultura poética en Chile (2001). Los poemas que publicamos fueron tomados de: “Poesía Continua” , una antología que va de poemas compuetos en 1966, al 2017, editados por el Fondo de Cultura Económica, México, 2018.





domingo, 2 de agosto de 2020

CIELORRASO -1971-

















I. Memoria, Memoria

LA PERPRETACIÓN

Mal está que te haya olvidado, Rosa Inés.
El recuerdo no redime a nadie de nada.
Los ávidos adolescentes que fuimos rondábamos tu cuarto
en el patio de las criadas.
El sexo un vértigo abismante, oscuridad de oscuridades,
una sed y un rumor sordos.
Mal está también, Rosa Inés, que después de tantos años
de ti vea pasar por obra de tu nombre
fugitivos fragmentos de un cuerpo sorprendido, miembros
                                                                                       dislocados
por la semipenumbra
y esa fiebre que un día te acechara.
Amargura del botín de aquella noche, Rosa Inés,
tu silencio ante las Tías un aterrado cómplice.
Doble crueldad no poder rescatar tu rostro
ahora que quizá tú también lo hayas perdido en tu recuerdo
después de tanta miseria y de todos estos años.



(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.

Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)


IMAGEN: Fotografía de Bruno Bisang.



viernes, 31 de julio de 2020

EL PUENTE OCULTO -1976-1980




















ORO FURTIVO

La noche así entreabierta por esa ventana
que tú misma ahora cierras,
fugaz ropaje vivo tu desnudez
persiste
en un vuelo sostenido o el aleteo de algo
entre la noche ciega y el vidrio enceguecido.
Pero ya asciende o cae la imposible estancia
de tu gesto,
              vuelo también de manos y de tela,
ya corroe ella misma su tibieza en trizas
y de golpe
               nada sino esa forma de muro
entre mi ojo cazador furtivo y tu luz carnal.
A este lado de la verdad



CÍRCULO DE BOJ

El cuenco seco del agua refractante y en torno a ella
como alrededor de una fuerza débilmente formadora
está la piedra circular que envuelve al agua y la detiene,
inmóvil entonces como ahora
ese eje de roca para el verdor circundante:
un círculo perfecto de matas de boj
—pétalos duros y pequeños de un verde pétreo resistente al
                                                                                tacto—
resuena a mi visita en el cuenco de la memoria
con una melodía que creo inconfundible.

Ocúltate, me digo.
Cual en otro tiempo así debieron hacerlo las voces de los niños
                                                            en torno de la fuente;
porque una voz es siempre un cuerpo
                                                           más su cercanía tibia o fría,
a flor de manos,
un escondite para el cuerpo tras la piedra del estanque.
Porque de esa manera con que transcurre el desenlace
en el infantil juego de los ocultamientos,
tal vez alguien haya ahí, acechante, o algo,
y una voz que me habla a ciegas nada diga
que yo no haya pronunciado cien veces en silencio.

Pálido reflejo de una imagen magra:
memoria construida de otra memoria con escoria y desechos
como "el nido del mirlo con las plumas del alucón"
necesariamente no permites el paso, detienes,
atascas, entrabas,
enturbias el agua y desdibujas el irisado contorno del
                                                                          rostro reflejado.

Mientras que hiedra, musgo, herrumbres
anegan la brisa que se cuela por la verja
desde el muro deslumbrante del enfrente soleado a sangre
                                                                                viva.

Creo recordar la casa que abría sus mamparas
a un mundo presente conciliado consigo mismo
y a un pasado que repetía el pasado
hasta el cansancio o el futuro.

Ahora el presente debilita el pedúnculo del pétalo de rosa.
Se robustecen las ruinas
como si aspiraran a un cuerpo todavía más sólido.
Se establece el atardecer con la confianza con que se
anunciaría
el advenimiento de un gran día.
Y hay tañido de campanas contra el deterioro,
campanas contra la decrepitud, la plata bruñida y la locura
de los viejos sirvientes,
campanas contra un silencio asaeteado de vuelos de libélulas
y sólo a favor de la falsa memoria.

Creciente opacidad del suelo polvoriento,
un viento arrastra a la hojarasca a ima elocuencia sorda,
el patio ante los muros como ante una fortaleza, frío y blando,
a causa del musgo que enverdece la línea divisoria de las
                                                                                 losas,
en un mismo amarillear fundidos
el colorido de los pétalos de rosa y la maleza muerta.

Palabras que están claras pero en una jerga incierta
y que yo no diría si no fuera a propósito de las palabras.

Ocúltate. Me dicen.
En la mitad de un atardecer que ni tarda ni adelanta,
que sólo fluye justo al ritmo con que la realidad se da su
                                                                             iempo
para ponerse una vez más a prueba,
soy el fruto defectuoso o la llave equivocada,
en ese punto en que alguien llega, después de algunos años,
a la Casa,
                 remueve la herrumbre de la verja atascada
y en el gesto congelado de su cara,
                entre el chirrido y el encaminarse,
late oculta la crisálida de un grito.

(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.

Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944)



IMAGEN: Fotografía de David Hamilton. 





miércoles, 29 de julio de 2020

ALMENARA -1985-

II. Resplandor predestinado




(SOBRE ALGUN0S SONETOS DE SHAKESPEARE)

El tiempo de la dicha y el tiempo del horror,
ambos se escurren a igual paso,
el sueño y la vigilia van en el cortejo
del amo del río del errante Duelo.

Resina y miel fundidos en el frágil soplo que iza
la promesa de la flor, ¿podrían contener el asalto
de los días?
Cuando no hay peñón irreductible tan fogueado
ni portal de hierro invulnerable que el tiempo no muerda
de rabiosa ruina.

Temibles pensamientos que refuerzan su constante embate.
La joya mejor de la edad, ¿adónde entonces ocultarla
lejos del alcance del tiempo y fuera de su cofre?

¿No habrá mano suficiente contra su precipitación?

¿No hay voz que ponga atajo al saqueo encarnizado?



(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944) 




lunes, 27 de julio de 2020

FUENTE ITÁLICA -1990-





















Sobre un cuadro de Giovati Batista Moroni,
en l'Accademia Carrara, Bérgamo.

Bajo la unción de una realeza momentánea
de brocado y perlería
la majestad menuda de su lozana atildadura,
nada más que encarnación premonitoria de una damisela
de baraja,
nada menos que de nuestra fuga en tránsito
la hija desprovista.
No soy en su mirada el Otro de mirada alguna,
ahora que el que soy no me dictan sus ojos:
todo es conjetura si no perplejidad en la consigna muda
de un encuentro hecho de imágenes,
apenas el hallazgo mutuo de una manera de sombra
y la huella de un destello,
a despecho de quienquiera, en virtud de nada nuevo.

Desde su edad en remanso la Ninfa más propicia
me prodiga así entre todos
una mirada que puedo sin riesgo sostener.

Desposeimiento inapelable de toda posesión,
ojos de otro vértigo acercaron nuestro paso
al borde del secreto que no somos
a fuerza de ignorarlo.

Ella aquí nos atrae a la duración quebradiza
de su otrora en suspenso,
aligerado del peso de ataduras el lapso de tregua
de un trasluz

ni desvarío ni rencores, ni reproches ni éxtasis,
mientras vuelca el carillón tardío su cascada aquietadora,
como una imposición de manos leves
sobre algún dolor sin cuerpo venido a la memoria.


Bérgamo, Febrero de 1989.

(Tomado de Poesía continua
1966-2017), FCE, 2018.
Waldo Rojas (Concepción, Chile, 1944) 


IMAGEN: "Portrait of a young girl" (1575), pintura de Giovanni Battista Moroni.





sábado, 25 de julio de 2020

PÁJAROS DESDE MI VENTANA (II)

















2016

DECEPCIÓN

Los mirlos no llegan a mi ventana
ni nada de ese plumaje abundante
                            en páginas poéticas.

Una cortina aterciopelada de mosquillas estercoleras
                                                                 ondulan.
Son las embajadoras residuales de perros gatos y
                                                     variados entes
emplastos en el pavimento.



AGREGAR ALGO MÁS AL PAISAJE
DE YOSA BUSON

     están las grullas
               el estanque
               los juncos
               el rocío

agregar las partículas atómicas
               fisionadas.


2017


EN EL SUEÑO era yo un pájaro hembra.
Tenía un canto silencioso
melodía sólo para el deleite de mi mente
mi oído interno. Bssssss bssssss eran los secretos
un idioma indómito.

Tranqueaba resuelta con mis alas.
En el nido observaba el misterio del huevo.
Por el árbol de la vida hacia arriba
la gusanería de objeción de conciencia
pegando su baba plateada
llenando la patena de billetes arrugados.
La conciencia era una estrella lejana
en la constelación del Can Mayor
sin nada que explicar.

En el sueño el huevo era también una burbuja.
Duraba la nada misma
lo que dura el sueño.


2018


NO SAQUEMOS MAS CUENTAS

Es un hecho que no sabemos despedirnos
nos paramos y damos unos pasos en círculo
vamos hacia el balcón cual si fuéramos a saltar
y volvemos al centro de la mesa
se interrumpe el silencio
se dispara la conversación
                                           arrecia.
Recogemos las cosas esparcidas
los lentes la cartera los libros
vas a la cocina en busca de un vaso de agua
has dicho que te vas.
En el umbral
                       ahí percibes
que es un límite entre el adentro y el afuera
entras porque sabes de tus olvidos
son tantos los años que han pasado y
tú de entradas y salidas
y es el día
                    tienes que emplumártelas.

(Del libro Pájaros desde mi ventana,
Ediciones Alquimia, 2019

Elvira Hernández




Elvira Hernández . Poeta chilena (Lebu, 1951). Ha publicado los libros: Arre Halley Arre (Ergo sum, 1986); Meditaciones físicas por un hombre que se fue (Ergo Sum, 1987); Carta de Viaje (Ultimo Reino, 1989. Buenos Aires); El orden de los días (Embalaje ediciones. 1991. Roldanillo, Colombia); Trístico (Isla desolación, 1995), todos ellos reunidos en el volumen Actas Urbe publicado por Alquimia Ediciones (2014. Premio de la Crítica); Santiago Waria (Cuarto Propio, 1992. 2ed. 1996; segunda versión: Santiago Rabia, La Joyita Cartonera, 2017); Album de Valparaíso (lom, 2002); Cuaderno de deportes (Cuarto Propio, 2010), Pena Corporal (Biblioteca de poesía chilena, 2018) y la antología Zona de desvíos (Lux, 2018). Su obra La bandera de Chile, se ha vuelto un referente de la escritura poética bajo estados de excepción, y ha sido publicada en Argentina (Libros de Tierra Firme, 1991); Chile (El Retiro, 2003; 2 ed Cuneta, 2010); traducida al francés (Sotck, 1966. Antología L'épreuve des mots, Ed. Saúl Yurkievich) y al italiano (Edicola, 2006). En conjunto con Verónica Zondek realizó la muestra poética Cartas al azar (Ergo Sum, 1989), publicada en formato de cartas de naipe, y junto a Soledad Fariña preparó el volumen de ensayos: Merodeos en torno a la obra poética de Juan Luis Martínez (Intemperie, 2001). Durante los años 1989 y 1991 editó junto a Pablo Brodsky un periódico facsimilar en homenaje a los autores Enrique Lihn, Rodrigo Lira y Juan Luis Martínez. En 2017 el sello Lumen publicó una extensa antología de su obra titulada: Los trabajos y los días. El año 2018 obtuvo el Premio Nacional de poesía Jorge Teillier, y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, ambos por su trayectoria literaria.



IMAGEN: la autora, sin créditos, fotografía tomada de la página :Palabra pública -Universidad de Chile