viernes, 12 de junio de 2026

LO DEMÁS

 

LO QUE HAY



Lo demás


¿De qué se trata en realidad, esta necesidad de compararlo todo, 
de hacer que cada cosa se parezca a otra cosa, de abrirse paso
                                         [a fuerza de metáforas
hacia un tipo de calma que no sea parecida a un andamio
                           [construido alrededor del aire, sino 
                                  [concretamente eso?
Me senté en una iglesia en Masaya, Nicaragua, mientras caía la
                                                      [tarde,
elegí el banco por la forma en que la luz bañaba el suelo,
                                        [filtrándose a través
de los vitrales con reflejos rojos.
Pensaba, al observarla, que esa luz se parecía un poco a una
                                           [mancha de sangre
que se fuera extendiendo sobre algo blando y luego se la dejara
   [al sol; quizá se pareciera más 
al jugo de sandía derramado sobre sábanas blancas. Pero al final, 
honestamente, se parecía más a una luz roja reflejada en el suelo
                            [de una iglesia en Masaya, Nicaragua,
mientras caía la tarde. Y te pido perdón por apartar esa luz de sí
                                                         [misma,
por anunciarte que esta noche la luna es más delgada que una
                                       [moneda sumergida en agua, 
por decirte que cuando te reís te parecés a un fósforo al
                                        [momento de encenderse.
Yo, si pudiera, viviría de un fogonazo cegador a otro, 
si aquello no entrañara alguna forma de desesperanza, un
                                             [debilitamiento

de la fe, si es que puedo tomar prestada esa metáfora; un 
                  [desarmarnos a nosotros mismos como un
                                            [rompecabezas,
junto con cada vínculo que establecemos y pedimos; la plenitud,
                                                 [sin duda,
es algo secundario y más penoso. Puesto que cada vez que
                                                 [respiramos
es en verdad igual a la vez anterior; caso contrario, tengo que creer 
que eso que se transmite, se comparte, o al menos se recuerda,
                            [es hacia dónde va esa respiración, 
por qué sucede, por qué la necesito; es todo, todo lo demás.



Else

What is it really about, this need to compare everything, to make things / like other things, to metaphor our way into a kind of calm that may not / be like a scaffold erected around the air, but truly that? / I sat in a church in Masaya, Nicaragua, in late afternoon, / chose the pew because of how the light was on the floor, filtered through / the stained glass window at the top and let down red. / I looked at that light, and thought, it’s a little like blood / seeping into something soft, then left in the sun; or, it’s more / like the water of a watermelon on white sheets. But, in the end, / it most honestly looked like red light on the floor of a church in Masaya, Nicaragua, /in late afternoon. Forgive me for pulling that light away from itself, / for announcing that the moon tonight is as thin as a penny in water, / for telling you that you are like a lit match when you laugh. / I would live from flash to singular blinding flash if I could, / if that didn't mean some species of despair, some dissolution // of faith, if that’s a metaphor I may borrow; a tragic un-jigsaw- puzzling of ourselves / and the connectedness we invent and demand; completion, / of course, being a secondary, more sorrowful concern. For each breath / really is like every other breath, and if it isn’t, then I must believe / that what is carried over, shared, or at least remembered, is where it’s going, / why it happens, why I need it; is everything, everything else. //




Union Square Station

Después de tanto ardor -tanto tratar
de encontrar las palabras y de tocar la carne,
la tibieza de ambas, o tan sólo
una manera de lidiar con sus efectos-,
después de tanto espacio que nos queda
cuando lo buscamos, sin importar si lo encontramos
o no, pienso, parada en la estación desierta
de subte, mientras un chelista solitario
munido de su arco hace que los armónicos
graves retumben por la cueva,
que debe ser deseo esto también:
dirigirse no al músico
(y sin nada de fuego), sino al tren: Sé lento, 
sé lejano. Dejame que me quede 
este zumbido visceral 
en los pulmones. Obligame a esperar.
No vengas nunca.



Square Station

After all the fervor—all the search / for words, the reach for flesh, / the warmth of both, or just / a way to cope with what they do— / and after all the space that's left / when sought, whether found / or not, I think, standing in the empty / subway stop, while a lone cellist bows / his low harmonics into the cave. / that this, too, must be desire: / reaching out not to the player, / nor with any fire, but to the train: Be slow / and far away. Let me stay / with this raw sound humming / in my lungs. Make me wait. / Never come.




La nueva táctica es decir que sí.
Una prueba para ver 
cuánto dura la táctica. Sí, 
por ejemplo, al invierno 
en un lugar caluroso.
Sí a las pesadillas
y a los fuegos artificiales al amanecer.
Sí a los semáforos, 
al smog, a las montañas, a la neblina 
y a los barrenderos con sus escobillones 
que todavía parecen árboles.
Sí al ciego que toca 
el banjo, sí a los banjos 
y a la ceguera. Sí
a los grillos, a los que se comen con picante 
y a los que se escuchan de noche.
Sí a la pelea
y a la forma en que explota como un cohete 
en el desfile.
Sí a la transpiración.
Al hombre que me preguntó 
de qué parte de España era:
¿por qué no? Entonces sí.
Sí a la chica que está perdiendo todo el pelo. 
A la sangre, al granizo, 
al cachorro que le enseña a la luz 
en el suelo a buscar la pelota, 
les digo sí, sí y sí.
Mirá, sí, pará, sí, sí, 
a la rápida muerte del día de hoy; 
a los tamales, a la traducción, 
a los policías que juegan a la pelota 
en el patio de la iglesia, sí.
Sí al dolor, o al menos 
a lo que se saca del aljibe 
y se acarrea a casa en el balde. Sí al no 
de nunca es suficiente.
Sí a me voy a arrepentir.
Sí a la fuente, al pececito 
invisible del chico de seis años, 
a las palabras y a los puños, 
a los besos en la puerta, 
al Qué carajo
estás haciendo vos acá, 
al carajo 
y al vos 
y al acá 
del sí.



Yes

The new tactic is yes. / A test to see how long / the tactic lasts. Yes, / for instance, to winter / in a hot place. / Yes to nightmares / and fireworks at daybreak. / Yes to stoplights, / smog, mountains, mist, and street- / sweepers with their brooms / that still resemble trees. / Yes to the blind man playing / the banjo, yes to banjos / and to blindness. Yes / to crickets, eaten with pepper / or listened to at night. / Yes to the fight / and the way it bottle-rockets up / from the parade. / Yes to sweat. /To the man who asked / what part of Spain I am from: / why not, so yes. / Yes to the girl losing all her hair. / To the blood, to the hail, / to the puppy teaching the light / on the floor how to fetch, I say / yes and yes and yes. / Look, yes, stop, yes, yes / to this day's quick death; / to tamales, translation, / police playing kickball in / the churchyard, yes. / Yes to pain, or at least / to what’s yanked up from the well / and hauled to the house / in the pail. Yes to the no / of never enough. / Yes to I will regret. / Yes to the fountain, to the six- / year-old’s invisible fish— / to the words, and the fists, / and the kissing in the door, / to the What the hell /are you doing here- / to the hell / and the you / and the here / of yes.



LO QUE HUBO



Partir el pan

Comemos.
Él se tensa
sobre el hueso arqueado de su estatura.
Yo estoy desaforada, maltrecha, colorada, 
poco fiable mi estómago.
Buscamos, cada vez que nos peleamos,
elegantes comidas extranjeras:
ensalada de algas, traslúcidas,
con engarces de sésamo;
espesos ñoquis a la crema de zapallo,
tan dulces que a la vez me calman y me caen mal;
carne argentina, su delicada sangre apenas más clara
que el vino.
Tomamos.
No tomamos lo suficiente.
Nos amamos, pasamos hambre, somos mezquinos.
Irrelevante la comida, extravagante, 
prescindible, cara.
El cuerpo agradecido 
por tener qué tragar 
y desechar.
Volvemos en auto a casa.
Casi no hablamos.
Nos dormimos, 
despertamos 
con la panza vacía.



Breaking Bread

We eat. / He clenches / into the bent bone of his full height. / I am loose, ravaged, red, / my gut untrustworthy. / We seek, when fighting, / elegant meals from other places: / seaweed salad, translucent, / bejeweled with sesame; / dense gnocchi in pumpkin cream / sweet enough to calm and sicken me; / Argentinean beef, its delicate blood a shade lighter / than the wine. / We drink. / We don’t drink enough. / We love each other, / we hunger, / are ungenerous. /The food irrelevant, extravagant, / dispensable, expensive. / The body grateful / for something to swallow / and to waste. / We drive home. / We barely speak. / We sleep, / our bellies empty / when we wake. /



Decime

Si hay algo que logré entender, desde el principio y sin que nadie
                                                [me explicara,
entre las muchas cosas que se me escaparon, es que las
                                 [palabras son peligrosas. Quizá 
no siempre entrañen un peligro semejante al de subirse a la vuelta
                                     [al mundo sin bajar la barra
de seguridad, o bajar a buscar una carta a las vías del tren, o
                                   [tragar vidrio, aunque podrían: 
no, el riesgo de las palabras era para mí como el de comer huevo
                                     [crudo en la preparación
de la torta, contra lo cual me previnieron desde la infancia; la
                                     [amenaza de enfermarse,
verdadera, documentada, incuestionablemente desagradable,
                                 [pero infrecuente, y poca cosa
comparada con la alegría de meter el dedo en algo sin terminar. 
Pensaba las palabras no en términos de lo que podían hacer, sino
                                        [más bien en el sentido
de que esa posibilidad era su ser: la cachetada que nunca recibí
                                                        [ni di,
la boca de alguien en un punto impreciso sobre el esternón antes
                                       [de ser provocada
o autorizada, el hecho de que el dolor siempre me haya dado
                                   [infinitamente más miedo
que la muerte. Quería que las palabras fueran no la descripción
                                     [del mar en su tormento
o en su calma, la idéntica acritud de las espinas de la zarzamora
                                 [y su jugo, el llanto de mamá

al escuchar a Bach, sino el anuncio de su presencia, un
                                        [testimonio, la única
manera de participar en lo que se ve. Y tenía tal necesidad de las
                                                    [palabras
que me enojaba, creo, hacía brotar y florecer mis ansias, con
                                          [dieciocho años
y en otro país y con un hombre cuyo idioma no era el mío, 
no por completo, no en absoluto; un idioma en cuya parte baja
                                      [de la espalda sólo podía
apoyar la mano como él apoyaba la suya en la mía. Cuando me
                                 [frustraba, cuando me llevaba
las manos, en un revoloteo, a la cara, y encontraba mi pelo y mi
                                 [cara con mis propias palabras 
y decía, usando otras, Hay tantas cosas que no sé decir,
él me decía, Decímelo en tu idioma, entonces, y yo entendía que
                        [él entendía las palabras 
                                            igual que yo.
Le hablaba con las luces apagadas. Le hablaba a esa luz que
                                         [estaba apagada,
le hablaba al oído y a su hombro y a sus ojos, al bulto en la
                                                  [oscuridad
de esa persona que no entendía nada de lo que había dicho y por
                               [eso lo aceptaba por completo. 
Y cuando yo dejaba de hablar, él asentía: un movimiento 
              cuidadoso, casi solemne, que mandaba 
una corriente aún más poderosa de gratitud y angustia por mis
                                          [capilares que si él
hubiera dicho algo, si hubiera intentado dar cuenta de cualquier
                                                 [otra manera
de lo que significa tratar de zanjar una distancia no menos
                                  [enorme porque la hubiéramos
inventado y mantenido nosotros, palabra por palabra y minuto a
                                        [minuto; querer tocar
lo que no podemos ver, con tacto verdadero y confianza
                          [verdadera, con las manos fuertes
y calientes de lo que decimos.



Tell Me

If there is one thing I came to understand, among the many I did not, / early, without being told, it’s that words are dangerous. Not often, perhaps, / in the sense of riding a Ferris wheel with the bar up, of retrieving a letter / on the railroad tracks, of swallowing glass, although they can be this— / no, the risk of words seemed to me like the risk of eating raw egg in the cake mix, / as I was warned not to in my childhood; the threat of illness / a real threat, documented, undoubtedly unpleasant, but rare, and far outweighed / by the joy of dipping a finger into something unfinished. /1 thought of words not in terms of what they could do, but in the sense that this could / was what they were: the slap I have never received nor dealt, /someone's mouth somewhere along the collarbone before it has been provoked / or permitted, the way that grief has always terrified me infinitely more than death. /1 wanted words not as the description of the sea in its torment / or its peace, the equal acuity of blackberry thorns and juice, my mother crying at Bach, // but as the announcement of their presence, the fact of witness, the only means / to participate in what is seen. And I needed words in a way that caused / my anger, I think, sunned my urgency into full flower, upon being eighteen / and in another country and with a man whose language was not my own, / not entirely or ever; a language upon the small of whose back I could only rest / my hand the way he rested his on mine. When I flustered, when my hands / fluttered to my face and found my hair and mouth in my own words /and I said, using other ones, There's just so much I can't say— / he said, Tell me in your own language, then, and I understood that he understood words / in the way I did. / I spoke to him with the lights out. I spoke to the light that was out, / I spoke to his ear and his shoulder and his eyes, to the shape in the dark / of this person who knew nothing I had said and so accepted every part of it. / And when I stopped speaking, he nodded—a careful motion, nearly solemn, which sent / a stronger sting of gratitude and anguish through my capillaries than if he had said / anything at all. if he had attempted to acknowledge in any other way / what it means to try to reach across a distance no less vast for being invented and / sustained / by us, with every word and every minute; to want to touch what we can’t see / with real touch, with real trust, with the strong hot hands of what we say.



Luz

Yo creo que al final es todo luz; creo que es aire.
Larry Levis

Yo creo que al final es todo luz. Pero no, finalmente,
porque sea algo hermoso o temporario, ni siquiera solemne. Una
                                                         [vez,

con un hombre del que estaba enamorada, fuimos al bosque a
                       [caminar y de repente se largó a llover. 
No estaba en nuestros planes. Pero igual le encantó; él era de las
                                                       [montañas,

y estaba acostumbrado a amar aquellas cosas que el mundo
                   [decidía que podía manejar sin previo aviso. 
Sacudía los árboles la lluvia. Convertía el sendero en un riachuelo,
                                             [levantaba la tierra,

y a mí me parecía que jamás volvería a estar seca. Pero cuando
                                        [llegamos hasta un risco
y miramos abajo, en dirección al valle, vimos que el sol se abría
                                     [paso a través de las nubes
que antes lo ocultaban: súbitamente, la tormenta era una
                                            [tormenta de luz.
Se tiñó todo el valle de un naranja profundo, los árboles brillaban
                                                  [doblemente:

antes por el otoño, ahora por el sol. El hombre 
contemplaba, asombrado, el barro reluciente ante nosotros.

Yo creo que al final es todo luz, pero no porque cambie lo que toca. 
Yo creo que él creía que estar ahí

nos convertía a ambos en parte del paisaje -y me tocó la cara, 
donde tenía lluvia todavía, y quizá algo de luz-; y también me
                                              [parece que creía

que de algún modo éramos responsables, en el sentido, al
                                        [menos, de que siempre
lo somos de las cosas que decidimos ver. Yo creo que al final es
                                                      [todo luz,

no, sin embargo, porque nos bendiga o nos borre: sentí, al bajar 
por la ladera, una especie de incómoda ternura por el cuerpo

que tenía a mi lado, este hombre cuya mano había tocado mi piel,
como si de verdad todo esto se tratara de su mano y mi piel;
                                       [cuyo amor por el mundo

siempre será más fuerte cada vez que pose la mirada sobre él y
                                             [mire cómo el sol
resalta todo aquello que él sabe verdadero. Pasamos por al lado
                                                [de un arroyo

salpicado por esquirlas de luz, como si fueran peces.
Vimos la luz filtrarse por el aire. Y así vimos el aire. Yo pienso que
                           [al final es todo luz, pero tan sólo

porque no guarda relación alguna con nosotros, no nos puede ayudar, 
tan sólo iluminarnos, de la misma manera en que ilumina una fila
                                              [de árboles,

una ruta desierta, sábanas arrugadas al amanecer tras la partida
                                                  [del amante.

Pienso que es todo luz, porque nos encendemos y después nos
                                                  [apagamos,

luego nos encendemos otra vez, le demos importancia 
o no a ese hecho. Porque no. No podemos.



Light

I think it is all light at the end; I think it is air. Larry Levis I think it is all light at the end. But not, in the end, / because it is beautiful or temporary, or even solemn in these ways. Once, //1 was in love with a man and we hiked through the woods in a rainstorm. / This had not been the plan. But he loved it; he was from the mountains // and accustomed to loving things the world decided he could handle on short notice. / The rain battered the trees. It made a river of the path, unearthed the earth, // and I doubted I would ever be dry again. Yet as we reached a ridge / and looked out over the valley, the sun rushed through the clouds //that held it back, and the storm became a storm of light. / The entire valley went a rich orange, the brilliant trees doubly lit— // at first by autumn, now by sun. The man / surveyed, amazed, the bright wet earth before us. // I think it is all light at the end, but not because it changes what it touches. // /1 think he believed that our very presence there // made us part of what we saw—he touched my face, / where there was still rain, and perhaps light—that we were even, // somehow, responsible, at least in the sense that we always are, a little, / for what we have decided we are witness to. I think it is all light // at the end, but not because it blesses or erases us: I felt, / coming down the mountain, a sort of uneasy tenderness for this body //
nobeside me, this man whose hand had touched my skin as if it really / were about his hand, and about my skin; whose love of the world // will always be fiercest as he looks down into it and watches the sun / spotlight everything he knows to be true. We passed a stream with shoots // of light in it like fish. We watched the light sift through the air. And so / we saw the air. I think it is all light at the end, but only // because it has nothing to do with us, can do nothing for us, / can only light us up the way it lights up a stand of trees, // an empty highway, a bed at sunup, rumpled on a lover's way out. / I think it is all light, because we go bright, then dark, // then bright again, whether we mark its happening / or don't. Because we don't. Cannot.
in    

(Del libro homónimo,
Zindo & Gafuri, 2016)
Robin Myers


Robin Myers nació en Nueva York en 1987. Es poeta y traductora, con estudios en Letras Inglesas en Swarthmore College. Su obra aborda temas como la identidad migrante, la reflexión sobre la voz poética, y la experiencia porosa de lo latino en los Estados Unidos. Para ella “la poesía es una manera de yuxtaponer una cosa con la otra”. Su obra poética es ampliamente conocida en varios países y ha sido traducida al español como el caso de libros como Amalgama (México, Ediciones Antílope, 2016), Tener por Ezequiel Zaidenwerg y editado por Kriller 71 ediciones(2019). Ha traducido trabajos de  escritores como Isabel Zapata (México), Gloria Susana Esquivel (Colombia) y Mónica Ramón Ríos (Chile).Estudió la poesía de América Latina y su traducción en Buenos Aires y actualmente reside en la Ciudad de México. Fue nombrada Fellow of the American Literary Translators Association (ALTA) en 2009. Tradujo a Gonzalo Rojas, Luis Cernuda y, entre los jóvenes poetas latinoamericanos, a Ezequiel Zaidenwerg (Argentina) y Hernán Bravo Varela (México). Lo demás, es su primer libro de poemas traducido al español por Ezequiel Zaidenwerg y editado por Kriller71ediciones.



Pueden LEER otro poema de la autora en esta Biblioteca:AQUÍ


miércoles, 10 de junio de 2026

EL BUEN LADRÓN

 

MUERTE, LA ÚLTIMA VISITA

Al escuchar un apagado gruñido en tu garganta, vas a saber
                                                [que empezó.
No tiene nada que preguntarte. Sólo tiene algo para decir y 
va a hablar en tu propia lengua.

Con el brazo cerrado en torno a vos, va a agarrarte tanto
                                        [tiempo como quisiste. 
Sólo que esta vez va a durar el tiempo suficiente. No va a ceder. 
Con tu cara enterrada en su hombro oscuro, vas a oler barro y
                                        [pelo y agua.

Vas a sentir el gusto del pezón agrio de tu madre, de tu verga
                                           [salada favorita
y vas a tragarte una palabra que creíste que ibas a escupir una
                                              [vez y listo.
Por los ojos cerrados a medias vas a notar que su sombra se ve
                                               [como la tuya,

encajan a la perfección. Podrías llorar agradecido. Va a
                                               [agarrarte
como más te gusta, de manera tan fuerte y rápida como un
                                      [cachetazo en tu cara,
o de manera tan dulce y lenta que vas a gritar dámelo dámelo
                                      [hasta que lo haga.

Nada va a alcanzar nunca esta hondura. Nada va a apretar
                                      [nunca tan fuerte.
Por fin (las nenas están aplaudiendo, están gritando) alguien
                                                    [ajustó
el cordón de tu bolso de gimnasia hasta dejarlo bien cerrado y
                                             [tirante. Por fin
alguien ató el cordón de tu zapato de modo que nunca se va a
                                                [desatar.
Todavía mientras entrás en eso, todavía mientras empezás a
                                          [sentir el freno,
vas a silbar asombrado por entre los restos de tus dientes oh,
                                                     [jesús

oh, mi amor, oh, madre santa, nada nada nada se sintió nunca
                                                [tan bien.



DESDE NINGÚN LUGAR

Creo que el mar es un maestro inútil, que se lanza y cae 
sin que el clima importe, mientras que nuestras vidas son más
                                                 [bien lagos

que se abren en una constante y confusa primavera. Escuchá, 
llega un día que decís lo que todo el invierno

tuve intención de preguntar, y un crujido retumba y hace eco 
donde el hielo parecía sólido, dispersando a los patos

y dejándonos medio muertos de miedo. En Vermont, soñaste 
que desde la cima de una colina y a través de un barranco

veías luces tan familiares que podrían haber sido las nuestras 
que brillaran volviendo del futuro.

Y al despertar caminaste hasta ahí, hasta el lugar verdadero, 
y, como sólo se veían árboles, volviste desolado

con un presagio en el que ambos llegamos a creer.
Sin embargo, esta mañana, descendió un día amable, desde
                                            [ningún lugar,

y, al preparar el café del modo acostumbrado, tomando las
                                                  [medidas
con la cuchara de madera, me acordé,

así es como ocurren las cosas, taza a taza, un gesto familiar 
detrás de otro, ¿qué más podemos saber de la seguridad

o de lo fructífero? Caminamos con pasos delicados en 
un deshielo tan lento como febrero, vadeando corrientes

que nos sorprenden con su repentino calor. Acordate, 
la semana pasada todavía te levantabas silbando en busca de
                                                 [un pájaro

que milagrosamente había escapado de su jaula, y mirá, hoy, 
una golondrina vino a asentarse detrás de este desagüe
                                                [alquilado,

apretaba una rama del doble de su tamaño en el pico,
                                            [tambaleándose
por el peso, de manera tan delicada, tan precaria, según parece

desde acá, sosteniendo en su boca todo lo que sabe de la
                                             [esperanza.



DISCULPA

Las sombras volvieron, rodeando la habitación como luces de
                                                      [faros.
Es por esto que te dejo, repentino octubre, las hojas que se
                                                     [queman,
un choque de bicicleta y portazos en la cocina, los chicos que se
                                                     [alborotan
en el bosque del fondo.

Mi madre, parada junto al horno, levantó la cuchara, dispuesta 
a hacer una pregunta, como mi padre, la última semana de su
                                                  [vida, que
andaba de una habitación a otra casi satisfecho, pero en busca
                                                     [de algo
una cosa más que no alcanzaba a recordar.

Sin embargo, todo esto fue hace años. Anoche, en un sueño, mi
                                                       [padre
se negaba a representar al Rey Lear. Se había casado con otra. 
Ella estaba entre bastidores, envuelta en un viejo abrigo de
                                              [tweed, mirando
su reloj. Ya los hechos se disimulan.

Incluso ahora, que me deseás, mi madre revuelve el asunto 
dentro de la sopa caliente mientras la boca de mi padre se
                                                       [cierra,

los ciento nueve años que hay entre ellos dos se alejan
                                                 [caminando
como un hombre que golpeó a la puerta equivocada.


Los chicos, que cruzan la calle detrás de él, haciendo ruidos
                                           [suaves y toscos,
crecen hasta que las zapatillas aprietan. Mi hermano ya lleva 
su aspecto nervioso. Están quemando las hojas. El año que
                                         [viene, incluso eso
va a ser ilegal.


Entendelo, te amo, incluso cuando me alejo de vos de este
                                                    [modo,
tropezando sin aliento por una calle opaca que se desvanece,
                                                     [atrás
de un hombre que mira de reojo los números de las casas,
                              confundido, a punto de decir

algo que casi llego a escuchar.



GRETEL, DESDE UN REPENTINO CLARO DEL BOSQUE

No había camino de vuelta entonces, te acordás, lo decidimos, 
sino hacia adelante, hacia lo profundo de un bosque

de un verde tan oscuro, tan ensordecedor con el canto de los
                                                    [pájaros                     
que me tapé los oídos.

Y esa alta campanada en la noche,
¿eran las estrellas en realidad o alguna música

que se metía en nuestras cabezas como un sueño? 
Creo que debíamos estar muy cansados.

Creo que una parte desprendida de mal modo 
al inicio tuvo que ser lo que nos dejó tan hambrientos

volvimos a un camino que ya no estaba 
y nos perdimos el uno al otro, mientras mirábamos.

Dije tu nombre una y otra vez 
y sin embargo no viniste.

De noche, les tuve miedo a los perros negros 
y muchas veces te soñé cerca de mí,

pero aun entonces siempre estabas bajando 
por el denso pasillo de árboles.

A la luz del día, cada árbol se convertía en vos. 
Y, disimulando, besé mi camino a través
del bosque, hasta que dejé de disimular 
y caí, al fin, acá.

Acá también hay padrastros y pan 
que leva y tantas otras personas

que tal vez no me encuentres al principio. Dicen 
tu nombre cuando lo digo.

Sin embargo, yo me acuerdo de vos antes de que te
                                      [transformaras

en una historia. A veces, siento una espina en el pie 

y no hay espina. Me dicen,
no sin amabilidad, que acá no tendría que imaginar nada.

Sin embargo, creo que todavía estás vivo.
Quiero hablarte del tamaño de la bruja

y de lo linda que es. Quiero contarte
que los cuchillos de la cocina sólo se ven amigables,

tienen vida propia,
y decirte que no deberías sentir culpa,

no por el pan que comimos y pensamos 
que derrochábamos, no por haber vuelto solo,

y que recuerdo cómo nuestras sombras caminaban 
siempre delante de nosotros, y eso daba una pista,


y también hay otras pistas
que parecen un sueño, pero no lo son,

y que tengo cada día 
menos miedo.



CARTA A MI HERMANA

Llevábamos una vida en la superficie.
¿Cómo podría haber imaginado yo tu habitación oscura?

Te cuento que dormía entre los brazos del haya de los
                                               [escalones,
adonde ni siquiera la luz adormecedora de la cocina 
podía llegar temblando.

Sin embargo, esto también es ficción.

Dormía con miedo. Entonces, además 
la bestia se agazapaba frente a mi puerta 
gimiendo

y, es verdad, a veces 
te entregué a él.

Discúlpame por las circunstancias de mi vida.

Nadie nos contó esto, 
no existe esa cosa de la familia.

De todos modos, hoy me llega tu voz 
intencionalmente a través del cable

y yo, todavía con más edad que vos, 
contesto.

Tal vez éste sea el amor que conseguimos.
Y, si con nuestras palabras la casa de cristal se resquebraja 
y cae,

hablando de este modo nos mantenemos a resguardo 
mientras las esquirlas se ciernen sobre nuestras singulares
                                                [vidas.



PENA

Entonces ahora tiene nuestra completa atención y nos
                                           [reestablecemos.
La tomamos en nuestras manos como una soga, agradecidos y
                                                [atados,
libres de esperar que ocurra. Ya está acá, exactamente 
como imaginábamos.

Si el hombre murió, si la enfermedad del chico tuvo un
                                               [repentino
cambio, si la casa se incendió en mitad de la noche 
en invierno, hay por lo menos una clase de interrupción que va 
a tomarse como paz.

Ahora, cuando hablamos, lo hacemos muy seriamente y,
                                              [cuando
tocamos, lo hacemos con nuestros propios dedos y, cuando
                                                [oímos,
lo hacemos con nuestros grandes ojos que miraron una cosa 
y no parpadearon.


Ya no hay ningún motivo para desconfiar de nosotros. Cuando
                                                [se aleje,
va a alejarse como el verano y vamos a recordarla como una
                                                [pausa
en medio de algo que pareció tan implacable como la lluvia que
                                               [se acerca
y vamos a lamentarnos al ver que se va.


(Del libro homónimo, 
Postales Japonesas,
Editora, 2021)
Marie Howe


(Traducción de Salvador Biedma)
  -Edición no bilingüe)


Marie Howe nació en Rochester, Nueva York, Estados Unidos, en 1950. Fue la mayor de nueve hermanos en una familia católica. Es una destacada poeta estadounidense, reconocida por su estilo directo y emotivo que explora el duelo, la cotidianidad y la espiritualidad. Fue Poeta Laureada de Nueva York (2012-2014) y es famosa por obras como What the Living Do, escrita tras la muerte de su hermano por sida, en 1998, su segundo libro de poemas. Su poesía aborda la pérdida, el amor, la vida cotidiana y la experiencia humana con un tono conversacional. Howe es autora de New and Selected Poems (WW Norton, 2024), ganador del Premio Pulitzer de Poesía 2025. Ha sido preseleccionada para el Premio Nacional del Libro. Obras destacadas:  Su primer libro, El buen ladrón, fue elegido por Margaret Atwood en 1988 para aparecer como parte de The National Poetry Series. En 1994, Howe estuvo a cargo con Michael Klein de In the Company of my Solitude (En compañía de mi soledad), una antología de testimonios y ensayos relacionados con el sida. Además publicó:  The Kingdom of Ordinary Time  (WW Norton, 2009), finalista del Premio Literario del Los Angeles Times ;[El reino del tiempo ordinario), de 2008, y Magdalene, de 2017, preseleccionada para el National Book Award. Fue poeta laureada del estado de Nueva York entre 2012 y 2014, y recibió otras importantes distinciones. Actualmente se dedica a la docencia universitaria.

Pueden LEER otro poema de la autora en esta biblioteca Aquí