viernes, 3 de abril de 2026

LA HABITACIÓN SIN BARRER

 

Primera hora


Esa hora, fui más yo misma que nunca. Me había sacado
a mi madre lentamente de encima, estaba acostada ahí
respirando por primera vez, como si
el aire del cuarto me estuviera soplando
como a una burbuja. Todo lo que tenía que hacer
era salir por la línea de mi mirada y volver,
salir y volver, en la seda de la gravedad, la
presión del aire una caricia, oliendo en mí
la sangre cremosa de ella. El aire
me tocaba suavemente la piel y la lengua,
entraba en mí y sacaba los pequeños
suspiros que yo no sabía que eran míos.
No tenía miedo. Estaba acostada en la quietud 
y miraba, y me dedicaba al pensamiento sin palabras, 
mi mente recibía su oxígeno 
directamente, la rica mezcla por boca.
No odiaba a nadie. Miraba y miraba,
y todo era interesante, yo era
libre, todavía no enamorada, no
pertenecía a nadie, no había bebido
leche, todavía - nadie tenía
mi corazón. No era muy humana. No
sabía que existía alguien más. Estaba acostada
como un dios, por una hora, después vinieron a buscarme,
y me llevaron con mi madre.



Domingo por la noche

Cuando la familia iba a un restorán, 
mi padre metía la mano por debajo de la falda 
de una camarera si podía - la mano, la muñeca, 
el antebrazo. De repente. No podías verle 
el codo, sólo la parte de arriba del brazo.
Los dientes mojados, el blanco de los ojos 
mojado, un hombre con un muñón de brazo, 
como si hubiera llegado detrás de la noche.
Era siempre el brazo derecho, no era en
broma. En los lugares donde ya habíamos estado
nadie nos quería atender, a menos que hubiera una mujer joven
desprevenida, y yo nunca la prevenía.
Wooop! Avanzaba él, como si estuviéramos
divirtiéndonos juntos. A veces, ahora,
lo recuerdo como si hubiera tenido el
brazo adentro hasta el hombro, el brazo
hasta el fondo de la madre, él se reía con lágrimas
en los ojos, como si llorara de alivio.
Su otro brazo sobre la mésa
le gustaba dejarlo inmóvil, para 
que la broma fuese mejor, un ventrílocuo 
con el brazo metido en el muñeco, su propio chillido 
saliendo de la boca de ella. Me hubiera gustado clavarle 
un tenedor en el brazo, hundir los dientes 
hasta el fondo, oír el quejido de los músculos, 
el derrape contra el hueso. Quizás
haya conocido, después, a alguien relacionado 
con alguna de las mujeres del True Blue 
o del Iliek’ry Pit. A veces 
me imagino volviendo a las faldas
de las mujeres que lastimó mi padre, a esas campanas 
del anochecer, a esos bosques bajo la carpa.
Quiero barrer, ordenar, apilar-
lo que sea que pueda hacer, limpiar el establo 
de la mente de mi padre. Quizás desensuciar 
el mío, llegar a ver el cuerpo entero 
como algo inocente y precioso. Quiero trabajar 
los pecados de mi padre y los míos, pararme 
bajo el eielo nocturno con el resplandor de 
la luna llena, sabiendo que estoy bajo la bóveda 
de una mujer que me perdona.



El voto nupcial

No me paré en el altar, me paré
al pie de los escalones del presbiterio, con mi amado,
y el pastor se paró en el escalón más alto
con la Biblia abierta entre las manos. La iglesia
era de madera, el interior pintado color marfil, sin gente —
                                                el establo
de Dios perfectamente limpio. Era de noche, 
primavera—afuera, una fosa de barro, 
y adentro, de las vigas, caían moscas 
sobre la Biblia abierta, y el pastor
la inclinaba y las barría con la mano. Estábamos parados
uno junto al otro, llorando suavemente
de miedo y asombro. En verdad, nos habíamos casado
esa primera noche, en la cama, nos habían
casado nuestros cuerpos, pero ahora estábamos parados
en la historia - lo que nuestros cuerpos habían dicho,
boca a boca, lo decíamos ahora públicamente,
unidos, muerte. Estábamos de pie
tomados de la mano, sin embargo yo también
estaba de pie como si estuviera sola, por un momento,
justo antes de que el voto, si bien hecho
años atrás, prendiera. Era un voto
del presente y del futuro, y sin embargo lo sentía
tocar el pasado distante
o tocado por el pasado distante, sentía
el fantasma callado, seco y miserable del
matrimonio de mis padres ahí, en alguna parte
del espacio radiante— quizás una de las
moscas en picada rebotó suavemente
al golpear renunciando a todos los demás, después fue
barrida. Yo sentía como si hubiera venido
a reclamar una promesa - la dulzura que había inferido
de la amargura de ellos; y que al mismo tiempo había
venido, congénitamente indigna, a rogar.
Y sin embargo, había estado trabajando para este momento
toda mi vida. Y después fue tiempo
de hablar — él me estaba ofreciendo, a pesar de
lodo, su vida. Eso era todo lo que yo tenía que
hacer, esa tarde, aceptar el don que
había anhelado - decir que lo había aceptado,
como si me hubieran preguntado si respiro. ¿Acepta usted?
Sí, quiero. Acepto como él acepta - hemos estado
practicando esto. ¿Tolera usted este placer? Sí, quiero.

(Del libro homónimo,
Gog y Magog, 2020)

Sharon Olds

(Traducción de Inés Garland)

FIRST HOUR


That hour, I was most myself. I had shrugged
my mother slowly off, I lay there
taking my first breaths, as if
the air of the room was blowing me
like a bubble. All I had to do
was go out along the line of my gaze and back,
out and back, on gravity’s silk, the
pressure of the air a caress, smelling on my
self her creamy blood. The air
was softly touching my skin and tongue,
entering me and drawing forth the little
sighs I did not know as mine.
I was not afraid. I lay in the quiet 
and looked, and did the worthless thought, 
my mind was getting its oxygen 
direct, the rich mix by mouth.
I hated no one. I gazed and gazed,
and everything was interesting, I was
free, not yet in love, I did not
belong to anyone, I had drunk
no milk yet — no one had
my heart. I was not very human. I did not
know there was anyone else. I lay
like a god, for an hour, then they came for me,
and took me to my mother.


SUNDAY NIGHT


When t lie family would go to a restaurante, 
my father would put his hand up a waitress’s 
skill if he could — hand, wrist, 
forearm. Suddenly, you couldn’t see 
his elbow, just the upper arm.
His teeth were wet, the whites of his eyes 
wet, a mail with a stump of an arm. 
as if he had reached behind the night.
It was always the right arm, he wasn’t 
fooling. Places we had been before, 
no one would serve us, unless there was a young 
unwarned woman, and I never warned her. 
Wooop! he would go, as if we were having 
fun together. Sometimes, now,
I remember it as if he had had his
arm in up to his shoulder; his arm
to its pit in the mother, he laughed with teary
eyes, as if he was weeping with relief.
His other arm would be lying on the table-
he liked to keep it motionless, to 
improve the joke, ventriloquist 
with his ami up the dummy, his own shriek 
coming out of her mouth. 1 wish I had stuck 
a fork in that arm, driven the tines 
deep, heard the squeak of muscle, 
felt the skitl on bone. I may have
met, since then, someone related 
to the women at die True Blue 
or at the Hick’ry Pit. Sometimes 
I imagine my way back into the skirts 
of the women my father hurt, those hells of 
twilight, those sacred tented woods.
I want to sweep, tidy, stack-
whatever I can do, clean the stable 
of my father’s mind. Maybe undirty 
my own, come to see the whole body 
as blameless and lovely. I want to work off 
my father’s and my sins, stand 
beneath the night sky with the full moon 
glowing, knowing I am under the dome 
of a woman who forgives me.


THE WEDDING VOW


I did not stand at the altar, I stood
at the foot of the chancel steps, with my beloved,
and the minister stood on the top step
holding the open Bible. The church
was wood, painted ivory inside, no people - God’s
stable perfectly cleaned. It was night,
spring-outside, a moat of mud,
and inside, from the rafters, flies
fell onto the open Bible, and the minister
tilted it and brushed them off. We stood
beside each other, crying slightly
with fear and awe. In truth, we had married
that first night, in bed, we had been
married by our bodies, but now we stood
in history - what our bodies had said,
mouth to mouth, we now said publicly,
gathered together; death. We stood
holding each other by the hand, yet I also
stood as if alone, for a moment,
just before the vow, though taken
years before, took. It was a vow
of present and the future, and yet I felt it
to have some touch on the distant past
or the distant past on it, I felt
the silent, dry, crying ghost of my
parents s; marriage there, somewhere
in the bright space — perhaps one of the
plummeting flies, bouncing slightly
as it hit forsaking all others, then was brushed
away. I felt as if I had come
to claim a promise — the sweetness I’d inferred
from their sourness; and at the same time that I had
come, congenitally unworthy, to beg.
And yet, I had been working toward this hour
all my life. And then it was time
to speak - he was offering me, no matter
what, his life. That is all I had to
do, that evening, to accept the gift
I had longed for — to say I had accepted it,
as if being asked if I breathe. Do I take?
I do. I take as he takes — we have been 
practicing this. Do you bear this pleasure? I do.


Sharon Olds nació en 1942 en San Francisco, California, E.E.U.U., se graduó en la Universidad de Stanford y realizó su doctorado en la de Columbia. Desde hace años imparte clases de creación literaria en la Universidad de Nueva York. Publicó entre otros: Satan Says (1980), The One Girl at the Boys’ Party (1983), The Father (1992), The Unswept Room (2002), Strike Sparks: Selected Poems (2004) y Stag’s Leap (2012). Su obra ha sido traducida a siete idiomas. Además, ha obtenido numerosos premios, como el Pulitzer de Poesía.


Pueden LEER más poemas en entradas anteriores. 




miércoles, 1 de abril de 2026

DEL DEBATE DE EVA

 


Era igual al momento en que un pájaro decide no comer de tu mano,
y volar, justo antes de volar, al momento en que los ríos parecen aquietarse
y detenerse porque una tormenta está llegando, pero no hay tormenta, o cuando
cien estorninos despegan y se alinean antes de girar y bajar rápido,
muy parecido a cuando manejás sobre hielo resbaladizo, y se te ocurre
que tu auto puede patinar, justo antes de que lentamente empiece a patinar, 
como el instante previo a olvidar qué ibas a decir,       
era así, y después era aún así, sólo que
todo el tiempo.
(Tomado de la revista
"Hablar de poesía"47,
Julio,2024)

Marie Howe 
(Traducción: Ezequiel Zaidenwerg)

PART OF EVE’S DISCUSSION // It was like the moment when a bird decides not to eat from your hand, / and flies, just before it flies, the moment the rivers seem to still / and stop because a storm is coming, but there is no storm, as when / a hundred starlings lift and bank togheter before they wheel and drop, / very much like the moment, driving on bad ice, when it occurs to you / your car could spin, just before it slowly begins to spin, like / the moment just before you forgot what it was you were about to say, / it was like that, and after that, it was still like that, only / all the time.
 

Marie Howe nació en Rochester, Nueva York, en 1950. Fue la mayor de nueve hermanos en una familia católica. Es una destacada poeta estadounidense, reconocida por su estilo directo y emotivo que explora el duelo, la cotidianidad y la espiritualidad. Fue Poeta Laureada de Nueva York (2012-2014) y es famosa por obras como What the Living Do, escrita tras la muerte de su hermano por sida. Su poesía aborda la pérdida, el amor, la vida cotidiana y la experiencia humana con un tono conversacional Howe es autora de New and Selected Poems (WW Norton, 2024), ganador del Premio Pulitzer de Poesía 2025. Ha sido preseleccionada para el Premio Nacional del Libro;  The Kingdom of Ordinary Time  (WW Norton, 2009), finalista del Premio Literario del Los Angeles Times ; What the Living Do (WW Norton, 1998), entre otros reconocimientos y galardones.
Obras destacadas:
The Good Thief (1987), seleccionada por Margaret Atwood para la National Poetry Series.
What the Living Do (1997), un poema elegíaco a su hermano John.
The Kingdom of Ordinary Time (2008).
Magdalene (2017), preseleccionada para el National Book Award.


lunes, 30 de marzo de 2026

BREVIARIO

 


David Smith

Sentado en el jardín de su casa en Bolton Landing, contempla el fluir lento del río. Delante del río, ve una hilera de pájaros de hierro, cuello y pico extendidos.



Antigüedad II

Tribus fantasmas construyen una arquitectura efímera. Las huellas desaparecen en la tormenta de arena. La arena sepulta pagodas, palacios, maderas fragantes



Progreso

Un pato recorre el mismo río. Nada y nada en círculos. Mientras nada, las revoluciones industriales se suceden impetuosas. El tiempo duele.



Arte II

Se para frente a la corteza de un árbol. Entona el cántico que cantaron sus ancestros. Mientras canta, su mano dibuja colores que se entrecruzan. Canta y dibuja.



Tolstoy

Vaga entre la nieve. Arrastra su pelo blanco y desprolijo. Recuerda su pasado disoluto.
Sus libros circulan a través del mundo. Es venerado en toda Rusia.



Dimensiones

Se sientan en un banco en el parque. Miran a los chicos jugar en el sube y baja, correr riendo, rodar por el pasto. Contemplan la fuente y el agua caer. Saborean el olor de los jazmines. Los árboles ensordecen el ruido de la calle. Resguardan el olvido.



Guerra II
 
Se escucha la explosión de misiles y drones. Avanzan tanques. Buques de guerra descansan en un apacible mar azul.



Desierto

Las arenas se presentan infranqueables. No se oye crujir de hojas, ni trinos, ni encender de motores. Sobre la arena hay restos de una ojiva nuclear.



Enero en Beacon 

Te sentás en el banco y mirás el río helado. El río no avanza ni retrocede. Te invade una sensación de paz.



Ciudad

El café de la esquina, el bar en el Bajo, las librerías de Corrientes: la memoria es un mapa.



Sueño

Las rodillas contra la tierra y el cuerpo inclinado, recoge agua con la mano. Acerca la mano a la boca y bebe despacio, con placer. Sueña que es árbol.



Afrodita

Veneran a la diosa de piedra que bajó desde el cielo hacia la espuma. Atraviesan siglos y mares para entrar en el templo. Depositan estatuillas y aves sangrantes. Confían en que sus ruegos serán cumplidos.



Hemiplegia

Cada mañana, cuando se despierta, su mente ve un cielo. Ve un azul uniforme, y borra los rojos y naranjas del cielo anterior. Cada mañana, cuando se despierta, su mente ve un río. Siente el fluir calmo del agua, y borra el fluir alegre del río anterior. Cada mañana es un ejercicio de aceptación.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)

Judith Filc


Judith Filc nació en Buenos Aires en 1962 y vive en Estados Unidos. Es poeta, ensayista y traductora. Publicó los poemarios “Lagos”, “Vida en la tierra”, “Resquicios”, “El otro lado” y “Transducciones”, entre otros. Desde 2012 hasta 2018, administró el blog Word Creation/Crear con palabras, donde publicó sus traducciones al inglés de poesía latinoamericana. Sus traducciones “Ghost Opera”, de Mercedes Roffé, y “A Certain Roughness in Their Skin”, de Jorge Aulicino fueron impresos por co im press y Tupelo Press, respectivamente. Varias de sus traducciones al inglés de poemas en español fueron publicadas en revistas literarias en inglés, entre ellas, “Fado”, de Silvina López Medin, en Tupelo Quarterly, y “Death by Fire”, de José Antonio Mazzotti, en Poetry International. En 2023, la revista literaria The Masachussets Review publicó su libro de ensayos “Coming Home” en formato electrónico.

Pueden LEER más poemas de la autora en entradas anteriores.




sábado, 28 de marzo de 2026

DESECHO E IZQUIERDO


Lo que se dice Nadie


¿Por qué Nadie me quiere?
¿Por qué justamente Nadie?
¿Y por qué tanto
me quiere?

Ustedes son testigos:
mucho, muchísimo
me quiere Nadie

Nadie se desvive por mí
Nadie por mí se muere de amor

Pero yo, desgraciado
no quiero a Nadie

¡Oh, Nadie!
 


Buen cliente


Expeditivo, lo trabaja

A sus requisitorias
no me presto:
sí me vendo -1000 pesos-
por un rato

Indaga mi culo
y obtiene el vencimiento
de su interés.
 


Ave


Menos cerca del pavo real
que del pavote
me pavoneo

Me pavoneo
cercado por pavotes
y pavos reales.
 



A mi cabeza


O me falta
o está flojo
un tornillo

Mi conciencia
de que falta
o está flojo
un tornillo

no me falta

y mi empeño
en el registro
substancioso
-de que falta
o está flojo
un tornillo-

no está flojo.
 



Esfinteriana


Contienda entre el esplendor que sostiene
la dinámica revolucionaria del afán expulsatorio

y el obstruccionismo reaccionario al servicio
de la confabulación retentiva

¡¿Y en esta mierda
hay un goce?!
 



Fascino


Los fascino con el tamaño
los alarmo
los reviento

Lo mío es en ocasiones
-con fajada-
definitivo.
 



Se cumplió


Yo
no daba nada por mí

Y mírenme
                  a dónde llegué

Después de esto sí que no hay

NADA.
 




A Sir John Mandeville (siglo XIV),
el testigo


1

Estuve allí
en el paraíso
pero tampoco
del paraíso
puedo hablar.


2

Tan poco
puedo hablar
del paraíso
Apenas
jurarles 
que estuve allí.

(del libro ‘Desecho e izquierdo’ 
(2ª edición: Editorial Leviatán, 
Buenos Aires, febrero 2026,
poemas enviados por su autor, a 
modo de colaboración para la Biblio).

Rolando Revagliatti


C.V. muy abreviado:

Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y diecinueve poemarios. En ediciones digitales se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformado por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com  - Más de 1700 videos en los que ha grabado poemas y otros textos literarios de muy diversos autores se encuentran en https://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti/videos y en https://www.arcoiris.tv/fonte/Rolando%20Revagliatti/

IMAGEN:  Rolando Revagliatti- Foto Flavia Revagiatti

 

jueves, 26 de marzo de 2026

FUGITIVO

 


Este es mi momento

El agua creciendo en el agua. 
El cielo mirándose en el agua.
El agua pasando por los dedos del agua.
El cielo caminando en el cielo.
Este es el mundo, este 
es el mundo como debe ser.



Hogar suspendido

Respiración 
naciente 
y otra vez 
naciente respiración…

En el aire todo 
se sostiene en un 
aparente 
                  punto 
movedizo en el agua 
día que se va. 

También un hogar 
suspendido, esta luna 
que irrumpe desde un punto 
del cielo.

Somos, casa
                     del tiempo,
tajo del ser,

y soy reja
                 y puerta, soy
                                        grito y
silencio sostenido en un
adentro,
 
                intenso, enorme,
a distancia
                    sin centro,
a cielo abierto.


Ahora

qué esperanza
            nos ata 
a una nube de lluvia, 

que en el ojo 
en la punta de un hilo 
es el mundo.



“Esta es mi casa”

Un tallo se agita 
                    entre delgadas 
olas que suavizan
en el viento, 

                    banderas.

Brota el hondísimo
                    instante

sobre el río de ahora.

                   Lento se abre 
un silencio 

que traza 
                  una línea de nubes 
                    
        de deseo,

ahí, donde 

el instante dice, “esta es mi casa”.



En el aire

De otro mundo 
son estos peces que se mueven 
en el aire 

de un tapiz rojo con verano.



Un jardín

Puedes soltar tu cuerpo 
en algunas líneas soñadas 
que instalas en verdes 
y azules equilibrados cuyas luces 
se abren a un jardín que no es 
de este mundo.



Nubes y momento oscuro

                          Fuerte 
                  envolverte en la mantita 
                          de lo que fluye por que sí.
                            Delante 
                  de tus propios ojos, 
                        el trote ciego de la caída 
      de las voces posando como alguien colgado que va a caer.
El tajo de la nieve en la oscuridad que se va con las nubes.


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Fabián Harrero


Fabián Herrero (Santa Fe,1965) Profesor en Historia (UNL). Doctor en Historia (UBA). Investigador de Conicet (UBA, Instituto Ravignani). Profesor titular ordinario en UADER, sede Paraná. Publicó como historiador, más de diez libros  y más de cincuenta artículos en revistas nacionales e internacionales. En la década de 1980 formó parte de los talleres coordinados por Hugo Gola y también los dirigidos por Edgardo Russo y Juan Manuel Inchauspe. Ha publicado catorce libros de poesía, entre otros: “Quién no le tiró una piedrita al mundo. Poemas”, 1988-2018 (Alción, Córdoba, 2020); “La luna tiembla en mi cuerpo de agua” (Barnacle, 2021); “Días como perros perdidos” (Barnacle, 2022),“La nube es una flor que arrancó sus raíces” (UNL, 2023), con un epílogo de Sergio Delgado y “La nostalgia es la que hace sonar el tambor de mi corazón” (Barnacle, 2025).
Actualmente vive en la ciudad de Mar del Plata.