viernes, 4 de septiembre de 2026

POESÍA COMPLETA -Wislawa Szymborska-

 


CANCIÓN NEGRA (1944/1948)
 
 
Dedicado a la poesía
 
I
 
El color del día lo dan el cielo y las hojas,
por eso no está en la caja de los lápices de colores.
Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra
tengo que cambiar mis ojos por palabras.
 
La sabiduría de los poetas ociosos al sol es otra
que la de una mosca que se pasea por un tallo
y desconoce su nombre en escrupuloso latín
y el espíritu de contradicción de sus refulgentes alas.
 
Vosotros sois más torpes que vuestros poemas.
 
Tú te olvidarás de ti misma al levantar el vuelo.
 
 
II
 
Los pensamientos son como el viento en una casa
   vacía.
 
Un instante de la ciudad: el sol en un muro.
Una ventana abre su negrura.
Ninguna solemnidad. En la trampa de las paredes.
 
¿De qué sirve el conocimiento de la muerte?
Por su causa se enfría el té sobre la mesa.
Ningún ambiente. De palabras enjabonadas.
 
Un instante del mundo: el silencio no espera.
Vierte el bullicio en las ventanas como si fuera arena.
Ningún lirismo. Para piedras y sueños.
 
 
III
 
El patio se vacía de juegos.
Lo espío como si fuera ajeno.
El aro de uno de los niños
es el ecuador arrancado a la tierra.
 
Es la hora de las peticiones personales:
 
Quiero ver un mañana mejor
abierto de par en par en tus ojos
y entrelazar mis manos en el fuego
como tú.
 
Ha oscurecido el patio.
El aro esperará hasta mañana.
Prohibido jugar con el fuego.
Verte mejor no puedo.
 
  
 
EL GRAN NÚMERO (1976)
 
 
La mujer de Lot
 
Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de la curiosidad pude tener otras
  razones.
Miré hacia atrás porque eché de menos la escudilla
  de plata.
Por distracción: mientras me ataba la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera
él ni se detendría.
Por la desobediencia natural de los humildes.
Harta de escuchar cómo nos perseguían.
Alertada por el silencio, pensando que Dios
  cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el
  suelo.
Miré hacia atrás atemorizada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
saltaba y se arrastraba en un pánico colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces arreció el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás por la rabia.
Para gozar plenamente de su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue solo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster se alzaba sobre sus dos
   patitas.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguía corriendo,
me arrastraba y volaba,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces giré sobre mí misma.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.
 
  
 
INSTANTE (2002)
 
  
El primer amor
 
Dicen
que el primer amor es el más importante.
Eso es muy romántico,
pero no es mi caso.
 
Algo entre nosotros hubo y no hubo,
ocurrió y transcurrió.
 
No me tiemblan las manos
cuando tropiezo con pequeños recuerdos
y un fajo de cartas atadas con un cordel
—si al menos fuera una cinta—.
 
Nuestro único encuentro años más tarde
fue una conversación de dos sillas
junto a una fría mesa.
 
Otros amores
respiran hasta ahora profundamente en mí.
A este le falta aliento para suspirar.
 
Y sin embargo, justo así como es,
puede algo que los otros no pueden todavía:
 
no recordado,
ni siquiera soñado,
me familiariza con la muerte.
 
 
 
Baile
 
Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,
 
mientras la Tierra siga siendo diferente,
de momento, a planetas cercanos y lejanos,
 
mientras no haya rastro
de otras hierbas honradas por el viento,
de otros árboles ceñidos por coronas,
de otros animales demostrados como los nuestros,
 
mientras no haya un eco, que no sea el local,
capaz de hablar con sílabas,
 
mientras no haya ninguna noticia
de mejores o peores mozarts,
edisons, platones en algún lugar,
 
mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar solo entre sí,
 
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a ninguna otra
y sea excepcional hasta en su imperfección,
 
mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
pasen por ser las únicas cabezas llenas de ilusiones,
 
mientras solo desde el cielo de nuestras bocas
pueda ponerse el grito en el cielo,
 
sintámonos huéspedes en esta sala de fiestas,
distinguidos y únicos,
bailemos al son de la banda local
 
y que nos parezca que este es
el baile de los bailes.
 
No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
 
un rincón perdido,
en el que las estrellas dan las buenas noches
y hacia el que hacen guiños
nada significativos.
 
 
  
DOS PUNTOS (2005)
 

El viejo catedrático
  
Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos aún tan jóvenes,
ingenuos, impulsivos, tontos, inexpertos.
 
Algo de eso queda, excepto la juventud
——respondió.
 
Le pregunté si todavía sabía a ciencia cierta
lo que era bueno y malo para el hombre.
 
La más mortífera ilusión posible
—respondió.
 
Le pregunté por el futuro,
si lo seguía viendo claro.
 
He leído demasiados libros de historia
-respondió.
 
Le pregunté por la fotografía,
la del marco, sobre el escritorio.
 
Estaban, ya no están. Mi hermano, mi primo, mi
   cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo,
un pájaro volador no identificado
respondió.
 
Le pregunté si a veces era feliz.
 
Trabajo respondió.
 
 
Le pregunté por sus amigos, si todavía tenía.
 
Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen ya antiguos ayudantes,
la señora Ludmita, que manda en casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Grzes de enfrente y Marco Aurelio
respondió.
 
Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.
 
Me han prohibido el café, el vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no oigo lo que me dicen
respondió.
 
Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.
 
 
Cuando la noche es serena observo el cielo.
No deja de asombrarme
cuántos puntos de vista hay ahí
respondió.
 

 
De hecho. cualquier poema
 
 
De hecho, cualquier poema
podría titularse «Instante».
 
Basta una frase
en presente,
pasado o incluso futuro;
 
basta que cualquier cosa
portada en palabras
susurre, brille,
vuele, flote,
o guarde también
una supuesta inmutabilidad,
pero con una sombra en movimiento;
 
basta que se hable
de alguien junto a alguien
o de alguien junto a algo
 
de la mamá que me mima
o que ya no me mima;
 
o de otras mamás
y de otros mimos o no mimos
 
de otras cartillas
cuyas páginas pasa el viento;
 
basta que al alcance de la mirada
el autor coloque unas montañas provisionales
y unos efímeros valles;
 
que al mismo tiempo
aluda al cielo
solo aparentemente eterno y estable;
 
que aparezca bajo la mano que escribe
aunque sea una única cosa
que pueda ser llamada cosa de alguien;
 
que negro sobre blanco,
o al menos en sentido figurado,
por un motivo más serio o menos serio,
se planteen algunos interrogantes,
y como respuesta,
en todo caso, dos puntos:
 
  
 HASTA AQUÍ (2012)
 
 
Hay quienes
 
Hay quienes llevan a cabo la vida más hábilmente.
Tienen orden en su interior y a su alrededor.
Para todo la manera y la respuesta adecuadas.
 
Adivinan inmediatamente quién a quién, quién con
    quién,
con qué objetivo, por dónde.
 
Ponen el sello en las verdades absolutas,
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a los archivadores destinados a ellas de antemano.
 
Piensan justo lo debido,
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.
 
Y cuando los dan de baja de la existencia,
abandonan su puesto
por la puerta señalada.
 
A veces los envidio;
afortunadamente se me pasa.
 
 
 
Reciprocidad
 
 
Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras de teatro sobre actores representadas por
  actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen del reciclado de
  papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros
  pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Gafas para buscar gafas.
Inspiración y espiración de la respiración.
Y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas      
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos.
 
(Del libro homónimo,
Visor, 2024)

Wislawa Szymborska

 
(Traducción de: Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Mołoniewicz)
 
 
 
Wislawa Szymborska (Polonia Kórnik, 1923 - Cracovia, 2012). Fue una de las poetas polacas más relevantes de todos los tiempos. Recibió el premio Nobel de Literatura en 1996. Hija de un funcionario, en 1931 se trasladó con su familia a Cracovia, ciudad en la que se asentó de forma definitiva. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y el ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria. Ahí aparecieron desde 1968 sus "folletines literarios", a modo de poco convencionales críticas, que serían publicados en forma de libro en dos volúmenes, Lecturas facultativas, (1973 y 1981). Su primer poema publicado, en 1945, "Busco la palabra", apareció en el Diario Polaco, y es a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público. También publicó Preguntas hechas a una misma (1954); Llamada al Yeti (1957); Gente en el puente (1986); Fin y principio (1993); Paisaje con grano de arena -Antología (Lumen, 2005); Poesía no completa (FCE, 2009) y Aquí y Hasta aquí (2012), que vio a la luz dos meses después de su muerte.

Pueden LEER todas los poemas publicados: AQUÍ

miércoles, 2 de septiembre de 2026

POEMAS VENCIDOS

 


Primero la huella, 
                           luego el paso.
Primero la tumba, luego el suicida.
El significado del nombre antes que el nombre.
La ejecución del acto, después la voluntad.
Los amantes, luego el amor.
La oscuridad previa al día.
La flecha, luego el arco que la impulsa.
El patíbulo antes que la pena de muerte.
Primero el destino, después cada ser vivo.
Antes del odio el enemigo.
Primero las plegarias, después los dioses.
El deseo de ver el mar antes que el mar.
La respuesta antes de cada pregunta.
Primero el susurro, luego el viento.
Primero la sospecha, después la superstición.
Lo profano, pero antes lo pagano.
El cumplido, después la promesa.
La ceniza después del incendio.
Primero la clave, luego el acertijo.
La tragedia antes que el arte.
Primero el devenir, luego la historia.
La palabra, luego el hombre.



Una gota
tan solo
no un río
caudaloso
ni una vertiente
ni su epíteto
el húmedo misterio
que reconocen mis manos

una gota
tan solo
que cumpla
la tarea

laica 
fundamental
atravesada

cayendo
lenta
de tu corazón
al mío.



No existe el viento,
es 
el movimiento propio de las cosas 
en su choque frontal contra un destino,

mucho menos levanta papeles,

es
el juego del papel  
desafiando su propio dominio,

nos confunde lo que rehúye,
lo que no se deja aferrar,

el vaivén obstinado de las almas 
que no encuentran descanso,

la manera de flotar buscando el equilibrio,
                   el modo en que nos adelantamos o atrasamos
unos de otros
                   hasta perdernos



Quién no soñó alguna vez
con una casita blanca.
Y jardín.
Y caballos.

Que el amor es una isla que salva
cada vez que naufragamos.

Con retroceder el tiempo justo antes del error.
Que la felicidad 
era un órgano más
en nuestro cuerpo.

Quién no soñó alguna vez
que el corazón 
era un motor
versátil  
silencioso

que gastaba poco.



Cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130, recordaré a Pedro, dni 19538759,
hablaremos de aquellas flores
que se abrían bajo el rocío cuando habitamos
la casa del molino, soplaré su nombre, recuérdalo  
Ana, dni 21764932, que vivimos juntos el fragor de la infancia,
intentarás creer que no todo es
camino pedregoso moho ortigas
gas de estrellas fugaces
destellos de amor entre senderos, por entonces
habrá nacido Julia, dni 19733078, luego
Marcos, dni 20338170, y unos años después
Bernardo, dni 24256449,

serán, fueron, son
como abejas blancas posadas en
nuestros huesos vigorosos

burbujas
de luz
sobre tus blandos pechos

como vemos, todos merecemos filiación
orden
reglas
un número que nos ancle en el misterio
aprobar certezas
legitimar un alma
creer que estuvimos sobre esta tierra, pero

hay muertos que ya no crecen Carlos, dni 22764932,
cada mano aprieta el ramo pesado de la desolación
como un 
oropel de promesas inválidas te fuiste te fuiste
tan diminuto

del pregón obtuso del párroco Juan, dni 6442991, nacía
como un glaciar la tibia duda, ¿oraba por nuestra fe? 
     ¿por la fe de Pedro?, dni 19538759, ¿por la miel 
     de tu arcón? ¿por el pan de todos? 
¿por la memoria que como un sudario
quedaron translúcidos los rostros? ¿por el cansancio
de las almas? ¿por los náufragos que habitaban en
los cuerpos movedizos? ¿por
quién oraba? pero

hay muertos que no vuelven a nacer mi querido José, 
     dni 21764442,
y es inteligente el dolor

sabe de quién alimentarse

todos merecemos ser reales
gozar entidad
tener destino
una letra un silbido a la distancia
un canto que nos llame desde cielos lejanos,

no el eco turbio de ese pueblo
cuando la casa del molino
nos mastica y traga, por eso
cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130,
estaré vestido

para la ofrenda.

(De libro homónimo,
Barnacle, 2026,Envío
de Alberto Cisnero)

Fabio Cardarelli


Fabio Cardarelli nació en 1969. Pasó su infancia en un pequeño pueblo del sudeste cordobés. A los 11 años se mudó con su familia a la ciudad de Villa María. Desde el 2000 reside en la ciudad de Villa Nueva, Córdoba, Argentina. Publicó: “Donde la piedra es pájaro” (poemas-1986), “Bis” (poemas-1989), “La breve recompensa” (Dínamo Poético Editorial, 2016), “Truco de espejos” (Lago Editora, 2016), y “Recomendaciones para un eterno descanso” (Lago Editora, 2020), mencionado en el Premio Literario “Provincia de Córdoba” 2018.


lunes, 31 de agosto de 2026

GUARDÉ EL ANOCHECER EN UN CAJÓN


CANCIONES DEL ALBA


Un anochecer yo

Un
anochecer yo 
miraba elevarse el vapor 
de mi cuenco de arroz blanco. 
Entonces supe
que algo se había ido para siempre. 
Que ahora también 
se estaba yendo para siempre.

A comer.

Y me comí el arroz.



La canción que oí al alba 2

Los árboles siempre me acompañan.
La copa, 
las ramillas, 
también las hojas 
me unen 
con el cielo.
Incluso cuando me siento vulnerable, 
cuando mi alma 
se vuelve una piltrafa, 
un harapo andrajoso, 
me miran
antes de que yo los mire
y abren sus labios verdes
antes de que mis venas se marchiten negras.



La piedra azul

La piedra azul
que vi en sueños hace diez años 
¿estará todavía en el fondo del arroyo?

Me había muerto
y caminaba por la orilla de un arroyo un día de primavera. 
Ah, qué bien me sentía muerta.
Radiante, ligera 
como un plumón.

Descubrí unos guijarros
blancos y redondos
en el fondo de la corriente clara.
¡Qué diáfano!
¡Uno, dos, tres!

Allí estaba 
esa piedra,
aún más silenciosa por ser azul.

Sin querer estiré el brazo para cogerla, 
pero entonces supe
que para hacer eso debía nacer de nuevo.
Me dolió por primera vez
saber que tendría que vivir de nuevo.

Abrí los ojos, 
era noche profunda,
seguían tibias las lágrimas que derramé en sueños.

La piedra azul que vi en sueños hace diez años.



TEATRO DE LA ANATOMÍA HUMANA


Esbozo del anochecer 3

El cristal de la ventana

Silencioso se derrama el anochecer 
por el cristal de la ventana, 
papel de hielo.

Anochece sin rojeces.

Cada tanto ondea un abrigo azul de estudiante
en la cuerda de tender
atada al árbol desnudo de la casa vecina.

(En anocheceres como este 
guardo mi corazón en el cajón).

El cristal de la ventana, 
mudo papel de hielo en blanco.

Al abrir los labios,

aprendo
a sellarlos a cal y canto.


LAS HOJAS AL ANOCHECER


A Hyo, Invierno de 2002

«¡El mar no me ha llevado!», 
exclamó el niño 
con cara de susto.
Al ver el mar arremolinarse, 
arremolinarse desde lejos, 
creyó que no pararía de crecer 
hasta cubrimos.

El mar no te ha llevado,
pero cuando vuelva a arremolinarse,
te parecerá otra vez que es infinito
y te esconderás detrás de mí, abrazado a mis piernas,
como si yo
fuera capaz de protegerte 
de todas las cosas, 
incluso del mar.

Como cuando al empeorar la tos 
devolviste la comida y llorando
me llamaste «mamá, mamá», 
como si yo
tuviera el poder de poner fin a tus males.

Pero pronto
tú también sabrás
que lo único que puedo hacer yo
es recordar.
Recordar que estuvimos juntos 
ante esa gigantesca y centelleante ola, 
ante el tiempo
y el crecimiento,
ante todas las cosas que desaparecen
y nacen de nuevo.

Que solo podemos grabar 
en estos cuerpos hechos de arena 
esos instantes como huevos de colores, 
la intimidad de las horas que compartimos juntos.

No tengas miedo
que el mar todavía no ha venido,
que estaremos juntos
hasta que nos lleve,
que seguiremos recogiendo piedras y conchas blancas, 
que pondremos a secar los zapatos mojados por las olas, 
sacudiéndonos la arena rasposa, 
que de vez en cuando
nos dejaremos caer al suelo y con las manos sucias 
nos secaremos los ojos.



De nuevo canción de convalecencia, 2008

Miro pasar un avión 
de brillante cola plateada.

Ha venido de las montañas de la derecha 
y desaparece entre los cirros.

No mucho después

otro avión de brillante cola plateada 
traza la misma trayectoria y desaparece

dentro de los ojos 
del cielo que brilla 
azul
e incandescente

como ciertas palabras, 
como ciertas promesas 
que vuelan planeando y desaparecen.

Con los puños cerrados escondidos en los bolsillos, 
las grabo todas en el reverso de la lengua.

Sobre mis ojos cerrados, luz naranja, 
de un naranja más caliente que mi cuerpo.

Igual que las cosas que se fueron después de arañarme,

que se acumularon con sabor a sangre bajo mi lengua cortada,

(en silencio
y a increíble velocidad)

que borraron sus popias huellas.



El invierno al otro lado del espejo 2

Alguien me dijo 
una madrugada

que la vida no tenía ningún sentido,
que lo único que se podía hacer era lanzar una luz.

En la época en que me despertaba de una pesadilla 
y me esperaba otra capa de pesadilla

algunos sueños, como la conciencia 
o una tarea sin cumplir,
se me quedaban atascados en la boca del estómago. 

Si yo
lanzara una luz

¿se asemejaría 
a una bola?

¿Hacia dónde estirar el brazo 
y cómo lanzarla?

¿Cómo de lejos o cómo de cerca?

Pasaron años sin que pudiera cumplir la tarea.
A veces
me quedo mirando la bola de luz
que conseguí reunir a duras penas con mis manos.

Quizás era caliente 
o quizás fría 
y transparente.
Quizás se me derretía entre los dedos 
o se evaporaba blanca.

Pero ahora
que estoy dentro del mediodía al otro lado del espejo, 
me acuerdo de ese sueño
como si recordara la medianoche profunda de fuera del espejo.

(Del libro homónimo,
Lumen, 2025)

Han Kang

(Traducción: Sunme Yoon)



어느 늦은 저녁 나는

어느
늦은 저녁 나는 
횐 공기에 담긴 밥에서 
김이 피어 올라오는 것을 보고 있었다 
그때 알았다
무엇인가 영원히 지나가버렸다고 
지금도 영원히 지나가버리고 

밥을 먹어야지

나는 밥을 먹었다




새벽에 들은 노래 2


 제나 나무는 내 곁에 하늘과

나를 이어주며 거기

우듬지

잔가지

잎사귀 거기

내가 가장 나약할 때도

내마음

누더기,

너덜너덜 넝마 되었을 때도 

내가 바라보기 전에 

나를 바라보고 

실핏줄 검게 다 마르기 전에 

그 푸른 입술 열어



파란 돌


십 년 전 꿈에 본 파란 돌
아직 그 냇물 
아래 있을까 난 죽어 있었는데

죽어서 봄날의 냇가를 
걷고 있었는데 아, 죽어서 좋았는데 
환했는데 솜털처럼 
가벼웠는데

투명한 물결 아래 
희고 둥근 
조약돌들 보았지 
해맑아라,
하나, 둘, 셋

거기 있었네
파르스름해 더 고요하던 
그돌

나도 모르게 팔 뻗어 줍고 싶었지 
그때 알았네
그러려면 다시 살아야 한다는 것
그때 처음 아팠네
그러려면 다시 살아야 한다는 것

난 눈을 떴고,
깊은 밤이었고,
꿈에 홀린 눈물이 아직 따뜻했네 

 십 년 전 꿈에 본 파란 돌




녁의 소묘 3

一 유리창

유리창,
얼음의 종이를 통과해 
조용한 저녁이 홀러든다

붉은 것 없이 저무는 저녁

앞집 마당
나목에 매놓은 빨랫줄에서 
감색 학생코트가 이따금 펄럭인다

(이런 저녁
내 심장은 서랍 속에 있고)

유리창,
침묵하는 얼음의 백지

입술을 열었다가 나는

단단한 밀봉을 
배운다




효에게. 2002. 겨울


바다가 나한테 오지 않았어 
겁먹은 얼굴로 
아이가 말했다 
밀려오길래 
먼 데서부터 
밀려오길래 
우리 몸을 지나 계속 
차오르기만 할 줄 알았나 보다

바다가 너한테 오지 않았니 하지만 다시 
일려들기 시작할 땐 다시 
끝없을 것처럼 느껴지겠지 
내 다리를 끌어안고 뒤로 숨겠지 
마치 내가 
그 어떤 것,
바다로부터조차 널 
지켜줄 수 있는 것처럼

기침이 깊어 먹은 
것을 토해내며 눈물을 흘리며 
엄마, 엄마를 부르던 것처럼 
마치 나에게
그걸 명춰줄 힘이 있는 듯이

하지만 곧
너도 알게 되겠지
내가 할 수 있는 일은
기억하는 일뿐이란 걸
저 번쩍이는 거대한 흐름과
시간과
成長,
집요하게 사라지고 
새로 태어나는 것들 앞에 
우리가 함께 있었다는 걸

색색의 알 같은 순간들을 
함께 품었던 시절의 은밀화처
음부터 모래로 지은 s 이 몸에 새겨두는 일뿐인 걸

괜찮아
아직 바다는 오지 않으니까 
우리를 쓸어 가기 전   
지린 이렇게 나란히 서 있을 테니까
조개껍데기를 더 주울 테니까 도에 젖은 
신발올 말일 테니까 까끌거리는 모래를 털며 때로는
주저앉아 더러운 손으로 눈을 훔치기도 하며





다사 회복기의 노래. 2008


은색 꼬리날개가 반짝이는 
비행기가 날아가는 것을 본다

오른쪽 산 뒤에서 날아와 
새털구름 안쪽으로 사라진다

얼마 지나지 않아

다른 은색 꼬리날개가 빛나는 비행기가 
같은 길을 긋고 사라진다

활활
시퍼렇게 
이글거리는 하늘 
의 눈[眼] 속

어떤 말,
어떤 맹세처럼 활공해 
사라진 것들

단단한 주먹을 주머니 속에 감추고 
나는 그것들을 혀의 뒷면에 새긴다

감은 눈 밖은 주황빛,
내 몸보다 뜨거운 주황빛

나를 긋고 간 것들

베인 혀 아래 비릿하게 고인 것들

(고요히,
무서운 속력으로)

스스로 혼적올 지운 것들



거울 저편의 겨울 2

새벽에
누가 나에게 말했다

그러니까, 인생에는 어떤 의미도 없어 
남은 건 빛을 던지는 것뿐이야

나쁜 꿈에서 깨어나면 
또 한 겹 나쁜 꿈이 기다리던 시절

어떤 꿈은 양심처럼 
무슨 숙제처럼 
명치 끝에 걸려 있었다

빛을
던진다면

빛은
공 같은 걸까

어디로 팔을 뻗어 
어떻게 던질까

얼마나 멀게, 또는 가깝게

숙제률 풀지 못하고 몇 해가 갔다 
때로
두 손으로 간신히 그러쥐어 모은 
빛의 공을 들여다보았다

그건 따뜻했는지도 모르지만 
차갑거나
투명했는지도 모르지만

손가락 사이로 홀러내리거나 
아얗게 증발했는지도 모르지만

지금 나는
거울 저편의 정오로 문득 들어와 
거울 밖 검푸른 자정올 기억하듯 
그 꿈올 기억한다


Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970), galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2024, empezó su carrera como novelista al ganar el concurso literario de primavera del diario Seúl Shinmun en 1994. Es autora de las novelas La vegetariana (Random House, 2024; Premio Booker Internacional 2016),La Clase de griego (Random House, 2023), Actos humanos (Random House, 2024; Premio Manhae de Literatura de Corea y Premio Malaparte en Italia en 2017), Blanco (finalista del Premio Booker Internacional 2018) e Imposible decir adiós (Random House, 2024; Premio Médicis Étranger 2023), así como del poemario Guardé el anochecer en el cajón (Lumen, 2025). La autora ha recibido también el Premio Yi Sang, el Premio Artista Joven del Año, entre otros galardones. Ha trabajado como profesora en el departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl hasta 2018 y en la actualidad se dedica por completo a la escritura. Su obra ha sido publicada en más de treinta idiomas.