aceptación
¿cómo defenderse de la invasión
de cangrejos en la cama
crujiendo y ocupando cada vez más
espacio intercostal?
había que decirles que sí
y transformarse
en arena cálida
segunda vida
respondieron que sólo días
quizás un par de semanas
ella contó su porvenir en horas
consciente de que decimos mentiras
muletas transitorias de esperanza
la mantenían con vida
fieles al imperativo
hacer que dure lo más posible
¿para qué? ¿para quién?
hurgó en su memoria
protagonista entre cables y tubos
se instaló en la segunda vida
en el recuerdo
su único órgano sano
El primer día que toqué un tumor, me desmayé. Del otro
lado del biombo, una mujer decía que los paliativistas
éramos los ángeles de la muerte.
qué mundo queda
¿qué vuelve con mis sueños?
¿qué postergaciones son imposibles?
¿qué voces hablarán de mí cuando no esté?
¿quién podará las acacias de mi jardín
que crecen sin medida?
¿por qué temo perder el amor
cuando pierdo la forma?
¿cuántos otros cuerpos necesito
para demorar este declive biológico?
¿cuántos estómagos voy a necesitar
para digerir toda mi nostalgia?
¿qué veo si me miro
en los ojos que me miran?
¿qué podrían cambiar
algunos días químicos de más?
¿es posible apropiarse
de una vida que se apaga?
¿qué mundo queda
cuando ya no pueda
habitar una metáfora?
expropiación
¿con qué cuerpo seguir presente
si sólo quedara el vértigo
a la falla hepática, cardíaca?
¿hasta dónde se extiende
la superficie del dolor?
¿es la nostalgia por el verano del ’80
las tardes en que prensaban las uvas
el tiempo de espera, la fermentación
la primera vez que sintió
en su paladar el mostillo dulce
la visión todavía nítida del viñedo
donde conoció la urgencia
del deseo hacia otro cuerpo?
¿qué resiste al desalojo?
sin respuestas, ella quería
abandonar esa zona
donde se acaban las palabras
los que saben
en el momento final
un lince rojo muerde
sus costillas desde adentro
y una palabra condensa
la vida entera
todo se ordena
a partir de lo injusto
o los hechos gravitan
alrededor de una deuda
acaso alguna vez se resumen
en un sentimiento de plenitud
saciedad previa
a la úlcera gástrica
o el de un nadador que sabe
cuando la boca marítima
decide engullirlo y se entrega
en el momento justo
no se ahoga, deja de respirar
en un acto voluntario
definitivo
Sólo hablamos con la mirada. O decidí creer eso. Y
Luriel no me dijo nada. Nos miramos por minutos,
muchos minutos. El silencio tomaba una forma densa,
crecía. Era un cuerpo más en la habitación. Amasamos
al silencio todos los días, durante dos semanas.
Me gustaría colgar unos cuadros inmensos en las
paredes descoloridas, descascaradas y públicas. Dirían:
acá nadie necesita “poner voluntad”.
destino
sus padres insistían
en el determinismo de la culpa
las consecuencias del descuido
ellos no creían
en el azar
Una tempestad molecular hinchaba sus piernas, sus
brazos. Crecían y crecían. Me acerqué, con el temor de
que un mar de líquidos desbordara en mi cara. Todos
teníamos ese temor. Clara imaginaba teñidas las paredes
de rojo, su corazón en estallido. Eso no iba a suceder.
Ninguna de las dos cosas iba a suceder. Teníamos que
averiguar qué era lo que estaba latiendo, queriendo
estallar. Seamos detectives, le propuse.
teatro corporal
no alcanzaba el azúcar
a cicatrizar el abdomen
tan avanzada la infección
el comité pedagógico
observó al pie de la cama
su cuerpo abierto, un texto a descifrar
mientras ella escribía al margen
fantasías que no eran más
que un ritornello
una obsesión somática
hablaba el lenguaje
de la descomposición del yo
esa ficción gramatical
decir adiós
a veces, una despedida
es envolvente y enardecida
dura tanto como un incendio forestal
otras veces, es un relámpago
en la tormenta eléctrica
a veces, una despedida
puede ser un tierno desgarro
higos maduros atraídos por la tierra
otras veces, es una fruta
arrancada antes de tiempo
(Del libro homónimo,
Ediciones en Danza,2021,
Gentileza de Gonzalo
Acosta Tito)
Sabrina S. Morelli
Sabrina S. Morelli nació en Buenos Aires en 1988. Es psicóloga clínica. Fue residente en Salud Mental y en Cuidados Paliativos, en hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Actualmente, continúa trabajando en el sistema de salud pública. La vida crece muriendo es su primer libro de poesía.


