domingo, 31 de mayo de 2026

CUARTETAS

 

Goza todos los frutos de la vida. Alza en todos
Los festines la copa más pródiga. No creas
Que Dios de nuestros vicios o virtudes se ocupa,
Ni te frustre ninguna felicidad que veas.


*

Por la variada tierra va uno que no es creyente,
Infiel, rico ni pobre; ni Dios ni ley acata.
Que en la verdad no cree, ni de aseverar trata.
¿Quién será ese hombre triste, valeroso y prudente?


*

Faz de la dicha ajena, voces de amor: vuestro arte
Es, conmigo, ilusorio. Yo sé lo que he elegido.
Y cuando alguien me dice: “Dios ha de perdonarte”,
Rechazo sereno ese perdón que no he pedido.


*

No me arredra la muerte. Prefiero su sentencia
Inapelable, a aquella que al nacer me impusieron.
¿Qué es la vida? Un presente que a mi pesar me hicieron,
Y a devolver me afronto con fría indiferencia.


*

Ajeno a lo que puede traerte la fortuna,
Trata hoy de ser dichoso. Llena tu copa ufana,
Y bebe, reposándote al claro de la luna
Que inútilmente, acaso, te buscará mañana.


*

Sólo me importe el vino por tu copa brindado.
Tu boca es el más bello clavel de los hechizos.
Que el vino era como tus mejillas, rosado,
Y mis remordimientos leves como tus rizos.

*


¡Vino que a mi alma enferma dé un bálsamo divino!
¡Vino de aroma grato! ¡Vino color de rosa!
¡Vino que apague el fuego de mis dolores! ¡Vino!
Y tu laúd de cuerdas de seda, ¡oh mi amorosa!


*

“¡No bebas más—me dicen—, oh Khayyam!” Yo replico:
—Cuando bebo, comprendo lo que dicen la rosa,
El tulipán, el lino y el jazmín; y me explico
Hasta lo que no puede decirme mi amorosa.


*

Amor que no atormenta, no es amor. El brasero
¿Quema, acaso, lo mismo que el tizón ardedor?
Día y noche, durante su vida, el verdadero
Amante, se consume de alegría y dolor.


*


Seguir quisieran todos el rumbo verdadero.
Sendero que unos buscan y otros dan por hallado,
Hasta que un día oímos este apotegma honrado:
                  “No hay rumbo ni sendero”.


*

Huyen los días, rápidos como el agua del río
O el viento del desierto, que a ningún punto va.
Dos de ellos menosprecia mi indiferente hastío:
El que pasó ayer y el que mañana llegará.


*


Los sabios y filósofos más ilustres, marcharon
Entre las densas sombras de la duda, aunque fueron
Las antorchas de su época. ¿Qué hicieron? Pronunciaron
Algunas frases vagas y después se durmieron


*

He aquí la verdad única: Somos cual los peones
Del ajedrez con que hace Dios su eterna jugada.
Él nos mueve y detiene, cambia las posiciones,
Y luego vuelve a echarnos en el cofre de la nada.


*
Tuve ilustres maestros y mi saber triunfó.
Cuando ahora evoco al sabio que fui, comparo el caso
Con el agua que toma la forma de su vaso,
O bien con la humareda que el viento disipó.


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Omar Khayyam

(Traducción: Leopoldo Lugones)




Omar Khayyam (1048 -1131). Fue un matemático, astrónomo, filósofo y poeta persa, estimado en su propio país y época por múltiples logros de orden científico,pero su inmarcesible fama obedece a las Rubáiyat ("Cuartetas") que compusiera;la breve forma epigramática de tales estrofas rimadas le permitieron expresar conmovedoras meditaciones sobre la fugacidad de la vida humana y del mundo natural. También nos han llegado tres de sus tratados matemáticos: un comentario sobre Los Elementos de Euclides; un ensayo sobre la división del cuadrante de un círculo; un tratado sobre álgebra. A él se le atribuye el empleo de la palabra "shay" (cosa o algo  en árabe) para designar a la incógnita en una ecuación algebraica, que con posterioridad se transformó en "xay" y luego derivó en la inicial "x" debido a su pronunciación en el castellano antiguo.


viernes, 29 de mayo de 2026

EL TRABAJO DEL SUEÑO

 


TRILIOS

Cada primavera 
  entre las
    contradicciones 
      de la infancia

las colinas se volvían blancas 
    de trilios salvajes.
     Yo creía en el mundo.
       Ay, yo anhelaba

que fuera fácil 
  estar a gusto
    en los poblados reinos 
     pero no podía

no existía ningún lugar 
   a mi medida.
    Entonces atravesé 
     los delicados capullos

crucé el arroyo frío 
   mi columna
     y mis flacos hombros blancos 
       desplegándose, estirándose.

Durante la época del deshielo 
   cuando el arroyo brama
      y el barro patina 
        y las semillas crujen

escuché la palabra de la tierra 
    la discusión de las raíces 
      los argumentos de la energía 
        los sueños reposando

justo debajo de la superficie 
    para luego elevarse 
      volviéndose
        a último momento

flamantes y luminosos — 
   la paciente parábola 
     de cada primavera y cada colina 
      año tras año difícil.





EL RÍO

En un día, el Amazonas descarga 
en el Atlántico una cantidad de
agua equivalente al suministro que necesita 
Nueva York para nueve años.
New York Times
Solo porque nací 
acá o allá, en esta 
o aquella fría ciudad 
no piensen que no recuerdo 
que llegue como una semilla 
arrastrada por la corriente

por un cauce enmarañado que 
se vierte en el relámpago de barro 
que sigue hacia el este, pasando 
monos y loros, pasando 
árboles con sus ramas 
en el ciclo, hasta ser derramada

para dormirme bajo el pulmón azul 
del Caribe.

Nadie
me lo contó. Pero poco a poco
el olor a barro y hojas fue volviendo 
y en sueños yo también 
empecé a volver 
a sentir la corriente.

¿Mienten los sueños? Una vez fui un pez 
y lloré por mis hermanas en las enormes 
encrucijadas del delta.
Una vez encontré entre los juncos
un bote, tan flaco y solitario
como un árbol joven. Cerca,
el bosque chisporroteaba con la lluvia de la tarde.

Casa, dije.
Hay una palabra en cada lengua para nombrarla.
En el cuerpo mismo, trepando
esas paredes de trueno blanco, pasando esos templos
verdes, también hay
una palabra para nombrarla.
Yo dije casa.



SUSURROS

alguna vez 
intentaste 
deslizarte hacia el 
paraíso de la sensación y

encontraste no sé qué 
resistencia que te tiraba 
hacia atrás? ¿alguna vez 
te recostaste sobre tu hombro

de cara a la luna blanca 
agotada, gimiendo
por favor, dejame entrar? ¿te animaste 
a contar los meses que pasaban y los años

mientras imaginabas el placer 
brillando como miel, guardada bajo llave 
en algún árbol secreto? ¿te animaste a sentir 
tu soledad acumulándose

insoportable, y reconociste 
qué clase de estallido podía originar 
toda esta condena? ¿saliste a caminar 
por la mañana

a donde sea, para mirar
esas vidas refulgentes, sin conciencia
fluyendo, ligeras, hacia afuera y más allá 
hasta donde sus pulmones

sus huesos y apetitos 
puedan llevarlas? Ay, ¿ miraste 
con melancolía los sonrojados 
cuerpos de las flores? ¿te detuviste

a observar los pantanos, los ríos espiralados 
donde pájaros como flechas de fuego 
resplandecen entre los árboles, sus cuerpos 
intercambiando felicidad

en la elegante, maravillosa 
monotonía del diseño universal — 
gloria para la sangre, guarida para el espíritu, 
a la que vos no podes pertenecer?



UN VISITANTE

Mi padre, por ejemplo, 
que alguna vez fue un joven 
de ojos azules 
vuelve
en la noche oscura
hasta el umbral de mi casa y golpea
golpea la puerta, salvajemente
y si respondo
tengo que estar preparada
para su cara de cera
su labio inferior
hinchado de amargura.
Entonces, por un largo tiempo,
no contesté
dormía de a ratos
entre aquellas horas de insistencia.
Pero finalmente llegó la noche
emergí de entre las sábanas
y fui, tropezando por el hall.
La puerta se derrumbó

supe que estaba a salvo 
y que podría soportarlo 
tan patético y vacío 
cada uno de sus sueños 
congelado adentro suyo,
su maldad desvanecida
Lo recibí y lo invite a pasar 
prendí la luz 
miré sus ojos blancos 
y por fin vi
lo que una niña debe amar, vi 
lo que hubiera podido el amor 
de habernos amado a tiempo.



LA TORTUGA

Irrumpe desde la textura 
azul oscura del agua, arrastra 
su caparazón, su escudo, su moho 
entre la orilla y los juncos 
marismas y más allá 
hasta la arena amarilla 
para cavar con su pata torpe 
un nido, y acurrucarse 
esparcir sus huevos blancos 
en la oscuridad, y pensás

en su paciencia, su fortaleza 
su voluntad para realizar 
aquello para lo que nació — 
y te das cuenta de algo más — 
ella no está pensando en 
aquello para lo que nació. 
Solamente está colmada 
de un antiguo y ciego deseo.
No es suyo siquiera pero llegó hasta ella
con la lluvia o el viento suave 
como un umbral a través del cual 
su vida pudo seguir adelante.

Ella no puede verse 
distinta del mundo
o el mundo no es más que 
lo que ella hace cada primavera. 
Arrastrándose, hasta lo alto de la colina, 
luminosa bajo la arena que ha cubierto su piel, 
no sueña, sabe que es

parte de la laguna en donde vive 
y los árboles son sus hijos 
y los pájaros que nadan arriba suyo 
están atados a ella por una cuerda 
imposible de romper.



VOLVIENDO A CASA

Cuando manejamos, de noche, 
por la larga ruta
a Provincetown, y por kilómetros
no hay un alma, cuando estamos cansadas,
cuando los edificios
y los pinos pierden
su aspecto familiar
nos imagino elevándonos
por encima del auto que acelera
nos imagino viendo
todo desde otro lugar — la cima
tic las pálidas dunas
o los campos de mar
profundos, sin nombre —
y lo que vemos es el mundo
que no puede guardarnos
pero (que nosotras sí podemos guardar
y lo que vemos es nuestra vida
moviéndose
por los oscuros bordes
de cada cosa — los faros
como linternas
barriendo la negrura —
creemos en miles
de cosas frágiles, improbables,
nos cuidamos del dolor
nos demoramos en la felicidad
hacemos las maniobras correctas
hasta los médanos enormes
directo hacia el mar
las olas eléctricas
las calles angostas, las casas,
el pasado, el futuro,
la puerta de nuestra casa se abre
para vos y para mí.

(Del libro homónimo,
Caleta Olivia, 2021; 
de Dream work-1986-)

Mary Oliver


Mary Oliver nació en 1935 en Mapple Heights, Ohio, Estados Unidos. Luego de terminar el colegio, se trasladó a las afueras de Nueva York, donde permaneció algunos años ayudando a la hermana de la poeta Edna St. Vincent Millay a ordenar su obra. Después de un paso fugaz por la ciudad y la vida académica, y tras conocer a la fotógrafa Molly Malone, se trasladó junto a ella a Provincetown, Massachusetts, donde vivirían hasta la muerte de Molly. Oliver pasó sus últimos años en Hobe Sound, Florida. Considerada una de las poetas más populares de Estados Unidos, publicó libros de poesía y ensayo, entre ellos American Primitive (ganador del premio Pulitzer), Dream Work, New and Selected Poems (ganador del National Book Award), Long Life, Red Bird (traducción publicada en 2017 por la presente editorial), y A Thousand Mornings. Murió en 2019, a los 83 años.


Pueden LEER poemas relevantes de este libro en la página: Jardin Lac
y todos los poemas de la autora en esta Biblioteca: Aquí 



miércoles, 27 de mayo de 2026

BINOMIO FANTÁSTICO

 


Todo comienzo es torpe
 
 
En el principio Ella pare a ella y son tres. Él un tiempo trabaja, luego, casi de repente, muere.
Ellayella vuelve a ser una sola y quiere tirarse para abajo. La baranda del balcón espera una mudanza. Los años caen a plomo en la nochecita. De improviso la casa se llena de gente.
Con una de las dos cabezas Ellayella intenta sonreír. La mano contiene en la otra boca un grito.
El borde de ese precipicio sabe a albahaca.
Ellayella cambia de casa.



Declinación magnética

Una tarde de otoño Ella y ella se suben al coche, cruzan la frontera y avanzan por caminos de campo desiertos en la estrechez de un desafío. Bajo las ruedas crujen los puntos cardinales. La aguja de la brújula parece un cuchillo y no tiene boca. El destino calla obstinado mientras la niebla siembra preguntas en el asfalto. En la llanura, el automóvil avanza lento por caminos estupefactos.
Hasta los árboles casi desnudos a lo largo del zanjón parecen preguntarse adónde diablos están yendo.
Vigevano está lejos todavía, dice Ellaaella, mejor volver.



El ovillo de la vida

Era Ella la que sostenía la punta, y cuántas veces pensó en soltar ese hilo y confiárselo a otros y esconderse de ella para siempre. Abandonarla a ella habría sido fácil, estaba desprovista de malicia y su hilo era breve. Podía escaparse lejos, pero Ella sin ella era un cuerpo sin vísceras.
Entonces, encontrando la fuerza, la agarraba de la mano.



Almas llenas de oscuridad

Cada noche en la larga mesa de la cocina Ella y ella frente a una taza de café con leche, pan con queso, una salchicha u otros alimentos solitarios para consumir de a dos. Termina temprano la cena. La intimidad no preserva sino cierra el espacio de las respuestas mientras el dedo recorre interrogativo la franja azul que forma un círculo alrededor del plato.



HABITACIONES


La clave es la luz

Tal vez debido a la montaña
que entra en la habitación
el espacio en la vieja casa
no ofrece refugios.

La doble altura es un calambre
de nostalgia
cuando el otoño
anticipa el oscurecer
y se enciende la lámpara tenue
en el rincón de la escalera.



La habitación de ella está en la torre, la parte más antigua de la casa, el piso es de terracota áspera, todo cuarteado pero liso, de un rojo pastoso. La habitación está llena de vida y la ayudaría si su mente no estuviera envuelta en un abrigo, verano e invierno.



El cuerpo de ella se expande sin reglas
ni medida en ese espacio dilatado de la casa
en donde la comida entra a hurtadillas
mientras
distraídamente las costumbres
se deshacen
entre las charlas
bajo una luz aturdida
que junta en sí
los extremos



EN LAS MEDIDAS PRISIONERA


Un grito, la noche

se estrechan las horas
entorno al anochecer
y el rojo del otoño
de día
hace el resto

En una rara pausa dices
aferrándome la mano
con tus fuertes huesos
mira
¿un pescador?

No, mamá
ese señor con la red y el sombrero
saca las hojas de arce
de la piscina de la clínica

sonríes

y tal vez ya me veas
en la otra orilla

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Anna Ruchat

(Traducción de Pablo Ingberg)


Anna Ruchat (Zúrich, 1959), formada en filosofía y literatura alemana en Zúrich y Pavía, comenzó su trayectoria literaria como traductora del alemán (libros de Friedrich Dürrenmatt, Victor Klemperer, Nelly Sachs, Paul Celan, Thomas Bernhard, etc.), para iniciarse luego en la escritura de narrativa, a partir de los cuentos de In questa vita (En esta vida, 2004, Premio Chiara), y de poesía, a partir de Geografia senza fiume (Geografía sin río, 2006). En 2019 ganó el Premio de Literatura Suiza con los cuentos de Gli anni di Nettuno sulla terra (Los años de Neptuno en la Tierra, traducido parcialmente al inglés). Su última novela es Spettri familiari (Espectros familiares, 2023). Una anterior, Volo in ombra, fue traducida al castellano por Pablo Ingberg (Vuelo a la sombra, Pre-Textos, 2024).                                                                  


lunes, 25 de mayo de 2026

LOS PAPELES SALVAJES (II)

 


LA LIEBRE DE MARZO


   Un río muy delgado, -lo saltaban los niños-, partía la huerta. A su vera, manzanos de San Juan, manzanas casi blancas, casi celestes, los frutos angélicos.
   A la medianoche, desnuda, me levanté; estaba dormida, y veía, todo, como si fuera de día. Además, las plantas de ese jardín, conservaban, en la sombra, sus colores. Así, divisé margaritas, los pimpollos de rosa, rojos como sangre, el gladiolo que hervía como un farol. Recibí el olor de las frutas, pero, no podía detenerme. Tomé la senda. A mi lado pasaban yuyos: salvia, mentas, aralias. Mentas, aralias, hojas, yuyos. Llegué al extremo.
  Allá, lejos, y, ahí, cerca, él se presentó, sombrío, inmóvil, siempre el mismo, desde remotos siglos.
  Desesperada, corté una rama, la sostuve como vistiéndome. Por un instante, creí que iba a volar, a despertar. Pero, todo fue inútil. Con un breve grito, aconteció, otra vez.

***

   Soy la Virgen. Me doy cuenta. En la noche me paro junto a las columnas y a las fuentes. O salgo a la carretera, donde los conductores me miran extasiados o huyen como locos.
   Soy la Virgen. El Ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos. Me dijo algo rarísimo; no entendí bien.
   Voy por el antiguo huerto -Isabel, Ana- por las antiguas casas; quisiera ser una mujer en una de estas casas, una mujer en la ciudad, pero, soy la Virgen; no se dan cuenta; busco otra aldea abandonada, otros cáñamos. Silba el viento. Los lobos están comiendo los corderos. A mi diadema caen las estrellas como lágrimas, caen rosas y gladiolos, dalias negras.
   Soy la Virgen.
   Estoy sola. Silba el viento. ¿Adónde voy? ¿Adónde voy?
   y jamás habrá repuesta.



MESA DE ESMERALDA

El  mar de Amelia

8

Los enanos vuelan igual que pollos arriba de las plantas. Los gigantes se ríen; más altos que los árboles, caminan como si estuviesen inmóviles.
   Mamá tiene las alas bien emplumadas, y sus insectos parásitos parecen brillantitos, chispillas de zafiro.
   Yo voy entre rosas, dalias maduras.
   Y almuerzo en el plato de retamas y cereales.
   Me pongo la gasa blanca para ir al colegio.
   La maestra y los otros niños dirán nuevamente, “Ella ¿cómo habrá hecho para aprender a volar!”


30

   El manzano abrió las flores blancas; y el almendro y el peral abrieron flores blancas, y el durazno sus azahares rosados y dorados. Parecían grandes sombrillas. Y parecían El Paraíso. Y debajo, un abanico, con los siete colores, igual a uno que había en casa, pero éste se volvió sólo de luces y se propagaba; en poco rato, hubo muchísimos, flotando por todo el aire. Y un papel plateado, alto como un hombre, iba delante de mí. Con un rumor que atraía y aterraba. Y yo le pegaba y no podía espantarlo. Y no sé si era yo era Josefa, hermana gemela de mi madre, que, cuando niña, cayó de rodilla, ante estas cosas.


42

Papá fue hasta el bañado y trajo mimbres y cañitas e hizo un gran armatoste, una liviana casa y le pintó una guía en flor. Y en algunos de sus cubículos se ubicó la familia, y en otro más lejos, yo sola. Me gritaban: -¡Vas bien ahí, eh? Y el navío empezó a izarse. Papá iba al timón, aunque no había ningún mecanismo. El izaba la nave con sólo su voluntad. Así pasamos ciudades, continentes. Las ciudades europeas que se distinguían por el esplendor rosado. Era un viaje fugaz y moroso, lento y fugacísimo, y había como una gran felicidad. Cruzábamos por el aire de las ciudades y casi rozándolas. Casi entre los edificios, y los paseantes al mirar hacia arriba, divisarían aquel punto, esa estrellita, y continuando sin darse cuenta de nada. Y volverían a mirar, sin tampoco darse cuenta.



LA FALENA

   Era raro que viniera un alma. Algunos la esperaron años inútilmente. 
Y yo encontré una sin querer. Se levantó de un melón, como una seda, una gasa. Salté sobre las hojas, los otros melones en rojo ámbar; vi un zapallo, angosto, alto como un metro, verde sombrío, casi negro, parecía pequeño mueble, armario, que escondiese la cosa más secreta; lo topé y quedó impasible. Pero yo iba huyendo, pasé el prado y sus margaritas rojas; vi las perdices de agua que nadaban con zapatos; iban y venían, de continuo, como si hubiesen perdido el tino; siempre hacían así.
   Casi llegué a la casa, pero tuve miedo de entrar y huí; corrí al bosque, el árbol preferido, trepé, me acurruqué.
   Pero, fue terrible, pues, pasaron varias horas e iba a venir la noche, y yo sentía un silbido dentro del pasto, algo que trepaba por el árbol, un bicho con perlas, que no era un bicho, arriba de mi sien.

***

Pavoroso sacón brillante

   Van a comenzar las clases. Hay que comprar zapatos. Se hacen cuentas. Mamá teje delantales, moños, medias.
   Yo estoy entre las plantas, donde vive el hombre-vampiro; sólo yo lo sé (y no lo digo). Yo tengo ojos tristes, trenzas largas. Vendrá el otoño, maduran las manzanas.
   Los alhelíes son negros como hechos con sangre de gato.
   Llueve, apenas, dulcemente -¿acomodo los lápices, los libros?- a través de las ramas, los limones dulces, las futuras peras.
   Unas uñas como ganchos van de ramo en ramo. (Y no me voy). Un rostro oblicuo, orejas puntiagudas. Una voz dice: -Hoy vengo de más allá del bosque. (Y no me voy).
   Dice:
   -Soy el Conde. Soy tu abuela.
   Yo, a las dos cosas respondo con absoluta fe:
   -Si, si; yo, ya lo sé.

***

Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alelí


   El mundo era todo negro; nos guiábamos sólo por el brillante bordecito de alguna hoja, alhelí, pequeñas cosas. En cuanto nací supe que mi madre me seguía; preparaba los clavos y la cruz. Aparecí sabiendo eso.
   Había que subir una escalera para ir hasta la Casa del Gato. El gato vivía en una caja más chica que él; no sé cómo podía ser así. Salía, volvía a entrar.
   Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alhelí. Eran dos, unidos por un pequeño hierro. Estaban en cualquier parte, pero él sólo con la intención los traía sobre la cara, y entonces todo el mundo parecía claro.
   A ratos, el gato bajaba hasta el suelo, estirándose, alargándose, varios metros, como si fuera algodón, y volvía a encogerse y a quedar allá arriba.
   Mamá me perseguía por todos los jardines sin alcanzarme nunca.
   Apareció un murciélago. Su diagonal en forma de zigzag atravesó todo. Por cualquier lado estaba esa cera oscura o su dibujo. Mamá subió hasta la Casa del Gato, y avisaba. Pero el gato no respondía; hasta creo que escondió los celestes ojos.
   Y pasaron horas, años, no sé cuántos, porque era todo negro.
   Hasta que llegó la hora, el año.
   Mamá me corrió por todos los caminitos del jardín y me alcanzó. Ya estaba pronta la cruz; estaban prontos los clavos. La cruz era grande, y dura como piedra. Los clavos, largos y finísimos como hilos. Me atravesó la frente, los hombros, las rodillas.
   Corrió mucha sangre. Volaron jazmines.


(Del libro homónimo,
Arca, Montevideo,
Uruguay,1991)

Marosa di Giorgio



Marosa di Giorgio. Poeta uruguaya, nació en Salto, 1932 y murió en Montevideo, en el año 2004.Es una de las poetas hispanoamericanas más relevantes del siglo XX.  Su propuesta estética borra los límites entre la prosa lírica, el cuento de hadas y el surrealismo. Verdadero work in progress , "Los papeles salvajes" de Marosa di Giorgio fue publicado inicialmente en Arca de Montevideo en la década del 50'. En 1989 apareció el primer tomo que incluye los libros Poemas (1954), Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1965), La guerra de los huertos (1971) y Clavel y tenebrario (1979). En 1991 apareció el segundo tomo con La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeralda (1985), La falena (1989) y Membrillo de Lusana (1989). En prosa publicó Misales (Calicanto, Montevideo, 1993), Camino de las pedrerías (Planeta, 1997) y Reina Amelia, su primera novela (Adriana Hidalgo, 1999). Descendía de inmigrantes italianos y vascos que fundaron quintas en zonas rurales del Uruguay. En Salto se habían establecido sus abuelos. Allí se conocieron Pedro di Giorgio y Clementina Médici, los padres de Nidia y Marosa. En su ciudad natal, Marosa cursó el liceo y tomó lecciones de teatro. Por otra parte, la granja familiar en Salto es el núcleo geográfico y mítico de toda su obra.   A fines de la década del setenta, tras la muerte de su padre, el resto de la familia se trasladó a Montevideo. Marosa vivió con su madre hasta la muerte de ésta en 1990. Su obra ha sido publicada no solo en Uruguay y en Argentina, sino también en México y Venezuela y su nombre figura en numerosas antologías. Ha sido traducida a numerosas lenguas, entre ellas: Inglés, italiano, portugués y francés. Ha recibido importantes premios y becas y ha realizado videos y casetes con sus textos. Como autora e intérprete de los mismos fue invitada a dar recitales en diferentes países.

Pueden LEER todos los poemas y textos de la autora: Aquí.