lunes, 22 de junio de 2026

POESÍA REUNIDA -Philip Larkin-


De: ENGAÑOS (1955):



EL SIGUIENTE, POR FAVOR


Siempre demasiado impacientes por el futuro, adquirimos 
la mala costumbre de la esperanza.
Siempre hay algo que se acerca; cada día 
decimos Hasta entonces,

desde un acantilado observamos cómo se aproxima 
la ínfima, nítida y centelleante flota de promesas.
¡Qué lenta es! ¡Y cuánto tiempo pierde 
evitando darse prisa!

Y ahí nos tiene, sujetando los tristes tallos 
de la decepción, pues, aunque nada frustra 
cada gran aproximación, con ostentación de bronce, 
cada maroma definida,

con su pendón, y el mascarón con sus tetas doradas 
arqueándose hacia nosotros, nunca echa el ancla; 
en cuanto se hace presente ya es pasado.
Hasta el final

pensamos que la nave se pondrá al pairo y descargará 
todo lo bueno en nuestras vidas, todo lo que nos deben 
por esperar tanto y con tanto fervor.
Pero nos equivocamos:

Solo un barco nos busca, desconocido, 
de velas negras que remolca un silencio 
inmenso y sin pájaros. A su estela 
ni nacen ni rompen las aguas.



COMPÁS DE TRES TIEMPOS


Esta calle vacía, este cielo restregado hasta lo anodino, 
este aire, que poco se distingue del otoño, 
como un reflejo, constituye el presente: 
un tiempo tradicionalmente amargado, 
un tiempo que los hechos hacen poco aconsejable.

Pero igualmente componen otra cosa:
Este es el futuro que vio nuestra más remota infancia
entre altas casas, bajo nubes viajeras,
que oyó entre una pugna de campanas:
un aire en el que brillaban los planes de los adultos,

al día siguiente será el pasado,
un valle sembrado de irrisorias oportunidades desperdiciadas 
que insensatamente renunciamos a aprovechar.
De esto culpamos a nuestras últimas 
y trilladas perspectivas, a nuestro declive estacional.



SI MI AMADA

Si mi amada algún día se decidiera 
no quedarse en mis ojos,
y saltar, como Alicia, la falda flotando dentro de mi cabeza,

no encontraría sillas ni mesas, 
ni aparadores de caoba con patas de animal, 
ni ascuas sin remover;

el mueble bar no estaría surtido, ni acogedor el lugar junto al fuego, 
no abarrotarían los estantes misales de letra pequeña, 
ni habría un mayordomo borrachín, ni doncellas haraganas:

se vería enredada en el lento avance de una luz indecisa, 
marrón simio, gris pescado, una ristra de círculos infectados 
merodeando como matones, a punto de coagularse;

ilusiones que se encogen al tamaño de un guante de mujer, 
y se extienden como una mancha hacia fuera. También observaría 
el suelo malsano, como la piel de una tumba,

del que asciende una pegajosa sensación de traición,
una estatua griega pateada en las partes, dinero,
la comida para cerdos de los buenos sentimientos. Pero sobre todo

se taparía los oídos ante el incesante recital
entonado por la realidad, lardeado de términos técnicos,
todos con la doble yema del sentido y la refutación del sentido:

pues la murga de ese boletín deshace el mundo como un nudo, 
y oír que el pasado ya ha pasado y el futuro es neutro 
podría derribar a mi amada de su inapreciable pivote.



ENGAÑOS

Naturalmente que me drogaron, tanto que no recobré 
1a conciencia hasta la mañana siguiente. Me horrorizó 
descubrir que me habían deshonrado, y estuve desconsolada
durante días, y lloré como una niña a la que van a matar
o a enviar de vuelta con mi tía.

MAYHEW,

London Labour and the London Poor



Aun tan lejano, puedo saborear el dolor, 
amargo y punzante con tallos, que él te hizo tragar.
La huella esporádica del sol, la brusca y breve
molestia de las ruedas allá en la calle
donde el Londres nupcial mira hacia otro lado,
y la luz, irrefutable y alta y ancha,
impide que cicatrice la herida,
y hace aflorar la vergüenza. Todo ese lento día
tu mente queda abierta como un cajón de cuchillos.

Los suburbios, los años, te han enterrado. No osaría 
consolarte aunque pudiera. ¿Qué se puede decir, 
sino que el sufrimiento es exacto, y que cuando 
el deseo manda, de poco valen las interpretaciones?
Pues poco habría de importarte
haber sido tú menos engañada, sin sentido en esa cama, 
que él, trastabillando al subir la escalera sin aire 
para irrumpir en el desolado desván de la satisfacción.



De: LAS BODAS DE PENTECOSTÉS (1964)


CANCIONES DE AMOR EN LA VEJEZ

Guardaba sus canciones, ocupaban tan poco espacio, 
   le gustaban las tapas: 
una descolorida de estar al sol, 
una con los círculos de un jarrón con agua, 
una pegada, de cuando le dio por poner orden, 
   y coloreada, por su hija; 
y así esperaron, hasta que ya viuda 
las encontró, buscando otra cosa, y se puso

a redescubrir cómo esos acordes francos y sumisos 
  habían dado paso
a esas palabras que los guiones prolongan, 
y la infalible sensación de ser joven 
se extendió como un árbol que despierta en primavera, 
  en el que cantaba esa fresca lozanía, 
esa certeza de tener tiempo por delante 
como cuando las tocó por primera vez. Pero más aún,

el refulgir de ese tan mencionado brillo, el amor, 
  estalló para mostrar 
el vuelo de su luminosa incipiencia, 
que aún prometía solventar, y satisfacer, 
e imponer un orden inmutable. Por ello, 
  esconderlas otra vez, llorar, 
fue duro, sin admitir en parte que 
no lo había conseguido entonces, y no lo haría ahora.



AGUA

Si me invitaran 
a crear una religión 
haría uso del agua.

Ir a la iglesia
implicaría cruzar un vado 
hasta unas ropas secas, distintas;

mi liturgia utilizaría
imágenes de inmersión,
un furioso y devoto empapamiento,

y yo levantaría hacia el este 
un vaso de agua
donde la luz en cualquier ángulo 
se congregaría hasta el infinito.



LOS GRANDES ALMACENES

Los grandes almacenes que venden ropas baratas 
ordenadas sencillamente por tallas 
(Punto, Ropa de Verano, Medias, 
en tostados y grises, marrones y azules) 
evocan el mundo de-lunes-a-viernes de aquellos

que salen al alba de sus casitas pareadas 
para fichar en fábrica, taller u obra.
Pero más allá de las pilas de camisas y pantalones 
se extienden los puestos de Todo para la Noche: 
bodies y minisaltos de cama de nailon

bordados a máquina, finos como blusas, 
color limón, zafiro, verde musgo, rosa, 
se pavonean en grupo. Suponer 
que comparten ese otro mundo, pensar que en él 
hay algo comparable a estas prendas, demuestra

lo distinto y enigmático que es el amor, 
o las mujeres, o lo que hacen, 
o parecen ser en nuestros juveniles 
e irreales deseos: sintéticas, nuevas 
y artificiosas en sus éxtasis.



CURACIÓN POR LA FE

Lentamente las mujeres desfilan hasta el hombre
erguido, de gafas sin montura, pelo plateado,
traje oscuro, cuello blanco. Los ayudantes, infatigables,
las convencen de que avancen hasta su voz y sus manos,
hasta esa cálida lluvia de primavera que es su amorosa atención,
los veinte segundos para cada una. Dime, hija mía,
¿cuál es el problema?, pregunta la voz grave, de acento americano. 
Y, sin pausa apenas, comienza a rezar, 
dirigiendo a Dios hacia ese ojo, esa rodilla.
Bruscamente juntan las cabezas; enseguida, exiliadas

como pensamientos perdidos, quedan en silencio; algunas
se alejan avergonzadas, sin volver a sus vidas
todavía; otras se quedan tiesas, temblando, con un llanto
ronco y escandaloso, como si en su interior aún perviviera
una niña muda e idiota, despertada
por esa muestra de amabilidad, pensando que una voz
por fin les ha hablado, que han aparecido unas manos
que las elevan y aligeran; y tanto júbilo
les traba la lengua, espesa, los ojos supuran dolor, un gentío
sigue agolpándose, dichoso, a la espera de las grandes respuestas.

¡El problema! Con su bigote y su vestido floreado, tiemblan: 
ahora el problema es todo. En todas duerme la sensación 
de haber vivido según el amor.
Para algunas todo sería distinto
de amar a los demás, pero casi todas piensan
en lo que podrían haber hecho de haber sido amadas.
Eso nada lo cura. Un inmenso dolor que se remansa, 
como cuando, al deshelarse, el rígido paisaje llora, 
las va recorriendo lentamente: eso, y la voz que sobre ellas 
dice Hija mía, y todo lo que el tiempo ha rebatido.



PICOS PARDOS

Hace unos veinte años
entraron dos chicas donde yo trabajaba:
un bombón inglés de buena pechuga
y su amiga de gafas con la que me atreví a hablar.
En aquellos días las caras
eran lo que nos levantaba del asiento, y dudo
que nadie tuviera una como la suya:
pero fue con la amiga con quien salí,

y en los siete años posteriores
le escribí más de cuatrocientas cartas,
le di un anillo de diez guineas
que al final me devolvió, y nos vimos
en numerosas ciudades catedralicias
ignoradas por el clero. Creo que
dos veces me encontré con la guapa. Y las dos veces
intentó (o eso me pareció) no reír.

Separarse, después de cinco 
intentos, fue coincidir en que 
yo era demasiado egoísta, retraído 
y fácil de aburrir para poder amar.
En fin, bueno fue saberlo.
En la cartera aún guardo dos fotos
de la guapa pechugona con unos guantes de piel.
Funestos encantos, quizá.



De: OTROS POEMAS 


ALBADA


Trabajo todo el día, y por las noches me emborracho.
Me despierto a las cuatro en una oscuridad callada, y miro. 
Los bordes de las cortinas no tardarán en iluminarse.
Hasta entonces veo lo que siempre ha estado ahí: 
la muerte infatigable, ahora un día entero más cerca, 
que borra todo pensamiento excepto 
cómo y dónde y cuándo moriré.
Árida interrogación: no obstante el temor
de morir, y estar muerto,
centellea de nuevo, te posee, te aterra.

La mente se queda en blanco ante el resplandor. No
por remordimiento -el bien no hecho, el amor no dado,
el tiempo desperdiciado- ni con tristeza porque
una vida pueda tardar tanto en superar
sus malos inicios, y quizá nunca lo consiga;
sino ante la total y perpetua vacuidad,
la segura extinción hacia la que viajamos
y en la que nos perderemos para siempre. No estar
aquí, no estar en ninguna parte,
y pronto; nada más terrible, nada más cierto.

Es un miedo concreto que ningún truco
disipa. Antes lo hacía la religión,
ese vasto brocado musical apolillado
creado para fingir que no morimos nunca,
y ese capcioso discurso que dice Ningún ser racional
puede temer lo que no sentirá, no ver
que eso es lo que tememos: ni vista, ni oído,
ni tacto ni sabor ni olor, nada con que pensar,
nada que amar ni a lo que estar ligado,
el anestésico del que nadie despierta.

Y así permanece al borde de la visión,
una pequeña mancha desenfocada, un escalofrío
permanente que deja todo impulso en indecisión.
Hay muchas cosas que quizá nunca ocurran; esta sí, 
y el comprenderlo es un rugido 
de miedo al crematorio cuando nos pilla 
sin nadie y sin bebida. El valor no sirve: 
significa no asustar a los demás. Tener coraje 
no te salva del último viaje.
Igual muere el llorón que el fanfarrón.

Lentamente se hace de día, y la habitación cobra forma.
Es evidente como un guardarropa, lo que sabemos,
lo que hemos sabido siempre, sabemos que no podemos escapar,
pero no lo aceptamos. Algo tendrá que desaparecer.
Mientras tanto los teléfonos se agazapan, dispuestos a sonar 
en oficinas cerradas, y todo este mundo indiferente, 
intrincado y de alquiler comienza a despertar.
El cielo es blanco como arcilla, sin sol.
Hay trabajo que hacer.
Los carteros, como los médicos, van de casa en casa.

(Del libro homónimo,
Lumen, 2015)

Philip Larkin

(Traducción de Damià Alou)





NEXT: PLEASE


Always too eager for the future, we 
Pick up bad habits of expectancy.
Something is always approaching; every day 
Till then we say,

Watching from a bluff the tiny, clear,
Sparkling armada of promises draw near.
How slow they are! And how much time they waste, 
Refusing to make haste!

Yet still they leave us holding wretched stalks 
Of disappointment, for, though nothing balks 
Each big approach, leaning with brasswork prinked, 
Each rope distinct,

Flagged, and the figurehead with golden tits 
Arching our way, it never anchors; it’s 
No sooner present than it turns to past.
Right to the last

We think each one will heave to and unload 
All good into our lives, all we are owed 
For waiting so devoutly and so long.
But we are wrong:

Only one ship is seeking us, a black-
Sailed unfamiliar, towing at her back 
A huge and birdless silence. In her wake 
No waters breed or break.



TRIPLE TIME

This empty street, this sky to hlandness scoured, 
This air, a little indistinct with autumn 
Like a reflection, constitute the present -
A time traditionally soured,
A time unrecommended by event.

But equally they make up something else:
This is the future furthest childhood saw 
Between long houses, under travelling skies, 
Heard in contending bells -
An air lambent with adult enterprise,

And on another day will be the past,
A valley cropped by fat neglected chances 
That we insensately forbore to fleece.
On this we blame our last
Threadbare perspectives, seasonal decrease.



IF MY DARLING

If my darling were once to decide 
Not to stop at my eyes,
Rut to jump, like Alice, with floating skirt into my head,

She would find no tables and chairs,
No mahogany claw-footed sideboards,
No undisturbed embers;

The tantalus would not be filled, nor the fender-seat cosy,
Nor the shelves stuffed with small-printed books for the Sabbath, 
Nor the butler bibulous, the housemaids lazy:

She would find herself looped with the creep of varying light, 
Monkey-brown, fish-grey, a string of infected circles 
Loitering like bullies, about to coagulate;

Delusions that shrink to the size of a woman’s glove,
Then sicken inclusively outwards. She would also remark 
The unwholesome floor, as it might be the skin of a grave,

From which ascends an adhesive sense of betrayal,
A Grecian statue kicked in the privates, money,
A swill-tub of finer feelings. But most of all

She’d be stopping her ears against the incessant recital 
Intoned by reality, larded with technical terms,
Each one double-yolked with meaning and meanings rebuttal:

For the skirl of that bulletin unpicks the world like a knot,
And to hear how the past is past and the future neuter 
Might knock my darling off her unpriceable pivot.




DECEPTIONS


Of course I was drugged, and so heavily 
I did not regain my consciousness till the next morning. 
I was horrified to discover that I had been ruined, 
and for some days I was inconsolable, and cried 
like a child to be killed or sent back to my aunt. ’

Mayhew ,

London Labour and the London Poor




Even so distant, I can taste the grief,
Bitter and sharp with stalks, he made you gulp.
The sun’s occasional print, the brisk brief 
Worry of wheels along the street outside 
Where bridal London bows the other way,
And light, unanswerable and tall and wide,
Forbids the scar to heal, and drives 
Shame out of hiding. All the unhurried day 
Your mind lay open like a drawer of knives.

Slums, years, have buried you. I would not dare 
Console you if I could. What can be said,
Except that suffering is exact, but where 
Desire takes charge, readings will grow erratic?
For you would hardly care
That you were less deceived, out on that bed,
Than he was, stumbling up the breathless stair 
To burst into fulfilment’s desolate attic.




LOVE SONGS IN AGE


She kept her songs, they took so little space,
   The covers pleased her:
One bleached from lying in a sunny place,
One marked in circles by a vase of water,
One mended, when a tidy fit had seized her,
   And coloured, by her daughter -
So they had waited, till in widowhood 
She found them, looking for something else, and stood

Relearning how each frank submissive chord 
    Had ushered in
Word after sprawling hyphenated word,
And the unfailing sense of being young 
Spread out like a spring-woken tree, wherein 
    That hidden freshness sung,
That certainty of time laid up in store 
As when she played them first. But, even more,

The glare of that much-mentioned brilliance, love, 
    Broke out, to show 
Its bright incipience sailing above,
Still promising to solve, and satisfy,
And set unchangeably in order. So 
    To pile them back, to cry,
Was hard, without lamely admitting how 
It had not done so then, and could not now.




WATER


If I were called in 
To construct a religion 
I should make use of water.

Going to church 
Would entail a fording 
To dry, different clothes;

My liturgy would employ 
Images of sousing,
A furious devout drench,

And I should raise in the east 
A glass of water 
Where any-angled light 
Would congregate endlessly.



THE LARGE COOL STORE


The large cool store selling cheap clothes 
Set out in simple sizes plainly 
(Knitwear, Summer Casuals, Hose,
In browns and greys, maroon and navy) 
Conjures the weekday world of those

Who leave at dawn low terraced houses 
Timed for factory, yard and site.
But past the heaps of shirts and trousers 
Spread the stands of Modes For Night: 
Machine-embroidered, thin as blouses,

Lemon, sapphire, moss-green, rose 
Bri-Nylon Baby-Dolls and Shorties 
Flounce in clusters. To suppose 
They share that world, to think their sort is 
Matched by something in it, shows

How separate and unearthly love is,
Or women are, or what they do,
Or in our young unreal wishes 
Seem to be: synthetic, new,
And natureless in ecstasies.


FAITH HEALING


Slowly the women file to where he stands 
Upright in rimless glasses, silver hair,
Dark suit, white collar. Stewards tirelessly 
Persuade them onwards to his voice and hands,
Within whose warm spring rain of loving care 
Each dwells some twenty seconds. Now, dear child, 
What’s wrong, the deep American voice demands,
And, scarcely pausing, goes into a prayer 
Directing God about this eye, that knee.
Their heads are clasped abruptly; then, exiled

Like losing thoughts, they go in silence; some
Sheepishly stray, not back into their lives
Just yet; but some stay stiff, twitching and loud
With deep hoarse tears, as if a kind of dumb
And idiot child within them still survives
To re-awake at kindness, thinking a voice
At last calls them alone, that hands have come
To lift and lighten; and such joy arrives
Their thick tongues blort, their eyes squeeze grief, a crowd
Of huge unheard answers jam and rejoice -

What’s wrong! Moustached in flowered frocks they shake: 
By now, all’s wrong. In everyone there sleeps 
A sense of life lived according to love.
To some it means the difference they could make 
By loving others, but across most it sweeps 
As all they might have done had they been loved.
That nothing cures. An immense slackening ache,
As when, thawing, the rigid landscape weeps,
Spreads slowly through them - that, and the voice above 
Saying Dear child, and all time has disproved.



WILD OATS



About twenty years ago
Two girls came in where I worked -
A bosomy English rose
And her friend in specs I could talk to.
Faces in those days sparked
The whole shooting-match off, and I doubt
If ever one had like hers:
But it was the friend I took out,

And in seven years after that 
Wrote over four hundred letters,
Gave a ten-guinea ring 
I got back in the end, and met 
At numerous cathedral cities 
Unknown to the clergy. I believe 
I met beautiful twice. She was trying 
Both times (so I thought) not to laugh.

Farting after about five 
Rehearsals, was an agreement 
That I was too selfish, withdrawn,
And easily bored to love.
Well, useful to get that learnt.
In my wallet are still two snaps 
Of bosomy rose with fur gloves on.
Unlucky charms, perhaps.



AUBADE


I work all day, and get half-drunk at night.
Waking at four to soundless dark, I stare.
In time the curtain-edges will grow light.
Till then I see what’s really always there:
Unresting death, a whole day nearer now,
Making all thought impossible but how 
And where and when I shall myself die.
Arid interrogation: yet the dread 
Of dying, and being dead,
Flashes afresh to hold and horrify.

The mind blanks at the glare. Not in remorse 
- The good not done, the love not given, time 
Torn off unused - nor wretchedly because 
An only life can take so long to climb 
Clear of its wrong beginnings, and may never;
But at the total emptiness for ever,
The sure extinction that we travel to 
And shall be lost in always. Not to be here,
Not to be anywhere,
And soon; nothing more terrible, nothing more true.

This is a special way of being afraid 
No trick dispels. Religion used to try,
That vast moth-eaten musical brocade 
Created to pretend we never die,
And specious stuff that says No rational being 
Can fear a thing it will not feel, not seeing 
That this is what we fear - no sight, no sound,
No touch or taste or smell, nothing to think with, 
Nothing to love or link with,
The anaesthetic from which none come round.

And so it stays just on the edge of vision,
A small unfocused blur, a standing chill
That slows eacn impulse down to indecision.
Most things may never happen: this one will,
And realisation of it rages out 
In furnace-fear when we are caught without 
People or drink. Courage is no good:
It means not scaring others. Being brave 
Lets on one off the grave.
Death is no different whined at than withstood.

Slowly light strengthens, and the room takes shape. 
It stands plain as a wardrobe, what we know,
Have always know, know that we can’t escape,
Yet can’t accept. One side will have to go. 
Meanwhile telephones crouch, getting ready to ring 
In locked-up offices, and all the uncaring 
Intricate rented world begins to rouse.
The sky is white as clay, with no sun.
Work has to be done.
Postmen like doctors go from house to house.




Poeta, novelista y crítico, Philip Larkin nació en 1922, en Coventry, Inglaterra y murió en 1985. Hizo sus estudios secundarios en el King VIII School y posteriormente ingresó a la Universidad de Oxford, donde empezó a ser conocido como poeta. Su primer volumen de poesía, El engaño (1955), hizo que se reconociera su importancia como escritor al denunciar el entusiasmo político de la década de 1930 y los excesos emocionales de la poesía de la década de 1940. Larkin dijo una vez que su biografía podía empezar a los veintún años sin omitir nada importante. El escritor llegaría a ser considerado como uno de los poetas británicos más representativos del grupo The Movement, surgido en Gran Bretaña durante los años cincuenta. Otras obras destacables son El barco del norte (1945), una colección de poemas en la línea de W. B. Yeats y Las bodas de Pentecostés (1964). También fue novelista: Jill (1946) y Una chica en invierno (1947). Larkin fue bibliotecario de la Universidad de Hull a partir de 1955 y crítico de jazz del diario The Daily Telegraph (1961-1971. Escritura solicitada (1982) es un volumen de ensayos misceláneos. Su último libro de poemas es “Ventanas altas” - High 
Windows, 1974, London: Faber and Faber.


Biografía en solapa
de su poesía reunida:

Philip Larkin (1922-1985) fue uno de los poetas más radicalmente británicos del siglo xx. Apenas salió de Inglaterra y vivió casi toda su vida en Hull, donde trabajó como bibliotecario de la universidad. Compañero de generación y gran amigo de Kingsley Amis, fue también un gran aficionado al jazz. En poesía, se afilió a una tradición que va de Thomas Hardy a Edward Thomas. Sus libros de madurez, sobre todo Las bodas de Pentecostés y Ventanas altas, fueron notables éxitos comerciales.


Pueden LEER una amplia selección de su último libro "Ventanas altas"(1974) y todos sus poemas y ensayos en esta Biblioteca: AQUÍ


IMAGEN: Philip Larkin-Autorretrato con Rolleiflex-1957 



 

sábado, 20 de junio de 2026

SIESTA EN XBALBA



(Nota bene: Leer biografía)

Siesta en Xbalba 
y el retorno

Dedicado a Karena Shields

(Fragmentos)

I.

Sol tardío abriendo el libro
             página en blanco como la luz, 
palabras invisibles sin trazar 
             sintaxis imposible 
del apocalipsis—
             Uxmal: Nobles Ruinas 
Sin construcción-


dejar que la mente se desmorone.


—Uno podría pasar preciados meses 
y años tal vez toda una vida
haciendo nada recostado en una hamaca leyendo 
prosa con palomas blancas
copulando mas abajo 
y monos ladrando en el interior 
              de la montaña 
y yo he sucumbido a esta 
              tentación—

(...)

     mi alma podría estallar 
ante la sensación de un momento 
     primal del vasto 
movimiento de la divinidad.

Mientras me reclinaba sobre un árbol 
     dentro de un bosque 
expirando un amor imaginado, 
alcé la vista a las estrellas distraído, como 
     si estuviera buscando 
algo más en la noche azul
     a través de las ramas 
y por un instante me vi a mí mismo
     apoyado contra un árbol...

...y de vuelta el ruido de una gran fiesta
     en los departamentos de Nueva York, 
pinturas a medio hacer en las paredes,
     fama, chupadas de verga y lágrimas, 
dinero y discusiones sobre grandes
     temas, la cultura de mi generación...


     mis toscas imaginaciones de la noche, 
mis toscas anotaciones sobre mi alma
    tomadas en momentos de soledad, 
sueños, punzadas, secuencias de pensamientos
    nocturnos y primitivas iluminaciones


-extraño sentimiento el gato blanco 
    durmiendo sobre la mesa 
abrirá sus ojos dentro de un instante 
   y me mirará—.

Uno podría quedarse en esta Chiapas 
registrando las apariciones en el campo 
   visible desde la hamaca
mirando a través de la sombra de los pastizales 
con toda su semejanza a la Eternidad

...un diminuto techo de paja 
mas abajo sobre la hierba de una loma hundida 
bajo una alta y densa vegetación
   esperando en el margen salvaje: 
la sombra larga de la montaña mas allá 
   en cercana distancia, 
su precisa línea de árboles 
trazada oscura y lina siguiendo la cresta
   contra la transparente luz del cielo, 
grietas y agujeros en el aire azul
   y destellos ámbar de las nubes 
esfumándose en la otra ladera 
   hacia el Sur...

(...)

Un crujido en los cuartos me sobresaltó.

Algún tipo de pájaro, vampiro o golondrina,
     huye con ruido de alas de papel sobre la 
cumbre de su propio aire sin preocuparse 
por el gran árbol de piedra en que me encaramo.

      Continuo zumbido metálico 
de chicharras,
     luego un chirriar mas bajo 
de grillos: 5 toques
     de un silbato.
El crujido de una puerta
     abriéndose en el bosque, 
una clase de canto raro de pájaro 
     o croar de reptil.


Mi sombrero tejido de sisal
     sobre el piso de piedra 
como una hoja sobre las aguas, 
     tan de efímero;
mi vela se agita continuamente 
     y pronto se apagará.



Uxmal pálida,
    ahistórica, como un sueño,
Tuluum reluciente en la costa en ruinas;


Chichén Itzá desnuda
    construida sobre una planicie; 
Palenque, capillas rotas en la bóveda 
    verde de un monte;
Kabah solitaria sobre la ruta;
    Piedras Negras enterrada de nuevo 
por arqueólogos oscuros;
    Yaxchilan
resucitada en la espesura, 
y todo el limbo de Xbalba aún desconocido—


    pisos bajo techados de rama, 
de cimiento a ornamento
    derrumbados para las flores, 
pirámides y escalinatas
    brocado de liana, 
ménsula de piedra caliza
    abatidos en un río de árboles, 
pilares y corredores
    hundidos bajo el diluvio de los años:


Lento muro del tiempo impuesto
    sobre el firmamento de la mente, 
como si una radiante catarata de hojas y lluvia
fuera erigida sólida desde el cielo sin fin por la cual 
    ningún pensamiento logre pasar.


Un gran gallo gordo rojo 
encaramado arriba de un tronco 
en la tarde verde,
¡el ego de esos mismos campos 
grita en la luz sagrada del sol!


—No puedo pensar con esa supersónica 
intensidad de gallo 
crucificando mi cráneo 
con su sueño imaginario.

 
             —estaba recordando 
con ojos cerrados
             hacia donde se arrastraron 
como hormigas sobre viejos oscuros
             templos construyendo sus diminutas 
ruinas y desapareciendo en la maleza 
             dejando tantos misterios 
de mortal designio
             para ser adivinados.


Solo yo conozco la gran puerta de cristal 
            de la Casa de la Noche, 
una leyenda de siglos
            —Yo y unos pocos indios.


Y si tuviera ínulas y dinero podría
      encontrar la Cueva de Ámbar 
y la Cueva de Oro
      rumoreada de los acantilados de Túmbala.

Encontré el rostro de uno de
     los Nueve Guardianes de la Noche 
oculto en una choza de caoba
     en la Zona de las Almas Perdidas 
—la primer reliquia de ese tipo para aquel lugar.

Y también encontré una hoja verde
     en forma de corazón humano; 
pero a quién podría enviarle
     este anacrónico san Valentín?


Y aún así estas ruinas me despertaron
     tanto la nostalgia 
por las clásicas estaciones 
     de la tierra, 
el antiguo continente
     que no he visto 
y los pocos años
     de memoria que queda 
antes de la noche final
     de la guerra.
Y como si estas ruinas fueran poco,
     como si el hombre no pudiera ir más
allá antes del cielo
     hasta agotar 
el ciclo físico
     de su propia mortalidad 
en las ciudades oscuras
    ocultas en el inundo que envejece

...las realmente escasas
    extáticas almas conscientes 
seguras de ser halladas, 
    familiares...
regresando luego de años
    a mi propia entorno 
transfigurado:
    para urgir el cambio 
para apurar los años
    en acercarme a mi destino.


Así sueño cada noche con una embarcación, 
    capitanes, capitanes, 
pasillos de hierro, luces de cabina,
    Brooklyn cruzando las aguas, 
el gran barco gris, visitantes, despedidas, 
    el borroso y vasto mar— 
un viaje una vida perdida o ganada:

como Europa es de mi propia imaginación 
    —muchos habrán de verla,
      muchos otros no—
aunque es solo el viejo mundo familiar 
y no un abstracto sueño místico.

Y en un momento de sueño premonitorio
      veo ese continente en lluvia, 
calles negras, noche vieja, un
      monumento que se esfuma...


Y un largo viaje aun no realizado,
      sobre mares antiguos 
arrollando desnudas dunas grises bajo 
      el baldío de la luz del mundo 
en dirección de puertos de pueril geografía 
en los que el barco oxidado 
hará puerto...


Qué noches no habré de ver sin un centavo
      entre los misterios Árabes de pueblos 
sucios alrededor de 
     las alcazabas de los muelles?
Sendas de arcilla, muros de barro,
     el olor de cigarrillos verdes, 
creolina y agua salada estancada—
     mas arriba altas y oscuras estructuras, 
formas de maquinarias y fachada
    de casco: y una lámpara colgando 
encendida en una choza de madera
    frente a sombría
pila de sulfuro sobre el embarcadero. 


    Hacia qué ciudad
habré de viajar? Qué casas salvajes 
    iré de ocupar?
qué cuartos vagabundos y calles
    y luces en la larga noche 
impulsan mis expectativas? Qué geniales 
    sensaciones en viejas 
salas? qué jazz mas allá del jazz
    en futuros salones azules? 
qué amor en los cafés de Dios?


Pensé, hace unos cinco años
    sentado en mi departamento, 
mis ojos abiertos por una hora
    viendo en espantoso éxtasis 
los edificios inmóviles
    de Nueva York pudriéndose 
bajo las mareas del Cielo.


Hay un dios
muriéndose en América
que ya ha sido creado
en la imaginación de los hombres
hecho palpable
para adoración:

hay una previa 
imagen interior 
de la divinidad 
apuntándome hacia 
el peregrinaje.


Oh futuro, Dios inimaginable.


[Finca Tacalapan de San Leandro, 
Palenque, Chiapas,Mexico 1954- 
San Francisco 1955]

(Del libro homónimo,
Ed.Argonauta,2019)
Allen Ginsberg

(Traducción de Leandro Katz)


Siesta in Xbalba
and Return to the States

Dedicated to Karena Shields

I.

Late sun opening the book,
          blank page like light, 
invisible words unscrawled, 
          impossible syntax 
of apocalypse
          Uxmal: Noble Iluins No construction —

let the mind fall down.


One could pass valuable months 
and years perhaps a lifetime 
doing nothing but lying in a hammock 
reading prose with the white doves 
         copulating underneath 
and monkeys barking in the interior 
         of the mountain 
and I have succumbed to this 
         temptation —


(...)

        my soul might shatter 
at one primal moment’s
        sensation of the vast 
movement of divinity.

As I leaned against a tree 
       inside a forest
expiring of self-begotten love,
I looked up at the stars absently, 
       as if looking for
something else in the blue night 
       through the boughs, 
and for a moment saw myself
       leaning against a tree...


...back there the noise of a great party
       in the apartments of New York, 
half-created paintings on the walls, fame, 
       cocksucking and tears, 
money and arguments of great affairs,
       the culture of my generation...


       my ow n crude night imaginings, 
my ow n crude soul notes taken down
       in moments of isolation, dreams, 
piercings, sequences of nocturnal thought 
       and primitive illuminations


— uncanny feeling the white cat 
       sleeping on the table 
will open its eyes in a moment
       and be looking at me —.

One might sit in this Chiapas 
recording the apparitions in the field 
      visible from a hammock 
looking out across the shadow of the pasture 
in all the semblance of Eternity


...a dwarfed thatch roof 
down in the grass in a hollow slope 
under the tall crowd of vegetation
      waiting at the wild edge : 
the long shade of the mountain beyond 
     in the near distance, 
its individual hairline of trees 
traced tine and dark along the ridge
     against the transparent sky light, 
ritts and holes in the blue air
     and amber brightenings of clouds 
disappearing down the other side 
     into the South...

(...)


A creak in the rooms scared me.

Some sort of bird, vampire or swallow,
     flees with little paper wingflap 
around the summit in its own air unconcerned 
     with the great stone tree I perch on.


     Continual metallic 
whirr of chicharras,
     then lesser chirps 
of cricket: 5 blasts
     of the leg whistle.
The creak of an opening
     door in the forest, 
some sort of weird birdsong 
     or reptile croak.


My hat woven of hennequin 
     on the stone floor 
as a leaf on the waters,
     as perishable;
my candle wavers continuously 
     and will go out.


Pale Uxmal,
     unhistoric, like a dream,
Tuluum shimmering on the coast in ruins;


Chichén Itzá naked
     constructed on a plain; 
Palenque, broken chapels in the green 
     basement of a mount; 
lone Kabah by the highway;
     Piedras Negras buried again 
by dark archaeologists;
     Yaxchilan
resurrected in the wild,
and all the limbo of Xbalba still unknown —


     floors under roofcomb of branch, 
foundation to ornament
     tumbled to the flowers, 
pyramids and stairways
     raced with vine, 
limestone corbels
     down in the river of trees, 
pillars and corridors
     sunken under the flood of years :

Time's slow wall overtopping
     all that firmament of mind,
as if a shining waterfall ofleaves and rain
were built down solid from the endless sky
     through which no thought can pass.

A great red fat rooster 
mounted on a tree stump 
in the green afternoon, 
the ego of the very fields, 
screams in the holy sunlight!

— I can’t think with that 
supersonic cock intensity 
crucifying my skull 
in its imaginary sleep.

— was looking back 
with eyes shut to
     where they crawled 
like ants on brown old temples
     building their minute ruins 
and disappearing into the wild
     leaving many mysteries 
of deathly volition
     to be divined.


I alone know the great crystal door 
     to the House of Night, 
a legend of centuries
    —I and a few indians.

And had I mules and money I could find 
    the Cave of Amber 
and the Cave of Gold
    rumored of the cliffs of Tumbala.


I found the face of one
    of the Nine Guardians of the Night 
hidden in a mahogany hut
    in the Area of Lost Souls 
-the first relic of kind for that place.


And I found as well a green leaf
     shaped like a human heart; 
but to whom shall I send this
     anachronistic valentine?


Yet these ruins so much
     woke me to nostalgia 
for the classic stations 
     of the earth, 
the ancient continent
     I have not seen 
and the last few years
     of memory left 
before the ultimate night 
     of war.
As if these ruins were not enough, 
     as if man could go
no further before heaven
     till he exhausted 
the physical round
     of his own mortality 
in the obscure cities
     hidden in the ageing world


...the few actual
     ecstatic conscious souls 
certain to be found,
     familiars... 
returning after years
     to my ow n scene 
transfigured:
     to hurry change 
to hurry the years
     bring me to my fate.


So I dream nightly of an embarcation, 
     captains, captains, 
iron passageways, cabin lights,
     Brooklyn across the waters, 
the great dull boat, visitors, farewells, 
     the blurred vast sea — 
one trip a lifetime’s loss or gain :


as Europe is my owrn imagination 
     — many shall see her,
       many shall not —
though it’s only the old familiar world 
and not some abstract mystical dream.


And in a moment of previsioning sleep 
        I see that continent in rain, 
black streets, old night, a
       fading monument...

And a long journey unaccomplished 
       yet, on antique seas 
rolling in gray barren dunes under
      the world’s waste of light 
toward ports of childish geography 
      the rusty ship will
harbor in...


What nights might I not see
       penniless among the Arab 
mysteries of dirty towns around
      the casbahs of the docks? 
Clay paths, mud walls,
      the smell of green cigarettes, 
creosote and rank salt water —
      dark structures overhead, 
shapes of machinery and facade
      of hull: and a bar lamp 
burning in the wooden shack
      across from the dim 
mountain of sulphur on the pier.


      Toward what city 
will I travel? What wild houses 
      do I go to occupy?
What vagrant rooms and streets
      and lights in the long night 
urge my expectation ? What genius 
      of sensation in ancient 
halls? what jazz beyond jazz
      in future blue saloons? 
what love in the cafes of God?


I thought, five years ago
      sitting in my apartment, 
my eyes were opened for an hour
      seeing in dreadful ecstasy 
the motionless buildings
      of New York rotting 
under the tides of Heaven.

There is a god
dying in America
already created
in the imagination of men
made palpable
for adoration :

there is an inner 
anterior image 
of divinity 
beckoning me out 
to pilgrimage.

O future, unimaginable God.


[Finca Tacalapan de Han Leandro, 
Palenque, Chiapas,Mexico 1954 
-San Francisco 1955]

Allen Ginsberg (Newark, EE UU, 1926-Nueva York, 1997) Poeta estadounidense. Era hijo de un profesor de inglés y de una maestra de escuela rusa, que permaneció internada durante años en un frenopático. Pasó por la Columbia University, de la que fue expulsado junto con otros compañeros como Jack Kerouac o William Burroughs. Los tres constituyeron el núcleo fundamental del llamado movimiento beat (beat generation), que rompió con la estética académica y llevó a cabo una auténtica revolución cultural claramente marcada por su denuncia del sistema de vida estadounidense. "En  Siesta en Xbalba (1954), un poema tan importante como Aullido o Kaddish, Allen Ginsberg escribe sobre la gran ruina maya de Uxmal: “Imposible sintaxis del apocalipsis”; en 1954, cuando McArty intentaba silenciar a la joven generación y a las generaciones venideras. El poeta nos lleva en un viaje al esplendor del pasado mientras imagina un presente y un futuro en los que lo más íntimo del ser se entreteje a través da la gran colectividad espiritual" (Margaret Randall). El poeta encuentra en las ruinas de la civilización maya un refugio sagrado frente a la destrucción interna que percibe en su propio país.  
La publicación del poema Aullido (Howl, 1956), de Ginsberg, fue el detonante que consolidó la poesía beat y le dio forma concreta, basada en un ritmo muy acentuado, con influencias del jazz, que, en una asimilación ya total de las técnicas vanguardistas y un retorno a cierta concepción romántica, refleja un universo personal hecho de imágenes que muchas veces convierten el poema en una especie de canto salmódico de gran fuerza expresiva. Verdadero alegato beat, Aullido es un canto a la locura y a su lucidez, y una protesta contra la sociedad mecanizada y materialista. Otra gran creación de Ginsberg es el largo poema dedicado a su madre, Kaddish (1961), una confesión personal, casi catártica. Acompañando estos dos poemas, publicó algunas canciones, de metro más corto y expresión más simple, con títulos tan populares como El peso del mundo es amor. A partir de 1960, abandonó Estados Unidos y se dedicó a viajar por todo el mundo para recitar sus poemas, como un auténtico aedo, con barba de profeta, y trabajando en lo que se terciara; su presencia estuvo a menudo ligada al escándalo (en 1966, por ejemplo, fue expulsado de Polonia al publicarse su diario secreto). En 1963 apareció su tercer libro de poemas, Sándwiches de realidad, al que siguieron nuevos títulos, como Planet news (1968) y La caída de América (1972); en 1984 se publicó el volumen Collected Poems, 1947-1980, recopilación de su obra.

Pueden LEER todos los poemas del autor en esta biblioteca: AQUÍ