lunes, 25 de mayo de 2026

LOS PAPELES SALVAJES (II)

 


LA LIEBRE DE MARZO


   Un río muy delgado, -lo saltaban los niños-, partía la huerta. A su vera, manzanos de San Juan, manzanas casi blancas, casi celestes, los frutos angélicos.
   A la medianoche, desnuda, me levanté; estaba dormida, y veía, todo, como si fuera de día. Además, las plantas de ese jardín, conservaban, en la sombra, sus colores. Así, divisé margaritas, los pimpollos de rosa, rojos como sangre, el gladiolo que hervía como un farol. Recibí el olor de las frutas, pero, no podía detenerme. Tomé la senda. A mi lado pasaban yuyos: salvia, mentas, aralias. Mentas, aralias, hojas, yuyos. Llegué al extremo.
  Allá, lejos, y, ahí, cerca, él se presentó, sombrío, inmóvil, siempre el mismo, desde remotos siglos.
  Desesperada, corté una rama, la sostuve como vistiéndome. Por un instante, creí que iba a volar, a despertar. Pero, todo fue inútil. Con un breve grito, aconteció, otra vez.

***

   Soy la Virgen. Me doy cuenta. En la noche me paro junto a las columnas y a las fuentes. O salgo a la carretera, donde los conductores me miran extasiados o huyen como locos.
   Soy la Virgen. El Ángel me hablaba entre jazmines y en varios planos. Me dijo algo rarísimo; no entendí bien.
   Voy por el antiguo huerto -Isabel, Ana- por las antiguas casas; quisiera ser una mujer en una de estas casas, una mujer en la ciudad, pero, soy la Virgen; no se dan cuenta; busco otra aldea abandonada, otros cáñamos. Silba el viento. Los lobos están comiendo los corderos. A mi diadema caen las estrellas como lágrimas, caen rosas y gladiolos, dalias negras.
   Soy la Virgen.
   Estoy sola. Silba el viento. ¿Adónde voy? ¿Adónde voy?
   y jamás habrá repuesta.



MESA DE ESMERALDA

El  mar de Amelia

8

Los enanos vuelan igual que pollos arriba de las plantas. Los gigantes se ríen; más altos que los árboles, caminan como si estuviesen inmóviles.
   Mamá tiene las alas bien emplumadas, y sus insectos parásitos parecen brillantitos, chispillas de zafiro.
   Yo voy entre rosas, dalias maduras.
   Y almuerzo en el plato de retamas y cereales.
   Me pongo la gasa blanca para ir al colegio.
   La maestra y los otros niños dirán nuevamente, “Ella ¿cómo habrá hecho para aprender a volar!”


30

   El manzano abrió las flores blancas; y el almendro y el peral abrieron flores blancas, y el durazno sus azahares rosados y dorados. Parecían grandes sombrillas. Y parecían El Paraíso. Y debajo, un abanico, con los siete colores, igual a uno que había en casa, pero éste se volvió sólo de luces y se propagaba; en poco rato, hubo muchísimos, flotando por todo el aire. Y un papel plateado, alto como un hombre, iba delante de mí. Con un rumor que atraía y aterraba. Y yo le pegaba y no podía espantarlo. Y no sé si era yo era Josefa, hermana gemela de mi madre, que, cuando niña, cayó de rodilla, ante estas cosas.


42

Papá fue hasta el bañado y trajo mimbres y cañitas e hizo un gran armatoste, una liviana casa y le pintó una guía en flor. Y en algunos de sus cubículos se ubicó la familia, y en otro más lejos, yo sola. Me gritaban: -¡Vas bien ahí, eh? Y el navío empezó a izarse. Papá iba al timón, aunque no había ningún mecanismo. El izaba la nave con sólo su voluntad. Así pasamos ciudades, continentes. Las ciudades europeas que se distinguían por el esplendor rosado. Era un viaje fugaz y moroso, lento y fugacísimo, y había como una gran felicidad. Cruzábamos por el aire de las ciudades y casi rozándolas. Casi entre los edificios, y los paseantes al mirar hacia arriba, divisarían aquel punto, esa estrellita, y continuando sin darse cuenta de nada. Y volverían a mirar, sin tampoco darse cuenta.



LA FALENA

   Era raro que viniera un alma. Algunos la esperaron años inútilmente. 
Y yo encontré una sin querer. Se levantó de un melón, como una seda, una gasa. Salté sobre las hojas, los otros melones en rojo ámbar; vi un zapallo, angosto, alto como un metro, verde sombrío, casi negro, parecía pequeño mueble, armario, que escondiese la cosa más secreta; lo topé y quedó impasible. Pero yo iba huyendo, pasé el prado y sus margaritas rojas; vi las perdices de agua que nadaban con zapatos; iban y venían, de continuo, como si hubiesen perdido el tino; siempre hacían así.
   Casi llegué a la casa, pero tuve miedo de entrar y huí; corrí al bosque, el árbol preferido, trepé, me acurruqué.
   Pero, fue terrible, pues, pasaron varias horas e iba a venir la noche, y yo sentía un silbido dentro del pasto, algo que trepaba por el árbol, un bicho con perlas, que no era un bicho, arriba de mi sien.

***

Pavoroso sacón brillante

   Van a comenzar las clases. Hay que comprar zapatos. Se hacen cuentas. Mamá teje delantales, moños, medias.
   Yo estoy entre las plantas, donde vive el hombre-vampiro; sólo yo lo sé (y no lo digo). Yo tengo ojos tristes, trenzas largas. Vendrá el otoño, maduran las manzanas.
   Los alhelíes son negros como hechos con sangre de gato.
   Llueve, apenas, dulcemente -¿acomodo los lápices, los libros?- a través de las ramas, los limones dulces, las futuras peras.
   Unas uñas como ganchos van de ramo en ramo. (Y no me voy). Un rostro oblicuo, orejas puntiagudas. Una voz dice: -Hoy vengo de más allá del bosque. (Y no me voy).
   Dice:
   -Soy el Conde. Soy tu abuela.
   Yo, a las dos cosas respondo con absoluta fe:
   -Si, si; yo, ya lo sé.

***

Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alelí


   El mundo era todo negro; nos guiábamos sólo por el brillante bordecito de alguna hoja, alhelí, pequeñas cosas. En cuanto nací supe que mi madre me seguía; preparaba los clavos y la cruz. Aparecí sabiendo eso.
   Había que subir una escalera para ir hasta la Casa del Gato. El gato vivía en una caja más chica que él; no sé cómo podía ser así. Salía, volvía a entrar.
   Los ojos del gato eran celestes como vidrio y alhelí. Eran dos, unidos por un pequeño hierro. Estaban en cualquier parte, pero él sólo con la intención los traía sobre la cara, y entonces todo el mundo parecía claro.
   A ratos, el gato bajaba hasta el suelo, estirándose, alargándose, varios metros, como si fuera algodón, y volvía a encogerse y a quedar allá arriba.
   Mamá me perseguía por todos los jardines sin alcanzarme nunca.
   Apareció un murciélago. Su diagonal en forma de zigzag atravesó todo. Por cualquier lado estaba esa cera oscura o su dibujo. Mamá subió hasta la Casa del Gato, y avisaba. Pero el gato no respondía; hasta creo que escondió los celestes ojos.
   Y pasaron horas, años, no sé cuántos, porque era todo negro.
   Hasta que llegó la hora, el año.
   Mamá me corrió por todos los caminitos del jardín y me alcanzó. Ya estaba pronta la cruz; estaban prontos los clavos. La cruz era grande, y dura como piedra. Los clavos, largos y finísimos como hilos. Me atravesó la frente, los hombros, las rodillas.
   Corrió mucha sangre. Volaron jazmines.


(Del libro homónimo,
Arca, Montevideo,
Uruguay,1991)

Marosa di Giorgio



Marosa di Giorgio. Poeta uruguaya, nació en Salto, 1932 y murió en Montevideo, en el año 2004.Es una de las poetas hispanoamericanas más relevantes del siglo XX.  Su propuesta estética borra los límites entre la prosa lírica, el cuento de hadas y el surrealismo. Verdadero work in progress , "Los papeles salvajes" de Marosa di Giorgio fue publicado inicialmente en Arca de Montevideo en la década del 50'. En 1989 apareció el primer tomo que incluye los libros Poemas (1954), Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1965), La guerra de los huertos (1971) y Clavel y tenebrario (1979). En 1991 apareció el segundo tomo con La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeralda (1985), La falena (1989) y Membrillo de Lusana (1989). En prosa publicó Misales (Calicanto, Montevideo, 1993), Camino de las pedrerías (Planeta, 1997) y Reina Amelia, su primera novela (Adriana Hidalgo, 1999). Descendía de inmigrantes italianos y vascos que fundaron quintas en zonas rurales del Uruguay. En Salto se habían establecido sus abuelos. Allí se conocieron Pedro di Giorgio y Clementina Médici, los padres de Nidia y Marosa. En su ciudad natal, Marosa cursó el liceo y tomó lecciones de teatro. Por otra parte, la granja familiar en Salto es el núcleo geográfico y mítico de toda su obra.   A fines de la década del setenta, tras la muerte de su padre, el resto de la familia se trasladó a Montevideo. Marosa vivió con su madre hasta la muerte de ésta en 1990. Su obra ha sido publicada no solo en Uruguay y en Argentina, sino también en México y Venezuela y su nombre figura en numerosas antologías. Ha sido traducida a numerosas lenguas, entre ellas: Inglés, italiano, portugués y francés. Ha recibido importantes premios y becas y ha realizado videos y casetes con sus textos. Como autora e intérprete de los mismos fue invitada a dar recitales en diferentes países.

Pueden LEER todos los poemas y textos de la autora: Aquí.




sábado, 23 de mayo de 2026

POEMAS PÓSTUMOS -César Vallejo-

 


-NO VIVE YA NADIE EN LA CASA -ME DICES-


    —No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se 
han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despo-
blados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.
  Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El 
punto por donde pasó un hombre, ya no está solo.
Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por 
donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas 
están más muertas que las viejas, porque sus muros 
son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una 
casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, 
sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive úni-
camente de hombres, como una tumba. De aquí esa irre-
sistible semejanza que hay entre una casa y una tumba.
Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mien-
tras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por 
eso la primera está de pie, mientras que la segunda está 
tendida.
    Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos 
se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos 
lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que 
ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa.
Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en 
avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que 
continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio 
y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los
perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es 
el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones 
y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. 
Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.



ALTURA Y PELOS


¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!

¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante, 
muriendo de costumbre y llorando de oído?
Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!

¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa? 
¿Quién al gato no dice gato gato?

¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay! ¡yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay, yo que he nacido y nada más! 



XLV --de: TRILCE

Me desvinculo del mar 
cuando vienen las aguas a mi.

  Salgamos siempre. Saboreemos 
la canción estupenda, la canción dicha
por los labios inferiores del deseo.
Oh prodigiosa doncellez.
Pasa la brisa sin sal.

A lo lejos husmeo los tuétanos 
oyendo el tanteo profundo, a la caza 
de teclas de resaca.

Y si así diéramos las narices 
en el absurdo,
nos cubriremos con el oro de no tener nada, 
y empollaremos el ala aún no nacida 
de la noche, hermana 
de esta ala huérfana del día,
que a fuerza de ser una ya no es ala.
(Del libro: "Obra Poética",
Allca XX,
Edit.Universitaria,Chile,
1997)
César Vallejo


César Vallejo (Santiago de Chuco,Perú, 1892 - París,Fracia, 1938).Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía universal del siglo XX y el máximo exponente de las letras peruanas. De origen mestizo y provinciano, su familia pensó en dedicarlo al sacerdocio: era el menor de los once hermanos; este propósito familiar, acogido por él con ilusión en su infancia, explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico, y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte, que tiene un indudable fondo religioso. Vallejo hizo los estudios de segunda enseñanza en el Colegio de San Nicolás (Huamachuco). En 1915, después de obtener el título de bachiller en letras, inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo y de Derecho en la Universidad de San Marcos (Lima), pero abandonó sus estudios para instalarse como maestro en Trujillo. En 1918 César Vallejo publicó su primer poemario: Los heraldos negros, en el que son patentes las influencias modernistas, sobre todo de Julio Herrera y Reissig y con Rubén Darío. Esta obra contiene, además, muestras de lo que será una constante en su obra: la solidaridad del poeta con los sufrimientos de los hombres, que se transforma en un grito de rebelión contra la sociedad, usado injustamente de robo e incendio durante una revuelta popular (1920), César Vallejo pasó tres meses y medio en la cárcel, durante los cuales escribió otra de sus obras maestras, Trilce (1922), que supone la ruptura definitiva con el modernismo y con el nacionalismo literario. En 1923, tras publicar Escalas melografiadas y Fabla salvaje, César Vallejo marchó a París, donde conoció a Juan Gris y Vicente Huidobro, y fundó la revista Favorables París Poema (1926). En 1928 y 1929 visitó Moscú y conoció a Maiakovski, y en 1930 viajó a España, donde apareció la segunda edición de Trilce. De 1931 son su novela Tungsteno y el cuento de Paco Yunque, y un nuevo viaje a Rusia. En 1932 escribió la obra de teatro Lock-out y se afilió al Partido Comunista Español. Regresó a París, donde vivió en la clandestinidad, y donde, tras estallar la guerra civil, reunió fondos para la causa republicana. Entre sus otros escritos destaca la obra de teatro Moscú contra Moscú, titulada posteriormente Entre las dos orillas corre el río. Póstumamente aparecieron Poemas humanos (1939) y España, aparta de mí este cáliz (1940), conmovedora visión de la guerra de España y expresión de su madurez poética. Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, escritos en 1930-1932, aparecieron en 1973.


Pueden LEER los poemas y ensayos de Vallejo de esta Biblioteca: Aquí



jueves, 21 de mayo de 2026

ÚLTIMO SOL EN ITATÍ


en el negro profundo de un 
camino rural los faros altos 
descubren dos liebres que 
cruzan la huella a los saltos 
apuradas y ridiculas

dos mulitas pelean o 
se aman a un costado 
torpes y tiernas con su 
formita prehistórica

vamos atentos a todo lo 
que se mueve 
esperamos el milagro de 
un zorro o una lechuza

nos sumergimos de pronto en 
un mar de destellos veloces 
las luciérnagas iluminan el 
paso de nuestra nave y 
encienden la alegría

algunas chocan 
contra el parabrisas y 
siguen brillando un 
segundo más

se apagan de rotas como 
un amor, o como estrellas 
que se extinguen y su luz 
sigue en viaje, olvidada 
de su fuente
cada segundo que pasa

nosotros también 
nos apagamos 
nos alejamos de todo 
lo brillante que alguna 
vez fuimos




El amante del pasado me 
mira con el mismo ardor 
veinte años más tarde 
me abraza con hambre 
me aprieta y no me suelta y 
podríamos volver a las 
mismas posiciones
seguir con aquel beso 
que dejamos apagarse

el fuego está intacto 
nos lo decimos con los 
ojos ansiosos que miran 
sin ver porque quieren 
seguir viendo a los que 
fuimos y no a estos 
gastados y comprometidos

no podemos tocarnos 
tenemos otras personas

en el abrazo de despedida hay un 
secreto que compartimos: cuando mi 
pecho se apoya en el de él otra vez 
soy suya, sólo suya, por un momento




mi marido 
me ve triste 
en sus brazos 
pero lejana 
se preocupa 
no entiende 
qué me pasa 
no duermo ni como 
lloro con disimulo 
con canciones de 
amor que nunca 
escuché

no puedo decirle que 
mi alma quedó 
en otro lado 
que la vida 
me parece chata 
quiero correr muy 
lejos de nuestra casa 
y engañarlo con él 
o cualquier otro

estamos rotos 
este corazón y yo 
no sé cómo volver a 
ser la que era suya



Mis puentes de Madison 
cruzan 960 kilómetros 
y me dejan en la tricicleta 
cargada de leña 
de un hombre hermoso 
que amasa el barro y 
me cuenta el signiñcado 
de palabras dulces en guaraní

me quedo de este lado del puente 
con mis hijos y mi casa y mi perro 
mis trabajos y un amor gastado 
soñando con sus manos que 
acariciaban mis dedos 
su boca ansiosa en la mía 
unos emojis en el teléfono 
que me hacían cosquillas 
en la panza y se fueron 
apagando con los días

qué hago con el marido
la casa los chicos
cuando lo único que quiero
es ir a dormir a Itatí.




No puedo sacarme este anillo 
enterrado en la carne 
de mi dedo que creció 
como un árbol ahorcado 
con su cincha

el divorcio es ese 
anular deformado que 
lleva para siempre su 
forma empecinada 
como un estigma o 
una vergüenza

este dedo ha fracasado
quiero estar en Itatí 
que llueva con truenos 
y se corte la luz

sentirme a salvo 
en tu abrazo



estos árboles 
este río
el atardecer que cae atrás 
de una isla de sueño 
los pájaros que comen 
granos de arroz 
el sol y su fiesta 
de luz y calor 
la siesta de los gatos 
ese perfume del aire

todo este paisaje me 
llevo adentro mío como 
una semilla que crece 
en el recuerdo y florece 
de amor por vos

(Del libro homónimo,
Caleta Olivia,2026)

María Paula Zacharías



María Paula Zacharías nació en Buenos Aires en 1978. Es periodista especializada en artes visuales en La Nación desde 2001. Sobre arte publicó Roux en sus propias palabras (Paidós), Estado del Arte, Entrevista con el arte, Maestro Cafiso y Artistas de entrecasa (India), entre otros títulos. Edita libros de arte en India Ediciones. Conduce el programa El Ojo del Arte en Radio Rivadavia.
En el ámbito de la poesía se formó con Arturo Carrera y Cecilia Pavón. Publicó su primer libro de poesía en 2021, Decálogo para un casamiento (Mansalva). Este segundo libro, que plantea el ocaso y el renacer del amor, obtuvo una mención en el Premio Nacional de Poesía Storni 2023, en un jurado compuesto por los poetas María Teresa Andruetto, Silvio Mattoni y Carlos Battilana.


 

lunes, 18 de mayo de 2026

ESCOMBROS


ESCOLDOS


Vestigios


Hoy he visto en la calle 
a un cojo, 
           a un tuerto, 
                    a un manco
y a un pulcro banquero satisfecho,
vestigios (seguramente),
de alguna pinche guerra fratricida



ESQUELAS

Niebla


Se está levantando la niebla,
vuela a otros parajes o el aire
quieto la esconde detrás 
de las hojas del molle y el tala.
Ansioso, el sol espera alumbrar
la tierra de nuevo, es una antigua
costumbre y se le ha hecho manía.
El tiempo mira la hora, el aire 
que corre está fresco, la cama 
bien abrigada, mañana será
otro día (o quizás ya lo sea)
que el sol aguante 
y no agobie.


ESQUIRLAS

A ella


Yo te cuidaría, 
si pudiera hallarte yo te cuidaría,
pero no apareces ¿temes mi torpeza?
He cambiado mucho, sé que vos 
y el hoy, ambos son tangibles, 
he dejado aparte —lejos de mi vida— 
las ensoñaciones, pero no apareces, 
sé que estás muy cerca, 
          quiero que me escuches: 
                         si vienes conmigo 
                              yo he de cuidarte. 




ESTAMPAS


La hoja


La hoja que el viento mece y cae,
no muere:
es el árbol que a la tierra vuelve
fatigado de acariciar
el aire,

largamente.




La puerta y la vida


Tengo en mi casa una larga puerta 
corrediza de madera 
que a menudo logro abrir
—no sin esfuerzo—
y me cuesta cerrar
—no sin empeño—
a veces por la humedad,
a veces por la sequía.

¿Nunca por mí?

Abierta o cerrada 
siempre depende de algún albur.

Y entonces me pregunto:
esa larga puerta corrediza 
de madera
que se abre y cierra no sin esfuerzo
y solo en parte depende de mí, 
¿no es acaso como la vida misma, 
                      digo: la de cada cual?



INSTANTES



I

Noche estrellada
Dormitan las hormigas
Vela la tierra.

II

Cantan las fuentes
Remolinea el agua
Hay esperanza.

VI

Solo presente
Sin espaldas el tiempo
Urde el futuro


(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Daniel Vaca Narvaja


Daniel Vaca Narvaja (Córdoba, Argentina).Licenciado en Sociología (ISDIBER, Madrid); cursó el Doctorado en Ciencias Políticas (UCA, CABA); miembro fundador del SIESE “Manuel Ugarte” (Madrid, 1967 - Córdoba, 2005).Produjo y dirigió: El Despertar de AMEROIBÉRICA I: De Bolívar a Chávez; El Despertar de AMEROIBÉRICA II: Bolivia; y AMERITA: Otra imagen del mundo (Animación Infantojuvenil).Publicó: “Warcalde y después” (2023); “Encamino” (2025); y “Escombros” (2026). Cultiva nogales en el Norte cordobés


sábado, 16 de mayo de 2026

UNA POSICIÓN PROPIA

 


CANTOS DE LA GAVIOTA COCINERA


1.

Soy una dama que escupe en la calle. Me visto simple y mi vida 
es un dechado de justicia. Soy una Activa Yegua de la Noche. 
Un súcubo que expone la superstición y la enfermedad -todo 
pensamiento está enfermo-. También padezco de fluctuación 
crítica y voy de la esquizofrenia a la lepra con la majestad de mis 
actos y mi rostro tallado en madera de Bebeerú.



2.

Por mis modos de Madre en escenarios de ilusión pagaría con el 
dolor de mis órbitas. Por el goce o aprovechamiento -más no fue
ra- temporal de tu Cuerpo pagaría con mi Santa Leche Original. 
Por desatar el nudo que ata y no se ve pagaría con 40 de mis Acti-
vas Yeguas de la Noche y no lo estoy diciendo todo. ¡ Oh Gaviota, 
Gaviota! Yéndose tras el polen de las horas. ¿Cuál es tu Precio?



3.

Soy una dama que frecuenta los gimnasios -un glúteo atomi-
llado a su lugar es un portal al paraíso-. Soy una Gaviota Co-
cinera de comportamiento y aspecto inconfundible. Soy audaz 
cuando la situación lo amerita y se distrae el ancestro.
La mutación es mi Oficio y la mudez mi Desafío. Paso mis días 
yendo del Animal Beta al Omega. Casi nunca me detengo en el 
Alfa. Tengo problemas con la Realidad y ni siquiera bago soli-
tarios.



4.

Soy una dama que cree en el Después y sueña con La Estabilidad 
de la Unión.
Abro la puerta porque llaman pero cada vez son menos las cosas 
que me interesan. Aunque lo intento no confío en Las Leyes Na-
turales.
En consecuencia duermo mal. Duermo poco, Móntale, y duer-
mo mal.
Duermo mal y no se trata de la pésima calidad del Lecho /calidad 
del Hecho/ ni de la escoliosis o los recuerdos. Se trata de este mal 
de volverse y revolverse en busca de un lugar verdadero. Una po-
sición propia.



5.

Soy una dama con dificultades para el Sostener. En almuerzos y 
cenas dejo caer cubiertos al piso. Ando innortada por las calles y 
maquillo mis ojeras para que no se advierta este Pesar. Me ha sido 
negada la Fe.
Padezco de sonambulismo y mis encías se retraen. Soy una Sospe-
chosa que practica en Silencio. Hago escalas. Afino. Descifro pen-
tagramas. Mi Lengua está en penumbras. Hablo en la Oscuridad. 
Lo mío es persistir.



18.

Soy una dama que sufre de Exclusión. Una Criatura Secundaria. 
Soy un alga marina y su ceniza. Una Kelper continental intelectual 
emocional.
La Patagonia es mi isla. El Kelperato mi insignia. Vivo en la cor-
dillera.
En verano recojo leña. En invierno paleo nieve y escribo con guan-
tes.
Toco palabras a través de una tela.



19.

Soy una dama acostumbrada a vivir entre Extraños. Usan idiomas 
que desconozco y por educación sonrío si me miran pero no los 
entiendo. No sé en qué Dialecto hablan aquí. Llevo la muleta 
de izquierda a derecha y ellos me observan conmovidos. Soy una 
dama Carente pero vivaz y en esta situación me aburro. Lengua 
de señas y miradas de aliento no me resultan suficientes. Paso los 
días en un rincón del mundo y voy de la cavilación al tedio. Así es 
en esta Extranjería.



20.

Soy una dama insomne que trajina sin pausa. Una estructura com-
pleja que colapsa los sábados. En la vigilia hago planes. Trabajo 
con la Imaginación.
Le temo al Deterioro. La Realidad me abruma. El Hábito del In-
dolente es mi castigo.
Soy la que por las noches come ansias.



21.

Mi Fortaleza despierta comentarios pero todo es puro Simula-
cro.
No hay tal cosa detrás de esta máscara de hierro. Soy un pichón 
que en la tormenta se ha caído del Nido. Mientras escribo estas 
líneas tiemblo tirito tengo Frío.



32.

Soy una dama que canta Las Cuarenta. Mi poesía es de perso-
najes. Soy un Cordero Patagónico que bala en Sudaqués desde 
los platos. Una Avutarda un Tordo que baja al jardín para anunciar 
la nieve. Nadie pide que escriba lo que escribo. No se involucre 
a Otros. Llevo una vida en el Trabajo. En ocasiones los Reveses 
suman al Resultado.



33.

Soy una bestia anfibia de la A a la Z. Soy un techo a dos aguas: de 
día /ando/ en la tierra. De noche /nado/ crawl. Surco los mares. 
Digo y reitero: Mi pasión está intacta. Construyo artefactos 
argento-patagónicos mapuche-sudaqueses. Soy mi Reina y mi 
Obrera. La Dueña de este Nicho.


(Del libro homónimo,
Espacio Hudson, 2019)
Graciela Cros


Graciela Cros nació en Carlos Casares , provincia de Buenos Aires, en 1945. Vive en Bariloche. Poeta y narradora, coordina talleres de poesía. Publicó "Poemas con bicho raro y cornisas" (1968); "Pares Partes" (1985); "Flor Azteca"(1991); "Decimos" (1992); "La escena imperfecta" (1996); "Urca" (1999); "Cordelia en Guatemala" (2001; 2013, 2da ed. revisada y corregida); "Libro de Boock" (2004); "La cuna de Newton" (2007); "Hacer la de Elvis" (2009); "Mansilia" (2010); "Cantos de la gaviota cocinera- Antología personal" (Amargord, Madrid, 2013) y "Pampa de Huenuleo" (2017); y la novela "Muere más tarde" (2004). Además, editó "Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche - Marcas en el tránsito" (1995) y "Transversal. Poesía contemporánea de Río Negro. Antología", que publicará el Fondo Editorial Rionegrino. Su obra poética, premiada y traducida, aparece en numerosas antologías del país y del extranjero como "La frontera móvil, Antología de poesía contemporánea de la Patagonia argentina" (Edición de Concha García, Barcelona, 2015); "200 años de poesía argentina" (edición de Jorge Monteleone, 2010) y "Patagonia literaria VI, Antología de poesía del sur argentino" (compilación de Luciana A. Mellado con Claudia Hammerschmidt, 2019).

(Biografía tomada de la solapa del libro: "Una posición propia").

Foto de la autora: Liliana Campazzo (El Cóndor, Río Negro)

Pueden LEER todos los poemas de la autora en esta Biblioteca, Aquí