(Nota bene: Leer biografía)
Siesta en Xbalba
y el retorno
Dedicado a Karena Shields
(Fragmentos)
I.
Sol tardío abriendo el libro
página en blanco como la luz,
palabras invisibles sin trazar
sintaxis imposible
del apocalipsis—
Uxmal: Nobles Ruinas
Sin construcción-
dejar que la mente se desmorone.
—Uno podría pasar preciados meses
y años tal vez toda una vida
haciendo nada recostado en una hamaca leyendo
prosa con palomas blancas
copulando mas abajo
y monos ladrando en el interior
de la montaña
y yo he sucumbido a esta
tentación—
(...)
mi alma podría estallar
ante la sensación de un momento
primal del vasto
movimiento de la divinidad.
Mientras me reclinaba sobre un árbol
dentro de un bosque
expirando un amor imaginado,
alcé la vista a las estrellas distraído, como
si estuviera buscando
algo más en la noche azul
a través de las ramas
y por un instante me vi a mí mismo
apoyado contra un árbol...
...y de vuelta el ruido de una gran fiesta
en los departamentos de Nueva York,
pinturas a medio hacer en las paredes,
fama, chupadas de verga y lágrimas,
dinero y discusiones sobre grandes
temas, la cultura de mi generación...
mis toscas imaginaciones de la noche,
mis toscas anotaciones sobre mi alma
tomadas en momentos de soledad,
sueños, punzadas, secuencias de pensamientos
nocturnos y primitivas iluminaciones
-extraño sentimiento el gato blanco
durmiendo sobre la mesa
abrirá sus ojos dentro de un instante
y me mirará—.
Uno podría quedarse en esta Chiapas
registrando las apariciones en el campo
visible desde la hamaca
mirando a través de la sombra de los pastizales
con toda su semejanza a la Eternidad
...un diminuto techo de paja
mas abajo sobre la hierba de una loma hundida
bajo una alta y densa vegetación
esperando en el margen salvaje:
la sombra larga de la montaña mas allá
en cercana distancia,
su precisa línea de árboles
trazada oscura y lina siguiendo la cresta
contra la transparente luz del cielo,
grietas y agujeros en el aire azul
y destellos ámbar de las nubes
esfumándose en la otra ladera
hacia el Sur...
(...)
Un crujido en los cuartos me sobresaltó.
Algún tipo de pájaro, vampiro o golondrina,
huye con ruido de alas de papel sobre la
cumbre de su propio aire sin preocuparse
por el gran árbol de piedra en que me encaramo.
Continuo zumbido metálico
de chicharras,
luego un chirriar mas bajo
de grillos: 5 toques
de un silbato.
El crujido de una puerta
abriéndose en el bosque,
una clase de canto raro de pájaro
o croar de reptil.
Mi sombrero tejido de sisal
sobre el piso de piedra
como una hoja sobre las aguas,
tan de efímero;
mi vela se agita continuamente
y pronto se apagará.
Uxmal pálida,
ahistórica, como un sueño,
Tuluum reluciente en la costa en ruinas;
Chichén Itzá desnuda
construida sobre una planicie;
Palenque, capillas rotas en la bóveda
verde de un monte;
Kabah solitaria sobre la ruta;
Piedras Negras enterrada de nuevo
por arqueólogos oscuros;
Yaxchilan
resucitada en la espesura,
y todo el limbo de Xbalba aún desconocido—
pisos bajo techados de rama,
de cimiento a ornamento
derrumbados para las flores,
pirámides y escalinatas
brocado de liana,
ménsula de piedra caliza
abatidos en un río de árboles,
pilares y corredores
hundidos bajo el diluvio de los años:
Lento muro del tiempo impuesto
sobre el firmamento de la mente,
como si una radiante catarata de hojas y lluvia
fuera erigida sólida desde el cielo sin fin por la cual
ningún pensamiento logre pasar.
Un gran gallo gordo rojo
encaramado arriba de un tronco
en la tarde verde,
¡el ego de esos mismos campos
grita en la luz sagrada del sol!
—No puedo pensar con esa supersónica
intensidad de gallo
crucificando mi cráneo
con su sueño imaginario.
—estaba recordando
con ojos cerrados
hacia donde se arrastraron
como hormigas sobre viejos oscuros
templos construyendo sus diminutas
ruinas y desapareciendo en la maleza
dejando tantos misterios
de mortal designio
para ser adivinados.
Solo yo conozco la gran puerta de cristal
de la Casa de la Noche,
una leyenda de siglos
—Yo y unos pocos indios.
Y si tuviera ínulas y dinero podría
encontrar la Cueva de Ámbar
y la Cueva de Oro
rumoreada de los acantilados de Túmbala.
Encontré el rostro de uno de
los Nueve Guardianes de la Noche
oculto en una choza de caoba
en la Zona de las Almas Perdidas
—la primer reliquia de ese tipo para aquel lugar.
Y también encontré una hoja verde
en forma de corazón humano;
pero a quién podría enviarle
este anacrónico san Valentín?
Y aún así estas ruinas me despertaron
tanto la nostalgia
por las clásicas estaciones
de la tierra,
el antiguo continente
que no he visto
y los pocos años
de memoria que queda
antes de la noche final
de la guerra.
Y como si estas ruinas fueran poco,
como si el hombre no pudiera ir más
allá antes del cielo
hasta agotar
el ciclo físico
de su propia mortalidad
en las ciudades oscuras
ocultas en el inundo que envejece
...las realmente escasas
extáticas almas conscientes
seguras de ser halladas,
familiares...
regresando luego de años
a mi propia entorno
transfigurado:
para urgir el cambio
para apurar los años
en acercarme a mi destino.
Así sueño cada noche con una embarcación,
capitanes, capitanes,
pasillos de hierro, luces de cabina,
Brooklyn cruzando las aguas,
el gran barco gris, visitantes, despedidas,
el borroso y vasto mar—
un viaje una vida perdida o ganada:
como Europa es de mi propia imaginación
—muchos habrán de verla,
muchos otros no—
aunque es solo el viejo mundo familiar
y no un abstracto sueño místico.
Y en un momento de sueño premonitorio
veo ese continente en lluvia,
calles negras, noche vieja, un
monumento que se esfuma...
Y un largo viaje aun no realizado,
sobre mares antiguos
arrollando desnudas dunas grises bajo
el baldío de la luz del mundo
en dirección de puertos de pueril geografía
en los que el barco oxidado
hará puerto...
Qué noches no habré de ver sin un centavo
entre los misterios Árabes de pueblos
sucios alrededor de
las alcazabas de los muelles?
Sendas de arcilla, muros de barro,
el olor de cigarrillos verdes,
creolina y agua salada estancada—
mas arriba altas y oscuras estructuras,
formas de maquinarias y fachada
de casco: y una lámpara colgando
encendida en una choza de madera
frente a sombría
pila de sulfuro sobre el embarcadero.
Hacia qué ciudad
habré de viajar? Qué casas salvajes
iré de ocupar?
qué cuartos vagabundos y calles
y luces en la larga noche
impulsan mis expectativas? Qué geniales
sensaciones en viejas
salas? qué jazz mas allá del jazz
en futuros salones azules?
qué amor en los cafés de Dios?
Pensé, hace unos cinco años
sentado en mi departamento,
mis ojos abiertos por una hora
viendo en espantoso éxtasis
los edificios inmóviles
de Nueva York pudriéndose
bajo las mareas del Cielo.
Hay un dios
muriéndose en América
que ya ha sido creado
en la imaginación de los hombres
hecho palpable
para adoración:
hay una previa
imagen interior
de la divinidad
apuntándome hacia
el peregrinaje.
Oh futuro, Dios inimaginable.
[Finca Tacalapan de San Leandro,
Palenque, Chiapas,Mexico 1954-
San Francisco 1955]
(Del libro homónimo,
Ed.Argonauta,2019)
Allen Ginsberg
(Traducción de Leandro Katz)
Siesta in Xbalba
and Return to the States
Dedicated to Karena Shields
I.
Late sun opening the book,
blank page like light,
invisible words unscrawled,
impossible syntax
of apocalypse
Uxmal: Noble Iluins No construction —
let the mind fall down.
One could pass valuable months
and years perhaps a lifetime
doing nothing but lying in a hammock
reading prose with the white doves
copulating underneath
and monkeys barking in the interior
of the mountain
and I have succumbed to this
temptation —
(...)
my soul might shatter
at one primal moment’s
sensation of the vast
movement of divinity.
As I leaned against a tree
inside a forest
expiring of self-begotten love,
I looked up at the stars absently,
as if looking for
something else in the blue night
through the boughs,
and for a moment saw myself
leaning against a tree...
...back there the noise of a great party
in the apartments of New York,
half-created paintings on the walls, fame,
cocksucking and tears,
money and arguments of great affairs,
the culture of my generation...
my ow n crude night imaginings,
my ow n crude soul notes taken down
in moments of isolation, dreams,
piercings, sequences of nocturnal thought
and primitive illuminations
— uncanny feeling the white cat
sleeping on the table
will open its eyes in a moment
and be looking at me —.
One might sit in this Chiapas
recording the apparitions in the field
visible from a hammock
looking out across the shadow of the pasture
in all the semblance of Eternity
...a dwarfed thatch roof
down in the grass in a hollow slope
under the tall crowd of vegetation
waiting at the wild edge :
the long shade of the mountain beyond
in the near distance,
its individual hairline of trees
traced tine and dark along the ridge
against the transparent sky light,
ritts and holes in the blue air
and amber brightenings of clouds
disappearing down the other side
into the South...
(...)
A creak in the rooms scared me.
Some sort of bird, vampire or swallow,
flees with little paper wingflap
around the summit in its own air unconcerned
with the great stone tree I perch on.
Continual metallic
whirr of chicharras,
then lesser chirps
of cricket: 5 blasts
of the leg whistle.
The creak of an opening
door in the forest,
some sort of weird birdsong
or reptile croak.
My hat woven of hennequin
on the stone floor
as a leaf on the waters,
as perishable;
my candle wavers continuously
and will go out.
Pale Uxmal,
unhistoric, like a dream,
Tuluum shimmering on the coast in ruins;
Chichén Itzá naked
constructed on a plain;
Palenque, broken chapels in the green
basement of a mount;
lone Kabah by the highway;
Piedras Negras buried again
by dark archaeologists;
Yaxchilan
resurrected in the wild,
and all the limbo of Xbalba still unknown —
floors under roofcomb of branch,
foundation to ornament
tumbled to the flowers,
pyramids and stairways
raced with vine,
limestone corbels
down in the river of trees,
pillars and corridors
sunken under the flood of years :
Time's slow wall overtopping
all that firmament of mind,
as if a shining waterfall ofleaves and rain
were built down solid from the endless sky
through which no thought can pass.
A great red fat rooster
mounted on a tree stump
in the green afternoon,
the ego of the very fields,
screams in the holy sunlight!
— I can’t think with that
supersonic cock intensity
crucifying my skull
in its imaginary sleep.
— was looking back
with eyes shut to
where they crawled
like ants on brown old temples
building their minute ruins
and disappearing into the wild
leaving many mysteries
of deathly volition
to be divined.
I alone know the great crystal door
to the House of Night,
a legend of centuries
—I and a few indians.
And had I mules and money I could find
the Cave of Amber
and the Cave of Gold
rumored of the cliffs of Tumbala.
I found the face of one
of the Nine Guardians of the Night
hidden in a mahogany hut
in the Area of Lost Souls
-the first relic of kind for that place.
And I found as well a green leaf
shaped like a human heart;
but to whom shall I send this
anachronistic valentine?
Yet these ruins so much
woke me to nostalgia
for the classic stations
of the earth,
the ancient continent
I have not seen
and the last few years
of memory left
before the ultimate night
of war.
As if these ruins were not enough,
as if man could go
no further before heaven
till he exhausted
the physical round
of his own mortality
in the obscure cities
hidden in the ageing world
...the few actual
ecstatic conscious souls
certain to be found,
familiars...
returning after years
to my ow n scene
transfigured:
to hurry change
to hurry the years
bring me to my fate.
So I dream nightly of an embarcation,
captains, captains,
iron passageways, cabin lights,
Brooklyn across the waters,
the great dull boat, visitors, farewells,
the blurred vast sea —
one trip a lifetime’s loss or gain :
as Europe is my owrn imagination
— many shall see her,
many shall not —
though it’s only the old familiar world
and not some abstract mystical dream.
And in a moment of previsioning sleep
I see that continent in rain,
black streets, old night, a
fading monument...
And a long journey unaccomplished
yet, on antique seas
rolling in gray barren dunes under
the world’s waste of light
toward ports of childish geography
the rusty ship will
harbor in...
What nights might I not see
penniless among the Arab
mysteries of dirty towns around
the casbahs of the docks?
Clay paths, mud walls,
the smell of green cigarettes,
creosote and rank salt water —
dark structures overhead,
shapes of machinery and facade
of hull: and a bar lamp
burning in the wooden shack
across from the dim
mountain of sulphur on the pier.
Toward what city
will I travel? What wild houses
do I go to occupy?
What vagrant rooms and streets
and lights in the long night
urge my expectation ? What genius
of sensation in ancient
halls? what jazz beyond jazz
in future blue saloons?
what love in the cafes of God?
I thought, five years ago
sitting in my apartment,
my eyes were opened for an hour
seeing in dreadful ecstasy
the motionless buildings
of New York rotting
under the tides of Heaven.
There is a god
dying in America
already created
in the imagination of men
made palpable
for adoration :
there is an inner
anterior image
of divinity
beckoning me out
to pilgrimage.
O future, unimaginable God.
[Finca Tacalapan de Han Leandro,
Palenque, Chiapas,Mexico 1954
-San Francisco 1955]
Allen Ginsberg (Newark, EE UU, 1926-Nueva York, 1997) Poeta estadounidense. Era hijo de un profesor de inglés y de una maestra de escuela rusa, que permaneció internada durante años en un frenopático. Pasó por la Columbia University, de la que fue expulsado junto con otros compañeros como Jack Kerouac o William Burroughs. Los tres constituyeron el núcleo fundamental del llamado movimiento beat (beat generation), que rompió con la estética académica y llevó a cabo una auténtica revolución cultural claramente marcada por su denuncia del sistema de vida estadounidense. "En Siesta en Xbalba (1954), un poema tan importante como Aullido o Kaddish, Allen Ginsberg escribe sobre la gran ruina maya de Uxmal: “Imposible sintaxis del apocalipsis”; en 1954, cuando McArty intentaba silenciar a la joven generación y a las generaciones venideras. El poeta nos lleva en un viaje al esplendor del pasado mientras imagina un presente y un futuro en los que lo más íntimo del ser se entreteje a través da la gran colectividad espiritual" (Margaret Randall). El poeta encuentra en las ruinas de la civilización maya un refugio sagrado frente a la destrucción interna que percibe en su propio país.
La publicación del poema Aullido (Howl, 1956), de Ginsberg, fue el detonante que consolidó la poesía beat y le dio forma concreta, basada en un ritmo muy acentuado, con influencias del jazz, que, en una asimilación ya total de las técnicas vanguardistas y un retorno a cierta concepción romántica, refleja un universo personal hecho de imágenes que muchas veces convierten el poema en una especie de canto salmódico de gran fuerza expresiva. Verdadero alegato beat, Aullido es un canto a la locura y a su lucidez, y una protesta contra la sociedad mecanizada y materialista. Otra gran creación de Ginsberg es el largo poema dedicado a su madre, Kaddish (1961), una confesión personal, casi catártica. Acompañando estos dos poemas, publicó algunas canciones, de metro más corto y expresión más simple, con títulos tan populares como El peso del mundo es amor. A partir de 1960, abandonó Estados Unidos y se dedicó a viajar por todo el mundo para recitar sus poemas, como un auténtico aedo, con barba de profeta, y trabajando en lo que se terciara; su presencia estuvo a menudo ligada al escándalo (en 1966, por ejemplo, fue expulsado de Polonia al publicarse su diario secreto). En 1963 apareció su tercer libro de poemas, Sándwiches de realidad, al que siguieron nuevos títulos, como Planet news (1968) y La caída de América (1972); en 1984 se publicó el volumen Collected Poems, 1947-1980, recopilación de su obra.
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