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jueves, 16 de noviembre de 2023

ARTE POÉTICA

 


No quiero morir, no quiero
podrirme en el poema

que el cadáver de mis tardes
no venga a apestar en tu mañana feliz


           y la luz
que en tu boca encienda quizá por las palabras
-aun cuando nazca de la muerte-
           se sume a
           los otros fuegos del día
a los barullos de la casa y la avenida
           en el presente veloz


Nada que se parezca
al pájaro disecado momia
de flor
dentro del libro
          y lo que de la noche vuelva
se vuelva en llamas
          o en llaga
          vertiginosamente como el jazmín
que un solo centello
iluimina la ciudad entera.



SUBVERSIVA

La poesía
cuando llega
                    no respeta nada.
Ni padre ni madre. 
                    Cuando llega
de cualquiera de sus abismos
desconoce al Estado y a la Sociedad Civil
infirnge el Código de Aguas
                              relincha
como puta
                nueva
                        enfrente del Palacio de la Alvorada (*)

Y solo luego 
reconsidera: besa
                  los ojos de quienes ganan mal
                      mece en el regazo
                  a quienes tienen sede de felicidad
                y de justicia


Y promete incendiar el país.

(*) Palacio de Gobierno en Brasilia) 

(De: "Antología"

Ferreira Gullar , São Luís, Maranhão, Brasil. 1930;Id.-Río de Janeiro,2016)

(Traducción: Harold Alvarado Tenorio)

Pueden LEER la biografía en entrada anterior del autor (N.del A.)



martes, 7 de marzo de 2023

"EL ARTE TRANSFORMA EL DOLOR EN ALEGRÍA"


Fotografía del autor: Eduardo Tropia.

Tras más de treinta años de ausencia, el gran poeta brasileño regresó a Buenos Aires, donde vivió sus años de exilio y escribió uno de sus poemas más celebrados. En esta entrevista recuerda aquella época, habla de su infancia y, aunque se declara optimista, señala la intolerancia que hay en el mundo.

POR HÉCTOR M. GUYOT
De la Redacción de La Nación-ADN, 2008

Era un cónclave de brasileños en Buenos Aires. Corría el año 1975, y muchos presentes se habían exiliado de su país, gobernado por los militares de la Alianza Renovadora Nacional. Entre ellos, el dueño de casa, Augusto Boal, dramaturgo y director que impulsaba por entonces el Teatro del Oprimido, y un poeta de 45 años a quien Vinicius de Moraes conminó a recitar, para las diez personas allí reunidas, un largo y afiebrado poema recién escrito que aún nadie conocía. Esa lectura conmovió tanto a Vinicius que insistió en hacer una grabación, y así se llevó el poema y la voz del poeta a Río de Janeiro. Allí corrieron las copias clandestinas que se compartieron en reuniones similares, hasta que un valiente decidió editar el poema y un año después, gracias a su repercusión en la opinión pública, el poeta decidió volver a Brasil, donde fue detenido y sometido a un interrogatorio de tres días. Movilización de intelectuales y amigos mediante, finalmente recuperó la libertad.

El poeta es Ferreira Gullar, nacido como José Ribamar Ferreira en Sâo Luís, capital de Maranhão, en 1930. La llave que lo devolvió a su tierra, Poema sucio (el intento de rescatar su infancia y de dar testimonio de su paso por el mundo resultó la obra más celebrada de quien es hoy el mayor poeta vivo de Brasil, y sin duda uno de sus escritores más respetados y queridos.

“Llegué a Buenos Aires desde Chile, después de la muerte de Allende, justo el día en que Perón murió y asumía Isabel en el gobierno. Había un clima muy raro. Yo estaba en la clandestinidad y no podía irme a Uruguay, Paraguay o Bolivia, porque eran todas dictaduras. Se sabía que la policía secreta brasileña actuaba también aquí y empecé a escribir Poema sucio convencido de que era la última cosa que hacía en la vida. Quise poner allí todo lo que tenía para decir”, cuenta a adn cuLTURA Ferreira Gullar, un hombre flaco y largo de lacia melena blanca que a los 78 años ríe como un niño y que pasó de visita por Buenos Aires para presentar la primera edición argentina de este poema-río escrito entre mayo y octubre de 1975, en un departamento de la avenida Honorio Pueyrredón.

Publicado por Corregidor en edición bilingüe al cuidado de Paloma Vidal y Mario Cámara, con textos críticos de Davi Arrigucci Jr. y Vinicius de Moraes, Poema sucio fue traducido por Alfredo Fressia, que volcó en un lenguaje rioplatense el portugués nordestino de
Gullar, en el que laten el sol, los ríos y la vida de São Luís de Maranhão. También la traducción es el final de una larga historia: incansable, Vinicius, después de llevar el poema a Brasil, volvió a Buenos Aires para hacer una traducción a muchas manos de la que, además de él mismo y otros amigos, participaron Eduardo Galeano y Santiago Kovadloff. Aquella versión iba a ser publicada por Ediciones De la Flor, pero la iniciativa naufragó cuando el editor Daniel Divinsky partió hacia el exilio.

Gullar está encantado con el libro, que incluye además los poemas de En el vértigo del día, otro libro suyo, en versión de Vidal y Cámara. Pero más lo entusiasma, parece, el hecho de poder caminar de nuevo por las calles de esta ciudad a la que nunca regresó desde 1977, y volver a encontrarse con amigos a los que lleva décadas sin ver. Entre ellos, el pintor Luis Felipe Noé y su mujer, a quienes solía frecuentar en esos días en los que sobrevivía, lejos de su familia, gracias a las clases de portugués que daba, y en los que se vio envuelto en un éxtasis creativo que nunca más lo visitó con la misma intensidad. “No tenía mucho que bacer, salvo cocinarme, y en los meses en que escribí Poema sucio pasaba las horas en un estado de levitación, en un viaje, como bajo los efectos de una droga. Escribía casi sin pensar. Jamás volví a sentir ese estado de inspiración tan profunda. Cuando me preguntan si soy el poeta Ferreira Gullar, respondo que sólo a veces. El estado poético surge inesperadamente y no dura todo el tiempo.”


¿Por qué ese nombre para el poema?

-Sentí que ése debía ser el nombre. Sólo mucho después descubrí que lo había elegido porque quería hacer un poema que no tuviera ningún compromiso con estilos o normas que yo había adoptado antes. Era estilísticamente sucio. Por otro lado, quería hablar de todo, sin restricciones, desde mi experiencia sexual hasta la miseria y el sufrimiento del pueblo brasileño. Como si hubiera sido el rey Midas, confiaba en que todo lo que tocara se convertiría en oro.

-¿Cómo era su vida en Buenos Aires en aquellos años?

-Empecé a crear hábitos. Veía a amigos, argentinos y brasileños. Caminaba por Corrientes y frecuentaba sus librerías y sus bares. Recuerdo una vez, era domingo de Carnaval, y yo, que en Río solía visitar las escolas do samba, caminaba por la calle Florida con una tristeza sin fin. Me senté en un bar, al sol. Era difícil saber que en tu ciudad todo el mundo estaba de fiesta mientras aquí se vivía la tristeza de un domingo cualquiera. Pero durante la escritura de Poema sucio estuve concentrado en una tarea que me daba alegría. Cuando el poeta escribe sobre las cosas más dolorosas, transforma el sufrimiento en alegría. El arte tiene esa magia.

-El poema mismo vacila entre el dolor y la alegría. Pero prevalece la afirmación de la vida. Lo mismo se manifiesta en la cultura y en la música de su país.

-Es verdad. En las escolas do samba, por ejemplo, la mayoría no tiene dinero o vive con dificultad, pero a la hora de celebrar ponen todo lo que tienen y hacen la fiesta. Esa idea de que el pueblo es triste es falsa. Que la injusticia no debe ser tolerada, sí, pero la idea de que las personas pobres están desesperadas y tristes porque son pobres es una ilusión. Ellos quieren vivir y viven como pueden. Ésa es una lección de vida y de confianza en la vida. Es curioso: el diario O Globo publicó la semana pasada una foto mía de 1975, tomada
por un amigo que vino a visitarme a Buenos Aires yo me estoy riendo. Mi cara expresa alegría. Yo mismo me sorprendí de verme así.

-Poema sucio es un rescate salvaje de la infancia. ¿Siempre la llevamos encima?

-Allí comienza todo. Yo soy hijo de São Luís, una ciudad azul, de luz densa, que extrañé cuando llegué a Río. Era una ciudad chica, donde en la avenida se oía el ruido del viento entre los árboles. Ese ruido, esa música, aquella luz, los bajos adonde iba a pescar cangrejos, constituyen la materia de lo que soy. Vengo de una familia pobre y vivía mucho en la calle, vagabundeaba mucho. Mi padre tenía un pequeño almacén donde vendía fruta, arroz y cereales. Aún llevo conmigo todas esas imágenes. Las personas que matan al niño que llevan dentro quedan empobrecidas, porque es el niño el que sueña, el que no tiene límites en su afecto, ni juicios o preconceptos.

Interrumpimos la charla en el hotel Wilton y junto con la hija del poeta, Luciana, nos subimos a un taxi rumbo a San Telmo. Gullar va a reencontrarse con Luis Felipe Noé. En el camino hablamos de Caetano Veloso y de Maria Bethânia, que hasta hace poco abría uno de sus últimos shows, Brasileirinho, con la imagen filmada de Ferreira Gullar leyendo “O Descobrimento”, un poema de Mário de Andrade. Todos coincidimos en que Bethânia ha alcanzado una madurez artística extraordinaria. Y Gullar recuerda que él y su mujer, la actriz Thereza Aragão, integraban el grupo de artistas e intelectuales que dirigía el Teatro Opinião cuando, en febrero de 1965, una Maria Bethânia de 18 años reemplazó a Nara Leão y le dio un comienzo mítico a su carrera. “Cuando Thereza la vió, pensó que no podría reemplazar a Nara -cuenta Gullar-. Pero cambió de opinión apenas la escuchó cantar.” Maria Bethânia ha dicho que Thereza y Gullar (uno de los autores de aquel espectáculo) están entre las personas “más lindas” que ha conocido en su vida.

En la casa de Noé, Gullar se abraza con el pintor y su mujer. Sentados a la mesa, tras un brindis, rodeados de las obras del artista que cubren las paredes, empiezan a aflorar los recuerdos. Las cámaras de Televisión América Latina (TAL), productora de contenidos para la región que está filmando un documental sobre el poeta, capturan fragmentos de la conversación. Los Noé evocan el día que invitaron a Gullar a una casa que habían alquilado en una isla del Delta. El poeta llegó antes que ellos, que venían retrasados. Desde la lancha colectiva lo vieron sentado en el muelle, las piernas largas colgando sobre el río y la mirada absorta en las aguas. ¿Estaría buscando allí el río Anil, de São Luís? ¿Estaría viajando por su poema?

Gullar, que ha sido comunista con viaje a la Unión Soviética incluido, aún cree en alguna forma de utopía. “Yo soy un optimista profesional -dice-, aunque la situación del mundo es preocupante. Con el fin del socialismo, se pensó que llegaría un tiempo más pacífico, sin amenaza de guerra nuclear, pero es sorprendente la división que hay en el mundo. El fanatismo, el terrorismo, hombres-bomba que se matan para matar a otros... ¿Qué se puede hacer contra una persona que no da importancia a su propia vida? Otro asunto grave es la droga, que se infiltra en la juventud y es un negocio muy complicado. Pero hay cosas positivas, como la ciencia y la tecnología. Voy a decir una locura: tal vez la tecnología resuelva los problemas del mundo.”

-¿De qué manera?

-El capitalismo, que nació del proceso histórico y es salvaje e injusto como la naturaleza, pero también creativo como la naturaleza, resulta prácticamente invencible. Lo que se puede hacer es modificarlo para que sea menos injusto. La tecnología nos llevará a un punto en que las máquinas producirán solas a escala gigantesca. Las personas quedarán desempleadas. No hay trabajo, no hay salario, no hay dinero, no hay quien compre. Van a tener que entregar la producción -se ríe por la ocurrencia-. Pero no sé, yo acostumbro a decir que la sociedad es cuántica y no newtoniana.

-¿En qué sentido?

-La física cuántica se rige por el principio de la incertidumbre, ésa es su ley básica: la partícula puede estar aquí o allá, o puede estar y no estar al mismo tiempo. En la física en cambio, las cosas
ocupan un lugar determinado. Yo creo que la sociedad tiene una complejidad que excede a la razón. En todo caso, el hombre tiene que luchar contra el azar. Es Dios o el azar. Y el azar es una bala perdida que te puede llegar en cuaquier momento.

-¿Usted en qué cree?

-Creo que este mundo no tiene explicación. Yo por lo menos no puedo explicármelo -dice y levanta los hombros-. Seguramente Dios no existe. El hombre inventó a Dios para que Dios lo crease.
Gullar ríe otra vez: un chico que ha cometido una nueva travesura.


Ferreira Gullar (São Luís, Maranhão; 1930-Río de Janeiro, 2016)


sábado, 24 de julio de 2021

POR LA CALLE y otros poemas


 










Ovni
 
Soy una cosa entre las cosas
El espejo me refleja
Yo (mis
ojos)
reflejo el espejo
 
Si me aparto un paso
el espejo me olvida:
-refleja la pared
la ventana abierta
 
Yo guardo el espejo
el espejo no me guarda
(yo guardo el espejo
la ventana la pared
rosa
yo me guardo a mí mismo
reflejado en él):
soy posiblemente
una cosa donde el tiempo
tuvo un error.
 


Una sonrisa
 
Cuando
con mis manos de llama
te enciendo y en rosa
                                  abajo
                                  te deshojas
 
cuando
                 con mi ardente antorcha y ciego
penetro la noche de tu flor que exhala
orina
y miel
              ¿qué busco yo con toda esa furia
asesina de macho?
                                              ¿qué busco yo
                                                en fuego
                                                aquí abajo
                                                sino coger con la repentina
                                                mano del delirio
                                                otra flor: la de la sonrisa
                                                que en lo alto tu rostro ilumina?


 
El azúcar
 
El blanco azúcar que endulzará mi café
en esta mañana de Ipanema
no lo produje yo
ni surgió por milagro en la azucarera.
 
Lo veo puro
y afable al paladar
como beso de muchacha, agua
en la piel, flor
que se disuelve en la boca. Pero no fui yo
quien fabricó este azúcar.
 
Este azúcar viene
del almacén de la esquina pero tampoco lo hizo Oliveira,
dueño del almacén.
 
Este azúcar viene
de una fábrica de azúcar de Pernambuco
o del Estado de Río
y tampoco lo hizo el dueño de la fábrica.
 
Este azúcar era caña y viene de dos cañaverales extensos
que no nacen por casualidad
en la falda del valle.
 
En lugares distantes y donde no hay hospital
ni escuela,
hombres que no saben leer y mueren de hambre
a los 27 años,
plantaron y recogieron la caña
que se transformaría en azúcar.
 
En fábricas oscuras,
hombres de vida amarga
y dura
produjeron este azúcar
blanco y puro
con que endulzo mi café esta mañana en Ipanema.


 
Anticonsumo
 
Qué lejos está el dia, Maninho, en que podíamos ser simples.
 
Entre pastos pobres, hojas mojadas de tártago podíamos ser
simplemente
nuestras manos, nuestros pies, nuestros cabellos y lo que
adentro quemaba
en lo oscuro.
 
Qué lejos está el tiempo como las aguas golpeando en el
murallón
                           alegremente
como los peces
viviendo en su músculo
el misterio del mundo.


 
En el cuerpo
 
De qué vale intentar reconstruir con palabras
lo que el verano se llevó
entre nubes y risas
junto con el periódico viejo por los aires?
 
El sueño en la boca, el incendio en la cama,
el Ilamado en la noche
ahora son apenas esta
contracción (este resplandor)
del maxilar dentro del rostro.
 
La poesía es el presente.
 

Por la calle
 
Sin ninguna esperanza
me detengo frente a una vidriera de carteras
en la Avenida Nossa Senhora de Copacabana,
                                                                    [domingo,
mientras el crepúsculo se desata sobre el barrio.
 
Sin ninguna esperanza
te espero.
En la multitud que va y viene
entra y sale de los bares y los cines
surge tu rostro y desaparece
en un destello
y el corazón dispara.
 
Te veo en el restaurante,
en la fila del cine; de azul
diriges un automóvil; a pie
cruzas la calle
espejismo
que finalmente se desintegra con la tarde sobre los
                                                                           [edificios
y se desvanece en las nubes.
 
La ciudad es grande
tiene cuatro millones de habitantes y tú eres una
                                                                             [sola.
 
En algún lugar estás a esta hora, inmóvil o
                                                               [caminando
tal vez en otra cuadra tal vez en una playa
tal vez converses en un bar distante
o en el balcón de ese edificio de enfrente
tal vez estés viniendo a mi encuentro, sin que lo
                                                                             [sepas,
 
mezclada a las personas que veo a lo largo de la
                                                                            [avenida.
 
Pero ¡qué esperanza! Tengo
una chance en cuatro millones.
Ah, si al menos fueses mil
diseminada por la ciudad.
 
La noche se alza comercial
en las constelaciones de la avenida
Sin ninguna esperanza
prosigo
y mi corazón va repitiendo tu nombre
ahogado por el estruendo de los motores
nevado por el humo de la nafta quemada.
 
(Sin mención del traductor)
 
Ferreira Gullar
 

Ferreira Gullar fue poeta, periodista, crítico de arte y precursor del movimiento neoconcreto en Brasil. A través de una literatura experimental, radical y comprometida, Gullar es considerado uno de los escritores brasileños más relevantes del siglo XX. Formó parte de la Academia Brasileña de Letras (GLA) desde 2014 . José de Ribamar Ferreira nació en 1930 en la ciudad de São Luís, Maranhão. Allí vivió parte de su infancia y adolescencia. Cuando era joven, reveló su interés en la literatura y decidió convertirse en poeta. Decidió adoptar el nombre que creó: Ferreira Gullar. Su nombre artístico representa la unión de los apellidos de sus padres, y también, el cambio de la ortografía de Goulart, perteneciente a su madre. En palabras del poeta:Cómo se inventa la vida, inventé mi nombre". Con solo 19 años, en 1949, publicó su primer trabajo titulado: "Justo por encima del suelo" En Maranhão fue colaborador y fundador de la revista "Ilha". A principios de la década de 1950, Gullar se mudó a Río de Janeiro y se involucró con el movimiento de vanguardia del concretismo. La poesía concreta enfatizaba el sonido y los efectos visuales. En la maravillosa ciudad trabajó en las revistas "O Cruzeiro" y "A Manchete", y también en los periódicos: "Jornal do Brasil" y "Diário Carioca". A finales de los años cincuenta, Gullar abandona el concretismo  y funda un nuevo movimiento: el neoconcretismo. Junto a Lygia Clark y Hélio Oiticica, el neoconcretismo surge en Río de Janeiro, en oposición a los ideales de la corriente concreta paulista. Fue él quien escribió el Manifiesto neoconcreto" El texto fue leído en la la "Exposición de Arte Neoconcreto" en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro en 1959. Además del Manifiesto del neoconcreto, en este momento Gullar escribió uno de sus ensayos teóricos más importantes: Teoría de no objetos". Se unió al partido comunista y tuvo que exiliarse en otros países durante la dictadura. Cuando ocurrió el golpe militar de 1964; Ferreira era parte del Centro Popular para la Cultura (CPC) de la UNE (Unión Nacional de Estudiantes), fundada en 1961. Vivió en Moscú, Santiago de Chile, Lima y Buenos Aires de 1971 a 1977. Durante su exilio en la capital argentina, escribió una de sus obras más emblemáticas, “Poema sucio".  Cuando regresó a Brasil, Ferreira fue arrestado y torturado por el DOPS (Departamento de Orden Político y Social). Después de su liberación, continuó trabajando en periódicos en Río de Janeiro. También colaboró ​​como escritor de televisión y dramaturgo (Teatro Opinion). En 2002 fue nominado para el "Premio Nobel de Literatura". En dos ocasiones recibió el "Premio Jabuti" (2007 y 2011), el premio literario más importante de Brasil. En 2010, Gullar recibió el "Premio Camões", el más importante en la literatura en lengua portuguesa. En 2014 fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras (GLA). Gullar poseía una vasta obra literaria. Escribió poemas, cuentos, crónicas, ensayos, memorias, biografías, dramaturgia, críticas e incluso realizó traducciones. Sus principales obras son: Justo encima del suelo (1949) -La lucha del cuerpo (1954) -Poemas (1958) -Teoría de no objetos (1959) -Buena muerte John, cabra marcada para morir (1962) -Cultura en cuestión (1964) -En la noche rápida (1975) -Poema sucio (1976)- Una luz en el suelo (1978) -En el vértigo del día (1980) -Sobre el arte (1984) -Pasos del arte contemporáneo (1985) -Ruidos (1987) -Consultas de hoy (1989) -Argumento contra la muerte del arte (1993) -Muchas voces (1999) -Un gato llamado gatito (2005) -Gruñidos (2007) -En ninguna parte (2010) -Autobiografía poética y otros textos (2016). Gullar murió en 2016 en Río de Janeiro a la edad de 86 años, víctima de una neumonía.
 
BIOGRAFÍA tomada de la página “Núcleo visual”.  


domingo, 23 de septiembre de 2012

Traducirse




























Una parte de mí 
es puro mundo: 
otra parte es nadie: 
fondo sin fondo. 

Una parte de mí
es multitud:
otra parte extrañeza 
y soledad. 

Una parte de mí 
pesa, pondera: 
otra parte 
delira. 

Una parte de mí 
almuerza y cena:
otra parte 
se aterra. 

Una parte de mí 
es permanente: 
otra parte 
se sabe de repente. 

Una parte de mí 
es sólo vértigo: 
otra parte, es lengua. 

Traducir una parte 
a otra parte. 
-que es una cuestión 
de vida o muerte- 
¿será arte?


Ferreira Gullar






José de Ribamar Ferreira (São Luís do Maranhão, 1930). Poeta brasileño, más conocido como Ferreira Gullar, nace en el seno de una familia humilde y en 1951 se traslada a Río de Janeiro, donde comienza a escribir una poesía que condensa diferentes estilos y épocas, hasta convertirse en uno de los poetas más grandes de Brasil. Ferreira Gullar es además crítico de arte, biógrafo, memorialista y ensayista. En su trayectoria destacan ante todo dos libros: A luta corporal (1954), que representa la explosión de un vigoroso talento poético que sigue la vanguardia más lúdica, y Poema Sujo (1976), un largo poema dramático donde la conciencia de la realidad supera las apariencias estéticas de la primera época. Ferreira Gullar lo escribió en el exilio, en octubre de 1975, en Buenos Aires, donde el poeta habita parte de su destierro político iniciado en 1971 —que lo llevaría primero a Moscú, luego a Santiago de Chile, Lima y finalmente a la Argentina, donde vive hasta 1977, año en el que le es permitido regresar a Río de Janeiro, su ciudad de adopción. Posteriormente, recopila en Murmullos (Barulhos, 1987) poemas escritos en la década de los ochenta que hablan sobre la creación del poema o la evolución del pensamiento en medio del camino recorrido cuando se recuerda la ausencia de los amigos y, de fondo, se escucha la música de la calle. Su último libro de poemas se llama Muitas voizes (1999).







domingo, 3 de mayo de 2009

MUCHAS VOCES






Mi poema
es un tumulto:
el habla
que en él habla
otras voces
arrastra en alarido.

(estamos todos
llenos de voces
que la mayoría de las veces
mal caben en nuestra voz:
si dices pera,
se enciende un claro
un rastrillo
de tardes y azúcares
o
si azul dijeras,
puede ser que se agite
el Egeo en tus glándulas)

El agua que oíste
en un soneto de Rilke
los ínfimos
rumores en el pasto
el sabor
de la menta
(esa alegría)

la boca fría
de la muchacha
el mosquito
el charco
la hemorragia
de la mañana

todo eso en ti
se deposita
y calla
Hasta que de repente
un susto
o un viento fuerte
(que el poema dispara)
llama
esos fósiles al habla.

Mi poema
es un tumulto, un alarido:
basta afinar el oído.



Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930) 


(Traducción de Diana Bellesi)

MUITAS VOZES


Meu poema
é um tumulto:
a fala
que nele fala
outras vozes
arrasta em alarido.

(estamos todos nós
cheios de vozes
que o mais das vezes
mal cabem em nossa voz:
se dizes pera,
acende-se um clarâo
um rastilho
de cardes e açúcares
ou
se azul disseres,
pode ser que se agite
o Egeu
em tuas glândulas)

A água que ouviste
num soneto de Rilke
os ínfimos
rumores no capim
o sabor
do hortelâ
(essa alegria)

a boca fria
da moça
o maruim
na poça
a hemorragia
da manhâ

tudo isso em ti
se deposita e cala.
Até que de repente
um susto
ou uma ventania
(que o poema dispara)
chama
esses fósseis à fala.

Meu poema
é um tumulto, um alarido:
basta apurar o ouvido.



PINTURA



Yo sé que si tocara

con una mano aquel rincón del cuadro
donde un amarillo arde
me quemaría en él
o habría manchado para siempre de delirio
la punta de los dedos.



Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930) 
(Traducción de Diana Bellesi)

PINTURA

Eu sei que se tocasse
com a mâo aquele canto do quadro
onde um amarelo arde
me queimaria nele
ou teria manchado para sempre de delírio
a ponta dos dedos.



miércoles, 25 de marzo de 2009

LA VIDA LATE



No se trata del poema y sí del hombre y su vida

—la mentida, la herida, la consentida
vida, de pronto ganada, de pronto perdida y
otra vez ganada.
No se trata del poema y sí del hambre de vida,
el ávido pulsar entre constelaciones
y paquetes y náuseas.
Algunos viajan, se van a New York, a Santiago
de Chile. Otros se quedan
hasta en la Rua da Alfândega, detrás
de mostradores y ventanillas
Todos te buscan, faro
de vida, oscuro y claro,
que eres más que el agua en el pasto
que el baño de mar, que el beso
en la boca, más
que la pasión en la cama.
Todos te buscan y sólo algunos te encuentran.
Algunos
te encuentran y te pierden.
Otros te encuentran y no te reconocen
y están los que buscándote se pierden
¡oh desatino
oh verdad,
oh hambre
de vida!
El amor es difícil
pero puede brillar en cualquier parte de la ciudad
Y estamos en la ciudad
bajo las nubes y entre aguas azules.
La ciudad. Vista desde lo alto
es fabril e imaginaria, se entrega entera
como si estuviese acabada.
Vista desde lo alto,
como sus barrios y calles y avenidas, la ciudad
es el refugio del hombre, pertenece a todos y a nadie.
Pero vista de cerca,
la ciudad revela su turbio presente, su carnadura
de terror: la gente que va y viene
que sube y baja
que entra y sale y pasa
sin reír, sin hablar, entre gases y pitazos. Ah,
la oscura sangre urbana movida a intereses.
Es gente que pasa sin hablar
y está llena de voces
y ruinas. ¿Eres Francisco?
¿Eres Antonio? ¿Eres Mariana?
¿Dónde ocultaste el verde
resplandor de los días? ¿Dónde
ocultaste la vida
que de tus ojos se borra apenas brota?
Y pasamos cargados de flores sofocadas.
Pero adentro, en el corazón, yo lo sé,
la vida late. Subterráneamente,
la vida late.
En Caracas, en Harlem, en Nueva Deli,
bajo las penas de la ley
en tu pulso,
la vida late.
Y es esa esperanza clandestina
mezclada a la sal del mar,
quien me sustenta
esta tarde,
asomado a la ventana de mi pieza en Ipanema,
en América Latina.



(A luta corporal,1954)
Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930) 

(Traducción de Santiago Kovadloff)
A VIDA BATE

Nâo se trata do poema e sim do homem e sua vida
— a mentida, a ferida, a consentida
vida, já ganha e já perdida e ganha
outra vez

Nâo se traía do poema e sim da fome de vida,
o sôfrego pulsar entre constelaçôes
e embrulhos, entre engulhos.
Alguns viajam, vâo
a New York, a Santiago
do Chile. Outros ficam
mesmo na Rua da Alfândega, detrás
de balcôes e de guichês.
Todos te buscam, facho
de vida, escuro e claro,
que és mais que a agua na grama,
que o banho no mar, que o beijo
na boca, mais
que a paixâo na cama.
Todos te buscam e só alguns te acham. Alguns
te acham e te perdem.
Outros te acham e nâo te reconhecem
e há os que se perdem por te achar,
ó desatino,
ó verdade, ó fome
de vida!
O amor é difícil
mas pode luzir em qualquer ponto da ci0dade.
E estamos na cidade
sob as nuvens e entre as aguas azuis.
A cidade. Vista do alto
ela é fabril e imaginária, se entrega inteira
como se estivesse pronta.
Vista do alto,
como seus bairros e ruas e avenidas, a cidade
é o refugio do homen, pertence a todos e a ninguém.
Mas vista
de perto,
a cidade revela o sen túrbido presente, sua
carnadura de pânico: as
pessoas que vâo e vem
que sobem e descem
que entram e saem, que passam
sem rir, sem falar, entre apitos e gases, Ah,
o escuro
sangue urbano
movido a juros.
Sâo pessoas que passam sem falar
e estâo cheias de vozes
e ruinas. És Antonio?
És Francisco? És Mariana?
Onde escondeste o verde
clarâo dos días? Onde
escondeste a vida
que em teu olhar se apaga mal se acende?
E passamos
carregados de flores sufocadas.
Mas, dentro, nocoraçâo,
eu sei,
a vida bate. Subterraneamente,
a vida bate.
Em Caracas, no Harlem, em Nova
Deli,
sob as penas da lei,
em teu pulso,
a vida bate.
E é essa clandestina esperança
misturada ao sal do mar,
que me sustenta,
esta tarde,
debruçado à janela de meu quarto em Ipanema,
na América Latina.




lunes, 3 de noviembre de 2008

MUERTE DE CLARICE LISPECTOR




















Mientras te enterraban en el cementerio judío
de S.Francisco Xavier
(y la claridad de tu mirada sepultada
resistiendo todavía)
el taxi corría conmigo al borde de Lagoa
en dirección a Botafogo
y las piedras y las nubes y los árboles
en el viento
mostraban alegremente
que no dependen de nosotros.


Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930) 

(Traducción de Claudia Poncioni
y Jorge Fondebrider)


IMAGEN: Clarice Lispector.



APRENDIZAJE




Cuando joven escribí

en un poema 'comienzo
a esperar la muerte'
y la muerte era entonces
una antorcha
que ardía vertiginosa, los días
un heroico consumirse
a través de
esquinas y vaginas

Ahora sin embargo
después de
todo
sé que
apenas
muero
sin énfasis



Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930) 


(Traducción de Diana Bellesi)

APRENDIZADO


Quando jovem escrevi
num poema 'começo
a esperar a morte'
e a morte era entâo
um facho
a arder vertiginoso, os dias
um heroico consumir-se
através de
esquinas e vaginas

Agora porém
depois de
tudo
sei que
apenas
morro
sem ênfase



domingo, 2 de noviembre de 2008

POEMA SUCIO -Fragmento






















No tiene la misma velocidad el domingo
que el viernes con su revuelo de compras
haciendo aumentar el tráfico y el consumo
de caldo de caña helado,
ni tienen
la misma velocidad
la azucena y la marea
con su ejército de burbujas y ardientes caravelas
penetrando silenciosamente el río
con una lentitud que no es la del crepúsculo
que, en lo alto,
con su gran engranaje descoyuntado
molía la luz.
Otra velocidad
tiene Bizuza sentada en el piso del cuarto
doblando las sábanas lavadas y
planchadas, arrumándolas en la gaveta de la cómoda como
si la vida fuese eterna
Y lo era
en aquel universo suyo de almuerzos y condimentos
de hojas de laurel y de pimienta del reino
toronjil para la tos rebelde,
universo
de ollas y fatigas entre las paredes de la cocina
dentro de un gastado vestido de organdí,
en fin,
donde latía su pequeño corazón.
Y si no era
eterna la vida, dentro y fuera del armario,
lo cierto es que teniendo cada cosa una velocidad
(la del melado oscura,
clara la del agua
que se derrama)
cada cosa se apartaba
desigualmente
de su posible eternidad.
O
si se quiere
desigualmente
la tejía
en su propia carne oscura o clara
en un transcurrir más profundo que el de la semana.
Por eso no es correcto decir
que es en los domingos cuando mejor se ve
la ciudad
-las fachadas de azulejo, la calle del Sol vacía
las ventanas trancadas en el silencio-
cuando
ella
detenida
parece fluctuar.
Y que se ve mejor una ciudad
cuando -como Alcántara-
todos los habitantes se fueron
y nada queda de ellos (ni siquiera
un espejo de aparador en uno de aquellos
aposentos sin techo), tan sólo
entre las ruinas
la persistente certeza de que
en aquel suelo
donde ahora crecen las zarzas
ellos en efecto danzaron
(y casi se oyen voces
y carcajadas
que se encienden y apagan en los surcos de la brisa)
Pero
si es espantoso pensar
que tantas cosas se han ido, tantos
guardarropas y camas y mucamas
tantas y tantas sayas, enaguas,
zapatos de los más variados modelos
arrastrados por el aire junto con las nubes,
a eso
responde la mañana
que
con sus muchas y azules velocidades
sigue en frente
alegre y sin memoria



Ferreira Gullar (Brasil, São Luís do Maranhão, 1930)

(Traducción de Elkin Obregón Sanín)


Poema Sujo
Nâo tem a mesma velocidade o domingo
que a sexta-feira com seu azáfama de compras
fazendo aumentar o tráfego e o consumo
de caldo de cana gelado,
nem tem
a mesma velocidade
a açucena e a maré
com seu exército de borbulhas e ardentes caravelas
a penetrar soturnamente o rio
noutra lentidâo que a do crepúsculo
que, no alto,
com sua grande engrenagem escangalhada
moía a luz.
Outra velocidade
tem Bizuza sentada no châo do quarto
a dobrar os lençóis lavados e passados
a ferro, arrumando-os na gaveta da cômoda, como
se a vida fosse eterna.
E era
naquele seu universo de almoços e temperos
de folhas de louro e de pimenta-do-reino
mastruz para tosse braba,
universo
de panelas e canseiras entre as paredes da cozinha
dentro de um surrado vestido de chita,
enfim,
onde batia o seu pequenino coraçao.
E se nâo era
eterna a vida, dentro e fora do armário,
o certo é que
tendo cada coisa uma velocidade
(a do melado
escura, clara
a da água
a derramar-se)
cada coisa se afastava
desigualmente
de sua possível eternidade.
Ou
se se quer
desigualmente
a tecia
na sua própria carne escura ou clara
num transcorrer mais profundo que o da semana.
Por isso nâo é certo dizer
que é no domingo que melhor se vê
a cidade
-as fachadas de azulejo, a Rúa do Sol vazia
as janelas trancadas no silêncio-
quando ela
parada
parece flutuar.
E que melhor se vê uma cidade
quando -como Alcântara-
todos os habitantes se foram
e nada resta deles (sequer
um espelho de aparador num daqueles
aposentos sem teto) -se nâo
entre as ruinas
a persistente certeza de que
naquele châo
onde agora crescem carrapichos
eles efetivamente dançaram
(e quase se ouvem vozes
e gargalhadas
que se acendem e apagam nas dobras da brisa)
Mas
se é espantoso pensar
como tanta coisa sumiu, tantos
guarda-roupas e camas e mucamas
tantas e tantas saias, anáguas,
sapatos dos mais variados modelos
arrastados pelo ar junto com as nuvens,
a isso
responde a manhâ
que
com suas muitas e azuis velocidades
segue em frente
alegre e sem memória