viernes, 24 de julio de 2026

EL HABER













CINEPOEMA

Lo negro en lo blanco 
Manuel Bandeira

El negro en el banco 
La blanca en la arena 
El negro en el banco 
La blanca en la arena 
Silencio en la playa 
De Copacabana.

La blanca en lo blanco 
Del ojo del negro 
El negro en el banco 
La blanca en el negro 
Negror absoluto 
Sobre un mar de leche.

La blanca acostada 
El negro gimiente 
El mar en sollozos 
La espuma inocente 
Canícula blanca 
Negritud ardiente.

Se alza la ola 
En la verde laguna 
La blanca se hincha 
Se hunde en la arena 
El pecho una duna 
Que el sol prende fuego.

El negro en lo blanco 
De la ola espumosa 
La blanca de flanco 
Blancura redonda 
El negro en el banco 
Gaviota que ronda.

El negro aferrado 
Un pie en la calzada 
Espacio imantado:
De repente un salto 
Y un grito en la playa 
De Copacabana.

Pantera de fuego 
Negritud ardiente 
Ola que se rompe 
Impetuosamente 
El sol como un dardo 
Viento de repente.

La ola se desmaya 
La espuma salpica 
La arena en el viento 
De Copacabana 
Veloz claroscuro 
Sombra fulgurante.

Luminoso dardo 
El sol quiebra nubes 
El reflujo tarda 
Queda un gusto amargo 
Sangre por la playa 
De Copacabana...




LA VANA PREGUNTA


Esta joven pensativa, de ojos color de miel y largas pestañas penumbrosas
Que está sentada junto a aquel joven triste de largos hombros y rostro amargo

¿Ella es la amada de él y él el amado de ella y es la vida la sombra trágica de sus gestos?

Este tren veloz lleno de hombres indiferentes y mujeres cansadas y niños durmiendo
Que atraviesa esta tierra desolada de árboles dispersos en montes descarnados

¿Es él el movimiento y es ella la fuga y son ellos el destino fugitivo de las cosas?

¿Qué le dicen los labios murmurantes de él a los ojos desesperados de ella?

¿Qué pronuncian los labios desesperados de ella a los ojos lacrimosos de él?

¿Qué le piden los ojos lacrimosos de él a la tierra huidiza?

¿No son ellos apenas una sola juventud para el tiempo y un solo tiempo para la eternidad?

¿No son sus sueños un solo impulso para el amor y sus suspiros una sola ansia para la pureza?

¿Por qué este trastorno de caras y esta consumación de miradas como para nunca más?

¿No es un casto beso eso que flota en los labios de él como un excedente de su alma?

¿No es una caricia eso que tiembla en las manos de ella como un arrobo de su inocencia?

¿Por qué las dos campanas tocando desde el fondo de las constelaciones 
como las voces de aviso de los faros perdidos?

¿Es siempre el amor esa insatisfacción en las esperanzas?




EL HABER


Queda, por encima de todo, esa capacidad de ternura 
Esa intimidad perfecta con el silencio.
Queda esa voz íntima pidiendo perdón por todo 
-¡Perdónalos, ellos no tienen la culpa de haber nacido!

Queda ese antiguo respeto por la noche, ese hablar bajo 
Esa mano que tantea antes de tener, ese miedo 
A herir tocando, esa fuerte mano de hombre 
Llena de mansitud para con todo lo que existe.

Queda esa inmovilidad, esa economía de gestos 
Esa inercia cada vez más grande ante el Infinito 
Ese tartamudeo infantil de querer balbucear lo inexpresable 
Ese rechazo incondicional a la poesía no vivida.

Queda esa comunión con los sonidos, ese sentimiento 
De materia en reposo, esa angustia de la simultaneidad 
Del tiempo, esa lenta descomposición poética 
En busca de una sola vida, una sola muerte, un solo Vinicius.

Queda ese corazón ardiendo como una vela
En una catedral en ruinas, esa tristeza
Ante lo cotidiano, o esa súbita alegría
Al oír de madrugada pasos que se pierden sin memoria...

Queda ese querer llorar ante la belleza 
Esa cólera ciega de cara a la injusticia o el malentendido 
Esa inmensa piedad de sí mismo, esa inmensa 
Piedad de su inútil poesía y su fuerza inútil.

Queda ese sentimiento de infancia súbitamente desentrañado 
De pequeños absurdos, esa tonta capacidad 
De reír sin ton ni son, ese ridículo deseo de ser útil
Y ese coraje de comprometerse sin necesidad.

Queda esa distracción, esa disponibilidad, esa vagueza 
Del que sabe que todo fue como será en el devenir
Y al mismo tiempo ese deseo de servir, esa
contemporaneidad con el mañana de los que no tienen ayer ni hoy.

Queda esa facultad irreductible de soñar
Y transfigurar la realidad, dentro de esa incapacidad 
De aceptarla tal como es, y esa visión
Amplia de los acontecimientos, y esa impresionante

E innecesaria presciencia, y esa memoria anterior 
De mundos inexistentes, y ese heroísmo 
Estático, y esa pequeñita luz indescifrable 
A la que los poetas dan a veces el nombre de esperanza.

Queda esa obstinación en no escapar del laberinto 
En busca desesperada de alguna puerta quizás inexistente
Y ese coraje indecible delante del Gran Miedo
Y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en lo oscuro.

Queda ese deseo de sentirse igual a todos 
De reflejarse en miradas sin curiosidad y sin historia 
Queda esa pobreza intrínseca, ese orgullo, esa vanidad 
De no querer ser príncipe sino del propio reino.

Queda esa fidelidad a la mujer y su tormento 
Ese abandono sin remisión a su vorágine insaciable 
Queda ese eterno morir en la cruz de sus brazos
Y ese eterno resucitar para ser recrucificado.

Queda ese diálogo cotidiano con la muerte, esa fascinación 
Por el momento que vendrá, cuando, emocionada,
Ella me vea abrir la puerta como una vieja amante 
Sin saber lo que es: mi más nueva enamorada.

(Del libro Antología 
sustancial de poemas
y canciones,
Adriana Hidalgo, Ed.,
2014)
Vinicius de Moraes

(Traducción: Cristian de Nápoli)


CINEPOEMA

O preto no branco 
Manuel Bandeira

O preto no banco 
A branca na areia 
O preto no banco 
A branca na areia 
silêncio na praia 
De Copacabana.

A branca no branco 
Dos olhos do preto 
O preto no banco 
A branca no preto 
Negror absoluto 
Sobre um mar de Ieite.
A branca de bruços 
O preto pungente 
O mar em Soluços 
A espuma inocente 
Canícula branca 
Pretidáo ardente.

A onda se alteia 
Na verde laguna 
A branca se enfuna 
Se afunda na areia 
O colo é urna duna 
Que o sol incendeia.

O preto no branco 
Da espuma da onda 
A branca de flanco 
Brancura redonda 
O preto no banco 
A gaivota ronda.

O negro tomado 
Da linha do asfalto 
O espado imantado:
De súbito um salto 
E um grito na praia 
De Copacabana.

Pantera de fogo 
Pretidáo ardente 
Onda que se quebra 
Violentamente 
O sol como um dardo 
Vento de repente.

E a onda desmaia 
A espuma espadana 
A areia ventada 
De Copacabana 
Claro-escuro rápido 
Sombra fulgurante.

Luminoso dardo 
O sol rompe a nuvem 
Refluxo tardo 
Restos de amarugem 
Sangue pela praia 
De Copacabana...



A VÁ PERGUNTA

Esta jovem pensativa, de olhos cor de niel e de longas pestañas penumbrosas Que está sentada junto 
áquele jovem triste de largos ombros e rosto magro E ela a amada dele e é ele o amado déla e é a 
vida a sombra trágica dos seus gestos?
Este trem veloz cheio de homens indiferentes e mulheres cansadas e crianzas dormindo
Que atravessa esta paisagem desolada de árvores esparsas em montes descarnados
É ele o movimento e é ela a fuga e são eles o destino fugitivo das coisas?
Que dizem os labios murmurantes dele aos olhos desesperados déla?
Que pronunciam os labios desesperados déla aos olhos lacrimejantes dele?
Que pedem os olhos lacrimejantes dele á paisagem fugindo?
Não são eles apenas urna só mocidade para o tempo e um só tempo para a eternidade?
Não sáo seus sonhos um só impulso para o amor e os seus suspiros um só an-seio para a pureza?
Por que este transtorno de faces e esta  consumição de olhares como para nunca mais?
Não é um casto beijo isso que bóia aos labios dele como um excedimento da sua alma?
Náo é urna caricia isso que freme ñas máos déla como um arroubo da sua 
inocência ?
Por que os sinos plangendo do fundo das consolação como as vozes de aviso dos faróis perdidos?
E bem o amor essa insatisfação das esperanzas?


O HAVER

Resta, acima de tudo, essa capacidade de ternura 
Essa intimidade perfeita corn o silêncio 
Resta essa voz íntima pedindo perdáo por tudo:
- Perdoai! - eles nào tèm culpa de ter nascido...

Resta esse antigo respeito pela noite, esse falar baixo 
Essa máo que tateia antes de ter, esse medo 
De ferir tocando, essa forte máo de homem 
Cheia de mansidào para com tudo que existe.

Resta essa imobilidade, essa economia de gestos 
Essa inércia cada vez maior diante do Infinito 
Essa gagueira infantil de quem quer balbuciar o inexprimivel 
Essa irredutível recusa à poesia náo vivida.

Resta essa comunhào com os sons, esse sentimento 
Da materia em repouso, essa angùstia da simultaneidade 
Do tempo, essa lenta decomposiçâo poética 
Em busca de urna só vida, urna só morte, uni só Vinicius.

Resta esse coraçâo queimando como um cirio
Numa catedral em ruinas, essa tristeza
Diante do cotidiano, ou essa subita alegria
Ao ouvir na madrugada passos que se perdem sem memòria...

Resta essa vontade de chorar diante da beleza 
Essa colera cega em face da injustiça e do mal-entendido 
Fissa imensa piedade de si mesmo, essa ¡mensa 
Piedade de sua inútil poesia e sua força inútil.

Resta esse sentimento da inlància subitamente desentranhado 
De pequeños absurdos, essa tola capacidade 
De rir à toa, esse ridículo desejo de ser útil 
E essa coragem de comprometer-se sem necessidade.

Resta essa distraçâo, essa disponibilidade, essa vagueza 
De quem sabe que tudo já foi como será no vir-a-ser 
E ao mesmo tempo esse desejo de servir, essa
Contemporaneidade com o amanhá dos que náo tém ontem nem hoje. 

Resta essa faculdade incoercível de sonhar
E transfigurar a realidade, dentro dessa incapacidade 
e aceita-la tal corno é, e essa visào 
Ampia dos acontecimentos, e essa impressionante

E desnecessária presciencia, e essa memòria anterior 
De mundos inexistentes, e esse heroísmo 
Estático, e essa pequenina luz indecifrável 
A que às vezes os poetas dào o nome de esperança.

Resta essa obstinado em nào fugir do labirinto
Na busca desesperada de alguma porta quem sabe inexistente
E essa coragem indizível diante do Grande Medo
E ao mesmo esse terrivel medo de renascer dentro da treva

Resta esse desejo de sentir-se igual a todos 
De refletir-se em olhares sem curiosidade e sem historia 
Resta essa pobreza intrinseca, esse orgulho, essa vaidade 
De nao querer ser príncipe senáo do seu reino.

Resta essa fìdelidade à mulher e ao seu tormento 
Esse abandono sem remissáo à sua voragem insaciável 
Resta esse eterno morrer na cruz de seus braços  
E esse eterno ressuscitar para ser recrucificado.

Resta esse diálogo cotidiano com a morte, esse fascínio 
Pelo momento a vir, quando, emocionada 
Ela vira me abrir a porta como uma velha amante 
Sem saber que é a minha mais nova namorada.



Vinicius de Moraes nació en Río de Janeiro en 1913. A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas, O caminho para a distancia, mientras era estudiante de Derecho. Pronto publicará otros libros, como Poemas, sonetos e baladas. Junto con la poesía y la composición de letras para canciones, sigue la carrera diplomática y comienza un largo período de residencias en el exterior (Inglaterra y Estados Unidos, más tarde Francia y Uruguay).A los cuarenta años de edad y de regreso al Brasil, en una pausa en su carrera diplomática, compone una larga serie de canciones, hoy conocidas en el mundo entero, de la mano de músicos como Tom Jobim, Badén Powell y Toquinho, entre otros.Su obra teatral Orfeu da Concei(áo ganó el Concurso del IV Centenario de San Pablo en 1934. Cinco años después fue llevada al cine por Marcel Camus, con el título de Orfeu negro y ganó el Oscar a la mejor película extranjera, la Palma de Oro del Festival de Cannes y el premio de la Academia Británica. Estrechamente unido por el afecto a su ciudad natal, Vinicius dejó a su muerte -ocurrida en 1980- poemas dedicados a Río de Janeiro que se editaron en forma postuma. También cultivó a lo largo de su vida otros géneros de la escritura: crónicas, relatos y críticas cinematográficas.


Pueden LEER todos los poemas del autor en esta biblioteca: AQUÍ.


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