CINEPOEMA
Lo negro en lo blanco
Manuel Bandeira
El negro en el banco
La blanca en la arena
El negro en el banco
La blanca en la arena
Silencio en la playa
De Copacabana.
La blanca en lo blanco
Del ojo del negro
El negro en el banco
La blanca en el negro
Negror absoluto
Sobre un mar de leche.
La blanca acostada
El negro gimiente
El mar en sollozos
La espuma inocente
Canícula blanca
Negritud ardiente.
Se alza la ola
En la verde laguna
La blanca se hincha
Se hunde en la arena
El pecho una duna
Que el sol prende fuego.
El negro en lo blanco
De la ola espumosa
La blanca de flanco
Blancura redonda
El negro en el banco
Gaviota que ronda.
El negro aferrado
Un pie en la calzada
Espacio imantado:
De repente un salto
Y un grito en la playa
De Copacabana.
Pantera de fuego
Negritud ardiente
Ola que se rompe
Impetuosamente
El sol como un dardo
Viento de repente.
La ola se desmaya
La espuma salpica
La arena en el viento
De Copacabana
Veloz claroscuro
Sombra fulgurante.
Luminoso dardo
El sol quiebra nubes
El reflujo tarda
Queda un gusto amargo
Sangre por la playa
De Copacabana...
LA VANA PREGUNTA
Esta joven pensativa, de ojos color de miel y largas pestañas penumbrosas
Que está sentada junto a aquel joven triste de largos hombros y rostro amargo
¿Ella es la amada de él y él el amado de ella y es la vida la sombra trágica de sus gestos?
Este tren veloz lleno de hombres indiferentes y mujeres cansadas y niños durmiendo
Que atraviesa esta tierra desolada de árboles dispersos en montes descarnados
¿Es él el movimiento y es ella la fuga y son ellos el destino fugitivo de las cosas?
¿Qué le dicen los labios murmurantes de él a los ojos desesperados de ella?
¿Qué pronuncian los labios desesperados de ella a los ojos lacrimosos de él?
¿Qué le piden los ojos lacrimosos de él a la tierra huidiza?
¿No son ellos apenas una sola juventud para el tiempo y un solo tiempo para la eternidad?
¿No son sus sueños un solo impulso para el amor y sus suspiros una sola ansia para la pureza?
¿Por qué este trastorno de caras y esta consumación de miradas como para nunca más?
¿No es un casto beso eso que flota en los labios de él como un excedente de su alma?
¿No es una caricia eso que tiembla en las manos de ella como un arrobo de su inocencia?
¿Por qué las dos campanas tocando desde el fondo de las constelaciones
como las voces de aviso de los faros perdidos?
¿Es siempre el amor esa insatisfacción en las esperanzas?
EL HABER
Queda, por encima de todo, esa capacidad de ternura
Esa intimidad perfecta con el silencio.
Queda esa voz íntima pidiendo perdón por todo
-¡Perdónalos, ellos no tienen la culpa de haber nacido!
Queda ese antiguo respeto por la noche, ese hablar bajo
Esa mano que tantea antes de tener, ese miedo
A herir tocando, esa fuerte mano de hombre
Llena de mansitud para con todo lo que existe.
Queda esa inmovilidad, esa economía de gestos
Esa inercia cada vez más grande ante el Infinito
Ese tartamudeo infantil de querer balbucear lo inexpresable
Ese rechazo incondicional a la poesía no vivida.
Queda esa comunión con los sonidos, ese sentimiento
De materia en reposo, esa angustia de la simultaneidad
Del tiempo, esa lenta descomposición poética
En busca de una sola vida, una sola muerte, un solo Vinicius.
Queda ese corazón ardiendo como una vela
En una catedral en ruinas, esa tristeza
Ante lo cotidiano, o esa súbita alegría
Al oír de madrugada pasos que se pierden sin memoria...
Queda ese querer llorar ante la belleza
Esa cólera ciega de cara a la injusticia o el malentendido
Esa inmensa piedad de sí mismo, esa inmensa
Piedad de su inútil poesía y su fuerza inútil.
Queda ese sentimiento de infancia súbitamente desentrañado
De pequeños absurdos, esa tonta capacidad
De reír sin ton ni son, ese ridículo deseo de ser útil
Y ese coraje de comprometerse sin necesidad.
Queda esa distracción, esa disponibilidad, esa vagueza
Del que sabe que todo fue como será en el devenir
Y al mismo tiempo ese deseo de servir, esa
contemporaneidad con el mañana de los que no tienen ayer ni hoy.
Queda esa facultad irreductible de soñar
Y transfigurar la realidad, dentro de esa incapacidad
De aceptarla tal como es, y esa visión
Amplia de los acontecimientos, y esa impresionante
E innecesaria presciencia, y esa memoria anterior
De mundos inexistentes, y ese heroísmo
Estático, y esa pequeñita luz indescifrable
A la que los poetas dan a veces el nombre de esperanza.
Queda esa obstinación en no escapar del laberinto
En busca desesperada de alguna puerta quizás inexistente
Y ese coraje indecible delante del Gran Miedo
Y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en lo oscuro.
Queda ese deseo de sentirse igual a todos
De reflejarse en miradas sin curiosidad y sin historia
Queda esa pobreza intrínseca, ese orgullo, esa vanidad
De no querer ser príncipe sino del propio reino.
Queda esa fidelidad a la mujer y su tormento
Ese abandono sin remisión a su vorágine insaciable
Queda ese eterno morir en la cruz de sus brazos
Y ese eterno resucitar para ser recrucificado.
Queda ese diálogo cotidiano con la muerte, esa fascinación
Por el momento que vendrá, cuando, emocionada,
Ella me vea abrir la puerta como una vieja amante
Sin saber lo que es: mi más nueva enamorada.
(Del libro Antología
sustancial de poemas
y canciones,
Adriana Hidalgo, Ed.,
2014)
Vinicius de Moraes
(Traducción: Cristian de Nápoli)
CINEPOEMA
O preto no branco
Manuel Bandeira
O preto no banco
A branca na areia
O preto no banco
A branca na areia
silêncio na praia
De Copacabana.
A branca no branco
Dos olhos do preto
O preto no banco
A branca no preto
Negror absoluto
Sobre um mar de Ieite.
A branca de bruços
O preto pungente
O mar em Soluços
A espuma inocente
Canícula branca
Pretidáo ardente.
A onda se alteia
Na verde laguna
A branca se enfuna
Se afunda na areia
O colo é urna duna
Que o sol incendeia.
O preto no branco
Da espuma da onda
A branca de flanco
Brancura redonda
O preto no banco
A gaivota ronda.
O negro tomado
Da linha do asfalto
O espado imantado:
De súbito um salto
E um grito na praia
De Copacabana.
Pantera de fogo
Pretidáo ardente
Onda que se quebra
Violentamente
O sol como um dardo
Vento de repente.
E a onda desmaia
A espuma espadana
A areia ventada
De Copacabana
Claro-escuro rápido
Sombra fulgurante.
Luminoso dardo
O sol rompe a nuvem
Refluxo tardo
Restos de amarugem
Sangue pela praia
De Copacabana...
A VÁ PERGUNTA
Esta jovem pensativa, de olhos cor de niel e de longas pestañas penumbrosas Que está sentada junto
áquele jovem triste de largos ombros e rosto magro E ela a amada dele e é ele o amado déla e é a
vida a sombra trágica dos seus gestos?
Este trem veloz cheio de homens indiferentes e mulheres cansadas e crianzas dormindo
Que atravessa esta paisagem desolada de árvores esparsas em montes descarnados
É ele o movimento e é ela a fuga e são eles o destino fugitivo das coisas?
Que dizem os labios murmurantes dele aos olhos desesperados déla?
Que pronunciam os labios desesperados déla aos olhos lacrimejantes dele?
Que pedem os olhos lacrimejantes dele á paisagem fugindo?
Não são eles apenas urna só mocidade para o tempo e um só tempo para a eternidade?
Não sáo seus sonhos um só impulso para o amor e os seus suspiros um só an-seio para a pureza?
Por que este transtorno de faces e esta consumição de olhares como para nunca mais?
Não é um casto beijo isso que bóia aos labios dele como um excedimento da sua alma?
Náo é urna caricia isso que freme ñas máos déla como um arroubo da sua
inocência ?
Por que os sinos plangendo do fundo das consolação como as vozes de aviso dos faróis perdidos?
E bem o amor essa insatisfação das esperanzas?
O HAVER
Resta, acima de tudo, essa capacidade de ternura
Essa intimidade perfeita corn o silêncio
Resta essa voz íntima pedindo perdáo por tudo:
- Perdoai! - eles nào tèm culpa de ter nascido...
Resta esse antigo respeito pela noite, esse falar baixo
Essa máo que tateia antes de ter, esse medo
De ferir tocando, essa forte máo de homem
Cheia de mansidào para com tudo que existe.
Resta essa imobilidade, essa economia de gestos
Essa inércia cada vez maior diante do Infinito
Essa gagueira infantil de quem quer balbuciar o inexprimivel
Essa irredutível recusa à poesia náo vivida.
Resta essa comunhào com os sons, esse sentimento
Da materia em repouso, essa angùstia da simultaneidade
Do tempo, essa lenta decomposiçâo poética
Em busca de urna só vida, urna só morte, uni só Vinicius.
Resta esse coraçâo queimando como um cirio
Numa catedral em ruinas, essa tristeza
Diante do cotidiano, ou essa subita alegria
Ao ouvir na madrugada passos que se perdem sem memòria...
Resta essa vontade de chorar diante da beleza
Essa colera cega em face da injustiça e do mal-entendido
Fissa imensa piedade de si mesmo, essa ¡mensa
Piedade de sua inútil poesia e sua força inútil.
Resta esse sentimento da inlància subitamente desentranhado
De pequeños absurdos, essa tola capacidade
De rir à toa, esse ridículo desejo de ser útil
E essa coragem de comprometer-se sem necessidade.
Resta essa distraçâo, essa disponibilidade, essa vagueza
De quem sabe que tudo já foi como será no vir-a-ser
E ao mesmo tempo esse desejo de servir, essa
Contemporaneidade com o amanhá dos que náo tém ontem nem hoje.
Resta essa faculdade incoercível de sonhar
E transfigurar a realidade, dentro dessa incapacidade
e aceita-la tal corno é, e essa visào
Ampia dos acontecimentos, e essa impressionante
E desnecessária presciencia, e essa memòria anterior
De mundos inexistentes, e esse heroísmo
Estático, e essa pequenina luz indecifrável
A que às vezes os poetas dào o nome de esperança.
Resta essa obstinado em nào fugir do labirinto
Na busca desesperada de alguma porta quem sabe inexistente
E essa coragem indizível diante do Grande Medo
E ao mesmo esse terrivel medo de renascer dentro da treva
Resta esse desejo de sentir-se igual a todos
De refletir-se em olhares sem curiosidade e sem historia
Resta essa pobreza intrinseca, esse orgulho, essa vaidade
De nao querer ser príncipe senáo do seu reino.
Resta essa fìdelidade à mulher e ao seu tormento
Esse abandono sem remissáo à sua voragem insaciável
Resta esse eterno morrer na cruz de seus braços
E esse eterno ressuscitar para ser recrucificado.
Resta esse diálogo cotidiano com a morte, esse fascínio
Pelo momento a vir, quando, emocionada
Ela vira me abrir a porta como uma velha amante
Sem saber que é a minha mais nova namorada.
Vinicius de Moraes nació en Río de Janeiro en 1913. A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas, O caminho para a distancia, mientras era estudiante de Derecho. Pronto publicará otros libros, como Poemas, sonetos e baladas. Junto con la poesía y la composición de letras para canciones, sigue la carrera diplomática y comienza un largo período de residencias en el exterior (Inglaterra y Estados Unidos, más tarde Francia y Uruguay).A los cuarenta años de edad y de regreso al Brasil, en una pausa en su carrera diplomática, compone una larga serie de canciones, hoy conocidas en el mundo entero, de la mano de músicos como Tom Jobim, Badén Powell y Toquinho, entre otros.Su obra teatral Orfeu da Concei(áo ganó el Concurso del IV Centenario de San Pablo en 1934. Cinco años después fue llevada al cine por Marcel Camus, con el título de Orfeu negro y ganó el Oscar a la mejor película extranjera, la Palma de Oro del Festival de Cannes y el premio de la Academia Británica. Estrechamente unido por el afecto a su ciudad natal, Vinicius dejó a su muerte -ocurrida en 1980- poemas dedicados a Río de Janeiro que se editaron en forma postuma. También cultivó a lo largo de su vida otros géneros de la escritura: crónicas, relatos y críticas cinematográficas.
Pueden LEER todos los poemas del autor en esta biblioteca: AQUÍ.
No hay comentarios:
Publicar un comentario