martes, 14 de julio de 2026
PARTE DE LA TRAMA
domingo, 12 de julio de 2026
EL HUESO DE LA NOCHE (II)
El
hueso de la noche
desarmar la mirada conocida
afinar la última mueca
descoser los ecos que todavía sobreviven
limpiar del cuerpo el pellejo vacío del poema
y atrapar la noche
el hueso luminiscente de la noche
desprenderse de la forma gastada
de los golpes sobre la superficie blanda
para habitar
lo desconocido
Mi casa de antes
el amor suele ser un instante
que la memoria cristaliza
y que las posteriores tentativas no suelen
retocar
lo recuerdo dentro de un auto
te busco dijo
era la hora del búho en la noche del pueblo
la sonrisa de amor era inmensa
amor tenía sabor a menta
dolía como duelen las heridas recién hechas
amor decir es mejor que te calles
amor tener más fuerza
amor decir después amor
mientras
golpeaba el centro de un juego de muñecas
y una aprende entonces este oficio de saltar
cercos
de próxima coartada
yo escapar de amor aquella noche
yo dejar de ser un lugar seguro
yo ver mi casa de antes desaparecer
Cuerpoobraje
habito este cuerpo como una constructora
conozco la corriente eléctrica que corre por
debajo
las piezas en desuso
las habitaciones a medio terminar
este cuerpoobraje sabe indicarme de antemano
las fisuras
los posibles impactos que atentan contra sus
zonas blandas
el desconcierto aquí suele ser insoportable
y las horas pasan como un enjambre de
insectos en épocas de plaga
nuestro alimento viene siempre de las alturas
pero lo indomable
son los detalles más sutiles
los pliegues de los ángulos
las marcas que insisten
y revelan esos sitios
por los que comenzará
la demolición
mirá chinita viene el tren
decía la abuela
el abuelo estacionaba el chevette en primera
fila
para que yo viera el espectáculo
la máquina se acercaba lenta desde la
oscuridad del monte
hecha una aureola de luz
desparramando un gemido de animal hambriento
pasaba su esqueleto de hierro entre chispas y
polvo
entonces la abuela saludaba con un brazo
extendido
saludá así chinita decía
y cantaba un tren - otro tren
mientras se iban los vagones
cada noche la función se repetía
saludábamos y cantábamos
hoy el tren ya no pasa por el pueblo
pero algunas noches me detengo
en el mismo lugar
a saludar a su fantasma
(Del libro homónimo,Obsequio de la autora)
Estefanía Ceballos
Estefanía Ceballos. Poeta, nacida en
Corrientes. Argentina (1982). Ha publicado “Desde La guarida” (Ed.
Ciudad Gótica - Rosario, Santa Pe/2014), “Punzantes Ninfas” (Ed. Ananga
Ranga - Corrientes/2019, libro compartido con la poeta Laura Yasán) y El hueso
de la noche" (Ed. El Suri Porfiado - Ciudad de Buenos Aires ,2021). En
el año 2022 sus textos fueron seleccionados para la “Antología de poetas
argentinas - 1961/2000” (Ed. Ediciones Del Dock, Ciudad de Buenos Aires).
Difunde la poesía de todo el país -especialmente la del litoral- en el marco de
proyectos de fusión como “La música en que flotamos”y “Voces de un mismo
rio” proyectos que sostiene hace varios años junto a los músicos Mariano
Casco, Rocío Lens y Juan Manuel Bottelo.
Pueden LEER otros poemas de este mismo libro: AQUÍ
IMAGEN: Fotografía de la autora: Perfil del Face.
viernes, 10 de julio de 2026
EL ÁNGEL CONTEMPORÁNEO
miércoles, 8 de julio de 2026
UN DIOS TURQUESA
Uno
El pasto recién cortado
desprende ese aliento
de lo que fue dividido:
una parte
quedará aferrada a la tierra
la otra
será solo paja.
Tengamos la cabeza en estado de verano
no hay necesidad de pensar cuando todo brilla.
Desde la sombra aparecés en cuadro
entre árboles que alguien plantó para refrescar la siesta,
un cuerpo vigoroso que avanza
y se recorta
como si el tiempo no hubiera deteriorado tejidos
como si nunca
lo hubiera enfermado
tampoco ahora, de repente.
O es mi memoria
que fijó una foto mental.
La belleza. No es ningún secreto.
No me avergüenza decir que lo amé por su belleza.
***
El hombre con el que vivo me dijo:
voy a adorarte, pero también voy a ser
tu casa segura.
Una casa propia
que responda a todos tus problemas es la respuesta
a todos los míos.
Yo me quedé al borde de la puerta
para cuidarlo.
Algunos días solo le pongo más tronquitos al fuego
y me siento a esperar.
Otros me muevo como un tornado que se lleva
todo lo que no está amarrado.
¿Acaso no hicimos un pacto como si fuera para siempre?
¿Para qué queremos lo que no resiste?
Las calles subían como viboritas
nos fascinaban la piedra antigua y las casas
que se encimaban para que,
con un giro de cabeza,
siempre apareciera el mar:
un dios turquesa socializado como prueba
de que todos nacimos del mismo corazón de
agua.
Comprábamos fiambre quesos pan
un plavac,
el único vino que podíamos nombrar.
A la habitación le decíamos covacha,
si
estirabas el brazo
podías tocar las vigas que sostenían el
techo,
pero si te sentabas en la terraza a mirar
las lucecitas del puerto
sentías que nadie se animaría a destruir
la belleza del mundo.
Anoté:
el aroma del aceite de oliva que nos dio la
dueña
su risa cuando le decíamos gracias
el traguito ardiente
que no podíamos rechazarle al marido,
un veterano que nos quería contar
cómo cruzó fronteras entre tiros para
finalmente
hacerles lugar en su casa a los turistas
enamorados,
el jamón crudo que pagamos
con billetes del Este
bajo el halo del poeta militante
que sentado en la mesa del fondo de El
Pulpito
enrollaba fetas de bordes finos como hebras
de seda
y dicen que decía
nada mejor en esta vida que el jamón de la
Costa Dálmata.
Un lugar de fantasía, una bandera
blanca que levantamos
cada vez que estamos por apretar
el botón de guerra privada.
Dos
Nuestra hija
quiere hablar de la muerte,
pero es tarde y nos ve
cansados, acá en la cocina
a la espera de que la noche
alimente esta inercia doméstica
que para ella es la coronación del tedio y
para nosotros, un pacto
de corriente continua
que, si se cortara,
nos dejaría a oscuras.
En cambio, amontona
las migas en el borde
de la mesa, no las barre
con la palma de la mano, las deja
ahí, como puntos suspensivos, pide
un poco de vino, pregunta
como si fuéramos
parientes lejanos, solo unidos
por un gesto familiar, el trazado
de las cejas, un modo
de torcer la boca: “¿por qué
tuvieron hijes?”.
Los platos sucios a nuestras espaldas, mañana
habrá que lavarlos y será
lo primero que alguno de los dos
haga en el día.
(Del libro homónimo, Caleta Olivia, 2026)
Fernanda Nicolini
Fernanda Nicolini (1979). Nació en Morón, creció en Mar del Plata y vive en Buenos Aires desde los 18 años. Cursó cinco años de Derecho pero se recibió de periodista. Fue redactora en las revistas Llegas a Buenos Aires, TXT y Noticias y en el diario Crítica de la Argentina, y dirigió Brando. Escribió los libros de poesía Ruta 2 (Gog y Magog) y El cuerpo en la batalla (Caleta Olivia) y cuentos en diversas compilaciones. Es coautora con Alicia Beltrami de Los Oesterheld, la biografía familiar del autor de El Eternauta. Participó del libro Perón y el gremio de prensa, editado por Sipreba, en el que recupera el paso de Rodolfo Walsh por la CGT de los Argentinos. Actualmente trabaja como editora, colabora con La Agenda Revista y dicta talleres de escritura.




