miércoles, 6 de mayo de 2026

MATERIALES

 

EL TRÁNSITO



Pública

Una mujer una clochard se
bañaba una mujer clochard
se bañaba en
            una fuente pública
clochard
            se bañaba a la luz
plena de la mañana
literal del planeta en
malla de baño a la
        mañana clochard
literal en la fuente
bañaba ella se bañaba en
malla de baño clochard 
dentro y fuera del 
tránsito en
la mañana
             bañábase
roja y verde pública.



Ser materia quiere

Paloma aplastada
por el fluir de las cosas
sobre materia negra inconmovible.
Ya no paloma, a ver si
            de una vez se entiende:
materia sucia orgánica
que habrá sido paloma
en otra instancia del fluir de las cosas,
que fluyen nomás
              y aplastan
cualquier materia que habrá sido paloma.
¿O qué hay, si no ese fluir 
o transitar 
           que aplasta?
Lo que aplastado así, a pesar de todo,
ser materia quiere
              y haber sido paloma,
volando o no en un aire
irrefutablemente material,
tan ser paloma ella, con plumas
y su respiración y etcétera.



Y llueve, claro, cómo no

Y llueve, claro, cómo no,
ya que el poema lo pide.
Hache dos O de veras baja
desde unos cielos donde no cupo Dios.
Llueve, por darle cualquier nombre, a
                la bajada del agua,
musicalísima, claroquesí, ella poemática,
lluviosa runfla de materia en mojarse,
gloriosa runfla de eso que ahora se da.
Manera más que ahí se da de ser mundo.
Llueve, ¿entendióse? ¿qué más quieren que diga?



Con tiza

Dibujado con tiza el corazón,
                   casi borrado,
no es corazón, pero lo fue.
¿Para qué cosa? ¿Por qué en esa pared?
¿Por obra y gracia de qué fuerzas?
¿Y el gordo que apila cajones? ¿Y el ruido del motor que 
arranca?
¿Y el jarro verde para poner las monedas?
¿Y el sol del borde de las hojas del plátano?
¿Y las historias que acá, donde
alguien con tiza dibujó un corazón,
hicieron de alguna manera sombra
antes aún del dibujo y después?

Desdibujadas también las historias.
¿Y las historias que van a venir?
¿Desdibujárase todo en la pasta
inocua, rancia, del aquienleimporta?
¿Los corazones en dibujo? ¿Los dedos en Ve?
¿Los finales de clase? ¿Las citas furtivas?
¿Las manchas de tinta? ¿Las velas que no arden?
¿El estallido tras el cuarto gol?

Trozos celestes de algo de loza, dispersos,
que ya no hay modo de volver a juntar.
¿desdibujáranse de su condición de trozos?
¿Las altas noches previas a resaca?
¿Y la nostalgia del paraíso perdido?
¿se perdió también?

¿La sangre derramada, los juramentos de amor?
¿Las correcciones puestas a último momento?
¿Las ocasiones que falta resolver? ¿Y las resueltas?



Ahí, en el tránsito

Carteles rotos, inscrip, trazos,
restos pacientes de algo espeso, 
lo estacionado, lo flamante, negocios
                    frustrados o no,
listas a paso firme de ganancias y pérdidas,
                    pérdidas, ganancias,
listas de cualquier cosa, obituarios,
cenizas no en viento,
                   cenizas nomás,
lo que tras de los vidrios 
                   llama, ¿para qué?
(no sé, ¿alguien sabe?), lo que
de este y del otro lado de los vidrios
cumple su rol, o no,
lo que se trama
o va tramándose, o
nomás se da,
            ahí en el tránsito,
que nunca va, a, gracias a Dios
            o a no sé qué, cesar.




AHORAS


No es el mismo el mundo
         antes o después
del ramo de rosas (rojas) en la mesa.



No forma parte de la escena, la horada,
el ulular de la sirena,
ahí, desde el brillo 
                   del día que crece.



Desde otra manera de estar en el mundo
vino, oscuro, el alguacil,
inmóvil, junto a la lámpara de la cocina.



No en una pantalla,
ni en un papel, ni en 
             la mente:
hojas que balancea el
aire de la mañana, acá.



Esa hoja que tiem-
         bla está ahí.



No sabe de los ojos
que se detienen en él, 
cuerpo semidesnudo entre las sábanas
bajo los grises de la primera luz.



“Es un mensaje”
pensé, cuando
se apagó la luz
en la escalera.
Y este era el
         mensaje:
“no hay mensaje”.



Picotea algo la tortolita, a la sombra
del peugeot rojo, estacionado junto al fresno.
Otra se mueve, reflejada
en la mampara de vidrio del balcón.



En cualquier momento
va a desprenderse
de la rama del fresno
            la gotita.



Entran y salen
del rayo de luz
y brillan
         por un instante
dos moscas.



La brasa del
cigarrillo, en
la oscuridad
de la ventana de enfrente
                 se apagó.



Las gracias que
quiero darle
por florecer
al malvón no le importan.



Plumita de 
paloma que,
ya sin paloma, 
baja
en el aire, despacio.



¿No tiembla un poco
la peonía
cada vez que la tocan,
en la lluvia, las gotas?

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)


Daniel Freidemberg



Daniel Freidemberg. Poeta, crítico literario, ensayista. Nació en Resistencia, Chaco, en 1945, y vive en Buenos Aires. Entre otros libros de poesía, publicó Blues del que vuelve a casa, Lo espeso real, En la resaca, Un hilo naranja y Esa materia que se fuga. En 2025, publicado por la editorial Dilema, apareció en Madrid En vidrios rotos reflejos de sol, donde reúne la poesía producida entre 1973 y 2024. Además de una larga trayectoria en el periodismo cultural, tiene alrededor de un centenar de ensayos sobre poesía y literatura dispersos en revistas, prólogos y compilaciones de artículos. En 2014, la Biblioteca Nacional le otorgó el premio La Rosa de Cobre a la trayectoria poética.


Pueden LEER todos los poemas, más ensayos, notas, entrevistas, etc, Aquí



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