en el negro profundo de un
camino rural los faros altos
descubren dos liebres que
cruzan la huella a los saltos
apuradas y ridiculas
dos mulitas pelean o
se aman a un costado
torpes y tiernas con su
formita prehistórica
vamos atentos a todo lo
que se mueve
esperamos el milagro de
un zorro o una lechuza
nos sumergimos de pronto en
un mar de destellos veloces
las luciérnagas iluminan el
paso de nuestra nave y
encienden la alegría
algunas chocan
contra el parabrisas y
siguen brillando un
segundo más
se apagan de rotas como
un amor, o como estrellas
que se extinguen y su luz
sigue en viaje, olvidada
de su fuente
cada segundo que pasa
nosotros también
nos apagamos
nos alejamos de todo
lo brillante que alguna
vez fuimos
El amante del pasado me
mira con el mismo ardor
veinte años más tarde
me abraza con hambre
me aprieta y no me suelta y
podríamos volver a las
mismas posiciones
seguir con aquel beso
que dejamos apagarse
el fuego está intacto
nos lo decimos con los
ojos ansiosos que miran
sin ver porque quieren
seguir viendo a los que
fuimos y no a estos
gastados y comprometidos
no podemos tocarnos
tenemos otras personas
en el abrazo de despedida hay un
secreto que compartimos: cuando mi
pecho se apoya en el de él otra vez
soy suya, sólo suya, por un momento
mi marido
me ve triste
en sus brazos
pero lejana
se preocupa
no entiende
qué me pasa
no duermo ni como
lloro con disimulo
con canciones de
amor que nunca
escuché
no puedo decirle que
mi alma quedó
en otro lado
que la vida
me parece chata
quiero correr muy
lejos de nuestra casa
y engañarlo con él
o cualquier otro
estamos rotos
este corazón y yo
no sé cómo volver a
ser la que era suya
Mis puentes de Madison
cruzan 960 kilómetros
y me dejan en la tricicleta
cargada de leña
de un hombre hermoso
que amasa el barro y
me cuenta el signiñcado
de palabras dulces en guaraní
me quedo de este lado del puente
con mis hijos y mi casa y mi perro
mis trabajos y un amor gastado
soñando con sus manos que
acariciaban mis dedos
su boca ansiosa en la mía
unos emojis en el teléfono
que me hacían cosquillas
en la panza y se fueron
apagando con los días
qué hago con el marido
la casa los chicos
cuando lo único que quiero
es ir a dormir a Itatí.
No puedo sacarme este anillo
enterrado en la carne
de mi dedo que creció
como un árbol ahorcado
con su cincha
el divorcio es ese
anular deformado que
lleva para siempre su
forma empecinada
como un estigma o
una vergüenza
este dedo ha fracasado
quiero estar en Itatí
que llueva con truenos
y se corte la luz
sentirme a salvo
en tu abrazo
estos árboles
este río
el atardecer que cae atrás
de una isla de sueño
los pájaros que comen
granos de arroz
el sol y su fiesta
de luz y calor
la siesta de los gatos
ese perfume del aire
todo este paisaje me
llevo adentro mío como
una semilla que crece
en el recuerdo y florece
de amor por vos
(Del libro homónimo,
Caleta Olivia,2026)
María Paula Zacharías
María Paula Zacharías nació en Buenos Aires en 1978. Es periodista especializada en artes visuales en La Nación desde 2001. Sobre arte publicó Roux en sus propias palabras (Paidós), Estado del Arte, Entrevista con el arte, Maestro Cafiso y Artistas de entrecasa (India), entre otros títulos. Edita libros de arte en India Ediciones. Conduce el programa El Ojo del Arte en Radio Rivadavia.
En el ámbito de la poesía se formó con Arturo Carrera y Cecilia Pavón. Publicó su primer libro de poesía en 2021, Decálogo para un casamiento (Mansalva). Este segundo libro, que plantea el ocaso y el renacer del amor, obtuvo una mención en el Premio Nacional de Poesía Storni 2023, en un jurado compuesto por los poetas María Teresa Andruetto, Silvio Mattoni y Carlos Battilana.

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