Todo comienzo es torpe
En el principio Ella pare a ella y son tres. Él un tiempo trabaja, luego, casi de repente, muere.
Ellayella vuelve a ser una sola y quiere tirarse para abajo. La baranda del balcón espera una mudanza. Los años caen a plomo en la nochecita. De improviso la casa se llena de gente.
Con una de las dos cabezas Ellayella intenta sonreír. La mano contiene en la otra boca un grito.
El borde de ese precipicio sabe a albahaca.
Ellayella cambia de casa.
Declinación magnética
Una tarde de otoño Ella y ella se suben al coche, cruzan la frontera y avanzan por caminos de campo desiertos en la estrechez de un desafío. Bajo las ruedas crujen los puntos cardinales. La aguja de la brújula parece un cuchillo y no tiene boca. El destino calla obstinado mientras la niebla siembra preguntas en el asfalto. En la llanura, el automóvil avanza lento por caminos estupefactos.
Hasta los árboles casi desnudos a lo largo del zanjón parecen preguntarse adónde diablos están yendo.
Vigevano está lejos todavía, dice Ellaaella, mejor volver.
El ovillo de la vida
Era Ella la que sostenía la punta, y cuántas veces pensó en soltar ese hilo y confiárselo a otros y esconderse de ella para siempre. Abandonarla a ella habría sido fácil, estaba desprovista de malicia y su hilo era breve. Podía escaparse lejos, pero Ella sin ella era un cuerpo sin vísceras.
Entonces, encontrando la fuerza, la agarraba de la mano.
Almas llenas de oscuridad
Cada noche en la larga mesa de la cocina Ella y ella frente a una taza de café con leche, pan con queso, una salchicha u otros alimentos solitarios para consumir de a dos. Termina temprano la cena. La intimidad no preserva sino cierra el espacio de las respuestas mientras el dedo recorre interrogativo la franja azul que forma un círculo alrededor del plato.
HABITACIONES
La clave es la luz
Tal vez debido a la montaña
que entra en la habitación
el espacio en la vieja casa
no ofrece refugios.
La doble altura es un calambre
de nostalgia
cuando el otoño
anticipa el oscurecer
y se enciende la lámpara tenue
en el rincón de la escalera.
La habitación de ella está en la torre, la parte más antigua de la casa, el piso es de terracota áspera, todo cuarteado pero liso, de un rojo pastoso. La habitación está llena de vida y la ayudaría si su mente no estuviera envuelta en un abrigo, verano e invierno.
El cuerpo de ella se expande sin reglas
ni medida en ese espacio dilatado de la casa
en donde la comida entra a hurtadillas
mientras
distraídamente las costumbres
se deshacen
entre las charlas
bajo una luz aturdida
que junta en sí
los extremos
EN LAS MEDIDAS PRISIONERA
Un grito, la noche
se estrechan las horas
entorno al anochecer
y el rojo del otoño
de día
hace el resto
En una rara pausa dices
aferrándome la mano
con tus fuertes huesos
mira
¿un pescador?
No, mamá
ese señor con la red y el sombrero
saca las hojas de arce
de la piscina de la clínica
sonríes
y tal vez ya me veas
en la otra orilla
(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Anna Ruchat
(Traducción de Pablo Ingberg)
Anna Ruchat (Zúrich, 1959), formada en filosofía y literatura alemana en Zúrich y Pavía, comenzó su trayectoria literaria como traductora del alemán (libros de Friedrich Dürrenmatt, Victor Klemperer, Nelly Sachs, Paul Celan, Thomas Bernhard, etc.), para iniciarse luego en la escritura de narrativa, a partir de los cuentos de In questa vita (En esta vida, 2004, Premio Chiara), y de poesía, a partir de Geografia senza fiume (Geografía sin río, 2006). En 2019 ganó el Premio de Literatura Suiza con los cuentos de Gli anni di Nettuno sulla terra (Los años de Neptuno en la Tierra, traducido parcialmente al inglés). Su última novela es Spettri familiari (Espectros familiares, 2023). Una anterior, Volo in ombra, fue traducida al castellano por Pablo Ingberg (Vuelo a la sombra, Pre-Textos, 2024).

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