jueves, 2 de julio de 2026

EXILIO



Exilio

Estas colinas son arenosas. Los árboles aquí son enanos. Los         
cuervos

Graznan tristemente en cielos de un brillo árido,
Se quejan en pinos polvorientos. Un amanecer amarillo
Ilumina en las vastas laderas pardas un rocío helado,
Rocío tan pesado como la lluvia; las huellas de conejo
se ven claramente en él, como lo harían en la nieve.
Pero pronto desaparece con el sol, ¿de qué sirve?
Las casas, en la ladera, o entre árboles marrones,
Son grises y rugosas. Y los hombres que viven aquí
Son pequeños y marchitos, como arañas de ojos grandes.
 
 
Trae agua contigo si vas a vivir aquí.
Cisternas frías tintineantes, o pozos tan profundos
Que uno parece atisbar el Ganges o los Himalayas.
Sí, y trae montañas contigo, blancas, orientadas hacia la luna, 

Montañas de hielo. Tendrás necesidad de estas
Profundidades y picos de humedad y frío.
 
Trae también, en una jaula de alambre o mimbre,
Aves de sobra color dorado, que cantarán
Sobre hojas que no se marchiten y acuosas frutas
Que pesadas cuelguen de largas ramas melodiosas
En los bosques azul-plata de los valles profundos.
 
Yo llevo aquí, ¿cuántos años? Incontables años.
Mis manos crecen como garras. Mis ojos son grandes y famélicos. 

No traje ningún pájaro, no tengo ninguna cisterna
Donde encontrar la luna, o un río, o nieve.
 
Algún día, por su ausencia, desplegaré una tela
Entre dos polvorientas copas de pino y me colgaré allí
Boca abajo, como una araña, mecida tan suavemente
Como el espíritu de una hoja. Los cuervos graznarán sobre mí.
 Y todas las noches y todas las mañanas me beberé el rocío.
 
 
 
Verano
 
Cero absoluto: la cigarra canta:
el verano atrapado en los anillos de la eternidad:
la roca explota, el planeta muere,
levantaremos con palas nuestras verdades.
 
La navaja lima el rostro
y en el espejo nuestra carrera fugaz
se ilumina por el relampagueante guiño del infinito,
que bajo el trueno trata de pensar.
 
En esta frágil vasija, el granito derrama
los aullidos atemporales como todos al aire libre
el sensual instante levanta un muro
abierto como el viento, muro sin ser un muro:
 
mientras sigue obedeciendo a las válvulas y las perillas
la vascular gramola palpita y solloza
exponiendo esperanza planteando anhelo
proponiendo amor, pero nunca aprendiendo
o sólo aprendiendo en la compuerta cero
como la cigarra del verano el odio final
hielo sin forma en una llanura sin forma
que era y es y sigue siendo.
 
 
 
Cuando no te sorprendes
 
Cuando no te sorprendes, no te sorprendes,
ni saltas con la imaginación de la luz del sol a la sombra
o de la sombra a la luz del sol
adaptando el color del miedo o la delicia
a la circunstancia desconcertante
cuando ya no te sorprende
la quietud o la furia del amanecer
la tormentosa subida de la ira del sol
sobre los bordes desgarrados de árboles
torrentes de vida y muerte arrojados
hacia arriba y hacia afuera, hacia dentro y hacia abajo, hacia el                  

    espacio
o de lo contrario
paz paz paz paz
el zorzal manchado cantando su santo santo
muy escondido en el bosque de la mente
mientras las ramas de luz
se desenrollan lentas
y la superficie del mundo de nuevo sueña con la noche
como el centro sueña con la luz
cuando tú no te sorprendes
por el aliento y aliento y aliento
la primera respiración inconsciente de la mañana
el toque del pico del pájaro en el cristal
y no gritas, ven de nuevo
Bendito bendito tú ven de nuevo
o luz o sonido o canto de pájaro o luz
y memoria también o memoria bendita
y maldita con las viejas deudas
que no se quedarían, o se quedan
cuando no te sorprendes
por muerte y muerte y muerte
muerte de la abeja en el narciso
muerte del color en la mejilla del niño
en el pecho de la joven madre
muerte del sentido del tacto de la vista
muerte del deleite
y la muerte interna la noche que gira hacia dentro
cuando el corazón se endurece con odio e indiferencia
por odiarse y no amarse
cuando no te sorprendes
por el giro de la rueda o el cambio de estación
el carro alado y orbitado de la inclinación del tiempo
la pausa feliz, la cesura azul de la primavera
y la rima solar
tejida en el nido divinamente recordado
por el amor de ojos oscuros en el pecho de la oropéndola
y las mareas del espacio tocan el timbre del corazón
mientras todavía, mientras quieta, la ola del mundo invisible
rompe dentro de la conciencia en la mente de dios
luego da la bienvenida a la muerte y es benignamente
          bienvenido por la muerte
y se une de nuevo en el incesante no saber
de donde te despiertas a la primera sorpresa.
 


El saltamontes

 
Saltamontes
saltamontes
todo el día
te oímos rasgar en la guitarra
el canto estival
          como
                oxidados
                           violines
                                        en
                                 el
                césped
cuando a través
               del sendero
                         de la pradera
                              pasamos
tales piernas cómicas
tales graciosos pies
y nos preguntamos
lo que comes
tal vez una sola gota de rocío
bebida a sorbos de una hoja de trébol haría
que entonces alto en el aire
          otra vez saltaras
                para caer de nuevo en el pasto
                             y cantar.
 
 
(Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)
 
 Conrad Aiken

                             (Traducción: Luis Alberto Ambroggio)
 
 
Conrad  Potter Aiken nació en 1889, en Savannah, Georgia y murió en Savannah, en 1973. Poeta estadounidense.  El asesinato de su madre por parte de su padre y el suici­dio de éste, cuando Aiken tenía once años, tuvieron un profundo impacto en su desarrollo y su percepción de la vida. Lo refleja su autobiografía Ushant (1952), así como la frecuencia con la que trata temas psicológicos, con toques freudianos, en textos intros­pectivos en los que la metáfora del viaje significa el recorrido ha­cia la autoestima y el conocimiento identitario. Fue criado por familiares en Massachusetts y se graduó en Le­tras (ba) en la Universidad de Harvard en 1912, al mismo tiempo que T.S. Eliot y E.E. Cummings. El famoso filósofo Jorge Santayana fue su mentor. Durante este periodo se desempeñó como editor asociado de la revista Dial, al tiempo que mantuvo una relación de amistad con Ezra Pound, cuya estética habría de nutrirlo tanto como su estilo, muchas veces a manera de homenaje, bajo la in­fluencia de poetas como Henry y William James, Walt Whitman, los simbolistas, los románticos ingleses, Edgar Alian Poe, así como su relación con William Carlos Williams y Robert Penn Warren.Autor de más de treinta poemarios, algunas de sus obras son: The Jig ofForslin (1916), Charnel Rose (1918), Selected Poems (1929, Premio Pulitzer en 1930), Brownstone Eclogues (1942), The Kid (1947), Collected Poems (Premio Nacional del Libro en 1953), y Collected Poems 1916-1970 (1970). Aiken fue el noveno Consultor de Poesía de la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureado) durante el periodo 1950-52. Entre otros reconocimientos que se le otorgaron figuran el Premio Bollingen, la Medalla de Oro en Poesía de la Academia Estadouni­dense de las Artes y las Letras, y la Medalla Nacional de Literatura. A pesar de que Louis Untermeyer afirmara que Aiken es «el más conocido poeta no leído del siglo veinte», vale la pena destacar la influencia que ejerció sobre el joven escritor inglés Malcolm Lowry, autor de Bajo el volcán, novela casi autobiográfica acer­ca de la estadía en México de los dos hombres.
Pueden LEER otros poemas del autor:  AQUÍ