-NO VIVE YA NADIE EN LA CASA -ME DICES-
—No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se
han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despo-
blados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.
Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El
punto por donde pasó un hombre, ya no está solo.
Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por
donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas
están más muertas que las viejas, porque sus muros
son de piedra o de acero, pero no de hombres. Una
casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar,
sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive úni-
camente de hombres, como una tumba. De aquí esa irre-
sistible semejanza que hay entre una casa y una tumba.
Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mien-
tras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por
eso la primera está de pie, mientras que la segunda está
tendida.
Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos
se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos
lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que
ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa.
Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en
avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que
continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio
y en círculo. Los pasos se han ido, los besos, los
perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es
el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones
y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado.
Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.
ALTURA Y PELOS
¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!
¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante,
muriendo de costumbre y llorando de oído?
Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!
¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?
¿Quién al gato no dice gato gato?
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay! ¡yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay, yo que he nacido y nada más!
XLV --de: TRILCE
Me desvinculo del mar
cuando vienen las aguas a mi.
Salgamos siempre. Saboreemos
la canción estupenda, la canción dicha
por los labios inferiores del deseo.
Oh prodigiosa doncellez.
Pasa la brisa sin sal.
A lo lejos husmeo los tuétanos
oyendo el tanteo profundo, a la caza
de teclas de resaca.
Y si así diéramos las narices
en el absurdo,
nos cubriremos con el oro de no tener nada,
y empollaremos el ala aún no nacida
de la noche, hermana
de esta ala huérfana del día,
que a fuerza de ser una ya no es ala.
(Del libro: "Obra Poética",
Allca XX,
Edit.Universitaria,Chile,
1997)
César Vallejo
César Vallejo (Santiago de Chuco,Perú, 1892 - París,Fracia, 1938).Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía universal del siglo XX y el máximo exponente de las letras peruanas. De origen mestizo y provinciano, su familia pensó en dedicarlo al sacerdocio: era el menor de los once hermanos; este propósito familiar, acogido por él con ilusión en su infancia, explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico, y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte, que tiene un indudable fondo religioso. Vallejo hizo los estudios de segunda enseñanza en el Colegio de San Nicolás (Huamachuco). En 1915, después de obtener el título de bachiller en letras, inició estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo y de Derecho en la Universidad de San Marcos (Lima), pero abandonó sus estudios para instalarse como maestro en Trujillo. En 1918 César Vallejo publicó su primer poemario: Los heraldos negros, en el que son patentes las influencias modernistas, sobre todo de Julio Herrera y Reissig y con Rubén Darío. Esta obra contiene, además, muestras de lo que será una constante en su obra: la solidaridad del poeta con los sufrimientos de los hombres, que se transforma en un grito de rebelión contra la sociedad, usado injustamente de robo e incendio durante una revuelta popular (1920), César Vallejo pasó tres meses y medio en la cárcel, durante los cuales escribió otra de sus obras maestras, Trilce (1922), que supone la ruptura definitiva con el modernismo y con el nacionalismo literario. En 1923, tras publicar Escalas melografiadas y Fabla salvaje, César Vallejo marchó a París, donde conoció a Juan Gris y Vicente Huidobro, y fundó la revista Favorables París Poema (1926). En 1928 y 1929 visitó Moscú y conoció a Maiakovski, y en 1930 viajó a España, donde apareció la segunda edición de Trilce. De 1931 son su novela Tungsteno y el cuento de Paco Yunque, y un nuevo viaje a Rusia. En 1932 escribió la obra de teatro Lock-out y se afilió al Partido Comunista Español. Regresó a París, donde vivió en la clandestinidad, y donde, tras estallar la guerra civil, reunió fondos para la causa republicana. Entre sus otros escritos destaca la obra de teatro Moscú contra Moscú, titulada posteriormente Entre las dos orillas corre el río. Póstumamente aparecieron Poemas humanos (1939) y España, aparta de mí este cáliz (1940), conmovedora visión de la guerra de España y expresión de su madurez poética. Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, escritos en 1930-1932, aparecieron en 1973.
Pueden LEER los poemas y ensayos de Vallejo de esta Biblioteca: Aquí

No hay comentarios:
Publicar un comentario