Selección de algunos Fragmentos
Porque la luz visible acontece haya o no ojo,
así como cualquier tipo de radiación electromagnética
“recarga energías” al traspasarlas a los cuerpos
habitados que alcanza. ¿Hablarle de éxtasis al
anautómata? ¿Éxtasis no incide en forma molecular?
¿Neurona-espejo en aras movedizas del trance?
Si hablar del éxtasis plantea un imposible-po-
sible, es aquél, en todo caso, y apenas ello, a-estatus,
lo que nos habla, los que nos hace hablar (a
veces sin voz o con voces fugacísimas), nos vuelve
hablados, acaso habitados por las murmuraciones
de entidades idas y venidas.
Y si hay un ser de potencias no arrasadas que se
arrastra entre el sonido o la resonancia, entre el
ataque y el eco, ello acontece por mor de este limo,
limar, dado en llamarse conciencia. Conduce susodicha
a la urdimbre exacta entre sonido y silencio;
ambos elementos inseparables, una y misma
materia. Inextricable, pero vibrante. Inabarcable
de un vistazo lienzo pero recorrible diorama a medida
que se sueltan prerrogativas cognoscentes y
pretensiones retentivas. Y en tránsito siempre,
desde el punto del desplazamiento hacia las mil
posibilidades a la redonda, hacia las amplitudes
envolventes al desenvolverse e irradiar ¿imágenes?
¿imágenes verbales? ¿imágenes transpersonales?
¿velocidades imagínales? ¿viajes intermoleculares?
Destellos cenestésicos que enhebra la
nebulosa de la imagen poética mientras se desenvuelve
como una voz que avanza a pesar de las resistencias
doctrinarias del espejo neurona!, con su
historial de adiestramiento. Viene, pronuncia lo
que se le canta y se le ocurre lo que con precisión
le ocurre. Quien ahí se apercibe se precipita, ya se
reencuentra dentro. Recinto deslizante del ser, o,
mejor, del siendo. Ése que se es, no por fatalidad
sino por fuerza del deseo, cuya entrega es entre
todavía y aún, para eclosionar al aunarse, más y
más, en la lumbre oscilante del ser íntegro y ameboidal,
singular-plural, irrepetible y corriente.
(Dicho sea y no de paso: perentoreidad en la denuncia
de ciertos asistencialismos morales pretendientes
a la regulación administrativa de las
energías creadoras, en pos de la producción del
Sentido. Y es que estar es a pesar de la mayusculación
en absoluto, la cual atropella al matiz e instala
premisas pro-mentalidad reprimiendo intuiciones.
Y esto acontece también al filo de las escrituras,
supuestos pensares, intervenciones de/a
palabra. Imperio por ejemplo del discurso sobre
el trance, en vez del trance en cuestión, en que ya
no se sabría quién discursea o si siquiera hay, en
efecto, alguna situación en la que algún discurso
(u oyente receptor del tal) sería útil o medianamente
necesario. Quizá por eso Perlongher hablara,
en su recodo experiencial, de la poesía como
un trance leve, pero al fin y al cabo trance, todavía.
Y es que en la verbalización poética, tan cerca de
la música del sentido y en plena sinestesia, asoman
pensares adiscursivos, racionalidades otras.)
Lo sabe corporalmente quien se manda mudar hacia
potencias germinales. Así sea un momento y
deshilaclie. Pensar y sentir no serán andariveles
separables y que es por eso que puede hablarse de
iridiscencias o dinámicas fluviales —más el vasto
rango del cumplimiento analógico— para referir
todo aquello que acontezca en el punto central y
concéntrico de la nuca, azogue que no se puede
raspar. Se carece de herramientas, las uñas necesarias
para ese rasgueo no son las que crecen desde
el cuerpo maquinizado del autómata social en
funciones, sino en el hondo anonimato de quien
en carne viva se percata, entre las vibratorias generales
y las que puede dirimir, acaso despegarse
del imperativo “realidad = discurso = sentido”.
El trance poético elude plástica, danzátilmente la
tiranía del sentido, pues abóle los dispositivos y
fanfarrias del reconocimiento, ahí donde la socialidad
moraliza —recupera o expulsa— una experiencia
desasida. entonación extática informa
en vez de corroborar. O será que el sentido acumulable
es un sentido de segunda mano, sentido ya
usado, dispuesto a reciclarse para la utilidad de un
sistema funcional. Mientras que el sentido poético
se consumaría en su mismo trance, mucho después
(un desaprender) y por eso bien antes (un
recordar) de la consolidación discursiva. Vibratorias
también a través del tamiz de la escucha flotante
(Didi-Huberman) la cual más o menos reconstituye
su enlazamiento de trazos a la misma
velocidad en que continuamente se desata y deshace.
El desasimiento del trance puede no ser aún
la impersona inopinable y acaso inefable del éxtasis,
pero puede inducir a modos de la confianza en
el estar en que las viejas palabras desgastadas por
el uso recobran su vigencia mágica, en el preciso
sentido de abrir anillado, en la impulsión concéntrica
de un inagotable proceso de despertamiento.
El éxtasis, del que nada se dirá parafraseándolo,
sin embargo se ofrece transrostro diamantino de
lo salvaje (y que no se puede salvar). ¿Cómo se sacude
uno un punto ciego en el centro inagarrable
de la nuca justo cuando hay eclipse del cerebro y
el corazón? La flámula sensorial bombea, la ocupación
indómita de la materia se hace carne y lleva
y trae al continuo desocupante ocupador. Y por
eso el lector del poema puede, cual arcaica novedad,
despreocuparse por las previas del sentido
que tampoco, porque nada más apuntase a alguna
conclusión, sería el ulterior— y conducirse
en pro de una desocupación que favorezca las
emociones misteriosas.
(Del libro homónimo,
Hekht Libros, 2015)
Reynaldo Jiménez
Reynaldo Jiménez nació en 1959 en Limá, Perú, y reside en Buenos Aires, capital de la República Argentina, desde 1963. Ha sido editor y director de la revista-libro y editorial “tsé-tsé” entre 1995 y 2008. Coordinó la colección de antologías “Poesía Mayor” de Editorial Leviatán entre 1997 y 2001. Integró consejos editoriales de plataformas-e y revistas en soporte papel de Argentina, Brasil, Estados Unidos y Perú, así como colaboró con artículos y poemas en decenas de publicaciones gráficas y electrónicas de América y Europa. Participó en festivales y diversos eventos realizados en Argentina, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Costa Rica, México, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Estados Unidos, España y Alemania. Ha sido traductor de numerosos poetas brasileños y responsable de una veintena de antologías y muestras poéticas. Fue incluido en ediciones colectivas y antologías (“Medusario. Muestra de poesía latinoamericana”, “Antología crítica de la poesía del lenguaje”, “Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos”, “Nosotros, los brujos. Apuntes sobre arte, poesía y brujería”, “Jinetes del aire. Poesía contemporánea de Latinoamérica y el Caribe”, “Divina metalengua que pronuncio. 16 poetas transbarrocos 16”, “Déjalo beat. Insurgencia poética de los años 60”, etc.). Se editaron dos antologías de su obra poética: “Shakti”(selección de Claudio Daniel, 2005) y “Ganga”(selección de Andrés Kurfirst, 2006). Publicó —además de libros ensayísticos (“Por los pasillos”—incorporado en el volumen “¡Kwatz!”, compartido con Ricardo Gilabert—, 1989, “Reflexión esponja”, 2001, “El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos”, 2012, “Informe”, 2014, “Nuca”, 2015; con Reedición y ampliación en 2026: NUCA, , ETC., por la Ed. Libros de la Resistencia, “La inspiración es una sustancia, etc.”, 2016, “Intervenires”, 2016, “Arzonar”(2018), entre otros)— desde 1981 los siguientes poemarios: “Tatuajes”,“Eléctrico y despojo”, “Las miniaturas”, “Ruido incidental / El té”, “600 puertas”, “La curva del eco”, “La indefensión”, “Musgo”, “Sangrado”, “Plexo”, “¿Cómo llamar a un tigre?”, “Esteparia”,“Piezas del tonto”, “Funambular”, “Ello inseguro”, “Antemano” y“Olla de grillos”.
(Biografía tomada de la Entrevista realizada por Rolando Revagliatti ) : http://eurasiahoy.com/19052018-reynaldo-jimenez-sus-respuestas-y-poemas/
Pueden LEER todos los poemas del autor en esta Biblio.: AQUÍ

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