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domingo, 1 de julio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (1)















VI

Todo el amor cabe en la mano 
cuando la mano se vierte sobre un cuerpo 
que se derrama de goce 
al roce de la mano:

de un cuenco a otro cuenco 
se vuelca la transparencia 
que calma la sed más antigua, 
los veranos más violentos,

y de esta ligereza nace el empeño 
de desmentir la gravedad del mundo, 
hasta que se cuelen por entre las caricias 
sus cuerpos suspendidos, 
únicos.


Alberto Szpunberg 




Alberto Szpunberg. Poeta argentino. Nació en Buenos Aires, Argentina,  en 1940. En 1973 fue profesor en las cátedras de Literatura argentina y Medios de comunicación y literatura, en la Universidad de Buenos Aires. Como periodista dirigió el suplemento cultural del diario La opinión de Buenos aires hasta 1976. Tras el golpe militar se exilió en España. Como poeta publicó: Poemas de la mano mayor (1962); Juego limpio (1963), El che amor, Su fuego en la tibieza (premio Alcalá de Henares de poesía, España, 1983), Apuntes y Como sólo la muerte es pasajera (poesía reunida, Entropía, 2013). Publicó, además, Poesía y prosa místicas en la literatura española, ensayo y selección de textos místicos cristianos, musulmanes y judíos. Ganó en Francia el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado 1993/94 por Luces que a lo lejos. Su obra ha sido traducida al polaco, al alemán, al francés y al checo.






viernes, 29 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (2)



















XI

Ella es él y él es ella, dos son muchos, 
como hoy es mañana y ayer o siempre son lo mismo: 
uno en el otro se trasvasan como mareas de un mismo mar 
hasta no ser uno ni otro sino todos y todo 
en costas infinitas que las aguas vuelven distantes, diferentes.

Terribles son las horas que faltan 
para que el otoño se apiade 
y acorte los días.


Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)




miércoles, 27 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (3)

















XXVI

La mujer que amo 
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo 
que vuelvo a amarla 
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido 
irrumpe en mis sueños 
y me encuentra: 
creo que dice mi nombre 
para que yo crea que soy yo 
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme 
y la llamo por su nombre, 
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos, 
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias 
las líneas de sus manos 
que descifran a tientas mi futuro.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940) 



IMAGEN: Fotograma de "Persona", de Bergman.




lunes, 25 de junio de 2018

LA ENCENDIDA CALMA (4)
















XXXIII


Ella se desnuda como si todo, 
aun lo que será, 
ya fuera cierto,
mientras los compañeros caballos 
bordean la ensenada:

las olas espejan sus crines 
que cubren la playa 
de canto rodado:

van en fila hacia la isla 
que galopa sobre las aguas, 
sostenida
por la moción de un relincho 
que el viento debate y multiplica.



Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)






lunes, 11 de abril de 2016

LA ACADEMIA DE PIATOCK



Reb Feter Meier refuta al Gramático


Las sílabas se gastan de boca en boca, hay frases enteras que caen de golpe
      en un bostezo, letras borradas de un plumazo, sintaxis que tartamudea,
      concordancias imposibles, tiempos verbales que ya no son
hay mayúsculas de bronce que pesan más que el remordimiento
hay estructuras de la lengua condenadas para siempre a la voz pasiva
hay sujetos que se creen la acción del verbo, versículos encaramados en un
      discurso, capítulos finales que no resuelven nada, silencios que se
      traducen a sí mismos, páginas en blanco que aún esperan, singulares que
      en plural cambiarían la vida, futuros perfectos que están en la punta de la
      lengua y no atinamos, gerundios que postergan y no definen, participios
      moridos de nacimiento, puntos suspensivos sobre el abismo, lenguas
      muertas, filologías clásicas,

hay frases hechas que arropan peligrosamente a los amantes
y amantes que desnudan nuevos lenguajes:
mar de amar, rama que es arma, ama que amarra, telos que hotelan con haches
      que sobran y hechos que echan y que hachan,
mientras quien calla traga saliva, pero no siempre otorga.

Está demostrado que una palabrapuede luchar contra otra palabra
-memoria y olvido, hambre y piedra, caricia y ausencia, muerte y dolor, amor
y conocimiento, gota y océano-

pero difícilmente contra un gesto de desprecio o, mucho peor, de indiferencia:

en última instancia, toda oración, aun la principal y más devota, es una
      proposición subordinada.




Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)







lunes, 4 de agosto de 2014

SOL DE NOCHE


















III

Cualquier palabra guarda silencio 
contra la pared donde se apoya el brazo                             

que ciñe la desconsolada frente:
el revoque caído descubre un rostro antes oculto,
desencajado ahora, polvoriento,
pero que en la palma de las manos deja huellas
donde aún palpita el ser amado,
como un trabajo, tenaz, como una verdad, irrepetible.


VI

El búho pregunta en el corazón del bosque
por la sombra rojiza del ciruelo,
por el milagro en el aire
donde reposa tu presencia,
y la huella del sol
amanece 
bajo los párpados dormidos.


VII

"El corazón del bosque", dije,
recostando mí cabeza sobre tu pecho
como si, por un momento,
todo fuese para siempre,
hasta el sol astillado entre las ramas,
ardiente en los pajonales temblorosos,
terrible en el incendio de las aguas.


VIII

Ante tus propios ojos
mis palabras aprenden del silencio,
y todo gesto, que siempre es pasajero,
se vuelve polvoriento, humilde, irreversible,
excepto ese cielo rojo, rojo,
que desfallece al exaltarse,
como el pan en el hambre,
como cuerpo con cuerpo
a la intemperie de sí mismos.


X

Corrientes que reflejan
los prontos vuelos de las garzas en octubre,
sauces que se asoman entre nubes
a la morosidad de sus ramas
curvadas hasta hundirse
en el espejo del agua:
así nos recorremos,
como ríos de llanura indiferentes
a ese cielo donde ya tiembla,
inabarcable, el mar.


XII

Hojas como alas
en el viento,
sorprendidas
por el temblor de la sangre,
íntimos ríos
que llevamos y nos llevan 
al encuentro de nosotros,
como un pálpito 
en el eco sostenido del silencio.


XIV

Aunque ya sabes que nunca se vuelve, vuelve a casa,
acepta la pequeña mentira como un guiño
antes de que el invierno te sorprenda
bajo un árbol de ramas despojadas:
acá se acaba el bosque,
el que creció en tus sueños
aun antes de que tus manos rozaran la corteza:
la llanura que se extiende ante tus ojos
como un mar envuelto en luminosa niebla
no tiene por qué ser el desamparo
que se abraza a tus huesos: 
todo ha sido un juego de niños,
donde las reglas eran 
inocentes trampas consentidas.


XVI

Esta es la danza
de los cuerpos que desbordan
el cauce de las manos
y rozan
el goce regalado entre nosotros,
como si lloviera sobre el mar
la tenue luz de la mañana.


XX

De qué rama, por fin, de qué savia
crecen y se estremecen, 
en el aire de qué madera 
los amantes que navegan
y hacia qué playa
los cuerpos como huellas
se celebran en la arena,
heridos de sol al mediodía,
del deseo de qué mar, siempre de viaje
y nunca, aun si la muerte, nunca
de regreso, nunca.


XXXII

Llegará el día en que la sola palabra pan
saciará como una sola sílaba
sacia para siempre los labios en silencio,
pero no será por el atajo más fácil,
el de la muerte,
cuya ausencia es insaciable,
sino por la palabra crujiente,
exactamente repartida,
tibia aún, 
de boca en boca.


XXXIII

Todo poema es una despedida
y un saludo. 

Acaso la vida no repare
en la nimiedad de las palabras 
con que el silencio querría,
por una única vez,
ser sólo silencio, 
como este río inmóvil 
bajo un aura leve de espejos temblorosos.

¿Por qué nos preguntamos por qué
si cualquier piedra arrojada contra el agua 
da en el centro mismo de ondas infinitas?


XXXIV

No otra copa 
sino la boca,
no la sed 
sino los labios, 
sino la lengua, 
sino el grito, 
palabra tras palabra, 
y como en unción las manos, 
la única plegaria 
que celebramos 
de la vida que se derrama 
y nos desborda.





Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)









martes, 27 de abril de 2010

las historias de los pescadores...



















Ahora en la playa debe haber un cajón de madera carcomido por la sal
y las moscas, podrido por el agua, suciamente encallado en la arena,
esperando de la piedad de la marea para bambolearse, como borracho,
y acaso hacerse a la mar.

Más allá hay un pescador de manos nudosas que aún sigue una
guerra que hace años terminó,
siempre cuenta historias imposibles de creer, si no fuera porque
sus palabras hablan al oído como los ecos del mar.
Él sabe hablar con las sardinas, por ejemplo, "precisamente
porque nadie más que él se detiene a entenderlas cuando hablan",
y éste es el arte, y se sienta sobre el cajón y él también espera
de la piedad de la marea:

—¿Ve dónde ahora están esas casas? El Masnou ya había caído,
y ahí nos apostábamos, entonces crecían manzanos, pero no se
sabía de quién eran, y nos entendíamos a los guiños, venían
las muchachas y todos comíamos en silencio, esperábamos
horas y más horas, y yo me preguntaba apoyado en el fusil:
¿de qué lado de la orilla estaremos mañana?



Pero él sólo sabe que ama sus nuevas botas de lluvia porque son

amarillas y por el milagro de andar sobre las aguas:
con ellas, la única gravedad posible es la del barro
resistiéndose a ser huella solamente, y eso es así:
es decir, hojarasca trabajada por el invierno, macerada por el
aire frío que, entre pinos y almendros y plátanos y manzanos,
baja desde los altos,
y él sigue caminando, hasta recoge una rama para trazar sobre
el barro una salida imaginaria.

—¿Es ésta la calle, señora, que lleva hasta el mar?
—Sí, señor, la dirección es ésta, pero aquí no vive nadie,
y menos de ese nombre.



Pero él ha despertado a este caminar bajo los árboles como quien
retoma un tema largamente olvidado:
hasta puede encender un cigarrillo y hablar con los vecinos de
las desdichas del pescador cuando el mar es pura gravedad de
algas, espumas y graznidos.
¿Es verdad que hay un hombre que ahora camina bajo los árboles
salpicado por la lluvia?
¿Es verdad que todavía la lluvia es un encuentro íntimo en su
corazón?
—Sí, y es increíble, señora, las historias de los pescadores son
siempre increíbles.




Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)





viernes, 17 de abril de 2009

RESPONSO


















"Responso". A. Troilo

A su nombre que no sé
a su nombre de dos sílabas y gracias
a su sangre desarropada hasta el puro bostezo
a la madrugada que hoy hizo ejercicios de niebla
entre sus senos
a su carne fatigada de manos al saqueo
a su cuerpo al instante
a su piel rebuscándose el cuerpo
a su cuerpo
a todo eso que está ahí, dando la vuelta, con la calle
al cuello,
dejo el aumento
y esta flor de sangre
en el vaso
donde bebo y
quedo...


(no quería tocarla, no quería, aún no lo quiero,
hubiera querido mi acordeón para tocarla
hubiera querido llevarla de la mano a jugar a los
muertos de amor y de miedo
hubiera querido mirarla sin espejos en un puerto
decirle monosílabos
amarle el cuello un hombro
cualquier cosa...


Hubiera querido tener un sombrero para decirle adiós).



Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)



IMAGEN: La actriz argentina Victoria Onetto.


sábado, 20 de diciembre de 2008

HOTEL




El hombre que anoche se durmió

apretando ese cuerpo de mujer contra su cuerpo
ahora no puede resignarse a ese sol impreciso en la ventana,
esa noche que invade el cuarto no logrará confundirlo
ni los ruidos de la calle lo distraen,
sólo las hojas que hacen ruido le traen la certeza:
él aun es el hombre que anoche se durmió
como oyéndolo al viento en las hojas
y ésta es la cama deshecha donde ahora oye las hojas
pero solamente piensa:
la pieza es la misma donde otros tantos durmieron y callaron,
con sólo extender los brazos
todos supieron de noche caminar por este cuarto,
la cama está sin embargo deshecha.


Si ahora no deja la cama es porque tiene los cigarrillos cerca,
si ahora no camina a cerrar la ventana
es porque el hombre que está solo en una cama deshecha
solamente piensa,
siempre será desde anoche que no habla
y está deshecha la cama,
si no deja la cama y no camina es porque así está bien,
si tiene los ojos tan abiertos
es porque las hojas hacen ruido y parece la puerta:

sin esa mujer no pasa nada,
nada que valga la pena contar, cambiar, darse vuelta.



Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)





lunes, 8 de diciembre de 2008

EL GRAMÁTICO




para nuestro único nombre y para sus dos tablas y para nuestros tres padres y cuatro madres y cinco libros el verbo ser y el verbo estar eran y estaban o son o estarán el mismo verbo, hasta algunos sabios llegaron a afirmar que estaban y eran el verbo único del único nombre, hasta tal punto que cuando éste, bendito sea, independientemente de ser y estar en todo, quiso decir soy el que soy, como la obviedad de decir seré el que seré o estaré donde estaré, vio que todo momento o lugar, aun éste mismo que es imposible, es siempre un recurso: mañana, después, al atardecer, mientras enciendo el fuego con ramas traídas del bosque, cuando vuelvo a recordar la tibieza de su cuerpo contra el mío, todas formas circunstanciales, meros adverbios que intentan en vano definir el único verbo que puede ser y estar al mismo tiempo, y hasta nosotros, apenas humildes sujetos de acciones subordinadas al que siempre será el que será y estará donde estará, hasta nosotros sólo somos complemento, un vano acusativo, objeto, hasta objeto de burla, de odio, de sospecha, y así estamos por un lado, y somos por el otro, y sólo la oración nos da coherencia




Alberto Szpunberg (Argentina, Buenos Aires, 1940)




IMAGEN:   Antonio de Nebrija humanista español el escribió la primer Gramática castellana​​, publicada en 1492.