Hay un fueguito ahí, en la esquina,
que armamos con cajones de fruta y cartones.
Hay un fueguito ahí, junto al Gauchito,
correntino de sapukay.
Cuando el barrio duerme y se abren los miedos del cuerpo
afilamos los huesos
no como un arma mata bobos, mata ratis,
mata chetos…
No.
No, como facas de basural,
frotando vidrio con vidrio, metal.
Alcohol destilado y limón.
Afilamos los huesos a la intemperie del amor
al costado del fueguito.
No para herir (dijimos)
tan solo
para resistir.
Se frota la nariz y va.
Va, otra vez en busca de la otra.
De esa pibita que le partió la boca y
le robó el corazón.
Va,
va de nuevo.
Da una vuelta en medio del patio,
muequea como desconocida,
grita,
aúlla,
maldice en medio del recreo
y va
va de nuevo
y promete que la va a matar.
Ojitos pintados,
lindos ojitos que no caben en su cara.
Campera adidas hasta el cuello
hasta el cuello campera adidas
y los brazos duros como ramas secas
sacudidas por el temporal.
Va y viene,
viene y va
eléctrica,
eclética,
hermosamente joven…
putea una y otra vez,
grita,
aúlla,
vuelve a gritar
y jura,
jura que la va a matar.
Amanece
sobre el barro del galpón.
Lleva un tatuaje y una canción
Están ahí
Y ella sonríe
al borde de sus dieciséis
y spotify canta.
Lleva los pelos pintados,
flequillo, zapatillas rotas,
una remera del MTE,
el buzo desgarrado.
Sonríe y baila,
Sueña,
sueña con un piercing dorado
que brille en su ombligo.
Sonríe y baila a la luz del nuevo día,
baila y sonríe en la puerta del galpón
y spotify canta.
Compramos unas latas de cerveza en la esquina:
“echemos un chorrito a la Madre tierra” dice y me muerde la boca.
Sonríe y toma un trago largo
y oscuro de cerveza.
Sonrío
y siento sus labios,
la humedad de su lengua y
la ferocidad de sus dientes.
Besa como si su boca fuera un nido de vidrios rotos,
su lengua un cuchillo,
una faca filosa
y entra despacio.
Y, sin embargo,
hay un tren que siempre parte
al llegar la noche y no sé adónde.
Se trepan hombres y mujeres
sedientos de pan y cuerpos
de vino
empecinados en obrar
y quebrar su derrotero.
Plaza Constitución,
Aleph maldito de rufianes y pungas,
enfermeras y crotos,
maestras y cartoneros.
Buscas de toda calaña y cartel.
Avellaneda,
Gerli,
Lanús.
La mirada contra el vidrio y una lata de cerveza
tibia a la altura de Quilmes.
Un libro a medio leer,
pibitas sonriendo / saludan desconocidos,
un diario arrugado y unos versos escritos en papel.
Hay un tren que siempre parte
¿el destino?
No sé cuál es
Cómo olvidar sin que el pecho
derrame su dolor
¿Cómo?
Jirones de piel quedaron acá.
El dolor es el fruto podrido
del amor /
del amor malquistado.
¿Es posible el abandono
sin tajo, sin rotura?
Mía es la soledad
Sabrás siempre hasta dónde fui
y cuántos inviernos atravesé.
La memoria es del cuerpo.
Mía es la soledad y tuyo el secreto que no descubriré.
Sin embargo,
apostaré a la luz y a los vientos,
caminando las calles del arrabal,
bebiendo solitario
desterrado en las noches
de bares extraños.
Las formas del amor
Una noche interminable,
fugacidad,
y destellos.
Un viaje en auto,
la casita en el suburbio
y una mesa,
la memoria del cuerpo…
Lanús.
El pan compartido,
algún objeto cotidiano
que deseo llamar
nuestro.
El sabor a pomelo en tu boca,
enero en una noche frente al río,
un domingo cualquiera,
la compañía de los hijos,
el café con leche
en el desayuno de hoy.
(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,Envío
de Alberto Cisnero)
Carlos A. Ricciardelli
Carlos A. Ricciardelli (Buenos Aires 1973). Escritor secreto del under porteño. Maestro de primaria y Profesor de historia. Fanático de los Redondos y de Huracán. Su literatura orbita alrededor de los márgenes urbanos, sociales y emocionales, donde crudeza y preciosura coexisten permanentemente. Es autor de varios libros de cuentos: “Fiebre” (2020), “Rabia” (2022) y “Capitaloceno” (2024), entre otros; en ellos explora las tensiones de la periferia y las resistencias cotidianas. “Ranchada” es su primer libro de poesía. Publica de forma periódica en su blog https://riosurbanos.blogspot.com/ y colabora en medios de pensamiento crítico como Rebelión y la Agencia Paco Urondo. Varios de sus relatos pueden escucharse en formato podcast.

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