viernes, 18 de septiembre de 2026

LA SUERTE QUE NOS TOCA


Bucólicas



UN CORREO

Hoy recibí un correo desde México 
con treinta y seis segundos de un arroyo 
que estaba en Oregón.

Alguien filmó con su teléfono
el agua que corría rodeada por la nieve y cristalina
sobre la tierra oscura de ese invierno.

Noticias desde el norte, supe,
donde siempre habrá un arroyo robándole a la piedra 
un tiempo que no acaba y se repite, 
un tiempo prolongado en agua fresca, transparente, 
del todo inalcanzable.



RETÓRICA

Estrellas reflejadas en un lago.
Figuras de la lengua y el público de pie.
Eso tengo.
Nada más.
O sea, nada digno de mención.

También está la fragua que termina detrás del horizonte. 
También están las ascuas del fuego de la tarde, 
una charla tranquila, sosiego, el piso de madera 
y de repente noche.



UN MAL POETA

Me atraen los lobos y los cuervos por alguna razón que 
   / desconozco.
Emblemas de otra parte, patrimonio 
del norte de la suerte que nos toca 
Aquí, en el sur, abundan 
guanacos y pingüinos.
La épica es esquiva.
Yo no sé qué hacer con esos bichos.



Trenes, autos y aviones



LA VEZ QUE NO FUIMOS A VENECIA

estábamos en Londres, muy felices.
Pero la peste vino y se tragó palomas, góndolas y puentes y 
   / volvimos.
Tampoco nos quedamos. Londres, 
magnifica, insolente, siempre cara, estaba ahí, 
en todo su esplendor y así de inaccesible.

La vez que no fuimos a Venecia fui feliz.
Tampoco nos quedamos.
Felicidad no dura en todas partes.
Felicidad te esquiva.
Reconocerla es fácil, lo difícil, 
decía yo, es quedarse.



MARE NOSTRUM

III. Perpignan-Narbonne

Desde el tren,
el rastro del viento sobre el agua 
y los flamencos color rosa que buscan en el barro.

Y desde el tren,
un bote azul en medio de la nada 
a la que llaman Peyriac de Mer.

O sea, el cielo dado vuelta, 
volcado sobre el barro
en que flamencos buscan en medio de la nada.


IV. Costumbres de Nîmes

Un chico y una chica se saludan.
Se dan la mano, se despiden.
Dos pasos más allá, la chica da tres besos a otro chico:
a la izquierda, a la derecha y a la izquierda,
como pájaros que enlazan el cogote,
diría como garzas, delante de la Fleur
de Malt, un restaurante,
situado al otro lado del andén.



COLISIONES

Como esos autos que a lo lejos y en la ruta
son luces que se acercan y encandilan hasta dejarnos ciegos,
confiados a una inercia, adivinando adónde
está el camino, adónde lleva.
Exactamente como aquéllos que queremos y se acercan
sin saber o cuando es tarde
o acaso muy temprano, o cuando nada
permite que salgamos del dolor, del yo que pesa
hundidos en nosotros,
muy rápido
y alrededor la oscuridad.



MOYA CANNON Y YO SEGUIMOS CAMINANDO
Cuatro poemas irlandeses


MOHER

En los acantilados
-ciento y pico de metros que se yerguen 
y caen en picada sobre un mar 
de piedras y de espuma- pasan 
las sombras pelirrojas con jogging y campera 
quebrando esa ilusión de prehistoria 
que ofrecen las focas y gaviotas que antes vimos 
sentados en cómodas butacas 
en el centro de interpretación. Estabas 
con frío como yo y el cielo 
cargaba con sus nubes; 
nosotros, con el viento, la mochila 
dos tazas de café y con nuestras almas.
No voy a decir nada de la arpista.
Y no me acuerdo más.



LISDOONVARNA

El auto pasa raudo y recorre la calle principal
donde flamean banderas, banderines
que imitan la ilusión de los que llegan
de una vida sin nadie hasta septiembre en Lisdoonvarna.
Allí hay festival anual de solterones:
40.000 personas que buscan el amor después de los cuarenta
cantando en karaokes,
bailando pasodobles, tango y salsa.
Una legión, sin duda, engalanada
de gente atribulada por la vida
que se resiste aún, que no resigna
la cuota de cariño que acaso al fin le toque
entre matracas y cerveza,
dolor del nervio ciático, clamores,
conatos de pasión, calambres en las piernas.



KINVARA

Kinvara es la cabeza del mar,
o al menos eso dicen. A mí no me parece. La bahía
donde se asienta el puerto
permite que el Atlántico nos moje
porque ahora sopla el viento y es de noche,
y vamos caminando por sus calles,
como quien dice nada, somos sombras
que buscan un lugar para sentarse,
sacar el alma a relucir, beber el vino
que Moya se ocupa de comprar.
Cumplidos esos pasos
el premio consiste en un concieito
y después, volver con las estrellas al fuego de la casa
y a nuestros pensamientos, otros
distintos de Kinvara.



V.S.


DEFINICIONES
v.s.

Si yo dijera que el viento
es la corriente de aire que se produce en la atmósfera 
al variar la presión, 
sería algo abstracto.

No diría, por ejemplo, que es la cresta que se forma
en la superficie de las olas
cuando estamos sentados en la playa vos y yo
mirando el horizonte un día de enero
y tus ojos, muy celestes,
proponen otro cielo.

No hablaría del sombrero que se vuela, 
ni diría que corremos a buscarlo, 
acaso sorprendidos de que al cabo de los años 
sigamos juntos, mirando el horizonte, 
un día de enero



La suerte que nos toca


Varias casas


CHET BAKER IN PARIS


Todo indica que el piano y la trompeta 
la música que escucho,
grabada en horas de la noche de un verano de París, 
    /"inolvidable"
-según dicen las notas que acompañan este disco-,
es lo que mejor combina con las nubes
del todo insuficientes, desflecadas
del cielo porteño de las cinco de la tarde del otoño.
No sé por qué,
pero digo como quien deja un rastro 
ahora insoslayable.



DE LA DECLINACION

De las muchas maneras que tiene una casa para dejar de ser
la menos grave
es el caño que se rompe,
que inunda el techo del vecino
creando un conflicto de intereses donde importan
pisos rotos por los golpes de la masa,
el óxido que aflora,
secretos por décadas guardados,
acaso el alacrán con su veneno,
el polvo en general.

De las muchas maneras que tiene una casa 
para dejar de ser la casa de uno, la más grave 
tal vez sea la vejez 
o el desamor. Son evidencias 
de achaques venidos con los años, 
de vísperas de muerte, platos rotos, 
paredes desconchadas, grietas varias, 
secretos por décadas guardados, 
acaso algún veneno, 
objetos sin su par.

(Del libro homónimo,
Gog y Magog,2022)
Jorge Fondebrider



Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) ha publicado los libros de poesía Elegías (1983), Imperio de la luna (1987), Standards (1993), Los últimos tres años (2006) y La extraña trayectoria de la luz. Poemas reunidos 1983-2013 (2016). Asimismo, ha compilado el volumen Conversaciones con la poesía argentina (1995), que reúne entrevistas con poetas argentinos nacidos entre 1919 y 1940. Su bibliografía se completa con La paja en el ojo ajeno. Periodismo cultural en Argentina 1983-1998 (con Pablo E. Chacón; 1998); La Buenos Aires ajena. La ciudad vista por los viajeros extranjeros. 1536-1999 (2001); Versiones de la Patagonia. 1536-1900 (2003); Licantropia. Historias de hombres lobos de Occidente (2004, posteriormente retitulado como Historia de los hombres lobo, 2015, 2016 y 2017), La París de los argentinos (2010), Dublin (2019) y Una traducción de París (2023).Como traductor de poesía ha publicado libros de Henri Deluy (1995), Yves Di Manno (2000), Richard Gwyn ( 2013 y 2016), Tom Pow (2015) y Moya Cannon (2015). A ello se suman Poesía francesa contemporánea. 1940-1997 (1997) y, con Gerardo Gambolini, Poesía irlandesa contemporánea (1999), Reynardine y otras baladas anglo-escocesas (2000) y Peter Street y otros poemas, de Peter Sirr 2008). Ha traducido asimismo a Gustave Flaubert (Madame Bovary, Tres cuentos y Bouvard y Pécuchet), Joseph Conrad (Corazón de las tinieblas), la obra completa de Claire Keegan, tres volúmenes de Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Morris West, Paul Virilio, Anthony Cronin, Patricia Highsmith, Owen Martell, Jack London, Patrick MacGuinness, Lori Saint-Martin, etc. Es miembro fundador de Diario de Poesía, donde ocupó el cargo de secretario de redacción entre 1986 y 1992. En el 2004 recibió las Palmas Académicas de la República Francesa. En la actualidad y desde 2009, dirige el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.


Pueden LEER todos los poemas y traducciones del autor: Jorge Fondebrider


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