lunes, 31 de agosto de 2026

GUARDÉ EL ANOCHECER EN UN CAJÓN


CANCIONES DEL ALBA


Un anochecer yo

Un
anochecer yo 
miraba elevarse el vapor 
de mi cuenco de arroz blanco. 
Entonces supe
que algo se había ido para siempre. 
Que ahora también 
se estaba yendo para siempre.

A comer.

Y me comí el arroz.



La canción que oí al alba 2

Los árboles siempre me acompañan.
La copa, 
las ramillas, 
también las hojas 
me unen 
con el cielo.
Incluso cuando me siento vulnerable, 
cuando mi alma 
se vuelve una piltrafa, 
un harapo andrajoso, 
me miran
antes de que yo los mire
y abren sus labios verdes
antes de que mis venas se marchiten negras.



La piedra azul

La piedra azul
que vi en sueños hace diez años 
¿estará todavía en el fondo del arroyo?

Me había muerto
y caminaba por la orilla de un arroyo un día de primavera. 
Ah, qué bien me sentía muerta.
Radiante, ligera 
como un plumón.

Descubrí unos guijarros
blancos y redondos
en el fondo de la corriente clara.
¡Qué diáfano!
¡Uno, dos, tres!

Allí estaba 
esa piedra,
aún más silenciosa por ser azul.

Sin querer estiré el brazo para cogerla, 
pero entonces supe
que para hacer eso debía nacer de nuevo.
Me dolió por primera vez
saber que tendría que vivir de nuevo.

Abrí los ojos, 
era noche profunda,
seguían tibias las lágrimas que derramé en sueños.

La piedra azul que vi en sueños hace diez años.



TEATRO DE LA ANATOMÍA HUMANA


Esbozo del anochecer 3

El cristal de la ventana

Silencioso se derrama el anochecer 
por el cristal de la ventana, 
papel de hielo.

Anochece sin rojeces.

Cada tanto ondea un abrigo azul de estudiante
en la cuerda de tender
atada al árbol desnudo de la casa vecina.

(En anocheceres como este 
guardo mi corazón en el cajón).

El cristal de la ventana, 
mudo papel de hielo en blanco.

Al abrir los labios,

aprendo
a sellarlos a cal y canto.


LAS HOJAS AL ANOCHECER


A Hyo, Invierno de 2002

«¡El mar no me ha llevado!», 
exclamó el niño 
con cara de susto.
Al ver el mar arremolinarse, 
arremolinarse desde lejos, 
creyó que no pararía de crecer 
hasta cubrimos.

El mar no te ha llevado,
pero cuando vuelva a arremolinarse,
te parecerá otra vez que es infinito
y te esconderás detrás de mí, abrazado a mis piernas,
como si yo
fuera capaz de protegerte 
de todas las cosas, 
incluso del mar.

Como cuando al empeorar la tos 
devolviste la comida y llorando
me llamaste «mamá, mamá», 
como si yo
tuviera el poder de poner fin a tus males.

Pero pronto
tú también sabrás
que lo único que puedo hacer yo
es recordar.
Recordar que estuvimos juntos 
ante esa gigantesca y centelleante ola, 
ante el tiempo
y el crecimiento,
ante todas las cosas que desaparecen
y nacen de nuevo.

Que solo podemos grabar 
en estos cuerpos hechos de arena 
esos instantes como huevos de colores, 
la intimidad de las horas que compartimos juntos.

No tengas miedo
que el mar todavía no ha venido,
que estaremos juntos
hasta que nos lleve,
que seguiremos recogiendo piedras y conchas blancas, 
que pondremos a secar los zapatos mojados por las olas, 
sacudiéndonos la arena rasposa, 
que de vez en cuando
nos dejaremos caer al suelo y con las manos sucias 
nos secaremos los ojos.



De nuevo canción de convalecencia, 2008

Miro pasar un avión 
de brillante cola plateada.

Ha venido de las montañas de la derecha 
y desaparece entre los cirros.

No mucho después

otro avión de brillante cola plateada 
traza la misma trayectoria y desaparece

dentro de los ojos 
del cielo que brilla 
azul
e incandescente

como ciertas palabras, 
como ciertas promesas 
que vuelan planeando y desaparecen.

Con los puños cerrados escondidos en los bolsillos, 
las grabo todas en el reverso de la lengua.

Sobre mis ojos cerrados, luz naranja, 
de un naranja más caliente que mi cuerpo.

Igual que las cosas que se fueron después de arañarme,

que se acumularon con sabor a sangre bajo mi lengua cortada,

(en silencio
y a increíble velocidad)

que borraron sus popias huellas.



El invierno al otro lado del espejo 2

Alguien me dijo 
una madrugada

que la vida no tenía ningún sentido,
que lo único que se podía hacer era lanzar una luz.

En la época en que me despertaba de una pesadilla 
y me esperaba otra capa de pesadilla

algunos sueños, como la conciencia 
o una tarea sin cumplir,
se me quedaban atascados en la boca del estómago. 

Si yo
lanzara una luz

¿se asemejaría 
a una bola?

¿Hacia dónde estirar el brazo 
y cómo lanzarla?

¿Cómo de lejos o cómo de cerca?

Pasaron años sin que pudiera cumplir la tarea.
A veces
me quedo mirando la bola de luz
que conseguí reunir a duras penas con mis manos.

Quizás era caliente 
o quizás fría 
y transparente.
Quizás se me derretía entre los dedos 
o se evaporaba blanca.

Pero ahora
que estoy dentro del mediodía al otro lado del espejo, 
me acuerdo de ese sueño
como si recordara la medianoche profunda de fuera del espejo.

(Del libro homónimo,
Lumen, 2025)

Han Kang

(Traducción: Sunme Yoon)



어느 늦은 저녁 나는

어느
늦은 저녁 나는 
횐 공기에 담긴 밥에서 
김이 피어 올라오는 것을 보고 있었다 
그때 알았다
무엇인가 영원히 지나가버렸다고 
지금도 영원히 지나가버리고 

밥을 먹어야지

나는 밥을 먹었다




새벽에 들은 노래 2


 제나 나무는 내 곁에 하늘과

나를 이어주며 거기

우듬지

잔가지

잎사귀 거기

내가 가장 나약할 때도

내마음

누더기,

너덜너덜 넝마 되었을 때도 

내가 바라보기 전에 

나를 바라보고 

실핏줄 검게 다 마르기 전에 

그 푸른 입술 열어



파란 돌


십 년 전 꿈에 본 파란 돌
아직 그 냇물 
아래 있을까 난 죽어 있었는데

죽어서 봄날의 냇가를 
걷고 있었는데 아, 죽어서 좋았는데 
환했는데 솜털처럼 
가벼웠는데

투명한 물결 아래 
희고 둥근 
조약돌들 보았지 
해맑아라,
하나, 둘, 셋

거기 있었네
파르스름해 더 고요하던 
그돌

나도 모르게 팔 뻗어 줍고 싶었지 
그때 알았네
그러려면 다시 살아야 한다는 것
그때 처음 아팠네
그러려면 다시 살아야 한다는 것

난 눈을 떴고,
깊은 밤이었고,
꿈에 홀린 눈물이 아직 따뜻했네 

 십 년 전 꿈에 본 파란 돌




녁의 소묘 3

一 유리창

유리창,
얼음의 종이를 통과해 
조용한 저녁이 홀러든다

붉은 것 없이 저무는 저녁

앞집 마당
나목에 매놓은 빨랫줄에서 
감색 학생코트가 이따금 펄럭인다

(이런 저녁
내 심장은 서랍 속에 있고)

유리창,
침묵하는 얼음의 백지

입술을 열었다가 나는

단단한 밀봉을 
배운다




효에게. 2002. 겨울


바다가 나한테 오지 않았어 
겁먹은 얼굴로 
아이가 말했다 
밀려오길래 
먼 데서부터 
밀려오길래 
우리 몸을 지나 계속 
차오르기만 할 줄 알았나 보다

바다가 너한테 오지 않았니 하지만 다시 
일려들기 시작할 땐 다시 
끝없을 것처럼 느껴지겠지 
내 다리를 끌어안고 뒤로 숨겠지 
마치 내가 
그 어떤 것,
바다로부터조차 널 
지켜줄 수 있는 것처럼

기침이 깊어 먹은 
것을 토해내며 눈물을 흘리며 
엄마, 엄마를 부르던 것처럼 
마치 나에게
그걸 명춰줄 힘이 있는 듯이

하지만 곧
너도 알게 되겠지
내가 할 수 있는 일은
기억하는 일뿐이란 걸
저 번쩍이는 거대한 흐름과
시간과
成長,
집요하게 사라지고 
새로 태어나는 것들 앞에 
우리가 함께 있었다는 걸

색색의 알 같은 순간들을 
함께 품었던 시절의 은밀화처
음부터 모래로 지은 s 이 몸에 새겨두는 일뿐인 걸

괜찮아
아직 바다는 오지 않으니까 
우리를 쓸어 가기 전   
지린 이렇게 나란히 서 있을 테니까
조개껍데기를 더 주울 테니까 도에 젖은 
신발올 말일 테니까 까끌거리는 모래를 털며 때로는
주저앉아 더러운 손으로 눈을 훔치기도 하며





다사 회복기의 노래. 2008


은색 꼬리날개가 반짝이는 
비행기가 날아가는 것을 본다

오른쪽 산 뒤에서 날아와 
새털구름 안쪽으로 사라진다

얼마 지나지 않아

다른 은색 꼬리날개가 빛나는 비행기가 
같은 길을 긋고 사라진다

활활
시퍼렇게 
이글거리는 하늘 
의 눈[眼] 속

어떤 말,
어떤 맹세처럼 활공해 
사라진 것들

단단한 주먹을 주머니 속에 감추고 
나는 그것들을 혀의 뒷면에 새긴다

감은 눈 밖은 주황빛,
내 몸보다 뜨거운 주황빛

나를 긋고 간 것들

베인 혀 아래 비릿하게 고인 것들

(고요히,
무서운 속력으로)

스스로 혼적올 지운 것들



거울 저편의 겨울 2

새벽에
누가 나에게 말했다

그러니까, 인생에는 어떤 의미도 없어 
남은 건 빛을 던지는 것뿐이야

나쁜 꿈에서 깨어나면 
또 한 겹 나쁜 꿈이 기다리던 시절

어떤 꿈은 양심처럼 
무슨 숙제처럼 
명치 끝에 걸려 있었다

빛을
던진다면

빛은
공 같은 걸까

어디로 팔을 뻗어 
어떻게 던질까

얼마나 멀게, 또는 가깝게

숙제률 풀지 못하고 몇 해가 갔다 
때로
두 손으로 간신히 그러쥐어 모은 
빛의 공을 들여다보았다

그건 따뜻했는지도 모르지만 
차갑거나
투명했는지도 모르지만

손가락 사이로 홀러내리거나 
아얗게 증발했는지도 모르지만

지금 나는
거울 저편의 정오로 문득 들어와 
거울 밖 검푸른 자정올 기억하듯 
그 꿈올 기억한다


Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970), galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2024, empezó su carrera como novelista al ganar el concurso literario de primavera del diario Seúl Shinmun en 1994. Es autora de las novelas La vegetariana (Random House, 2024; Premio Booker Internacional 2016),La Clase de griego (Random House, 2023), Actos humanos (Random House, 2024; Premio Manhae de Literatura de Corea y Premio Malaparte en Italia en 2017), Blanco (finalista del Premio Booker Internacional 2018) e Imposible decir adiós (Random House, 2024; Premio Médicis Étranger 2023), así como del poemario Guardé el anochecer en el cajón (Lumen, 2025). La autora ha recibido también el Premio Yi Sang, el Premio Artista Joven del Año, entre otros galardones. Ha trabajado como profesora en el departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl hasta 2018 y en la actualidad se dedica por completo a la escritura. Su obra ha sido publicada en más de treinta idiomas.


 

No hay comentarios: