
1
Cuatro elementos en guerra
forman el caballo salvaje.
Domar un potro es ordenar la fuerza
y el peso y la medida;
es abatir la vertical de fuego
y enaltecer la horizontal de agua;
poner un freno al aire, dos alas a la tierra.
¡Buen domador el que armoniza y tañe
las cuatro cuerdas del caballo!
(Cuatro sonidos en guerra
forman el potro salvaje.)
Y el que levanta las manos de músico y las pone
sobre la caja del furor
puede mirar de frente a la Armonía
que ha nacido recién
y en pañales de llanto.
Porque domar un potro
es como templar una guitarra.
2
¡Domador de caballos y amigo que no pone
fronteras a la amistad,
y hombre dado al silencio
como a un vino precioso!
¿Por qué vendrás a mí con el sabor
de los días antiguos,
de los antiguos días abiertos y cerrados
a manera de flores?
¿Vienes a reclamar el nacimiento
de un prometido elogio,
domador de caballos?
(Cordajes que yo daba por muertos resucitan:
recobran en mi mano el peligroso
desvelo de la música.)
6
El caballo es hermoso como un viento
que se hiciera visible,
pero domar el viento es más hermoso
y el domador lo sabe.
Y así los vemos en el Sur: jinete
del río y de la llama;
sentado en la tormenta
del animal que sube como el fuego
que se dispersa como el agua viva;
sus dedos musicales afirmados
en la caja sonora
y puesta su atención en la Armonía
que nace de la guerra, flor de guerra.
Leopoldo Marechal
Leopoldo Marechal. Poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino (Buenos Aires 1900 - 1970). Fue maestro de primeras letras y director de Bellas Artes. Hizo un par de viajes a Europa, antes y después de la II Guerra Mundial, colaboró en las revistas literarias de las vanguardias de los años veinte, manifestando siempre su fe católica y simpatizando con el movimiento fundado por Juan Domingo Perón. Su poesía se inicia en el ultraísmo, cultivando el verso libre en poemarios como Los aguiluchos (1922) y Días como flechas (1926). Luego evoluciona hacia una forma de clasicismo, volviendo a los modelos del siglo de oro español: Odas para el hombre y la mujer (1929), Cinco poemas australes (1937) y, sobre todo, en Laberinto de amor (1936), El centauro (1940), Sonetos a Sophia (1940)y Heptamerón (1966). Marechal ha explicado sus convicciones estéticas y políticas, que provienen del escolasticismo, en Descenso y ascenso del alma por la belleza(1939) y em Autopcia de Creso (1965). También ha dejado obras de teatro donde trata mitos clásicos en clave moderna: Antígona Vélez (1951) y Las tres caras de Venus (1966). Su obra más singular es una extensa novela, Adrián Buenosayres (1948), que ocurre en tres días en una Buenos Aires cotidiana que se convierte en un infierno, donde se encuentran huellas de Dante Alighieri y James Joyce. El uso combinado del habla callejera, las figuras clásicas y la poética de vanguardia le dan un perfil muy acusado y particular. Otras novelas suyas som El banquete de Severo Arcángelo (1965) y Megafón o la guerra (1970).
Tres poemas de los siete "Poemas australes" -1937-, tomados de Campo de maniobras, donde se puede leer la serie completa.
1 comentarios:
..."y puesta su atención en la Armonía
que nace de la guerra, flor de guerra"...
"HARMONIA EST DISCORDIA CONCORS"
gracias Marcelo, por traer al maestro Marechal
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