jueves, 19 de marzo de 2009

LA VUELTA AL HOGAR











Recuerdos

Todo está como era entonces:
La casa, la calle, el río,
Los árboles con sus hojas
¡Y las ramas con sus nidos!

Todo está, nada ha cambiado:
El horizonte es el mismo
Lo que dicen esa brisas
¡Ya, otras veces me lo han dicho!

¡Ondas, aves y murmullos
Son mis viejos conocidos,
Confidentes del secreto
De mis primeros suspiros!

Bajo aquel sauce que moja
Su cabellera en el río,
¡Largas horas he pasado
A solas con mis delirios!

¡Las hojas de esas achiras
Eran el tosco abanico,
Que refrescaba mi frente
Y humedecía mis rizos!

Un viejo tronco de ceibo
Me daba sombra y abrigo,
¡Un ceibo que desgajaron
Los huracanes de estío!

Piadosa, una enredadera
De perfumados racimos.
Lo adornaba con sus flores
De pétalos amarillos.

El ceibo estaba orgulloso
Con su brillante atavío,
¡Era un collar de topacios
Ceñido al cuello de un indio!

Todos, aquí, me confiaban
Sus penas y sus delirios:
Con sus suspiros las hojas,
Con sus murmullos el río.

¡Qué triste estaba la tarde
La última vez que nos vimos!
Tan solo cantaba un ave
En el ramaje florido.

Era un zorzal que entonaba
Sus más dulcísimos himnos,
¡Pobre zorzal que venía
A despedir a un amigo!

Era el cantor de las selvas,
La imagen de mi destino,
¡Viajero de los espacios,
Siempre amante y fugitivo!

¡Adiós! parecían decirme
Sus melancólicos trinos;
¡Adiós, hermano en los sueños!
¡Adiós, inocente niño!

¡Yo estaba triste, muy triste!,
El cielo oscuro y sombrío;
Los juncos y las achiras
Se quejaban al oírlo.

Han pasado muchos años
Desde aquel día tristísimo;
¡Muchos sauces han tronchado
Los huracanes bravios!

¡Hoy vuelve el niño, hecho hombre,
No ya contento y tranquilo,
Con arrugas en la frente
Y el cabello emblanquecido!

¡Aquella alma limpia y pura
Como un raudal cristalino
Es una tumba que tiene
La lobreguez del abismo!

Aquel corazón tan noble,
Tan ardoroso y altivo,
Que hallaba el mundo pequeño
A sus gigantes designios;

¡Es hoy un hueco poblado
De sombras que no hacen ruido!
¡Sombras de sueños dispersos,
Como neblina de estío!

¡Ah! Todo está como entonces,
Los sauces, el cielo, el río,
Las olas, hojas de plata
Del árbol del infinito;

Sólo el niño se ha vuelto hombre.
¡Y el hombre tanto ha sufrido
Que apenas trae en el alma
La soledad del vacío!





Olegario Victor Andrade





"Olegario Víctor Andrade. Poeta argentino. Nació en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos*, el 7 de marzo de 1841. En dicha ciudad efectuó sus primeros estudios y posteriormente cursó en el Colegio Nacional del Uruguay, cuyas aulas compartió con Wilde y Roca, aunque no concluyó su bachillerato. Apunta su biógrafo, Benjamín Basualdo: "Andrade abandonó el colegio en el año 1857, sin llevar más bagaje que sus estudios de filosofía, nociones generales de historia y conocimientos muy elementales de literatura". A partir de entonces, el poeta comenzó su formación desordenada y autodidacta que, antes de cumplir los veinte años, le permitió insertarse en los círculos periodísticos y literarios de la región. En 1856 obtuvo su primer logro poético, cuando el gobierno de Paraná premió su composición "Mi patria".
Andrade fue un ferviente defensor de Urquiza, y proclamó su apoyo incondicional a través del periódico que fundó en su pueblo natal, El Porvenir, donde firmó apasionadas columnas de adhesión al gobernador. En 1876 se radicó en Buenos Aires y se convirtió en un conspicuo defensor de Roca con quien trabó amistad. Escribió conceptuosos artículos referidos a su gestión pública en La Tribuna Nacional, periódico fundado y dirigido por el poeta. Tuvo una vida un tanto desordenada, aunque rehuyó del mundo bohemio. A pesar de que su personalidad lo definía como un lírico de alma, sus estrechas relaciones con los ámbitos oficiales le permitieron acceder a una banca parlamentaria. Su figura pública comenzó a sumar notoriedad a la par que su obra poética ganaba prestigio. Hacia fines de la década del ochenta Olegario Víctor Andrade estaba considerado como el poeta nacional por excelencia.La mayor parte de sus poemas fueron publicados conforme al momento de su escritura en los periódicos que el propio Andrade dirigió. Otros trabajos, como "Prometeo", fueron editados en folletos que contaron con amplia difusión. Tras la muerte temprana del poeta, fallecido con poco más de cuarenta años, y a modo de homenaje postumo, el Poder Ejecutivo que presidía Roca le tributó solemnes honras fúnebres y decretó la publicación de sus obras. Fueron editadas en 1887 con el título de Obras poéticas y prologadas por el ya citado Benjamín Basualdo. El tomo permite apreciar con claridad las dos tendencias expresivas del autor perfectamente definidas: los cantos extensos, enfáticos, desmesurados y la poesía intimista, en la que repliega su voz en procura de un tono más confesional. Andrade fue un ferviente admirador de Víctor Hugo, aunque sus textos tal vez carecieron de la elaboración necesaria para emular el modelo francés. Sus conocimientos académicos y su rigor cultural le resultaban limitados, no obstante, la pasión por Francia y los clásicos significaban una debilidad para el poeta. Andrade procuró compensar sus carencias formales y estéticas con una fuerza expresiva que relegó a un segundo plano ciertas imperfecciones de estilo. "Andrade no pretendió ser un artista glorioso, fue un cantor intuitivo, con más pasión que norma, con más fiebre que sabiduría, con más ímpetu que preparación" (Ginés de Albareda y Francisco Garfias).Olegario Víctor Andrade murió en Buenos Aires el 30 de octubre de 1882."
* Algunos documentos apuntan que su nacimiento se produjo en 1939 en Alegrete (Brasil).

Biografía y poema, extraídos de: "Primera poesía argentina 1600-1850", Ediciones en Danza (2006).