sábado, 8 de noviembre de 2008

LA TRAGEDIA DE LAS HOJAS















Me desperté a la sequedad y estaban muertos los helechos,

las plantas de las macetas amarillas como maíz;
mi mujer se había ido
y las botellas vacías como cadáveres desangrados
me rodeaban con su inutilidad;
el sol aún estaba bueno, sin embargo,
y la nota de mi casera crujió con un amarillo fino
y nada exigente; lo que ahora se necesitaba
era un buen comediante, estilo antiguo, un bufón
con bromas acerca del dolor absurdo; el dolor es absurdo
porque existe, nada más;
me afeité con cuidado con una navaja vieja,
el hombre que una vez fue joven y que, según se decía,
genial; pero
ésa es la tragedia de las hojas,
los helechos muertos, las plantas muertas;
y salí al vestíbulo oscuro
donde la casera se erguía,
execrante y final,
mandándome al infierno,
agitando los brazos gordos, sudorosos
y chillando
chillando por la renta
porque el mundo nos había fallado
a los dos.



Charles Bukowski  (Andernach, Alemania -1920- Los Ángeles, E.E.U.U. -1994)

(Versión de Rolando Costa Picazo)




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