lunes, 13 de junio de 2011

KAZANTZAKIS: LA ÚLTIMA ENTREVISTA RADIAL
















Grecia y el sentido de la libertad

Grecia siempre le hace el juego a las grandes potencias. Sufrimos mucho bajo el bárbaro yugo de los turcos. Hemos sufrido, y sufrimos aún bajo el yugo hipócrita de las grandes potencias. El pueblo griego es un pueblo mártir, tanto que la necesidad de libertad es para él tan imperioso, en la misma medida que imprescindible. Tiene una sensibilidad que lo hace vulnerable a todo ataque a la libertad. No sólo a su propia libertad, sino a todas las formas de libertad sin importar qué pueblo. Les diré un ejemplo: Cuando Hitler amenazaba con conquistar Noruega, yo estaba de excursión en Creta. Atravesaba un desfiladero, cuando escuché una voz en lo alto de la montaña que me llamó: “Detente, joven, detente”. Me detuve, levanté los ojos, y vi que un viejo pastor saltaba de una roca a otra. “¿Cómo va Noruega, joven?”, me gritó respirando con dificultad. “Va mejor, abuelo -le respondí- va mejor. Gracias a Dios”, dijo y se persignó. “¿Quieres un cigarrillo, abuelo? “No tengo necesidad de nada, ya que Noruega está bien. No tengo necesidad de nada”. ¡He ahí a los griegos! Este viejo pastor no sabía ciertamente dónde se encuentra Noruega. No sabía si era un país o una mujer. Pero sabía lo que significaba “Libertad”. El verdadero milagro griego no se llama Belleza, se llama Libertad. Cada pueblo, al cual se le ha dado una misión sobre la tierra, se arroja sobre su propiο altar: el hebreo lo llama Dios; el hindú intenta atrapar el sentido más allá de las apariencias; los egipcios, desde el fondo de la tumba, gritan e imploran por la inmortalidad. A los griegos les fue dada la misión de transformar la esclavitud en libertad. ¿Cómo quieren, pues, que un escritor griego no ponga todas sus fuerzas al servicio de la libertad? ¿Cómo quieren que mire, impasible, el mundo?

El héroe de Libertad o Muerte

No. Mi novela Libertad o Muerte no es en absoluto una leyenda. Es una realidad bañada en sangre. El héroe del libro existió. Desde siempre hubo en Creta innumerables héroes que lucharon durante siglos y murieron por la libertad. El capitán Miguel, el héroe de Libertad o Muerte, es la concentración de todas las esperanzas de nuestra raza. El héroe representativo del pueblo griego. Entre la libertad y la muerte no duda, porque sabe, o mejor dicho, siente profundamente que la vida no es el bien supremo. Sí, el capitán Miguel tiene el don, como dice usted, de electrizar a los hombres. Es, sin embargo, porque estos hombres son buenos conductores de la electricidad. Ven en este héroe lo que quisieran ser, lo que deberían ser, el ejemplo al cual intentan parecerse. Ningún mito. Mito y realidad aquí se identifican. En mi novela nada ha sido inventado. Descubrí recuerdos de mi infancia, viejos combatientes que había conocido, mi padre, mi abuelo, la insurrección, la masacre, las lágrimas de mi madre. Volví a vivir los sufrimientos de mi patria y, frecuentemente, -lo confieso- lloraba mientras escribía. Naturalmente, para los lectores que nunca han vivido situaciones parecidas, cruentas, estos hechos de nuestra época les parecen legendarios. Para nosotros son cosas que las hemos vivido. Cuando era niño, la realidad y el mito no formaban más que un solo cuerpo.

La lengua del pueblo

Νο quisiera apenarlos exponiendo extensamente nuestro problema lingüístico fundamental. Divide en dos campos enemigos la Grecia moderna. Por una parte tenemos a los “kazarevusianos” (puristas), que escriben una lengua bastarda, ni antigua ni moderna, ni viva ni muerta, que es la lengua oficial del Estado, de la Iglesia, del Parlamento, de los Tribunales así como también de la Universidad. Por otra parte, la lengua viva es del pueblo, el “dimotikí”, que triunfa plenamente en la literatura y comienza a conquistar también los textos científicos. Nos encontramos hoy en Grecia en la época lingüística de Dante, cuando los eruditos, los doctos escribían la “maldición”, y mostraban el desprecio frente a la lengua del pueblo, la única lengua viva. Como ven, escribo la lengua del pueblo. El “dimotikí” no se enseña en la escuela. No tenemos diccionario de esta lengua. Y la lengua que usamos cotidianamente es muy pobre. El escritor neoheleno está obligado a extraer su material de los labios del pueblo y elaborar su propio diccionario. Estamos obligados a viajar y a recorrer toda Grecia, de una punta a la otra, para obtener las palabras de la boca de los aldeanos, de los pescadores, de los pastores, de los artesanos, y usarlas en nuestros textos. Así emprendí largos viajes durante años para recoger palabras de la boca del pueblo y componer mi propio diccionario. Quería plasmar una lengua, no insignificante, ayudado por todas estas expresiones neohelénicas. Pero como los lectores griegos nunca habían visto estas palabras vivas impresas, y muchos de ellos ni siquiera las conocían, se sorprendieron leyendo tantas palabras desconocidas. Para exculparse y salvar la farsa, explican que son palabras cretenses. Sin embargo, verdaderamente no usé nunca, exclusivamente, palabras cretenses, salvo cuando no encontraba palabras equivalentes en otra parte. Traduje la Divina Comedia de Dante, 14000 versos. Puse al lector en el desafío de encontrarlas. No había más que 13 palabras propiamente cretenses. Nadie ganó el desafío. Escribí una epopeya, La Odisea, que comienza allí donde termina La Odisea de Homero; 33333 versos. Lo desafié al lector que las encuentre allí. No había más que 33 palabras propiamente cretenses. Una palabra cada 1000 versos de diecisiete sílabas. Nadie ganó la apuesta. Hay, pues, en el examen de mi obra esta primera dificultad lingüística. Segunda dificultad: el propósito de mi obra no es, en absoluto, conformista. Ni las autoridades políticas, ni la Iglesia, ni la opinión del orden establecido, están de acuerdo conmigo. Cuando escribía versos se limitaban a no leerme. La poesía no llega, en absoluto, a las masas y, por consiguiente, no les es peligrosa. Pero, desde hace unos años, cuando me puse a escribir novelas accesibles al público masivo, se alarmaron; y la persecución y la calumnia entraron en acción. Querían quemar mis libros, echar una maldición sobre el escritor. Sin embargo, al mismo tiempo, la gran masa del pueblo, se confabuló; se pusieron a leerme. Descubrieron que combato a los responsables de sus miserias, a los promotores de la ignorancia; que estoy en contra, por esto, de la injusticia y que enseño un cristianismo puro, liberado de todo exceso de un pasado desfigurado, sobrecargado por algunos “servidores” indignos de Cristo. Desde entonces mis libros fueron leídos ávidamente. Al fin, por esnobismo, las clases altas de la sociedad no resisten más, y se ponen a elogiar mi lengua. El Estado y la Iglesia hacen silencio. Sí, el éxito está por encima de la persecución y el malentendido.

El sentido de la lucha del héroe

No se trata de fe ciega. La finalidad de la lucha de este cretense no es incierta. Este luchador sufre de una angustia que lo hace dolorosamente deslumbrante. Para el cretense, en la época en que transcurren los hechos, que constituyen la trama de la novela Libertad o muerte, la finalidad está inexorablemente impuesta en la acción: la liberación del yugo turco. Sacudir el yugo turco es la primera forma de libertad, la más urgente. Ciertamente, cuando sea conquistada la libertad, se puede abrir el camino que conduce a las grandes creaciones del hombre: la justicia, la ética, la libertad espiritual, la dignidad humana. Pero, para alcanzar este alto grado de la evolución humana, en principio, se debe ser políticamente libre. Y los combatientes lo saben. Y, por eso combaten con tanta furia para conquistar la libertad. Los héroes que encarnan este impulso hacen pedazos sus vidas, la desgarran para obtener esta libertad. Pero, acaso, ¿no es este el destino de los héroes?

La tradición

Sí. Creo que tienen razón ustedes. Soy hostil a la tradición. Pero cuando exige mantener inmóvil el orden establecido. Cuando es ciega y no ve la realidad, la que siempre brota, y se opone violentamente a un período revolucionario. Estoy a favor de la tradición que se adapta a la realidad que avanza. El primer mandamiento de esta tradición es superarla. Somos fieles a la tradición cuando la superamos. Pero, y esto es lo esencial, superarla siguiendo la línea de la dirección inicial. Los héroes de mis novelas, a pesar de su edad como combatientes, permanecen fieles a la línea que trazaron sus padres, sus antecesores. Siguen la antiquísima tradición y no crean dilemas. Están seguros. Son seres con privaciones que no obedecen sino a sus instintos, y no pueden ser engañados por consideraciones intelectuales. Aquí es aún donde un antiguo mito griego puede reflejar esta necesaria transmisión que nos da el contacto con nuestras raíces. ¿Quizás recuerdan a los enormes Gigantes? No podían ser derrotados por Heracles, siempre que lograran tocar la tierra. Estaban exhaustos, agobiados. Ya no podían enfrentar la terrible fuerza de Heracles. Pero, apenas se apoyaban en la tierra, recuperaban la fuerza para la lucha. Tocar las raíces, ponerse en contacto con la misteriosa madre que nos dio la vida, sorber una gota de su leche, he aquí lo que quisiera evocar en lo que he escrito.

La realidad griega

Cuando la pobreza es extrema, se convierte en corrupción que puede degradar al hombre. La pobreza en Grecia es extrema. Piensen que, de acuerdo con las estadísticas, 2.300.000 griegos no comen, es decir, pasa hambre 1/3 de la población. Es una vergüenza permanecer indiferente frente a semejante tragedia. El escritor, por naturaleza, más sensible, no puede reprimir su indignación ni soslayar su responsabilidad. Es, por esto, un deber supremo no dormir, y mantener al pueblo despierto. Creo, además, que el problema supera las fronteras de Grecia. Creo que hoy esta misión del creador como un “aguijón” es indispensable en todo país, en donde reina la injusticia. Quiero decir, casi en toda la tierra. Indignado por estos peligros, movilizado por esta obligación de “aguijoneador”, intento poner en mi obra formas heroicas frente al pueblo. No héroes imaginarios, que no existieron nunca, sino héroes extraídos de las entrañas de nuestra raza. Sólo ellos, al encarnar las reivindicaciones y las esperanzas de los hambrientos y los perseguidos, pueden mostrar al pueblo el camino de salvación. No sé si sigo así la antigua tradición helénica. La raza griega sintió siempre la necesidad de crear modelos heroicos. Los griegos quisieron dar a sus ciudadanos un modelo ideal, al cual debían intentar parecerse lo más posible. Las mujeres embarazadas se sentaban alrededor de la estatua de un dios, y lo miraban insistentemente hasta que el embrión en su interior pudiera ser influido por la belleza y la nobleza del dios. Exactamente esto hacía la raza helena en los grandes momentos. La Grecia contemporánea está agobiada por la visión de la Grecia clásica. Está pesadamente cargada por un pasado demoledor. Existe el trágico destino de los descendientes de un gran ancestro. ¿Cómo quieren ustedes que no sean “ignorantes” bajo semejante peso? Ser descendiente de un gran ancestro es duro. La cabeza se prende fuego. Se llena de ambición y supera las posibilidades de la herencia. Sin embargo, es tan humano no querer ser inferior a tus padres. Grecia ha recibido la suerte de los privilegiados. Ni bien se liberó del yugo otomano, fue absorbida y despedazada por la Gran Idea: reconquistar Constantinopla y recuperar las costas de Asia Menor, donde florecieron las primeras flores del pensamiento y del arte griego. Durante años ha sido consumida persiguiendo esta quimera. Hoy piensa con sensatez. Pero, si juzgo por mí mismo, en contraposición con toda lógica, en el fondo de mi corazón, queda aún una chispa de locura. Esta locura la llamo “esperanza”. Un pueblo que sufre tiene mucha más necesidad de héroes que los otros pueblos. Y Grecia sufre. El rostro de Grecia siempre estuvo inundado de lágrimas y luz. A veces predominaba la luz; otras veces, las lágrimas. En nuestros tiempos, prevalecen las lágrimas.


Nikos Kazantzakis


(Traducción de Miguel Chiovetta)




Nikos Kazantzakis

Escritor y traductor griego cuya obra más conocida es la novela Zorba el griego. Nació en Candia (hoy Heraclion), en la isla de Creta, y estudió en la Universidad de Atenas, donde obtuvo el título de licenciado en derecho. Tras terminar sus estudios se trasladó a Francia, donde estudió filosofía con Henri Bergson. En la década de 1930 viajó por Europa, Asia y África, y escribió numerosos libros en los que combinaba las descripciones de sus viajes con comentarios personales y filosóficos. La novela Zorba el griego (1946), de la que se hizo una famosa película, cuenta la historia de un anciano minero griego enamorado de la vida. Otra novela también conocida, Cristo de nuevo crucificado (1948), habla de la representación de la pasión de Cristo en un pueblecito griego. Publicó diversos libros sobre temas religiosos y filosóficos, entre los que destacan La última tentación de Cristo (1951), también llevada al cine en 1988, y El pobrecillo de Dios (1953). Tradujo las obras de Dante y Goethe, así como a diversos autores clásicos griegos al griego moderno, lengua de la que es sin duda uno de los más grandes maestros. También escribió ensayos, tragedias y poesía lírica y épica, destacando en este último género Odisea (1938), una continuación del poema homérico.

No hay comentarios: