viernes, 27 de agosto de 2010

Carta de despedida de un enamorado





Nada hay Amor. Nada. Ni brazos emergiendo de los bosques con dedos inclinados.
Nada Amor mío. Ya nadie recuesta el Alma sobre aquel árbol que se curva sobre Agua pura y abundante. Nada hay Amor. Los cuerpos buscan un espacio donde correr de una punta a otra sin acabar como hormigas nerviosas dentro de un vaso. Unos sonidos de tijeras anuncian la levedad. ¿Quiénes se aman? ¿Podemos sentir el roce de sus labios como el Ala de una avispa? ¿Cómo Amar sin sentirse frente a un espejo construyendo un rostro? Nada Amor. Ni el ademán de leer las huellas de los rostros grabados en la almohada. Las manos pueden cerrase y conservar un eco para luego liberarlo en un cuarto de baño. Todos somos ojos de una misma cabeza. Nada hay Amor. Puede verse con claridad, cuando intentas en mitad de la Noche, rehacer nuestros fantasmas famélicos y heridos. Suavemente el Cielo cambia sobre nuestras cabezas y nos hace danzar frenéticos sobre nuestros pies de toros y el decir: nada hay Amor, no sea nuestro desvalido apego en matar y devorar la presa.



Samuel Bossini (Argentina, Santiago del Estero, 1957)



(de la Revista "La Otra" de Ester Cross)


(Gentileza de Marisa Negri)



1 comentario:

Anónimo dijo...

Pájaros incendiados

Soy la única en tu camino,
la última amante en cada último instante
de cada final de tu día.
Soy quien enciende la hoguera
con hojitas secas de laurel y eucaliptus
y tú sabes que sólo yo sé hacerlo
justo cuando echo a volar
las flores de tu sexo.

No se escapa nada de tu piel
todo queda atrapado en los poros
de la mía,
y volamos juntos
como pájaros incendiados
floreciendo después en el orgasmo,
así en cada día ,
y nuevamente vuelvo
a ser la única
con esta milenaria llamarada
dibujada en nuestro lecho.




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