lunes, 17 de julio de 2017

SOBRE EL ACTOR















I

Es pavoroso: qué clase
de persona
debo ser que la gente sólo pide
o necesita,
aplaude o abuchea
el papel que cumplo.



De Solo de contralto


II

El efecto es impagable: el actor,
que hace de padre que
mira a su hija, 
recién muerta, abre la boca
y con los ojos, desencajados como la boca,
pega un grito mudo, un silencio
brutal, la cámara filma en primerísimo plano
la voz que no sale,
hasta que el actor,
y siempre con su boca abierta y
desencajada, como sus ojos, saca
de no sé qué garganta, quién
dirige el gutural, el gemido
insoportable, como si sufriera
demasiado.



De Solo de contralto


III

El actor sufría demasiado.
Pegaba un grito ensordecedor y
se hincaba ante Dios como una mula.
El sonidista quería más,
algo peor, algo
agonizante.
Cuando filmaban el rostro desencajado del padre
que mira a su hija recién muerta, como los ojos, 
desencajados, 
el sonidista giró la perilla.
“Esa boca abierta y muda es veraz”, 
dijo, y salió del estudio. 




Irene Gruss (Buenos Aires, Argentina, 1950)




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