viernes, 4 de septiembre de 2026

POESÍA COMPLETA -Wislawa Szymborska-

 


CANCIÓN NEGRA (1944/1948)
 
 
Dedicado a la poesía
 
I
 
El color del día lo dan el cielo y las hojas,
por eso no está en la caja de los lápices de colores.
Antes de que el jardín se mueva hacia la sombra
tengo que cambiar mis ojos por palabras.
 
La sabiduría de los poetas ociosos al sol es otra
que la de una mosca que se pasea por un tallo
y desconoce su nombre en escrupuloso latín
y el espíritu de contradicción de sus refulgentes alas.
 
Vosotros sois más torpes que vuestros poemas.
 
Tú te olvidarás de ti misma al levantar el vuelo.
 
 
II
 
Los pensamientos son como el viento en una casa
   vacía.
 
Un instante de la ciudad: el sol en un muro.
Una ventana abre su negrura.
Ninguna solemnidad. En la trampa de las paredes.
 
¿De qué sirve el conocimiento de la muerte?
Por su causa se enfría el té sobre la mesa.
Ningún ambiente. De palabras enjabonadas.
 
Un instante del mundo: el silencio no espera.
Vierte el bullicio en las ventanas como si fuera arena.
Ningún lirismo. Para piedras y sueños.
 
 
III
 
El patio se vacía de juegos.
Lo espío como si fuera ajeno.
El aro de uno de los niños
es el ecuador arrancado a la tierra.
 
Es la hora de las peticiones personales:
 
Quiero ver un mañana mejor
abierto de par en par en tus ojos
y entrelazar mis manos en el fuego
como tú.
 
Ha oscurecido el patio.
El aro esperará hasta mañana.
Prohibido jugar con el fuego.
Verte mejor no puedo.
 
  
 
EL GRAN NÚMERO (1976)
 
 
La mujer de Lot
 
Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de la curiosidad pude tener otras
  razones.
Miré hacia atrás porque eché de menos la escudilla
  de plata.
Por distracción: mientras me ataba la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera
él ni se detendría.
Por la desobediencia natural de los humildes.
Harta de escuchar cómo nos perseguían.
Alertada por el silencio, pensando que Dios
  cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el
  suelo.
Miré hacia atrás atemorizada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
saltaba y se arrastraba en un pánico colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces arreció el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás por la rabia.
Para gozar plenamente de su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue solo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster se alzaba sobre sus dos
   patitas.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguía corriendo,
me arrastraba y volaba,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces giré sobre mí misma.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.
 
  
 
INSTANTE (2002)
 
  
El primer amor
 
Dicen
que el primer amor es el más importante.
Eso es muy romántico,
pero no es mi caso.
 
Algo entre nosotros hubo y no hubo,
ocurrió y transcurrió.
 
No me tiemblan las manos
cuando tropiezo con pequeños recuerdos
y un fajo de cartas atadas con un cordel
—si al menos fuera una cinta—.
 
Nuestro único encuentro años más tarde
fue una conversación de dos sillas
junto a una fría mesa.
 
Otros amores
respiran hasta ahora profundamente en mí.
A este le falta aliento para suspirar.
 
Y sin embargo, justo así como es,
puede algo que los otros no pueden todavía:
 
no recordado,
ni siquiera soñado,
me familiariza con la muerte.
 
 
 
Baile
 
Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,
 
mientras la Tierra siga siendo diferente,
de momento, a planetas cercanos y lejanos,
 
mientras no haya rastro
de otras hierbas honradas por el viento,
de otros árboles ceñidos por coronas,
de otros animales demostrados como los nuestros,
 
mientras no haya un eco, que no sea el local,
capaz de hablar con sílabas,
 
mientras no haya ninguna noticia
de mejores o peores mozarts,
edisons, platones en algún lugar,
 
mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar solo entre sí,
 
mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a ninguna otra
y sea excepcional hasta en su imperfección,
 
mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
pasen por ser las únicas cabezas llenas de ilusiones,
 
mientras solo desde el cielo de nuestras bocas
pueda ponerse el grito en el cielo,
 
sintámonos huéspedes en esta sala de fiestas,
distinguidos y únicos,
bailemos al son de la banda local
 
y que nos parezca que este es
el baile de los bailes.
 
No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:
 
un rincón perdido,
en el que las estrellas dan las buenas noches
y hacia el que hacen guiños
nada significativos.
 
 
  
DOS PUNTOS (2005)
 

El viejo catedrático
  
Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos aún tan jóvenes,
ingenuos, impulsivos, tontos, inexpertos.
 
Algo de eso queda, excepto la juventud
——respondió.
 
Le pregunté si todavía sabía a ciencia cierta
lo que era bueno y malo para el hombre.
 
La más mortífera ilusión posible
—respondió.
 
Le pregunté por el futuro,
si lo seguía viendo claro.
 
He leído demasiados libros de historia
-respondió.
 
Le pregunté por la fotografía,
la del marco, sobre el escritorio.
 
Estaban, ya no están. Mi hermano, mi primo, mi
   cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo,
un pájaro volador no identificado
respondió.
 
Le pregunté si a veces era feliz.
 
Trabajo respondió.
 
 
Le pregunté por sus amigos, si todavía tenía.
 
Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen ya antiguos ayudantes,
la señora Ludmita, que manda en casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Grzes de enfrente y Marco Aurelio
respondió.
 
Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.
 
Me han prohibido el café, el vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no oigo lo que me dicen
respondió.
 
Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.
 
 
Cuando la noche es serena observo el cielo.
No deja de asombrarme
cuántos puntos de vista hay ahí
respondió.
 

 
De hecho. cualquier poema
 
 
De hecho, cualquier poema
podría titularse «Instante».
 
Basta una frase
en presente,
pasado o incluso futuro;
 
basta que cualquier cosa
portada en palabras
susurre, brille,
vuele, flote,
o guarde también
una supuesta inmutabilidad,
pero con una sombra en movimiento;
 
basta que se hable
de alguien junto a alguien
o de alguien junto a algo
 
de la mamá que me mima
o que ya no me mima;
 
o de otras mamás
y de otros mimos o no mimos
 
de otras cartillas
cuyas páginas pasa el viento;
 
basta que al alcance de la mirada
el autor coloque unas montañas provisionales
y unos efímeros valles;
 
que al mismo tiempo
aluda al cielo
solo aparentemente eterno y estable;
 
que aparezca bajo la mano que escribe
aunque sea una única cosa
que pueda ser llamada cosa de alguien;
 
que negro sobre blanco,
o al menos en sentido figurado,
por un motivo más serio o menos serio,
se planteen algunos interrogantes,
y como respuesta,
en todo caso, dos puntos:
 
  
 HASTA AQUÍ (2012)
 
 
Hay quienes
 
Hay quienes llevan a cabo la vida más hábilmente.
Tienen orden en su interior y a su alrededor.
Para todo la manera y la respuesta adecuadas.
 
Adivinan inmediatamente quién a quién, quién con
    quién,
con qué objetivo, por dónde.
 
Ponen el sello en las verdades absolutas,
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a los archivadores destinados a ellas de antemano.
 
Piensan justo lo debido,
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.
 
Y cuando los dan de baja de la existencia,
abandonan su puesto
por la puerta señalada.
 
A veces los envidio;
afortunadamente se me pasa.
 
 
 
Reciprocidad
 
 
Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras de teatro sobre actores representadas por
  actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen del reciclado de
  papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros
  pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
Sueños que de repente nos arrancan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Gafas para buscar gafas.
Inspiración y espiración de la respiración.
Y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas      
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos.
 
(Del libro homónimo,
Visor, 2024)

Wislawa Szymborska

 
(Traducción de: Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Mołoniewicz)
 
 
 
Wislawa Szymborska (Polonia Kórnik, 1923 - Cracovia, 2012). Fue una de las poetas polacas más relevantes de todos los tiempos. Recibió el premio Nobel de Literatura en 1996. Hija de un funcionario, en 1931 se trasladó con su familia a Cracovia, ciudad en la que se asentó de forma definitiva. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y el ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria. Ahí aparecieron desde 1968 sus "folletines literarios", a modo de poco convencionales críticas, que serían publicados en forma de libro en dos volúmenes, Lecturas facultativas, (1973 y 1981). Su primer poema publicado, en 1945, "Busco la palabra", apareció en el Diario Polaco, y es a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público. También publicó Preguntas hechas a una misma (1954); Llamada al Yeti (1957); Gente en el puente (1986); Fin y principio (1993); Paisaje con grano de arena -Antología (Lumen, 2005); Poesía no completa (FCE, 2009) y Aquí y Hasta aquí (2012), que vio a la luz dos meses después de su muerte.

Pueden LEER todas los poemas publicados: AQUÍ

No hay comentarios: