“Hay que perder a veces “la ciudad” y hay que perder a veces “las letras”
para reencontrarlas sobre el vértigo, más puras
en las relaciones de los orígenes….
O más ligeras, si prefieres, como en ese domingo
y en esa fantasía que serán…
Hay que perder los vestidos y hay que perder la misma identidad
para que el poema, deseablemente anónimo,
siga a la florecilla que no firma, no, su perfección
en la armonía que la excede…”
Juan L. Ortiz, “Deja las letras”, De las raíces y del cielo, 1958.
Este solitario mundo que danza
UN SONIDO ME ACOMPAÑA
o me persigue? Finjo
morderme los labios como se dice
una mentira piadosa. Parado
en una luz casi
deshabitada, como
caída en la piel
del mundo.
Con el aire
del río se hamacan los ojos dulces
del cielo que habla
en una noche con silencio
tocado.
Bajo una nube
iluminada, este solitario mundo
que danza.
EN LA VENTANA donde miro de lejos un pedacito
del Paraná, se va enterrando
sola
la entera luz de un sol de fuerte color
escarlata.
Y me quedo pensando en el molinillo de horas de chillidos
de chicharras tocando la puerta de la noche del aire
quieto.
Poemas del luchador
El luchador
En la mente
del luchador, hay un tigre dando vueltas
sin sentido.
Hay lunas
dormidas en el ojo
del tigre, canciones de agua, un sol celeste
y violento, y una noche
triste.
El luchador escribe en su diario
“El primer día, se llega con lo puesto
al mundo. Y en los días
siguientes, ni siquiera un domingo, absolutamente
nadie sale a las calles del mundo
sin su armadura.”
“Ah! las preocupaciones del mundo.
En silencio, busco un sitio y una dirección.
Aquel asunto, será niebla, vapor.”
“¿Y ahora qué es la paz? Aquí la paz
no existe, no es nada. Son esos árboles
gigantes del otro lado del río que ves
en sueños.”
Mientras se oye apenas
Mientras se oye apenas el sonido del agua de las palabras más lejanas,
el silencio cae entre los bloques de los ecos mudos de los derrumbes
de la luna.
En la vereda de tierra, el viento suave de la mañana nos dejó un arcoíris
hecho de hojas del Paraíso.
Mirando el cielo, aún esperando que entre en mi patio interior.
Ha llegado y aún no nos respira la primavera.
Todavía, cada
mañana, te quiero
y te abrazo infeliz mundo
caprichoso.
Dejando un momento las cosas del mundo, mis ojos están volando
por ahí.
(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,Envío
de Alberto Cisnero)
Fabián Herrero (Santa Fe, Argentina, 1965)
Pueden LEER la biografía y todos los poemas del autor en esta Biblio.: AQUÍ

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