sábado, 20 de diciembre de 2014

BARDA


























EL MOMENTO

Hace espuma con el agua
sumergido por entero
está feliz y eso alcanza

—siempre alcanza la felicidad
de un momento, 
dicen por ahí.

Cuando la mira se ríe
y se le agrandan las pupilas
intensas como el chocolate.
Quién pudiera volver a la bañera
y a los juguetes
a la creación de la espuma
—la vasta felicidad sin nombre
un momento de agua con mirada de madre
obnubilada.



CORAZÓN DE AIRE

Mamá hace pan
como yo dibujo con crayones la pared
—así de fácil
como mi hermano ríe
desde la cuna cuando la ve
—así de natural
como si fuera panadera
y no maestra.
Gira la masa,
la dobla sobre sí misma,
engendra un corazón de aire
y lo presiona
con la intensidad de una caricia.

La mesada se templa para recibir la harina,
dan ganas de acostarse encima
con la panza desnuda
—la tibieza del pan se huele cinco horas antes.
Mamá hace panes trenzados,
como varas, como hogazas,
con cruces o rayitas,
panes integrales, 
de leche, con semillas
y agua de azahar para las Fiestas. 
Nunca le salen igual —eso ya es regla—
“a ojo” siempre dice
y todo, todo le queda tan rico.

Cuando los bollos están 
engordando bajo el repasador
y se renueva la advertencia de no entrar
a la cocina, yo le voy avisando a mi estómago
que se prepare. Con Tatung no nos alejamos 
ni dos pasos de la mesa.



BARDA

No escucho más que la voz
del viento,
la veo quebrar
instantes como frutos secos.
El valle —un infierno verde—
nos hunde en este desierto 
y son dos
los cauces que irrigan tu perfil bermejo.

Yo corrí esa piel muchas veces,
me enredé entre alpatacos
y le di mi carne a las espinas.
Pisé —y resbalé
tus piedras sueltas
y el hueso de algún cocodrilo
enraizado en tu vientre.
Desde el mirador, junto al canal de la ciudad
y la avenida, vi extenderse el campo de golf 
—otra conquista
sobre tu parte dormida.
Me sentí libre en tus venas
—creo que también me sentí presa
y me fui antes de morderte más las uñas,
un intento voraz 
de escaparle a la locura



EL BESO

La mirada en los ojos
en los labios
en los ojos
la distancia que se pierde
se inhala
y el temblor

—piel mojada que presiona la renuncia.

Nada importa. Todo sobra.
En tus labios el mundo se hace de agua
y por primera vez ahogarme
me encanta.





Aixa Rava  (Río Grande, Tierra del Fuego, 1982)