jueves, 18 de diciembre de 2014

LUNES






















EL NOVIO CORRECTO

La posibilidad de encontrar al novio 
correcto
es una en cuatromilmillones 
(población mundial masculina). 
Debemos poder llegar a su amor a tiempo, 
es decir,
ni tomándonos un café porque se hizo muy
                               /temprano
ni un taxi porque llegamos tarde. 
Aunque quizás sí,
su búsqueda implique gastar años de vida 
y todos nuestros ahorros 
en botellas de vino rojo 
y polvos dorados 
y exponer de vez en cuando 
nuestras piernas 
a finas medias de seda 
en noches invernales bajo cero,
en función de estar listas
para su arribo a nuestras vidas
en cualquier momento.
Pero a la larga tiene que sentarnos
como el aroma del jazmín en primavera
y la esencia de vainilla en el otoño.
Al fin y al cabo,
estamos desestimando al resto de los
tresmilnovecientosnoventaynueve
milmillones de hombres
por él.



EL SENTIDO DE LA VIDA

Acércate a tu balcón y mira para abajo. 
Seguramente prefieras seguir ahí antes que
tirarte cabeza abajo.
Entonces no te preguntes más eso, por
favor, y ocúpate de algo más.



ASTRONOMÍA



Y ahí es donde todos los seres videntes y sueltos tenemos algo que nos une más allá del   aire   libre,   concretamente.   Desde   el concreto, desde la terraza, desde la arena, la montaña o el mar, desde la primera mujer hasta el último hombre. 
Es el poder de nuestros ojos trascendiendo la Vía Láctea hasta chocarse y absorber la luz que refleja el satélite de amor, la fiel luna,    compañera    dependiente    de    lo terrestre.
Y ése es un gran punto en común, donde confluyen todas las miradas, porque a veces se ve mejor de cerca y otras de lejos, pero nunca si estamos entrometidos en el asunto. 
Después además,algunos estaremos conectados con otros al coincidir en: cometas (menor cantidad de la poblaciónmundial) y distintas estrellas y luceros, muchos   de   los   cuales   incluso...¡Ya   no existen! Hace muchos años se apagaron pero   su  luz  tardó  tanto   en llegar  que podríamos decir que es su almita la que toca nuestras crédulas pupilas, que creen lo que no existe solamente porque lo ven.



Alelí Manrique (Argentina, Río Negro, El Bolsón, 1979)