viernes, 28 de abril de 2017

EL ARTE POBRE


















La pintura
de caballete exige sacrificios
para quien la hace y es siempre un estorbo
para quien la compra y no sabe dónde colgarla.
Durante algunos años sólo he pintado pájaros
cogidos en las redes,
sobre papel azul de azúcar o cartón de embalaje.
Vino y café, huellas de pasta de dientes
si aparecía en el fondo un mar rizado,
tales los colores.
Usé también cenizas y fondos
de capuchino a Sainte-Adresse, ahí donde 
Jongkind halló sus gélidas luces,
y quise resguardar, con poco éxito,
el paquete con alcanfor y plástico.
Es la parte de mí que logra sobrevivir
de la nada que había en mí, del todo que tú eras
sin saberlo.



Eugenio Montale  (Italia, Génova, Liguria; 1896 - Milán, Lombardía, 1981)


(Traducción Fabio Morábito)


L'ARTE POVERA

La pittura
da cavalleto costa sacrifizi
a chi la fa ed è sempre un sovrappiù
per chi la compra e non sa dove appenderla.
Per qualche anno ho dipinto solo ròccoli
con uccelli insaccati,
su carta blu da zucchero o cannelé da imballo.
Vino e caffè, tracce di dentifricio
se in fondo c'era un mare infiochettabile,
queste le tinte.
Composi anche con cenere e con fondi
di cappuccino a Sainte-Adresse là dove
Jongkind trovò le sue gelide luci
e il pacco fu protetto da cellofane e canfora
(con scarso esito).
È la parte di me che riesce a sopravvivere
del nulla ch'era in me, del tutto ch'eri

tu, inconsapevol.




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