sábado, 3 de junio de 2017

PROSSER


























En invierno se ven dos tipos de sembrado 
en las afueras de Prosser: 
campos de trigo verde nuevo, 
con sus vástagos que surgen por la noche 
de la tierra labrada,
esperan
y crecen luego hasta brotar.
A los gansos les encanta este trigo verde.
Yo lo probé una vez también.
Y los campos de trigo cubiertos
de rastrojo llegan hasta el río.
Son los campos que lo han perdido todo.
Por la noche intentan recobrar su juventud
pero respiran lenta e irregularmente
mientras se hunde su vida en los
oscuros surcos de la tierra.
A los gansos les encanta también
este trigo echado a perder.
Morirían por él.
Pero todo cae en el olvido, 
casi todo,
y más temprano que tarde,
bendito sea Dios.
Padres, amigos, todos pasan
por tu vida y ya están fuera otra vez, 
unas cuantas mujeres se quedan un rato, 
luego se van, los sembrados también
se dan media vuelta y desaparecen 
bajo la lluvia.
Todo pasa, menos Prosser.
Aquellas noches, de vuelta,
atravesando millas de campos de trigos
faros delanteros barriendo 
los campos en las curvas— Prosser, 
aquella ciudad, iluminada cuando
culminábamos las colinas,
la calefacción a tope, cansados 
hasta los huesos,
el olor de la pólvora aún en nuestros dedos.
Apenas puedo verlo, a mi padre,
inclinándose hacia el parabrisas de la cabina,
diciendo: Prosser.



Raymond Carver (EEUU, Clatskanie, Oregón, 1939-Port Angeles, Washington, 1988)

(Traducción: Jaime Priede)

PROSSER

In winter two kinds of fields on the hills
outside Prosser: fields of new green wheat, the slips
rising overnight out of the plowed ground,
and waiting,
and then rising again, and budding.
Geese love this green wheat.
I ate some of it once too, to see.

And wheat stubble-fields that reach to the river.
These are the fields that have lost everything.
At night they try to recall their youth,
but their breathing is slow and irregular as
their life sinks into dark furrows.
Geese love this shattered wheat also.
They will die for it.

But everything is forgotten, nearly everything,
and sooner rather than later, please God—
fathers, friends, they pass
into your life and out again, a few women stay
a while, then go, and the fields
turn their backs, disappear in rain.
Everything goes, but Prosser.

Those nights driving back through miles of wheat fields—
headlamps raking the fields on the curves—
Prosser, that town, shining as we break over hills,
heater rattling, tired through to bone,
the smell of gunpowder on our fingers still:
I can barely see him, my father, squinting
through the windshield of that cab, saying, Prosser.




IMAGEN: Prosser Valley -Condado de Washington - E.E.U.U.





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