lunes, 26 de octubre de 2026

ME LLAMO CUERPO QUE NO ESTÁ

 




LOS TEXTOS DEL YO (2005)

Libro I: La más mía


15.

[LA CASA FEMENINA]

Anoche soñé la casa donde no vivo y no poseo 
tenía los muros azules y una membrana de membrillo 
    en el lugar del techo.
Olía a hierba fresca, a pies de muchacha sumergidos 
    en el río.
La luz de los quinqués alumbraba el sosegado vuelo 
    de los insectos.
La llamé estío porque me exigió un nombre a gritos 
y entré en ella como se entra a veces en el sexo: 
sin dudar y sin saber y sin pensar en los orificios.

Aire lleno de aire. Adentro.

Vi a través de las trece ventanas lo que se quedaba afuera: 
el mundo ensimismado en su propio espejo 
la edad lógica y absoluta donde todo es velocidad 
la dictadura de los significados 
la perfecta pulcritud del hospital.

Me di la vuelta y toqué el piso, la mesa, la cama.
Me acurruqué bajo la cintura de su sombra.
Entonces el placer que es la felicidad me untó 
    los muslos con su gasa.
Estuve frente a frente con la paz.



[YOU SHOULD HOT MISTREAT ME, BABY, BECAUSE I AM YOUNG AND WILD. BOB DYLAN]

No me pidas ternura.
Amantísima, la más mía, pídeme cualquier otra cosa. 
Tengo los bolsillos repletos de carreteras bífidas. 
Pídeme una fractura
la soledad del muro solo bajo la sola lluvia 
gotas de adrenalina. Sombras de cal.
Yo nunca le canté a la rosa.

Si tienes miedo, pídeme heroína.
Si tienes hambre, pídeme lenguaje.

No me maltrates.
Pídeme sólo aquello que tú me diste: 
esta dureza que hace menguar la luz a las tres 
    de la tarde cuando me pongo a llorar 
    por tenerte y nunca haberte tenido, inabarcable. 
Pídeme la tensión que aprieta el nudo de la noche 
    cavilante.
Pídeme lecciones del arte de no estar.
Dame chance.
Sigo siendo la misma salvaja que tú creaste.

Si tienes sueño, pídeme el paisaje.
Si tienes frío, pídeme las aristas de la tarde.

Pídeme números, noticias, algo contable.
Pídeme la burla que aprendí en tu boca de piña 
la escaldada lengua, la herida.
Pídeme papel de baño, un premio, anfetaminas.
Tengo los ojos llenos de terrestres maravillas.
No me maltrates.

Te regalo mis muletas 
toma la luz de neón de mis esquinas 
quédate con los vagabundos que me enseñaron 
     a magrear
quédate con este exceso áspero que nació en tu aliento 
toma la calistenia inútil de mis huesos 
te regalo toda junta mi frialdad.

Entre tú y yo, amantísima, la más mía, nunca hubo 
     ternura
nunca entre nosotras existió la rosa 
el candado unívoco del tallo 
     el aroma
los pétalos de las palabras juntas en la corola luminosa.

Si tienes dolor, pídeme un té de jeringas.
Si tienes necesidad, pídeme las muelas del azar.

Pídeme ajenjo.
Pídeme todas las puertas que no abriste cuando llegué 
     a tu corazón desnuda.
Pídeme tu misma falta de piedad.



21.

[LA MÁS MÍA]

La magnífica 
la llena de sol 
la más fuerte 
la daga en el pan 
la casa
la sin zapatos sobre la arena 
la red y el pez dentro de la red
la por sobre todas las cosas 
la cabrona 
la todas
la más que todas 
la verde 
la infinita 
la milagrosa 
la que renace 
la más mía.
La madre.



Libro II: Yo ya no vivo aquí 


el ángel aleccionador


Le decía:
quieres darme una lección.
Quieres que aprenda a guardar el silencio bajo 
    la lengua mientras los ilusos hablan.
Que yo me vuelva como tú, eso quieres. Que sea 
    nadie, menos que nadie.
Una brizna de hiel en un frasco de formol.

Quieres que sea como tus verduleras, tus putas tristes, 
    tus mujeres buenas.

Que baje la vista ante el brillo amargo de tus alas 
    mientras desdoblo la ropa y ocupo mi lugar 
    en el charco de semen que dejaste ayer sobre 
    la cama.

Tengo que tender la cama.

Quieres que ponga la otra mejilla. Y luego la otra.
    Y luego las manos, las nalgas, los muslos, bajo el 
    golpe de la regla de madera que te regaló tu 
    maestro de primaria.

Quieres que te dé las gracias.

Quieres que deje de mencionar los nombres
    de los lugares comunes. Los otoños en París,
    los veranos en Madagascar, el viaje a Florencia. 
    Nunca quieres que te cuente de las costas 
    de Bali.

Que me olvide de las sábanas de seda, el perfume 
    de algas, el oporto, el té de menta.

Que use palabras simples, quieres.

Quieres que te la mame.

Quieres que aprenda a imprecar con la dorada
languidez del héroe que nunca fuiste.
Que te sea infiel y lo cuente.
Que diga chistes.
Que me vuelva mala para ser un poco como tú, menos 
    que nadie, menos que nada.
Que te alborote el pelo y te unte el sexo de saliva 
    y deje moretones en el cuello para que salgas 
    con cara de feo en el retrato de la sagrada familia.
Quieres que te adore. Que adore tu verga, tu culo, 
    tu semen, tu mierda.
Quieres que te coja.

Quieres ser mi mujer.

Quieres darme una lección.

Quieres ser un dios caído, una fruta agria, un ángel 
    aleccionador. *



Las mujeres-con-pasado

Se les reconoce porque siempre miran hacia atrás.
A veces es un gesto que quiere pasar desapercibido 
—la mano que sacude polvo imaginario 
de un hombro, los ojos que vuelan sin permiso, 
el perfil en constante acecho— y otras el descarado 
volverse justo cuando se ha doblado la penúltima 
esquina.

Se les reconoce porque su ropa parece extraída, 
invariablemente, de un clóset de 1940.

Las manos les tiemblan, oh tan levemente, cuando 
llevan la taza de café a los labios rojos, estriados, vivos.

Se arremolinan sobre los asientos. Como se dice.

Se ven más jóvenes de lo que son.

No saben estarse quietas, excepto cuando ven hacia 
los ventanales. Cuando el zumbido hipnótico de la 
mosca se las lleva lejos. A través.

Son platicadoras, ligeras, solares. Discurren 
con facilidad sobre el costo de la vida y el quehacer 
de los gobernantes. Han visto todas las comedias 
románticas con Meg Ryan o Julia Roberts.

Utilizan con frecuencia la palabra carisma.

En el alrededor de sus cuerpos se esparce a menudo 
ese aroma algo dulce y algo empalagoso 
de los perfumes pasados de moda.

Hay rumores a su paso. Bisbíseos abstractos, algas, 
maravillas.

A mí me gusta verlas sobre todo del otro lado 
de los ventanales. Cuando encienden el primer 
cigarrillo, cuando aspiran el humo, cuando lo dejan ir.

Esa grisura.

Ese terco callarse.

Todo esto bajo el zumbido hipnótico de la mosca 
que nos lleva lejos, a través de los cristales sucios 
de grasa y de tiempo. Todo esto.




EL DISCO DE NEWTON:
DIEZ ENSAYOS SOBRE EL COLOR (2011)


X.

UNIR

Fue en la casa de su madre, en Lincolnshire, que Isaac Newton tuvo
el tiempo y la disposición de ánimo para observar una manzana.

El pecado es acaso sólo una cuestión de gravedad.

Las letras de la palabra Adán son las mismas que componen la palabra Nada.

«The redness/ of red» escribió Rae Armantrout para referirse a algo 
que no entiendo pero que, sin embargo, percibo. «Lo rojizo/ del rojo».

Es verdad que amanece.

La sangre suele ser un lugar común.

En la imaginación popular las palabras «y sin embargo se mueve» 
siguen siendo una referencia más o menos explícita a la tenacidad 
o testarudez de la mente científica.

El cuerpo es una forma de la mente y viceversa.

Suele producir algo de inquietud observar a un hombre que retoza 
bajo la fronda de un árbol o que se desliza como entre nubes cuando atraviesa las calles de una ciudad.

Hay ciudades que, en efecto, se prestan para caminar ya sea con 
o sin lluvia.

Alguien ha asegurado ya que es muy fácil perder un paraguas.

No sé cuál sea la probabilidad de perder, en cambio, una flecha 
dorada.

En sus retratos de juventud, Isaac Newton da la apariencia de haber
sido un hombre hermoso a punto de morder una manzana.

Todos perdemos, eso se sabe.

¿Es posible que un cuerpo yazga orgánicamente sobre un litoral?

El ruido que resulta de la inserción de los dientes sobre la manzana siempre me ha parecido sensual. En cambio, el ruido que se produce 
cuando los dientes arrancan el pedazo de la fruta me hace vacilar.

Bilabial, la boca. El beso. El chasquido.

En el esquema RGB, el rojo junto con el verde y el azul son colores primarios de luz. Esto cambia en el esquema CMYK que está basado en pigmentos donde el rojo no es parte de los colores primarios sino el rojo magenta, que junto con el cian y el amarillo están más cerca de los colores primarios sustractivos auténticos que el ojo percibe, y se utilizan en la impresión de color moderna.

El menstruo, ah. Viscoso, real, inútil, el menstruo.

Combinación numérica; ranas palúdicas; palma arquitectónica; espesura escalofría.

La urgencia con la que cruzó la puerta y tomó el pincel y trató, inútilmente, de plasmar lo que veía detrás de los párpados.

Voy gravitacionalmente hacia ti.


¿Mencioné ya los pájaros carmesí, la luna vacía, la larga hilera 
de hormigas?

Son pocas las vocales que separan la palabra «monstruo»
de la palabra «menstruo».

¿Consiste la meta en colorear el propio yo para así convertirlo 
en un personaje audiovisual?

Había, en algún lugar recóndito de sus huesos, un aroma 
contradictorio y una sustancia que no dejaba de manar.

Mis vestigios terrestres. La hipocresía de mis roperos. Mi magnético interior. ¡Ah!

Dentro de la cueva, el pálpito. A cada latido, la humedad. La sangre 
es un lugar común, lo escribí hace rato.

Las fúlgidas aves; los calosfríos ignotos; el letárgico licor; las fulmíneas paradojas; el radioso vértigo; la remordida ternura.

Aquí no vive un coleccionista de insectos.

Como si se tratara de alguien ligeramente atormentado: alguien con un cigarrillo en la boca; alguien con un pasado muy largo.

Todo era mentira, Isaac.

Vivimos en estado de peligro: lo desunido se une.

¿Piensas quemar mi casa también?, preguntó o dijo.

Había una duna y, sobre la duna, unos zapatos muy viejos.

Alguien decía entonces: te quedarás.




LA IMAGINACIÓN PÚBLICA (2015)



ME LLAMO CUERPO QUE NO ESTÁ:
LOS ENCLÍTICOS 




SOÑAR ES UN VERBO


Escribo se esfume retengo Estoy parecen tiene es Estoy se parece serlo es cruza está tiene Voy caminando Estoy hablando me encuentro hay creo recordar llegar a saber Estoy pasa desaparecen preocupa estén estoy corriendo estoy me doy cuenta están corriendo vamos he tenido haber estado andando me duelen las siento Sigo corriendo estamos Me suena no lo conozco Seguimos corriendo noto sigo corriendo empujando continúa hay no tengo correr No sé pienso continúa Vuelve intentar sacarme aguanto Acelero Ya queda Y vuelve a hacerlo le pregunto lo hace hace no responde Empuja me zafo cae parece tiene es Se levanta sigue Escucho llegamos parece cabemos Al entrar se ilumina Pasar fuese es disminuye se desvanece Ya queda salir hacemos Hemos vuelto Sigo corriendo se ilumina Al ver he desconcertado se refiere quedan llegar, vamos está alcanzarme, estoy llegar seguimos corriendo tengo haberlo dejado seguir corriendo no ver por llegar sigo pesan siento latir me despierta sin saber nada más que esto.



LA GRAVEDAD DE LOS HUESOS CUANDO CAEN DE PIE SOBRE LA TIERRA

a.
Habría que preguntarse si algún día dejarán de ir. Decir: algún día conocerán el bautismo.

b.
Habría que iniciar, por ejemplo. Bajar la vista. Hace como si.
c.

La gravedad de los huesos cuando caen de pie sobre la tierra. Partirse en dos o en tres. Quebrarse en muchas.

d.
La súplica se hace en la inmensidad del muro. La súplica se hace bajo tu mano. La violencia del capital financiero nos hace llorar.

e.
Habría que avizorar, por ejemplo.

f.
Me llamo cuerpo que no está. Me llamo Agua Bendita. Me llamo Salario de Dios. Vivo dentro de un fresco que ha sobrevivido cientos de años. Dentro de un frasco con salmuera y formol. Recordar no pasa de ser eso.

g.
La compañía es lo que permanece en secreto. Y la salida. Todo lo que no se ve.

h.
De pronto. De repente. De súbito. Todo quiere decir lo mismo.

i.
Perder el camino, equivocar la salida, desviar la mirada. Eso es el aquí: un hueco.

j.
Los violentos pliegues de la tela cuando el torso se eleva. Habría que volver el rostro, por ejemplo. Manifestarse. Iniciar.


(Del libro homónimo,
Lumen,2024)

Cristina Rivera Garza



 Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, México,1964). Vive desde 1989 en los Estados Unidos. Inicialmente reconocida por Nadie me verá llorar (1999), una novela que el escritor mexicano Carlos Fuentes describió como "una de las obras de ficción más notables de la literatura no sólo mexicana, sino en castellano. Cristina Rivera Garza es narradora, poeta, traductora y crítica. Estudió sociología urbana en la ENEP Acatlán (hoy FES Acatlán) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y obtuvo su primer doctorado, en el área de la historia de América Latina, en la Universidad de Houston. En 2012 esta misma institución le otorgó un doctorado en Letras Humanas, con distinción honoris causa. Sus investigaciones de corte histórico sobre las definiciones populares de la locura y la historia de la psiquiatría en México a inicios del siglo XX han aparecido en las revistas Hispanic American Historical Review, Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, entre otras, en Inglaterra, en Argentina y en los Estados Unidos. Sus textos se han publicado en antologías y diarios y revistas nacionales. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, al italiano, al portugués, al alemán, al coreano, al francés y al esloveno. Publicó La mano oblicua en la sección Cultura del periódico Milenio. Sus libros más recientes son El invencible verano de Liliana (Random House, 2021; Premio Xavier Villaurrutia 2021, publicado en inglés en 2023 y finalista del National Book Award en la categoría de no ficción), New and Selected Stories (2022), Dolerse. Textos desde un país herido (2011, traducido al inglés en 2020 por Sarah Booker y finalista del NBCC Award) y su poesía completa, con el título Me llamo cuerpo que no está (Lumen, 2024).En el 2024, recibió el Premio Pulitzer en la categoría memorias/autobiografía. En 2020 obtuvo la beca MacArthur. Actualmente es profesora distinguida M. D. Anderson en la Universidad de Houston. Además de los mencionados, Rivera Garza ha recibido los premios José Donoso, Sor Juana Inés de la Cruz (en dos ocasiones), Anna Seghers, Shirley Jackson y Roger Caillois. En 2026 fue considerada como una de las candidatas al Premio Nobel de Literatura que entrega la Academia Sueca.


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