viernes, 20 de enero de 2012

Metamorfosis a la intemperie



No haber nacido animal es una de mis secretas nostalgias.
Clarice Lispector

Un noche te soñaste tocando cumbia en un matorral
y estabas solo,
sin pesares,
conquistando luciérnagas con tu piel, saltando
como una rana loca de humedad,
regando el roce de tu acrobacia junto al rocío,
rodeado por un cortejo de moscas con olor
a jazmines,
corriendo desbocado y revolcándote
en estrellas.

Un día despertaste y la profecía
se había cumplido:

eras un animal.



A la sombra del tilo

Viene del monte un aroma a casuarina
y lujuria recién lavada
que me envuelve

Arrojo los dados minerales:
números tallados por la constancia del viento
astillan mi suerte
Ella gotea hacia arriba y cae
desnuda
pero dispuesta

No hay dádivas para este corazón
señor de la mañana

Altagracia en derredor, no tengo más verdad
que un salvaje palmar
y el éxtasis en puntas de pie
de saber que este amor
se come
con las manos.



Atardecer durazno

Siempre más sonriente al desastre más bello
Mallarmé
Zócalos sin lijar
maderos imperfectos
Tierra blanda suelo baldío

Caen sobre mi cabeza los durmientes de tacuara
Se desmorona el espacio junto a la humedad
de los juncos de cielo
y el tiempo atardece

Por el extremo izquierdo de los escombros
-en perfecta diagonal-
entra un haz finito y concentrado
de luz durazno

Se posa en la parte superior de mi mano
como una mariposa que cobija
una perspectiva
un mensaje

Logro asir con dulzura lo luminoso
hasta en los peores
atardeceres


Lucio Madariaga (San Cristobal, Buenos Aires, 1985)