viernes, 3 de febrero de 2012

yo no he dormido nunca












podrá decir

lo vi tirado en las mesas

(estaba borracho,
borracho)

toqué su pecho frío

(era mi camisa de nieve)

no yací con amantes
ni hundí este cuerpo en plumas

de niño guardaba la quietud
iluminaba
la orilla de la noche

se equivoca
no he perdido mi vida
no fui encontrado por el caos
la serenidad

yo no he dormido nunca

predije terremotos
los incendios

conozco los vejámenes

y si alguna vez
me descubrió
bajo algún sauce
tomando sangría con amigos
o pasé en autos
que perforaban las salinas
corriendo
estaba atento
sabe?
llevaba el balance
anotaba

no he dormido nunca
no descendí de la nube
ni surgí de otras tierras

me han tironeado a gritos
echado baldazos de realidad
ferocidades
espumas

de todo
imagínese

y
le puedo asegurar
estos ojos
iban abiertos
de oro
de ríos

en su pozo.




Grandes esperanzas


algo estaba en el aire
y me tocó

ando por la calle con los muertos
(pero vos,
el
también)


no podría ir a casa
no debería ir a mi casa

el intendente baja de su nave
y me increpa :

Usted
no vaya a su casa!!!

paro en un bar
me traen el diario

ahí va la casa de Alejandro Schmidt
con campanas y fuego
con la señora y el hijo
saludando

y todavía
no comencé a llegar
al sitio
donde estaba mi casa
esta noche dormiré en lo de Brito

desde su patio
el cielo que olvidé

tenía una casa
y volvías

algo me demoró

deben estar por el Dorado

sus ladrillos
los cuadernos

¿debo tener una casa?
soy un perro
o soy una manzana?

muchos hombres
mejores
jamás abren su casa

iba a mi casa y me acordé
del miedo
al fondo
de esos años
crudos y livianos

mi casa
mi casita
donde mordí la Tierra
y me quebré

no me invite vecina
no
la puede retar
el intendente

abro el portoncito de la noche
y descanso
estudio largamente sus paredes

debe ser
lo que va quedando
para mí.




Un canto


esos son los dioses en la lluvia
ese es tu amor muerto al llegar
entre ellos
lo que fue primero
permanece
creciendo como pasto del presente

ahora miente la realidad
y miente el sueño

hace frío
el trabajo es largo como el pan
dale árboles a tu camino
dale infancia

a caballo del rey
se notan las manos del azar

la muerte
el oro
acariciados

y cuanta soledad su leyenda
y cuanto fervor
aquellas puertas

un río cruza el aire
esa es la sed de los poetas
la tierra espera

¿adónde preguntaron por nosotros?

¿cuál vida se guardó
sin ser hallada?

abre un dilema para todos tus días
una rosa feroz

un canto.


Inéditos
(de PUNTO libro inédito escrito a comienzos de la década del ‘90)


Alejandro Schmidt


Alejandro Schmidt. Nació en Villa María, Córdoba, en 1955. Publicó, entre otros, Serie americana (1988), Dormida, muerta o hechizada (1993), El diablo entre las rosas (1996), El patronato (2000), Silencio al fondo (2000), Esquina del universo (2001), La vida milagrosa (2005), Llegado así (2005), Casa en la arena (2006). Dirigió la revista El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol (1987-1991), las carpetas de poesía Alguien Llama, la editorial de poesía Radamanto y, actualmente, la colección de poesía de Ediciones Recovecos, en Córdoba.



1 comentario:

José María Pallaoro dijo...

siempre un placer leer al querido alejandro (querido a la distancia. al no conocer el cuerpo y la voz. pero, qué digo? su voz poética sí la conozco, acompaña los días.

el poeta nunca descansa. brilla en el alerta, no, no creo en la inocencia de la poesía, en la inocencia del poeta. no hay poesía ni poeta inocente. hay este cúmulo de palabras iluminando el sol, sí, el sol de los desamparados.

gracias, alejandro.