domingo, 26 de julio de 2015

VIENTO EXTRANJERO























LAS HAMACAS


a Pilar

Las hamacas que visitábamos de noche nos interpelan, 
el bosque que recorrimos juntos nos interpela: 
hablan de nosotros y repiten nuestros nombres.

No es todo lo que quisiéramos oír
pero su voz se oye clara en cuanto apoyamos la cabeza.

Dicen sí y dicen no,
dicen claridad y oscuridad, siempre de a pares;
de dos en dos, no se cansan de repetirnos.
Hablan de lo que llega limpio y no tarda en desvanecerse,
de lo que se eclipsa y regresa cuando ya no lo buscas.

En el vaivén está su secreto,
en el soplo y en la brasa, en la aparición y en la desaparición. 
Por su abundancia, la luz tiene necesidad de repetirse, 
hace nido en la piel y se transforma en memoria.

Dispuestos a partir -no una, sino mil veces-, regresamos; 
regresamos porque no hay otro lugar y el mundo es éste 
y aceptar la vida es el lugar.

Tu estatura no era elevada como para escuchar esa voz 
que se abalanzaba desde las sombras,
pero juntos, tomados de la mano, formábamos una columna 
más fuerte que tu miedo y el mío.

Las hamacas nos enseñaron a escribir sobre el agua,
a dibujar grandes círculos en la arena
y a confiar en el bosque del que no hemos salido.



TODOS, ALGUNA VEZ, ESTUVIMOS EN EL PARAÍSO

El que observó a medianoche la espuma blanca del cielo, 
el que oyó un galope prolongado en la estepa de la mañana, 
los que presintieron la lluvia y se refugiaron en ella, 
el pescador que aguarda el próximo pez que prenderá esa tarde, 
el que recuerda el olor a café detrás de una puerta que no existe, 
quien siente en la boca la primera palabra de un verso:

todos, alguna vez, estuvimos en el paraíso;
las manos lo tocaron y el pecho aspiró su aroma,
el Paraíso cedió por un instante -se detuvo allí—
alzó un vivac en el que cada fragmento coincidió con su parte:
las sombras con el árbol, el árbol con el camino,
el río de Heráclito con el río a secas.



SEGUNDA NATURALEZA

El amanecer comienza, como siempre, en voz baja.
Lo acompaña un trino que, con el paso de las horas, se apaga.
Entonces entran los grandes autobuses,
palas mecánicas y grúas a reinar sobre el planeta.
Un taladro avisa que el mundo ya está en marcha.

En el silencio de la habitación continúa aquel trino, 
aunque sólo esta página lo escucha.

Levanto la vista
y sobre la pared cuelgan fotografías de familia.
Cuadriculan el tiempo, lo fijan: es su modo de reinar en el silencio.
Pero padre, madre, abuelo, hermana, no están allí.
Son como esos pájaros del amanecer
que una luz, casi dorada, despierta.

Hojas de papel, paredes blancas: escudos contra la desaparición.



PEDÍ QUE ESTE VIENTO

Pedí que este viento no terminara nunca
y eso es imposible:
las cosas nacen para sucederse, no para durar.
Es lo que marcan las estaciones,
los cambios en la piel
y esta misma plegaria a través de los años.

No permanecen igual: se suceden.
Incluso la propia imagen del viento
lo dice claramente:
lo que hay es cambio y nada lo frena.
De lo más cálido a lo frío
y del frío a la frialdad extrema.

El viento desprende las hojas,
que son otras, otras.
Contagiadas por esta lección,
las manos se sueltan de las manos.
Nada permanece:
ningún trabajo sobre la superficie blanca del mar.




Rafael Felipe Oteriño


Rafael Felipe Oteriño. Poeta argentino. Nació en La Plata, en 1945. Vive en Mar del Plata, donde es Profesor de la Universidad Nacional. Ex juez del fuero civil y comercial y miembro de la Academia Argentina de Letras. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Altas lluvias (Cármina, 1966), Campo visual (Cármina, 1976), Rara materia (Cármina, 1980), El príncipe de la fiesta (Cármina, 1983), El invierno lúcido (El imaginero, 1987), La colina (Ediciones del Dock, 1992), Lengua madre (Grupo Editor Latinoamericano, 1995), El orden de las olas (Ediciones del Copista, Colección Fénix, 2000), Cármenes (Vinciguerra, 2003), Ágora (Ed.del Copista, Colección Fénix, 2005) y Viento extranjero (Ediciones del Dock, 2014). En 1997, el Fondo Nacional de las Artes publicó su Antología poética. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Konec de Poesía y el de la Secretaría de Cultura de la Nación.