jueves, 30 de julio de 2015

ESCRIBANÍA DE VIVOS Y MUERTOS
























Los años pasados y éste son lo mismo
Nada nuevo bajo el sol
Sufrimos gozamos lloramos cantamos
reímos un poco
Dormimos más a veces menos
según el reloj del corazón
En oportunidades diversas
tenemos visiones semejantes
Por ejemplo la recurrente certeza
de la gran olla universal
donde la inteligencia es una salpicadura
Por ejemplo la seguridad de la desaparición
en la noche caníbal



LAS PALABRAS
a Joaquín Giannuzzi a Teresa Leonardi-Herran

I

Encontró una línea escrita
la creciente arrastra sombras
Le pareció un hermoso verso
y pidió al hijo que continuara
Éste agregó
también zapatillas trozos de cuero
osamenta de animales etcétera
Entonces
el padre defraudado
condenó la inclusión del deterioro
entre los eslabones de la vida
como si ésta sólo fuera
un lírico desgarrón de lo absoluto

II

Sin embargo todo resulta banal 
lo enorme y lo ínfimo 
Cantar sería revertir 
encontrar el espacio de pureza 
donde trazar el resuello 
Tomamos aire y continuamos 
El espejo dice la verdad 
Nuestra imagen en el agua quieta 
es la momia del instante
Luego están los otros y el amor
los pedazos de carne en la gloria del tacto
y la amistad para sentimos tibios
pues desde los sillones
tapizados de codicia
la historia de cada uno
cada historia personal
parece un film confuso y boqueante
No entendemos de números
ecuaciones estadísticas proyecciones
más fácil fuera el látigo la horca
Rebaño el mundo
matadero

III

Bueno o malo
por un oscuro designio
almaceno lo cotidiano
en un depósito de insalvables carencias
Demasiado ambicioso
he repetido mil veces
y te lo he dicho amiga
mi esperanza cuando escribo versos
es su buena factura
Pero soy un amanuense
incapaz de encauzar el manantial
Éste arrasa con la hoja blanca
Es mi escritura
pero también la de un cuerpo desconocido
y sin embargo necesito escribir bien
sentir los contrastes rítmicos
el color de las vocales engastadas
en las terrestres consonantes
Hablar de la perfección
sería hablar desde un afuera
Nosotros
modestamente
tratamos de orquestar la vida
enhebrando palabras
por el ojo de una aguja
con la íntima certeza
de que el viento barrerá
todo rastro del posible bordado



LA PREÑADITA
a Ana María Cossio y Delftna Teran

Arrastra sus tetas por la vereda
siempre a mi derecha
siempre al trote
con pasitos coitos
Sus ojos son lámparas gemelas
No me atrevo a mirarlos
su luz es amor a quemarropa
Por la calle
el ilustre director de orquesta
va de frac en bicicleta
Esta noche hay concierto sinfónico
y músicas estentóreas o dulcísimas
sonarán en el teatro colmado
Mientras tanto pedalea
sudoroso bajo su frac impecable
El profesor escandinavo
camina hasta los torrentes del cerro vecino
para recibir el bautismo de la espesura
los naranjos salvajes los durazneros bárbaros
desnudo al sol
bailando entre las aguas
En la montaña
las manos de esa mujer elegante
arrancan seriales dodecafónicas
de un piano embravecido
Los sonidos se elevan
y caen al rozar el cielo
Bajo la estatua de una señora robusta
en la plaza de la ciudad aldea
un hombre en pantalones cortos
se agacha para levantar un pichón
Lo pone en el bolsillo de su camisa
y a grandes trancos
sube la calle que lo lleva al monte
La tetudita se arrima
frota su panza en mi pierna
y lastimera trata de alcanzar mi mano
¿Parirá en un baldío
o en las escalinatas de la catedral
junto a los pordioseros?
El filósofo barbudo enseña marxismo
y pensamiento antiguo
otro induce a replantear la historia
y el pintor hace cantar los colores
en la absurda realidad del hambre
Una fábrica de azúcar se levanta
sobre las cuevas donde el familiar
espera a su jornalero víctima
Al cabo de la amazonia
en un trópico de orquídeas azahares y parásitas
los poetas son rilkeanos
Pero el incienso de los templos
no achata el espesor de los sentidos
La preñadita lame mis manos
retozo con ella
rasco su lomo
su cogote collarejo se funde al mío
somos amantes explícitos
cargados de futuros hijos de dolor dichoso
El director de orquesta todavía pedalea
El escandinavo se baña desnudo en el torrente
El gorrioncito es el corazón
del hombre de los grandes trancos
La furiosa dama abre su quimono
y nos dona todas las vanguardias
El pintor ilumina los sótanos
y saca agarrado de la nuca a\ familiar rollizo
Los poetas rilkeanos han muerto
Los azahares las orquídeas las parásitas
enmarañados protegen antas osos hormigueros
zorzales escarabajos lechucitas
El filósofo marxista
abandona su herbario de palabras
Lo encandila un picaflor
dardo irisado que liba los néctares del valle

El verano viene apurado de relámpagos y lluvias
Ella se echa junto a un montón de basura
Desaparecen las nubes
y zumba una cuerda en el arco iris
Sólo entonces
en el umbral del verano
empieza a parir
la preñadíta



Leonardo Martinez



Leonardo Martinez. Poeta argentino. Catamarqueño, nació accidentamente en Córdoba, en 1937. Estudió en Escuela Superior de Música de la Universidad de Tucumán, institución donde ejerció la docencia hasta 1980, año en que volvió a Catamarca. Desde 1990, vive en Buenos Aires. Obra poética: Tacana o los linajes del tiempo (1989); Ojo de brasa (1991); El señor de Autigasta (1994); Asuntos de familia (1997); Rápido pasaje (1999) y Jaula viva (2004), estos cuatro últimos en Último Reino; Estricta ceniza (Del Dock, 2005); Las tierras naturales (2007);  Jardín volátil (Sarquís, 2007); Los ojos de lo fugaz (2010) ,  El Barro que sofoca (2013) y  Escribanía de vivos y muertos, Antología personal de toda su obra (Ed. del Dock, 2013).