domingo, 29 de noviembre de 2015

DE PLENO MOVIMIENTO

















5

Siempre que viene esa otra
buscándome
para dar un paseo –dice-
puedo ver a lo lejos las víboras
meciéndose,
que estoy ocupada –le digo-
sin morder manzana.


7

Hay una sombra entre nosotros.
Como un abismo.
Como un invierno.
Hay una sombra.

Y no puedo mirarte sin verla.



8

De cuando era gorrión y no te conocía,
recuerdo haber visto las mejores mañanas.
De cuando era gorrión y vivía en primavera,
recuerdo que solía jugar con mis amigas
y reír a los trinos.
Recuerdo que una vez,
también vos reías,
pero eras árbol.

Y ahora que sujetas con tus ramas
mis sueños,
me he ido secando.



21

Hay dos momentos de pleno movimiento
en los que me noto
más humana, más lenta.

Cuando siento unas manos invisibles
que me empujan
y
cuando siento las cadenas pesadas
con que atan mis bestias.




Elisa Bonato





Elisa Bonato nació en 1977, en Colón Entre Ríos, Argentina. Escribe desde adolescente.  Estudió en el Profesorado de Literatura y lengua italiana, que luego ejerció por un breve período. Se acercó activamente a la escritura en el taller literario del poeta Alfredo Maxit (año 2010/2011). En el año 2012, publica su primer libro  "De pleno movimiento", al que pertenecen los poemas que publicamos. Obtuvo el 1º premio en el Tercer Certamen del Poema Ilustrado de Chilecito. Actualmente, colabora en el taller donde se formó.




viernes, 27 de noviembre de 2015

CARTAS ENTRE NIEVE Y ASFALTO




por más
que me pidas
que no me ilusione
con mis fantasías
y me prevengas
que sos brava y de hielo
y que sentís algo similar
pero no igual al amor
y abjures de los psicoanalistas
tan cuadrados

por más
que no nos conocemos
y estamos lejos
que nuestros proyectos
ni se tocan de la mano
y nieve no es asfalto
que allí todo es mediocre
y aquí todo es cultura 

por más
que me pidas que te rapte
y al instante
me rechaces
me digas que no te crea
y a la vez no te abandone

por más
que no reconozcas
que soy el autor de tu excitación
y digas que si no hubieras querido
no habría podido estimularte

por más
que no averigües
qué hice en mi cama
la noche pasada
para evitar que te pregunte
quien compartió tu almohada

por más
que me implores
que te cuide mucho
aunque no seamos
más que viento en fuga



por más
que me seduzcas
con el vacío
de tus meditaciones
y tu alma levitando
en la montaña
y pretendas revelarme
que ya te cuidaba
desde antes de encontrarte
y así me hagas sentir
el hombre más tonto
de este mundo  

por más
que mientras crecen tus hijas
y su padre tiene
otro hijo en camino
te torture la idea
de estar sola
y ser destituida
de esa nueva familia
numerosa

por más
que me recuerdes
tus otras historias
que te arrastran el ala
y te miran las piernas
y me cuentes del poliladron
y de algunos rufianes
que rondan tus dominios

por más
que me hagas notar
como muta tu sexo
y quieras acercarme
y al mismísimo tiempo
intentes alejarme
y me acaricies
en el último viaje
la entrepierna en el taxi
para que después me apene
no haberte poseído
y a la vez me aplauda
por haberme contenido



y por más
que hagas
lo imposible
para que te abandone
y desista





ya nadie
me podrá sacar
esos últimos minutos
de sofá y de escalera
en que los que sentí de nuevo
lo ancho del amor
ni me podrá quitar
el dolor de no escucharte
llamarme de tan lejos

ya nadie
me arrebatará
la dulzura de tu voz
tu impostación teatral
ni tu mirada fija
contra mis ojos mudos
el guiño de la sutil arruga
de tu párpado izquierdo

ni podrán robarme
una letra de tu aliento
ni los bellos poemas
que un día me regalaste
y no sé si acaso fueron
dedicados a otros antes

nadie podrá hacerme olvidar
el éxtasis de tus labios
el contorno de tus dientes
la textura de tu lengua

nunca podré ya ignorar
el terror a la traición
que llevás bajo la piel
como un tatuaje eterno
aunque nada pueda herirte
más de lo que ya te hirieron

nunca me podré olvidar
de tu instinto salvaje
de escaparte de todo
aunque no te persigan
con esa onda rea
y ese ácido sarcasmo
en el que yo no creo



por eso
abrazo la espuma de tu rabia
te regalo la cuerda
para que tu lágrima ahogue
el ventarrón que empuje
tu cicatriz de vela

aun cuando te asuste
y te asombre este hombre
que sólo a vos te escribe 
a corazón desierto

a corazón abierto

a puro pelo en pecho

al viento y sin sombrero
  

(Del libro inédito: Cartas 
entre nieve y asfalto)
Silvio Katz




Katz, en primera persona:

Nací en 1955 en la Paternal, Bs.As., Argentina,  donde viví hasta los seis años al fondo del pasillo, entre malvones y mosaicos. A los seis años me mudé a uno de los primeros edificios de Caballito, a la vuelta del Parque Rivadavia, hice la primaria en el Antonio Schettino. Después adolecí en el Nacional Buenos Aires. Desde los trece años ya había empezado a componer canciones y escribir poemas que nunca fueron editados pero me sirvieron para desahogarme por la muerte de mi abuelo. Tuve mis primeras novias con las que compartí largas horas diletantes en El Foro, La Paz y La Giralda y en el Cine Ritz mientras veía Woodstock casi religiosamente durante 25 sábados seguidos. Después empecé a estudiar Medicina, sólo medio año hasta que largué con la toma, y seguí con Derecho, mientras tocaba mi primer Fender Rodhes por los bares con Supertrapo y mis amigos de los colegios ingleses de Adrogué. Viajé después por primera de tantas veces al carnaval de Bahía, fume porro, volví loco y empecé a fabricar ropa, para continuar seguidamente cambiando cheques cuando descubrí que la bicicleta financiera era mejor negocio que la industria. Finalmente, al cabo de veintitrés meses de estudiar duro y parejo, me recibí de abogado para volcarme de lleno al negocio inmobiliario. Me dedique a muchas diferentes cosas pero durante todos esos años seguí escribiendo como una obligación conmigo mismo, sin pretensiones, sólo para mí y para algunos pocos y generosos amigos que toleraron leerme de vez en cuando.



IMAGEN: The kiss, pintura de Gustav Klimt.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA PIEL DE LA ORUGA


























Así como la ninfa
yo también tejía
ese capullo negro
en el corazón de la noche
del derrumbe

trenzaba los hilos
de mis largos cabellos
alrededor de tus dedos

ya estaban humedecidos
de tanto escarbar en mi nombre
caído en esa grieta de luz
que unía y separaba tus labios
de los míos

no usabas alianza en ese dedo
pero mis hilos
quizás demasiado frágiles
aún se cortaban
a la tercera vuelta

y tenía que volver a empezar
como si yo también cayera
del borde de tu tiempo

Así como la ninfa
yo también
me bajaba despacio
el vestido como la piel 
de la oruga deslizándose 
hasta tocar ese final de cuento
anunciado hasta el hartazgo

y aún así
igual que ella
vi con horror la pausa
el vestido,
muerto en la mitad
del cuerpo,
descubriendo a medias
lo sensual, lo trágico
del amor 
cuando no se termina.



EN LOS OJOS DE UN HOMBRE

Yo vi el deseo revolver el agua
desde el fondo del barro
y enredar sus ofrendas como lenguas de mar
en los ojos de un hombre

lo vi despojado y se parecía tanto
a mí como yo misma
me he visto sonreír
en la luna de un espejo clavado al muro 
en una fotografía
tomada dentro de un sueño

vi el deseo llevar mi piel sin curtir
echada sobre los hombros
cuando él me desvestía 
y desordenar los rasgos de todas las mujeres
que habían estado antes
de mí

lo vi estirar los ligamentos de la noche
hasta desarticular el abrazo inválido
sobre la cama abierta
y rezando de rodillas
llevarse a la boca
un rosario de esperma

nunca pude hacer entrar 
el beso 
dentro del beso
el océano
dentro del oleaje
regresaba a sus labios
cada anochecer con más fuerza
para romperlos y sanar
para volver

yo vi el deseo en los ojos de un hombre
arder como el insecto
que aplastado por la luz
siente estallar 
en su vientre
una molécula de sangre.



(Inéditos, del libro homónimo)

Melisa Mauriño





Melisa Mauriño (Buenos Aires, 1985), Licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es residente de 4to año de la Residencia Integrada Multidisciplinaria de Psicología en Hurlingham, Pcia. de Buenos Aires, y ejerce su práctica como psicoanalista también en el ámbito privado. Escribe narrativa y poesía. Ganó el primer premio del 1er. Concurso Nacional de Poesía Viajero Insomne 2015 con su primer libro “La piel de la oruga”, que será publicado a principios de 2016 por Viajero Insomne Editora.





lunes, 23 de noviembre de 2015

LEJÍA







































¿De dónde viene la pretensión de amarte al estilo
de los que están perdidos, de quienes ponen la mano
en tu vientre para aislar la desesperación con la caída?

Podés saber el vértigo que me das,
parado al lado de acontecimientos de río muerto,
atando a la mano el sueño con cordones que se cortan,
turbado de sangre que cae sin levantarse.
Podés oír el ruido de la furia al caer, la carga
del tiempo olvidado, el golpear la puerta
con dedos de calor;
y podés oír que nadie abre.

¿Y podés oír que nadie abre
si estoy fuera tanto tiempo?



TERRAZAS

Querida mía
alguien ha tendido la ropa que a mí me sobra.
Hay una camisa, un sombrero
y el pánico es la cuerda.



LAS PROFECÍAS DE AIRE

Mañana -futuro- cantá nena,
cantá con el pavor propio de la edad,
de la obcecación y el misterio.
Pero retumbá cantando hasta el ardor,
y no me dejés leer jamás lo que escribas.
A contraluz, bajo tus piernas, escribí siempre, sobre todo
en silencio, con el mismo líquido tuyo.
Mañana. Mañana no sabrás más que ahora,
pero tu espejo habrá dado el mayor fruto
que se puede esperar,
y dejarás de mostrar lo que te he pedido
que no me muestres.



LABIOS PINTADOS CON LA MENTE

El cabaret lleno de angustia
y un novio impotente llamado al escenario.
Te morías, me llamabas, te morías. Los labios azules,
la desesperada erección ¿te acordás?
Claro que no estarás mañana. Subite el corpiño
que nunca usaste.
Te quiero mal nacida.
Oh serpiente cascabel, muerta de risa. El escenario,
cómico de mala muerte, seguridad en los pasillos.



ÓLEO 1793

Una mujer de grandes faldas
explora la abertura de sus piernas
con aire santo
en un óleo del siglo XVIII.

Ningún detalle del futuro
      (ni los gusanos que ahora suplantan
        la mano egoísta de la doncella)
ha de empañar el gusto
que le tomamos.

Ningún detalle del futuro
nos ocultará el goce inmoderado
de lo que mañana morirá.



COMPETIDORES DE PAVESE

Los papeles diferenciados, al nacer, al morir
con las manos en la guerra,
con el silencio primitivo de los injustos.
Ah, los competidores de Pavese,
o los que salen a comparar su sexo con nostalgias
de otro tiempo,
y sólo encuentran sillas para morir
y rendir exámenes ardientes.
Lloro la tarde en que perdías tu aire de hembra lúcida
para entregarte a los buitres.



LA RUINA

Jaque al viento. La reina es puta.
Canto de rey, canto de escándalo:
quién nos dará una imagen más parecida
a la ternura.
Enroque con el as de bastos. -Que venga,
que venga alguien-.
Y después irse, cantar, repetir
la versión de que hay piernas
alumbradas y más oscuras.
El viento parte las máscaras. Vieja Alicia.
Te quiero, te quería, matame con los ojos.
Y después, después, y después. Y algo.
La ruina. Vayamos a la ruina, al amor, a la destrucción.
La canción, y los muslos y la música suficiente
para despertar a un monstruo suave. Te quería te amo te quería
y a ver si la ternura fuera devuelta.
¿Habría países, habría una habitación de madera
donde desnudarse?



PREPARACIÓN PARA EL TANGO

No cantes, no dejes de cantar: pero lo real es olvidar,
olvidar hasta tanto algo pueda recordarse con rigor,
callando y callando hasta el próximo silencio.
Ese, yo, el otro que vive repitiendo las palabras,
y la tómbola sin premios
son la máxima aspiración poética.
Hay miedo encerrado, la clínica de todos, de todos.
Vuelvo a decir: olvida / canta.




Cristian Aliaga




Cristian Aliaga. Poeta argentino. Nació en Tres Cuervos, provincia de Buenos Aires, en 1962 y reside en la Patagonia. Publicó Lejía (Último Reino, 1988;  No es el aura de Kant (Último Reino, 1992); El pasto azul (Último Reino, 1996); Estancia la adivinación (Último Reino, 1998); Música desconocida para viajes (Deldragón, 2002), la antología Estrellas en en el vidrio (Selección de Jorge Boccanera, Colihue, 2003) y La sombra de todo (Bajo la luna, 2007). Editó la obra de Juan Carlos Bustriazo Ortiz: Herejía bermeja (En Danza, 2008). Una selección de su obra, traducida por Ben Bollig, ha sido publicada en Gran Bretaña y Estados Unidos. Como compilador, publicó Sur del mundo (Narradores de la Patagonia, 1992) y Comodoro Rivadavia 1900-1940, años de imagen (1994). Publicó "Viaje interior por los márgenes de la Patagonia Austral" en el libro Patagonia: terrain vague de l'utopie (Aütrement Editions, Francia, 1996). Fundó la Editorial Universitaria de la Patagonia, la que dirigió entre 1993 y 1995. Integró el consejo de redacción de la revista Último Reino.





sábado, 21 de noviembre de 2015

NO ES EL AURA DE KANT





El resultado es el silencio.
Ocultos en los ranchos,
emparejados con la hacienda,
los peones carcomen la filosofía.
No es el aura de Kant
ni el primer motor de Tomás de Aquino:
es una bola de lento fuego
que se revuelca en el alma.
El sueño es un cuchillo en el vientre
de los blancos dioses
y un incendio de alpataco
que todo lo destruye.

La luna amontonada en los galpones
y el regreso de un interminable viaje
a caballo por las estrellas.

Los perros huelen el alma de los peones
y encuentran seres desconocidos.



MARCO DE ESMALTES

Contá tu historia, chica muda,solitario
árbol de los pechos
          Vocabulario reducido a amagues, Aratud
           puesto en un marco de esmaltes,
           adónde vamos a parar-.
La mordedura fantasma de tu estilo,
hembra Irlanda, hecha de sobriedad
y escándalo.

No amés a nadie
que te quiera tanto,
las pruebas siguen partiéndose
como espejos.



LIJA DE TINTA

Antes que nada, es preciso tener una vida
para hablar.
Es paciente, lija de tinta, pasión
del tiempo.
Es preferible, tal vez,
que pocos entiendan el discurso
de un hastiado. La comprensión excesiva
conduce al vómito.
Que nadie entienda tu memoria.
Tus gustos son muestras del estilo,
cortes de estilete
sobre un cuello finamente pálido.




Cristian Aliaga (Tres Cuervos, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1962) -Reside en la Patagonia.









jueves, 19 de noviembre de 2015

DÍA PRIMERO

























Estabas frente al gran mundo, sólo viste
pequeños movimientos de un cuerpo agitándose.
Ese es tu acento, un detalle
te lleva a tantos lados
y no hay manera de regresar completa,
siempre algo tuyo se queda en otro sitio
desperdigándote.

Una ligera agitación te trajo
de vuelta a este momento, ves pasar
los diminutos peces
sobre un declive mínimo de agua, te vas
tras el reflejo de una rama elástica,
la travesía de una forma.



Me fui tan lejos,
algo de lo que hablamos
lanzó mi mano hacia el árbol de nísperos,
ahora muerdo despacio la pulpa amarilla.

¿Me ves sentada en el sillón?, voy
de la esquina del árbol a la casa.
Entro en la vieja bañera enlozada
me alargo con los pies en el agua
mido mi altura en los dibujos de la cortina
para ver si crecí.



La recién llegada reconoce la noche,
guiada por el curso de su propia atención.
Deja que dure ese rumor hacia el parque,
que se apaguen las voces de una esquina,
se vuelve lenta bajo un foco azul.

Cada elemento que cruza es transitorio,
nada la ligará.
Es sólo ella al cruzar la avenida
(y este descanso)
sin que haga falta que su presencia deje
alguna imagen.



Fue tan simple ese día, saltabas por la casa.
Llegó con la forma de un lugar ansiado,
era tu misma sorpresa desbocándote.
La conocés más íntima,
resurge algunas noches cuando todo
parece detenerse.
Es el triunfo de una pequeña euforia.
Te conduce liviana, abiertos los sentidos
hasta que una puntada muy fina te atraviesa

y con ella o por ella te hundís en el aire,
en tu forma más blanda, para que dure.



Este trajín, el anhelo sin descanso
lo que a diario se aprende y al final
todo acaba, decías
¿no ves?
cada cosa parece alcanzarte
volverse tuya y sigue en su propio centro.

Entonces te ausentabas por un rato,
refrenabas las ganas para no conceder.



Antes de que vuelva a moverse el tiempo
podría nombrar las señas de este instante.
No llegarán a ser palabra.
Esto es real
estamos juntos en un aire denso
que anestesia todo mientras atardece
y la última línea de sol que se repliega
consolida un silencio.



Ana Lafferranderie





Ana Lafferranderie nació en Montevideo (Uruguay) en 1969. Vive en Buenos Aires desde 1990. Estudió la Licencitura de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Ha publicado poemas en distintos medios, revistas y antologías. Entre los años  2006  y 2010 organizó el Ciclo de poesía en Fedro, Librería y Espacio cultural de San Telmo, junto a Florencia Walfisch. Publicó sus primeros poemas en dos antologías: Editorial Nuevo Ser (2002) y De los cuatro vientos (2005). Luego los libros:  “El cielo tácito”  (Sigamos enamoradas, 2007); Volcar la cuna (Ediciones del Dock, 2012) y "Día primero" (Ediciones del Dock, 2015). Poemas suyos han sido publcados en la Revista Versal, de Amsterdam (2007) y en Coal City Review, de Kansas (2007) , en ambos casos con traducción al inglés de Laura Chalar. Otras publicaciones: Antología Plata Caribe. Poesía Uruguaya y Dominicana, 2008 y El manto de mi virtud, Poesía Uruguaya y Cubana (2011) (Min. Relaciones  Exteriores, R O del Uruguay). 






martes, 17 de noviembre de 2015

ANTRO



SI SUPIERAS

cuántas veces cuánto
y la mitad de esas veces
me niego
me suelto o me soltaría
para decirte cuánto me importás

no siendo 
la mitad mía ni la de nadie
me excedo a veces
llegando a la mitad
del final
y no me extraño 
entonces
de no extrañar

sigo pensando que
siendo tan
lindo
y yo mirando el fuego
a mí misma
llorando de tristeza por lo que veo

(no puedo dejar
de creer 
que me parezco a una lámina)

si supieras
mucho más de lo que sabés
mucho menos entonces
te daría quizás
                           algún beso



ANTRO

adónde quisiera salir si pudiera
del antro de adentro
estamos adentro del antro
morir allí adentro
del antro cerrado
sin puerta
respirando algo negro

quién muere quién no
ruleta rusa

se cae este techo
se cae sobre personas y estamos
como payasos idiotas ratitas
corremos yo corro para salvarme y respirar

humo

pero el techo ya no es techo
y los de afuera no sé si escuchan.



QUÉ PUEDE HACERSE

cuando otros ven rojo el azul
(solías desesperarte)
también desespero
cuando mi azul profundo
parece invisible
y el lenguaje pierde sentido

despierto del azul
desespero de rojos insolentes




La fuerza de la matriz, el abrazo. Busca quedarse
sin aliento, se retoma en fragmentos, se deja suavizar
por la cámara lenta.


Del aire se lanza a buscar la cúpula, alcanza alguna
parte de su estallido, se aparta, sonríe, se deja.
Del aire que danza se cae la brújula, toma parte 
de su vestido lo vuelve harapos, se aleja a veces 
de a poco, se deja, sonríe.


Los dedos apuntan hacia el fluir, el creyendo,
la huida. Sigue el movimiento oyendo los pulsos.
Empieza a flotar. Cae sin soltarse, cae. Vibrando
y aumentando en dolor, en ruido. Tensa todo el cuerpo
en la corriente, oye el volumen que sube. Crece
en sinfonía, mira el punto que se acerca lleno de luces.




Juana Roggero





Juana Roggero (Buenos Aires, Argentina, 1980). Lic. en Ciencias de la Comunicación y Correctora.  Publicó Bipolaridad (pájarosló editora, 2008),  Cromañón (La Propia Cartonera, 2010) y Antro (Ediciones la Parte Maldita, 2014). Fue publicada por Plebella, Color Pastel, Poesía Manuscrita, El Interpretador, No-retornable y diversas antologías independientes. Forma parte del grupo Enjambre -poesía + música-, con quienes, entre otras acciones, produjo el CD de poemas musicalizados Acántaros (subsidiado por el Fondo Metropolitano de las Artes) y coordinó el ciclo de poesía "¡...Oh aquellos banquetes avestrúsicos...!". Es alumna del taller de poesía de Osvaldo Bossi.






domingo, 15 de noviembre de 2015

VISITA















hoy papá me preguntó
qué tal van las cosas
en mi relación
me vino a visitar al mediodía
trajo todas esas carpetas con las que anda en la semana
se tomó su café con cigarrillo obligado
y volvió a reírse de que no compro leche
siempre me pregunta
quién me metió eso en la cabeza
siempre cree que otros
me meten cosas en la cabeza
compraría leche solo para papá
aunque se me pudriera cada semana
pienso
pero no complacerlo en este detalle
me libera un poco
entonces mira mis cosas 
abre mi heladera por pura curiosidad
y hablamos de mis mareos
de mi extrema sensibilidad
me escucho hablarle del inconsciente
de cómo eso maneja todo nuestro cuerpo
y me siento un poco tonta
pero él escucha cada cosa con total atención
y yo lo miro
y no quiero hablarle de mi relación
es como si eso
nos pusiera a mil kilómetros
quiero hablar de cosas que él pueda admirar
le muestro mi libro
le hablo del viaje que se viene
quiero saber qué lugares visitó él
quiero haber viajado con él
creo que nunca sé del todo
cuánto le interesan mis relatos
o cuánto le intereso yo
y así como de la nada
mientras se levanta para irse
me lanza la pregunta sobre mi relación
no nos miramos
le digo bastante bien, mientras ordeno algo
y no sé si quiero que se alegre
hablar de mi relación
es meter a un intruso entre nosotros
porque me vino a visitar y somos solo él y yo
me aconseja que no peleemos en el viaje
no no, ya lo hablamos, le digo
y ya se está yendo
y me invade una angustia desmedida
fue tan breve y amable nuestro rato
que no quisiera soltarlo
y me quedo en casa
pensando por qué me deja sola
con todo esto

(Inédito)


Juana Roggero (Buenos Aires, Argentina, 1980)


Imagen: Pintura de Ismail Shammout




viernes, 13 de noviembre de 2015

SUSURRO DE LA PIEL ABISMAL DEL MAR


























El mar descansaba digiriendo ya su ingesta.
Animal echado
al vaivén del respirar.
Tendido en su pelaje
flotan enfermos hombres
que han sobrevivido.
Están con piernas desaparecidas en aguas,
aferrados a la trama del hálito:
al susurro de esa piel.
Aquí no hay roca sino agua.
Agua y nada de agua.
Y la marea es el camino.
La marea como una mancha desde allá arriba,
desde satélites.
Que serán chatarra, marea y nada de agua.
Si hubiera agua en el agua no moriríamos de sed.
Y sin embargo
moriremos de nada de agua en el agua.
Porque no hay vaso ni grifo en la marea.
Y no me puedo poner de pie,
a pensar por qué flotamos en la maraña.
Somos pesca  plástica en vísceras de gaviota:
gaviota parca, gaviota calavera, gaviota muerta de hambre.
Nosotros,
fabricantes de alimento.
Veo los ojos del pingüino rodeados por el fuego
que salta sobre la madera para rodear el vidrio del mensaje que nunca llegará.
La marea arrastra el teclado muerto en falanges de textos amputados.
Porque aquí no se puede estar ni sentado ni parado:
siquiera hay silencio en la marea.
Sino una hamaca insolada, ultravioleta y cándida como la esperanza.
Todos pelean por gritar tierra a la vista.
Pelean y algunos sobresalen entre perros y ratas.
Y se abrazan a un  huevo.


(Inédito)



Martín Barea Mattos




Martín Barea Mattos (Montevideo, Uruguay 1978). Poeta, cantor y artista visual. Ha publicado Fuga de ida y vuelta (La gotera, 2000); Dos mil novecientos noventa y cinco (Artefato, 2002); Los ojos escritos (Premio 43 Feria de Libros y grabados, 2003); Por hora por día por mes (Estuario, 2008). Sus discos: Por hora por día por mes_ Parking poético (Ed. de autor, 2007); Grey tres hits ( Ed. de autor, 2010 ); Odisea en el parking planetario (Feel de agua, 2011 ). Como artista visual, ha expuesto pinturas y ensamblajes, realizado videos y performances en uruguay, argentina, brasil y méxico.