jueves, 19 de noviembre de 2015

DÍA PRIMERO



























Estabas frente al gran mundo, sólo viste
pequeños movimientos de un cuerpo agitándose.
Ese es tu acento, un detalle
te lleva a tantos lados
y no hay manera de regresar completa,
siempre algo tuyo se queda en otro sitio
desperdigándote.

Una ligera agitación te trajo
de vuelta a este momento, ves pasar
los diminutos peces
sobre un declive mínimo de agua, te vas
tras el reflejo de una rama elástica,
la travesía de una forma.



Me fui tan lejos,
algo de lo que hablamos
lanzó mi mano hacia el árbol de nísperos,
ahora muerdo despacio la pulpa amarilla.

¿Me ves sentada en el sillón?, voy
de la esquina del árbol a la casa.
Entro en la vieja bañera enlozada
me alargo con los pies en el agua
mido mi altura en los dibujos de la cortina
para ver si crecí.



La recién llegada reconoce la noche,
guiada por el curso de su propia atención.
Deja que dure ese rumor hacia el parque,
que se apaguen las voces de una esquina,
se vuelve lenta bajo un foco azul.

Cada elemento que cruza es transitorio,
nada la ligará.
Es sólo ella al cruzar la avenida
(y este descanso)
sin que haga falta que su presencia deje
alguna imagen.



Fue tan simple ese día, saltabas por la casa.
Llegó con la forma de un lugar ansiado,
era tu misma sorpresa desbocándote.
La conocés más íntima,
resurge algunas noches cuando todo
parece detenerse.
Es el triunfo de una pequeña euforia.
Te conduce liviana, abiertos los sentidos
hasta que una puntada muy fina te atraviesa

y con ella o por ella te hundís en el aire,
en tu forma más blanda, para que dure.



Este trajín, el anhelo sin descanso
lo que a diario se aprende y al final
todo acaba, decías
¿no ves?
cada cosa parece alcanzarte
volverse tuya y sigue en su propio centro.

Entonces te ausentabas por un rato,
refrenabas las ganas para no conceder.



Antes de que vuelva a moverse el tiempo
podría nombrar las señas de este instante.
No llegarán a ser palabra.
Esto es real
estamos juntos en un aire denso
que anestesia todo mientras atardece
y la última línea de sol que se repliega
consolida un silencio.



Ana Lafferranderie





Ana Lafferranderie nació en Montevideo (Uruguay) en 1969. Vive en Buenos Aires desde 1990. Estudió la Licencitura de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Ha publicado poemas en distintos medios, revistas y antologías. Entre los años  2006  y 2010 organizó el Ciclo de poesía en Fedro, Librería y Espacio cultural de San Telmo, junto a Florencia Walfisch. Publicó sus primeros poemas en dos antologías: Editorial Nuevo Ser (2002) y De los cuatro vientos (2005). Luego los libros:  “El cielo tácito”  (Sigamos enamoradas, 2007); Volcar la cuna (Ediciones del Dock, 2012) y "Día primero" (Ediciones del Dock, 2015). Poemas suyos han sido publcados en la Revista Versal, de Amsterdam (2007) y en Coal City Review, de Kansas (2007) , en ambos casos con traducción al inglés de Laura Chalar. Otras publicaciones: Antología Plata Caribe. Poesía Uruguaya y Dominicana, 2008 y El manto de mi virtud, Poesía Uruguaya y Cubana (2011) (Min. Relaciones  Exteriores, R O del Uruguay).